El premio FIFA de la paz está un poco devaluado

Carlos Hidalgo

Yo quería hablar de la desclasificación de los papeles del 23F, que acabó coincidiendo con la muerte de teniente coronel que fue la cara del golpe. Una desclasificación que nos trajo pocas novedades, aparte de saber que la esposa de Tejero le llamó de todo por su participación en el golpe y la posterior gestión de su fracaso. Si no hubiera pasado nada más y me hubiera dedicado a escribir en esta entrada solo acerca de la desclasificación, la hubiera titulado “la desclasificación del gilipuertas”, por usar solo uno solo de los apelativos que dirigían a Antonio Tejero los miembros de su familia.

Pero no ha podido ser. Tras unas negociaciones entre EE.UU. e Irán que parecían ser prometedoras, pero que han resultado ser un paripé, los gobiernos de Trump y de Netanyahu han decidido realizar una campaña de bombardeos masivos en Irán, con el objetivo de desestabilizar a la república islámica y de matar o incapacitar a la mayor parte de sus líderes. Y así ha sido.

En la mañana de ayer teníamos la confirmación de que el ayatolá Ali Jamenei, sucesor del fundador del régimen teocrático iraní, Jomeini, había muerto como consecuencia de los bombardeos. Y junto a él, otro medio centenar de importantes cargos o miembros del sector más duro del régimen chií, como el ministro de defensa, el responsable de la Guardia Revolucionaria Islámica e incluso el expresidente Mahmoud Ahmanideyad.

Los israelís calculan que, si la campaña dura un poco más, el régimen perderá la capacidad de reprimir las protestas como venía haciendo los últimos 50 años. Pero tampoco está nada claro qué puede pasar después, porque no hay una oposición organizada en el interior del país, ni la de exilio tiene apoyo o capacidad para impulsar un cambio de régimen. De hecho, antes del ataque la CIA desaconsejaba matar a Jamenei porque todos sus datos indicaban que la muerte del ayatolá, aparte de convertirle en un mártir, solo lograría que el sector más intransigente del régimen le sustituyera por alguien más dispuesto a reprimir a la población y a redoblar las acciones hostiles a occidente que Irán desempeñaba en todo el mundo.

Está por ver hasta qué punto esto debilita o noquea al régimen iraní, lo cual tendrá repercusiones en todo Oriente Medio, una zona que ya sabemos que no es conocida especialmente por su estabilidad. Irán, como actor regional, era un contrapeso no solo para Israel, sino para todos los países árabes a su alrededor, especialmente Arabia Saudí. Los iraníes no son étnicamente árabes, sino persas y la rama del Islam por la que se rigen no es la mayoritaria sunní, sino la chií, que es considerada por las ramas más radicales de los sunníes como herética.

Además, Irán controla el estrecho de Ormuz, que es clave para el comercio de petróleo al transitar por él el 20% del suministro mundial. Y ese estrecho, desde que comenzaron los bombardeos, se encuentra actualmente cerrado. Así que esta semana que comienza va a ser tormentosa en lo que al mercado de la energía se refiere, salvo que Israel y EE.UU. consigan forzar la apertura de dicho estrecho.

A Rusia esto tampoco le ha hecho mucha gracia. El papel de Putin como garante de la seguridad del régimen iraní ha saltado por los aires y todo esto le ha dejado bastante en ridículo. Aparte de un tema no menor: a diferencia de la extinta URSS, la Rusia de Putin no inventa, ni innova; solo compra lo producido en el exterior y le cambia la marca por una rusa. Esto ha pasado con casi toda su industria pesada y pasa con su industria de drones. La mayor parte de los drones que Putin lanza contra Ucrania son iraníes que, o bien son comprados directamente, o se montan en Rusia con licencia de Irán.

Las represalias de lo que quede del régimen de los ayatolás (que por ahora es bastante) y de sus simpatizantes y grupos satélites, aún están por verse, pero el cierre de Ormuz ha dejado claro que piensan hacer todo el daño que puedan, ya sea como defensa, como venganza, o como ambas.

Trump, el presidente que quería coger un Nobel de la Paz por la fuerza, que se inventa haber acabado con guerras que no conoce y que prometió que huiría del intervencionismo de sus predecesores para reinventar la doctrina Monroe de “América para los americanos”, ha incurrido en una contradicción más. Y, aparte de tener que lidiar con el descontento de parte de sus seguidores, tendrá que lidiar igualmente con la legalidad de su ataque, pues es el Congreso de los Estados Unidos quien tiene que autorizar cualquier acto de guerra, por eso él mismo y los miembros de su gobierno evitan decir “guerra” y sería hasta gracioso que lo calificaran de “operación especial”, como hace Putin con su igualmente ilegal invasión de Ucrania.

Rusia, nihilismo y autocracia

Arthur Mulligan

Como uno más de los ciudadanos europeos, asisto a una forma de continuidad del bolchevismo en la que se educó Vladimir Putin caracterizada por el rechazo de la primacía de la ley como base del buen gobierno, por la obsesión con el enemigo interior y exterior -cuyo destino no puede ser otro que la eliminación- y por la huida hacia adelante imperial como fuerza legitimadora. Todo ello se resume en una voluntad de hegemonía sobre una Europa relativista y debilitada por sus vicios y por entramados leguleyos que asfixian la toma de decisiones e impiden el expansionismo existencial que el régimen atribuye a la madre patria. Cuatro años después del inicio de la invasión rusa de Ucrania, las cifras hablan por sí solas: más de dos millones de muertos y heridos.

El agresor insiste en que los europeos deben cesar su obstinado suministro de apoyo logístico a Kiev y priorizar la construcción de un “sistema de seguridad” junto a quienes son, precisamente, los autores de la inseguridad. Tras doblegar a Ucrania a sangre y fuego, Rusia pretende que olvidemos los miles de crímenes de guerra cometidos, que olvidemos la OTAN, que olvidemos nuestros sistemas de alianzas, lo que somos y aquello que nos diferencia.

Paralelamente, una extrema derecha europea simpatiza con Putin por afinidades ideológicas profundas: nacionalismo, conservadurismo social y rechazo del multiculturalismo promovido por la U, valores que estos movimientos creen ver reflejados en el modelo ruso de Estado fuerte y liderazgo autoritario. Aunque esta simpatía pueda parecer inopinada, dada la tradición anticomunista de estos grupos, Putin se presenta como defensor de valores “tradicionales” -cristianismo ortodoxo, oposición a los derechos LGTBI y control migratorio-, lo que lo convierte en un referente alternativo al progresismo liberal europeo. Comparten, además, un rechazo común a la globalización y a la OTAN, percibidas como imposiciones externas que erosionan la soberanía nacional. Putin encarna para ellos la figura del “hombre fuerte” que subordina los derechos individuales a la identidad nacional, en una línea similar a la de líderes como Viktor Orban en Hungría o Salvini en Italia.

Rusia ha financiado partidos como el Frente Nacional de Marine Le Pen -nueve millones de euros en 2014- e invitado a dirigentes ultras a Moscú, fomentando redes que buscan debilitar a la UE desde dentro. Esto incluye la difusión de propaganda compartida contra Ucrania y la inmigración. Figuras como Le Pen, Salvini o el FPÖ austriaco, han elogiado públicamente a Putin pese a la invasión de Ucrania. En 2026 esta simpatía persiste, reflejada en el auge electoral de formaciones prorrusas en Francia, Países Bajos y Eslovaquia.

La UE ha impuesto sanciones específicas contra la propaganda rusa desde 2022, suspendiendo la emisión de medios estatales como RT y Sputnik por su papel en la desinformación sobre Ucrania. Estas medidas, prorrogadas hasta julio de 2026, incluyen prohibiciones de radiodifusión en todos los formatos y la congelación de activos de entidades y personas clave.

También existen afinidades ideológicas prorrusas documentadas en partidos de la extrema izquierda europea, aunque con menor respaldo financiero que en la extrema derecha. Estas afinidades se basan en críticas compartidas a la OTAN, a la UE y a Occidente, así como en llamamientos a levantar las sanciones contra Rusia.

En Die Linke (Alemania) se mantiene una posición escéptica hacia la OTAN, con defensa de vínculos económicos con Rusia y reticencias a calificarla como Estado agresor en Ucrania. Podemos (España) ha mostrado colaboraciones con RT y Sputnik y posturas calificadas de equidistantes respecto a la guerra. Syriza (Grecia) ha mantenido históricamente una actitud abierta hacia Rusia y crítica con las sanciones europeas. Otros partidos, como AKEL en Chipre, el KSČM checo, el Partido Comunista Portugués o el Partido Socialista Búlgaro, exhiben afinidades ideológicas similares.

La convergencia entre ambos extremos incluye elogios al supuesto “antifascismo ruso” por parte de la izquierda radical y el rechazo compartido de la narrativa de agresión en Ucrania. Rusia invierte en medios afines y en narrativas anti-UE con fines desestabilizadores, beneficiando simultáneamente a la extrema derecha y a la extrema izquierda.

En la actualidad, pese a la imagen oficial de unidad de la OTAN, España es percibida como un actor disonante y se encuentra bajo escrutinio dentro de la Alianza.

Así se configuran los afectos cambiantes hacia Rusia en el interior de la UE. Aunque en el putinismo hayan desaparecido las referencias explícitas al marxismo-leninismo, la visión maniquea de un “ellos” contra “nosotros” sigue estructurando el sustrato continuo de su conciencia política.

Según la historiadora Françoise Thom un rasgo recurrente de la historia rusa es la capacidad de autodestrucción del propio pueblo ruso, y la guerra de Putin contra Ucrania sería su manifestación más reciente. El núcleo del problema reside en la ausencia de una sociedad civil estructurada. El concepto central de los ideólogos putinianos es revelador: aquello que garantiza la cohesión del Estado. Se trata de un concepto ágrafo: el autócrata, la verticalidad del poder, la Iglesia ortodoxa, los valores tradicionales o incluso Gazprom. Este concepto refleja la fragilidad percibida del Estado ruso, que, carente de vertebración institucional, necesita un corsé exterior para contener una sociedad no organizada en torno a instituciones sólidas. El sentimiento de precariedad estatal es constante entre autócratas y élites rusas, que temen una revuelta descontrolada del pueblo.

Ese mismo temor explica el bloqueo de las tentativas reformistas de los zares en el siglo XIX y la alergia de Putin hacia la libertad, a la que identifica con la anarquía. Todo su mandato puede entenderse como un proceso de erradicación sistemática de las libertades adquiridas en las décadas anteriores. La guerra contra Ucrania culmina este proceso: el Kremlin se siente desestabilizado por la existencia de vecinos libres y utiliza el conflicto como pretexto para liquidar los últimos espacios de autonomía ciudadana, en particular Internet y la empresa privada.

Surkov. uno de los ideólogos del régimen putiniano, sostenía que Rusia debía exportar el caos al exterior para estabilizar su régimen interno. La voluntad de subvertir el orden internacional ya estaba en el corazón del bolchevismo y sigue siendo la fuerza motriz del putinismo. La existencia de leyes limita el poder del soberano, y el régimen comunista se construyó sobre la destrucción del derecho, sustituido por la violencia.

No son pocos los historiadores sorprendidos por la perseverancia de los dirigentes del Kremlin en la consecución de su objetivo último: la hegemonía rusa sobre el continente europeo. El debilitamiento de las democracias occidentales aparece para Putin como una oportunidad histórica. El Ministerio de Asuntos Exteriores y los servicios de inteligencia rusos conservan una memoria institucional transmitida de generación en generación, en marcado contraste con democracias incapaces de sostener políticas a largo plazo.

Tras la Guerra Fría, las distintas administraciones estadounidenses prescindieron de sus sovietólogos, y la carencia de expertos en materia rusa se deja sentir de forma dramática. La política del Kremlin no puede comprenderse sin una perspectiva temporal amplia. Desde el lanzamiento del Plan Marshall en 1947, la finalidad estratégica de Stalin fue la expulsión de los estadounidenses de Europa.

La campaña comunista contra el Plan Marshall y contra la integración europea recuerda de forma inquietante los argumentos de los soberanismos actuales.

Solo podemos intuir la complejidad y escasez de la información que nos llega de Rusia, cuyo anclaje histórico quizá permita explicar la barbarie objetiva -por coherente que sea desde un punto de vista militar- del plan del Ejército ucraniano para el próximo año, consistente en causar 50.000 bajas rusas al mes.

Solo un Estado liberal europeo, robusto y adecuadamente armado, con una disuasión suficiente basada en el imperio de la ley y en alianzas sólidas, podrá hacer frente a los desafíos que se perfilan en un horizonte dominado por el ruido y la furia nihilista.

Pero hay señales muy positivas a pesar de todo. Como la que recogía en El Mundo el excelente periodista Rafa Latorre. un pasaje del juez Neil Gorsuch en el Tribunal Supremo de los EE.UU. reivindicando la deliberación democrática:

«Para quienes consideran importante que la Nación imponga más aranceles, entiendo que la decisión de hoy resulte decepcionante. Lo único que puedo ofrecerles es recordar que la mayoría de las grandes decisiones que afectan a los derechos y responsabilidades del pueblo estadounidense (incluido el deber de pagar impuestos y aranceles) se canalizan a través del proceso legislativo por una razón. Sí, legislar puede ser difícil y llevar tiempo. Y sí, puede resultar tentador eludir al Congreso cuando surge un problema acuciante. Pero la naturaleza deliberativa del proceso legislativo era precisamente el propósito mismo de su diseño.

A través de ese proceso, la Nación puede aprovechar la sabiduría combinada de los representantes electos del pueblo, no solo la de una facción o de un hombre. Allí, la deliberación modera el impulso y el compromiso forja las discrepancias hasta convertirlas en soluciones viables. Y como las leyes deben obtener un apoyo amplio para sobrevivir al proceso legislativo, tienden a perdurar, permitiendo a las personas corrientes planificar sus vidas de un modo que no pueden cuando las reglas cambian de un día para otro».

Concluía Latorre con esta breve reflexión: «Supongo que es aún más conmovedor leer esto desde una nación, como España, cuyo presidente ha asentado la doctrina que se puede gobernar «con o sin el concurso de un poder legislativo que necesariamente tiene que ser más constructivo y menos restrictivo», y cuyo Tribunal Constitucional, además, funciona ahora como habilitador de la acaparación de poder del Ejecutivo y no como el freno de su tentación usurpadora.»

En la muerte de Gregorio Morán

Juanjo Cáceres

Si cuando una persona poco conocida más allá de su entorno privado muere, debemos elegir bien quién le dedica unas líneas y qué decir al respecto. Cuando se trata de un personaje que ha basado su existencia pública en la escritura periodística, lo que se impone es hablar de lo que representó para nosotros, sus lectores, para quienes analizábamos sus artículos semanales en una época en que su agudeza se imponía a la versión dominante de la realidad y para quienes leíamos sus libros más relevantes. Porque Gregorio Morán no solo fue un redactor compulsivo con un gran talento literario, sino un narrador disruptivo: alguien con la extraña cualidad de desenmascarar relatos y desarrollar el suyo propio ante quien quisiera leerlo.

“Sabatinas intempestivas”, el nombre que recibió durante décadas su sección semanal de los sábados en La Vanguardia, son dos palabras que el viento se llevó hace algunos años, pero durante mucho tiempo fueron una de las grandes ventanas desde las que contemplar la realidad. Identificamos el periodo democrático como un momento de recuperación de las libertades, pero la libertad de expresión en los medios de comunicación y la necesaria ausencia de autocensura que debe acompañarla no es algo que podamos siempre dar por hecho. Su mayor enemigo no son los propietarios de los medios, las autoridades que deciden las líneas editoriales o los poderes fácticos, sino, sobre todo, los grandes relatos existentes, aquellos que se sirven a la opinión pública como verdades reveladas.

Gregorio Morán se enfrentó a cara descubierta a dos de los mayores relatos que han existido en España y en Cataluña en ese mismo periodo: el de la transición modélica y el del paraíso pujolista. Y no cuando ambos se encontraban ya en declive y se sustentaban tan solo de la respiración asistida que le prestaban aquellos más interesados en que siguieran presentes, sino cuando eran verdades incuestionables y sujetas a castigo de no respetarse, ya que sus guardianes ostentaban el poder y lo ejercían sin complejos. Había que tener una determinación poco común para sostener, en un medio liderado por un Conde, una narrativa que cuestionaba semanalmente los mitos inabordables, que no se molestaba en conciliar posturas con el gusto de gobiernos centrales o autonómicos y que resultaba tremendamente incómoda. Y sus lectores sabíamos que la suya era una voz diferente y que, como la de otros que ya no están, valía la pena seguirla semana tras semana.

En entornos polarizados como los de la política o los medios españoles, hacer la crítica hacia un lado te encasillaba directamente en el opuesto, pero Morán era inclasificable y muy ajeno al compadreo. Su carácter, sus preferencias y su lúcida visión de la clase política determinaron los términos en que se manifestó siempre. Lo hacía, además, de forma implacable, un adjetivo que frecuentemente utilizó para referirse a otros. Su escritura sin concesiones, a menudo vehemente, tenía como resultado generar diferentes formas de rechazo, tanto de los que criticaba directamente -que fueron muchos y de todo signo-, como de los que tampoco compartían su exigente patrón.

El oficio de periodista y la pasión por la escritura pueden llevar mucho más allá de artículos y columnas, y Morán fue un claro ejemplo de ello. En su diversidad de obras publicadas, destacan tres ejes temáticos: Adolfo Suárez y la Transición, el Partido Comunista de España y el conflicto vasco. Del primero nació la obra que lo encumbró, la biografía no autorizada dedicada a Adolfo Suárez, Adolfo Suárez: historia de una ambición de 1979, reformulada y republicada después, en 2009, bajo el título de Adolfo Suárez: Ambición y destino. Una obra magna que retrata al todavía presidente del Gobierno como nadie antes y pocos después, situando bajo los focos al principal gestor de la transición. En ella exhibe buena parte de las inconsistencias y zonas oscuras de esa etapa, que profundizará después en sus artículos y otras obras (por ejemplo, en El precio de la transición).

Sobre el Partido Comunista de España hay un único trabajo, pero vale por mil: Miseria y grandeza del Partido Comunista de España 1939-1985. Una narrativa inclemente sobre la evolución de la formación durante el franquismo, con el foco puesto, sobre todo, en otro de los grandes protagonistas de la transición, Santiago Carrillo, pero sin renunciar a recordar a personas que, sin este libro, habrían caído hace mucho en el olvido y a describir con detalle la vida en una clandestinidad en la que se jugaban literalmente la vida.

Y el tercer eje tiene como referencia otro trabajo a tener en cuenta: Los españoles que dejaron de serlo: Euskadi, 1937-1981, un libro que en su versión original o en su versión reformulada en 2003 (Los españoles que dejaron de serlo: cómo y por qué Euskadi se ha convertido en la gran herida histórica de España) debe leerse sin perder de vista el momento originario de su publicación.

Su obra va algo más allá, con otros libros relevantes como El cura y los mandarines, publicado finalmente en 2014 tras muchas vicisitudes y que dedicó a la vida cultural en el franquismo y a sus adalides. También merece mencionarse Felipe González. El jugador de billar (2023), su último trabajo, donde aun encontramos a un Morán que habla de su época de plenitud y su habilidosa narrativa, pero que se encuentra lejos en cuanto contenidos, densidad, poder desmitificador y contrapuntos de sus principales trabajos.

Tras pasar los últimos años establecido en un plano periodístico secundario (Vozpopuli), donde los análisis ya no eran tan agudos y en el que el paso del tiempo manifestaba su huella, tanto en su perspectiva política como en su nivel literario, Morán fallecía súbitamente por las complicaciones derivadas de un aneurisma. Nos dejaba así, casi en silencio, un autor que supo ser incómodo sin ser banal y crítico sin cálculo oportunista. Los elogios a su trabajo, la evocación de su carácter -calificado de indomable e inclasificable- y el recuerdo de sus polémicas no han estado ausentes tras su fallecimiento. Pero lo importante, lo imprescindible, es decir con claridad que su obra deja pocas dudas de que fue uno de los grandes cronistas de su tiempo y uno de los que mejores puentes trazó entre periodismo y literatura. Y lo logró a su manera. Siempre a su manera.

Desinformación

Verónica Ugarte

Este fin de semana México vivió uno de los episodios más importantes de su reciente Historia. El arresto y la muerte de uno de los líderes del narcotráfico más importante del mundo. Un criminal, de mote “el Mencho”, que había operado, comprado hombres, aterrorizado a la población y asesinado durante años, no solo en territorio mexicano sino también en EEUU.

Aprendió de los errores de sus predecesores: no hacía alarde de poder. Nadie lo podía reconocer: solo existía una fotografía suya de hace más de veinte años. Supo esconderse y delegar el trabajo entre personas de alta confianza.

Gracias a que la colaboración con EEUU se ha revitalizado, fue posible tomar por asalto el escondite del criminal, causando un fuego cruzado entre narcotraficantes y las fuerzas armadas. De acuerdo con los datos proporcionados esta mañana (hora de la Ciudad de México), fue posible la captura del narcotraficante, quien murió durante el traslado a la capital de la República.

Al mismo tiempo se informó que se habían producido 85 bloqueos de carreteras en todo el país; se detuvo a 70 criminales en siete Estados, y fueron asesinados 25 miembros de la Guardia nacional. Treinta delincuentes fueron abatidos.

Mientras el asalto se llevaba a cabo, la maquinaria de la campaña de desinformación para desprestigiar al Gobierno de Sheinbaum se hizo presente mucho más rápido de lo que hubiese podido creer.

Las redes sociales se llenaron de videos con camiones quemados. El aeropuerto de Puerto Vallarta tomado por narcotraficantes. Varios negocios asaltados. Como siempre, en la plataforma X, el Gobierno de EEUU lanzaba alarmas contra ese peligroso patio trasero. Lo mismo que los Gobiernos del Reino Unido, Polonia, Turquía y Ucrania. Se llamó a sus conciudadanos a mantener la calma y, siendo Puerto Vallarta uno de los tantos destinos de playa, a comunicarse con las Embajadas en caso de peligro inminente.

El Cuerpo Diplomático es la representación de un Gobierno y de un Pueblo en el extranjero. Es la imagen, concepto y defensor de las políticas exteriores. No puede cometer un error de desinformación o ser altavoz de la misma, porque con ello mancha el buen nombre de a quién representa, y al mismo tiempo puede causar tensiones diplomáticas.

Casi lo mismo ocurre con el periodismo. Es obligatorio contrastar datos e imágenes. Le Monde, The Guardian, La Repubblica, the WSJ, todos y cada uno se dejaron llevar por la ola de histeria en lugar de hacer bien su trabajo. O mejor dicho: hacer periodismo.

Las imágenes que dieron la vuelta al mundo provenían de años atrás. Los años en que los Gobiernos del PRI y del PAN hicieron nada más allá que permitir que el narcotráfico secuestrase, asesinase, campase, creciese. Salió a la luz el domingo por la tarde que esas imágenes correspondían a diversos actos de delincuencia en diferentes partes de México hacía años.

Esta mañana otro pseudomedio de comunicación indicaba, mediante imágenes, que Sheinbaum había sido evacuada en helicóptero, por protección, hacia un barco naval bajo vigilancia de la Secretaría de Marina. Se veía a la Presidenta tranquila y sin escolta, lo que me hizo tener claro que se trataba de otra mentira. Fui a la página web de Presidencia y su último acto había sido una visita al norte del país.

Esta mañana ella iniciaba la conferencia de prensa de cada mañana. A las 6 en punto empezó la explicación y detalle de lo sucedido con “el Mencho” a través de los mandos de la Secretaría de Defensa y el Gabinete de Seguridad.

Se informó además que desde el 1 de enero de 2026 se han decomisado 23.000 armas de fuego y asalto, 80% de las cuales provienen de EEUU. Fue ese el mismo porcentaje utilizado por los narcos el fin de semana.

Sheinbaum, calmada, sin triunfalismos, informó que se estaba trabajando para desmantelar las empresas relacionadas con el narco y con el lavado de dinero.

La mente lógica, la resolución y el compromiso han demostrado que un país entero está cambiando en menos de un año. Se está moviendo hacia adelante más que en 60 años.

Esta es una lección que muestra que el Poder fáctico necesita cuidar de los suyos. Esta desinformación puede provenir del odio, la avaricia, el dinero. No solo fuera del país, sino también dentro. La izquierda en el poder lucha cada día contra una derecha acomodada en el lujo, las drogas.

Sabemos bien que sin pobres, los ricos no sabrían existir.

Esbozo de una dramedia grotesca para una serie de los Javis

Carlos Hidalgo

Una chica de clase media con aspiraciones, que no es muy brillante en los estudios pero que con la ayuda de sus padres va pasando por los concertados que mejores empujones dan a la nota. Esta chica ve que en la política se da la combinación ideal de acceso a un mercado de trabajo que está muy difícil y, a la vez, que permite socializar en un entorno que te apoya, siempre y cuando seas obediente y sigas las normas. Un poco como el Opus (que también hay) pero sin cilicio y sin esclavitud.

Todo va viendo en popa. Accede a la universidad, dan un crédito al negocio de papá, entra a trabajar y su expediente académico y las letras por pagar del crédito de papá desparecen misteriosamente. Se casa con un señor algo mayor que ella, pero joven, dinámico, juega al golf. Ella se codea con gente más y más top, con la que se siente a gusto, llegando incluso a trabajar para la referente del bando más derechista de su partido. Una funcionaria de turismo pero que también es aristócrata ultraconservadora, que se dice liberal para disimular lo del doble rasero. Es tan poderosa que, aunque todos a su alrededor caigan, ella salga impune de todo, hasta de atropellar policías.

Pero también hay drama. Papá muere, ella se divorcia y la aristócrata se ve forzada a retirarse por las hábiles jugadas de un registrador de la propiedad de provincias y una abogada del Estado. Pero no pasa nada. En breve llega otra referente, otra rubia moderna, ideal, con un pasado de pasarlo genial en colegios mayores de los que desaparecían cosas y dicen que un toque especial para la gente joven.

En un giro de los acontecimientos, la del colegio mayor ve como su terrible secreto sale a la luz: le encanta que las cosas caigan en su bolso cuando va a las tiendas y prueban que le han regalado el título. Una vergüenza, porque el título nos lo regalan a todos y no es plan de rasgarse así las vestiduras, piensa ella.

Entre tanto torbellino, conoce a un místico que es director de una academia de inglés, pero que odia que se enseñe porque el idioma de los anglos no es el idioma el Imperio donde no se ponía el sol. También es gay, pero terriblemente homófobo. Es autodidacta, pero sabe de todo. Y tiene un grupo de teatro con jóvenes sanos y que son de la ideología y el barrio correctos. Esto es, los de nuestra protagonista.

Mientras el místico la guía, la vida sigue. Ella se enamora de nuevo, esta vez de un peluquero lleno de grandes ideas. Y un amigo suyo, con el que compartió grandes momentos, fiestas y luchas de la juventud, termina siendo el líder del partido. Y en el momento de mayor necesidad para el partido en Madrid, su amigo decide que no hay nadie en quien confíe más para aguantar la embestida electoral.

¡Y gana! Bueno, es increíble. Resulta que, aunque su partido baja en votos, hay otro partido que sube y les da el gobierno. Al fin y al cabo, es un partido que también está lleno de abogados del Estado, como el suyo Y eso tiene que valer de algo.

Nuestra protagonista ya es presidenta. Por fin, tras años de callarse o de decir lo que se esperaba de ella, puede hacer y decir lo que ella siente realmente. Y su amigo el místico está ahí para guiarla. Pero, además, el partido ha puesto a su disposición nada más y nada menos que al que fue jefe de prensa de su antepenúltimo presidente: el más duro de los duros. Ya nada se interpone en su camino.

Bueno, pues se desata una pandemia. Y ella se retira al loft de lujo de otro amigo gay, en este caso hotelero, a reflexionar sobre la vida y la muerte. Un señor muy majo, que tiene una hija con una empresa de ambulancias o algo parecido, le dice que no se preocupe, que tiene un plan y lo llama “Operación Bicho”. Pero el plan no funciona y muere mucha gente, sobre todo viejos que se iban a morir igual. Y su relación se resiente, aunque aparece en el horizonte una nueva ilusión.

Todo termina bien, porque el duro de los duros se ha encargado de que nadie la toque, los abogados del Estado del otro partido pagan el pato y el líder de la izquierda más camorrista, un tipo con coleta, se ha puesto tan chungo que la gente, asustada, la va a votar a ella porque el otro se ha puesto a hablar de expropiaciones y venganzas y esas cosas de los becarios maoístas de Políticas.

Ahora todo pinta viento en popa. Los del otro partido han desaparecido, ella ha podido rehacer el partido y las listas a su gusto, ha colocado a todos los jóvenes sanotes de su barrio, los del grupo de teatro del místico, en su gobierno. Y a su nuevo novio, un sanitario guapo con pelazo y grandes ideas, le va cada vez mejor gracias a las políticas que ella misma dirige. ¿No es increíble? Es tan poderosa que cuando su amigo de juventud le pide explicaciones, es capaz de acabar con él en solo tres días. Preside una comunidad, pero manda sobre un país entero, tía.

Ah, pero siempre hay nuevas tramas en el horizonte. Resulta que Hacienda persigue a su novio por tener grandes ideas, que los familiares de los viejos muertos, los profesores y hasta la universidad que la hizo alumna ilustre protestan. Los muy desagradecidos. Incluso los médicos, ¡los médicos! Que si tanto se quejan se pueden ir a la privada.

Pero lo peor está por llegar. El místico y el más duro entre los duros no se soportan y sus luchas dan cada día un nuevo quebradero de cabeza. Y cuando tienes que elegir entre quien te ayudó a llegar y quien te mantiene ahí, no hay duda. Resistir es poder. Y el poder es que te den siempre la razón. Aunque digas lo primero que se pase por la cabeza. Y si a los chicos sanotes y al místico no les gusta, pues siempre pueden trabajar en la privada.

¿Y la gente? La gente la adora. Y quien no lo haga, pues ya sabe a lo que se enfrenta. En su reino solo hay cabida para la gente de bien con grandes ideas.

Continuará.

En momentos de quiebra

Juanjo Cáceres

“Necesitamos algo de esto”, reflexiona Álvaro tras escuchar la última tertulia de la Cadena Ser, donde han revisado las últimas acciones de Gabriel Rufián y los partidos de izquierda para armar un frente electoral que participe en las próximas elecciones generales. “Algo de esto, ¿pero qué?”, se pregunta desconcertado.

Se dirige a la cama desde donde realiza el pago del alquiler del próximo mes, siempre con la misma idea en la cabeza: “¿Cuánto tardará esta cifra en escalar exageradamente? ¿Cuándo llegará la notificación de finalización de contrato”. Una idea persistente que le golpea a menudo, sobre todo en aquellas noches en que no duerme bien y en que todo tipo de pensamientos inundan su mente sin orden ni concierto. A veces es la radio la que penetra en su cabeza: “Es que, si aquí no nos ponemos de acuerdo, nos van a matar por separado”, escucha decir a Rufián. “¿Matarnos? ¿Quién nos quiere matar?”, grita, sobresaltado.

El miedo que le produce su vulnerabilidad se acrecienta con el miedo que le transmite las voces que dicen hablar en nombre de la izquierda española. “¿Desde cuándo la política habla en términos de exterminio?”, se pregunta incómodamente. No logra entender su sentido. No logra distinguir si se trata de una amenaza real o simplemente de un giro discursivo cuya única finalidad es generar reacciones. No consigue evaluar si esa alerta permanente resulta movilizadora o, por el contrario, consolida dinámicas anestesiantes. Tras meditarlo un instante acechan a sus sentidos otras palabras de Rufián: “Lo que viene ahora no es lo de siempre”. Álvaro le da mentalmente la réplica: “¿Debemos temer por nuestra vida o lo que en realidad peligra es alguna forma de bienestar que ahora mismo, para muchos de nosotros, tampoco existe?”.

Le viene también un recuerdo sobre todo aquello que le decía su antiguo profesor de antropología: “Cuidado con las profecías autocumplidas, porque invocar miedos sin tener un plan claro, solo hace más probable que ocurra lo que se anuncia”. De aquel título cursado entre bares y manifestaciones contra el Plan Bolonia obtuvo muchas herramientas que le ayudaron después a comprender la realidad. “Si además me hubieran servido para acceder a un buen empleo, hubiera sido perfecto”, reflexiona brevemente con una palpable sensación de fracaso. Una sensación que siempre le ha acompañado, porque con el paso de los años, se cumplieron las advertencias que le hicieron: nula inserción laboral y precariedad para toda la vida.

Incapaz de conciliar el sueño de nuevo se levanta y mira por la ventana, donde golpea una fuerte lluvia, acompañada de viento. La intensidad con la que cae parece querer eliminar todo rastro de lo que había en la calle. Recuerda que no muy lejos de allí acampó el 15-M: “¿Qué diablos fue de todo aquello? ¿Dónde están ahora las masas del “no nos representan?”. Sin una respuesta que darse a sí mismo, Álvaro retoma el hilo de sus pensamientos y se le ocurre una metáfora con los mensajes que ha ido escuchando estos días: “Aquí llueve sobre mojado”. Y es que las palabras, seguramente, no resultan novedosas, pero de lo que no tiene duda alguna es de que ni siquiera suenan a nuevas.

Desmarcándose de los que aseguran que los partidos de izquierdas llevaban mucho tiempo ensimismados, él tiene la sensación de que todo este runrún sobre la unidad es algo que se lleva escuchando al menos tres años de forma continuada y que precisamente la manera como hoy se habla de ello es la prueba de ese ensimismamiento. Los titulares y las declaraciones que reflejan cómo unos y otros se han tirado los trastos a la cabeza, y cómo unos y otros se han despreciado mutuamente, siguen allí, presentes. Basta teclear algunos nombres para que reaparezcan las hemerotecas a modo de acusación silenciosa. Unas hemerotecas presentes en el recuerdo de los que asisten con sensación de agotamiento a esta nueva ronda de reiterativas reflexiones, sobre la forma concreta y específica como hay que acudir a unas elecciones para impedir la formación de un nuevo gobierno en 2027.

Un agotamiento, además, que Álvaro considera evidente y constatable: “¿Qué novedad pueden aportar Rufián, Podemos, Sumar, la vieja Izquierda Unida y las fuerzas periféricas más de una década después de aquellas elecciones de 2015 que lo cambiaron todo y tras ocho años de apoyo continuado e inequívoco al PSOE de Pedro Sánchez?”, medita, reviviendo esa larga etapa. “¿Quién de todos ellos es alguien acabado de llegar? ¿Quién no ha participado abundantemente de la desunión y de la incapacidad de empujar el gobierno en una dirección que reforzara la confianza en las políticas progresistas, mientras lo defendían todo a capa y espada?” De nuevo en la Ser, emerge la voz de Enric Juliana, señalando a modo de paradoja: “El hombre de las 155 monedas de plata es ahora el federalista de la izquierda española”.

“¿Cuándo empezó todo esto? ¿Cuándo nos volvimos tan aburridos y prescindibles?”, masculla Álvaro mientras se pone la chaqueta para ir a trabajar. Pensando que él siempre estuvo allí, pendiente, expectante, comprende que es igualmente parte del problema. Que aunque ellos solo se contemplan a sí mismos, cuando él se mira al espejo este también le devuelve siempre un reflejo parecido. Quizás porque no hay ya mucho sobre lo que innovar. O porque simplemente se ha llegado a la conclusión de que ya estaba todo inventado y nos hemos puesto un techo de cristal antes de hora.

De tanto observar siempre lo mismo, empieza a darse cuenta de que se le ha escapado lo más importante: que lo que seguramente imagina como una crisis temporal, es una quiebra en toda regla de propósito y de utilidad: “Ante eso no hay frente electoral que haga milagros”. Llegado a ese punto le inunda un lacónico pensamiento, a modo de conclusión: “Al final, todos manamos de la misma fuente”, y abandona el que todavía es su hogar con un fuerte portazo.

No existen los héroes

Verónica Ugarte

Desde la caída en desgracia, cárcel y suicidio de Jeffrey Epstein el mundo se percata que todo se trata de conexiones y dinero. El pedófilo tenía contactos con personas de todo el globo que pudieran serle útiles para ampliar su red, y con ello su poder.

Se han revelado diversos nombres en Política, Economía, la llamada Realeza (menos los holandeses), y hasta el Dalai Lama, quien tuvo que salir a defenderse mediante declaración escrita a los medios que nunca había conocido al newyorkino.

Revisando los documentos de su caso en la web del Departamento de Justicia de EEUU, vemos que un solo nombre tiene 3,794 resultados: Noam Chomsky, el lingüista y politólogo de izquierda, ídolo de los llamados Woke.

Nos podemos encontrar con fotocopias censuradas de emails entre los Chomsky y el núcleo duro de Epstein donde se da fe escrita de una amistad profunda, hecho que obliga a la pregunta, ¿Chomsky nunca indagó lo suficiente acerca de Epstein?  Como tiburón durante años un crítico del sistema político de los EEUU, llamó no solo a la reflexión y descubrimiento de la llamada fábrica del consentimiento.  Es decir, el interés público y la democracia amenazados por los intereses económicos, políticos y sociales de la Elite. 

Elite que Chomsky frecuentaba, lo que no es extraño ya que solo una persona demasiado ingenua no sabe que las conexiones lo son todo, incluso para el amigo Noam. Lo que es cuestionable es la visita a la isla privada de las perversiones, y su defensa abierta por medio de emails que inocentemente pensaría no verían la luz, a uno de los peores personajes del presente siglo.

Al mismo tiempo, a Chomsky se le dieron varios consejos financieros para sus fideicomisos. Hablemos de cifras de US$70.000,00 de media, por lo que el interés en esa relación era profundo.

Después de la publicación de las memorias de Virginia Giuffre, no solo cayó en desgracia Andrés de Inglaterra, sino que más de una llamada se realizó en todo el mundo para saber hasta dónde se verían implicados ex Presidentes de EEUU, hombres de negocios, líderes económicos. Y uno de los hombres más admirados por su entereza intelectual.

Su esposa ha pedido disculpas públicamente por dicha relación (ella también aparece en emails hablando en nombre de su marido), argumentando que no habían hecho una concienzuda investigación acerca del pasado de Epstein. Suena raro cuando la correspondencia es de 2014-2016 y la primera condena a ese personaje fue en 2008 por inducción a una menor a la prostitución en Florida. No me creo que en el hogar de los Chomsky no se leyeran los diarios o no llegase la noticia.

Hay que tener valor de escribir la verdad. Hay que tener la inteligencia necesaria para descubrir la verdad. Hay que conocer el arte de hacer la verdad manejable como arma. Hay que saber a quién confiar la verdad. Hay que proceder con astucia para difundir la verdad. Chomsky ha fallado en las cinco dificultades para decir la verdad, listadas en 1934 por Bertolt Brecht.

No todos pueden ser héroes. La entronización en las alturas es un mal que afecta a quien reverencia y a quien es reverenciado. La crítica debe ser una condición imperativa a piori.

Podemos seguir leyendo a y aprendiendo, desde una distancia intelectual mucho más sana a partir de ahora al Woke. Lo que no podemos es olvidar que “another one bites the dust”. 

En discrepancia con Felipe González

Carlos Hidalgo

Nuestro antiguo compañero de blog, Ignacio Urquizu, publicó hace poco en El País un artículo de opinión titulado “En defensa de Felipe [González]”. En él, el autor hace un merecido elogio repasando los logros políticos del expresidente del Gobierno y defiende su derecho a discrepar cuando se habla del actual rumbo del PSOE y del Gobierno de España.

No puedo sino estar de acuerdo con esas cosas: es verdad que con González España salió del segundo mundo para entrar en el primero. Y es verdad que, en el PSOE, como en cualquier otro partido democrático, ha de haber lugar a la discrepancia.

Pero es que hay una trampa y es que Felipe González no se ha limitado a discrepar, sino que ha anunciado públicamente que no va a votar al PSOE, el partido que él transformó y del que aún es parte, concretamente de la agrupación socialista de Moratalaz. Y eso no es discrepancia, eso es directa y consciente deslealtad. Y Felipe lo sabe, porque los propios estatutos del partido sancionan esa conducta desde antes de que él fuera secretario general hasta ahora. En general, todos los estatutos de los partidos políticos sancionan hacer declaraciones en las que no se pide el voto para ellos o se pide en blanco o para otras formaciones políticas. Todos, sin excepciones.

Y Felipe González conoce bien como en “su” PSOE Alfonso Guerra gobernaba con mano de hierro y, sí, había discrepancia, pero la deslealtad se castigaba con dureza. Se puede y se debe discrepar de la dirección de Pedro Sánchez, se puede y se debe abogar por cambios en el actual PSOE, pero lo que no se puede, siendo miembro de un partido, es negarle el voto al mismo en público. Porque al hacerlo no estás menospreciando a Pedro Sánchez, estás menospreciando a una organización y a una militancia que fueron leales al PSOE que hizo la dolorosa reconversión industrial, que legalizó los contratos temporales y a las empresas de trabajo temporal, que también asistió a los entendimientos de Felipe con las derechas vasca y catalanas, que vio cómo se abrazaba a Vera y a Barrionuevo al entrar en la cárcel por el caso GAL, que asistió a la ruptura con UGT y que apretó los dientes mientras el PSOE sufría los casos de corrupción de gentes como Mariano Rubio, tan de la “beautiful people” a la que González empezó a preferir entonces, por encima de las gentes trabajadoras que militaban en su organización.

Cuando Felipe González se acercaba a los 12 años de gobierno vio cómo medios, empresarios y el PP de Aznar estaban más que dispuestos a poner en riesgo la estabilidad del Estado y a saltarse todos los consensos, como el consenso antiterrorista, para echarle del poder a toda costa. Y en aquel momento González pedía responsabilidad y lealtad a las bases y cuadros del Partido Socialista. Entiendo que él no conciba que un expresidente o ex secretario general socialista le hubiera hecho lo mismo a él, porque los presidentes del gobierno estaban muertos, como Negrín y los ex secretarios generales estaban muertos, como Ramón Lamoneda, o expulsados, como Rodolfo Llopis.

Felipe González más que nadie debería de distinguir entre dañar a Pedro Sánchez o dañar al PSOE. Y él, más que nadie debería defender que no vale arrasar con todo para atacar a un solo hombre.

Puede que Felipe no lo vea o no lo quiera ver, pero Pedro Sánchez pasará, como él mismo pasó, pero el PSOE debería continuar. Por el bien de España. Y él en eso no ayuda.

Hace tiempo que González solo habla de sí mismo vaya a donde vaya. Y, sí, tiene méritos para hacerlo, pero no debería olvidarse nunca de la organización y de las personas que le ayudaron a ser quien fue y quien aún hoy es. Esa organización y esas personas no merecen ni la soberbia, ni la deslealtad, ni el ataque de alguien que debería recordar que les debe todo.

Como bolsas de cangrejos

Arthur Mulligan

Da lo mismo quienes se dirijan al gran público en nombre de la izquierda, las izquierdas, los progresistas, los cansinos antifascistas, el pueblo o la coalición de tierras regionales unificadas, porque los hechos son maleables como la arcilla de su moral de categoría superior a cualquier otra que se le oponga. Una moral de acero, sin subterfugios liberales que oculten fines espurios como la resistencia al advenimiento de aquella “aurora de la humanidad” defendida por Stalin mediante hambrunas genocidas en Ucrania, colectivizaciones forzosas y otras atrocidades esclavas de la consigna del momento.

Esta ceguera, esta niebla antropológica protectora de las más profundas convicciones es común a los delirios de haber alcanzado la plenitud de los tiempos, la creación del hombre nuevo, atronando la razón en marcha pero siempre mediante un baño de sangre. Da lo mismo la fortaleza de las fuentes, la teleología mecánica de la historia o la propensión a la irrealidad animista porque el núcleo coriáceo de la fe y su trasferencia de sacralidad militante congelan por largos periodos las facultades cognitivas que nos informan del mundo exterior.

Algo así ha debido de suceder después de las elecciones autonómicas en Aragón que han arrojado los resultados previstos por las casas de encuestas en medio de insistentes imágenes de colas de inmigrantes ante sus consulados para acudir al inminente proceso de regularización extraordinaria para integrar a personas extranjeras que ya se encuentren en España, lo que les permitirá incorporarse legalmente al empleo, dejando atrás la economía informal y accediendo a contratos con plenas garantías.

Tal vez, en esta ocasión, el gobierno ha podido calcular que una medida así debería producir una fragmentación dentro del bloque de derechas ganador según todas las encuestas en donde el partido más duro, Vox, capta voto emocional o identitario y el partido conservador tradicional pierde centralidad. A su vez podría aliviar la desmovilización de su propio campo reactivando a su base más ideologizada. El caso es que Vox ha duplicado su presencia y según la candidata del PSOE la culpa del ascenso de Vox es del PP, algo muy difícil de aceptar 

También sucede que coincide con que se invierte el éxito de Podemos por el de VOX y aunque no son el mismo electorado se puede homologar su pasión por la protesta en torno a cuestiones marginales y otras que no lo son tanto, comunes con otros colectivos como las dificultades en torno a la vivienda, el encadenamiento de trabajos inestables y la perspectiva de un futuro con pocas esperanzas.

En medio de las variadas tribulaciones que le afligen, Sánchez se queda sin los famosos caladeros de voto de reserva y se intensifica la tentación acuciante de intentar embarrar el campo de juego acentuando la polarización, comparando situaciones disímiles en contextos dispares y con distintos protagonistas, despreciando sus frenos anteriores para la coherencia de su política de alianzas y denunciando el impulso de la oposición para la alternancia.

 No es ocioso traer a colación el espléndido artículo de Eva Poptcheva «Retorno o regularización» aparecido el 2 de Febrero en el que sostiene que la regularización extraordinaria de medio millón de personas en España choca con el marco jurídico y político de la UE, donde la regla general para la migración irregular es el retorno y no la regularización masiva. La autora recuerda que, al ser las fronteras españolas también fronteras Schengen, España tiene responsabilidades no solo internas sino frente al resto de Estados miembros y su confianza mutua en materia migratoria. (…)

«A juicio de Poptcheva, decisiones unilaterales como una regularización masiva pueden minar la coherencia del sistema europeo, dañar la confianza entre Estados y alimentar la percepción de que se “premia” la entrada irregular, poniendo en riesgo el frágil equilibrio entre solidaridad y responsabilidad sobre el que descansa la política migratoria de la UE». 

De modo que la despreocupada y ensayada respuesta de la Ejecutiva socialista a los resultados de las elecciones en Aragón pertenece a la lógica interna de una situación que de derrota en derrota se cronifica y hace partícipe del desorden a la única oposición que importa.

Fracasado simbólicamente el año de “España en Libertad” con un presupuesto de unos 30 MM del 40 % del cual es propaganda, este gobierno de activistas aparece agotado y sin rumbo, cebando el rencor y refundando coaliciones y egos como cangrejos que se saludan en lo oscuro de un saco atentos a las pinzas y con Pedro repartiendo carnaza.

Citaba el otro día Arturo Pérez-Reverte una advertencia de Hannah Arendt al analizar los mecanismos del pensamiento totalitario: “el mayor peligro es la destrucción del espacio común donde las cosas pueden discutirse. En este ámbito, la paradoja resulta evidente: quienes se autoproclaman herederos y paladines de la verdadera democracia, reproducen mecanismos profundamente autoritarios: no consienten la discrepancia, desconfían de la libertad intelectual y consideran legítimo silenciar al adversario. También en el extremo opuesto del paisaje político, donde soplan aires dictatoriales de otro signo, aspiran a lo mismo: unos apelan al orden y la tradición, otros a una intocable superioridad moral. Y la censura que ambos ejercen -todavía ejercida más ruidosamente por la izquierda, pero den ustedes tiempo al tiempo- es eficaz porque no necesita justificarse. No argumenta, sino que señala; no persuade, sino que estigmatiza. Y una vez estigmatizado el interlocutor, su palabra queda automáticamente deslegitimada. El debate muere antes de empezar.”

Época amarga para nuestro país con un puñado de figurantes distanciados e incoherentes, sin presupuestos, orgullosos vendedores de contradicciones.

Lecturas de izquierdas que acompañan el Acuerdo UE-Mercosur

Lluís Camprubí

Sabrán de mi posición favorable al Acuerdo UE-Mercosur. Muy resumidamente creo que el imperativo geopolítico obliga (favorecer redes comerciales alternativas que generen vínculos y decantamientos políticos en el escenario global y poder reducir la vulnerabilidad/coercionabilidad respecto a Trump). Pero es cierto que no ha habido muchos posicionamientos públicos solventes que lleguen especialmente a la audiencia de izquierdas más alternativa (tengo la sensación de que la audiencia más vinculada a la socialdemocracia ya lo ha entendido). Me refiero a la de la parte europea, pues las izquierdas en su conjunto de los países Mercosur se han significado y mucho en la defensa del Acuerdo. Así pues, quisiera recomendar brevemente algunas lecturas:

Este texto de posición de Jorge Tamames: “Una defensa de las iniciativas comerciales europeas: Acuerdos económicos, contenido político, objetivos de seguridad”, que creo es de lo mejor que se ha escrito al respecto. Claro, breve y sitúa la necesidad de actualizar la mirada con la geopolítica para valorar a los tratados comerciales, en particular el UE-Mercosur.

José Antonio Sanahuja explica en su análisis las diferencias principales en cuestiones ambientales, sociales y comerciales que supone respecto a los tratados comerciales tradicionales a los que había oposición por su sesgo neoliberal y aquí Josep Borrell y Guillaume Duval explican la importancia geopolítica en el actual contexto.

El debate más público se ha activado a partir de la desastrosa votación (por obstruccionista) en el Parlamento Europeo sobre aplazar la aprobación definitiva para pedir valoración jurídica al Tribunal de Justicia de la UE. Esta columna de Xavier Vidal-Folch: “Autogol europeo” explica bien el daño reputacional de la votación, aunque la aplicación provisional del Acuerdo minimice el impacto práctico.

Es muy saludable que los partidos políticos -que tienen la función de hacer síntesis y agregación de intereses y visiones distintas- hagan análisis objetivos de pros y contras, y que después ponderen que pesa más en una decisión. Me ha gustado este análisis de Volt, en el que finalmente concluyen con una posición favorable al acuerdo por el contexto geopolítico.

Y, finalmente, aunque no sean voces de izquierdas, creo de interés también compartir dos publicaciones de think-tanks de prestigio sobre la cuestión: Ésta del ECFR y ésta del RI Elcano para quién quiera profundizar que incluye análisis sobre la dimensión política y global pero también comercial y económica.

Sobre la lógica ganadores-perdedores (que considero limitante), esta infografía también puede ser de utilidad para entender que -en lógica estrictamente de sectores económicos afectados- el foco no puede ponerse únicamente en algún sector de la agricultura y que es importante las oportunidades para el sector industrial y de servicios. Y si nos ponemos estrictamente a mirar el sector agrícola vale la pena esta nota del ministerio para añadir complejidad y rigor.