Que la Historia no se repita

Verónica Ugarte

La vida es una estúpida broma, o una serie de repugnantes repeticiones. 

Dentro de pocos meses se estrenará una nueva película acerca de los Juicios de Núremberg. Está claro que muchos “conocen” la Historia a partir de películas, series o citas llenas de inexactitud traídas de alguna red social. Ese es nuestro mundo. El real, el descomunalmente absurdo y al cual a veces ya no siento el mínimo respeto por sus instituciones y quienes las defienden.

Israel no nació en 1948. Debido a un libro “sagrado” muchos expatriados llegaron a lo que en aquel entonces era Palestina. Como fuese se compraron tierras y fueron llegando los pocos afortunados que habían podido huir del horror nazi. Ese es el espíritu de ese Estado: hecho a partir de lágrimas y sangre de ambas partes. De quienes veían las tierras de sus ancestros llenándose de quienes decían que un Dios extraño les había otorgado dichos territorios.

Al final de la Segunda Guerra los vencedores se auto glorificaron y llenos de alegría movieron las fichas del tablero. Nacían las Naciones Unidas, con sede en N.Y. y Ginebra. El castigo para los alemanes fue dividir Berlín en cuatro; al país en dos. Y la eterna pregunta llena de burla arrogante “¿tampoco sabías lo que sucedía?”. 

A casi un siglo de distancia y con estudios serios, es una pregunta que se le debería hacer a esa Europa que parece ser que no funciona. Y a los EE.UU. Todos han negado los informes que llegaban acerca de la creciente furia de Hitler y de la construcción ya no solo de campos de trabajo, sino también de exterminio.

Cierto es que Heydrich, por orden directa de Himmler, dio paso a la famosa conferencia de Wannsee, en 1942, donde se dio el inicio a la llamada “Solución Final del problema judío” (Endlösung der Judenfrage). Sistemáticamente el holocausto funcionó bajo el horror nazi, con la cooperación de una Alemania que ya no existe, con las miradas del mundo “ciegas” porque nadie sospechaba el horror. No solo seis millones de judíos murieron en cincuenta y nueve campos. También comunistas, homosexuales, gitanos. Fueron exterminadas personas que no eran perfectamente arias, que tenían secuelas físicas o enfermedades mentales. Un sufrimiento que ha sido contado durante años por los sobrevivientes de un horror inimaginables. “Si esto es un hombre” (“Se questo è un uomo”) de Primo Levi no es fácil de leer. Tampoco lo es “La escritura o la vida”, de Jorge Semprún.  Ellos se han ido, como poco a poco se van yendo los ahora ancianos que viven en distintas partes del Mundo.

En Israel han sido la parte central del discurso que avala el derecho a una tierra propia; al ojo por ojo. A no negociar jamás. A tomar tierras. A tratar a los palestinos como personas de segunda clase. Gracias todo a un apoyo implacable de EE.UU. y de unas NN.UU. que poco han hecho. A disparar a quemarropa a palestinos sin armas. A escupir a la cara a mujeres indefensas.

Tenemos a un Primer Ministro de Israel que es perseguido por crímenes de guerra. Pero ha viajado a Washington, y no ha sido entregado a las autoridades internacionales. Porque el Derecho Internacional solo es coercitivo cuando el ofendido lleva el poder para que alguien se siente en el banquillo de los acusados.

El sufrimiento no es medible. Pero tampoco importa lo que debería importar. Niños corriendo para protegerse de las bombas que caen sobre ruinas, hospitales. Niños que mueren al poco de nacer. Niños que no saben qué ocurre. Niños que no saben lo que es la infancia y que reciben golpes cuando un poco de sopa se reparte.

Luego vienen los ancianos. Aquellos que no pueden dejar un legado escrito. Aquellos cuyos ojos solo han visto sufrimiento y hambre. Aquellos que rezan a su Dios pidiendo ayuda y clemencia. Las mujeres enterrando a sus hijos, quienes buscan defender a madres, abuelas, hijas, hermanas. Hombres que no conocen otro idioma que no sea el del odio basado en años de abusos.

Otro genocidio se está cometiendo delante de los ojos del mundo. Trump niega la entrada a su amado territorio a los representantes palestinos. No es la primera vez. Ya Arafat fue recibido en Ginebra al negársele la entrada al paraíso de la libertad. Europa corre de un sitio a otro, buscando algo que no conoce: decencia, integridad. Medio Oriente no es un polvorín desde 2023. Lo ha sido desde la desocupación realizada de manera irresponsable por parte de los británicos.

Lo que sabe Europa es callarse y mirarse los pies buscando alguna solución que no quiere encontrar.

La sociedad civil, una vez más buscando soluciones, la foto alguna ex-alcaldesa catalana, marcha por mar queriendo abrir un canal para llevar comida y agua a Gaza. Israel ha respondido que serán juzgados como terroristas.

Las calles de Tel Aviv, llenas de ciudadanos exigiendo el alto al fuego algunos, otros, la negociación para traer a los rehenes de vuelta, son ignoradas por un mal alumno de un momento histórico que no se repite en cuanto a su fin pero si a sus medios, aunque no llegará jamás al climax nazi.

Ahora mismo es difícil ser judío en el mundo. Más que nunca son odiados. Pero las historias de los pogromos, rabino Judá Loew, su Golem y la palabra “muerte”, de las persecuciones en la Rusia zarista ya no sirven para dar fuerza a un discurso que ya no tiene razón de ser.

En una visita de Estado a Polonia, Willy Brandt pidió visitar el guetto de Varsovia. El gesto de arrodillarse ante la flama de los caídos nadie ha podido repetirlo. Brandt era uno de pocos.

Cuando todo esto acabe, ¿habrá alguien digno para pedir perdón de rodillas al pueblo palestino?

«Quizás la más grande y mejor lección de la historia es que nadie aprendió las lecciones de la historia”. A.H.

Agitado fin de curso

LBNL

Se acumulan las noticias y acontecimientos antes de salir de vacaciones. Por un lado, el denostado e incluso odiado por muchos Presidente del Gobierno hace balance del curso y desgrana una lista considerable de logros, algunos de récord como el número de ocupados o el bajo porcentaje de paro (el menor desde 2008 cuando todo se fue al garete). De otro, la Comisión Europea llega a un acuerdo comercial con Trump aceptando un 15% de arancel general a las exportaciones europeas y son legión los que denuncian la bajada de pantalones reclamando la imposición de medidas de retorsión equivalentes, optando por hacerle frente al matón yankee pese al peligro de una guerra comercial salvaje con nuestro principal socio comercial. Y finalmente la Comisión Europea propuso ayer la suspensión parcial de Acuerdo de Asociación con Israel y su expulsión del programa de I+D comunitario (Horizon), propuesta inédita y sin precedentes, lo cual no ha sido óbice para que fueran legión también los que denuncien que es una medida insuficiente y demasiado tardía en relación a la hambruna deliberada de la población gazatí.

Empezando por la última, hoy mismo los Estados Miembros deberán posicionarse y se verá si hay mayoría cualificada de los 27 para adoptar la propuesta. A lo peor, ni siquiera. Pero en todo caso, en Israel han acusado el golpe, como también la reciente declaración conjunta de Francia, Reino Unido y Alemania – ¡Alemania! – reclamando medidas tangibles y amenazando con represalias concretas en su ausencia. Israel está acostumbrado a la impunidad, bien por la protección de EE.UU., bien por el complejo de culpa alemán y de un buen número de países europeos, bien por su activa política de lobbying en los centros de poder. Y siempre prefiere un buen ataque como defensa así que que le lleguen a pitar penalty en contra ya es un shock, incluso si logra pararlo, que está por ver porque la indignación ha subido a niveles insospechados dado lo inimaginable de la situación de Gaza.

El otro día me preguntaba un ser querido que cómo era posible que Hamás no pusiera fin al sufrimiento del pueblo palestino entregando a todos los rehenes. Aparte de si eso garantizaría el fin de la ocupación, que lo dudo, contesté que el sufrimiento de la población no es un factor en la ecuación de Hamás. Hamás quería poner fin al proceso de normalización e integración de Israel en la región, que se superpondría a su integración plena en el mundo occidental. Y lo ha conseguido. Antes del fatídico 7 de octubre yo habría apostado todos mis bienes a la supervivencia del Estado de Israel dentro de digamos tres décadas. Y ahora no apostaría un solo euro. No veo cómo se va a poder recuperar de algo tan infame como lo que está protagonizando, con ministros antaño encarcelados por terroristas bramando por la muerte de toda la población palestina o como mínimo su expulsión forzada. Están ensimismados en su propia película y la propuesta de la Comisión Europea es un fastidioso recordatorio de que su realidad pretendida no es la correcta.

Por seguir con realidades inventadas, Trump tiene mucho poder y Von der Leyen ha optado por minimizar daños. Como dice González Laya, el momento de hacerle frente fue en abril, cuando se puso chulo con todo el mundo y luego tuvo que recular por la presión del mercado de bonos. Pero entonces Francia, Alemania, Polonia e Italia, que ahora se rasgan las vestiduras por la terrible bajada de pantalones y tal y tal, no quisieron plantarse.

Es obvio que el acuerdo es malo: tu principal socio comercial te impone aranceles del 15% y tú los aceptas y te comprometes a comprar más gas y otras inversiones. Pero la amenaza era de un 30 o un 50% o incluso más si respondíamos. Y es nuestro principal socio comercial. Nuestros exportadores van ahora a ver sus ventas en EE.UU. encarecidas y por tanto posiblemente reducidas. Pero si imponemos aranceles equivalentes iban a verlas todavía más encarecidas y, además, los consumidores europeos iban a tener que pagar más al comprar productos norteamericanos. Me decía anoche otro ser querido que esto era póker: nos ha hecho un all-in y nos hemos rendido. Cierto. Pero es que en el póker puedes tener mejores cartas que el otro o peores y te la juegas a ganarlo todo o perderlo todo. Pero en este caso, incluso con mejores cartas, la guerra comercial implicaba que nosotros perderíamos muchísimo, incluso si EE.UU. perdía más. Pero debíamos haber amenazado a las tecnológicas, ahí tienen un gran superávit, prosiguió. Cierto pero no tenemos alternativas. ¿Y si les prohíbe prestar servicios a Europa? ¿Y si grava a sus empresas tecnológicas los servicios que prestan a Europa? Es capaz y no tendríamos a quién acudir, a excepción de China para quien esté dispuesto a ello…

Enlazando con la comparecencia de Sánchez, dijo que respetaba el acuerdo pero sin ningún entusiasmo. Me parece una posición tan correcta como realista. Ahora bien, me gustaría saber la posición del PP al respecto. ¿Consideran que su co-religionaria política Von der Leyen se ha bajado los pantalones o aplauden el acuerdo? No lo dirán. Están al erre que erre: Cerdán, Ábalos, ETA/Bildu, Cataluña, ausencia de presupuestos – ¿por qué no proponen un borrador de presupuestos para pactar al PSOE? – Venezuela, necesidad imperiosa de elecciones inmediatas… Y mientras Montoro empurado, Noelia dimitida y el novio de Ayuso con petición de cárcel de cuatro años, y mira que solo se había equivocado en un par de facturas, como todo el mundo. Qué persecución tan ignominiosa…

Afortunadamente en unos días todo el mundo en la playa o en la montaña, o al menos todos los que podemos permitírnoslo, a descansar unos días, también de la hiper atrofiada actualidad política española. Pero me temo que la actualidad internacional no nos va a dar descanso y que Trump, Putin y Netanyahu van a seguir intensificando el esperpento criminal que vienen protagonizando en los últimos tiempos.

Volver a casa

Julio Embid

La semana pasada estuve de vacaciones con mi pareja en un país de Europa del Este que, hasta 1991, formó parte de la Unión Soviética. Creo que el lugar, junto a las pequeñas vivencias y anécdotas del viaje, me han hecho apreciar mucho más la Unión Europea, el Estado de Derecho, la Seguridad Social e incluso las cuatro libertades de las que hablaba Roosevelt. Porque, de largo, es el lugar más de derechas que he visitado. Ahora les explicaré por qué.

El nacionalismo, con sus millones de banderas —en cada rotonda, en cada vivienda, en cada negocio o en cada farola—, es una bendición para los fabricantes de telas y tintes. Sin embargo, para el ciudadano, no aporta nada a su día a día. No se cobra más, no se reduce la jornada laboral, no mejora los servicios públicos. En el país donde estuve, el nacionalismo está en todas partes, ocupa todos los espacios y resulta incuestionable. Creen que Rusia les puede atacar en cualquier momento. La invasión de Ucrania en 2022 demuestra que algo de razón hay en el miedo -y odio- al enemigo externo. Porque sin miedo no hay odio.

La religión es omnipresente. Ves a cientos de personas santiguarse varias veces al día: cada vez que pasan delante de una iglesia o de un sacerdote. Los padres de familia piden la bendición a un sacerdote barbudo, y este les responde con su gesto mágico. Los hombres no pueden entrar con gorra al templo; las mujeres no pueden entrar sin pañuelo. Todo son rituales, que se enlazan con el nacionalismo anterior para crear una sociedad donde no se puede ser nacional y ateo, o de otra religión. Porque los de aquí son cristianos ortodoxos. Las minorías no tienen cabida. Si eres homosexual, te lo callas o atente a las consecuencias. Si eres mujer y tu marido te maltrata, te lo callas o atente a las consecuencias. Si no te gusta tu país, te lo callas o atente a las consecuencias.

Los tuiteros de derechas se burlan de la Unión Europea por regular los tapones de plástico que no se pueden quitar. Pero la ausencia de regulación en determinadas materias no nos otorga más libertades. Pondré tres ejemplos:
Nadie lleva cinturón en el coche ni casco en la moto. Esa supuesta «libertad» incrementa exponencialmente las víctimas en carretera.
Nadie lleva casco ni botas de seguridad en una obra doméstica. Otra falsa libertad que no debería ser optativa, porque los accidentes laborales se multiplican.
Nadie lleva al perro atado ni recoge sus excrementos. Si te dan miedo los perros, te lo callas o atente a las consecuencias.

Los coches ocupan todo el espacio público. No hay pasos de cebra ni semáforos, sino aceras abarrotadas de gente y pasos subterráneos repletos de tiendas. Desde luego, no ves a nadie en bicicleta. Todos tenemos un mínimo instinto de supervivencia. Y desde luego los impuestos son de risa y las carreteras y las pensiones también. 

Viajar está bien. Sobre todo para valorar tu entorno, el tranvía que coges cada mañana y el valor de un semáforo en verde para cruzar un paso de cebra.
Viajar está bien. Volver a casa está mejor.

El negocio del genocidio

Verónica Ugarte

Ninguna guerra no es un negocio, y con la evolución de los tiempos, más estructuras, más empresas, más intereses están envueltos. Con cada guerra se pierden vidas; se retrasa el desarrollo; la democracia se viola. Pero las cantidades de dinero son cada vez mayores.

Durante la segunda guerra mundial, cientos de empresas alemanas acrecentaron su fortuna, utilizando mano de obra judía. Se dice que nadie sabía nada, pero también en círculos críticos se tiene a mano el libro de Jan Karski, “Historia de un Estado clandestino”, donde el autor polaco relata cómo le fue imposible que el bando bueno de la guerra creyese que se estaba llevando a cabo un genocidio por parte de la Alemania de Hitler. 

Cayó el Reich y vino Nuremberg. Luego la creación del Estado de Israel. Después, el proceso a Eichmann. La desaparición de Mengele. Y todos mirando hacia otro lado.

En estos mismos momentos, ni el Presidente de la República italiana ni el Presidente del Consiglio han realizado declaraciones oficiales acerca de las sanciones por parte del gobierno de Trump, que claramente violan la Carta de Derechos Humanos, contra la relatora de la ONU sobre Palestina, Francesca Albanese.

Se le acusa de haber contribuido de manera directa con la Corte Penal Internacional para el seguimiento, investigación y detención de ciudadanos de Israel y EEUU mediante un informe acerca de la actual situación en Gaza.

Una italiana está sola frente a Trump. El decir la verdad y contribuir a la justicia internacional elevando la voz para dejar más claro cada día, los grandes negocios que empresas estadounidenses están realizando desde hace años en una zona ocupada, y ahora desmembrada, estructural y moralmente.

Entre las sanciones: no poder entrar a EEUU ni ella ni su familia directa. No recibir ayuda financiera para poder reembolsar los gastos de sus actividades (actividades que ella realiza de manera gratuita para la ONU). No es la primera vez que Trump realiza una campaña de desprestigio contra Albanese, pero nunca había llegado tan lejos. Este hombre considera que tanto la ONU como la OTAN le deben obediencia. La falta de reacción por parte del bloque franco-germánico estremece. ¿Quién hará algo para detener a un enfermo que cruza tres líneas rojas cada día?

Ahora mismo, el gobierno italiano está dejando solos a sus ciudadanos. ¿Si un grupo de médicos italianos va a Gaza y es hecho prisionero por parte del ejército de Israel, cambiará su postura de cobardía y miedo? De Meloni no me extraña esto. Pero Sergio Mattarella es un hombre de Estado y de razón. Hijo de un constituyente, siempre ha tenido duros altercados con Meloni, haciendo lo posible para que Italia no vea su nombre más manchado de lo que ya está.

Lo más cobarde es que Albanese ve su figura utilizada como pieza de demagogia por parte de sectores como el movimiento Cinco Stelle, donde Conde lanza a grito patrio que se le debe dar el Nobel de la Paz.

Los peligros de las mentes que solo piden el poder y no la incómoda verdad. Que no pueden tolerar que alguien diga en voz alta que el genocidio es un acto de lesa humanidad que nadie se decide a detener por miedo a las consecuencias.

Este es el mundo de 2025, que tiene sus raíces en el mundo de hace de cientos de años, donde el negocio más viejo del mundo no tiene que ver con la carne, sino con la conciencia y la verdad. Porque todo tiene un precio. Y lo estamos pagando cruelmente.

Hoy podemos visitar decenas de museos llamando a la concordia en Alemania, que realizó un acto de limpieza y es conocedora de su pasado. ¿Hará lo mismo Israel?

Lecturas sobre Europa e Internacional de interés de los últimos 15 días

Lluís Camprubí

Permítanme compartir unas lecturas sobre los asuntos de política europea e internacional que más nos ocupan:

*Interview with Atte Harjanne: a Green member of the Finnish parliament and a reserve captain in the Finnish Defence Forces: Walking the talk on European security

*La cumbre de la OTAN y la crisis del atlantismo (J.A. Sanahuja)

*Entrevista a Dominique de Villepin: “Si Europa no reacciona ahora, será borrada de la historia”

*National Strategic Review 2025 – Republique Française (pdf)

*Contours of European Strategic Autonomy:Europe is moving on without the US, and the US does not seem to like it after all (Minna Ålander)

*Geopolitical Europe Summer Reading List (Gesine Weber) Revisión que incluye algunas de las lecturas más relevantes sobre la UE y su dimensión geopolítica

*Beware the Europe You Wish For (by Celeste A. Wallander) The Downsides and Dangers of Allied Independence. Sobre la autonomía estratégica europea y lo que puede suponer desde/para la perspectiva estadounidense

*Europe does not have to choose between guns and butter. There is another way (by Shahin Vallée and Joseph de Weck). Yes, defence spending has to rise – but slashing the welfare state to fund it would be a big mistake

*NATO’s New Defence Spending Pledge Is a Distraction…from what really matters: capability development. Minna Ålander argues in the Europe Dispatch that the new NATO defence spending pledge is unhelpful.

*El papel internacional del euro: eurobonos y el reto de las ‘stablecoins’ (Ángel Ubide)

*The frightening world without the dollar (Martin Sandbu) What will the global economy look like if it loses its monetary anchor?

La crisis de la globalización neoliberal

Dávid Rodríguez Albert

La globalización neoliberal, como última etapa del capitalismo que se ha ido afianzando a partir de los años ochenta del siglo pasado, se ha definido en las últimas décadas bajo los mantras ideológicos de la liberalización, la desregulación y la privatización. Este modelo ha promovido la apertura de fronteras para el capital, generando un mercado global en el que las grandes corporaciones han impuesto sus reglas y los Estados han ido perdiendo poder frente a intereses privados.

La liberalización de mercados ha obligado a los países de la periferia a competir en condiciones desiguales, mientras las transnacionales consolidaban su influencia sobre los gobiernos y distorsionaban el supuesto “libre mercado”. La desregulación, lejos de significar ausencia de normas, ha consistido en establecer legislaciones al servicio de los grandes grupos económicos, generando una especie de casino financiero global que desembocó en la crisis de 2008. Paralelamente, la privatización se ha convertido en un proceso de socialización de pérdidas, recortes en los servicios públicos y concentración de riqueza en manos de una élite económica que ha ido vaciando de contenido a las denominadas “democracias liberales”. En el ámbito laboral, el neoliberalismo ha impuesto una “flexibilidad” que ha significado precarización y fragmentación de la clase trabajadora, siempre en beneficio de las empresas. 

A escala internacional, las cadenas de producción se han ido deslocalizando hacia países con menores salarios y la deuda externa se ha utilizado como herramienta de disciplina para los países del Sur Global, obligados a priorizar los pagos por encima de los derechos sociales. Instituciones como el FMI, el Banco Mundial o la OMC han sido actores fundamentales en la expansión de estas políticas, condicionando la concesión de créditos a reformas estructurales que han profundizado las desigualdades y debilitado la soberanía de los Estados.

Este modelo no solo ha incrementado las desigualdades sociales, sino que ha acelerado una crisis ecológica que amenaza nuestra propia supervivencia, mientras la guerra y la violencia se han utilizado como instrumentos para controlar los recursos naturales bajo la hegemonía de Estados Unidos, que ha ejercido su poder económico, militar y cultural para sostener este orden. Sin embargo, hoy observamos que este modelo atraviesa una crisis profunda, y sus propias contradicciones han impulsado el ascenso de la extrema derecha en distintas partes del mundo, mientras se mantienen algunos de sus mecanismos, lo que genera una etapa confusa y contradictoria que exige de un análisis complejo pero riguroso.

El segundo mandato de Donald Trump ha acelerado esta crisis con políticas proteccionistas, aumento de aranceles, retirada de acuerdos multilaterales y defensa de un nacionalismo económico basado en la reindustrialización. Su rechazo de las deslocalizaciones y su desconfianza hacia instituciones como la OMC o la OMS reflejan un giro que profundiza el colapso progresivo de la globalización neoliberal y marca la transición hacia un nuevo escenario internacional. Sin embargo, Trump sigue defendiendo algunos pilares neoliberales como la desregulación bancaria, los recortes fiscales para las grandes corporaciones, la explotación laboral o el negacionismo climático. Su apuesta no es una ruptura total, sino un paso hacia un capitalismo nacionalista donde los Estados Unidos buscan mantener su ventaja a través de mecanismos unilaterales en vez de normas compartidas, a la vez que abandonan aspectos claves del liberalismo por entender que la globalización está socavando su hegemonía a costa del ascenso de otras potencias, especialmente China.

Nos encontramos así en un mundo en transición, con un auge de las áreas de influencia regionales, un mayor proteccionismo, tensiones comerciales entre bloques, más conflictos de carácter híbrido y complejo, y un crecimiento de la extrema derecha, mientras se resquebraja la legitimidad de las instituciones globales. Este escenario multipolar abre oportunidades para potencias intermedias y para los BRICS, pero también aumenta los riesgos de enfrentamientos indirectos en zonas estratégicas como Ucrania, Oriente Medio o África.

Comprender esta crisis de la globalización neoliberal resulta imprescindible para transformar la sociedad en un sentido democrático. La lucha por la paz y la justicia social debe integrarse con el combate contra la crisis ecosocial, apostando por un decrecimiento socialmente justo y una planificación económica que sustituya la lógica del beneficio privado por el bienestar colectivo. La redistribución de la riqueza, junto a la cooperación con actores como los BRICS, deben ser claves para construir un nuevo modelo que supere la etapa neoliberal de una manera más humana. Porque esta crisis no puede resolverse ni con más neoliberalismo ni con una nueva versión de autoritarismo reaccionario, sino con la construcción de alternativas que prioricen la vida, la justicia social y la sostenibilidad por encima de los intereses de las grandes empresas.

Apaciguamiento con ridículo incluido

Carlos Hidalgo

Neville Chamberlain es posiblemente uno de los primeros ministros de más infausto recuerdo en el Reino Unido. Su política de apaciguamiento a Hitler, sus idas y venidas a Alemania, dedicadas a lidiar con los cambios de humor, las mentiras y las falsas promesas del líder nazi. Chamberlain hizo lo propio con Benito Mussolini, pensando que creaba un canal de comunicaciones privilegiado que le permitiría crear brechas en la alianza nazi-fascista. Nada de eso sirvió.

Después de cada una de sus gestiones, el primer ministro llegaba a la Cámara de los Comunes ofreciendo garantías de paz y estabilidad en Europa, presumiendo de comunicarse con los líderes fascistas en su propio lenguaje y dibujando perspectivas optimistas que tardaban apenas días, a veces incluso horas, en desvanecerse. De hecho, tanto Hitler como Mussolini se reían de Chamberlain y usaban su comportamiento como señal de que podían seguir llevando a cabo sus planes con impunidad y el representante de la debilidad y el miedo de las democracias.

Cuando Alemania terminó de llevar al mundo a la guerra y Chamberlain fue forzado a abandonar el cargo, es cuando dicen que Churchill pronunció su famosa frase de «Os dieron a elegir entre el deshonor y la guerra. Elegisteis el deshonor y ahora tendréis la guerra». Pero creo que pocos deshonores hay como la vergüenza provocada por el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, una persona que nos tiene acostumbrados a algunos de los comportamientos más deshonrosos que hemos vivido en Europa en las dos últimas décadas.

Rutte presume de “hablar trumpiano”, de saber cómo distraer y halagar al presidente estadounidense de tal manera que pueda lograr sus objetivos. Pero el caso es que ningún éxito se ha logrado en la última cumbre de la OTAN, salvo comprometer un gasto en defensa exagerado e innecesario, desviar la atención de que la defensa europea debe ser independiente y fortalecerse en un contexto diferente al de la marchita Alianza y obtener de Trump la reiteración de que piensa incumplir el artículo 5 de la OTAN, además de más amenazas a los países aliados, entre ellos España.

El ex primer ministro de los Países Bajos lo que ha logrado es una infinita serie de caricaturas en las que su cabeza aparece bien metida en el culo del presidente de los Estados Unidos. Caricaturas publicadas en su país y en el resto del mundo.

Entiendo las críticas a Pedro Sánchez por declarar abiertamente que las exigencias de Trump a la OTAN son exageradas e irreales. Y pueden debatirse. Pero lo que no entiendo es el vergonzante silencio del resto de aliados, que ven igual de vergonzosa y de fútil la actitud aduladora del secretario general de la OTAN, que no ha logrado ninguna garantía de Trump, ni ningún beneficio para los aliados.

Chamberlain pudo resultar un personaje triste, algo patético, alejado de la realidad y puede que ingenuo y bienintencionado. Rutte es un cínico profesional, un acreditado xenófobo populista y cuya rastrera actitud hace que el deshonor que cayó sobre Chamberlain parezca una brisa primaveral, comparada con las flatulencias del neerlandés.

Si vis pacem, no confíes en Trump

Julio Embid

«Si quieres la paz, prepárate para la guerra». Es la frase latina que los imperios han utilizado durante siglos para justificar ejércitos cada vez más grandes y conflictos cada vez más inhumanos. Pero hoy, más de dos mil años después, cabe reformularla: si vis pacem, si de verdad queremos la paz, no confiemos en quienes comercian con la guerra. Y Donald Trump es su máximo exponente. Trump no solo representa un peligro para la democracia en Estados Unidos, representa una amenaza global. Su desprecio por las instituciones internacionales, su afinidad con líderes autoritarios como Vladimir Putin, y su falta de empatía por los pueblos que sufren guerras – desde Ucrania hasta Gaza, desde Sudán hasta Irán – le convierten en un factor de desestabilización global.

Cuando Trump dice que dejaría sola a Ucrania si no paga, lo que está haciendo es alentar una invasión imperialista como la de Rusia, que atenta contra la soberanía de un país europeo. Cuando justifica los bombardeos indiscriminados de Israel en Gaza o lanza acciones militares unilaterales de EE.UU. en Irán, ignora el coste humano y abre la puerta a más odio, más terrorismo, más sufrimiento.

España no puede ser indiferente. Somos un país de frontera. Geográficamente, estamos en el cruce entre Europa Occidental, América Latina y el Magreb. Y eso nos convierte en algo más que una posición estratégica: nos convierte en un punto de encuentro, en un lugar donde se puede y se debe vivir bien, en paz y en democracia.

Claro que necesitamos un ejército. Nadie cuestiona la necesidad de unas Fuerzas Armadas profesionales, preparadas y con medios. Pero el orgullo que muchos sentimos por la UME, la Unidad Militar de Emergencias, muestra cuál debería ser el espíritu de nuestro tiempo: soldados que ayudan ante incendios, inundaciones, terremotos. Que salvan vidas. Que protegen, no que invaden.

Frente a los agoreros de la confrontación y los vendedores de miedo, España debe ser un país que construya puentes entre países. No trincheras. Apostamos por la diplomacia, la cooperación y la justicia internacional. No por la lógica de la fuerza bruta ni por el poder del más fuerte. Por eso insisto, si vis pacem, no votes a y tampoco confíes en Trump. No es de fiar. No es de los nuestros.

T.A.C.O.

Verónica Ugarte

Mientras el Gobierno de Netanyahu, gracias a al apoyo militar de EEUU, lograba bombardear suelo iraní, muchos se pensaban que tras las palabras de Trump, afirmando que en dos semanas tomaría una decisión si atacaba a Irán también, estábamos ante un momento T.A.C.O.: Trump Always Chickens Out (Trump siempre se achanta).

El Primer Ministro de Israel llevaba mucho tiempo queriendo atacar al Gobierno de los Ayatolas. Casi más de 20 años; parte del tiempo en el que ha estado en el poder, pero le había sido imposible. Los bombardeos de 2014 no llegaron a suelo iraní, y eso fue gracias al no apoyo por parte del gobierno de Washington. A pesar de ser uno de sus Estados satélite, la Casa Blanca tuvo la inteligencia militar y estratégica de no armar más a Israel. Pero llegó Trump y la geopolítica ha dado un giro que alcanza no solo a la zona, sino al mundo entero.

Con sus inveteradas poses de soberbia, dio un mensaje al su país y al mundo, flanqueado por tres miembros de su Gobierno, el cual no es más que un reflejo de sí mismo: racista, ignorante y supremacista. Durante dicho discurso no mencionó ni una sola vez al Congreso, al cual tiene la obligación de informar si inicia acciones de guerra. Ha pasado por encima de uno de los tres Poderes que son parte de una Democracia. Su Vice-presidente ha ido más lejos afirmando que EEUU no ha atacado al Gobierno de Teherán, sino a su programa nuclear.

Siguiendo esas palabras vacías, habrá quienes piensen que atacando a Irán, el gobierno opresor iraní caerá. Puede ser un simplismo. Es cierto que desde hace años Teherán encierra y asesina a cada vez más ciudadanos, la mayoría de los cuales no vivieron la dictadura del Sha y para los que Jomeini es un mero retrato en las escuelas, una leyenda para los mayores.

También es cierto que son los más jóvenes quienes se rebelan contra la opresión clerical, la policía de la moral y los jueces que firman en dos minutos una condena de muerte y al mismo tiempo deben vivir en el anonimato por miedo a ser señalados y atacados.

Con todo, el deseo es que el régimen caiga desde dentro y no que el país sea bombardeado, asesinados sus hermanos. Que corra la sangre iraní a causa del eterno enemigo lo que puede hacer es fortalecer la unión de la población contra los ataques del gobierno Trump.

Al mismo tiempo, el Gobierno de Teherán ha dicho que este ataque no quedará sin respuesta, al mismo tiempo que Europa sigue sin saber cómo reaccionar. Ni ante una posible guerra en Medio Oriente, ni ante un hombre que está dado apoyo a un gobierno genocida, el cual ahora mismo mantiene cerrado su espacio aéreo para defenderse de los ataques, pero posiblemente también para evitar un éxodo de su población.

Sin ninguna base legal, Trump lleva a su país a otra guerra. Si alguien piensa que hace a EE.UU. grande otra vez, pues sí. Venderá más armas. Tendrá más lobbies contentos. Pero quienes van a la guerra no son los hijos de la Ivy League. Ni tampoco los de Wall Street. O los de su propia sangre. Van los de siempre. Los que por una bandera juran fidelidad a quien ocupe el Salón Oval y sus familias rezarán para que el teléfono no suene durante la noche.

Mientras tanto, a nivel interno continúan las redadas contra inmigrantes indocumentados, y por ende, no blancos. Desde que Texas empezó a poblarse en el siglo XIX, los nuevos colonos dejaron claro su desprecio hacia los “sucios mexicanos”. El racismo no es un fenómeno nuevo en EEUU. Su veneno estaba en la misma mano de los llamados Padres Fundadores.

El eterno sueño americano, acariciado por tantos, es una pesadilla si no eres blanco, rico y tienes conexiones. Adiós a los tiempos en los que italianos e irlandeses eran bienvenidos llevando solo lo puesto, huyendo de la pobreza.

Siempre una persona negra se encuentra con la policía local haciéndole preguntas que no le haría a un wasp. Sus derechos son pisoteados. Las penas de cárcel mucho más duras que las de un blanco.

Volviendo a las redadas, corren los rumores de que supremacistas blancos están disfrazándose de miembros del ICE, violando, ellos también, la Constitución de EEUU, la cual declara que toda persona que habita en su suelo tiene derechos.

Puede que haya manifestaciones, puede que algunos congresistas se escandalicen con el bajo nivel intelectual de Kristi Noem, secretaria de Seguridad Nacional de Estados Unidos, quien no supo responder a la pregunta de qué significa el habeas corpus, pero si dejo claro su apoyo firme a Trump. Pero no se ha llevado a cabo ninguna acción firme contra tanta estupidez.

Un país dividido y dirigido por ineptos. No solo debe tener miedo su continente, sino el mundo entero. Porque Donald insiste en que “America is Back”, y esa frase verdaderamente, de boca de un maníaco con acceso al maletín nuclear, es lo más terrorífico que ahora mismo se me puede ocurrir.

Solo existe la realidad

Verónica Ugarte

Hace algunos años leí que Cristo quería descansar luego de una larga jornada. Se acercó al negocio de un zapatero judío a quien le pidió sentarse un rato a la sombra. El zapatero se lo negó, por lo que su pueblo ha estado vagando miles de años como castigo. Son cientos las leyendas, mitos, historias que conforman el ideario de un antisemita. Se han ido alimentando de exageraciones, creencias religiosas, mentiras, y a veces hechos reales. Expulsiones, pogromos, guetos, a lo largo de los siglos medidas crueles buscando su desaparición.

El antisemitismo llegó a su punto álgido con el Holocausto. A partir de ahí, y con el sionismo como referente, nacido éste después del Asunto Dreyfus, se buscó, con la ayuda de un Occidente lleno de culpa, una tierra que los judíos pudiesen llamar país. Israel nació y millones lloraron. Unos de alegría y otros de dolor. De dolor al ser expulsados de sus propias tierras palestinas, Occidente abriendo una crisis sin medir las consecuencias.

Varias guerras hemos vivido. La de los Seis Días trajo como botín de guerra los Altos del Golán, Cisjordania, la franja de Gaza y la península del Sinaí. Mediante acuerdos poco a poco los territorios ocupados se han devuelto, menos la franja de Gaza y los Altos del Golán y Cisjordania solo parcialmente.

Desde aquel fatídico 7 de octubre de 2023 una parte del mundo ha sido testigo no solo de una brutal respuesta buscando venganza, sino también la deshumanización del pueblo palestino. Son demasiados los israelíes que se creen verdaderamente el llamado pueblo elegido, y con ello, las únicas víctimas del conflicto. Aquellas que tienen el derecho de evitar la entrada de ayuda humanitaria. Que legitiman con sus acciones y con su silencio el martirio, la hambruna, la tortura que miles de sus antepasados vivieron en campos de exterminio.

Este no es el primer genocidio que el mundo vive, pero si el único donde el asesino se autoproclama con el derecho divino de autodefensa y de víctima a la vez. Netanyahu es buscando por la justicia internacional, pero ha visitado EEUU y Hungría sin ser entregado a La Haya. ¿Razones? Los presidentes de ambos países no reconocen al Tribunal Internacional, o tal vez saben que económicamente no se pueden ver arrastrados a esta guerra, que comenzó en 1947.

El Primer Ministro de Israel continúa con una retórica absurda y se defiende diciendo que Israel se encuentra “en el lado correcto de la Historia”. Un discurso simplista e irresponsable que inunda de desprecio y hasta odio hacia los judíos en general y hacia Israel en particular. El marketing utilizado por diversos gobiernos en torno al Holocausto ya no es admisible bajo ningún punto. Alrededor del globo hay manifestaciones pro-Palestina. Miles de artistas consagran sus obras, palabras, letras y acciones contra uno de los actos más inmorales que hemos visto desde hacía décadas.

Judíos son insultados y asesinados en la calle. Señaladas sus empresas, mientras que Gaza muere lentamente. Cada día un médico se queda sin medicamento. Cada día una vida se pierde. Cada día se trata de entrar a la Franja pero Israel se niega a proteger lo que para la Torah es lo más sagrado, después del conocimiento: la vida. Las famosas palabras de Schindler que Hollywood dio teatralmente fama hace treinta y dos años, “quien salva una vida, salva al mundo entero” crean una pregunta que no tendrá respuesta a mediano plazo: ¿qué mundo queda cuando asesinamos miles de niños indefensos?