Melancolía en Septiembre

Arthur Mulligan

Termina el curso político con un Gobierno agotado luchando por limpiar esas sombras de corruptos oficiales que no terminan por desaparecer con los disolventes habituales porque su líder viajando de aquí para allá lleva en su frente el estigma de su complicidad, de sus abrazos en numerosos actos oficiales, de su omertá. Intenta un enésimo renacimiento, ganar tiempo, y ojalá que pase algo que te borre de pronto (como en la canción): una luz cegadora, un disparo de nieve… Tiene mala cara, como su partido, y como un autómata convoca a sus últimas divisiones retóricas en cuanto ve un micrófono:

«Dijimos que crearíamos empleo y hoy tenemos el mayor número de afiliados y afiliadas a la Seguridad Social de la historia. Dijimos que generaríamos riqueza y hoy somos una de las economías que más crece en Europa y acabamos de superar en PIB per cápita, nada más y nada menos que a una gran economía como la japonesa».

Es cierto, y lo ha hecho junto a Eslovenia, Puerto Rico y Bahamas, aunque no cita los factores externos de ese logro: crecimiento demográfico, fortaleza del turismo y fondos europeos, sin olvidar la depreciación del yen. En los últimos años, el crecimiento de las cotizaciones en España ha sido significativo: en 2024, los ingresos por cotizaciones aumentaron un 7,2% interanual y han subido más de un 33% desde 2019. El gasto público equivale al 45% del PIB; en 2004 era el 38%. El tipo medio del IRPF ha subido un 15% desde 2009 mientras la renta disponible de las familias apenas se ha movido. Más impuestos, menos poder adquisitivo.

De los 163.000 MM prometidos, España solo ha recibido 71.000 MM de los fondos europeos por incumplimiento de los objetivos comprometidos, falta de reformas estructurales y porque se diluyen en campañas institucionales, propaganda y proyectos clientelares de escaso impacto porque la ejecución ha sido un desastre.

Desde que Sánchez es presidente, el déficit público acumulado de todas las administraciones públicas asciende a 400.000 millones de euros. El 94% de esa cifra, esto es, 373.000 millones, corresponde directamente a su gestión. El gasto público de la administración central se ha incrementado un 46% en este periodo. Ni siquiera el récord de recaudación (184.000 millones más al año respecto a 2019) ha servido para reducir el déficit, que sigue siendo 11.765 millones superior al que heredó. Es decir: se ingresa más que nunca, se gasta más que nunca, y se ahorra menos que nunca.

Desde que comenzó la era Sánchez, hay 84.000 empresas menos. La mayoría, PYMES, el verdadero tejido económico del país. El exceso regulatorio, el coste laboral y la incertidumbre política están expulsando a los emprendedores. El mensaje es claro: si quieres montar un negocio, que sea una asociación subvencionada o una consultora de resiliencia emocional. Montar una empresa se ha convertido en un deporte de riesgo.

España sigue liderando el paro en Europa con casi un 11%, el doble de la media comunitaria. Aporta uno de cada cuatro desempleados de toda la UE. Mientras se presume de «récord de afiliación», se oculta que gran parte de ese empleo es precario, público o artificialmente troceado en contratos discontinuos. El paro juvenil sigue por encima del 27%.

El absentismo laboral se ha disparado hasta niveles nunca vistos. Cada día, 1,5 millones de trabajadores no acuden a su puesto de trabajo. De ellos, más de 300.000 lo hacen sin baja médica. La cultura del esfuerzo se ha sustituido por la cultura del justificante. Especialmente entre los jóvenes, donde sorprende que dichas bajas laborales crezcan.

Todo el Gobierno colabora en los titulares del CIS y todos son corresponsables del fiasco que más pronto que tarde contemplaremos en las días finales de Septiembre.

En este cuadro un tanto duro es más o menos en el que va a transcurrir el nuevo impulso que ha anunciado el gobierno con el inevitable componedor resistente Patxi López, Ingeniero Industrial de vocación in pectore.

La coalición Sumar está muerta y el nuevo frente de Rufián no termina de arrancar, incluso el propio Rufián parece que va por libre y ha sido señalado para mal. Es pura álgebra -x+ = –.

El resto progresista a sus progresos mientras Vox está convencido de que va a heredar. Entre los progresistas destacan Junts y el PNV, el primero quiere también el Cupo del segundo; la realidad es que se necesitan 2,5 afiliados para pagar pensiones y el País Vasco tiene menos de 1,5 y el 40% de las pensiones vascas se financian con deuda pública que pagarán todos los hijos de todos los españoles, menos los del País Vasco. Es sumamente difícil que suceda algo así como un cupo catalán, pero a los socialistas españoles esto no les importa, les resulta extraño o lo disimulan muy bien.

Sin embargo, los casos de corrupción influyen más cuánto más cercanos aparecen en el tiempo, y menos durante el final del tiempo lánguido de formación del fenómeno, ese que la indolencia administrativa atempera, mientras que la memoria urgente de la vida cotidiana se activa cuando se sumerge en el deterioro de la vida económica, el caos activo que convive con las caras más reconocibles del gobierno al que pueden dirigir su rencor y cuyos socios y aliados no quieren recibir.

En conjunto se perderá una oportunidad de reconducir y estabilizar un país moderno, restaurar el respeto a las instituciones y el rigor de las cuentas públicas y sus controles.

Pero esta izquierda secuestrada por la inversión de sus promesas es incapaz de gobernar en esa dirección salvo que procure un golpe de mano que recomponga un Gobierno útil para llevar al país a unas elecciones sin crispación del que resulte un Gobierno útil abierto al diálogo y a los compromisos huyendo de extremismos fracasados.

¡Feliz verano a todos!

Volver a casa

Julio Embid

La semana pasada estuve de vacaciones con mi pareja en un país de Europa del Este que, hasta 1991, formó parte de la Unión Soviética. Creo que el lugar, junto a las pequeñas vivencias y anécdotas del viaje, me han hecho apreciar mucho más la Unión Europea, el Estado de Derecho, la Seguridad Social e incluso las cuatro libertades de las que hablaba Roosevelt. Porque, de largo, es el lugar más de derechas que he visitado. Ahora les explicaré por qué.

El nacionalismo, con sus millones de banderas —en cada rotonda, en cada vivienda, en cada negocio o en cada farola—, es una bendición para los fabricantes de telas y tintes. Sin embargo, para el ciudadano, no aporta nada a su día a día. No se cobra más, no se reduce la jornada laboral, no mejora los servicios públicos. En el país donde estuve, el nacionalismo está en todas partes, ocupa todos los espacios y resulta incuestionable. Creen que Rusia les puede atacar en cualquier momento. La invasión de Ucrania en 2022 demuestra que algo de razón hay en el miedo -y odio- al enemigo externo. Porque sin miedo no hay odio.

La religión es omnipresente. Ves a cientos de personas santiguarse varias veces al día: cada vez que pasan delante de una iglesia o de un sacerdote. Los padres de familia piden la bendición a un sacerdote barbudo, y este les responde con su gesto mágico. Los hombres no pueden entrar con gorra al templo; las mujeres no pueden entrar sin pañuelo. Todo son rituales, que se enlazan con el nacionalismo anterior para crear una sociedad donde no se puede ser nacional y ateo, o de otra religión. Porque los de aquí son cristianos ortodoxos. Las minorías no tienen cabida. Si eres homosexual, te lo callas o atente a las consecuencias. Si eres mujer y tu marido te maltrata, te lo callas o atente a las consecuencias. Si no te gusta tu país, te lo callas o atente a las consecuencias.

Los tuiteros de derechas se burlan de la Unión Europea por regular los tapones de plástico que no se pueden quitar. Pero la ausencia de regulación en determinadas materias no nos otorga más libertades. Pondré tres ejemplos:
Nadie lleva cinturón en el coche ni casco en la moto. Esa supuesta «libertad» incrementa exponencialmente las víctimas en carretera.
Nadie lleva casco ni botas de seguridad en una obra doméstica. Otra falsa libertad que no debería ser optativa, porque los accidentes laborales se multiplican.
Nadie lleva al perro atado ni recoge sus excrementos. Si te dan miedo los perros, te lo callas o atente a las consecuencias.

Los coches ocupan todo el espacio público. No hay pasos de cebra ni semáforos, sino aceras abarrotadas de gente y pasos subterráneos repletos de tiendas. Desde luego, no ves a nadie en bicicleta. Todos tenemos un mínimo instinto de supervivencia. Y desde luego los impuestos son de risa y las carreteras y las pensiones también. 

Viajar está bien. Sobre todo para valorar tu entorno, el tranvía que coges cada mañana y el valor de un semáforo en verde para cruzar un paso de cebra.
Viajar está bien. Volver a casa está mejor.

De lo que yo decía

Juanjo Cáceres

Como recitaba Dante, estaba yo “a mitad del camino de la vida, en una selva oscura me encontraba, porque mi ruta había extraviado”. Era este mismo mes de julio y en ese trance escribía que “la oposición está poniendo mucho esmero en que (lo de Cerdán) se convierta en la tumba de Pedro Sánchez, pero debe ir con cuidado, porque lo que implica Cerdán no pone las cosas fáciles al otro gran actor del bipartidismo. Y no solo porque los casos de corrupción, de cobros ilegales y de tráfico de influencias lo tengan también terriblemente pringado, sino porque Santos nos recuerda que este proceder es un rasgo inherente de los grandes partidos. Lo queno esperaba era una demostración tan inmediata, irrefutable e indiscutible como la aparición del caso Montoro. Aun así, es posible que no todo el mundo esté de acuerdo con la premisa.

Examinémoslo, pues, mientras el verano consume nuestro entendimiento y la edad se asegura de que haya cada vez más cosas cuyo nombre no podemos recordar. Todos hemos comprobado que ha reaparecido en un expediente judicial, como por arte de encantamiento, un ser fantasmagórico que yacía en el baúl de los recuerdos y que no resulta precisamente de grata memoria. Un individuo que, gracias al trabajo judicial, nos permite plasmar con periodos y fechas una secuencia ininterrumpida de abuso de poder desde la administración central, que empieza antes de su mandato y continua después hasta nuestros días, con el único fin del enriquecimiento y el ejercicio de un poder lo más absoluto y arbitrario posible.

En esa relación dolorosa entre poder y corrupción, en la que no siempre hay citas en lugares escondidos, nunca faltan, sin embargo, sus dos elementos indispensables: el político con un cargo relevante en el gobierno, que comete delitos a sabiendas, y la empresa que, también a sabiendas, consigue sus propósitos vulnerando todos los procedimientos legítimos imaginables. Es difícil no considerar, pues, viendo la secuencia que forman, por ejemplo, Montoro, Ábalos y Cerdán, y evocando todo lo que sabemos de otros gravísimos casos de corrupción, que esa puede ser la verdadera naturaleza de nuestros gobiernos hoy en día y que todo lo demás es atrezzo. Tampoco es necesario ser reduccionistas en lo geográfico: al otro lado del océano observamos a un tipejo de la misma calaña, pero con mucha menos afición a esconderse.

A lo largo de estas semanas y meses hemos oído ingeniosas composiciones de algunos oradores del Congreso, que básicamente pretenden asentar el siguiente marco cognitivo: que la corrupción, cuando gobierna la derecha, es estructural y cuando gobierna la izquierda, es ocasional. Hombre, ingenioso resulta, ¿pero esto es verdad? ¿Hay una diferencia sustancial entre el grado de corrupción que implementaron los miembros del PSOE por todos conocidos y el que implementa el PP? No lo parece si observamos lo que acontece últimamente. Mismos actores, mismas mordidas.

Tal vez sea que la diferencia hay que establecerla según la magnitud. Pero, ¿cómo saber con qué magnitudes tratamos, cuándo lo de Montoro se ha mantenido tremendamente tapado, hasta que una investigación muy en profundidad, que ha tenido que sortear los obstáculos judiciales iniciales generados en primera instancia, ha dado con la trama? ¿O cuándo lo de Ábalos & Cerdán solo ha sido desvelado gracias a un señor listísimo que grababa hasta sus conversaciones con el gato del vecino? ¿O incluso lo del gran Bárcenas, escriba de apuntes contables en misteriosas libretas, que no tenía mejor lugar donde asentar sus operaciones y que anotaba nombres que evocaban apellidos presidenciales?

El problema con la magnitud es que es imposible de determinar, porque los delitos detectados -presuntos y confirmados- son conocidos gracias al triste proceder de unos personajes cuya gestión de documentos y palabras era especialmente precaria para ejercer con éxito la delincuencia. Por lo tanto, seguir el rastro a la corrupción es tan difícil como examinar el pasado desde el registro arqueológico: son necesarias muchas excavaciones y muchas evidencias para consolidar análisis sobre lo acontecido con el paso del tiempo y para no caer en lecturas sesgadas en función de los hallazgos realizados.

Además, el otro gran sesgo para diagnosticar la corrupción procede de la proximidad, de la negación, del autoengaño de creer que cuando los míos roban son manzanas podridas y que, en cambio, cuando roban los otros, hay que prender fuego al árbol entero. Pero, además, creo que hay una característica mucho más importante que la precede, que es el consentimiento. En el ámbito de lo político, muchos son los hechos que sabemos que están mal. Son fenómenos distintos, pero que se unen a la corrupción en su parentesco con la mala praxis. Tienen nombres tan conocidos como clientelismo, enchufismo, pago de favores, apoltronamiento, opacidad, jerarquización, amiguismo… Las relaciones en el ámbito de las grandes y no tan grandes organizaciones políticas están regidas por estos parámetros y son los responsables de crear un caldo de cultivo muy determinado, donde lo que florece no es precisamente lo mejor que podría florecer.

De ahí que cuando Pedro Sánchez dice que él no sabía nada de las mordidas de sus correligionarios, alguien debería preguntarle: “Muy bien, ¿me podría indicar si en su partido, el PSOE, existen fenómenos, como el clientelismo, el enchufismo, el pago de favores, el apoltronamiento, la opacidad, la jerarquización, el amiguismo…?” y ver si responde: “Sí, abundantemente”. O bien responde: “Le puedo asegurar que en el PSOE las mejores personas ocupan siempre los puestos de mayor responsabilidad y que ningún cargo público y orgánico ocupa el lugar que ocupa sin disponer de muchos méritos para ello”. Porque si respondiera lo segundo, no estaría diciendo la verdad, ni tampoco la estaría diciendo cualquier líder político de otro partido que se expresase en términos semejantes.

Y así es como ciertos barros producen ciertos lodos. Todo depende de que existan suficientes cargos, suficiente poder político y suficientes personas haciendo las cosas chapuceramente para que un delito o una mala praxis se haga visible. De este modo, cuanto más grandes son los partidos, mayor es el drama y mayor la intensidad de lo que sucede.

Se ha hablado mucho estos días de las medidas a adoptar para atajar la corrupción, pero dejar esa respuesta en manos de los partidos se acerca bastante a pedir a un pirómano que prepare una estrategia de prevención de incendios forestales. En cualquier caso, lo más importante es partir de diagnósticos veraces y contundentes. Minimizar lo que ocurre es tapar lo que ocurre. Las palabras solo son importantes si explican lo importante, de modo que no solo resulta crucial tomar la palabra, sino también ser valiente. En estos días que las “voces en off” recuerdan que lo de Montoro estaba claro, es hora de hablar sobre qué más está claro.

Hay que derribar los obstáculos que impiden llegar al fondo de las cosas, tomar la palabra para explicar lo que no se explica y hay que tener menos miedo a la verdad o a lo que pueda pasar.

El negocio del genocidio

Verónica Ugarte

Ninguna guerra no es un negocio, y con la evolución de los tiempos, más estructuras, más empresas, más intereses están envueltos. Con cada guerra se pierden vidas; se retrasa el desarrollo; la democracia se viola. Pero las cantidades de dinero son cada vez mayores.

Durante la segunda guerra mundial, cientos de empresas alemanas acrecentaron su fortuna, utilizando mano de obra judía. Se dice que nadie sabía nada, pero también en círculos críticos se tiene a mano el libro de Jan Karski, “Historia de un Estado clandestino”, donde el autor polaco relata cómo le fue imposible que el bando bueno de la guerra creyese que se estaba llevando a cabo un genocidio por parte de la Alemania de Hitler. 

Cayó el Reich y vino Nuremberg. Luego la creación del Estado de Israel. Después, el proceso a Eichmann. La desaparición de Mengele. Y todos mirando hacia otro lado.

En estos mismos momentos, ni el Presidente de la República italiana ni el Presidente del Consiglio han realizado declaraciones oficiales acerca de las sanciones por parte del gobierno de Trump, que claramente violan la Carta de Derechos Humanos, contra la relatora de la ONU sobre Palestina, Francesca Albanese.

Se le acusa de haber contribuido de manera directa con la Corte Penal Internacional para el seguimiento, investigación y detención de ciudadanos de Israel y EEUU mediante un informe acerca de la actual situación en Gaza.

Una italiana está sola frente a Trump. El decir la verdad y contribuir a la justicia internacional elevando la voz para dejar más claro cada día, los grandes negocios que empresas estadounidenses están realizando desde hace años en una zona ocupada, y ahora desmembrada, estructural y moralmente.

Entre las sanciones: no poder entrar a EEUU ni ella ni su familia directa. No recibir ayuda financiera para poder reembolsar los gastos de sus actividades (actividades que ella realiza de manera gratuita para la ONU). No es la primera vez que Trump realiza una campaña de desprestigio contra Albanese, pero nunca había llegado tan lejos. Este hombre considera que tanto la ONU como la OTAN le deben obediencia. La falta de reacción por parte del bloque franco-germánico estremece. ¿Quién hará algo para detener a un enfermo que cruza tres líneas rojas cada día?

Ahora mismo, el gobierno italiano está dejando solos a sus ciudadanos. ¿Si un grupo de médicos italianos va a Gaza y es hecho prisionero por parte del ejército de Israel, cambiará su postura de cobardía y miedo? De Meloni no me extraña esto. Pero Sergio Mattarella es un hombre de Estado y de razón. Hijo de un constituyente, siempre ha tenido duros altercados con Meloni, haciendo lo posible para que Italia no vea su nombre más manchado de lo que ya está.

Lo más cobarde es que Albanese ve su figura utilizada como pieza de demagogia por parte de sectores como el movimiento Cinco Stelle, donde Conde lanza a grito patrio que se le debe dar el Nobel de la Paz.

Los peligros de las mentes que solo piden el poder y no la incómoda verdad. Que no pueden tolerar que alguien diga en voz alta que el genocidio es un acto de lesa humanidad que nadie se decide a detener por miedo a las consecuencias.

Este es el mundo de 2025, que tiene sus raíces en el mundo de hace de cientos de años, donde el negocio más viejo del mundo no tiene que ver con la carne, sino con la conciencia y la verdad. Porque todo tiene un precio. Y lo estamos pagando cruelmente.

Hoy podemos visitar decenas de museos llamando a la concordia en Alemania, que realizó un acto de limpieza y es conocedora de su pasado. ¿Hará lo mismo Israel?

¿Qué haces, Cristobítal?

Carlos Hidalgo

Cuando estaba en mis últimos y renqueantes últimos años de carrera, Cristóbal Montoro era ministro de Hacienda en la segunda legislatura de José María Aznar. Casualmente, mi profesor de Hacienda Pública y Sistema Fiscal Español (apellidado Barriocanal), que estaba más a la derecha que el grifo del agua fría, se preciaba de haber sido profesor suyo. Sin embargo, a cada semana del cuatrimestre que pasaba, este profesor se desesperaba porque, para él, la política tributaria de su antiguo discípulo era irracional de todo punto. Según mi profesor, “Cristobítal” (pues así le llamaba), abusaba tanto de los impuestos indirectos y descuidaba de tal manera el IRPF, que reducía la demanda interna, perjudicaba a la actividad económica y, a la larga, creaba un enorme déficit al Estado. Tanto, que Montoro lo disimulaba (con Aznar y con Rajoy) sacando dinero de la llamada “Hucha de las Pensiones”, el Fondo de Reserva de la Seguridad Social, que en sus mandatos se redujo unos 50.000 millones de euros; de 67.000 a 15.000 millones. “¿Qué haces, Cristobítal?”, se preguntaba mi profesor en voz alta en clase.

Ahora, gracias a una investigación policial de más de siete años, llevada en secreto por la Guardia Civil y los Mossos d’Esquadra, sabemos que Montoro usaba su despacho privado para hacer leyes a medida de quien le pagara, que usaba los datos fiscales confidenciales como arma política e instrumento de presión y que, no sólo amenazaba con la temida Agencia Tributaria (AEAT) a quien le llevara la contraria, sino que cumplió sus amenazas en más de una ocasión, llevando a un periodista al paro, a la ruina y casi al suicidio y a muchos medios a un temeroso silencio que no se ha roto hasta ahora. Merecen una mención especial los periodistas de ABC, especialmente Alberto Chicote, que junto a su familia, sufrió toda clase de inspecciones e investigaciones por publicar cosas que no gustaban a Montoro.

A Montoro siempre le gustó su fama de siniestro y le gustaba soltar amenazas veladas a quien no comulgara con sus políticas. También se relamía cuando, en comparecencias ante la prensa o en sede parlamentaria, anunciaba recortes, decía que había que “apretarse el cinturón” o llevaba a ayuntamientos a la bancarrota, al no permitirles financiarse. El desastre le encantaba y por eso no tuvo reparos en decir aquello de “que se arruine España, que ya la arreglaremos nosotros”, cuando el PP obstaculizaba en el parlamento las medidas anticrisis de los últimos y agónicos años del gobierno de Zapatero.

En los mejores momentos, con la economía española dopada de ladrillo antes del reventón, Montoro anunciaba con ladino regocijo que había que recortar para “crear empleo” y en los peores, decía sin mover una ceja que habíamos vivido por encima de nuestras posibilidades y que eran necesarios “sacrificios”. Sacrificios que ahora vemos que no eran aplicables, entre otras, a empresas como Codere, la multinacional del juego para la que Montoro diseñó una ley que permitía desgravarse pérdidas del juego y la que ahorró hasta el 80% de los impuestos que debía pagar. Todo ello para nada, puesto que Codere, que se había endeudado por sus inversiones en Argentina, se encontró con que el BBVA había vendido su deuda al fondo buitre Blackrock y la familia dueña de la empresa fue expulsada del negocio que habían fundado. Obviamente, invertir en Montoro tampoco les salió a cuenta. Ni tampoco la inversión en Rafael Catalá por la parte legal, ni la de Pío Cabanillas en la parte de comunicación.

Pero también sabemos que el despacho privado de Montoro controlaba (y posiblemente cobraba) los nombramientos de la AEAT, en el Ministerio de Hacienda (estaba “purgando de socialistas” su ministerio, decía) y las políticas económicas relacionadas con las empresas gasistas (de producción y distribución de gas), energéticas y muchas otras, que conocían los Presupuestos Generales del Estado antes de presentarse al Congreso de los Diputados.

Todo esto nos lleva a una imagen aterradora de los gobiernos del afable Mariano Rajoy, en los que se ha descubierto que financiaban ilegalmente a su partido de manera estructural e iban “dopados” a las elecciones (Gürtel), que usaban a la Policía Nacional contra sus adversarios políticos (Kitchen) y que, según vemos ahora, usaban también a la Hacienda Pública para perseguir a sus enemigos políticos, incluida Esperanza Aguirre, que estuvo en el punto de mira de la Hacienda de Montoro mucho tiempo y cuya Comunidad de Madrid pagó con dinero público 1,8 millones de euros a Equipo Económico, el despacho privado del exministro con el que sacaba tajada de hacer leyes. La investigación contra Aguirre está archivada y cerrada. Por no hablar de la cantidad de juicios contra el entorno del PP que se quedaban en nada, casualmente (pero seguramente sin relación) después de Federico Trillo comiera con los presidentes de los Tribunales Superiores de Justicia o con consejeros del Consejo General del Poder Judicial.

Va a resultar que cuando el PP actual acusa al Gobierno del PSOE de “colonizar” las instituciones del Estado, de erosionar la democracia con arbitrariedades, de saltarse la separación de poderes, tal vez no estén hablando de los socialistas, sino describiendo su foto de hace siete años.

Lecturas sobre Europa e Internacional de interés de los últimos 15 días

Lluís Camprubí

Permítanme compartir unas lecturas sobre los asuntos de política europea e internacional que más nos ocupan:

*Interview with Atte Harjanne: a Green member of the Finnish parliament and a reserve captain in the Finnish Defence Forces: Walking the talk on European security

*La cumbre de la OTAN y la crisis del atlantismo (J.A. Sanahuja)

*Entrevista a Dominique de Villepin: “Si Europa no reacciona ahora, será borrada de la historia”

*National Strategic Review 2025 – Republique Française (pdf)

*Contours of European Strategic Autonomy:Europe is moving on without the US, and the US does not seem to like it after all (Minna Ålander)

*Geopolitical Europe Summer Reading List (Gesine Weber) Revisión que incluye algunas de las lecturas más relevantes sobre la UE y su dimensión geopolítica

*Beware the Europe You Wish For (by Celeste A. Wallander) The Downsides and Dangers of Allied Independence. Sobre la autonomía estratégica europea y lo que puede suponer desde/para la perspectiva estadounidense

*Europe does not have to choose between guns and butter. There is another way (by Shahin Vallée and Joseph de Weck). Yes, defence spending has to rise – but slashing the welfare state to fund it would be a big mistake

*NATO’s New Defence Spending Pledge Is a Distraction…from what really matters: capability development. Minna Ålander argues in the Europe Dispatch that the new NATO defence spending pledge is unhelpful.

*El papel internacional del euro: eurobonos y el reto de las ‘stablecoins’ (Ángel Ubide)

*The frightening world without the dollar (Martin Sandbu) What will the global economy look like if it loses its monetary anchor?

Diario disperso

Senyor G

Feijoo necesita un PP amigable

Lo necesita si quiere ser presidente del gobierno de España. Si quiere ir ya próximamente a un consejo de administración de alguna gran empresa de servicios obligados, entonces va bien, perfectísimamente. No me ha parecido que el congreso del PP de la semana pasada intentase buscar amigos, al contrario, la sensación es de que se ponen extremadamente duros. A degüello. Dijo él mismo que no haría cordón sanitario al partido ultranacionalista VOX, cosa que ya nos ha quedado más que clara con sus alianzas de gobierno a nivel autonómico y supongo que local.

Y remata con perfiles broncos, como Cayetana. No pretende hacer amigos, está claro. Su apuesta no gustará en Cataluña y el País Vasco, él sabrá. Ni entro en los que entendemos que con su propuesta y amigos tendremos regresión en derechos sociales además de con la lengua catalana. Ya le ha avisado Toni Nadal en su casa sobre el tema, pero la gestión al respecto en Baleares y Valencia es clara, no da lugar a dudas. Van contra el catalán cada vez que pueden y en todas sus variantes.

Hay que recordar que VOX ni condena ni lamenta a las escuadras racistas que empiezan a actuar en ciertos municipios al calor de cierta cobertura mediática. Habrá que empezar a ser claros con estos temas y denunciar a los que tienen por objetivo participar de la extrema derecha a título lucrativo. 

Joan Tapia, recuerda que esos amigos suyos salen del bloque de gobierno de la UE de liberales, socialdemócratas y populares. Pero no es mi guerra, ellos sabrán.

Quién sabe, igual es una estrategia de comerse a la extrema derecha para luego gestionar desde el centro. Esas cosas han pasado muchas veces en política. El PSOE de inicio de la transición con Felipe González estaba juguetón, y con declaraciones a ratos a la izquierda del PCE, para finalmente empezar las privatizaciones y el neoliberalismo en España. Aún compartirán consejo de administración González y Feijoo.

No es solo que no haga amigos, es que a la izquierda cansada o desencantada nos obliga a seguir al pie y a aglutinarnos. No nos podemos permitir el desencanto ni el cansancio. O a moderados diversos, que con otra propuesta podría ir rascando sus votos y aquiescencia. Pero vamos a concluir que tampoco yo sé mucho de política o hacer propuestas triunfantes. Eso sí veo que esto está demasiado tenso y empezamos a estar muy tontos.

Reciclaje

Me esfuerzo por hacer las cosas bien, separo la basura. Los envases de plástico o metal al amarillo, el papel al azul, lo orgánico al marrón, el resto al gris, y de tanto en tanto otras cosas al punto verde del barrio. Pero con un aliado militar de nuestro país soltando bombas en centros nucleares de otro país no sé si merece la pena. Además del rearme militar del que participamos y que ya verás cómo también nos lo cuelan como ecológico y sostenible. ¿Alguien sabe si en la otra punta de Europa Putin obliga al reciclaje o lo hacen de alguna otra manera?

Y los aeropuertos. Nuestros gobiernos, todos viviendo en Barcelona, nos piden que reciclemos, pero a la vez quieren ampliar el aeropuerto de El Prat. No ven contradicción. Y los que están a favor y no son gobierno pueden llegar a argumentar, que no tiene sentido parar nosotros la rueda si otros países y poderes siguen esa dinámica de más avión.

Ruidos

Y más avión en El Prat es más turismo en Barcelona, más ruido en mi barrio. Aunque nosotros los de Barcelona también somos ese turista ruidoso que nos molesta. ¿Cuándo empezó a ser todo terraza en nuestras ciudades? ¿Cuándo empezamos a estar siempre fuera de casa consumiendo? Con nuestros padres se comía fuera quizás una o dos veces al año. Un bautizo, una boda o una comunión. De hecho, la celebración de mi comunión fue pan con tomate y jamón en casa.

Loop, teatro de padres a hijos

Mi mujer me llevó estos días de julio al teatro a ver Loop, escrita por Ramón Madaula, además de interpretada por él mismo y por Júlia Genís. Sobre ese ciclo de vida de escuchar consejos de padres y tomarlos como luego los tomarán nuestros hijos cuando entonces somos nosotros quienes los damos. Un gran guion y una gran ejecución. Especialmente sorprendente en el caso de ella a la que no conocíamos y hacía dos papeles que a veces cuesta ver, pero que no chirrían en absoluto. No es fácil. Si pueden porque pasa por sus barrios aprovechen, lo disfrutarán y agradecerán.

Se llama respeto, no tolerancia

Verónica Ugarte

El pasado 12 de julio se celebró en las calles de Barcelona la Ashura, que es el día en que los musulmanes chiitas recuerdan el asesinato de Husayn ibn Ali, considerado por ellos sucesor del Profeta, del quien era nieto. Dicha celebración fue apoyada por el Ayuntamiento de Barcelona, y recorrió varias calles del centro de la ciudad. No es la primera vez que dicha celebración acontece en la ciudad, sino más bien desde hace veintidós años que se celebra.

Las RRSS una vez más se están haciendo eco de las voces que claman por una España laica. ¿Y qué es la Semana Santa, sino la expresión de una parte de la población, que es la católica? También están las voces indignadas al tener ante sus ojos algo desconocido y por lo tanto, odiado. Porque ese es uno de los males que genera la ignorancia: el odio.

Tanto el Raval como Ciudat Vella son barrios con alta concentración de inmigración extra europea. Esta realidad hace que se dicte sentencia en cuanto a tasas de incivismo, criminalidad y odio hacia aquellos que comulgan una fe distinta a la del español católico medio.

Ver a las mujeres cubriéndose, o no, la cabeza, reafirma el rechazo y abre el debate a la llamada “integración”. Me gustaría saber quién es el juez que puede afirmar si alguien está “integrado” o no. ¿Hablar con tu familia, con tus amigos, en tu lengua materna te hace culpable y deberías viajar de vuelta “a tu país” por no compartir “nuestros valores”? Ese discurso lo escucho desde hace más de veinte años, y se ha hecho una de las piedras angulares del discurso racista de Trump, donde el castellano es perseguido.

Nadie sabe con certeza de qué situaciones huyen familias enteras. Pero parece que solo es aceptado si es moda. Ucranianos (a pesar de ser cristianos ortodoxos), afganos, palestinos son aceptados porque el mundo sabe lo que ocurre. Pero países como Argelia, Nigeria, Albania de momento están fuera del radar de los corazones llenos de amor y comprensión de los simpatizantes de discursos de bar y de futbol.

No importa si trabajan 20 horas al día fregando pisos. Explotados por españoles que seguramente se arrodillan ante la cruz cada domingo. Porque ¿quién se deja la piel en según qué sectores, bajo el sol, sin guantes y sin protección, malviviendo en carromatos o menos que eso?

Siempre he afirmado que el criarme en un entorno multicultural me preparó para lo que vendría. Dejar la Tierra Salvaje por Casa Nostra, fue una revolución. Convivir y trabajar con tantas personas de toda España y del mundo, un tesoro de conocimiento y cultura.

Se habla de tolerancia, cuando el verdadero verbo es el respeto. No me interesa que alguien celebre lo que yo no celebro. No me importa que alguien hable con sus amigos en un idioma que no conozco. Lo que importa es el ser humano que busca un mundo mejor para sus hijos. Porque los niños son sagrados, y su futuro también.

Sigamos con esos ojos y mentes cerradas y la extrema derecha hará el resto.

Ese tigre no se puede cabalgar

Carlos Hidalgo

Voy a empezar con la conclusión: las marchas racistas, los intentos de linchamiento y las agresiones de Torre Pacheco no se pueden tolerar. No se deben ni tratar de explicar y todos sus responsables, incitadores, así como la gente que han participado en ellas, deben ser perseguidos hasta donde indique la ley.

Mientras esto ocurría, Miguel Tellado estaba en Ermua, nada menos, acusando al PNV de participar en la “Trama Celdrán” y escupiendo un poco sobre el “espíritu de Ermua” de paso. Obviamente, no hemos visto condenas a las “razzias” xenófobas, ni llamadas de atención a Vox, ese socio preferente que es uno de los instigadores precisamente de los pogromos, junto a ese satélite suyo llamado “Deport Them Now” y los cretinos del Frente Obrero.

Si el PP supiera algo de historia, recordaría cómo los intentos conservadores de cabalgar al tigre fascista terminan siempre con el tigre devorándoles. Algo que les podrían contar en persona los Gil-Robles que militan en sus filas y que algo saben por su propia experiencia familiar. Así que no deberían dejar que se salieran con la suya.

Nadie debe dejar que Vox se salga con la suya instigando revueltas racistas. Lo que hoy está pasando en Torre Pacheco puede animar a gente con ganas de que suceda lo mismo en Caspe, en El Ejido (otra vez), en Sabadell o, como está sucediendo en estos mismos momentos: en Alcalá de Henares, donde la propia alcaldesa (del PP está instigando actos violentos xenófobos).

Estas revueltas racistas, que en principio surgen como respuesta a repugnantes actos delictivos, ignoran deliberadamente la profesionalidad y eficacia de Policía Nacional y Guardia Civil (especialmente esta última) atrapando a los responsables de esos actos y llevándolos ante la justicia. Aunque eso es lo de menos para la gente que acude a estos actos, que solo desea una mínima excusa para salir a apalear a sus vecinos. Por lo que sea.

Desde el primer ascenso de Trump la derecha ha descendido al mínimo común denominador intelectual y permitido que sean sus portavoces de menos nivel quienes lancen sus mensajes al electorado. Unos mensajes que consisten más en tratar de fastidiar al vecino que en buscar el bien común de la sociedad. Unos mensajes basados en dedos acusadores (con razón o sin ella) y en señalar cabezas de turco que en encontrar auténticas soluciones a los problemas que nos son comunes a todos.

Ya sabemos cómo funciona esa espiral porque lo vivimos exactamente hace un siglo, con el desprestigio de la democracia por parte de sus enemigos y lo que ellos pretendían que era la inteligente manipulación de un ultraderechismo que terminó por canibalizarles.

Los disturbios racistas no son viento a favor de la derecha, son un huracán que nos quiere aniquilar a todos. Y aún estamos a tiempo de pararlo.

Un sol rojo ilumina Moncloa

Arthur Mulligan

En una sala privada el presidente Sánchez con mala cara se sienta en su sillón preferido. Los días anteriores ha dormido poco y apenas le quedan ganas para leer los numerosos documentos pendientes que rodean la habitación. Él solo quiere hablar del futuro de todos esos planes que según dice con insistencia van a mejorar la vida de las gentes aunque todo conspira para volver la mirada hacia atrás, hacía un pasado sin interés inmediato y que ya nada puede ofrecer. Recuerda que este año justamente es un año especial con más de 50 actos programados por no sé qué de la memoria histórica, y maldice el día en el que José Luis empezó a reivindicar la República, las cunetas, lugares de memoria, trincheras y tristezas. Por qué en lugar de pensar en el pasado no hablar de Gaza, de Irán, del Líbano y también de Ucrania, conflictos de actualidad y no seguir empantanados en el barro de la memoria, de esos odios africanos que no hemos vivido, que tanto nos dividen y que jamás podremos reconstruir. Vale, algo había que hacer después de las derrotas de 2023, sí, las autonómicas y locales que todo el mundo de mi entorno planeó como un plebiscito después de la catástrofe de Andalucía, nuestro granero de votos particular.

Y ahora esto, todos mirándome como si fuera el único responsable, yo que tantos cargos y honores he repartido entre estos desagradecidos, sobre todo algo que no tenían, respetabilidad y presencia pública. Estos niños bonitos, estas poses de asamblea universitaria… ¡Como si fuera fácil dirigir a tantas decenas de miles de personas! ¡Y me piden control, control, control!

Debería explicarme mediante aikus, ejercitar habilidades dando forma a las ramas de un bonsai y ordenar de una vez por todas el despido del ministro de asuntos exteriores y su disipada energía; solo deberíamos recibir visitas con caras sonrientes.

Mientras se iba calmando, el presidente se puso de pie y se acercó al ventanal para contemplar los dos cipreses en el jardín y tratar de concentrar su atención en el cálculo de su altura para distraerse mediante el teorema de Tales ¿o era el de Aquiles? ¡No hombre, qué torpe estoy¡ ¡el de Pitágoras! Pitágoras quería decir (debo prestar más atención a las citas de autoridad antes que pseudo medios hostiles me vapuleen).

Un momento ¿y esos libros? Un inmenso sobre blanco con la particular caligrafía en chino clásico con tinta roja estaba semiabierto: Edgar Snow «Red Star over China: The Classic Account of the Birth of Chinese Communism.» Dentro el volumen en edición distinguida con papel biblia.

Después de pedir un café y agua ordenó que nadie le molestase y de este modo comenzó a leerlo, sin ganas pero convencido de que allí encontraría algo que valiese la pena. En la universidad siempre había pensado en los chinos sin verdadero interés, porque le agobiaban las masas y la revoluciones que no entendía, aunque admiraba la figura de Mao Zedong más por la cantidad de millones que le seguían que por su pensamiento del que desconocía casi todo.

«Al celebrarse la gala de los 70 años de Stalin en el teatro Bolshoi, el dictador compareció para mostrarse ante las cámaras, flanqueado por Mao Zedong y Nikita Jruschov. Estaba huraño, pero resentido al mismo tiempo por el trato recibido, impresionado por su homólogo del Kremlin. Antes de concederle una audiencia formal debió esperar varias semanas fuera de Moscú. No perdía la paciencia y refunfuñaba que no había ido hasta allí «solo para comer y cagar».

Lenin había comprendido que los principios del bolchevismo apenas hallaban apoyo popular fuera de Europa y razonablemente sugirió que no recibirían ayuda hasta que no se unieran a las fuerzas nacionalistas en un frente que derribara a las potencias coloniales…

(…) Llevaba años buscando su camino. De joven, había sido un lector voraz y se había visto asimismo como un intelectual que escribía artículos de tendencia nacionalista. Había trabajado como bibliotecario, maestro de escuela, editor y activista sindical. En las zonas rurales, por fin, descubrió su vocación: aunque no pasara de figura menor dentro del partido, sería él quien movilizara a los campesinos para alcanzar la liberación.

Sánchez continúo leyendo: «en abril de 1927, las tropas de Chiang Kai-Shek entraron en Shanghai y el líder nacionalista lanzó una sangrienta purga en la que cientos de comunistas fueron ejecutados. El Partido Comunista chino pasó a la clandestinidad. Mao se retiró a la montaña con un variopinto ejército de 1300 hombres, en busca de campesinos que lo llevaran al poder.»

Sánchez continúo pasando hojas y, siguiendo las vicisitudes del ejército de campesinos, se detuvo en los choques ideológicos con el comité central que seguía oculto en Shanghai, cerca de los trabajadores fabriles. Había quien veía mal las prácticas heterodoxas de Mao. Era terco en la búsqueda del poder y lo impulsaba una ambición feroz al servicio de una personalidad manipuladora y grandes habilidades políticas. Además, era implacable. En cierto incidente que tuvo lugar en una ciudad llamada Futian, mandó confinar en jaulas de bambú un centenar de oficiales de batallón que se había amotinado contra su liderazgo, los hizo desnudar y torturar, y a muchos de ellos se los remató con bayonetas.

En un momento de cansancio, vencido por el sueño, convocaba sorpresivamente elecciones generales y comparecía ante el Grupo Parlamentario socialista del Congreso donde, lejos de que los diputados le hicieran una sola critica por la debacle electoral, poco menos que lo recibían bajo palio con atronadores aplausos, y entonces se plantea como estrategia electoral la imperiosa necesidad de hacer frente a la supuesta amenaza fascista de la derecha y ultraderecha del Partido Popular y Vox, que logra movilizar al electorado.

Recordaba en el sueño las elecciones generales en julio, como las gana el Partido Popular, pero también como él logra formar un gobierno que sus corifeos mediáticos no se cansan de calificar como “progresista”, cuando saben y ocultan la ascendencia etarra de BILDU; que JUNTS, heredero de Convergencia, liderado por un prófugo de la Justicia, es el arquetipo de la derecha capitalista reaccionara catalana, nido de corrupción; que el PNV es un partido conservador histórico de la democracia cristiana; y que ERC es más un partido nacionalista independentista que un partido de izquierdas que traicionó a la Republica en 1931, en 1934 y durante la guerra civil, como dejaron constancia escrita Azaña y Negrín.

Maquiavelo, piensa, se quedaría asombrado por su astucia y por su habilidad para manipular y calificar falsamente como ultraderechista a la derecha, logrando convencer a la militancia socialista de que el Partido Popular es fascista, cuando es un partido, equiparable a la derecha europea, que defiende la Constitución, la unidad de España y el Estado de Derecho, como lo demostró con los gobiernos de Aznar y Rajoy por mayoría absoluta, sin que produjera un liberticidio de los derechos y libertades; y que VOX es la ultraderecha cuando no tiene posibilidad alguna de llegar al gobierno como sí ha llegado la ultraderecha italiana y puede llegar la francesa.

Pero lo más grave es que él y antes José Luis Rodríguez Zapatero con la Ley de Memoria Histórica, también han dividido a los españoles con La Ley de Memoria Democrática 20/2022 de 19 de octubre, pactada con BILDU, que ha vuelto a reabrir la «doble herida», que ha caracterizado la turbulenta y dramática historia contemporánea de España, desgraciadamente, y originado “la progresiva separación entre los españoles y la creciente división entre las regiones”, de la que hablaba Laín Entralgo. Esto, en su fuero interno, le desagrada porque no termina de verlo.

Y entonces Sánchez despierta y recuerda que ha dado orden de que nadie le moleste; bebe un poco agua, coge de nuevo el libro y prosigue:

Estrella roja sobre China alcanzó un gran éxito. Tan solo un mes después de su publicación, se habían vendido 12.000 ejemplares en Estados Unidos. Bueno – se dijo Pedro – yo he vendido mucho más.

Allá por 1940, en un panfleto titulado “Sobre la nueva democracia”, Mao prometía un sistema multipartidista, libertades democráticas y la protección de la propiedad privada. Aquel programa era ficticio por completo, pero gozó de un gran atractivo popular. Destacados miembros que se habían enfrentado a Mao en el pasado sufrieron humillaciones y fueron obligados a escribir confesiones y a pedir perdón en público por sus errores. Zhou Enlai fue uno de ellos. A diferencia de Stalin, Mao rara vez ordenaba la ejecución de sus rivales, y en cambio los transformaba en cómplices sometidos a vigilancia constante, obligados en todo momento a demostrar su fidelidad. Al final, logró que otros cerraran filas en torno a su liderazgo y se refirieran a él como «gran timonel revolucionario, estrella salvadora, genial estratega y político genial».

En abril de 1945, tras un intervalo de 17 años, se celebró un congreso del partido. Por fin, Mao había transformado el partido en un instrumento de su propia voluntad. El estudio del pensamiento Mao Zedong se volvió obligatorio y adultos de toda extracción social tuvieron que estudiar de nuevo y leer los libros de texto oficiales de la nueva ortodoxia. Todos los días, colegiales, soldados, presos y oficinistas entonaban a pleno pulmón canciones revolucionarias como «Mao Zedong es nuestro sol» o el «Himno al presidente Mao».

Sus concisos eslóganes llegaban a todos los hogares. Así por ejemplo, «Las mujeres sostienen la mitad del cielo»… y Sanchez despertó. El pasaje le recordaba a Jone Belarra y sintió un incómodo escalofrío. Luego siguió leyendo.

 «Igual que Stalin, era una figura remota, casi divina, apenas vista, apenas oída, oculta en lo más recóndito de la ciudad prohibida donde en otro tiempo habían morado los emperadores.»

En 1956, Mao sufrió un revés. El 25 de febrero, el último día del XX Congreso del Partido Comunista Soviético, Nikita Jruschov convocó una sesión secreta, no programada, en el gran Palacio del Kremlin. En un discurso de cuatro horas, sin interrupciones, denunció las sospechas, el miedo y el terror creados por Stalin.

Se enviaron copias del discurso a los partidos comunistas extranjeros y así empezó una reacción en cadena. En Pekín, el presidente se vio obligado a ponerse a la defensiva. Mao era el Stalin de China, el gran líder de la República popular. La desestalinización era nada menos que un desafío a la autoridad del propio Mao.

En septiembre de 1956, el pensamiento Mao Zedong desapareció de los estatutos y se censuró el culto a la personalidad, pero la revuelta húngara dio a Mao una oportunidad de volver a imponerse: el presidente culpó al partido comunista húngaro de haber causado su propia desgracia al no prestar atención a los agravios que sufría el pueblo y haber permitido que se encontraran y escaparan a todo control. Mao se hizo el demócrata, el campeón del hombre corriente, y exigió que se permitiera a quienes no eran miembros del partido que expresaran su descontento y así nació la campaña de las 100 flores. Entonces la gente escribió ingeniosos eslóganes en defensa de la democracia y los derechos humanos y había incluso quien exigía que el Partido Comunista abandonara el poder. Mao se sintió abrumado y promocionó una campaña en la que se denunciaba a medio millón de estudiantes e intelectuales como derechistas deseosos de destruir al partido enviándose a miles de ellos a campos de trabajo situados en los confines del imperio.

«¿Qué hay de malo en la veneración?» preguntaba retóricamente «si la verdad se halla en nuestras manos. ¿Por qué no vamos a venerarla? Todo grupo debe venerar a su líder, no puede no venerar a su líder» observaba Mao, que así explicaba que este era el culto a la personalidad correcto. El alcalde de Shanghai, exclamaba con entusiasmo: «Debemos tener fe ciega en el Presidente, debemos obedecer al Presidente con absoluta entrega».

Sánchez se había quedado definitivamente dormido con una sonrisa infantil de bienestar.

Los días siguientes iría a Ferraz y al Congreso. Solo dos personas le plantarán cara en la sede del PSOE, y luego no podrán hablar. Sánchez atacará el pasado del PP y del PSOE. Yolanda volverá a llorar, en esta ocasión por su padre. Rufián no, pero gesticulará como si fuera de izquierdas; los de Bildu, siniestros, como siempre; el PNV perdido y Junts desafiante.

Cuando Sánchez apareció en el horizonte político Vox era el 0,2 %, hoy el 15%

No vamos bien.