Monrovia y Jerusalén

Carlos Hidalgo

En 1822 la Sociedad Americana de Colonización (ACS, en sus siglas en inglés) compró terrenos a Sierra Leona y comenzó a trasladar a afroamericanos nacidos libres o a los que habían sido liberados a una zona a la que llamaron Liberia, por ser la tierra donde se esperaba que los afroamericanos y los afrocaribeños pudieran vivir y prosperar en libertad.

Pronto, los afrodescendientes estadounidenses se dieron cuenta de que no tenían nada que ver con los nativos de esas tierras y, tras varios desencuentros y escaramuzas, terminaron por imponerse a ellos.

Las primeras casas de la colonización de Liberia son iguales a las mansiones de las plantaciones del sur estadounidense. Y no solo reprodujeron eso, sino que los colonos estadounidenses terminaron usando a la población nativa como mano de obra esclava, igual que los blancos habían hecho con ellos en su país de origen.

Cuando Liberia se independizó, en 1847, se organizó como un Estado democrático, copiando también el sistema y las instituciones de los Estados Unidos, pero en la práctica, la minoría de origen estadounidense siguió marginando a los nativos, a los que consideraba ignorantes, incivilizados, violentos y difícilmente asimilables mediante la educación y la religión.

Ese estado de cosas solo llevó a un desorden creciente, a un mayor grado de corrupción de la élite gobernante, al hundimiento de la economía, a la erosión y posterior desaparición de la democracia y finalmente a dos guerras civiles, de las cuales, aun décadas después, el país se sigue recuperando.

Resulta tristemente humano que unas personas que se libraron de la opresión la hubieran asimilado tanto que terminaran reproduciéndola en cuanto ellas mismas fueron libres. Digan lo que digan los relatos religiosos, el martirologio, la pobreza, el sufrimiento y los abusos no santifican a las personas, sino que les dejan una huella tan profunda que en muchos casos siembran en ellos las semillas de esos mismos males.

Parece inevitable pensar también en Israel. El proyecto de Tierra Prometida, ese país que creció mediante colonos cooperativistas en kibbutzs, el país de Golda Meir, Shimón Peres o Issac Rabin, es ahora un país gobernado por un primer ministro corrupto, aupado por una constelación de partidos minoritarios ultraderechistas, que han hecho del abuso su programa político y que han respondido a un ataque bárbaro de una facción de los palestinos con una guerra de destrucción y terror en la que se mata a civiles por miles, se alienta la violencia civil contra los disidentes, se ataca la separación de poderes, se militariza la sociedad y se deshumaniza a la población civil palestina a la que se roba y se masacra sistemáticamente; o directamente se les mata de hambre.

Israel no es Liberia y sus ciudadanos no tienen la vocación misionera de los colonos liberianos. Pero el sendero hacia el abismo parece igual de claro en ambos casos.

Algunas recomendaciones de lecturas y podcasts

Lluís Camprubí

Últimamente florecen muchas iniciativas y aportaciones a la reflexión y el análisis para orientarse en este nuevo escenario geopolítico y en policrisis. Quisiera compartir las que me han resultado de mayor interés reciente:

*Podcast “Margen de Maniobra”. Impulsado por tres de las cabezas más brillantes de la izquierda (ecosocialista) de este país, José Luis Rodríguez, Xan López y Carlos C, genera un espacio de debate y reflexión reposado y profundo sobre las principales cuestiones de las que hacerse cargo. El primer episodio es “Descrifrando el Trumpismo” y el segundo es “Lo de lo woke”. https://podcast.circulobellasartes.com/podcast/margen-de-maniobra/

*Newsletter/blog “De Siria a Soria”.  Espacio de Jorge Tamames, desde la profundidad analítica y la escritura ligera, sobre [geo]política internacional. De momento tiene dos entradas. La primera “Cuatro seguridades” para pensar para Europa todas las seguridades, sin olvidar ninguna: 1) Defensa (con una palabra clave: Disuasión); 2) Económica; 3) Climática; y 4) Social. Y la segunda, “Tres febreros”, sobre la evolución honesta de su marco analítico sobre la cuestión ucraniana. https://de-siria-a-soria.ghost.io/

*Podcast/charla/entrevista a Oriol Costa: “Herbívors en un món de carnívors? La UE en el món de Trump, Putin i Xi Jinping” (en catalán). Parte de los tres factores de los que dependía la Seguridad europea y que ahora ya no están: 1) las interdependencias como garantía de Seguridad (ahora son fuente de vulnerabilidad); 2) una URSS y después Rusia que desde el 1945 hasta el 2008 era favorable al statu quo territorial (ahora es actor imperialista, agresivo, expansivo y revisionista); y 3) el paraguas de seguridad estadounidense (ahora en repliegue siendo generosos). Y repasa los principales retos y dificultades para alcanzar la seguridad europea y su autonomía estratégica. https://www.youtube.com/watch?v=TmNQI_Uasg8&t=1142s

*Newsletter diaria: Matinal Europea. Elaborada por David Carretta y Christian Spillmann, una herramienta para ofrecer análisis, contexto y perspectiva a los interesados en la UE realizada puntualmente cada mañana. https://lamatinaleuropea.substack.com/

*Libro “El fin de la paciencia. Un ensayo sobre política climàtica”, de Xan López. Publicado hace una semana, aún no lo he acabado. Es un ensayo de teoría política aplicada a las políticas climáticas: una invitación a crear un nuevo partido del clima, más allá de siglas y fronteras. Pero ya puedo recomendarlo. Muchísimas ideas de interés en un libro de los que acaba muy subrayado. https://www.anagrama-ed.es/libro/nuevos-cuadernos-anagrama/el-fin-de-la-paciencia/9788433946614/NCA_90

*Libro “Hacer Mundo”, de Carlos Corrochano. Sale publicado el próximo 21 de mayo pero estoy seguro de recomendarlo preventivamente. Copio a continuación su propia descripción para abrir boca:  “Lo internacional se ha convertido en uno de los principales campos de batalla del presente. El problema, claro, es que los movimientos reaccionarios -con su defensa del aislamiento y la negación- lo han transformado en un terreno fértil para la distopía. Y, sin embargo, aunque ciertos instintos derrotistas nos lleven a pensar lo contrario, el orden global no es fruto de un gran plan meticuloso: es la suma de respuestas espontáneas y creativas a problemas inéditos. De cómo renovar nuestra imaginación geopolítica es de lo que trata Hacer mundo. Este ensayo arranca con un diagnóstico del momento crítico que atravesamos, analiza la desorientación de la izquierda, el avance de las derechas y los dilemas fundamentales del pensamiento político contemporáneo: ¿cómo repensar el universalismo?, ¿cómo repolitizar el derecho internacional?, ¿cómo construir una internacional que no repita los errores del pasado? El libro culmina con un gesto de esperanza radical y pragmatismo utópico: una carta al futuro que convierte las ideas en horizonte, y la ambición política, en una forma concreta y responsable de acción.” https://lenguadetrapo.com/libros/es-posible/hacer-mundo/

De los papas Leones

Juanjo Cáceres

El ser humano siempre ha rellenado los espacios en blanco, porque nuestra mente nos empuja a buscar una explicación, aunque carezcamos de ella. La necesidad de entender lo que nos rodea nos empuja explicar, de una u otra manera, hechos, fenómenos y motivaciones, incluso sobre aquello de lo que no tenemos información real. En estos días de funerales y cónclave lo hemos vivido abundantemente, cuando durante los días antes se han puesto una multitud de nombres sobre la mesa periodística y los pronósticos no se han cumplido en absoluto. Es bueno recordarlo ahora, cuando algunos se afanan a asegurar que Robert Prevost era uno de los que sonaban o incluso -no se rían- que ya les habían dicho que lo iba a ser, si bien en el momento de poner candidatos sobre la mesa, su nombre no apareció hasta el mismo día de iniciarse ese solemne acto. Búsquenlo, por ejemplo, en esta lista de 20 candidatos papales  -nada menos- publicada por la Vanguardia, a ver si lo encuentran.

El propio mecanismo de elección y su carácter secreto convierten en una temeridad el pretender adivinar el nuevo papa y presumir de fiabilidad. Aquello que no se explica específicamente resulta siempre difícil de adivinar y además el secreto de los apoyos es, probablemente, un elemento clave para asegurar el éxito de la designación. Pero nada detiene a los adivinadores ni a los intérpretes de la realidad, que tampoco se han resistido a un mayor lucimiento con la interpretación de la razón de la elección del nombre de León XIV. Lo digo porque se atrevieron a asegurar que su nombre sería un homenaje a León XIII y a su identificación con la encíclica Rerum Novarum, de 1891, cuyo contenido condena los abusos patronales en plena era industrial.

La verbalización del motivo el pasado sábado por el Santo Padre, me induce a pensar que era algo que él mismo habría anticipado de algún modo o que alguien habría filtrado, pues de lo contrario extraña tanta precisión. Al fin y al cabo, ¿cuánta validez tendría esa correlación, cuándo, por ejemplo, existen muchas otras encíclicas similares? ¿Por qué el Papa no eligiría, por ejemplo, el nombre de Juan XXIV, por identificación con la encíclica “Mater et Magistra” de Juan XXIII? Con su precisión sobre la Inteligencia Artificial, todo cobró mayor sentido, pero a esa asociación tampoco nadie había llegado antes.

También nos hubiéramos podido plantear que lo eligiese por un motivo asociado a un “León”, que no fuera el número 13. En este sentido es importante recordar que el primero así denominado fue León I el Magno, aquel papa que se decía que había disuadido a Atila de invadir Roma en el año 452 y que es considerado uno de los papados fundamentales en el tránsito del Imperio Romano al periodo de dominio germánico de Europa Occidental (no en vano es uno de los únicos tres papas denominados “el Magno” o “el Grande”). Cualquier analista sin otra información debería haber tenido presente esta importante figura en la elección del nombre.

Habrá que esperar al siglo VII para que llegue el siguiente León, León II, cuyo pontificado durará un año y se extinguirá en 683. Algo más de un siglo después llegará León III, que fue, ni más ni menos, que el papa que proclamó emperador a Carlomagno -primera proclamación romana de un nuevo emperador en el periodo medieval- y también fue sujeto y objeto de todo tipo de tramas y conspiraciones. En 847 fue designado León IV, papa de hechos no demasiado relevantes, y a principios del siglo X, León V, del que se sabe bien poco. Poco después llegará León VI, en un periodo de profunda crisis de la institución y de vidas papales disolutas, que moriría asesinado, y también León VII, otro papa estrechamente dependiente del poder nobiliario. En ese mismo siglo también ejercerá León VIII, un hombre de acción nombrado por el importante emperador Otón I para deponer a Juan XII, quien luego volvería con un ejército para deponerlo a él, pero que años después sería de nuevo designado por dicho emperador.

Ya en el siglo XI fue el turno de León IX, que daría los primeros pasos en la muy necesaria reforma que culminaría, sobre todo, Gregorio VII y al que también le tocó lidiar con el Cisma entre las iglesias occidental y oriental. Hay que saltar al siglo XVI para hallar el siguiente León, León X, hijo de Lorenzo de Medici y de una época muy tempestuosa en Florencia, cuyo gobierno abandonó para asumir el papado y al que le tocó condenar las tesis luteranas, publicadas durante su pontificado. También León XI ejercería en ese mismo siglo una carrera eclesial alineada con la Contrarreforma, pero su papado duró menos de un mes y ya en el siglo XIX, León XII estuvo al frente de un pontificado bastante poco memorable.

Queda así claro que, con la excepción de León I el Grande, la trayectoria de los leones no da para mucho, siendo probablemente León III y León XI los más relevantes, al menos en su tiempo histórico. Y es también, sin duda, León XIII, otro de los que cabe considerar como papa importante. En parte por sus 25 años de pontificado, pero también por el ejercicio de una importante dimensión política y diplomática, más relevantes, seguramente, que la encíclica Rerum Novarum, que, de hecho, fue elaborada por un papa enemigo del socialismo y poco afectuoso con el sindicalismo y las democracias liberales.

En cualquier caso, a mí Robert Prevost me parece un papa muy distinto a Francisco Bergoglio. Tanto las señales que envía su nombre, como sus gestos -vestimenta- y algunos elementos de sus primeros mensajes, hacen pensar en un papa con una visión más antigua del papado. Si realmente su referente es León XIII, hay bastantes elementos inquietantes en esa figura, como también los ha habido en otros papas recientes en los que puede que también busque inspiración, pero no nos engañemos: todo esto no son más que conjeturas, porque si hay algo realmente secreto en un papa es lo que en verdad se propone hacer.

El tiempo dirá cuál es su labor, como siempre sucede, y pensemos también que aunque demos a las cosas un significado trascendental y una justificación singular, tampoco tienen más importancia que la que que los seres humanos le queremos dar: al fin y al cabo, un nombre es tan solo un nombre.

Informe sobre el Desarrolo Humano 2025

Marc Alloza

Esta semana el PNUD (Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo) ha publicado su estudio Human Development Report 2025 A matter of choice: People and possibilities in the age of AIcuya traducción oficial al español es Informe sobre Desarrollo Humano 2025: Un llamado a decidir: personas y posibilidades en la era de Inteligencia Artificial

La primera de las dos principales conclusiones es que “el Desarrollo Humano está experimentando una desaceleración sin precedente” y la segunda, para no quedarnos tristes como nos quedamos los aficionados del Barça el martes, es que “la Inteligencia Artificial (IA) podría reavivar al desarrollo“.

El informe y el resumen del informe hacen una defensa acérrima de las bondades de la IA, fundamentada en datos de encuestas, etc que quizás roza al publi-reportaje.  En el resumen preliminar en español del informe de 26 páginas, se cita a la IA unas 116 veces, inteligencia artificial en 9 y AI en 30 por lo que al final empacha un poco. Casi nadie pone en duda que la IA ya es una realidad en muchos campos en los que está aportando una mejora tecnológica muy destacable. De ahí a que se recupere la “senda perdida” (lo pongo entre comillas porque tampoco me queda muy claro que hubiera una senda) del progreso hay un gran trecho. Se indica en el informe que para ello es necesario que se integre adecuadamente con las personas en lugar de competir contra ellas así como modernizar los sistemas educativos y de salud. Hay trabajo para rato, por lo pronto un dato curioso aunque esperable es que las respuestas de ChatGPT se acercan más a la perspectiva cultural de los humanos que viven en países con un Índice de Desarrollo Humano (IDH) muy alto y están más alejadas de la perspectiva de los países con IDH bajo.

En 2020 el crecimiento del índice se detuvo en seco pero se recuperó entre el 2021 y 2022 para decaer en 2023 y 2024, cuando se ha ralentizado dramáticamente y la desigualdad entre países pobres y ricos ha seguido creciendo.

El informe indica que las vías de desarrollo que redujeron la pobreza se están frenando por  tres factores: una inadecuada financiación exterior, la existencia de menores oportunidades de fabricación debido, en parte, a la automatización, y las tensiones comerciales que limitan las opciones de exportación.

Estas tensiones son anteriores a la revolución de Trump por lo que no tiene pinta de que 2025 vaya a mejorar en este aspecto, sobre todo con aranceles del 50% a países como Leshoto en la posición 167 de 193 de Índice de desarrollo humano (IDH).

Por otro lado, un factor que lógicamente también se destaca en el informe es el gran número de conflictos violentos que asolan el mundo. En 2025 tampoco se observan visos de mejora, al contrario, el otro día, India lanzó unos misiles sobre Pakistán en represalia de un atentado terrorista supuestamente preparado en su país. Aparte también ha desviado el curso del Indo hacia su territorio antes de su llegada a Pakistán. Dos potencias con unas 170 cabezas nucleares cada una y con ganas de darse cera tiene mala pinta. No sé si el estado mayor o el presidente Indio lo consultaron a chatGpt antes del ataque; si les dijo que adelante, habría que revisar el entrenamiento.

Volviendo al índice, España se encuentra en la posición 28 con un coeficiente de 0.918. Hay dos componentes que me han sorprendido y que lastran al total del índice. El primero el producto interior bruto; 46.008€, que me pareció elevado pero en realidad es el 37 del mundo. Y el segundo es el promedio de años de escolarización que es 10.8 como Italia y Qatar, 10. Entre los 50 primeros sólo Uruguay (10,5) y Portugal (9,7) tienen uno inferior, viva la cultura latina.

A pesar de que ha ido creciendo desde 1990 hay espacio para mejorar:

1990

2022

En cambio tenemos un componente muy destacable que es el de los años esperados de formación que se quantifica en 17,8.  Este indicador ha tenido un desarrollo con altibajos. Crecimiento hasta 1995 estacamiento hasta 2011 y vuelta a crecimieto con parón puntual en 2020.

Vale la pena echarle un vistazo sobretodo a los indicadores del final de la versión inglesa. 2025 difícilmente va a mejorar la situación salvo milagro del nuevo Papa.

La perpetuación del vacío discurso patrio

Verónica Ugarte

Desde hace varias semanas estoy pasando de puntillas toda información digna de ese nombre, proveniente de México. Las razones son varias, pero entre ellas, la más fuerte es la cansina repetición del discurso sobre el valor del pueblo mexicano. Leí en diagonal una nota donde se informaba que la Presidenta Sheinbaum había rechazado que se le diera su nombre a un tulipán, ofrecimiento de parte del gobierno de Holanda, y en su lugar pidió que se dedicase dicha flor a la mujer indígena. No le dí importancia porque a veces la presidenta peca de sentimental. Y ese fue mi error.

El año 2025 se ha dedicado a reconocer la figura de la mujer indígena en México, una mujer que debido a sus orígenes ha sido condenada a la pobreza, el analfabetismo y la explotación laboral. Cierto es que ese sufrimiento no solo es un legado colonial para con las mujeres, sino para con todas las comunidades indígenas debido al sistema de castas que introdujo la Metrópoli, pero también que en más de doscientos años de vida independiente se ha hecho lo mínimo por romper el ciclo y que ese 10% de la población que representan en el país sea integrado a la vida cotidiana y tangan las mismas oportunidades que el otro 90%.

En conferencia de prensa se le preguntó a Sheinbaum el por qué se prepara una muestra en la Casa de México en España dedicada a las mujeres mesoamericanas. La respuesta es un chiste. Es imposible tener la responsabilidad de gobernar un país con problemas reales y al mismo afirmar que dicha muestra es porque “queremos que se conozca más la riqueza y la grandeza del México de antes de que vinieran los españoles; antes de que invadieran los españoles”. Esas afirmaciones son un sinsentido. México es el resultado de la fusión brutal e indivisible de dos culturas antagónicas, que desde 1521, con la caída del Imperio Mexica, se desarrolló en un país lleno de diversidades, de gustos, de incertezas; lleno de desafíos y con partos continuos de identidad.

Cada etapa de la Colonia hace que se gesten varios Méxicos, y afirmar que México existía antes de España es una insensatez que perpetúa la ignorancia y el odio común que todo mexicano lleva dentro hacia el español imaginario.

Ese odio es parte de la cultura que permite buscar culpas al imaginario, y que desprecia el valor de lo real. En México no se habla castellano, se habla español, la variante mexicana. Esa que no usa la palabra cometa, sino papalote, que viene del náhuatl y quiere decir “mariposa”. Esa misma que usa el verbo “apapachar” para dar confort mediante un abrazo lleno de aprecio y de amor. Esa que usa el sustantivo “droga” para referirse a una deuda. Esa que mezcla tantos idiomas y hace del mexicano un dialecto lleno de expresiones que hasta una chilanga a veces no entiende.

Ese odio desprecia a la religión que es parte intrínseca de su cultura. No se enseña que las piñatas, las verdaderas, las de barro hecho a mano y vestidas de estrella fueron inventadas por los curas para incentivar el cristianismo porque cada punta significa un pecado capital, y el palo con que se rompe la piñata es la fuerza que vence al mal, mediante la fe ciega, la cual se demuestra al pegarle con los ojos vendados.

Se desprecia la comida. Porque esa “invasión” trajo al Nuevo Mundo nuevos sabores, nuevos productos, nuevos condimentos. Esa fusión dio vida al mole, a los tacos al pastor, a los chiles en nogada. También llegó con el español imaginario la hermosa variedad de dulces, bizcochos, esos mismos que mojamos en atole durante la cena y desayuno.

Ese español imaginario no es parte de la cultura de España. A pesar de varios ensayos, voces iracundas, intentos de dar el reconocimiento a ese español que es solo nuestro, sigue siendo la excusa para olvidar de dónde vienen los problemas que insistimos en no resolver.

Pero la irresponsabilidad de perpetuar una mentira que insulta a nuestros orígenes también tiene como objeto alimentar el orgullo patrio y hacer del mexicano una víctima de si mismo a la vez que héroe. Un héroe con pies de barro, pero héroe al fin.  

Ahora que se están viviendo las tensiones con el vecino, México saca lo mejor y lo peor de si mismo. Lo mejor: la unidad frente al güero que, como de costumbre, lo mira mal. Lo peor: ese odio ciego hacia todo lo que no sea mexicano.

Muchos de vosotros sabréis que al español se le llama “gallego” en el cono sur. En México se refiere a él como “baturro”, si se quiere ser cariñoso. Pero la mayor parte del tiempo, el insulto más grande y feroz que se suelta es “gachupín”. Mexicano que diga que no lo ha usado alguna vez, miente. Lo más absurdo es que dicho insulto nació durante la Colonia y por parte de los criollos. Los hijos de españoles nacidos en el Virreinato, que veían como un peninsular podía llegar sin medio real y escalar sin esfuerzo alguno todos los escalafones sociales y económicos, hasta llegar a puestos de poder que les eran vetados a los criollos. Si, tampoco México es original en cuanto a insultos, a menos que recordemos las explicaciones de Octavio Paz y nos sonrojemos al recordar el insulto que caracteriza al mexicano.

Un país que niega una parte de su identidad tiene un grave problema. Estará perpetuando un sentimiento vacío que no le lleva a nada que no sea escarbar en la misma herida imaginaria y no avanzar hacia un proceso de pensamiento adulto, y con ello, tal vez hacia una reconciliación consigo mismo.

Mientras tanto, la mujer que todos apoyan y admiran perpetúa de manera absurda todas las mentiras que algunos desechamos a los 20 años, y al hacerlo, fuimos un poco más libres, pero también nos quedamos sin patria.

Del papado

Juanjo Cáceres

El pasado 26 de abril medio mundo siguió con atención el funeral del papá Francisco I, al cual no solo asistieron miles de feligreses, sino mandatarios de casi todo el planeta. Más allá de la conmoción que pudo causar la muerte de un papa caracterizado por su cercanía y sus discursos a favor de los desamparados, los entierros papales se componen de unos contenidos litúrgicos y funerarios característicos -en su opulencia- de esa antigua monarquía absoluta que en realidad es el Vaticano y, por lo tanto, constituyen un hecho de una suntuosidad única. Solo los funerales de la monarquía inglesa pueden compararse levemente en su puesta en escena.

Del papado del finado se ha subrayado estos días su importancia desde una doble vertiente. Con Francisco en vida, se decía de él que era uno de los únicos referentes que se oponía en sus mensajes a ese impulso reaccionario que caracteriza a la administración Trump o al impulso belicista de Rusia e Israel. En cambio, con Francisco enterrado, se habla de un catolicismo americano, adoptado por las élites económicas del país en detrimento del protestantismo, que estaría interesado en una administración papal bajo la cual pudiera impulsarse un conjunto de valores tradicionales sobre el que arraigar la nueva política del trumpismo.

Entre esas dos maneras de hacer Iglesia hay un abismo. Pese a la profunda secularización de las sociedades occidentales y lo diluido que ha quedado el hecho religioso en las mismas, hoy estamos seguros de que las personas nada religiosas como yo vamos a seguir conviviendo en un mundo parcialmente islámico, parcialmente cristiano y parcialmente compuesto por un variado abanico de seguidores de otras religiones. También sabemos que la Iglesia católica no va a renunciar al ejercicio de su poder, ni tampoco de su importante influencia política, ampliamente acreditada en este siglo y en el pasado, por lo que tampoco nos debería dar igual la forma que cobre la nueva administración papal. Pero precisamente por su carácter monárquico y perimetrado, nada podemos decidir si no vestimos la toga de cardenal y nos habremos de conformar con lo que salga. He aquí la diferencia entre los estados pontificios y los estados democráticos, si bien en estos últimos acostumbramos a sobrevalorar el poder del voto y a pasar por alto la gran cantidad de decisiones sobre las que nada decidimos y que no tenemos más remedio que observar cómo se adoptan desde nuestra ventana.

Como sea, el funeral de Francisco mostró claramente el peso que una institución tan antigua como la Iglesia conserva a día de hoy. Una institución en la que 2000 años han dado para mucho y que se ha reinventado tantas veces como ha sido necesario para seguir existiendo. En sus dotes camaleónicas y de adaptación a cualquier forma de realidad está la clave de su supervivencia, asi como en la enorme extensión de su red clerical. Gracias a todo ello ha logrado escapar incluso a crisis muy profundas y cada entierro y cada cónclave sirven a esa institución para hacer esa exhibición antigua y resultona que hace unos días se emitió por todo el mundo.

Y es que no debemos olvidar, como recuerda el historiador Peter Heather, que ya desde la época de Constantino todo proceso de cristianización ha estado estrechamente ligado al ejercicio del poder a todos los niveles, ya fuera imperial, laico o eclesiástico. Eso ha implicado que la mayor parte de las conversiones vividas en siglos medievales, o mucho más recientemente como la que realizó el vicepresidente estadounidense James D. Vance hace seis años, respondieran más a un cálculo interesado que a una verdadera convicción religiosa. Resulta, no obstante, fascinante, que el acercamiento a Roma y al catolicismo todavía se considere un elemento estratégico para asegurarse un lugar preeminente dentro del orden político.

Roma sin Papa  (I) 

En 2005 Francia y Holanda  rechazaron la Constitución Europea  por una combinación de motivos políticos, socioeconómicos y de percepción ciudadana. En Francia, influyó junto al temor a los efectos negativos de la ampliación de la Unión Europea con la llegada de inmigrantes del este y la deslocalización de empresas, una preocupación por la posible amenaza a los monopolios estatales y al modelo social francés hijo de las tres décadas gloriosas posteriores a la Segunda Guerra Mundial.

Pero también, en parte, y sin alcanzar en importancia a los mencionados, el rechazo se justificaba dentro del debate sobre la identidad europea como una defensa de la laicidad estricta frente a las referencias culturales inscritas sobre  las raíces cristianas promovidas por Giscard y otros que además pudieran reforzar la competencia de un islam agresivo que se percibe como uno de los enemigos culturales de una sociedad pluralista.

El miedo es libre e incendia los debates y  siempre es difícil cuantificar su incremento o disminución en el estado de ánimo de la ciudadanía en los momentos previos a los grandes cambios y desafíos; las mafias, los traficantes de droga y los terroristas, pasaron a disfrutar y utilizar de inmediato las ventajas de un mercado interior sin fronteras, sin control de los movimientos de mercancías, de personas y de capitales, mientras que la respuesta de la UE, el espacio de Libertad, Seguridad y Justicia no dejaba de ser tan solo un objetivo hacia el que se avanzaba muy lentamente.

A pesar de todo, los pueblos europeos y sus dirigentes son hoy bien distintos de aquellos que hace 45 años sacaron a Europa de la crisis del final de los 70, ampliaron con gran éxito la CE a España y Portugal, crearon un mercado interior sin fronteras tras el Acta Unica, avanzaron hacia la unión económica y monetaria y sentaron las bases de una posible unión política.

Pero no es el estudio del fracaso de la aprobación de una Constitución Europea como norma de normas lo que nos trae aquí sino la aparente contradicción entre la negativa a la aceptación de la influencia cultural del cristianismo en la identidad europea en los trabajos preliminares y la imagen de un protestante y un judío conversando solos, aislados de sus cortejos, y sentados en severas sillas en medio de nobles mármoles pulidos de un templo católico capital, acerca de un conflicto territorial violento que tiene su origen próximo en un criminal ruso que gusta de sostener cirios en ocasiones patrióticas de preferencia y en medio de las  graves e icónicas ceremonias de los templos ortodoxos.

A pesar de las exageraciones propias de los medios, la impronta reformista del pontificado de Francisco  y el alcance popular de su figura se ha visto reconocida por la abrumadora presencia de mandatarios reunidos para tributar su último adiós al obispo de Roma. 

En el centro de la escena un sencillo ataúd de madera a los pies del altar efímero parecía un mudo reproche a la ostentación del poder representado en la tribuna. Cincuenta  jefes de Estado contemplaban el despliegue litúrgico de las exequias fúnebres mientras dos dicharacheras ministras del gobierno de España se hacían un selfie.

Como soy católico nominal educado en los reverendos padres jesuitas  – cuyos sermones siniestros solo mejoraba la calidad de la prosa de un Edgar Allan Poe – no he desarrollado una viva simpatía por este miembro argentino que no volverá a ceñirse la mitra papal, que dio siempre la impresión de llevar sin entusiasmo, como un honor oneroso o faena fatal que le hubiera hecho el Espíritu Santo. Tal ambigüedad no debe de ser rara en los sucesores en la cátedra de Pedro, si bien en Francisco los extremos no parecían encaminarse a una síntesis aceptable o siquiera comprensible por una mayoría de fieles. 

Papa contradictorio, su bondad tenía un punto intransigente, su humildad algo de exacerbada. Ortodoxo en el aborto y la eutanasia, no le importó afectar incomodidad con otras páginas del catecismo. En materia social cabía catalogarlo como izquierdista, pero por ahí viene el problema: su condena de la pobreza se confundía a menudo con una censura del dinero que poco ayuda, a la postre, a los pobres.

Pero mis preferencias poco importan ante sus indudables logros de audiencia y simpatías que lograba concitar entre su grey populista. De los 135 cardenales electores que participarán en el cónclave, 108 han sido elegidos por Francisco; Benedicto nombró 23 y Juan Pablo II solo cuatro, es decir más democrático que un Congreso Federal del PSOE aunque con un inevitable sesgo jesuítico.

«Un cónclave no es un parlamento con distintos partidos políticos. Todos los cardenales van vestidos igual», afirma un vaticanista de pro, Eric Frattini.

El mito que no muere: culpar a la OTAN por la guerra de Rusia 

LBNL

Oigo tantas veces este argumentario de que la OTAN es culpable de la guerra de Ucrania que me permite pegar este artículo de hoy mismo de EUvsDisinfo que me parece tan certero como bien argumentado:

«En el turbio panorama de la desinformación, pocas narrativas han demostrado ser tan persistentes como la afirmación de que la expansión de la OTAN provocó a Rusia a invadir Ucrania.

Este mito, reciclado y rebautizado por los apologistas del Kremlin, culpa a Occidente de la agresión rusa, ignorando la historia y los hechos. Es hora de llamar a esta narrativa por su nombre: una distorsión conveniente diseñada para justificar una guerra injustificable.

Mito 1: «Rusia fue provocada. La OTAN rompió una promesa».

Uno de los mitos más comunes en la retórica pro-Kremlin es que la OTAN prometió no expandirse «ni un centímetro hacia el este» después de la Guerra Fría. Pero no hay evidencia de ningún acuerdo formal al respecto. Múltiples líderes occidentales y documentos desclasificados confirman que, si bien hubo discusiones sobre la posición de la OTAN en Alemania durante la reunificación, no se asumió ningún compromiso vinculante ni global para congelar las fronteras de la alianza indefinidamente.

Y aquí hay un punto crucial: si Rusia realmente quería tal garantía, sabe perfectamente cómo funciona la diplomacia internacional. Habría impulsado un tratado, un acuerdo formal o, como mínimo, un compromiso públicamente documentado. Pero eso nunca ocurrió, porque tal promesa nunca se hizo ni se buscó oficialmente. Incluso Mijaíl Gorbachov , el líder soviético en ese momento, confirmó que no había acuerdo ni promesa de no ampliar la OTAN. En diplomacia, si no hay tratado, acuerdo firmado ni declaración pública, no hay promesa vinculante. Rusia lo entiende. No es ignorancia, es revisionismo deliberado por parte de Putin.

Más importante aún, las naciones soberanas de Europa del Este querían unirse a la OTAN, no porque la OTAN buscara cercar a Rusia , sino porque estos países habían soportado décadas de ocupación e invasiones soviéticas y estaban decididos a no volver jamás a esa subyugación. Estonia, Letonia, Lituania, Polonia, Rumanía: estos no eran peones manipulados por Washington. Eran democracias que tomaban decisiones estratégicas para su seguridad. Sugerir lo contrario es negarles capacidad de acción e ignorar su historia y soberanía.

Mito 2: «Ucrania estaba a punto de unirse a la OTAN. Rusia no tenía otra opción».


A pesar de las reiteradas afirmaciones, Ucrania no estaba a punto de unirse a la OTAN a principios de 2022. Si bien Ucrania llevaba tiempo expresando su interés en la membresía, no hubo una invitación formal ni un proceso acelerado. La idea de que la adhesión de Ucrania a la OTAN fuera inminente es más ficción que realidad. Era una posibilidad remota, no una política vigente. El ultimátum

de Rusia en diciembre de 2021.Una garantía de que Ucrania nunca se uniría a la OTAN nunca fue una oferta diplomática genuina, sino un pretexto. Exigir que la OTAN no solo excluyera a Ucrania para siempre, sino que también redujera su presencia en todos los países que se unieron después de 1997, borrando décadas de decisiones soberanas de los estados de Europa del Este, no fue una negociación, fue una exigencia imposible. Putin sabía que la OTAN nunca podría aceptarla sin abandonar sus principios fundamentales y la seguridad de sus miembros. El ultimátum estaba destinado a ser rechazado. Fue una trampa, no un esfuerzo diplomático (como hemos descrito aquí ).

¿Y quizás la prueba más clara de que la OTAN no fue la verdadera razón de la invasión? Las propias palabras de Putin. En su discurso de febrero de 2022 , justo antes de la invasión, apenas se centró en la OTAN. En cambio, cuestionó el derecho mismo de Ucrania a existir como estado independiente, afirmando que fue «creada por Lenin» y debería ser parte de Rusia. Esa retórica no apunta a preocupaciones defensivas, sino a ambición imperial .

Si Rusia realmente temía la incorporación de Ucrania a la OTAN, lanzar una invasión a gran escala es quizás la forma más eficaz de garantizar un mayor alineamiento y apoyo occidental. La guerra no impidió que la OTAN se acercara a Ucrania, sino que aceleró ese proceso. Eso no es miedo, es una apuesta arriesgada basada en ambiciones diferentes.

Mito 3: «Rusia temía a la OTAN en su frontera».

La idea de que Rusia invadió Ucrania por miedo a la OTAN se contradice con sus propias acciones. Si Moscú realmente viera a la OTAN como una amenaza inmediata, creyendo que planeaba usar Ucrania como plataforma de lanzamiento para una guerra contra Rusia, probablemente habría calculado un enfoque más cauteloso, sobre todo dado el poder militar de la OTAN.

De hecho, la invasión rusa de Ucrania en febrero de 2022 demuestra lo contrario: una confianza calculada en que la OTAN no intervendría directamente y que no buscaba una guerra con Rusia. Y ese cálculo fue correcto. La OTAN, a pesar de su poderío militar, enfatizó repetidamente que no enviaría tropas a Ucrania ni se enfrentaría directamente a las fuerzas rusas. Putin lo sabía, y apostó en consecuencia.

Si el Kremlin realmente temiera a la OTAN, no habría provocado un escenario que pudiera atraer aún más la atención y el armamento de la OTAN. Pero lo hizo, porque la verdadera motivación no era el miedo a la OTAN. Era el deseo de reafirmar el control sobre Ucrania e impedir sus ambiciones generales hacia Occidente.

Mito 4: «Hubo un golpe de Estado en Ucrania en 2014, liderado por Occidente».

Este cliché trillado intenta borrar la voluntad del pueblo ucraniano, que salió a las calles en 2013-2014 exigiendo rendición de cuentas, reformas y el fin del liderazgo corrupto respaldado por Rusia. La Revolución de la Dignidad.No fue orquestada por la CIA ni la OTAN, sino provocada por el abrupto rechazo del presidente Yanukovych a un popular acuerdo de libre comercio y asociación  con la UE y su violenta represión contra los manifestantes.

El Kremlin presenta este levantamiento democrático como un golpe de Estado liderado por Occidente porque no puede reconocer que sus vecinos podrían elegir un camino diferente, uno que no gire en torno a Moscú. Para los regímenes autoritarios, el poder de las personas libres siempre es el enemigo.

Lo que el mito ignora.

Para comprender verdaderamente esta guerra, no mire las decisiones de la OTAN, sino las propias palabras de Vladimir Putin. En su infame ensayo de julio de 2021 y su discurso de febrero de 2022 , Putin desestimó la soberanía ucraniana y enmarcó al país como una parte histórica de Rusia. Sus motivaciones no son defensivas, sino imperiales. La invasión buscaba reafirmar el control sobre una antigua república soviética, aplastar una democracia próspera en la frontera rusa y señalar a otros estados postsoviéticos que girar hacia Occidente tiene consecuencias.

Putin no teme a la OTAN. Teme a la democracia. Teme que los vecinos democráticos de Rusia, anteriormente ocupados por Moscú, demuestren que los rusos pueden vivir libremente sin oligarcas ni autoritarismo. Esa es la verdadera amenaza al poder del Kremlin.

La OTAN es la excusa, no la causa.

Culpar a la OTAN por la guerra de Rusia es una narrativa de conveniencia, no de credibilidad. Absuelve al agresor, ignora la agencia de naciones más pequeñas y cambia el guion de décadas de historia posterior a la Guerra Fría. Es un mito que solo sirve a un amo: el Kremlin.

No se dejen engañar. Ucrania no «provocó» a Rusia más de lo que un ladrón es provocado por una casa que instala una cerradura. Esta guerra no se trata de promesas rotas o líneas rojas malinterpretadas. Se trata de poder, control y la negativa a dejar que otros vivan libremente fuera del alcance de Moscú.

Cuanto antes enterremos este mito, antes podremos centrarnos en responsabilizar a la parte correcta y defender la verdad.»

De mortuis, nil nisi bonum

Verónica Ugarte

“El hecho de ser un gran escritor no significa cumplir con un compromiso: el compromiso es doble. Por un lado, dar el máximo como escritor y en segundo lugar, hay que responder también con la conducta personal, con la conducta ideológica, con la conducta política. El paralelismo, la coincidencia de esas dos cosas en el trabajo de un escritor; ese es el verdadero compromiso.” Julio Cortázar

El llamado Boom Latinoamericano no solo fue una colosal cosecha de grandes títulos y plumas que pusieron en el mapa literario mundial a todo un subcontinente que antes no tenía voz. Fue también un acto político, una toma de conciencia, de posturas ante una serie de dolorosas dictaduras en la mayor parte de aquellos países.

Fueron años aciagos donde generaciones se vieron, se ven y se verán retratadas. Porque la literatura es un testamento, un ejercicio de memoria, de historia, a través de la prosa y de la poesía. Sigue leyendo

Los que esperan a Trump

Carlos Hidalgo

Cuando el actual presidente de los Estados Unidos ganó las elecciones, ya había un montón de personas que estaban esperando cobrarse sus favores. Por un lado estaba Elon Musk, que pretendía convertirse en una especie de Primer Ministro no oficial, dispuesto a que Trump le sirviera en bandeja todo el aparato del Estado Federal estadounidense para ponerse a moldearlo a su imagen y semejanza y, bajo el pretexto de optimizar la estructura de la administración y ahorrar gastos, cobrarse venganzas contra los reguladores y administraciones contra las que el magnate sudafricano guardara algún tipo de rencor; además de favorecer, mediante una ética cuestionable, todos los contratos públicos que la administración tuviera con sus empresas, desde su empresa de coches, Tesla, a la de telecomunicaciones, Starlink, sin olvidar Space X, que cobra auténticas millonadas en contratos con la NASA, pese a perder cohetes a un ritmo alarmante y dañar las instalaciones de lanzamiento de la administración aeroespacial.

Musk parece que va a poner fin a sus andanzas en la administración tan rápidamente como sus cohetes, al haberse vuelto impopular hasta para sus mismos compañeros del gobierno y sufrir terriblemente en los dos sitios que más le duelen: su ego y su cartera.

Aparte de Musk hay otros millonarios que esperaban indultos presidenciales por delitos financieros o estafas, que se levantaran regulaciones medioambientales o de protección a los consumidores y, en general, que Trump, como el autoproclamado monarca que es, les concediera favores de manera arbitraria y muy poco compatible con los mercados libres que todos afirman defender. Y lo cierto es que muchos de ellos lo han conseguido. Sigue leyendo