Dogmatismo económico sin sentido

Carlos Hidalgo

Hace ya 24 años que se imprimió “La economía desenmascarada” de Steve Keen, una obra crítica que pone en cuestión los fundamentos de la teoría económica convencional. El autor, economista australiano, denuncia el dogmatismo de la economía neoclásica, argumentando que sus modelos simplifican en exceso la realidad y han contribuido a crisis como la financiera de 2008. Keen sostiene que los supuestos de competencia perfecta, equilibrio y racionalidad no reflejan el comportamiento real de los mercados ni de los agentes económicos.

El libro explora cómo las dinámicas de deuda privada y la inestabilidad financiera son ignoradas por la economía tradicional, y defiende la importancia de modelos más realistas que incorporen la complejidad, la incertidumbre y las interacciones no lineales. Steve Keen aboga por una reforma profunda de la disciplina, invitando a economistas y lectores a cuestionar las bases aceptadas y a considerar alternativas heterodoxas para entender y gestionar la economía contemporánea.

Algo que no ha sucedido, ni se prevé que suceda en breve.

Estos días estamos viendo como Argentina que, pese a los delirios autoritarios de Milei, se veía como un “milagro” por parte de los economistas ortodoxos de turno y sus habituales pregoneros, está agravando la crisis perpetua que atenaza al país. El “milagro” de Milei era un espejismo sostenido por préstamos del FMI y, en cuanto el dinero prestado se acabó, la combinación de recortes fiscales, mutilación salvaje del sector público y la pobreza forzada sobre gran parte de la población, han terminado gripando a la economía, hundiendo más aún al peso y seguramente abocando al país a una más que posible recesión.

Hasta que se pusieron de moda los llamados “monetaristas” o la “escuela de Chicago”, la Economía se seguía viendo a sí misma como la ciencia de repartir de la manera más eficiente posible unos recursos escasos. Y esa eficiencia se basaba en aproximarse lo más posible al llamado “óptimo de Pareto”, desarrollado por el economista italiano Vilfredo Pareto, que describe una situación en la que se alcanza un equilibrio en el que los recursos están asignados de tal manera que no se perjudica a nadie al asignarlos.

La economía “ortodoxa” niega la realidad y hace énfasis en que el Estado debe abandonar su papel de árbitro, coordinador y regulador de la actividad económica, para que la llamada “mano invisible” del mercado funcione por sí misma. Lo que obrará el milagro de que los ricos, al verse más ricos, no solo competirán más entre ellos, sino que redistribuirán la riqueza mediante la inversión y el reparto de beneficios.

Nada de eso ha ocurrido. En la práctica la desregulación nos ha llevado a varias crisis financieras de gravedad, a la pérdida del poder adquisitivo de los trabajadores, al crecimiento descontrolado de empresas que las han situado en posiciones de monopolio mundial y a que los más ricos acumulen rentas sin compartirlas -por la razón que sea- con los demás.

Y lo peor es que en el caso de las crisis, estas teorías encubren cierto sadismo moral con los más perjudicados por ellas: se castiga a los consumidores y trabajadores empobrecidos por “vivir por encima de sus posibilidades” y se rescata a los armatostes financieros que realmente llevaron a la economía a su ruptura por especular irresponsablemente con dinero ajeno.

En Argentina, esa moralina sádica de señalar y castigar a los “pecadores” económicos se ha traducido en una brusca caída de la demanda interna que está paralizando al país. Parece que el concepto de que si la gente es demasiado pobre no va a comprar nada, no entra en la cabeza de los ortodoxos, que además disfrazan a la impunidad de los ricos como “libertad”, mientras que se descalifica y ridiculiza a las personas que sufren y se empobrecen a resultas de esa fanática adhesión a unas teorías económicas que deberían estar igual de superadas en su disciplina que el sistema geocéntrico en la astronomía.

No solo pasa en Argentina, sin embargo. Y en España hay muchas personas deseando aplicar las recetas de Milei, pese a que estamos viviendo en directo su fracaso. Y no es porque la economía española esté mal precisamente. Seguimos siendo el país que más crece de la economía euro. Y ya se ha comprobado varias veces que aumentar el poder adquisitivo de los trabajadores anima al consumo interno y a la creación de empleo, justo al revés de como mandan los dogmas ortodoxos. Es más, los problemas económicos del país se deben más a mercados en los que la redistribución no es eficiente, como la vivienda o la energía, donde la desregulación ha introducido a actores más interesados en aprovechar una demanda inelástica para especular, que en competir entre ellos o permitir la entrada de nuevos actores.

Tal vez sea el momento de abordar un debate serio con las cifras en la mano, que nos lleve a un cambio de modelo y nos libre de dogmáticos que terminen rompiendo todo aquello que dicen defender.

Deus lo vol

Julio Embid

Los fines de semana me gusta mucho ir al Galacho de Juslibol. Este es un espacio natural a las afueras de Zaragoza formado por meandros abandonados de la margen izquierda del río Ebro. Es un lugar único, verde y lleno de agua y de vida rodeado por zonas calizas secas donde no crece nada. Está junto a la Academia General Militar y puedes oír los tanques si salen de maniobras y al lado de un pequeño pueblo rodeado de huertas que carece de Ayuntamiento y forma uno de los llamados barrios rurales de Zaragoza: Juslibol.

El origen de este pueblo y de su nombre proviene de la Edad Media, del periodo de la conquista de Zaragoza, entre el Reino de Aragón y la Taifa de Saraqusta a comienzos del siglo XII, que además coincide con la Primera Cruzada que el Papa de Roma organizó junto al Reino de los Francos, el Reino de Inglaterra, los genoveses y varios nobles alemanes para recuperar los lugares sagrados del cristianismo en Oriente Medio. Pues bien, en este pequeño rincón donde resido, al norte de Zaragoza, llegó procedente de Huesca el rey Pedro I de Aragón en 1101 y fundó un pequeño campamento en un cerro donde se podía ver toda la gran capital y lo llamó Deus lo vol (Dios lo quiere). Como el rey no tenía descendencia fue sustituido por su hermano Alfonso I Sánchez de la dinastía Jimena, más conocido como “El Batallador”.

Este rey, tras conquistar las Cinco Villas y cortar en dos la Taifa de Zaragoza, separándola de Tudela, inició un largo asedio para tomar la ciudad que duró nueve meses en 1118. Vinieron veteranos de las cruzadas de toda Europa, bearneses, gascones, germanos, franceses, castellanos y navarros que se reunieron en Deus lo vol para construir máquinas de asedio y sitiar la ciudad, matando a sus pobladores por hambre y destruyéndola con lanzapiedras desde lejos, subidos a una montaña al otro lado del río Ebro. A Saraqusta, que entonces tenía 25.000 habitantes, le llegaron refuerzos desde Valencia y desde Granada, pero no fueron suficientes y en diciembre la ciudad cayó.

El Batallador entró en Zaragoza prometiendo respeto a la población musulmana, que en su mayoría acabó huyendo. La ciudad fue repoblada con colonos navarros y del sur de Francia, y al año siguiente de su conquista, tras asegurar y jurar que mantendría las mezquitas, el rey ordenó derribar la Mezquita Mayor para levantar en su lugar, en pleno centro de la ciudad, la Catedral del Salvador, más conocida como La Seo. Ahí terminó, de hecho, el mito de las “tres culturas”. En Deus lo vol, después conocido como Juslibol, junto al galacho, se levantó un palacio de veraneo para los arzobispos, porque los veranos zaragozanos, entonces, ahora y siempre fueron insoportables.

Hace nueve siglos, Alfonso el Batallador justificó su conquista en el mandato divino. Y hace apenas dos años, en octubre de 2023, otro dirigente volvió a recurrir a Dios para amparar la violencia: Benjamin Netanyahu, primer ministro de Israel. Su ejército inició un asedio sobre Gaza que no puede llamarse guerra: no hay dos bandos equivalentes. Hamás, tras los atentados de aquel año, fue prácticamente aniquilado. Lo que ha seguido desde entonces es una campaña sistemática de destrucción.

Decenas de miles de palestinos – según distintas estimaciones, más de 65.000, entre ellos unos 20.000 niños – han muerto bajo bombardeos, hambre o falta de asistencia. No se trata de bajas militares, sino de civiles – dos tercios del total de muertos – asesinados en sus casas, en hospitales, en las colas de reparto de alimentos. Una limpieza étnica encaminada a vaciar Gaza y sustituirla por colonias agrícolas e instalaciones turísticas en la costa mediterránea. Otro Marina D’Or es posible sobre la sangre de millones de víctimas.

En el Parlamento de Israel – la Knesset – son cada vez más numerosos los grupos parlamentarios de partidos religiosos que basan la política en lo que dicen que su dios les dijo. El libro del Génesis de la Biblia dice que Yahvé le prometió a Abraham, y a sus descendientes (esto es lo importante), toda la tierra que hay desde el Nilo hasta el Eufrates, desde el actual Egipto hasta el actual Iraq. Y a eso se aferran Netanyahu y sus secuaces para empuñar las armas, a la voluntad de Dios. Sólo espero que dentro de mil años, en el Parque Grande de Ciudad de Gaza, no se alce una colosal estatua de Netanyahu. Sería señal de que, como seres humanos, al menos, habremos mejorado algo. 

No son los videojuegos, son las redes sociales

Carlos Hidalgo

Hace poco menos de diez años que empecé un artículo acerca de un movimiento llamado “Gamergate”. Una decepción amorosa por parte de un desarrollador de videojuegos, al que su pareja (también desarrolladora) abandonó por el editor de una influyente página web de crítica de videojuegos, terminó derivando en amenazas de bomba, la exposición pública de las direcciones y datos de mujeres que trabajaban en el sector y una masa no desdeñable de hombres jóvenes que pensaban que las mujeres querían destruir el mundo de los videojuegos. Cuando acabé el artículo y lo publiqué, no tardé en empezar a recibir amenazas, más o menos veladas, por parte de los miembros españoles del “Gamergate”, a los que desagradaba ver publicadas sus hazañas y más todavía ver cómo estas afectaban a sus víctimas, casi siempre mujeres.

Esta deriva tan tóxica de algunas comunidades de “gamers” o “jugones” se pastoreó desde Breitbart News, la web de ultraderecha que en aquel momento dirigía Steve Bannon y fue llevada a cabo por el activista Milo Giannopoulos, un provocador que repetía con alegría el ideario nazi sin decir la palabra “nazi”.

Aquello no amainó. Diversos foros en 4Chan, e incluso en algunos en los foros oficiales de los videojuegos más famosos, como “Counter Strike”, “Minecraft” o “Fornite”, mantienen vivo ese movimiento misógino y ultraderechista, del que emanaron otras variantes, como los “incel” y de los que han salido incluso los típicos asesinos que cogen un rifle y siembran el caos en ciudades y centros educativos, no sólo en EEUU, sino también en Canadá, Francia o Alemania.

El dolor y las muertes causadas por estas comunidades de internet siempre se atribuyen a los llamados “lobos solitarios”, pero estos lobos realmente no son muy diferentes a los terroristas islamistas que se armaban ideológicamente y recogían consejos prácticos en sitios relacionados con el Daesh. Solo que en este caso la motivación no es religiosa, sino nihilista, misógina y basada en el victimismo, con argumentos tales como que ser un hombre blanco heterosexual está perseguido. Y los asesinatos se disfrazan de “retos” y se justifican con humor negro. Se ve como algo heroico el matar “por los loles” (por LOL, las siglas en inglés de “reírse a tope sonoramente”).

El asesino del divulgador derechista Charlie Kirk, Tyler Robinson, parece un producto de estas comunidades. Los medios han hecho mucho énfasis en que pasaba mucho tiempo jugando a videojuegos, pero todos los estudios serios sobre el tema indican que los videojuegos reducen las conductas violentas en lugar de estimularlas. Las comunidades de éstos en Discord, 4Chan, etc. son otra cosa. Y en todas ellas el asesino buscó consejos, fue animado e incluso presumió del crimen una vez que fue cometido. Los mensajes que dejó en los casquillos que abandonó en el lugar del crimen, además tenían los típicos mensajes-meme que se pueden leer en esos sitios de internet y que las autoridades no fueron capaces de entender en un principio, porque esos ámbitos de socialización son invisibles para los que tenemos cierta edad y lleva un tiempo desentrañar todo ese lenguaje con referencias a cosas que desconocemos.

Aparte del siempre mencionado problema que tienen en los Estados Unidos con el acceso a las armas de fuego, existe un problema que afecta al resto del mundo, que es lo que se cuece mientras pensamos que nuestros hijos están tranquilamente jugando en su ordenador o mirando su teléfono móvil. Y es que, mientras que nosotros pensamos que no dan guerra y ni nos interesamos por saber qué hacen, ellos hacen el equivalente de visitar todos los días los peores garitos, llenos de la peor gentuza.

Aunque se sospecha que Robinson era seguidor de Nick Fuentes, un “influencer” ultraderechista que afirmaba que Kirk era un vendido y Trump un blando, el gobernador de Utah se aferra a los videojuegos y a una ideología “izquierdista” que el asesino nunca demostró. Y el propio Fuentes ha empezado a hacer llamamientos a la calma y a rogar a sus seguidores que no cojan las armas. Por ahora.

Culpar de ello a los videojuegos es un recurso comprensible, aunque simplón. Pero no haber vigilado lo que se está incubando desde hace más de una década y el verlo desde una perspectiva que se ha quedado obsoleta y no quiere reconocer el contexto mediante el cual muchos jóvenes se radicalizan, nos pone a todos en peligro.

Si son niños son nuestros

Alfons Salmerón

Si hay algo que me indigna profundamente es la mentira. Y vivimos en el reino de la mentira. La era de la posverdad. La posverdad ha pasado de ser un concepto académico a un lugar común en el discurso político. Cuando el relato se disocia de los hechos, la verdad es una quimera. He ahí la crisis de la credibilidad contemporánea. En el contexto de la modernidad tardía, la posverdad no solo describe una dinámica cultural; es un recurso de la hegemonía del sistema económico y político que se apoya en redes sociales, plataformas digitales y conglomerados mediáticos para moldear percepciones a escala global. Es gobierno de lo perverso.

Las palabras de Ayuso o de Feijóo tildando de violenta una protesta pacífica que trataba de denunciar la complicidad de la Vuelta en la operación propagandística del gobierno israelí para blanquear la muerte de casi 50.000 víctimas civiles, 18.000 de las cuáles son niños me producen verdadero asco. Tratar de convertir en un debate jurídico el asesinato sistemático por parte de un Estado de decenas de miles de personas civiles solo puede ser propio de personas perversas sin alma. Habíamos crecido en consensos que parecían incontestables más allá de las adscripciones ideológicas. El asesinato de civiles sistemático de civiles no es un hecho colateral, sino un crimen de guerra. Creíamos haber crecido con la lección aprendida del holocausto nazi. Algo que nunca más debería volver a ocurrir y sin embargo, algo parecido está volviendo a suceder frente a nuestras narices y resulta aterrador que no exista un consenso democrático capaz de nombrarlo.

Suele decir Jorge Luis Tizón, psiquiatra y psicoanalista que tuve el honor de tener como profesor de Máster de Psicopatología, que hay que estar muy atentos a las emociones que nos despierta el otro. Cuando una persona nos provoca una emoción de asco, sostiene, es muy probable que estemos delante de una persona perversa. El asco es una de las emociones más primitivas y elementales, presentes en nuestro cerebro reptiliano. Una emoción básica para nuestra supervivencia que nos protege de comer alimentos en mal estado por ejemplo. Es importante fiarse de las emociones, siempre y cuando uno tenga bien afinado su sistema límbico. Lo que ocurre es que este entramado de personalidades perversas y narcisistas que dirige el mundo se empeña en darle la vuelta a la realidad, pervirtiendo su significado, imponiéndonos su relato con todos los instrumentos de poder que tienen a su alcance.

“Solo le pide a Dios que el dolor no me sea indiferente” escribía León Gieco para que luego nos lo cantaran tantas voces maravillosas como Mercedes Sosa o en nuestro país Ana Belén. Qué sencillez, ¿no es cierto? Una sola frase que encierra el sentido de ser humanos, del hecho de ser humano, que no es otra que la capacidad que tenemos para sentirnos conmovidos por el dolor ajeno. ¿Han visto ustedes sufrir de dolor a un solo niño sin que no hayan sufrido ustedes también? ¿Verdad que no? Eso espero. El llanto sin consuelo de un solo niño es un hecho insoportable que puede corroborar cualquier persona que lo haya vivido. Pues bien, en Palestina han sido asesinados 17.921 niños según datos oficiales. Un ejército de hombres hechos y derechos han matado a casi 18.000 niños ¿Es posible pronunciar esta frase sin experimentar dolor, rabia o impotencia? No es posible, a menos que sea usted también una persona perversa y merezca también todo nuestro desprecio.

Vivimos el ascenso de un neofascismo global en la expresión cultural de este capitalismo tardío que se caracteriza por la financiarización extrema, el consumo hipersegmentado y la hegemonía de plataformas digitales, que requiere de narrativas que sostengan su legitimidad. La economía de la atención convierte las emociones en mercancía y recompensa los mensajes virales, aun cuando sean falsos. Este modelo favorece la polarización, simplifica los conflictos complejos y castiga los matices creando un terreno fértil para la desinformación. Mata cualquier posibilidad de debate serio al prescindir de los hechos, reinventando y renombrando la realidad. La máxima de Goebbels llevada a su máxima expresión. Una mentira repetida hasta la saciedad se convierte en verdad.

Por todo eso es tan importante lo que ocurrió el domingo en las calles de Madrid. Madrid otra vez, el Madrid popular que desmiente tantos relatos, el Madrid del no pasarán y el de las Asambleas de la Puerta del Sol. Es importante por lo que tiene de resistencia frente a la mentira. Una resistencia íntima que se convierte en un hecho político colectivo. Porque en tiempos de la posverdad no hay acto más revolucionario que el llamar a las cosas por su nombre. Como nos recuerda Jorge Drexler en su última canción:“Un refugiado es un refugiado/Un niño es un niño y el miedo es el miedo/Destierro es detierro/Y una hipocresia es una hipocresía (…) El dedo que aprieta el gatillo debería saber esto/No hay tuyos ni suyos ni míos, si son niños son nuestros”

Amarás a Dios sobre todas las cosas

Verónica Ugarte

Blanco, protestante, estadounidense, hijo de trumpistas, con contacto con las armas desde pequeño. Algunas de las características del asesino de Charlie Kirk

Uno de los predicadores acerca de la verdad absoluta de lo que ocurre en EEUU, fan de Trump, no era más que una marca, una de tantas. Racista, sin empatía (palabra que menospreciaba) hacia el sufrimiento de los inmigrantes indocumentados, niños entre ellos. No le importaba decir que si violaban a su hija, ella debería tener al bebé. Pro Vida, entendía que la vida empieza en la concepción y no en el parto (no era muy inteligente, dado que desconocía las etapas de la menstruación).

En otras palabras, otra voz amenazante que hacía de gran orador pero estudiantes de Cambridge o de un instituto lo podían hundir en un debate debido a su ignorancia, su desprecio por las voces diferentes a la suya y su peligroso populismo que apelaba a la Segunda Enmienda.

Que un aspirante a político no sepa debatir habla de la pobreza de su educación. De su exceso de ignorancia y de atrevimiento. De su falta de responsabilidad por nutrirse de lo que hay más allá de lo que sus ojos y oídos alcanzan. Kirk era un altavoz para los paletos y basura blanca que han dado paso a que llegase Trump la primera y segunda vez al Despacho Oval. También es responsabilidad de individuos así la compra masiva de armas en las calles, los tiroteos en las escuelas y decir “gracias, Dios, por la Segunda Enmienda”.

Tenemos al otrora mejor país del mundo, a la otrora potencia mundial, desnuda. No es solo Trump el Presidente. Vemos claramente quienes lo apoyan: personas que no tienen el menor interés por el bienestar de nadie que no sea el suyo propio.

Kirk era agresivo, violento. Tenía claro que su papel como hombre blanco era el de dirigir y oprimir los derechos de mujeres, minorías. Decir sin arrobo que los inmigrantes debían volver a su país porque eran criminales. Decir que el sistema se había convertido en laxo gracias a las tasas de racismo positivo y por ello tenía el derecho y deber de dudar si un hombre negro estaba capacitado para hacer su trabajo, algo que jamás cuestionaría si fuese blanco.

La extrema derecha de EEUU tiene ahora mismo lo que más necesitaba: un mártir a quien llorar. Un pseudo hombre a llevar a las alturas de panfletos, ceremonias, mítines… Un mártir para la causa ayuda a un Trump que ha llevado al país a su límite de exacerbación, dolor y rencor.

No se trata solo de una polarización política, sino también social. El inglés como idioma no de colonización, sino de supremacía. El color de la piel importa más que nunca. Y un Dios que algunos dicen que existe, lleva a su lado a un “buen cristiano, padre y esposo”.

Las RRSS, gracias a la infame IA, arden de mentiras que deben contrastarse si se es responsable. Si eres un paleto, te crees lo que digan los algoritmos de quienes poseen tu cerebro y tus $100 dólares semanales.

El video de la señora Kirk clamando a la venganza, al odio, es la realidad a la que nos enfrentamos en la profundidad de ese país. Peor fue verla besando al cadáver. Pero como he dicho antes, todo se trata de una marca. De un frente común a favor de lo peor que se puede sacar de una sociedad absurda, racista e ignara.

“Pon la otra mejilla”. “Ama a tu prójimo”. Palabras para ingenuos.

Clinton, Obama y Biden llamaron a la unidad. Trump a la guerra. En política llamar a la esperanza es una necedad. En política se llama a la responsabilidad y se exige que el Congreso esté a la altura para detener esta barbarie. Estamos muy lejos de una guerra civil. Tan solo el mencionarla da rubor. Pero la violencia diaria no debe intensificarse.

En un país donde Dios está en el dólar, debemos decir:

Si tu hermano peca, repréndelo; y, si se arrepiente, perdónalo. Aun si peca contra ti siete veces en un día, y siete veces regresa a decirte “Me arrepiento”, perdónalo. Lucas 17:3b-4.

Israel, déjate de milongas: el PP no aprende

LBNL

Ayer la Vuelta ciclista a España tuvo que suspender su etapa final en Madrid tras varios incidentes en varias etapas anteriores por el boicoteo popular a la participación (obligada al habérsela ganado por puntos) de un equipo propiedad de un judío canadiense amigo de Natanyahu con el nombre de Israel. Servidora, que es aficionado al ciclismo, oyente habitual de la radio deportiva (especialmente la COPE) y admirador desde que destacó en el tour con el Reynolds de Pedro Delgado, está encantado. Y mis amigos israelíes, y judíos de otros lares, también. Uno me ha comentado “As a South African Jewish struggle Comrade wrote to me today: The Spain cycling stuff is the equivalent of the New Zealand protests against Springboks in ’81…”

Es escandaloso que tras la suspensión internacional de Rusia de todas las competiciones internacionales a raíz de su invasión de Ucrania, ninguna instancia deportiva internacional haya tomado la misma medida con Israel. Recordemos: Desde febrero de 2022 se estima que Rusia ha matado a unos 90 mil ucranianos, de los cuales 13 mil civiles. En cambio, se estima que desde octubre de 2023 cuando Hamás la atacó, Israel ha matado a unos 65 mil palestinos en Gaza, de los cuales unos 43 mil civiles. Es decir, el triple de civiles en dos años frente a tres y medio. Cuando la cosa alcanza la condición de barbarie es estéril hacer distingos pero el Israel gobernado por Netanyahu hace bueno a Putin. Pese a lo cual, Israel sigue participando en las competiciones internacionales de futbol, baloncesto, etc, aparte de Eurovisión y lo que sea. Y como se te ocurra argumentar que no debería ser así, más vale que tengas coartada de no antisemitismo, porque te cae seguro, aunque seas judío (“self-hating Jew” les dicen).

Cuando el asedio a Sarajevo salieron 80 mil españoles en Barcelona a denunciarlo (muchos de los cuales no tendrían claro dónde estaba, me atrevo a sospechar). Cuando Bush jr. decidió invadir Iraq para imponer la libertad y la democracia, España volvió a salir a la calle indignada. Ahora el pueblo español no hace sino mantener su quijotismo (entendido como dignidad con independencia del coste) secular contra la barbarie en vista del doble rasero internacional frente a Rusia e Israel. Y a diferencia de otros lares (Francia, Países Bajos…), no son “moros”, islámicos, “marrones” los que se manifiestan sino blancos, oriundos, solidarios y dignos los que lideran las protestas. Y no, los ex etarras, indepes y extremistas no son capaces de movilizar a una gran mayoría del pueblo español que, mal que les pese a la COPE y a Pedro Delgado, sienten que vale la pena arruinar la Vuelta ahora que teníamos la posibilidad de actuar para poner coto a la indignidad internacional.

Israel era un proyecto ilusionante, nunca perfecto pero extraordinario, desde muchos puntos de vista. Su filo-socialismo originario contrastaba con su pecado colonialista pero heredó lo mejor de la democracia británica y verdificó el desierto, se orientó hacia el I+D+i y generó un espacio de libertad de género antes que muchos otros. Los ashkenazíes europeizados laícos decayeron frente a los sefardíes medio-orientales más religiosos y de aquellos polvos estos lodos. Hoy es una democracia muy debilitada que ha perdido toda credibilidad internacional como miembro del club de las “naciones civilizadas”. Porque por muy malo que sea, no se puede matar a un terrorista al precio (en víctimas civiles “colaterales”) que sea. Y menos si son decenas de miles, incluidos niños, mujeres y mayores. O matarles de hambre.

En el gobierno liderado por Netanyahu hay ministros que pertenecen a partidos otrora condenados por terrorismo y odio y el propio Netanyahu lleva décadas (se dice pronto) dejando claro que no quiere paz, que quiere derrotar a la legítima aspiración palestina a un Estado propio, cuando menos a no seguir bajo ocupación militar israelí.

Es mucho más difícil describir todo esto en un artículo como este que percibirlo. Y al pueblo español no le hace faltan artículos para sentirlo. Afortunadamente. No estamos solos. En Irlanda, muy sensibles a la ocupación extranjera, lo sienten igual. Pero Irlanda no es tan grande como España. Ni Eslovenia, ni Luxemburgo, ni Bélgica, ni siquiera los Países Bajos, tradicionalmente filo israelíes (Anna Frank, ocupación alemana) pero hoy a la cabeza también de los que reclaman medidas contundentes de la UE.

La Presidenta de la Comisión Europea, la alemana von der Leyen, anunció la semana pasada medidas contundentes, que se sustanciarán esta semana. Lo habrá hecho por convicción o, más seguramente, por concitar el apoyo de los social-demócratas en el Parlamento Europeo. Lo mismo cabe dudar de Pedro Sánchez. Acosado por todos los lados, el frente israelí sin duda le viene muy bien para desviar la atención. Pero ¿qué hay de mal en hacer lo correcto por mucho que te beneficie?

Algo que no parece ser capaz de entender el PP. Las críticas de Ayuso, Almeida y Feijóo tras la suspensión de la Vuelta han mimetizado las llegadas desde el gobierno ultra de Israel. ¿No son capaces de aprender a no enfrentarse a la mayoría del pueblo español?

Al final del verano

Arthur Mulligan

La situación política en España a septiembre de 2025 está marcada con una especie de bloqueo institucional, debilidad parlamentaria, crisis superpuestas y casos de corrupción que afectan esencialmente al gobierno central y al PSOE. Resistir en estas condiciones, sin convocar nuevas elecciones, es cada vez más difícil y se están generando presiones desde múltiples frentes para que se acuda de nuevo a la urnas.

El gobierno de coalición depende de alianzas frágiles y, por el momento solo ha conseguido renovar el apoyo necesario para aguantar, el rechazo o bloqueo de los presupuestos generales del Estado parece inminente, y la tercera prórroga consecutiva sería un síntoma inequívoco de disfunción institucional.

Los empresarios y analistas institucionales señalan que las prórrogas presupuestarias sistemáticas son un peligro para la economía, la credibilidad institucional y el funcionamiento ordinario de la democracia. Se subraya que aprobar unos presupuestos es una prueba esencial de la capacidad de gobernar, y que bloquearlos debería traducirse en la convocatoria de elecciones para clarificar la situación.

Los casos recientes de corrupción han sacudido al PSOE y sus socios, quien pese al transcurrir del verano y a las divisiones y promesas de regeneración han decidido no adelantar elecciones hasta este momento, en que queda derrotada una vez más la propuesta cansina de la vicepresidenta Yolanda que con su afán de protagonismo no ha querido esperar mejores condiciones para traer su propuesta al Congreso.

Formalmente el gobierno ha declarado su intención a finalizar la legislatura y presentar unos presupuestos para 2026, aunque sea consciente de que muy probablemente no saldrán adelante, ya que el desbloqueo presupuestario depende de pactos políticos, concesiones estratégicas y, en última instancia, posibles salidas institucionales si el bloqueo persiste.

Ni reconstruir la mayoría de investidura, ni abrir el diálogo a mayorías alternativas, ni concesiones a demandas territoriales (tensiones con otros socios y dentro del propio partido de gobierno) parecen opciones realistas aproximándonos al final del ciclo. Tampoco una negociación exprés y presentación de nuevos presupuestos para 2026.

Algunos juristas contemplan la posibilidad de una salida institucional por bloqueo, porque si la situación se prolonga, cabría la impugnación constitucional de la prórroga presupuestaria sistemática, abriendo un debate sobre la legalidad y la legitimidad del gobierno para gobernar sin proyecto de cuentas propio.

En este contexto de alta inestabilidad los analistas ven difícil un acuerdo a corto plazo, lo que aumenta la presión para medidas excepcionales si no hay desbloqueo político. La negociación presupuestaria es el termómetro de la viabilidad de la mayoría gubernamental y, en España, tumbar unos presupuestos suele precipitar crisis de gobierno o adelantos electorales.

O sea, estamos peor que al inicio de vacaciones, y después de unos incendios pavorosos (recuerden ¿qué más tiene que ocurrir en España después del volcán, de una epidemia, de una Dana? y ahora esto), el salario más frecuente en España continúa siendo el salario mínimo y no es más bajo porque el gobierno se ha visto obligado a prohibirlo por ley.

La mitad de los afiliados a la Seguridad Social cobran menos de 25.000 € brutos anuales. Los salarios en España, descontando la inflación, no van bien y todo apunta que no irán bien tampoco en el futuro hasta que concentremos la inversión de capital y empleo en sectores que permitan pagar mejores salarios.

Las promesas de construir más vivienda social dada la indolencia del gobierno y de la administración en general corre la misma suerte que los actos conmemorativos del 50º aniversario de la muerte de Franco, un deslucido y cansino recorrido municipal y espeso de lugares comunes. El ciclo de construcción es muy lento, la burocracia es asfixiante en este sector y se tardará muchos años en construir el medio millón de viviendas necesarias, según el Banco de España.

Pero ahora mismo lo sustancial para Pedro Sánchez es el enorme peso que tiene el PSC en todos los ámbitos; nunca ha tenido tanta gente en tantos sitios y, en la medida que le vaya bien al PSC le va ir mal al PSOE. Tal parece que desea recomponerse sustituyendo el papel que anteriormente protagonizaba Pujol y el pujolismo.

Para ello, como pidiendo disculpas con toda su humildad, deberá diluir sus señas de identidad socialdemócratas en un nacionalismo de buen tono, educado en la tradición y orientar su representación a la cultura política de las élites extractivas catalanas que anteriormente representó CiU para dejar de representar la convivencia entre españoles y predicar el victimismo con Madrid y otras regiones. No sería arriesgado suponer un comportamiento desleal respecto a Sánchez en caso de una aceleración de su caída por una acumulación de frentes sin una salida digna.

En cualquier caso, las encuestas arrojan resultados en cierta manera paradójicos cuando se pregunta sobre medidas más duras en relación con los inmigrantes autores de delitos en los que comienzan a aparecer respuestas similares a las de los partidos de derecha en el electorado de izquierdas que son significativas por su transversalidad y alto porcentaje (56%) a favor.

Es difícil no concluir que el electorado en España se ha derechizado, algo bastante común en Europa, con una expectativa de 34,4 % a PP y 15,1 % a Vox, unos 197-206 diputados.

Ayer mismo ha vuelto a perder una votación esa inquieta Vicepresidenta después de que sus socios reclamaron más tiempo para presentar el proyecto de Ley ante el anuncio de Junts de que no lo aprobaría. Pero ella es así. Es un proyecto que exige otra negociación porque en opinión generalizada hay margen.

España no va bien, y el gobierno está consiguiendo cabrear a todos: a los usuarios de tren, a las CCAA con sus obscenas “quitas”, al Poder Judicial, a la OTAN, a los destinatarios de su política exterior, a las empresas del IBEX, a la comunidad Educativa, a la UCO, a los EE.UU., a Israel…

¡Todo un fenómeno!

El incremento de las bajas laborales en España

David Rodriguez Albert

En fechas recientes, eldiario.es ha publicado unos datos de gran interés sobre el incremento de las bajas laborales en España entre 2016 y 2024. La información procede del Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, y pone de manifiesto que la cifra total prácticamente se ha duplicado en este período. Concretamente, de los 4,9 millones de procesos de incapacidad temporal iniciados en 2016, se ha pasado a los 9,2 millones de bajas laborales en 2024.

Es evidente que ha habido un incremento en el número total de personas empleadas, pero ello no explica la totalidad del problema. De hecho, si se analiza la evolución de las bajas por cada 1.000 afiliados (eliminando el efecto del aumento de la ocupación), se ha pasado de las 23 bajas mensuales en 2016 a las 36 en el año 2024. Además, los procesos de más de un año se han duplicado en el período de referencia, y aunque solamente suponen el 2,4% de los casos totales, llegan a representar más de un tercio de los días totales de baja médica.

El análisis sectorial nos proporciona información muy relevante. El mayor aumento se produce en las actividades sanitarias y de servicios sociales, que además es el sector con más bajas en términos absolutos. Es evidente que la pandemia de covid ha contribuido sustancialmente a este progresivo empeoramiento. El siguiente rubro es el del trabajo del hogar, con un incremento de más de un 72%, hecho que pone de manifiesto la creciente precariedad en un segmento en el que se viene utilizando cada vez más mano de obra migrante. 

Antes de continuar con un análisis más detallado de las causas de este fenómeno, es importante subrayar que no tiene nada que ver con el presunto absentismo que se denuncia desde los sectores más conservadores de la patronal. De hecho, todas las bajas laborales están avaladas por la firma de un profesional médico, y además el problema no es exclusivo de España. Según datos de Eurostat, el incremento es generalizado en toda la Unión Europea, aunque España sigue ocupando una de las posiciones más destacadas, solamente por detrás de Francia y de Portugal.

Según la Seguridad Social, uno de los factores que más incidencia tiene sobre el incremento de las bajas laborales es el de las consecuencias de la pandemia. Además del evidente efecto directo del covid, nos encontramos con efectos indirectos en el deterioro del estado de salud en ciertas patologías, tanto físicas como mentales.  De hecho, ha habido un salto significativo en las incapacidades derivadas de “enfermedades respiratorias” y “enfermedades infecciosas y parasitarias”, que tienen una relación bastante clara con el coronavirus. También se han triplicado los “síntomas, signos y resultados anormales de pruebas sin clasificar”, en la que los pacientes están a la espera de un diagnóstico claro en procesos que se van alargando por el colapso del sistema sanitario.

Otro de los aspectos más destacados es el empeoramiento progresivo de la salud mental, hecho que en parte se encuentra interrelacionado con el efecto de la pandemia que acabamos de enunciar. Tanto patronal como sindicatos destacan la insuficiencia de recursos en el sistema sanitario público. Estas bajas, además, suelen tener duraciones más prolongadas que otras patologías y, por tanto, suponen una ausencia más larga de la persona trabajadora. Aquí también es bueno destacar que, aparte del necesario incremento de recursos en sanidad, hay que mejorar sustancialmente la prevención de riesgos psicosociales en las empresas, tema en el que muchas compañías se hallan todavía muy alejadas de la realidad social que estamos padeciendo.

Finalmente, otro de los factores estructurales de fondo es el envejecimiento progresivo de la población trabajadora. Aunque en las personas jóvenes hay un inquietante repunte en los problemas de salud mental, es bastante obvio que la pirámide poblacional tiene cierta incidencia en el repunte de las bajas. En este sentido, sería bueno dejarse de experimentos como el retraso en la edad de jubilación. Ya hemos mostrado en otros artículos que se trata de un elemento ideológico, no técnico, y ahora vemos que tiene derivadas negativas en cuanto al estado de salud de la población ocupada.

A modo de conclusión, hay que señalar que estamos ante una problemática que debe ser abordada desde distintos ángulos. Ante las peligrosas afirmaciones de la derecha reaccionaria sobre los “excesivos” impuestos, cada vez es más urgente emprender una reforma fiscal progresiva que, entre otros elementos, mejore el sistema de salud pública y lo adapte a las exigencias del momento. Igualmente, debe cambiar significativamente la prevención de riesgos laborales, en especial en el terreno psicosocial, y la atención médica en el origen del problema. No se trata únicamente de encarar el deterioro de salud, sino de prevenirlo.

Segundo

Juanjo Cáceres

Dicen que las cosas pueden cambiar en un segundo. Yo mismo me di cuenta de ello unas semanas atrás, cuando yendo algo despistado a cruzar la calle, repentinamente, caí en la cuenta de que un grupo de coches se acercaba a mí a toda velocidad. Felizmente, supe recular y la cosa quedó en una vivencia que podía cobrar forma en un texto adecuado para insertarla.

Pero no siempre somos conscientes de lo rápido que puede cambiar todo por una decisión. Ni tampoco, de que algunos cambios que parecen producirse en un instante, en realidad se vienen forjando desde mucho antes.

Puede que convenga traer esto a colación para hacer algunas reflexiones. Hace ya casi 20 años, los estados europeos que hoy componen la Unión Europea, con la firma del Tratado de Lisboa, consolidaban la cesión de buena parte de sus competencias exclusivas e intransferibles a varios órganos supranacionales y en particular a la Comisión Europea. Aunque nos insistieron mucho en que con ello la UE avanzaba en la unión política, inicialmente todos interpretamos que eso no era más que una vía para alinear los Estados con un escenario de liberalización económica un poco más profundo, especialmente siendo este tratado el sucesor del fallido proyecto de Constitución Europea de 2004. Y, en efecto, en esa época de crisis inminente, que podemos resumir como la del «neoliberalismo por un tubo», no fueron pocos los fines relacionados que fructificaron (muchos de ellos en el marco de la OMC), ni tampoco las tentativas que al final sucumbieron (como el ya olvidado AMI – Acuerdo Multilateral de Inversiones-).

A base de reglamentos y directivas, la UE ha ido cambiando el marco jurídico de nuestros Estados y las disposiciones en un sinfín de materias. Todo ello, ciertamente, de forma algo despótica, dada la infinita distancia existente entre comisarios y ciudadanía y la enorme incidencia de los lobbys de Bruselas en cada nueva disposición. Pero con sus titubeos, al menos hasta 2004, lo dimos por bueno, ya que en muchas materias las cosas mejoraron sensiblemente, gracias a esa visión modernizadora venida de fuera que aportaba Europa, pero también por la necesidad de armonizar normas y territorios en momentos críticos – recordemos, por ejemplo, la crisis de las vacas locas y el cambio radical que se implementó después en la gestión europea de la seguridad alimentaria.

También unas décadas atrás, los Estados seguían cortando el bacalao y hoy en día, la labor del Consejo Europeo y del Consejo de la Unión Europea sigue siendo fundamental, pero igualmente la Comisión ha sabido ganar peso político con motivo de ciertos eventos y situaciones. Ello lo hemos notado especialmente en los últimos meses, cuando el mundo se ha inclinado por el amor hacia los altos liderazgos, mientras asistimos desde hace más tiempo a una sensible perdida de materia gris en toda la UE y a una labor legislativa mucho más discutible. Ello ha culminado en las últimas elecciones europeas en un Parlamento que empezaba a ser para darle de comer aparte, una primera espada al frente de la Comisión que produce no pocas inquietudes, la alemana Ursula von der Leyen, y una Alta Representante de la Unión para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, la estonia Kaja Kallas, que déjala correr.

Pues bien, llegados a 2025, en plena efervescencia armamentística y bélica, hay algunas preguntas sencillas que cabe plantearse.

¿Seguimos estando de acuerdo con el modelo de gobernanza europeo plasmado en el Tratado de Lisboa, teniendo en cuenta que ya no se trata de armonizar las democracias o los espacios económicos, sino que además ahora nos enfrentamos a un cambio drástico en cuanto a la política de seguridad, de guerra y el abordaje del belicismo?

¿Sigue siendo igual de oportuno poner las cuestiones de seguridad en representantes de países que viven obsesionados por supuestas amenazas militares sobre sus fronteras y que como contrapartida solo ofrecen la carta de más inversión en seguridad y más disposición a movilizar tropas fuera del territorio de la Unión Europea con fines defensivos y, si es necesario, ofensivos?

Es obvio que sin la debida autocensura y autocancelación, los fuertes cambios de rasante que se están dando en materia de defensa habrían suscitado un debate mucho más amplio y profundo en el seno de la UE del que están suscitando (no confundir debatir con patalear o con darse golpes en el pecho). Algunos dirán que los tiempos no están para tanta fiesta, ante la amenaza de la extrema derecha, pero como señalaba el antropólogo Manel Delgado en sus redes sociales estos días: “El espantajo de la extrema derecha le va bien a todo el mundo. En la extrema derecha porque se le hace propaganda. A la derecha porque al final quedan como centro. Y a la izquierda porque se entretiene y nos entretiene estando en contra de algo y a favor de nada”. Y en ese “todo el mundo”, podemos incluir el gigante de Bruselas.

Tampoco está de más señalar que ese coloso llamado Unión Europea, en sus funciones más importantes hasta la fecha, que sería el mejorar el desarrollo social y económico de sus Estados y su posicionamiento en el mundo, está haciendo aguas por varios lados. Por un lado, la economía de países claves como Alemania y Francia -especialmente esta última- está hecha unos zorros. Por el otro, no hay que olvidar ni la extrema debilidad exhibida ante la administración Trump, ni su voluntad de inhibirse en lo de profundizar relaciones con otros socios del planeta. De modo que aquí también tenemos una buena incógnita.

¿Para qué sirve este espantajo hoy en día? No está claro, pero la pregunta más importante es: ¿A quién sirve? Y cómo pregunta-resumen, en una única palabra: ¿Sirve?

Departamento de Guerra… ¿civil?

Carlos Hidalgo

La Administración Trump hace tantas barbaridades al día que es muy difícil seguirle el ritmo. E incluso pararse a escoger cuál de las barbaridades que comete es la que merece la pena resaltarse a la hora de comentar la situación en los Estados Unidos.

Tal vez, como me gusta mirar las noticias de economía, sí que me gustaría resaltar que los EE. UU., que siempre rozan el pleno empleo, han dejado de crear trabajo en los últimos meses. Algo que es un poco extraño, teniendo en cuenta que ahora mismo no hay ninguna crisis económica en marcha, aunque las medidas del constructor metido a presidente tal vez la terminen desencadenando. Lo más obvio es decir que este frenazo en la creación de empleo se debe a la cambiante y absurda política arancelaria que, en lugar de crear puestos de trabajo en los Estados Unidos, los resta, porque muchas de las materias primas y productos semi-manufacturados que necesitan las industrias estadounidenses han dejado de llegar. O cuestan mucho más caros. Por poner un ejemplo que tal vez pueda sonar absurdo: en Estados Unidos no hay fábricas capaces de producir dados y fichas de juegos a gran escala. Por tanto, las grandes industrias jugueteras estadounidenses como Hasbro o Mattel, sufren un bruco parón, esperando encontrar proveedores que no sean de China o de México. Lo mismo ocurre, por ejemplo, con la industria del juego en Las Vegas o Atlantic City, que no solo ha visto su negocio desprovisto de algunas de sus materias primas, sino que además ha experimentado un descenso en el número de extranjeros que vienen a gastarse dinero en sus salones, temerosos de encontrarse metidos en una redada del ICE y deportados a Uganda sin juicio previo.

Otro ejemplo, más alejado de los juegos de mesa y de los de azar, es la redada que se ha hecho en Georgia, donde el ICE ha detenido a dos centenares de trabajadores surcoreanos (y a 300 de otras posibles nacionalidades) en una fábrica de las surcoreanas Samsung y LG. Muchos se encontraban en situación legal dado que contaban con un visado que les permite trabajar durante 90 días y habían ido a reuniones puntuales. Otros tenían un permiso temporal, dado que la administración estadounidense, en cuadro también gracias a la política de despidos masivos de Trump y Musk, se retrasa más de lo habitual en conceder los visados. Lo más gracioso es que ese golpe a las operaciones de la fábrica es un golpe autoinfligido de los propios estadounidenses, que imposibilita a los surcoreanos cumplir los objetivos de inversión y negocio dentro de EE.UU. de un tratado firmado hace poco por el mismo Trump.

El presidente, que despacha todas estas cosas como asuntos sin importancia, también ha cambiado el nombre del Departamento de Defensa (que tiene su sede en el famoso Pentágono y está presidido por el presentador de televisión y alcohólico Mike Hegseth) por el de Departamento de Guerra, un nombre que recuerda a tiempos decimonónicos pero que a Trump, que no ha hecho la mili, ni servido en las FFAA un solo día de su vida, le parece más viril.

De momento parece que Trump le interesa más usar a sus militares para ocupar las ciudades de su propio país. Ya lo está haciendo en Washington, lo hizo a medias en Los Ángeles y apunta ahora hacia Chicago. De hecho, ha anunciado lo de Chicago añadiendo “ahora sabrán por qué le he cambiado el nombre a Departamento de Guerra”.  Aunque también es cierto que Hegseth está acumulando barcos de la Armada Estadounidense cerca de las costas de Venezuela. En principio, para ponerlos a combatir el tráfico de drogas, aunque en la práctica esto se ha traducido solo en la destrucción de una lancha en la que había 11 civiles, que han sido volatilizados en aguas internacionales sin juicio o agresión previa a los navíos estadounidenses, lo que viene a ser considerado ilegal por el derecho internacional.

Está por ver qué clase de “guerra” quiere Trump, pero en un país cada vez más polarizado, al que se somete ilegalmente a la ley marcial, en el que se persigue a los opositores políticos del presidente y que está gestando a la vez crisis de empleo, económica y sanitaria, hace temer que la guerra a la que Trump quiera dedicarse sea una guerra civil.