Arthur Mulligan
Carles Puigdemont dijo a su entorno en el verano de 2023 que haría “mear sangre” al presidente Pedro Sánchez si quería ser investido y mantenerse en el poder. Esta expresión figurada reflejaba la intención de presionar duramente al gobierno de Sánchez para obtener concesiones políticas, y se ha cumplido con varias dificultades y bloqueos en la legislatura, como retrasos en reuniones, condicionamientos a decretos y exigencias constantes a Sánchez para que mantuviera su apoyo.
Terminábamos Julio con un balance económico cuyos números inquietantes más relevantes permanecen cuando no empeoran y, por lo mismo, el Gobierno sigue utilizando palabras abultadas que animan su opinión sincronizada: absoluto, garantizado, seguridad, bulo, ultraderecha, progresista, gente y vida mejor entre otras.
Un Puigdemont ensimismado no llega ni a eso, aunque muestra signos de fatiga cuando le cambian la cara a los enviados, más beatíficos y menos rústicos pero que no consiguen acordar nada.
Además, entre sus partidarios predomina una posición matizada y políticamente cautelosa enraizada en mayores simpatías con los judíos, aunque con énfasis en la autodeterminación de los pueblos y crítica con los dobles estándares europeos, pero sin un apoyo explícito contundente a Palestina en el conflicto actual. En todo caso las maniobras de Sánchez para que la represión brutal en Gaza ocupe la conversación pública, difumina su papel central y se une a la paulatina desafección de parte de sus votantes hacia su extrema derecha nacionalista comprometiendo sus proyectos cambiantes y cada vez más inestables.
Por otro lado, los asuntos pendientes de la corrupción interna del gobierno siguen alimentando nuevos sumarios que teme puedan contaminarle de algún modo.
Nada que ver con la actitud antisistema del Gobierno, animando y protegiendo protestas, desatendiendo cuando no obstaculizando la economía y la industria de modo indolente sin intentar siquiera avanzar- como hizo en Francia Bayrou- un plan para salir del impasse de unos desequilibrios financieros que también nos afectan, hablando a los ciudadanos con la transparencia que reclaman los adultos.
Compartiendo síntomas inquietantes de inestabilidad interna con Sánchez, Macron ha sorprendido a todos cambiando su posición de antes del verano.
Para tener sentido -decía- la diplomacia no tiene mayor finalidad que aquella que se postula en función de sus efectos, los cuales dependen en sí mismos de la elección del «momento decisivo».
Para poder ser el objeto de un reconocimiento, un Estado debe disponer de un pueblo, de un territorio y de un gobierno efectivo. Palestina no reúne ninguno de estos criterios. La población permanece desconocida en razón del movimiento mantenido alrededor del estatuto de refugiados; las fronteras permanecen desconocidas; la Autoridad Palestina deslegitimada, impotente y corrompida, depende en un 70 % de recursos financieros internacionales de origen muchas veces dudosos.
De modo que para ser eficaz el reconocimiento del Estado palestino debería ser acompañado de condiciones estrictas permitiendo hacer que la paz avance: aceptación clara de la existencia y de la seguridad de Israel; desarme del futuro Estado; exclusión de Hamás; reforma profunda de la Autoridad Palestina.
Ahora que Mahmoud Abbas no tiene ni la voluntad ni los medios de poner en marcha sus promesas de organizar elecciones y asegurar la transparencia de la gobernanza de la Autoridad, ni de desarmar a Hamás y expulsarle de Gaza, la diplomacia francesa hubiera debido, en lugar de hacer un gesto simbólico estéril, dar prioridad a la negociación de un alto el fuego en Gaza , a la liberación de los secuestrados, al tratamiento del desastre humanitario y al restablecimiento de condiciones de vida decentes en un enclave fuera de control de Hamás y de Israel. Y junto a todo ello, trabajando por el alineamiento de Estados Unidos, Europa y los países del Golfo.
En lugar de eso el cambio de opinión solo ha servido para animar a los extremistas y la violencia. Hamás, derrotado militarmente, obtiene una victoria política y diplomática que le permite justificar tanto las masacres del 7 de octubre como el secuestro de la población de Gaza.
El gobierno israelí y sus miembros más extremistas, fortalecidos con el soporte de Donald Trump y su administración, pueden acelerar su deriva tendente a erradicar toda posibilidad de un Estado palestino a través de la destrucción total de Gaza y la deportación de su población de una parte y la cesión de la Cisjordania de otra .
Qué lejos queda hoy aquel Macron que llamaba al día siguiente de las masacres del 7 de Octubre a formar una coalición internacional contra Hamás inspirada en la impulsada contra el Estado islámico.
La creación de un Estado palestino constituye la sola salida pacífica y duradera a la guerra sin fin comenzada en 1947. Pero eso, porque el reconocimiento por Emanuel Macron y en mucha menor medida por Pedro Sánchez y su equipo de exteriores divide a los moderados, y en este momento trágico de la historia en el que la fuerza prima sobre el derecho debilitando a los partidarios de la paz, no se debe agradar a los extremistas y enardecer a los bárbaros incluso con la mejor de las intenciones.
Queda para la historia universal de la infamia no tanto la organización de una flotilla de propaganda salvadora con aire de kermesse irresponsable, sino la participación samaritana de una unidad de la Armada (en aguas internacionales, naturalmente) para el supuesto rescate de rescatadores por la presión del histrionismo del inevitable movimiento Podemos.
Reyes Mate se preguntaba desde las páginas de El País que «no debemos perder de vista a la otra parte: la torpeza Palestina desde 1948 y el terrorismo de Hamas. cuando veamos flamear las banderas de Palestina en las metas deberíamos preguntarnos qué ocurriría si tuvieran ellos el poder militar que tiene Israel. Y, mirando hacia dentro, Hamás dice tener a Alá por objetivo, a Mahoma como modelo y al Corán como Constitución… Solo este fundamento totalitario explica que habiendo Hamás provocado una guerra (y la sigue provocando), sacrificando a su pueblo solo para dejar en evidencia la brutalidad de Israel, no encuentre respuesta entre los médicos, maestros y ciudadanos palestinos que sufren la violencia israelí y no dicen una palabra sobre la opresión interna. Por todo eso las imágenes en las metas transmiten una imagen falsa: como si Israel fuera el problema y las banderas palestinas, que los manifestantes exhiben, la solución.»
Afortunadamente la UE sigue siendo plural, la prensa libre no tolera el pastoreo de seres que se creen iluminados y tampoco liderazgos sobrevenidos por condicionantes internos.
Alemania , Italia y Dinamarca han resistido a la estrategia de la izquierda internacional de reconocer incondicionalmente Palestina como un Estado sin exigir a cambio la liberación de los rehenes israelíes en Gaza y sin poner fin al terrorismo de Hamás que fue quien expulsó de la franja a la autoridad nacional Palestina de Mahmud Abbas.
El propio canciller alemán, Friedrich Merz, reiteró que la seguridad de Israel es un fundamento normativo innegociable para Alemania y aseguró que las críticas por la ofensiva en Gaza no deben convertirse en excusa para el antisemitismo y no justifican que Berlín le de la espalda a Tel Aviv. «El compromiso alemán con la existencia y con la seguridad del Estado de Israel es una parte innegociable de los fundamentos normativos de nuestro país», señaló en texto difundido por la oficina de prensa de la cancillería, durante un acto con ocasión del 75 aniversario de la creación del Consejo Central de los judíos en Alemania.
En tanto, el ministro de Exteriores de Dinamarca, Lars Lokke Rasmussen, planteó cinco condiciones indispensables para que su Gobierno esté dispuesto a reconocer a Palestina como un Estado, después de que a principios de mes el Ejecutivo de la primera ministra socialdemócrata Mette Frederiksen eliminase el requisito de que Israel dé su aprobación a este paso. «Se trata de lograr la liberación de los rehenes. Se trata de conseguir el desarme de Hamás. Se trata de que Hamás no desempeñe en el futuro un papel en el gobierno de Gaza y se trata finalmente de mantener a la Autoridad Palestina en el sendero de la reforma», declaró Rasmussen al medio danés DR. La quinta condición es que debe existir la «certeza» de que «un futuro Estado palestino estará desmilitarizado», enfatizó, antes de participar en la Asamblea General de Naciones Unidas. Rasmussen agregó que estas condiciones están en línea con lo que demandan otros países y aseguró que su Gobierno «quiere reconocer» a un Estado palestino, pero que «depende de los palestinos» cumplir los requisitos necesarios.
No sé si es por el clima, los espíritus del bosque, la vecindad hosca de una Rusia acomplejada y exaltada buscando siempre su alma atribulada por una Iglesia cismática, pero me parece que puestas en una balanza las motivaciones aventureras de la flotilla alimentadas por el desvarío de Macron y Sánchez contrastan de tal manera con las posiciones de Alemania y Dinamarca que en esta ocasión mi corazón no tiende al Sur y me apena.