Verónica Ugarte
Años antes de su suicidio, el Chef estadounidense Anthony Bourdain escribió una carta de amor a México:
“Como cualquier chef te diría, toda nuestra economía de servicios –el servicio restaurantero como lo conocemos– en la mayoría de las ciudades estadounidenses, se colapsaría en una noche sin los trabajadores mexicanos. A algunos, por supuesto, les gusta decir que los mexicanos “se están robando los trabajos de los americanos”. Pero en dos décadas como chef y empleado, nunca he tenido UN SOLO niño estadounidense que entre por mi puerta y solicite un empleo como lavaplatos, como portero, o siquiera un trabajo como cocinero asistente. Los mexicanos hacen mucho el trabajo en este país que los estadounidenses, probablemente, simplemente no harían.”
Desde que EE.UU. y México son vecinos la relación amor-odio, la necesidad mutua, el recelo, la envidia, la emigración, inmigración son constantes entre ambos países. Compartimos 3.169 kilómetros de frontera. Eso implica reuniones a niveles municipales, estatales, secretariales. Lo que de un lado afecta, al otro afecta el doble. Es una escalera sin fin de problemas, situaciones tensas, pocas alegrías, y bastantes pulsos. En más de una ocasión una mano se ha roto, y no ha sido del lado norte. Sigue leyendo