Departamento de Guerra… ¿civil?

Carlos Hidalgo

La Administración Trump hace tantas barbaridades al día que es muy difícil seguirle el ritmo. E incluso pararse a escoger cuál de las barbaridades que comete es la que merece la pena resaltarse a la hora de comentar la situación en los Estados Unidos.

Tal vez, como me gusta mirar las noticias de economía, sí que me gustaría resaltar que los EE. UU., que siempre rozan el pleno empleo, han dejado de crear trabajo en los últimos meses. Algo que es un poco extraño, teniendo en cuenta que ahora mismo no hay ninguna crisis económica en marcha, aunque las medidas del constructor metido a presidente tal vez la terminen desencadenando. Lo más obvio es decir que este frenazo en la creación de empleo se debe a la cambiante y absurda política arancelaria que, en lugar de crear puestos de trabajo en los Estados Unidos, los resta, porque muchas de las materias primas y productos semi-manufacturados que necesitan las industrias estadounidenses han dejado de llegar. O cuestan mucho más caros. Por poner un ejemplo que tal vez pueda sonar absurdo: en Estados Unidos no hay fábricas capaces de producir dados y fichas de juegos a gran escala. Por tanto, las grandes industrias jugueteras estadounidenses como Hasbro o Mattel, sufren un bruco parón, esperando encontrar proveedores que no sean de China o de México. Lo mismo ocurre, por ejemplo, con la industria del juego en Las Vegas o Atlantic City, que no solo ha visto su negocio desprovisto de algunas de sus materias primas, sino que además ha experimentado un descenso en el número de extranjeros que vienen a gastarse dinero en sus salones, temerosos de encontrarse metidos en una redada del ICE y deportados a Uganda sin juicio previo.

Otro ejemplo, más alejado de los juegos de mesa y de los de azar, es la redada que se ha hecho en Georgia, donde el ICE ha detenido a dos centenares de trabajadores surcoreanos (y a 300 de otras posibles nacionalidades) en una fábrica de las surcoreanas Samsung y LG. Muchos se encontraban en situación legal dado que contaban con un visado que les permite trabajar durante 90 días y habían ido a reuniones puntuales. Otros tenían un permiso temporal, dado que la administración estadounidense, en cuadro también gracias a la política de despidos masivos de Trump y Musk, se retrasa más de lo habitual en conceder los visados. Lo más gracioso es que ese golpe a las operaciones de la fábrica es un golpe autoinfligido de los propios estadounidenses, que imposibilita a los surcoreanos cumplir los objetivos de inversión y negocio dentro de EE.UU. de un tratado firmado hace poco por el mismo Trump.

El presidente, que despacha todas estas cosas como asuntos sin importancia, también ha cambiado el nombre del Departamento de Defensa (que tiene su sede en el famoso Pentágono y está presidido por el presentador de televisión y alcohólico Mike Hegseth) por el de Departamento de Guerra, un nombre que recuerda a tiempos decimonónicos pero que a Trump, que no ha hecho la mili, ni servido en las FFAA un solo día de su vida, le parece más viril.

De momento parece que Trump le interesa más usar a sus militares para ocupar las ciudades de su propio país. Ya lo está haciendo en Washington, lo hizo a medias en Los Ángeles y apunta ahora hacia Chicago. De hecho, ha anunciado lo de Chicago añadiendo “ahora sabrán por qué le he cambiado el nombre a Departamento de Guerra”.  Aunque también es cierto que Hegseth está acumulando barcos de la Armada Estadounidense cerca de las costas de Venezuela. En principio, para ponerlos a combatir el tráfico de drogas, aunque en la práctica esto se ha traducido solo en la destrucción de una lancha en la que había 11 civiles, que han sido volatilizados en aguas internacionales sin juicio o agresión previa a los navíos estadounidenses, lo que viene a ser considerado ilegal por el derecho internacional.

Está por ver qué clase de “guerra” quiere Trump, pero en un país cada vez más polarizado, al que se somete ilegalmente a la ley marcial, en el que se persigue a los opositores políticos del presidente y que está gestando a la vez crisis de empleo, económica y sanitaria, hace temer que la guerra a la que Trump quiera dedicarse sea una guerra civil.

La política exterior Europea en coma

LBNL

En los últimos tiempos la UE es prácticamente incapaz de acordar medida alguna sobre las dos crisis que dominan el escenario internacional, a saber, Gaza-Israel y Ucrania-Rusia. Hasta el borrador más estéril de declaración conjunta es inmediatamente vetado por Hungría pero también, sobre todo en el caso de Gaza-Israel, por Chequia, Rumanía, Bulgaria e incluso Alemania. De forma que, con la excepción de las sanciones a Rusia, cuyos sucesivos paquetes – se está tramitando el 19º – consiguen superar las barreras a trancas y barrancas a base de concesiones indecorosas y presiones soterradas, la UE no puede actuar.

La buena noticia – no se contenta quien no quiere… – es que, en ambos casos, un grupo de Estados miembros ha decidido actuar por su cuenta, tanto conjunta como individualmente. Sobre Gaza-Israel son una veintena los Estados europeos que han tomado o están preparando medidas individuales para reaccionar a lo que si no es genocidio se le parece tanto. Genocidio o no, la salvajada es evidente. En las guerras de Yugoslavia murieron grosso modo unas 125.000 personas durante una década. Por todos los bandos. En Gaza, Israel ha matado a unas 65.000 personas – dos tercios civiles no combatientes – en menos de dos años.

No es que vayan a cambiar el mundo ni parar la guerra pero al menos esos países europeos, con España en el pelotón de cabeza, están reconociendo al Estado palestino – medida más diplomática-simbólica que efectiva, haciendo declaraciones críticas, apoyando a la Corte Penal Internacional en su procesamiento de Netanyahu (y de varios jefes de Hamás ya asesinados) y proponiendo sanciones económicas a Israel. Estas últimas no prosperarán porque hasta la fecha Alemania sigue votando en contra, incluso contra las misérrimas propuestas de la Comisión Europa para excluir a algunas compañías israelíes del programa de I+D de la UE.

Israel está invadiendo el norte de Gaza y el sufrimiento de los gazatíes no cesa. Parecería que fuera ganando por goleada. Sin embargo, la realidad es que pese a la destrucción de Hamás, Hezbolá y el daño infligido a Irán, la viabilidad a medio y largo plazo de Israel tiene peor pinta que nunca. Internamente el Israel ilustrado, laico, democrático, paladín del I+D+i y defensor de la libertad sexual homosexuales incluidos, ha prácticamente sido reemplazado por una sociedad en la que priman los ultra religiosos mesiánicos y los nacionalistas fascistoides violentos sin escrúpulos para desmontar las garantías democráticas. Y el mundo toma nota, países y sociedades, incluida una parte de la diáspora judía. Con excepción de la española, alineada de siempre con el ala más extrema del PP y Netanyahu… Para alguien que ha disfrutado del Manhatan mediterráeneo en el paraíso de Jaffa, es muy triste sentir que dentro de una, dos o, todo lo más, tres décadas, Israel habrá desaparecido o, en el mejor? de los casos, será otro Estado fallido de Medio Oriente.

Pasando a Ucrania-Rusia, el sátrapa húngaro opera como quinta columnista dentro de la UE, a partes iguales por coincidencia ideológica con su socio “iliberal” Putin como para tratar de asegurarse no ser pasto futuro de sus pulsiones imperialistas. Como la UE no tiene un procedimiento para echar a sus miembros por comportamiento desleal, no cabe sino contemporizar .Y actuar al margen de la UE. De ahí que los integrantes europeos del G-7 (Francia, Alemania, Italia) más Polonia y Finlandia como países fronterizos y la Comisión Europea, además del Reino Unido laborista de Starmer, se ha constituido como la voz europea sobre Ucrania-Rusia. Lideran la “Coalición de los Dispuestos” que trabaja sobre las futuras garantías de seguridad para Ucrania si se alcanza un alto el fuego, le comen la oreja a Trump para que no deje caer a Ucrania y trabajan para desarrollar una defensa europea que nos permita defendernos de la amenaza rusa sin depender de EE.UU.

Mucho se ha criticado el acuerdo comercial con Trump por el que la Comisión Europea aceptó una asimetría en principio totalmente inaceptable. Pero cabe hacer un par de matizaciones importantes. La primera, que el acuerdo es el mejor de todos los alcanzados por otros socios comerciales de EE.UU., lo que puede ser no mucho decir. La segunda es que no parece muy sensato replicar la estulticia de Trump con medidas que van a perjudicar a los consumidores europeos. Al contrario, parece más útil ayudar a encontrar mercados alternativos para nuestros exportadores, como por ejemplo con los acuerdos con Mercosur y México lanzados este miércoles.

Pero la tercera y a mi juicio la más importante, es que cuando estás desnudo enfrente de un violador reincidente como es Rusia y el guardia de seguridad que ha velado por ti durante las últimas cinco décadas amenaza con largarse, no puedes entablar un regateo con él en igualdad de condiciones. Es decir, si eres vasallo más vale interiorizar tu condición y actuar como tal o puedes acabar todavía peor.

De ahí los esfuerzos para desarrollar las capacidades de defensa europeas. Salvo si tienes los vecinos de Costa Rica, si no quieres depender de otro para tu seguridad, tendrás que trabajártela tú mismo. Por eso me irritan tanto las críticas de mis correligionarios de izquierda que braman contra Estados Unidos y, a la vez, contra el incremento del gasto en defensa que nos permitiría ser independientes de EE.UU. Si no gastamos en defensa seguiremos siendo vasallos, más vale tenerlo claro. Y seguiremos teniendo que aceptar que Trump decida los términos que Ucrania tendrá que aceptar para alcanzar la paz. Y no poder oponernos de ninguna manera efectiva al apoyo continuado norteamericano a Netanyahu.

Epílogo: No creo que vaya a haber paz ni en Ucrania ni en Gaza a corto plazo. Me encantaría equivocarme pero mi sombrío diagnóstico se basa en que tanto Netanyahu como Putin están mucho mejor si la guerra no se detiene. La paz sería letal para Netanyahu y una amenaza considerable para Putin, que ya no podrían contar con la polarización provocada por el enemigo exterior satanizado como principal aliada.

Primero

Juanjo Cáceres

Tras un verano repleto de incendios, de realidades bélicas, de pugnas partidistas, de salseo futbolístico, de fallecimientos de artistas, ¿qué es lo primero? ¿Por dónde debemos empezar? Es difícil de decir.

Consideramos la última semana de agosto y a la primera de septiembre como las de inicio del curso político, pero en realidad el curso que estamos evocando no es el político, sino el educativo. Buen ejemplo este, por cierto, de apropiación desde lo político y lo mediático de nociones que no son suyas, pero es algo que sucede muy a menudo. El caso es que, además, el curso educativo no comenzará hasta unos días más tarde, y preveo, por cierto, que se dejarán sentir en él alguno de los titulares notables que también ha dejado este verano: por un lado, el escándalo de las asignaciones de plazas a funcionarios e interinos en Catalunya, para las que el Departament d’Educació se saltó a la torera las disposiciones más elementales de nuestro derecho administrativo y hubo que echar al ruedo deprisa y corriendo a un cabeza de turco; por otro, el fracaso de las oposiciones docentes en varias comunidades autónomas, donde numerosas plazas convocadas se quedan vacantes por los abundantes suspensos y por la falta efectiva de gente que participe en un buen número de materias.

¿Puede ser que estas escenas de la administración y el profesorado guarden alguna relación con los decrecientes rendimientos académicos del alumnado en todos los niveles educativos? ¿O nos limitaremos a echarle la culpa a las pantallas, que como el cabeza de turco catalán mencionado acaban siendo siempre la excusa socorrida? En todo caso, cuando oigan a alguien decir que si los jóvenes de ahora esto, que si los jóvenes aquello, interpélenle sobre cómo son sus padres y sus profes y sobre cómo ejercen sus funciones.

Esto es lo primero que ha salido, pero no sé si es lo primero en importancia. Por momentos se diría que lo único importante en el mundo está protagonizado por Trump. El hombre que todo lo puede, pero que nada consigue, no deja de ocupar páginas y más páginas de nuestros diarios digitales, pero eso de acabar con la guerra en Europa parece que se está complicando. De hecho, si algo nos indica el bueno de Trump es que no tiene demasiados problemas para facilitar que un estado agresor maltrate sin piedad un territorio, como demuestra ampliamente su relación con el genocidio de Gaza. No en vano es Netanyahu quién lo ha propuesto para el Premio Nóbel de la Paz, en una de esas bromas macabras que nuestra civilización nos gasta de vez en cuando.

Pero hay que ser francos y aprovechando que no me lee nadie, comentaré que Trump y Netanyahu pueden ser malos, pero la Unión Europea, en su conjunto y en un sentido distinto, es mucho peor. Respecto a Israel nuestros líderes europeos actúan con una prudencia diplomática tan extrema, que cualquier cosa que digan o hagan se produce con la boca pequeña y de forma muy pasajera. La semana pasada Almodóvar y compañía requerían la ruptura de relaciones diplomáticas, comerciales y de todo tipo con Israel, pero hemos visto y seguimos viendo que los líderes europeos prefieren una posición “chamberleinesca” en la materia.

Menos “chamberleinescos” son cuando hablan de Rusia y Ucrania, pero aparte de estorbar, no hacen mucho más. La premisa esa de que, si cae Ucrania, después invadirán Lituania y después Andorra, tan manoseada ella, no es que les impulse tampoco a aportar gran cosa verdaderamente útil para frenar el desastre ucraniano, pero es ideal para alargar la agonía de una población que vive bajo la amenaza permanente de unos drones que cada vez más a menudo se usan de forma inclemente por parte del agresor. Al estilo de Gaza, donde los europeos saben perfectamente cómo va a acabar el asunto y allí sí que está claro que no mueven un dedo para evitarlo.

Pero donde realmente se aprecia su verdadera talla de estadistas es mediante las visitas a la Casablanca. La última de todas, la de la foto sentados alrededor del sheriff, se ha traducido en algunos logros -ninguno más allá de mantener ese statu quo bélico ucraniano en su forma actual- y mucha sensación de vasallaje. Esto último es lo que más les ha recriminado la prensa internacional a los europeísimos líderes, especialmente porque todo esto tuvo lugar tras una Cumbre con Putin en la que el tipo se hizo las mejores fotos de los últimos años y recibió un reconocimiento diplomático que Europa solo ofrece a Zelenski. Yo, francamente, he de decir que no veo el problema a que vayan de aduladores y a tragarse después el sapo de los centinelas de los medios que condenen la escenita, si eso es lo mejor para el mundo. El problema es que no está claro que nada de lo que hace la Unión Europea, inmersa en una gigantesca crisis de proyecto, sea lo mejor para nadie.

Entretanto en España no han hecho falta drones para que la gente se quede sin casa. Lo de los incendios del noroeste es un drama en el que no se ha insistido lo bastante, sobre todo en comparación con la DANA, porque todo el mundo estaba de vacaciones y porque allí vive mucha menos gente que en la costa. En efecto, porque no decirlo, los incendios han remarcado que las dos Españas de hoy son la España radial-litoral y la España vaciada, y lo que ocurra en la España vaciada, siempre va a tener un impacto menor que lo que ocurre en Madrid, Barcelona, Valencia, Sevilla, Málaga o Bilbao. Hay menos altavoces, menos masa crítica y, no nos engañemos, menos capacidad de sus comunidades autónomas para ejercer con eficacia las mismas competencias que las comunidades de mayor población y poder económico. Y sí, le podemos echar la culpa a los políticos fachas de por ahí. Y sí, podemos preguntarle a Feijóo qué tiene que ver su labor gubernamental con el estado en que ha quedado la zona de Ourense. Pero no menos cierto es que nuestras administraciones, autonómicas o estatales, hacen aguas porque los problemas les sobrepasan y porque en ellas, las ganas de trabajar y de arremangarse tampoco son muy grandes.

Es un momento un poco desestructurante. Las estructuras de que disponemos no funcionan con la eficacia que sería necesario. Las estructuras que necesitamos no se desarrollan. Y, además, aquellas cosas nuevas que consiguen ver la luz, sufren de precariedad sistémica. Nos hacemos viejos. No nos preocupamos de nosotros, aun menos de las generaciones que vienen detrás y damos por bueno nuestro decadente ciclo demográfico, condenando a los más jóvenes a la imposibilidad de tener un techo en edad de procrear y de cobijarse en él. Entretanto les ofrecemos un dispositivo electrónico, varios streamings y un Tik Tok para que no se den cuenta de los que les pasa, ni de lo que pasa en el mundo, facilitando así que cualquier iluminado de las redes les explique la vida a su manera. Pero esa vida es lo que les hemos dejado nosotros, por incomparecencia.

Bien mirado, tal vez los jóvenes deberían de ser lo primero así que, por favor, hagamos al menos una cosa: ya que además les toca pagarnos las pensiones, ¡dejemos de confiscarles todos sus ingresos mediante las rentas inmobiliarias!

Que la Historia no se repita

Verónica Ugarte

La vida es una estúpida broma, o una serie de repugnantes repeticiones. 

Dentro de pocos meses se estrenará una nueva película acerca de los Juicios de Núremberg. Está claro que muchos “conocen” la Historia a partir de películas, series o citas llenas de inexactitud traídas de alguna red social. Ese es nuestro mundo. El real, el descomunalmente absurdo y al cual a veces ya no siento el mínimo respeto por sus instituciones y quienes las defienden.

Israel no nació en 1948. Debido a un libro “sagrado” muchos expatriados llegaron a lo que en aquel entonces era Palestina. Como fuese se compraron tierras y fueron llegando los pocos afortunados que habían podido huir del horror nazi. Ese es el espíritu de ese Estado: hecho a partir de lágrimas y sangre de ambas partes. De quienes veían las tierras de sus ancestros llenándose de quienes decían que un Dios extraño les había otorgado dichos territorios.

Al final de la Segunda Guerra los vencedores se auto glorificaron y llenos de alegría movieron las fichas del tablero. Nacían las Naciones Unidas, con sede en N.Y. y Ginebra. El castigo para los alemanes fue dividir Berlín en cuatro; al país en dos. Y la eterna pregunta llena de burla arrogante “¿tampoco sabías lo que sucedía?”. 

A casi un siglo de distancia y con estudios serios, es una pregunta que se le debería hacer a esa Europa que parece ser que no funciona. Y a los EE.UU. Todos han negado los informes que llegaban acerca de la creciente furia de Hitler y de la construcción ya no solo de campos de trabajo, sino también de exterminio.

Cierto es que Heydrich, por orden directa de Himmler, dio paso a la famosa conferencia de Wannsee, en 1942, donde se dio el inicio a la llamada “Solución Final del problema judío” (Endlösung der Judenfrage). Sistemáticamente el holocausto funcionó bajo el horror nazi, con la cooperación de una Alemania que ya no existe, con las miradas del mundo “ciegas” porque nadie sospechaba el horror. No solo seis millones de judíos murieron en cincuenta y nueve campos. También comunistas, homosexuales, gitanos. Fueron exterminadas personas que no eran perfectamente arias, que tenían secuelas físicas o enfermedades mentales. Un sufrimiento que ha sido contado durante años por los sobrevivientes de un horror inimaginables. “Si esto es un hombre” (“Se questo è un uomo”) de Primo Levi no es fácil de leer. Tampoco lo es “La escritura o la vida”, de Jorge Semprún.  Ellos se han ido, como poco a poco se van yendo los ahora ancianos que viven en distintas partes del Mundo.

En Israel han sido la parte central del discurso que avala el derecho a una tierra propia; al ojo por ojo. A no negociar jamás. A tomar tierras. A tratar a los palestinos como personas de segunda clase. Gracias todo a un apoyo implacable de EE.UU. y de unas NN.UU. que poco han hecho. A disparar a quemarropa a palestinos sin armas. A escupir a la cara a mujeres indefensas.

Tenemos a un Primer Ministro de Israel que es perseguido por crímenes de guerra. Pero ha viajado a Washington, y no ha sido entregado a las autoridades internacionales. Porque el Derecho Internacional solo es coercitivo cuando el ofendido lleva el poder para que alguien se siente en el banquillo de los acusados.

El sufrimiento no es medible. Pero tampoco importa lo que debería importar. Niños corriendo para protegerse de las bombas que caen sobre ruinas, hospitales. Niños que mueren al poco de nacer. Niños que no saben qué ocurre. Niños que no saben lo que es la infancia y que reciben golpes cuando un poco de sopa se reparte.

Luego vienen los ancianos. Aquellos que no pueden dejar un legado escrito. Aquellos cuyos ojos solo han visto sufrimiento y hambre. Aquellos que rezan a su Dios pidiendo ayuda y clemencia. Las mujeres enterrando a sus hijos, quienes buscan defender a madres, abuelas, hijas, hermanas. Hombres que no conocen otro idioma que no sea el del odio basado en años de abusos.

Otro genocidio se está cometiendo delante de los ojos del mundo. Trump niega la entrada a su amado territorio a los representantes palestinos. No es la primera vez. Ya Arafat fue recibido en Ginebra al negársele la entrada al paraíso de la libertad. Europa corre de un sitio a otro, buscando algo que no conoce: decencia, integridad. Medio Oriente no es un polvorín desde 2023. Lo ha sido desde la desocupación realizada de manera irresponsable por parte de los británicos.

Lo que sabe Europa es callarse y mirarse los pies buscando alguna solución que no quiere encontrar.

La sociedad civil, una vez más buscando soluciones, la foto alguna ex-alcaldesa catalana, marcha por mar queriendo abrir un canal para llevar comida y agua a Gaza. Israel ha respondido que serán juzgados como terroristas.

Las calles de Tel Aviv, llenas de ciudadanos exigiendo el alto al fuego algunos, otros, la negociación para traer a los rehenes de vuelta, son ignoradas por un mal alumno de un momento histórico que no se repite en cuanto a su fin pero si a sus medios, aunque no llegará jamás al climax nazi.

Ahora mismo es difícil ser judío en el mundo. Más que nunca son odiados. Pero las historias de los pogromos, rabino Judá Loew, su Golem y la palabra “muerte”, de las persecuciones en la Rusia zarista ya no sirven para dar fuerza a un discurso que ya no tiene razón de ser.

En una visita de Estado a Polonia, Willy Brandt pidió visitar el guetto de Varsovia. El gesto de arrodillarse ante la flama de los caídos nadie ha podido repetirlo. Brandt era uno de pocos.

Cuando todo esto acabe, ¿habrá alguien digno para pedir perdón de rodillas al pueblo palestino?

«Quizás la más grande y mejor lección de la historia es que nadie aprendió las lecciones de la historia”. A.H.

Pereza máxima

Carlos Hidalgo

Siempre es complicado volver a empezar. Aunque las vacaciones también pueden convertirse en una fuente de estrés, tener que enfrentarse a las miserias que nos atormentan el resto de los meses no es una perspectiva que nos haga asomar una sonrisa. Sobre todo, porque en muchos casos nos siguen llegando alertas al correo electrónico, los grupos y las aplicaciones de mensajería siguen dando alertas y uno intuye, aunque no lo quiera ver, que los problemas se van acumulando lentamente, esperándonos para cuando llegue el primer lunes, como este, y puedan exhibirse en todo su esplendor justo después de que fichemos.

Algo así pasa con la actualidad. Mientras ha transcurrido el periodo vacacional de Debate Callejero he tratado de mantenerme lo más impermeable posible al habitual cruce de declaraciones, al periodismo hecho a base de convertir publicaciones en redes sociales en titulares y a esa tendencia tan nociva a adelantar las opiniones a los hechos.

Este verano España ha ardido, con unos incendios que seguramente nos supongan costes cercanos al 2% o al 4% del PIB, delatando que el cambio climático no nos va a perdonar y que, además de confinarnos en espacios cerrados durante las insoportables olas de calor, va a maltratar a nuestros bosques si no estamos preparados, va a vaciar aún más a la llamada “España vaciada” y, además, será cada vez más violento.

Por supuesto la gestión política de los incendios por parte de las comunidades gobernadas por el Partido Popular han seguido la plantilla habitual de su formación y que tan bien ejemplificó Carlos Mazón en la tragedia de la DANA: les ha pillado con los servicios públicos desmantelados, han tratado de colgar a otras administraciones las competencias que les son propias y se han asegurado de que, pase lo que pase, puedan controlar los dineros correspondientes a la reconstrucción.

Hace unos años, en las grabaciones telefónicas que se realizaron para la “Operación Enredadera”, el actual consejero de Medio Ambiente de Castilla y Léon, el juez Juan Carlos Suárez-Quiñones, justificó una concesión pública a dedo a uno de los investigados diciéndole: “la Administración soy yo”. Bueno, casi una década después la Administración sigue siendo él y lo tiene tan naturalizado que no ha dudado en hacer mofa de los reproches por estar de comilonas en León mientras su Comunidad ardía, ni tampoco en despreciar públicamente a los bomberos forestales, que él mismo se encarga de mantener en subcontratas que, por decirlo de manera suave, no parecen estar invirtiendo lo suficiente.

Bien es verdad que, aunque España es uno de los países del mundo con más experiencia y habilidad extinguiendo incendios, también es necesario prevenirlos. Y aunque la ley anima (al contrario de lo que se ha oído estos días en las tertulias habituales) a limpiar y a proteger los montes, deja todo en manos de la buena voluntad de los dueños de los terrenos y las inspecciones son escasas y no llegan a todas partes. Algo que, por otro lado, es muy típico de nuestro país, con maravillosas leyes aprobadas, pero con mediocre implementación en la práctica. Tampoco ayuda que haya Comunidades, como la Extremadura gobernada también por el PP, en la que se dedique más dinero a la promoción de la tauromaquia que a la prevención de incendios forestales. Aún así espero en breve las declaraciones de algún ganadero en Antena 3, diciendo que manadas de toros bravos despejan los bosques de malezas.

Mientras tanto los Estados Unidos, que durante 80 años han servido de faro de la democracia en el mundo (con mayor o menor acierto), naufragan inexorablemente en el autoritarismo. Es una tremenda decepción ver a una pandilla de incompetentes, supersticiosos y corruptos ultraderechistas hacerse con los mandos del país que una vez ayudó a Europa y al mundo a deshacerse de la amenaza nazi. Todo ello bajo el paraguas de un narcisista, ignorante y senil que ha pasado de estrella de la telerrealidad a presidente.

Efectivamente, da mucha pereza escribir acerca de todo esto. Pero ahí está, sin posibilidad de que podamos escapar de ello. Igual que no hemos podido escapar de este lunes.

Pese a todo, deseo que este curso nos vaya mejor a todos y a todas. Ánimo. 

El viaje suicida en busca de tierras verdes

Julio Embid

La primera vez que me llamó Javier Lambán al teléfono fue a comienzos de 2018. Era un sábado por la mañana y estaba en casa pasando la aspiradora. Recibí una llamada de un móvil desconocido y, al descolgar, me dijo: – ¿Eres Julio Embid? Soy Javier Lambán. Necesito que me expliques con detalle a qué vamos esta semana juntos a Bruselas.

La verdad es que aluciné bastante. Acababa de ser nombrado Director General de Relaciones Institucionales del Gobierno de Aragón, en una reconversión de puestos, y servidor era responsable, entre otras materias, del Servicio de Acción Exterior de Aragón y de la Oficina de Aragón en Bruselas. Estuvimos hablando de la agenda apretada que teníamos durante esos dos días, de los compromisos que queríamos lograr y de las reuniones previstas con un par de comisarios, directores y eurodiputados. Me mandó buscar más información y, al terminar, me dijo: – Julio, ¿tú hablas inglés, no? No te despegues de mí.

Esta semana, Javier Lambán fallecía en su localidad natal, Ejea de los Caballeros, tras una larga enfermedad pública y notoria. Hubo numerosas muestras de afecto: de quienes lo apoyamos siempre, de curiosos, de rivales externos, de sus rivales internos y de los chaqueteros habituales, especialmente si había prensa delante.

Lambán, que contó durante una década con el apoyo mayoritario de la militancia -al menos en dos de las tres provincias aragonesas-, pudo comprobar con pesar en los últimos dos años cómo aquellos que le juraron fidelidad eterna iban cambiando de bando. Él, como líder del principal partido de la oposición, delegaba la tarea de confrontar al gobierno de Jorge Azcón en su mano derecha, la portavoz Mayte Pérez, mientras dedicaba su tiempo a luchar contra una durísima enfermedad y a publicar su libro de memorias. En él ajustaba cuentas y defendía una valiente idea de España Federal basada en la igualdad entre comunidades autónomas y en el multilateralismo, no en los chantajes bilaterales.

Sobra decir que Javier Lambán cada vez tenía más amigos entre aquellos que no le votaron nunca, ni lo votarían jamás y que le jaleaban para que saliera contra La Moncloa de tanto en tanto. Sin embargo, fue un presidente de Aragón excelente y los datos lo avalan: pleno empleo, paz social, apuesta por las renovables, modernización agrícola y llegada de multinacionales tecnológicas. También supo garantizar estabilidad parlamentaria: primero con un pacto con Chunta, y después con Chunta, Podemos y el PAR. Así siempre hubo presupuestos y siempre hubo gobierno. Nada que ver con la relación tóxica, de alejamiento en público y amor en privado, que hoy mantiene el PP de Aragón con Vox.

En Madrid y en las redes sociales siempre pensaban que Lambán era el ala derecha del partido por discrepar de Pedro Sánchez. Sus decisiones políticas y sus acuerdos no dicen eso. Las manifestaciones más duras que sufrió Lambán durante su mandato fueron las de las escuelas concertadas. Y desde luego, está el cupo catalán que, por definición, no es muy progresista. Haciendo autocrítica, creo que los socialistas aragoneses (y aquí me incluyo) perdimos las elecciones de mayo de 2023 por tres motivos:

    1. Una corriente estatal contra La Moncloa que castigó a alcaldes y presidentes autonómicos socialistas fueran críticos o no con Sánchez.

    2. Una durísima campaña del PP sobre las ambulancias rurales, plagada de mentiras que calaron.

    3. La aparición de Teruel Existe, que sedujo a numerosos exvotantes socialistas, chunteros y podemitas, especialmente en la capital turolense, con un discurso adanista dispuesto a pactar indistintamente con las derechas.

Ese conjunto de circunstancias hizo que el PSOE de Lambán bajase de 24 a 23 escaños, pero que sus socios prácticamente desapareciesen, allanando el camino para que Jorge Azcón llegara al Pignatelli. No considero injusto que Lambán perdiese las elecciones: ante todo soy demócrata, y las derechas sumaban mayoría clara. Pero el tiempo pondrá a cada uno en su lugar y con los años habrá que reivindicar su papel al frente del Gobierno de Aragón frente al actual que vive de las rentas y de inaugurar lo que otros consiguieron.

En 2018 publiqué un libro de ensayo titulado «Con capa y antifaz». La ideología de los superhéroes (Ed. La Catarata) y le pedí a Javier Lambán que lo presentase en Zaragoza. Aceptó encantado. Lo hicimos en el Museo Pablo Gargallo y nos acompañaron ese día mi amigo y poeta Nacho Escuín y la periodista Eva Pérez-Sorribes. Vino muchísima gente y también la televisión autonómica. Empezamos hablando de Batman y Superman, pero terminamos conversando sobre el Capitán Trueno y la serie «Vikings» de Netflix. Aquel día Lambán estuvo espléndido. Declaró que, si Erik el Rojo no hubiese soñado con un mundo mejor para su gente, con tierras verdes, jamás se habría embarcado en su viaje suicida hacia el oeste.

Lambán quiso siempre lo mejor para Aragón y su gente, y por ello peleó hasta el final. Y por ello se enfrentó sin miedo a Moncloa y a Ferraz, a la Generalitat de Catalunya y a quien hiciera falta. A veces suicida, siempre con la convicción de luchar por Aragón y los aragoneses. Y nunca le faltaron feroces vikingos para acompañarlo en la batalla.

*Julio Embid es escritor. Fue Director General de Relaciones Institucionales del Gobierno de Aragón entre 2017 y 2019

Y un año más llegó agosto

Debateros de guardia

Señoras y señores, hasta aquí llegó Debate Callejero este curso. Y ya son casi 20 años, 19 si la memoria no me falla. Que no es moco de pavo para una iniciativa absolutamente desinteresada, tanto por quienes mantienen el blog como por quienes escriben en él. Como todos los años es imprescindible agradecer el compromiso y la entrega de todos los que escriben aquí, cada semana, cada dos semanas o cada mes, siempre planteando cuestiones interesantes, algunas veces incidiendo en los mismos temas y otros sorprendiendo con asuntos novedosos, pero siempre con libertad y respeto. Y también es necesario agradecer a los lectores, especialmente a los comentaristas habituales, pero también a los muchos que leen y no comentan, o al menos no lo hacen en público. Nunca se pretendió construir un líder de opinión o un medio de masas pero de vez en cuando tenemos algo de influencia en alguna cosa, lo cual tampoco es moco de pavo.

En fin, muchos agradecimientos a repartir pero también muchos deseos de que todas y todos disfruten de las vacaciones lo más que puedan y vuelvan deseosos de seguir manteniendo esta casa común no solo viva sino también coleando.

Y por supuesto, en el ínterin, pueden comentar aquello que les venga en gana, que sin duda no faltarán asuntos que vayan surgiendo que lo merezcan.

Agitado fin de curso

LBNL

Se acumulan las noticias y acontecimientos antes de salir de vacaciones. Por un lado, el denostado e incluso odiado por muchos Presidente del Gobierno hace balance del curso y desgrana una lista considerable de logros, algunos de récord como el número de ocupados o el bajo porcentaje de paro (el menor desde 2008 cuando todo se fue al garete). De otro, la Comisión Europea llega a un acuerdo comercial con Trump aceptando un 15% de arancel general a las exportaciones europeas y son legión los que denuncian la bajada de pantalones reclamando la imposición de medidas de retorsión equivalentes, optando por hacerle frente al matón yankee pese al peligro de una guerra comercial salvaje con nuestro principal socio comercial. Y finalmente la Comisión Europea propuso ayer la suspensión parcial de Acuerdo de Asociación con Israel y su expulsión del programa de I+D comunitario (Horizon), propuesta inédita y sin precedentes, lo cual no ha sido óbice para que fueran legión también los que denuncien que es una medida insuficiente y demasiado tardía en relación a la hambruna deliberada de la población gazatí.

Empezando por la última, hoy mismo los Estados Miembros deberán posicionarse y se verá si hay mayoría cualificada de los 27 para adoptar la propuesta. A lo peor, ni siquiera. Pero en todo caso, en Israel han acusado el golpe, como también la reciente declaración conjunta de Francia, Reino Unido y Alemania – ¡Alemania! – reclamando medidas tangibles y amenazando con represalias concretas en su ausencia. Israel está acostumbrado a la impunidad, bien por la protección de EE.UU., bien por el complejo de culpa alemán y de un buen número de países europeos, bien por su activa política de lobbying en los centros de poder. Y siempre prefiere un buen ataque como defensa así que que le lleguen a pitar penalty en contra ya es un shock, incluso si logra pararlo, que está por ver porque la indignación ha subido a niveles insospechados dado lo inimaginable de la situación de Gaza.

El otro día me preguntaba un ser querido que cómo era posible que Hamás no pusiera fin al sufrimiento del pueblo palestino entregando a todos los rehenes. Aparte de si eso garantizaría el fin de la ocupación, que lo dudo, contesté que el sufrimiento de la población no es un factor en la ecuación de Hamás. Hamás quería poner fin al proceso de normalización e integración de Israel en la región, que se superpondría a su integración plena en el mundo occidental. Y lo ha conseguido. Antes del fatídico 7 de octubre yo habría apostado todos mis bienes a la supervivencia del Estado de Israel dentro de digamos tres décadas. Y ahora no apostaría un solo euro. No veo cómo se va a poder recuperar de algo tan infame como lo que está protagonizando, con ministros antaño encarcelados por terroristas bramando por la muerte de toda la población palestina o como mínimo su expulsión forzada. Están ensimismados en su propia película y la propuesta de la Comisión Europea es un fastidioso recordatorio de que su realidad pretendida no es la correcta.

Por seguir con realidades inventadas, Trump tiene mucho poder y Von der Leyen ha optado por minimizar daños. Como dice González Laya, el momento de hacerle frente fue en abril, cuando se puso chulo con todo el mundo y luego tuvo que recular por la presión del mercado de bonos. Pero entonces Francia, Alemania, Polonia e Italia, que ahora se rasgan las vestiduras por la terrible bajada de pantalones y tal y tal, no quisieron plantarse.

Es obvio que el acuerdo es malo: tu principal socio comercial te impone aranceles del 15% y tú los aceptas y te comprometes a comprar más gas y otras inversiones. Pero la amenaza era de un 30 o un 50% o incluso más si respondíamos. Y es nuestro principal socio comercial. Nuestros exportadores van ahora a ver sus ventas en EE.UU. encarecidas y por tanto posiblemente reducidas. Pero si imponemos aranceles equivalentes iban a verlas todavía más encarecidas y, además, los consumidores europeos iban a tener que pagar más al comprar productos norteamericanos. Me decía anoche otro ser querido que esto era póker: nos ha hecho un all-in y nos hemos rendido. Cierto. Pero es que en el póker puedes tener mejores cartas que el otro o peores y te la juegas a ganarlo todo o perderlo todo. Pero en este caso, incluso con mejores cartas, la guerra comercial implicaba que nosotros perderíamos muchísimo, incluso si EE.UU. perdía más. Pero debíamos haber amenazado a las tecnológicas, ahí tienen un gran superávit, prosiguió. Cierto pero no tenemos alternativas. ¿Y si les prohíbe prestar servicios a Europa? ¿Y si grava a sus empresas tecnológicas los servicios que prestan a Europa? Es capaz y no tendríamos a quién acudir, a excepción de China para quien esté dispuesto a ello…

Enlazando con la comparecencia de Sánchez, dijo que respetaba el acuerdo pero sin ningún entusiasmo. Me parece una posición tan correcta como realista. Ahora bien, me gustaría saber la posición del PP al respecto. ¿Consideran que su co-religionaria política Von der Leyen se ha bajado los pantalones o aplauden el acuerdo? No lo dirán. Están al erre que erre: Cerdán, Ábalos, ETA/Bildu, Cataluña, ausencia de presupuestos – ¿por qué no proponen un borrador de presupuestos para pactar al PSOE? – Venezuela, necesidad imperiosa de elecciones inmediatas… Y mientras Montoro empurado, Noelia dimitida y el novio de Ayuso con petición de cárcel de cuatro años, y mira que solo se había equivocado en un par de facturas, como todo el mundo. Qué persecución tan ignominiosa…

Afortunadamente en unos días todo el mundo en la playa o en la montaña, o al menos todos los que podemos permitírnoslo, a descansar unos días, también de la hiper atrofiada actualidad política española. Pero me temo que la actualidad internacional no nos va a dar descanso y que Trump, Putin y Netanyahu van a seguir intensificando el esperpento criminal que vienen protagonizando en los últimos tiempos.

Fin de curso sin títulos

Carlos Hidalgo

Esta semana hemos visto como la vicesecretaria general del PP, Noelia Núñez, dimitía de todos sus cargos por haberse inventado que poseía varios títulos académicos (que no posee) y presumir de ser profesora de ciencias políticas en una de esas extrañas universidades que sólo tienen profesores del PP y cuyos títulos solo son válidos en Nicaragua. Lo cual nos lleva a este final de curso en mitad de un debate acerca de las titulaciones de las personas que están en política, si para ser político hace falta alguna cualificación especial y, como pasa últimamente, todo acompañado con gran cantidad de ruido, furia, tiras y aflojas.

Da igual que Noelia Núñez no tenga títulos. Desde los griegos hasta ahora, lo único necesario para participar en una democracia es tener la condición de ciudadano porque, como decía Sócrates, Zeus nos puso a todos por igual la capacidad de opinar y decidir sobre los asuntos de la Polis. Para estar en su puesto Núñez solo debía ser elegida por sus iguales en una elecciones libres y limpias y así fue. La falta que incapacita a Núñez para representar a sus votantes y a su partido es haber mentido sobre sus cualificaciones. Y haber presumido tanto de ellas, que las convirtió en una de sus señas de identidad. “Soy una friki de estudiar y de Harry Potter”, decía.

Mentir en el C.V. es una tentación a la que ceden muchas personas. Por un lado, se debe a esa veneración a los títulos habilitantes que heredamos del franquismo, que, al dejar a España casi desierta de intelectualidad, las mentes pensantes del régimen eran ingenieros, notarios, policías, abogados de derecho administrativo y secretarios de ayuntamiento. No hay más que repasar la literatura de la época para llevarse las manos a la cabeza.

Por otro lado, los defectos del mercado de trabajo español, con unos elevados niveles de paro, gran cantidad de titulados universitarios y unos departamentos de recursos humanos que, por lo general, son cejijuntos y perezosos, hacen que para que aspirar a cualquier trabajo en el sector privado de este país debas tener un Grado, aunque luego te paguen como a alguien sin cualificaciones.

Por eso la gente no puede contenerse y exagera su nivel de inglés (anda que no hay chistes sobre esto), infla sus títulos y en ocasiones se inventa diplomas y cursos para tratar de tener una mínima ventaja sobre sus competidores en el mercado de trabajo.

En el PP, que han heredado esta admiración por los ingenieros, notarios, abogados del Estado y, ejem, registradores de la propiedad, no es raro que Noelia inflase sus cualificaciones académicas, ni tampoco que las esgrimiera para pretender quedar por encima de los demás en un debate o en una simple conversación en redes. No es la única. Ha habido gran cachondeo con los títulos de Pablo Casado o con cómo regalaron las notas a Cristina Cifuentes. Lo mismo pasa con el cambiante currículum de Juan Manuel Moreno Bonilla, que en ocasiones parece experto en protocolo y en otras el relaciones públicas de un bar sevillano.

Nada de eso debería de importar sino su capacidad para desempeñar un cargo público, tomar buenas decisiones y poder mejorar la vida de sus semejantes. Casado no necesitaba presumir de un sospechoso máster de Harvard cursado en Aravaca porque su experiencia cuando presidía las Nuevas Generaciones del PP, su capacidad de reunir apoyos y de negociar le llevaron a presidir el Partido Popular. Por encima de una cualificadísima Soraya Sáenz de Santamaría y de una abogada del Estado como es María Dolores de Cospedal.

Lo malo es que Noelia, que no es la primera, ni será la última a la que han pillado con el carrito del helado, sigue mintiendo, tratando de escapar de la trampa que ella misma se ha tendido. Ahora lo achaca todo a un “error” a la hora de trasladar su C.V. a las webs del Congreso, de su partido, del ayuntamiento de Fuenlabrada y hasta de la universidad de mentirijillas donde se supone que daba clases. No, Noelia. El error fue mentir. Y el error es tratar de seguir mintiendo. Sobre todo, creyendo que podrás esquivar los charcos y estar tan protegida como tu mentora, Isabel Díaz Ayuso, que nunca ha mostrado papel alguno que respalde nada de lo que dice, en general.

Así que Núñez llega al fin de curso sin títulos y con suspenso.

Y a todas las personas que leéis Debate Callejero os deseo unas felices vacaciones veraniegas y que vuestras lecturas sean más entretenidas que la actualidad y más amables que las declaraciones que se leen en la prensa. Nos vemos el curso que viene.