El adiós de Antonio Alcántara

Alfons Salmerón

Cuando todavía estamos en plena resaca por el caso Koldo y sus implicaciones políticas que han sumido al PSOE, y por ende al gobierno, en una crisis cuyo verdadero alcance todavía desconocemos, nos hemos desayunado el pasado lunes con la noticia, no por esperada menos impactante, de la condena de Imanol Arias por defraudar más de dos millones de euros a la Hacienda pública.      

No hace falta recordar que Imanol Arias encarnó durante más de dos décadas a Antonio Alcántara, el personaje que representó a la perfección a la clase media nacida en la Transición. La condena del actor que le dio vida todas las semanas en los hogares españoles es una metáfora perfecta del fracaso del modelo político y moral surgido tras la Transición, como lo es también el reciente escándalo del PSOE. Un inesperado final para la serie Cuéntame: Antonio Alcántara condenado por fraude fiscal.

La transición española nos fue vendida como el gran “pacto entre españoles”. Con ella nacía una democracia avanzada. Y así nos lo creímos durante décadas, mientras que, poco a poco se le iban viendo las costuras. La condena de Arias representa en lo cultural lo que a lo político representó la abdicación de Juan Carlos. El gran héroe de nuestra democracia forjado en la célebre noche del 23-F según la narrativa oficial, se vio obligado a renunciar cuando se le empezó a investigar por presuntos delitos fiscales de cohecho y blanqueo los cuáles, a pesar de estar rigurosamente documentados, no pudieron ser denunciados por la condición de inviolabilidad que la Constitución otorgó al Monarca.

Aquellos hechos derrumbaron el mito fundacional de la transición y su narrativa, y sumieron a la sociedad española en un duelo del que aún no se ha recuperado. La mayoría de edad de nuestra democracia comienza el día en que supimos que los reyes no son los padres (de la Constitución).

El pacto entre españoles se debió más al cansancio que al entusiasmo, al miedo antes que a la justicia, al olvido más que a la reparación. La parte que más renunció en aquel proceso, el PCE, fue la que llegó más cansada luego de cuarenta años de muerte, exilio y persecución. La izquierda que luchó y resistió contra la dictadura estaba demasiado exhausta y había conectado lo suficiente con la sociedad a partir de su política de reconciliación nacional como para saber que la sociedad realmente existente también lo estaba. Exhausta y desarticulada.

Si la demostración palpable de que Juan Carlos nos había robado durante todos estos años impugnaba el relato político de la transición modélica, la condena de Manolarias representa la decadencia de una clase media y de una progresía cultural que creció a cobijo de la transición, votó socialista y se enriqueció con el aplauso de la opinión pública española. Su final, bien podría ser el capítulo final de Cuéntame, el giro de guion que cierra la historia de una época.

Hace ahora tan solo una década, la política española dio un vuelco con la irrupción de Podemos y las confluencias en el tablero que a punto estuvo de poner contra las cuerdas al bipartidismo, el sistema político surgido de la transición. El 15 M y el proceso independentista supusieron una energía de ruptura que prometía reparar todo lo que no se pudo hacer en el 78.

Sería de necios negar todos los logros conseguidos en estos casi cincuenta años de democracia, pero también es cierto que las estructuras del Estado más profundo continúan siendo un freno para el desarrollo completo de nuestra democracia. Hubo una ventana de oportunidad en aquel momento político cuando algunas encuestas los situaban incluso como primera fuerza política. Quisieron asaltar los cielos y estuvieron a punto, pero quedaron enredados en el andamiaje de unas estructuras de Estado herederas, en parte, del franquismo, y sucumbieron debido a sus propios errores en la gestión del éxito. Su entrada en primer gobierno de coalición iniciaba también su caída y proceso de descomposición definitivos a pesar de su innegable aportación a cambios legislativos de izquierda. Como aquellas estrellas que seguimos viendo miles de años después de su desaparición, cuando Pablo Iglesias fue nombrado vicepresidente del Gobierno, su proyecto político ya llevaba muerto hacía tiempo.

Unos años más tarde, todo parece volver al punto de partida, con la desarticulación de los movimientos de ruptura y las propuestas políticas que lo expresaban, el bipartidismo lleva tiempo tratando de reconstruirse aunque no contaba con la tenaz resistencia de un Pedro Sánchez que siempre fue por libre. La política rara vez concede segundas oportunidades y el proyecto de Sánchez mordió la manzana. Como aprendimos con las mejores novelas de espías, los servicios de inteligencia de todos los países son expertos en conocer las debilidades del enemigo y la biografía oculta de algunos personajes no suele ser demasiado original precisamente. Al final siempre acaba apareciendo una triste y sucia historia de dinero, corbatas y locales de alterne que lo arruinan todo con el aplauso de la bancada de la derecha, que se congratula, al fin, de haberlos corrompido. Bienvenidos, parecen decir, a los relojes caros, las señoritas y el tres por ciento. Ahora ya sois uno de los nuestros, pasad y acomodaos, aún queda alguna celda libre en Soto del Real.

Porque siempre hay un intermediario que en nombre de tal o cual constructora ofrece un pedacito y saben perfectamente que cuando alguien pega el primer bocado va a querer la manzana entera. Y esa es la peor de las derrotas, la derrota de la razón política. Por eso duele tanto ver la mancha en la solapa impoluta de Sánchez. Por eso no existen atajos para la reparación moral en democracia que no sea la asunción de responsabilidades inequívocas. Por eso ver al otrora entrañable Imanol Arias defendiendo su derecho a robarnos dos millones de euros a todos los españoles después de forrarse durante décadas en la televisión pública. Los espectadores no merecíamos un final así para Antonio Alcántara. Cuando los nuestros se comportan como los otros, no hay condena que nos consuele.

De la jaula

Juanjo Cáceres

La metáfora que denomina «jaula» a una celda resulta tremendamente afortunada y hemos visto usarla multitud de veces con una efectividad innegable. Ahora bien, las celdas tienen un componente de castigo y ejemplaridad que no tienen, por ejemplo, aquellas jaulas que usamos con los animales. En este otro caso, su existencia responde más a una voluntad de apropiación o incluso de protección, y aunque la «jaula» de un preso también represente una apropiación -de su libertad, de su movilidad, etc.-, ciertamente muestra una connotación totalmente distinta.

La entrada en prisión de Santos Cerdán, del que podríamos decir que actualmente se encuentra «enjaulado», dicen que supuso otro duro golpe para la imagen del PSOE. Y representaba ya el tercero, siendo el primero la aparición de los audios y el segundo la entrada de las fuerzas policiales en la sede central, a la búsqueda de pruebas. No parece haber mucha diferencia entre el primero y el tercero, pues uno conducía directamente al otro, pero qué duda cabe de que la misma información presentada en días distintos duele dos veces y que la entrada en prisión es un poderoso significante.

En todo caso esta secuencia de noticias nos ayuda a reflexionar sobre una pregunta clave: donde acaba Cerdán y donde empieza el PSOE. Una pregunta dolorosa, que en realidad escuda una amarga verdad a la que tendremos que ir llegando: que esto no es un problema de una persona, ni de un partido, sino de una forma de hacer política y de gestionar las instituciones.

Porque el caso Cerdán es, en realidad, un auténtico agujero negro en la política española, capaz de aplastar mucho más de lo que se supone que va a aplastar. La oposición está poniendo mucho esmero en que se convierta en la tumba de Pedro Sánchez, pero debe ir con cuidado, porque lo que implica Cerdán no pone las cosas fáciles al otro gran actor del bipartidismo. Y no solo porque los casos de corrupción, de cobros ilegales y de tráfico de influencias lo tengan también terriblemente pringado, sino porque Santos nos recuerda que este proceder es un rasgo inherente de los grandes partidos.

Del caso Cerdán -que curiosamente rima con «Roldán»- se desprenden, además, relaciones peligrosas con grandes empresas de infraestructuras, de las que ya existen abundantes precedentes de contribuir al enriquecimiento a través de comisiones a representantes del poder político. No olvidemos, por ejemplo, el famoso «3 per cent» de Pasqual Maragall, que luego descubrimos que se había quedado corto. Quizás lo más sorprendente de lo acontecido estos días sea que todo el mundo se eche las manos a la cabeza, tras haber olvidado lo que ocurre en algunos ámbitos muy proclives a generar fenómenos corruptivos. Bien valdría aquí un “cuando el sabio señala a las grandes empresas de obras públicas, el necio mira el dedo de Cerdán”. ¿O es que realmente alguien cree que esto no es estrechamente dependiente de un sistema de primas a políticos bien engrasado, que nos evoca otros grandes éxitos, como las puertas giratorias?

Pero lo que sí que resulta meridianamente cierto es que, a parte del presunto convicto, el otro gran actor enjaulado es el partido de Pedro Sánchez. Visto desde fuera y dejando de lado el temor que suscita la llegada de según quien, al Gobierno de España, la verdad es que todo resulta muy esperpéntico. El aterrizaje de las metáforas marineras en el Comité Federal del pasado sábado, más cercanas a Moby Dick que a El viejo y el mar, parecen redactadas por un cachondo, porque ese capitán que dice que se mantendrá al frente de la nave recuerda bastante, junto a sus acólitos, a la tripulación del célebre barco “El català”, que como todo calellenc o calellenca sabe, pese a la tentativa de silenciar El meu avi, “varen morir a coberta, varen morir al peu del canó”.

El caso es que es imposible que de todo esto vaya a salir nada bueno, pero ya lo dijo Freddy Mercury, Show Must Go On, y si uno se detiene a pensar en lo que va a venir después, es capaz de imaginarse circunstancias mucho más esperpénticas. Ahí están Ayuso, Mazón y unos cuantos más para empezar a apreciar lo que se acerca y para que a nadie le entre tampoco demasiados ataques de urgencia. De ahí que se imponga el mejorar los espectáculos y las escenografías, porque la coherencia del argumento de la obra está muy comprometida por ese conjunto de cambios de guion de última hora y la cancelación de la temporada otoñal puede producirse en cualquier momento.

La crisis de la globalización neoliberal

Dávid Rodríguez Albert

La globalización neoliberal, como última etapa del capitalismo que se ha ido afianzando a partir de los años ochenta del siglo pasado, se ha definido en las últimas décadas bajo los mantras ideológicos de la liberalización, la desregulación y la privatización. Este modelo ha promovido la apertura de fronteras para el capital, generando un mercado global en el que las grandes corporaciones han impuesto sus reglas y los Estados han ido perdiendo poder frente a intereses privados.

La liberalización de mercados ha obligado a los países de la periferia a competir en condiciones desiguales, mientras las transnacionales consolidaban su influencia sobre los gobiernos y distorsionaban el supuesto “libre mercado”. La desregulación, lejos de significar ausencia de normas, ha consistido en establecer legislaciones al servicio de los grandes grupos económicos, generando una especie de casino financiero global que desembocó en la crisis de 2008. Paralelamente, la privatización se ha convertido en un proceso de socialización de pérdidas, recortes en los servicios públicos y concentración de riqueza en manos de una élite económica que ha ido vaciando de contenido a las denominadas “democracias liberales”. En el ámbito laboral, el neoliberalismo ha impuesto una “flexibilidad” que ha significado precarización y fragmentación de la clase trabajadora, siempre en beneficio de las empresas. 

A escala internacional, las cadenas de producción se han ido deslocalizando hacia países con menores salarios y la deuda externa se ha utilizado como herramienta de disciplina para los países del Sur Global, obligados a priorizar los pagos por encima de los derechos sociales. Instituciones como el FMI, el Banco Mundial o la OMC han sido actores fundamentales en la expansión de estas políticas, condicionando la concesión de créditos a reformas estructurales que han profundizado las desigualdades y debilitado la soberanía de los Estados.

Este modelo no solo ha incrementado las desigualdades sociales, sino que ha acelerado una crisis ecológica que amenaza nuestra propia supervivencia, mientras la guerra y la violencia se han utilizado como instrumentos para controlar los recursos naturales bajo la hegemonía de Estados Unidos, que ha ejercido su poder económico, militar y cultural para sostener este orden. Sin embargo, hoy observamos que este modelo atraviesa una crisis profunda, y sus propias contradicciones han impulsado el ascenso de la extrema derecha en distintas partes del mundo, mientras se mantienen algunos de sus mecanismos, lo que genera una etapa confusa y contradictoria que exige de un análisis complejo pero riguroso.

El segundo mandato de Donald Trump ha acelerado esta crisis con políticas proteccionistas, aumento de aranceles, retirada de acuerdos multilaterales y defensa de un nacionalismo económico basado en la reindustrialización. Su rechazo de las deslocalizaciones y su desconfianza hacia instituciones como la OMC o la OMS reflejan un giro que profundiza el colapso progresivo de la globalización neoliberal y marca la transición hacia un nuevo escenario internacional. Sin embargo, Trump sigue defendiendo algunos pilares neoliberales como la desregulación bancaria, los recortes fiscales para las grandes corporaciones, la explotación laboral o el negacionismo climático. Su apuesta no es una ruptura total, sino un paso hacia un capitalismo nacionalista donde los Estados Unidos buscan mantener su ventaja a través de mecanismos unilaterales en vez de normas compartidas, a la vez que abandonan aspectos claves del liberalismo por entender que la globalización está socavando su hegemonía a costa del ascenso de otras potencias, especialmente China.

Nos encontramos así en un mundo en transición, con un auge de las áreas de influencia regionales, un mayor proteccionismo, tensiones comerciales entre bloques, más conflictos de carácter híbrido y complejo, y un crecimiento de la extrema derecha, mientras se resquebraja la legitimidad de las instituciones globales. Este escenario multipolar abre oportunidades para potencias intermedias y para los BRICS, pero también aumenta los riesgos de enfrentamientos indirectos en zonas estratégicas como Ucrania, Oriente Medio o África.

Comprender esta crisis de la globalización neoliberal resulta imprescindible para transformar la sociedad en un sentido democrático. La lucha por la paz y la justicia social debe integrarse con el combate contra la crisis ecosocial, apostando por un decrecimiento socialmente justo y una planificación económica que sustituya la lógica del beneficio privado por el bienestar colectivo. La redistribución de la riqueza, junto a la cooperación con actores como los BRICS, deben ser claves para construir un nuevo modelo que supere la etapa neoliberal de una manera más humana. Porque esta crisis no puede resolverse ni con más neoliberalismo ni con una nueva versión de autoritarismo reaccionario, sino con la construcción de alternativas que prioricen la vida, la justicia social y la sostenibilidad por encima de los intereses de las grandes empresas.

¿Tanta mala suerte puede tener una persona?

Carlos Hidalgo

En el increíblemente adictivo programa de Carles Porta, “Crímenes”, narraban una vez el caso de un hombre que sufrió un atropello, un atraco, un accidente de coche y al que, sin embargo, el riesgo de muerte le parecía perseguir. Hasta que finalmente se lo llevó por delante otro de esos “accidentes”. Luego, resultó que su esposa llevaba varios años tratando de matarle, hasta que al final lo consiguió.

Pero la frase de Carles Porta, tras resumir todos los “accidentes” es bastante significativa: “¿Tanta mala suerte puede tener una persona?” Definitivamente tenía que haber resultado sospechoso, sobre todo para el pobre afectado.

Como muchos crímenes, la tragedia podría haberse editado tomando decisiones que a primera vista parecen muy traumáticas y dolorosas pero que, a la larga, siempre serán mejores que el crimen y sus consecuencias. A veces la solución pasa por el divorcio, mudarse o simplemente cambiar de entorno, porque el que tenías te está llevando por el mal camino. Al protagonista del crimen narrado por Porta, definitivamente, le hubiera salvado la vida.

Algo parecido a la frase que pronuncia Porta pensé yo cuando el mismo sábado en el que se celebraba el Comité Federal en el que Pedro Sánchez iba a anunciar sus medidas de transparencia, limpieza y regeneración del Partido Socialista, ese mismo sábado, horas antes de que abrieran las puertas de Ferraz, resulta que uno de las personas claves en la nueva Secretaría de Organización, Paco Salazar, tiene detrás lo que parece una larga lista de comportamientos sexistas, baboseo a las mujeres y, en general, comportamientos que no se esperan de un socialista; ni siquiera de uno del siglo pasado.

Después de Ábalos, después de Cerdán, ¿tanta mala suerte puede tener una persona?

Tal vez la solución para Sánchez, igual que lo hubiera sido para la víctima del crimen, es cambiar de amistades y repasar un poco si las personas a las que ha dado su confianza realmente la merecen tanto.

Quizá la solución sea darse cuenta de que un Cerdán te vale para llamar a militantes en Navarra y recordarles “que voten bien”, que un Ábalos te puede solucionar un problema con las listas electorales sentándose a negociar con dos botellas de whisky y un cartón de Marlboro. Y que a la hora de custodiar cajas de avales o de guardar una puerta, un Koldo está bien. Pero no para nada más. Y cuando se ha dado demasiado poder a gente así, pues la cosa tiende a irse de las manos. Y eso hablando de gente más o menos solvente, porque si pensamos en personas como Leire Díez o el ex acalde de Jun, pues nos podemos llevar las manos a la cabeza.

Estoy seguro de que Pedro Sánchez desconfía mucho (vista su experiencia previa) de toda la gente del PSOE que no militaba en su bando, pero es que los rumores que corrían sobre Ábalos, Koldo, Cerdán o, en este caso, Salazar, eran señales de advertencia y no maledicencias de sus enemigos. Algunos de los cuales, por cierto, como Susana Díaz, harían muy bien en callarse porque no están para dar ejemplo de nada.

Incoherencia Habitacional Parte II: Las 50.000 viviendas

Marc Alloza

En la ya olvidada Conferencia de presidentes autonómicos parece que no se consensuó mucho. No fue ni hace un mes pero es que la política también ha contribuido a que este junio haya sido el más cálido desde que se tienen registros. Atrás queda el plan vivienda, los 200 puntos del día, el pinganillo etc, en definitiva, no pasará a la historia.

Volviendo al tema del artículo, no tengo constancia de que ninguna Comunidad se animara a que la protección oficial no prescriba. Esto hace que a la persona que le “toque” un piso casi le toque la lotería. En primer lugar porque va a tener acceso a una vivienda a un precio supuestamente por debajo del de mercado, cosa sólo al alcance de uno pocos claro, porque en caso contrario no habría tanta diferencia. En segundo lugar está el premio adicional que se recibe cuando se levanta la protección que, salvo raras excepciones, llega en forma de plusvalía que la va a pagar otra persona en su misma situación inicial o peor probablemente. Este doble o simple “beneficio” invita a lo que en este país es especialista: amiguismo, pillería y corrupción.

En este país se han hecho muchas promociones de vivienda de protección oficial (VPO) que, como dije, ya están a precio de mercado por lo que no contribuyen a la contención de los precios de la vivienda. Otro factor a analizar es el proceso de adjudicación. En general si la iniciativa es privada suele adjudicarlo el mismo privado. Esto en el pasado, y quizás se siga dando, ha conducido a casos como el de una persona que conocí que tenía un familiar de primer grado que era constructor o trabajaba en una constructora que edificaba total o parcialmente promociones de VPO. Esta persona como tantas otras de la primera década del siglo nuevo, individualmente, reunía los requisitos y se le adjudicó sin sorteo ni nada, una vivienda VPO de la constructora de su familiar. No sólo eso si no que en otra promoción de la misma constructora su primogénita también fue agraciada con un “pisito” VPO a la carta. Todo legal puesto que reunía los requisitos y como la adjudicación estaba delegada en la promotora, fin. Ya hace largos años que perdí la pista pero lo que sí sé es que esos pisos ya no tienen protección desde hace largo tiempo por lo que el precio de mercado puede fácilmente haberse doblado.

Otro caso que me han comentado recientemente, que no he podido verificar, es el de una promoción en dónde una administración pública, sin necesidad de publicitarlo en exceso, tenía un registro de centenares de candidatos para unas decenas de viviendas VPO de propiedad y otras tantas de alquiler.  En este caso se hizo un sorteo entre las personas candidatas y se repartieron las viviendas salvo según comenta, al menos una adaptada para personas con movilidad reducida que quedaría vacante. Ésta última, según mi fuente, fue adjudicada fuera de sorteo a una persona sin aparentes problemas de movilidad.

Otro caso que me contaron unos amigos, es que fueron a comprar una vivienda todavía catalogada de protección oficial. El vendedor así como la persona propietaria les solicitaron sin tapujos dinero en B por encima del precio pre-tasado de venta (esto a mí también me pasó y era la época en la que el banco, en mi caso Caja, “te lo arreglaba”; de la Caja ya no quedan ni las siglas). El piso tenía una distribución especial, no sé si incluso era un poco más grande que el resto, lo que justificaba el plus. El motivo de esta distinción era que la persona propietaria era descendiente del constructor.

Finalmente no se lo compraron pero se compraron otro en la misma promoción que al final les exigió mucho menos en B presuntamente. Para cerrar la operación se tuvo que recurrir a una de esas entidades especializadas en soluciones financieras complejas que tiene mecanismos efectivos para la ejecución hipotecaria en caso de impago.

Las promociones de VPO deberían ser 100% transparentes y auspiciadas por alguna Administración o ente público ya bien sea de promotor público o privado y que estuvieran auditadas por una administración u organismo superior.

Las 50.000 viviendas para 2030 en Catalunya

En octubre del 2024 saltaba la ilusionante noticia: Plan 50.000, una iniciativa estratégica que prevé la construcción de 50.000 nuevas viviendas públicas hasta el año 2030. Este programa representa una inversión anual de 1.100 millones de euros y tiene como objetivo ampliar el parque público de vivienda, garantizar el acceso a un hogar sostenible y todos los modelos sostenibles.

En febrero del 2025 la Generalitat adquirió 743 viviendas en distintas zonas de Catalunya. Parece que todo va bien. 

Reconocido por el mismo Departamento de vivienda, una de las principales dificultades para la construcción de vivienda pública, ya bien de compra como de alquiler, es la escasez de terreno edificable público que se pueda destinar por completo a tal efecto. En el año 2009 el Institut Catalán del Suelo (INCASOL), entidad urbanística especial de la Generalitat, con competencias urbanísticas en materia de planeamiento y gestión directa de terrenos, del patrimonio público de suelo y vivienda, compró una antigua fábrica en una zona con alta tensión habitacional. Pasaron los años y finalmente hace unos pocos se presentó un proyecto para edificar un edificio muy alto mucho más alto que el más alto que los del alrededor. Los vecinos rechazaron la propuesta por lo desproporcionado de la edificación que eclipsaría al resto de viviendas del barrio trayendo un trozo de Manhattan a orillas del Besós (he exagerado, quizás no era tan alto pero sí más soviético). El pasado mes, se presentó a los vecinos el nuevo proyecto. Éste consiste en una edificación, que también es más alta que el edificio más alto, pero no mucho más. Además incluye una edificación más baja y un equipamiento pensado inicialmente como una especie de auditorio pequeño. Hasta ahí todo bien. Adicionalmente se reurbanizará una placeta aledaña y un sector de parquecito muy venido a menos que sirve de cañada real para los perritos de los alrededores de camino su santuario de pipicán. Ahí, todavía bien pero mal porque justo antes se había hablado de otro proyecto del Área Metropolitana cuya ejecución estaba más cercana y que organizaba el resto de parque y se dejaba, para sorpresa de todos, esa ridiculez. Pero se llevaba esperando desde el 2009, no vendría de un poquito más.

Lo que no sabíamos es que aún faltaba lo mejor, lo que nadie sospechaba y es que hay que reconocer a veces la Administración con sus dirigentes al frente son unos maestros en los giros de guion, todo el mundo daba por supuesto el tipo de vivienda que iba a construir hasta que el regidor anuncia que de las viviendas que se van construir, el 25% se destinarán a vivienda pública de alquiler, otro 25% a vivienda de protección oficial y el 50% restante a precio libre. Es decir que la Generalitat compra un solar en 2009 para hacer vivienda pública y la mitad va a precio libre de mercado. “Es que si no los números parece que no dan” comentaban. 4.400 millones de euros para construir vivienda pública, se tiene un solar desde 2009, con todo lo que hemos pasado, con una fábrica abandonada sin uso alguno desde hace casi una década por recomendación de los bomberos y sólo se destina el 50% a vivienda pública (ahora es cuando se diría: me voy a la mutua, si fuera el caso, pero no es tan fácil). ¿Así se van a construir 50.000 viviendas públicas? No lo veo.

De mientras esta semana salía que en Barcelona el “problema de la vivienda”, asaltaba el número 1 del top five de preocupaciones de sus habitantes, desbancando a la seguridad que ha encabezado el ranking durante años.

De Futbología

Juanjo Cáceres

Mientras todo se derrumba, solo hay una cosa que sigue permanentemente en pie: el fútbol. Si hace unas semanas finalizaban todas las competiciones importantes, ahora el mundo gira su mirada a ese nuevo torneo ideado en los despachos del futbol global, denominado Mundial de Clubes. El planeta Tierra no puede estar ni un minuto sin fútbol y cuando acabe el Mundial, empezarán los partidos de pretemporada, los torneos veraniegos y ya algo más adelante, la edición 2026-2027 de la Liga y la Champions. La máquina de hacer dinero no puede detenerse, lo sabemos bien, pero pocas veces reflexionamos en profundidad sobre ello.

Sin embargo, hay quien sí lo hace y es por ello por lo que hace unos meses veía la luz un nuevo trabajo del psicólogo y antropólogo Luis Cantarero: Futbología. La cultura del fútbol industrial. Un libro que sigue la senda de obras anteriores, en especial la ya claramente marcada en ¡Cállate, papá! Padres y violencias en el fútbol industrial, pero llegando en esta ocasión mucho más lejos. Porque Futbología no es solo un ensayo que retrata esa parte del fútbol que es una mera estructura de negocio, que es capaz de producir entrenadores con escasos conocimientos y sensibilidad hacia las necesidades de los futbolistas más jóvenes o que fabrica y comercia con ellos desde esas grandes plantaciones deportivas que son las academias de fútbol. Futbología es también una visión sobre las familias, el ámbito académico, las relaciones de poder, los cambios sociales, las transformaciones que experimenta el mundo y sobre mil cosas más. Por todo ello merece la pena su lectura.

Son numerosísimos los puntos de interés señalados por el autor, pero es tal vez analizando los perfiles de los profesionales del fútbol donde tal vez podemos apreciar mejor su personalísima y afiladísima mirada. Su visión de los entrenadores (“enterradores”, en su vocabulario), de los preparadores físicos o de los dirigentes evoca un mundo profundamente deshumanizado donde los jugadores acaban siendo meras piezas de una partida infinita en la que solo gana todo lo que representa lo que él denomina fútbol industrial.

Futbología puede ser la lectura del verano perfecta, pues no solo es cómodo de transportar y de lectura amena, sino que además cada párrafo deja una idea que el autor, no siempre de forma consciente, invita a deshilachar. Otras veces no es una idea, sino una pregunta. Por ejemplo:

«Hostia», «Mecagüen mi puta madre», «Mecagüen Dios», «Haz caso de una puta vez», «Échale cojones», «Ya te puedes ir a casa si quieres», «Ahí tienes la puerta», «Venid aquí rápido, ¡va…! 10, 9, 8, 7, 6…» ¿Por qué somos tan permisivos con los enterradores de fútbol que hablan de ese modo?

En efecto, ¿por qué? Es una buena pregunta: ¿por qué el mundo del fútbol admite todo tipo de zafiedades que se producen a muchos niveles y que serían impensables en cualquier otro entorno profesional? Pero así se dirigen muchos entrenadores a jugadores menores de edad, repartidos en las categorías inferiores de un sinfín de clubes: con un tono nefasto para conseguir objetivos deportivos e inaceptable en cualquier otro lugar homologable. ¿Qué ocurriría si un profesor o profesora se dirigiera así al alumnado en un instituto de educación secundaria? Pero lo impensable en el colegio puede ser hasta habitual en instalaciones deportivas donde rueda el balón.

Y si seguimos pensando en ello, veremos que un entrenador de categorías inferiores no es tan distinto a un profesor. Es claramente un educador, alguien que debe enseñar cosas y por lo tanto de contribuir positivamente al desarrollo humano, cultural y ético del deportista. Como el propio autor da a entender, no es algo para lo que tal vez valga cualquiera, ni aun menos alguien con una formación dudosa y un interés nulo en los demás.

Así transcurre toda la relación entre este libro y el lector, a modo de diálogo interno. Futbología nos recuerda lo evidente, pese a que muchas veces lo neguemos o no lo reconozcamos. Nos plantea dilemas sobre los que meditar. Nos ofrece soluciones, cuya implementación sería muy simple si no fuera porque las estructuras suelen ser más poderosas que las buenas intenciones.

Y como en ocasiones anteriores, es también un homenaje al fútbol, pero no al industrial, ni tampoco al “artesanal”, sino al que surge de nuestra necesidad de divertirnos, de competir amistosamente, de estrechar lazos comunitarios y de mover esos cuerpos atrapados por el sedentarismo. Necesidades humanas, como humanista es la visión de un autor que, una vez más, no deja a nadie indiferente.

Aceptemos responsabilidades

Verónica Ugarte

Han sido publicados los temidos resultados acerca de cómo se aplican nuestros jóvenes en la escuela. Matemáticas con bajos niveles. Leí en diagonal los resultados, ya que lo que me llamó poderosamente la atención fueron las críticas hacia el sistema educativo por parte de padres, casi pidiendo la cabeza de profesores, a quienes culpan de los malos resultados de sus hijos.

El sistema educativo que viví no fue el mejor, pero tenía una red de soporte que nunca me falló y que cuidó de mi educación: mis padres y hermanos. Los deberes los hacía con quien estuviera en casa nada más terminar de comer. En Barcelona he pasado por la experiencia de lidiar con un sistema diferente, pero como madre, la responsabilidad estaba en adaptarme y hacer todo lo posible por dar a mi hija el mismo cuidado que me dieron a mí.

Cada día revisaba la agenda escolar, preguntaba cómo había ido el día y me ponía con ella para hacer deberes juntas. Ya eso es prueba de fuego: aprender la gramática castellana que difiere de la que aprendí en México. Eso solo para empezar, pero seguí a rajatabla el sistema de mis hermanos, donde el maestro no está solo en su trabajo y debe ser apoyado por la familia del alumno. 

Gracias a ello, la escuela fue un paraíso para mí, a la par que disfruté de las ocurrencias locas de mis padres, mismas que he pasado a mi hija: la lectura y la pintura. Mi madre me inoculó el veneno de la lectura a los seis años con Oscar Wilde. Mi padre me llevó a los nueve años a ver “Los Picassos de Picasso”, exposición itinerante que caló en mí.

Los chavales de ahora, y antes de ahora, tienen una gran barrera: los padres. No lo afirmo de manera superflua. La manera en que falta respeto, educación y disciplina no ayuda al trabajo de un maestro. Es casi imposible dialogar con un padre que exige que se le rían las gracias a su hijo y que no sea castigado, así lo hayan pillado pinchando una rueda.

No falta razón cuando se exige encarar los fallos del sistema educativo. Pero también hay que encarar los de la sociedad. No es aceptable que un padre se queje porque le ha dicho el tutor de su hijo que debe hacer los deberes con él y que debe también leer con él cada día. No vale decir que no hay tiempo, que se está cansado, que nadie le dice cómo educar a un hijo.

Demasiadas veces vi niños abandonados, de manera figurada. Mis compañeros de clase no tenían el apoyo y exigencias que tuve yo. Mi hija era la única que tenía libros desde los cuatro años. Y se puede seguir hasta el infinito. No puedo afirmar que hubo excelencia en ambos casos, pero si hubo responsabilidad, amor y toda la intención de formar, no solo para aprobar, sino para entender, disfrutar y reír.

Porque el saber sí que ocupa lugar. En la mente y en la decencia. Como sociedad, estamos dejando a su suerte a jóvenes que el día de mañana no serán capaces de encontrar un trabajo. No solo por falta de oportunidades, sino también por talento desperdiciado.

Le estamos allanando el camino a la extrema derecha, sea VOX o Aliança Catalana, ya que la ignorancia y la demagogia son la columna vertebral de sus discursos.

Si somos padres, tenemos una función y una responsabilidad mucho más importante de lo que creemos. No apoyar a la escuela no es una de ellas.

“El Maestro que prometió el mar” es una bella película acerca de los problemas de la enseñanza y sus logros. La recomiendo.

Apaciguamiento con ridículo incluido

Carlos Hidalgo

Neville Chamberlain es posiblemente uno de los primeros ministros de más infausto recuerdo en el Reino Unido. Su política de apaciguamiento a Hitler, sus idas y venidas a Alemania, dedicadas a lidiar con los cambios de humor, las mentiras y las falsas promesas del líder nazi. Chamberlain hizo lo propio con Benito Mussolini, pensando que creaba un canal de comunicaciones privilegiado que le permitiría crear brechas en la alianza nazi-fascista. Nada de eso sirvió.

Después de cada una de sus gestiones, el primer ministro llegaba a la Cámara de los Comunes ofreciendo garantías de paz y estabilidad en Europa, presumiendo de comunicarse con los líderes fascistas en su propio lenguaje y dibujando perspectivas optimistas que tardaban apenas días, a veces incluso horas, en desvanecerse. De hecho, tanto Hitler como Mussolini se reían de Chamberlain y usaban su comportamiento como señal de que podían seguir llevando a cabo sus planes con impunidad y el representante de la debilidad y el miedo de las democracias.

Cuando Alemania terminó de llevar al mundo a la guerra y Chamberlain fue forzado a abandonar el cargo, es cuando dicen que Churchill pronunció su famosa frase de «Os dieron a elegir entre el deshonor y la guerra. Elegisteis el deshonor y ahora tendréis la guerra». Pero creo que pocos deshonores hay como la vergüenza provocada por el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, una persona que nos tiene acostumbrados a algunos de los comportamientos más deshonrosos que hemos vivido en Europa en las dos últimas décadas.

Rutte presume de “hablar trumpiano”, de saber cómo distraer y halagar al presidente estadounidense de tal manera que pueda lograr sus objetivos. Pero el caso es que ningún éxito se ha logrado en la última cumbre de la OTAN, salvo comprometer un gasto en defensa exagerado e innecesario, desviar la atención de que la defensa europea debe ser independiente y fortalecerse en un contexto diferente al de la marchita Alianza y obtener de Trump la reiteración de que piensa incumplir el artículo 5 de la OTAN, además de más amenazas a los países aliados, entre ellos España.

El ex primer ministro de los Países Bajos lo que ha logrado es una infinita serie de caricaturas en las que su cabeza aparece bien metida en el culo del presidente de los Estados Unidos. Caricaturas publicadas en su país y en el resto del mundo.

Entiendo las críticas a Pedro Sánchez por declarar abiertamente que las exigencias de Trump a la OTAN son exageradas e irreales. Y pueden debatirse. Pero lo que no entiendo es el vergonzante silencio del resto de aliados, que ven igual de vergonzosa y de fútil la actitud aduladora del secretario general de la OTAN, que no ha logrado ninguna garantía de Trump, ni ningún beneficio para los aliados.

Chamberlain pudo resultar un personaje triste, algo patético, alejado de la realidad y puede que ingenuo y bienintencionado. Rutte es un cínico profesional, un acreditado xenófobo populista y cuya rastrera actitud hace que el deshonor que cayó sobre Chamberlain parezca una brisa primaveral, comparada con las flatulencias del neerlandés.

Y en esto llegaron las vacaciones

Arthur Mulligan

En el corazón urgente de los españoles preocupa más, mucho más, la organización de las vacaciones de verano que el destino de las tramas corruptas infiltradas en torno al Gobierno y su Presidente. No hay que dejar cabos sueltos en la pequeña logística de andar por casa que puedan malograr ese deseo de tiempo muerto liberador con el que poder llegar a ocupar una buena plaza acorde a sus gustos y posibilidades y sentirse extranjero en su tierra, paladeando los placeres de la vida que pasa y elevándose de preferencia con sus conversaciones privadas sobre los ecos de las disonancias – vulgares en su tosquedad – de una clase política agotada en la ciénaga.

Imposible conservar en el viaje la memoria de Podemos – ¿recuerdan? – ese rabioso ejemplo de sectarismo negativo y hostil, hoy periclitado tras el mostrador de una tasca barojiana mal administrada, que nunca pudo tomar el cielo como quien se toma una cerveza, pero sí atraer con sus discursos populistas a un PSOE en horas bajas aunque sensible a la ambición intelectual impostada de un visionario celeste como José Luís Rodríguez Zapatero.

Fue entonces cuando apareció el soniquete republicano frente a la real polítik de la Constitución de 1978 con sus artículos repletos de sentido de Estado como la posibilidad de planificación de la actividad económica y la subordinación de la riqueza, en sus diferentes formas y sea cual fuere su titularidad, al interés general; un republicanismo de pandereta, acartonado, en donde la diversidad sustituye con su fragmentación a la igualdad universal de la ciudadanía.

Hoy, los socialistas de Sánchez han aceptado acríticamente la supresión de los instrumentos de participación política para convertirse en plataformas puramente electorales, diseñadas a imagen y semejanza del líder, sin ningún nivel intermedio de control o fiscalización, sustituyendo la deliberación por una interlocución directa del líder con las supuestas bases. Las primarias se han convertido en el trampantojo característico del populismo: lejos de aumentar la democracia interna de los partidos, han promocionado el cesarismo y la eliminación de contrapesos internos. De hecho, puede ocurrir – si no hay cambios en un futuro mediato – que el gran partido socialdemócrata que fue termine sus días como el PASOK, el PSI o el PSF.

Pablo Iglesias ya lo ha conseguido con los suyos, pero al ser portador de la variante más tóxica del populismo izquierdista, ha infestado el bloque socialista y sus mutaciones locales con restos de su ADN. Sánchez, por su parte, al carecer de un corpus doctrinal, es inmune a todo menos a perder parcelas de poder por acción u omisión. Las encuestas publicadas señalan desafección en parte de un electorado que espera acontecimientos para decantar su voto.  

Es desalentador que la inminente aprobación de la constitucionalidad de una Ley inspirada por el mismo que juzgará su constitucionalidad preceda a un tiempo de descanso.

Dicen Manuel Aragón, Enrique Gimbernat y Agustín Ruiz Robledo:

«La notoria mayoría que en el mundo del Derecho español ha alcanzado esta tesis (la de la inconstitucionalidad de cualquier ley de amnistía) siendo un indicio a tener en cuenta, no es, sin embargo, una prueba de su corrección. Una solución jurídica no es correcta sólo por el número de sus seguidores, sino por el rigor de las razones que la sostengan. A nuestro juicio, las razones que avalan la inconstitucionalidad de la Ley Orgánica de Amnistía son más rigurosas que las que sostienen, como hace la ponencia filtrada, su constitucionalidad.»

«La idea de que el legislador puede hacerlo todo menos lo prohibido por la Constitución hay que tratarla con seriedad y no con frivolidad. Por ello es necesario tener en cuenta en primer lugar que esa idea está al servicio del pluralismo político, pero sin olvidar que el pluralismo no avala la producción de leyes contrarias a las previsiones constitucionales, como es obvio»

«La atribución en exclusiva al poder judicial de la función jurisdiccional (lo que comprende, en el árbitro penal, la constatación de la producción de delitos previstos en el código penal y la atribución de las penas correspondientes) implica la prohibición de que esa función material pueda ser desempeñada por el legislador. El legislador puede derogar delitos. Pero mientras subsistan en el código penal, solo el poder judicial puede juzgarlos. Como muy bien dice el artículo 11 7.3 CE “el ejercicio de la potestad jurisdiccional en todo tipo de procesos, juzgando y haciendo ejecutar lo juzgado, corresponde exclusivamente a los juzgados y tribunales”»

A mí estos razonamientos me parecen de superior calidad a los que contiene el proyecto de sentencia, no obstante, me voy a visitar paisajes en uno de cuyos templos descansa el Doncel de Sigüenza, esculpido en alabastro policromado y le susurraré al oído el nombre del traidor.

Estos días aciagos traen disputas en las redes normalmente inspiradas en la mala conciencia sobre las corruptelas pretéritas de la oposición que algunos condenamos en su día y que pagaron su precio político personal y en su representación. Una reproducción de las espantosas sesiones de control a la oposición. Cierto que aún no hay sentencias en las últimas, pero con solo lo pasado cabe decir sin lugar a dudas que el montante económico de las tramas de corrupción vinculadas al PSOE, especialmente por el caso ERE, es objetivamente mayor que el de Gürtel o las recientes tramas socialistas investigadas, sin entrar en valoraciones sobre la gravedad penal o el reproche ético de los hechos.

Entre 2000 y 2020, el PP concentra el 40,5% de los procedimientos por corrupción, mientras que el PSOE el 38,3%. Ambos partidos suman el 75,8% de los casos de corrupción política en España. La cuestión diferencial está en que ahora toca el turno socialista y debe pasar por caja hasta que de una vez por todas se decidan a tomar medidas de control mediante garantías en la mesa de contratación de obras y servicios.

Acabo de ver el espectáculo de Sánchez y su traca final en la cumbre de la OTAN, la grosería del encaramiento, sus malos modales y las mentiras que acompañan a sus gestos.

Sánchez ha fracasado. Su gobierno pretendía terminar con la corrupción y sus dos secretarios de organización la extendieron. Esto por sí mismo es suficiente y justifica una dimisión. No tiene presupuestos y los escándalos se le acumulan. Cada semana un sobresalto. Aislado en el exterior, aborrecido en el interior. Su partido en cuarentena.  

Y como en el bolero, sin rumbo y en el lodo.

Si vis pacem, no confíes en Trump

Julio Embid

«Si quieres la paz, prepárate para la guerra». Es la frase latina que los imperios han utilizado durante siglos para justificar ejércitos cada vez más grandes y conflictos cada vez más inhumanos. Pero hoy, más de dos mil años después, cabe reformularla: si vis pacem, si de verdad queremos la paz, no confiemos en quienes comercian con la guerra. Y Donald Trump es su máximo exponente. Trump no solo representa un peligro para la democracia en Estados Unidos, representa una amenaza global. Su desprecio por las instituciones internacionales, su afinidad con líderes autoritarios como Vladimir Putin, y su falta de empatía por los pueblos que sufren guerras – desde Ucrania hasta Gaza, desde Sudán hasta Irán – le convierten en un factor de desestabilización global.

Cuando Trump dice que dejaría sola a Ucrania si no paga, lo que está haciendo es alentar una invasión imperialista como la de Rusia, que atenta contra la soberanía de un país europeo. Cuando justifica los bombardeos indiscriminados de Israel en Gaza o lanza acciones militares unilaterales de EE.UU. en Irán, ignora el coste humano y abre la puerta a más odio, más terrorismo, más sufrimiento.

España no puede ser indiferente. Somos un país de frontera. Geográficamente, estamos en el cruce entre Europa Occidental, América Latina y el Magreb. Y eso nos convierte en algo más que una posición estratégica: nos convierte en un punto de encuentro, en un lugar donde se puede y se debe vivir bien, en paz y en democracia.

Claro que necesitamos un ejército. Nadie cuestiona la necesidad de unas Fuerzas Armadas profesionales, preparadas y con medios. Pero el orgullo que muchos sentimos por la UME, la Unidad Militar de Emergencias, muestra cuál debería ser el espíritu de nuestro tiempo: soldados que ayudan ante incendios, inundaciones, terremotos. Que salvan vidas. Que protegen, no que invaden.

Frente a los agoreros de la confrontación y los vendedores de miedo, España debe ser un país que construya puentes entre países. No trincheras. Apostamos por la diplomacia, la cooperación y la justicia internacional. No por la lógica de la fuerza bruta ni por el poder del más fuerte. Por eso insisto, si vis pacem, no votes a y tampoco confíes en Trump. No es de fiar. No es de los nuestros.