El tenista Garamendi

Carlos Hidalgo

El presidente de la CEOE, Antonio Garamendi, se quejaba la pasada semana de que la fuerza laboral española está perdiendo el concepto de la “cultura del esfuerzo” y criticaba los intentos de reducción de la jornada laboral poniendo como ejemplo al tenista Carlos Alcaraz. «¿Tú crees que Alcaraz trabaja 37 horas y media a la semana?», se preguntaba el exempresario vasco. Digo exempresario porque Garamendi es el primer presidente en la historia de la CEOE que tiene nómina, esto es: que trabaja por cuenta ajena, cobrando una nómina de 400.000 euros anuales.

Hay que reconocer a Garamendi su apuesta por la cultura del esfuerzo. Fue seguramente su esfuerzo el que le llevó a trabajar en las empresas fundadas por su abuelo y en las participadas por su padre. Su esfuerzo es el que también le sentó en los mismos puestos en los consejos de administración de Tubos Reunidos o de Aldecoa en los que antes se sentaba su padre.

Su esfuerzo le llevó a perder contra Juan Rosell por la presidencia de la CEOE y su esfuerzo le hizo aguantar todos los mandatos de Rosell, hasta que este dejó de ser presidente y Garamendi pudo presentarse como candidato único.

Seguramente su compromiso con la cultura del esfuerzo le llevó a alejarse de la actividad empresarial desde joven para dedicarse casi en exclusiva a las organizaciones empresariales.

No me atrevería a especular acerca de las horas semanales que Garamendi ha dedicado a su trabajo. Aunque imagino que en la CEOE no trabajará más de las 40 horas semanales, porque lo contrario sería contrario a la ley. Y no digo esto a la ligera: cuando me ha tocado escribir acerca de las horas extras no pagadas (que oscilan entre 7 y 8 millones semanales en España), desde la CEOE siempre se me ha negado su existencia, dado que estas son ilegales.

Es por todo ello por lo que entiendo que Garamendi pusiera de ejemplo a Carlos Alcaraz y no a sí mismo, dado que, como una gran mayoría de españoles, tampoco parece alcanzar los ideales de sufrimiento y esfuerzo asociados al deporte de élite.

Lo malo (y supongo que Garamendi desconocía esto), es que Carlos Alcaraz entrena unas 30 horas semanales, excepto cuando hay torneos; en los que su régimen de entrenamientos puede alcanzar las 40 horas semanales. Lo mismo ocurre con Paula Badosa, que sigue un programa parecido. Y Rafael Nadal entrenaba 4 horas diarias durante 210 días al año. Mientras que un trabajador o trabajadora de España trabaja 8 horas al día durante 261 días al año si no hace horas extra, pagadas o impagadas.

Es posible que, como afirma Garamendi, se esté perdiendo la cultura del esfuerzo. Sobre todo la del esfuerzo de echar cuentas acerca del trabajo ajeno antes de ponerse a criticarlo.  

Hematuria

Arthur Mulligan

Carles Puigdemont dijo a su entorno en el verano de 2023 que haría “mear sangre” al presidente Pedro Sánchez si quería ser investido y mantenerse en el poder. Esta expresión figurada reflejaba la intención de presionar duramente al gobierno de Sánchez para obtener concesiones políticas, y se ha cumplido con varias dificultades y bloqueos en la legislatura, como retrasos en reuniones, condicionamientos a decretos y exigencias constantes a Sánchez para que mantuviera su apoyo.

Terminábamos Julio con un balance económico cuyos números inquietantes más relevantes permanecen cuando no empeoran y, por lo mismo, el Gobierno sigue utilizando palabras abultadas que animan su opinión sincronizada: absoluto, garantizado, seguridad, bulo, ultraderecha, progresista, gente y vida mejor entre otras.

Un Puigdemont ensimismado no llega ni a eso, aunque muestra signos de fatiga cuando le cambian la cara a los enviados, más beatíficos y menos rústicos pero que no consiguen acordar nada.

Además, entre sus partidarios predomina una posición matizada y políticamente cautelosa enraizada en mayores simpatías con los judíos, aunque con énfasis en la autodeterminación de los pueblos y crítica con los dobles estándares europeos, pero sin un apoyo explícito contundente a Palestina en el conflicto actual. En todo caso las maniobras de Sánchez para que la represión brutal en Gaza ocupe la conversación pública, difumina su papel central y se une a la paulatina desafección de parte de sus votantes hacia su extrema derecha nacionalista comprometiendo sus proyectos cambiantes y cada vez más inestables.

Por otro lado, los asuntos pendientes de la corrupción interna del gobierno siguen alimentando nuevos sumarios que teme puedan contaminarle de algún modo.

Nada que ver con la actitud antisistema del Gobierno, animando y protegiendo protestas, desatendiendo cuando no obstaculizando la economía y la industria de modo indolente sin intentar siquiera avanzar- como hizo en Francia Bayrou- un plan para salir del impasse de unos desequilibrios financieros que también nos afectan, hablando a los ciudadanos con la transparencia que reclaman los adultos.

Compartiendo síntomas inquietantes de inestabilidad interna con Sánchez, Macron ha sorprendido a todos cambiando su posición de antes del verano.

Para tener sentido -decía- la diplomacia no tiene mayor finalidad que aquella que se postula en función de sus efectos, los cuales dependen en sí mismos de la elección del «momento decisivo».

Para poder ser el objeto de un reconocimiento, un Estado debe disponer de un pueblo, de un territorio y de un gobierno efectivo. Palestina no reúne ninguno de estos criterios. La población permanece desconocida en razón del movimiento mantenido alrededor del estatuto de refugiados; las fronteras permanecen desconocidas; la Autoridad Palestina deslegitimada, impotente y corrompida, depende en un 70 % de recursos financieros internacionales de origen muchas veces dudosos.

De modo que para ser eficaz  el reconocimiento del Estado palestino debería ser acompañado de condiciones estrictas permitiendo hacer que la paz avance: aceptación clara de la existencia y de la seguridad de Israel; desarme del futuro Estado; exclusión de Hamás; reforma profunda de la Autoridad Palestina.

Ahora que Mahmoud Abbas no tiene ni la voluntad ni los medios de poner en marcha sus promesas de organizar elecciones y asegurar la transparencia de la gobernanza de la Autoridad, ni de desarmar a Hamás y expulsarle de Gaza, la diplomacia francesa hubiera debido, en lugar de hacer un gesto simbólico estéril, dar prioridad a la negociación de un alto el fuego en Gaza , a la liberación de los secuestrados, al tratamiento del desastre humanitario y al restablecimiento de condiciones de vida decentes en un enclave fuera de control de Hamás y de Israel. Y junto a todo ello, trabajando por el alineamiento de Estados Unidos, Europa y los países del Golfo.

En lugar de eso el cambio de opinión solo ha servido para animar a los extremistas y la violencia. Hamás, derrotado militarmente, obtiene una victoria política y diplomática que le permite justificar tanto las masacres del 7 de octubre como el secuestro de la población de Gaza.

El gobierno israelí y sus miembros más extremistas, fortalecidos con el soporte de Donald Trump y su administración, pueden acelerar su deriva tendente a erradicar toda posibilidad de un Estado palestino a través de la destrucción total de Gaza y la deportación de su población de una parte y la cesión de la Cisjordania de otra .

Qué lejos queda hoy aquel Macron que llamaba al día siguiente de las masacres del 7 de Octubre a formar una coalición internacional contra Hamás inspirada en la impulsada contra el Estado islámico.

La creación de un Estado palestino constituye la sola salida pacífica y duradera a la guerra sin fin comenzada en 1947. Pero eso, porque el reconocimiento por Emanuel Macron y en mucha menor medida por Pedro Sánchez y su equipo de exteriores divide a los moderados, y en este momento trágico de la historia en el que la fuerza prima sobre el derecho debilitando a los partidarios de la paz, no se debe agradar a los extremistas y enardecer a los bárbaros incluso con la mejor de las intenciones.

Queda para la historia universal de la infamia no tanto la organización de una flotilla de propaganda salvadora con aire de kermesse irresponsable, sino la participación samaritana de una unidad de la Armada (en aguas internacionales, naturalmente) para el supuesto rescate de rescatadores por la presión del histrionismo del inevitable movimiento Podemos.

Reyes Mate se preguntaba desde las páginas de El País que «no debemos perder de vista a la otra parte: la torpeza Palestina desde 1948 y el terrorismo de Hamas. cuando veamos flamear las banderas de Palestina en las metas deberíamos preguntarnos qué ocurriría si tuvieran ellos el poder militar que tiene Israel. Y, mirando hacia dentro, Hamás dice tener a Alá por objetivo, a Mahoma como modelo y al Corán como Constitución… Solo este fundamento totalitario explica que habiendo Hamás provocado una guerra (y la sigue provocando), sacrificando a su pueblo solo para dejar en evidencia la brutalidad de Israel, no encuentre respuesta entre los médicos, maestros y ciudadanos palestinos que sufren la violencia israelí y no dicen una palabra sobre la opresión interna. Por todo eso las imágenes en las metas transmiten una imagen falsa: como si Israel fuera el problema y las banderas palestinas, que los manifestantes exhiben, la solución.»

Afortunadamente la UE sigue siendo plural, la prensa libre no tolera el pastoreo de seres que se creen iluminados y tampoco liderazgos sobrevenidos por condicionantes internos.

Alemania , Italia y Dinamarca han resistido a la estrategia de la izquierda internacional de reconocer incondicionalmente Palestina como un Estado sin exigir a cambio la liberación de los rehenes israelíes en Gaza y sin poner fin al terrorismo de Hamás que fue quien expulsó de la franja a la autoridad nacional Palestina de Mahmud Abbas.

El propio canciller alemán, Friedrich Merz, reiteró que la seguridad de Israel es un fundamento normativo innegociable para Alemania y aseguró que las críticas por la ofensiva en Gaza no deben convertirse en excusa para el antisemitismo y no justifican que Berlín le de la espalda a Tel Aviv. «El compromiso alemán con la existencia y con la seguridad del Estado de Israel es una parte innegociable de los fundamentos normativos de nuestro país», señaló en texto difundido por la oficina de prensa de la cancillería, durante un acto con ocasión del 75 aniversario de la creación del Consejo Central de los judíos en Alemania.

En tanto, el ministro de Exteriores de Dinamarca, Lars Lokke Rasmussen, planteó cinco condiciones indispensables para que su Gobierno esté dispuesto a reconocer a Palestina como un Estado, después de que a principios de mes el Ejecutivo de la primera ministra socialdemócrata Mette Frederiksen eliminase el requisito de que Israel dé su aprobación a este paso. «Se trata de lograr la liberación de los rehenes. Se trata de conseguir el desarme de Hamás. Se trata de que Hamás no desempeñe en el futuro un papel en el gobierno de Gaza y se trata finalmente de mantener a la Autoridad Palestina en el sendero de la reforma», declaró Rasmussen al medio danés DR. La quinta condición es que debe existir la «certeza» de que «un futuro Estado palestino estará desmilitarizado», enfatizó, antes de participar en la Asamblea General de Naciones Unidas. Rasmussen agregó que estas condiciones están en línea con lo que demandan otros países y aseguró que su Gobierno «quiere reconocer» a un Estado palestino, pero que «depende de los palestinos» cumplir los requisitos necesarios.

No sé si es por el clima, los espíritus del bosque, la vecindad hosca de una Rusia acomplejada y exaltada buscando siempre su alma atribulada por una Iglesia cismática, pero me parece que puestas en una balanza las motivaciones aventureras de la flotilla alimentadas por el desvarío de Macron y Sánchez contrastan de tal manera con las posiciones de Alemania y Dinamarca que en esta ocasión mi corazón no tiende al Sur y me apena.

Lecturas de interés sobre asuntos globales en este septiembre

Lluís Camprubí

Muchos textos de interés sobre asuntos globales en este arranque de curso. Permítanme hacerles una selección de los que me han parecido más relevantes.

Sobre el conflicto geopolítico entre fósiles y renovables. Me ha interesado este texto de La guerra global de Trump contra la descarbonización de Mark Blyth y Daniel Driscoll donde explican que la ofensiva anti-renovables y pro-fósiles de Trump puede venir por dos factores más o menos conocidos: a) el ideológico en contra de la intervención/planificación estatal industrial/energética y b) el apoyo a la industria amiga fósil/petrolera, pero que conviene tener presente un tercero, c) ayudar a mantener la hegemonía estadounidense ya que las fuentes de energía que sean dominantes ayudan a que la potencias que se basan en ellas sean dominantes. En este sentido, de interés The Coming ecological cold war, en el que Nils Gilman plantea que un factor central en las futuras alianzas y conflictos globales será el eje pro-fósiles (liderados por USA) versus los descarbonizadores/renovables, liderados por China. Así como el texto de Bill McKibben sobre la revolución -imparable- solar que estamos viviendo: 4,6 Bilion years on, the sun is having a moment.

Sobre Gaza. Mucho se ha escrito y descrito sobre los actos de genocidio para generar una limpieza étnica que estamos viviendo. Difícil seleccionar, quizás destacar por su limitada difusión dos testimonios de voces “occidentales” relevantes. La primera es la vivencia y reflexiones del historiador Filiu: “Es el laboratorio de un mundo sin derechos”. La segunda, el texto honesto de Gideon Rachman, articulista principal sobre asuntos exteriores en el Financial Times, y que puede ser termómetro de cambios de fondo en buena parte del establishment liberal ilustrado, en el que narra su evolución en los últimos años de “pro-Ukraine & pro-Israel” a “pro-Ukraine & pro-Palestine”: How Ukraine and Gaza scrambled the ideological map.

Banqueros centrales por una Europa independiente. Considero relevantes dos intervenciones por su claridad y peso específico. Ambas, partiendo de los retos a los que se enfrenta Europa en esto nuevo mundo de “carnívoros”, hacen un conjunto de diagnóstico y propuestas, tanto en el ámbito económico como sobre la autonomía estratégica. Son las conferencias de Mario Draghi y de Christine Lagarde.

Sobre Ucrania y seguridad europea. En primer lugar, recomendar todos los posts recientes de Phillips P. Obrien , en ellos se señala la debilidad analítica de la narrativa “Rusia tiene todas las de ganar y es imparable” y se ilustra el potencial estratégico del ataque sostenido sobre infraestructuras petroleras rusas por parte de Ucrania. En segundo lugar, el policy brief de Sven Biscop:  Summits and Sanctions, War and Peace: Is the EU Still in the Game? Sobre como Europa debería situarse en este contexto marcado por las relaciones conflictuales con y entre grandes potencias. Y finalmente, la tribuna de Josep Borrell: Por una defensa europea más integrada donde señala que una Unión Europea que aspira a ser un actor global no puede ser un “protectorado”, esperando que otros decidan por ella.

Tercero

Juanjo Cáceres

Adentrados en la parte final del mes de septiembre, queda ya lejano ese lapso veraniego que había alejado a los políticos de los focos, aunque en un grado inferior a lo habitual, a causa de los incendios y otras vicisitudes que atraviesa el mundo.

Antes de finalizar el curso pasado, se nos avisaba de que el curso venidero iba a ser duro y en verdad que lo está siendo. El arranque fue intenso en el Congreso y en el marco de la Vuelta surgieron las mayores protestas ciudadanas que Madrid había visto en mucho tiempo.

El éxito de estas últimas fue de tal magnitud, que le faltó tiempo a Pedro Sánchez para elevar el tono, ofrecer muestras de apoyo a las mismas y para adoptar nuevas decisiones en favor de los palestinos, que como es por todos sabido, pero no por todos dicho, son víctimas de un genocidio perpetrado por las fuerzas armadas israelíes.

«¿Y ahora qué?», podemos preguntarnos. ¿Cambiará todo esto el «destino manifiesto» de Pedro Sánchez y su gobierno, o bien será una gota que no podrá hacer océano para él, tras todo su desgaste, los casos de corrupción de sus principales cuadros de partido y la imputación de sus familiares más directos?

Las opiniones en este sentido no son muy coincidentes. Tal y como está la cosa, para el PSOE los últimos acontecimientos han sido agua de mayo ya que, para ellos, en este momento, toda noticia que no sea mala, es buena. Pero es que además la victoria y el acierto en el posicionamiento es poco discutible. Lo realmente increíble es que no se diga, se haga y se fuerce mucho más de lo que se ha hecho hasta ahora respecto a Palestina, pero esa es otra historia de la que hemos hablado abundantemente.

Pero por lo demás, en España, «todo sigue igual». La tónica comunicativa y confrontativa del curso pasado siguen siendo la norma, mientras se acentúa la presión judicial sobre aquellos familiares -esposa y hermano- que parecen avanzar sin posibilidad de obstáculo hacia el banquillo. Y esta sin duda es la mejor baza del «antisanchismo», porque aquí no se trata de acabar con el PSOE, sino de acabar con Sánchez (tampoco es que esté claro que haya muchísimo PSOE más allá de Sánchez, por grande que sea su poder institucional hoy en día).

Sin recordar, pues, otros frentes de debilidad, pese a que alguno ya ha sido mencionado más arriba, es comprensible que pese al halo de esperanza que suscitan acontecimientos recientes, el convencimiento generalizado sea que esto no baste. Por un lado, porque la protesta ciudadana no se puede, ni se debe mimetizar automáticamente en apoyo al partido de gobierno ni a su líder. Por el otro, porque la distancia temporal entre el presente y el momento en que se dirimirá el futuro del Gobierno, se antoja sideral, teniendo en cuenta el acelerado ritmo con que evolucionan los acontecimientos. Al moverse las cosas al ritmo de la luz, vayan ustedes a saber cómo estará todo cuando llegue el momento.

Puede, pues, que a Pedro Sánchez no le puedan salvar ni eventos inesperados, ni milagros sobrevenidos. Pero no son pocos seres identificados con todo aquello que se opone a la barbarie ultra los que duermen más esperanzados, tras comprobar por sus televisores que aún queda espíritu de rebeldía y de lucha. Parece evidente que ni el PSOE, ni Sumar, ni Podemos, por sus numerosísimas debilidades, están en condiciones de erigirse como auténticos referentes políticos de la esperanza. También que el que eso sea una semilla de lo nuevo es imposible en un corto espacio de tiempo (recuerden que entre el 15M y Podemos pasaron muchos años), si es que realmente tiene recorrido más allá.

De ahí que en ese tránsito muchos piensen que esto será o Sánchez o nada”. Y puede ser nada… O puede ser Sánchez. Yo no lo sé, pero en la limitada inventiva de los partidos y con el abrumador abatimiento de la sociedad, una cosa parece clara: más cartas no hay, ni habrá, por lo que para muchos todo se reduce ya a “susto o Sánchez”.

Guardianes de la democracia

Verónica Ugarte

Helen Thomas, periodista quien cubrió las ruedas de prensa de la Casa Blanca desde el mandato de Kennedy hasta el de Obama, escribió un libro donde aprecia que los periodistas son los guardianes de la democracia. En él hace énfasis en que siempre fue crítica y tuvo la fuerte convicción de que muchos Presidentes pudieron hacer mejor las cosas.

La Primera Enmienda expresa que nunca un gobierno puede censurar la libertad de expresión y que los medios de comunicación pueden publicar información y opiniones sin restricciones. En otras palabras, la Prensa es el cuarto poder dentro de un Estado Democrático, ya que su obligación es informar, de manera clara y sin tomar partido, de los hechos que acontecen en un gobierno (propio o extranjero) sin tener que medir el tono de sus palabras.

La Primera Enmienda es una de las más importantes, admiradas y ejemplares legislaciones debido a la protección de libertad de palabra, opinión y religión entre otras. Se estudia en varios campos sociales, y se sabe bien que su incumplimiento es un peligro serio para la población a la que defiende.

Los famosos Padres Fundadores fueron, en este sentido, más atrevidos en su tiempo y dicha Enmienda ha sido desarrollada, cuestionada, casi quebrantada (el Watergate, Nixon), pero al día de hoy, y después del asesinato del ultra derechista Kirk, violentada por el loco que está arrastrando a su país a una dictadura de facto.

Jamás se había escuchado a un Presidente de EEUU decir que si un medio no hablaba bien de él, le quitaría la Licencia para las transmisiones. Lo más cerca que posiblemente se había estado de una censura, fueron los tiempos de Nixon acerca de Vietnam y luego las escuchas al Partido Demócrata. Amenazar directamente y sin ambages a la libertad de prensa y de opinión, añadiendo en la peor de las interpretaciones de una mala ranchera que su palabra es la ley, nos lleva directos al abismo.

Porque no es un problema único de EEUU. Es un problema global. Entre las piezas de ajedrez que dicho país posee en el tablero llamado mundo, mueve a su antojo países (como Italia, donde la serie “M”, cuya primera temporada fue un éxito, la segunda fue cancelada, aduciendo a que los momentos que vive Italia no son los mejores para la acogida de una seria que está basada en la pentalogia de Scurassi acerca de la vida de Mussolini) y medios de comunicación que ocultan los hechos, y direccionan el pensamiento del Pueblo, o mejor dicho, sus simpatías y fantasmas eternos.

El asesinato de Kirk ha dado más fuerza a los variopintos personajes, fuerzas ocultas o ya ni siquiera ocultas, del ultraderechismo. La cancelación de programas nacionales donde se criticaba a Kirk, a Trump, a Vance, ha iniciado el peligroso viaje hacia tiempos que otros países conocieron. No habrá censura religiosa o militar. Está siendo la censura del patán que fue votado nuevamente gracias al circo mediático orquestado y alimentado por personajes como Kirk.

La creencia incrustada en más de una mente: blancos, protestantes, americanos puros, ha sido clave desde la época de Reagan para algunas votaciones, pero en estos momentos estamos ante el abismo de la locura. Ya no importa el color de la piel, ya no importa quién fue tu padre. Importa MAGA. “

“Las cosas que usted busca, Montag, están en el mundo; pero el noventa y nueve por ciento de los hombres solo puede verlas en los libros”. Ray Bradbury

Dogmatismo económico sin sentido

Carlos Hidalgo

Hace ya 24 años que se imprimió “La economía desenmascarada” de Steve Keen, una obra crítica que pone en cuestión los fundamentos de la teoría económica convencional. El autor, economista australiano, denuncia el dogmatismo de la economía neoclásica, argumentando que sus modelos simplifican en exceso la realidad y han contribuido a crisis como la financiera de 2008. Keen sostiene que los supuestos de competencia perfecta, equilibrio y racionalidad no reflejan el comportamiento real de los mercados ni de los agentes económicos.

El libro explora cómo las dinámicas de deuda privada y la inestabilidad financiera son ignoradas por la economía tradicional, y defiende la importancia de modelos más realistas que incorporen la complejidad, la incertidumbre y las interacciones no lineales. Steve Keen aboga por una reforma profunda de la disciplina, invitando a economistas y lectores a cuestionar las bases aceptadas y a considerar alternativas heterodoxas para entender y gestionar la economía contemporánea.

Algo que no ha sucedido, ni se prevé que suceda en breve.

Estos días estamos viendo como Argentina que, pese a los delirios autoritarios de Milei, se veía como un “milagro” por parte de los economistas ortodoxos de turno y sus habituales pregoneros, está agravando la crisis perpetua que atenaza al país. El “milagro” de Milei era un espejismo sostenido por préstamos del FMI y, en cuanto el dinero prestado se acabó, la combinación de recortes fiscales, mutilación salvaje del sector público y la pobreza forzada sobre gran parte de la población, han terminado gripando a la economía, hundiendo más aún al peso y seguramente abocando al país a una más que posible recesión.

Hasta que se pusieron de moda los llamados “monetaristas” o la “escuela de Chicago”, la Economía se seguía viendo a sí misma como la ciencia de repartir de la manera más eficiente posible unos recursos escasos. Y esa eficiencia se basaba en aproximarse lo más posible al llamado “óptimo de Pareto”, desarrollado por el economista italiano Vilfredo Pareto, que describe una situación en la que se alcanza un equilibrio en el que los recursos están asignados de tal manera que no se perjudica a nadie al asignarlos.

La economía “ortodoxa” niega la realidad y hace énfasis en que el Estado debe abandonar su papel de árbitro, coordinador y regulador de la actividad económica, para que la llamada “mano invisible” del mercado funcione por sí misma. Lo que obrará el milagro de que los ricos, al verse más ricos, no solo competirán más entre ellos, sino que redistribuirán la riqueza mediante la inversión y el reparto de beneficios.

Nada de eso ha ocurrido. En la práctica la desregulación nos ha llevado a varias crisis financieras de gravedad, a la pérdida del poder adquisitivo de los trabajadores, al crecimiento descontrolado de empresas que las han situado en posiciones de monopolio mundial y a que los más ricos acumulen rentas sin compartirlas -por la razón que sea- con los demás.

Y lo peor es que en el caso de las crisis, estas teorías encubren cierto sadismo moral con los más perjudicados por ellas: se castiga a los consumidores y trabajadores empobrecidos por “vivir por encima de sus posibilidades” y se rescata a los armatostes financieros que realmente llevaron a la economía a su ruptura por especular irresponsablemente con dinero ajeno.

En Argentina, esa moralina sádica de señalar y castigar a los “pecadores” económicos se ha traducido en una brusca caída de la demanda interna que está paralizando al país. Parece que el concepto de que si la gente es demasiado pobre no va a comprar nada, no entra en la cabeza de los ortodoxos, que además disfrazan a la impunidad de los ricos como “libertad”, mientras que se descalifica y ridiculiza a las personas que sufren y se empobrecen a resultas de esa fanática adhesión a unas teorías económicas que deberían estar igual de superadas en su disciplina que el sistema geocéntrico en la astronomía.

No solo pasa en Argentina, sin embargo. Y en España hay muchas personas deseando aplicar las recetas de Milei, pese a que estamos viviendo en directo su fracaso. Y no es porque la economía española esté mal precisamente. Seguimos siendo el país que más crece de la economía euro. Y ya se ha comprobado varias veces que aumentar el poder adquisitivo de los trabajadores anima al consumo interno y a la creación de empleo, justo al revés de como mandan los dogmas ortodoxos. Es más, los problemas económicos del país se deben más a mercados en los que la redistribución no es eficiente, como la vivienda o la energía, donde la desregulación ha introducido a actores más interesados en aprovechar una demanda inelástica para especular, que en competir entre ellos o permitir la entrada de nuevos actores.

Tal vez sea el momento de abordar un debate serio con las cifras en la mano, que nos lleve a un cambio de modelo y nos libre de dogmáticos que terminen rompiendo todo aquello que dicen defender.

Deus lo vol

Julio Embid

Los fines de semana me gusta mucho ir al Galacho de Juslibol. Este es un espacio natural a las afueras de Zaragoza formado por meandros abandonados de la margen izquierda del río Ebro. Es un lugar único, verde y lleno de agua y de vida rodeado por zonas calizas secas donde no crece nada. Está junto a la Academia General Militar y puedes oír los tanques si salen de maniobras y al lado de un pequeño pueblo rodeado de huertas que carece de Ayuntamiento y forma uno de los llamados barrios rurales de Zaragoza: Juslibol.

El origen de este pueblo y de su nombre proviene de la Edad Media, del periodo de la conquista de Zaragoza, entre el Reino de Aragón y la Taifa de Saraqusta a comienzos del siglo XII, que además coincide con la Primera Cruzada que el Papa de Roma organizó junto al Reino de los Francos, el Reino de Inglaterra, los genoveses y varios nobles alemanes para recuperar los lugares sagrados del cristianismo en Oriente Medio. Pues bien, en este pequeño rincón donde resido, al norte de Zaragoza, llegó procedente de Huesca el rey Pedro I de Aragón en 1101 y fundó un pequeño campamento en un cerro donde se podía ver toda la gran capital y lo llamó Deus lo vol (Dios lo quiere). Como el rey no tenía descendencia fue sustituido por su hermano Alfonso I Sánchez de la dinastía Jimena, más conocido como “El Batallador”.

Este rey, tras conquistar las Cinco Villas y cortar en dos la Taifa de Zaragoza, separándola de Tudela, inició un largo asedio para tomar la ciudad que duró nueve meses en 1118. Vinieron veteranos de las cruzadas de toda Europa, bearneses, gascones, germanos, franceses, castellanos y navarros que se reunieron en Deus lo vol para construir máquinas de asedio y sitiar la ciudad, matando a sus pobladores por hambre y destruyéndola con lanzapiedras desde lejos, subidos a una montaña al otro lado del río Ebro. A Saraqusta, que entonces tenía 25.000 habitantes, le llegaron refuerzos desde Valencia y desde Granada, pero no fueron suficientes y en diciembre la ciudad cayó.

El Batallador entró en Zaragoza prometiendo respeto a la población musulmana, que en su mayoría acabó huyendo. La ciudad fue repoblada con colonos navarros y del sur de Francia, y al año siguiente de su conquista, tras asegurar y jurar que mantendría las mezquitas, el rey ordenó derribar la Mezquita Mayor para levantar en su lugar, en pleno centro de la ciudad, la Catedral del Salvador, más conocida como La Seo. Ahí terminó, de hecho, el mito de las “tres culturas”. En Deus lo vol, después conocido como Juslibol, junto al galacho, se levantó un palacio de veraneo para los arzobispos, porque los veranos zaragozanos, entonces, ahora y siempre fueron insoportables.

Hace nueve siglos, Alfonso el Batallador justificó su conquista en el mandato divino. Y hace apenas dos años, en octubre de 2023, otro dirigente volvió a recurrir a Dios para amparar la violencia: Benjamin Netanyahu, primer ministro de Israel. Su ejército inició un asedio sobre Gaza que no puede llamarse guerra: no hay dos bandos equivalentes. Hamás, tras los atentados de aquel año, fue prácticamente aniquilado. Lo que ha seguido desde entonces es una campaña sistemática de destrucción.

Decenas de miles de palestinos – según distintas estimaciones, más de 65.000, entre ellos unos 20.000 niños – han muerto bajo bombardeos, hambre o falta de asistencia. No se trata de bajas militares, sino de civiles – dos tercios del total de muertos – asesinados en sus casas, en hospitales, en las colas de reparto de alimentos. Una limpieza étnica encaminada a vaciar Gaza y sustituirla por colonias agrícolas e instalaciones turísticas en la costa mediterránea. Otro Marina D’Or es posible sobre la sangre de millones de víctimas.

En el Parlamento de Israel – la Knesset – son cada vez más numerosos los grupos parlamentarios de partidos religiosos que basan la política en lo que dicen que su dios les dijo. El libro del Génesis de la Biblia dice que Yahvé le prometió a Abraham, y a sus descendientes (esto es lo importante), toda la tierra que hay desde el Nilo hasta el Eufrates, desde el actual Egipto hasta el actual Iraq. Y a eso se aferran Netanyahu y sus secuaces para empuñar las armas, a la voluntad de Dios. Sólo espero que dentro de mil años, en el Parque Grande de Ciudad de Gaza, no se alce una colosal estatua de Netanyahu. Sería señal de que, como seres humanos, al menos, habremos mejorado algo. 

No son los videojuegos, son las redes sociales

Carlos Hidalgo

Hace poco menos de diez años que empecé un artículo acerca de un movimiento llamado “Gamergate”. Una decepción amorosa por parte de un desarrollador de videojuegos, al que su pareja (también desarrolladora) abandonó por el editor de una influyente página web de crítica de videojuegos, terminó derivando en amenazas de bomba, la exposición pública de las direcciones y datos de mujeres que trabajaban en el sector y una masa no desdeñable de hombres jóvenes que pensaban que las mujeres querían destruir el mundo de los videojuegos. Cuando acabé el artículo y lo publiqué, no tardé en empezar a recibir amenazas, más o menos veladas, por parte de los miembros españoles del “Gamergate”, a los que desagradaba ver publicadas sus hazañas y más todavía ver cómo estas afectaban a sus víctimas, casi siempre mujeres.

Esta deriva tan tóxica de algunas comunidades de “gamers” o “jugones” se pastoreó desde Breitbart News, la web de ultraderecha que en aquel momento dirigía Steve Bannon y fue llevada a cabo por el activista Milo Giannopoulos, un provocador que repetía con alegría el ideario nazi sin decir la palabra “nazi”.

Aquello no amainó. Diversos foros en 4Chan, e incluso en algunos en los foros oficiales de los videojuegos más famosos, como “Counter Strike”, “Minecraft” o “Fornite”, mantienen vivo ese movimiento misógino y ultraderechista, del que emanaron otras variantes, como los “incel” y de los que han salido incluso los típicos asesinos que cogen un rifle y siembran el caos en ciudades y centros educativos, no sólo en EEUU, sino también en Canadá, Francia o Alemania.

El dolor y las muertes causadas por estas comunidades de internet siempre se atribuyen a los llamados “lobos solitarios”, pero estos lobos realmente no son muy diferentes a los terroristas islamistas que se armaban ideológicamente y recogían consejos prácticos en sitios relacionados con el Daesh. Solo que en este caso la motivación no es religiosa, sino nihilista, misógina y basada en el victimismo, con argumentos tales como que ser un hombre blanco heterosexual está perseguido. Y los asesinatos se disfrazan de “retos” y se justifican con humor negro. Se ve como algo heroico el matar “por los loles” (por LOL, las siglas en inglés de “reírse a tope sonoramente”).

El asesino del divulgador derechista Charlie Kirk, Tyler Robinson, parece un producto de estas comunidades. Los medios han hecho mucho énfasis en que pasaba mucho tiempo jugando a videojuegos, pero todos los estudios serios sobre el tema indican que los videojuegos reducen las conductas violentas en lugar de estimularlas. Las comunidades de éstos en Discord, 4Chan, etc. son otra cosa. Y en todas ellas el asesino buscó consejos, fue animado e incluso presumió del crimen una vez que fue cometido. Los mensajes que dejó en los casquillos que abandonó en el lugar del crimen, además tenían los típicos mensajes-meme que se pueden leer en esos sitios de internet y que las autoridades no fueron capaces de entender en un principio, porque esos ámbitos de socialización son invisibles para los que tenemos cierta edad y lleva un tiempo desentrañar todo ese lenguaje con referencias a cosas que desconocemos.

Aparte del siempre mencionado problema que tienen en los Estados Unidos con el acceso a las armas de fuego, existe un problema que afecta al resto del mundo, que es lo que se cuece mientras pensamos que nuestros hijos están tranquilamente jugando en su ordenador o mirando su teléfono móvil. Y es que, mientras que nosotros pensamos que no dan guerra y ni nos interesamos por saber qué hacen, ellos hacen el equivalente de visitar todos los días los peores garitos, llenos de la peor gentuza.

Aunque se sospecha que Robinson era seguidor de Nick Fuentes, un “influencer” ultraderechista que afirmaba que Kirk era un vendido y Trump un blando, el gobernador de Utah se aferra a los videojuegos y a una ideología “izquierdista” que el asesino nunca demostró. Y el propio Fuentes ha empezado a hacer llamamientos a la calma y a rogar a sus seguidores que no cojan las armas. Por ahora.

Culpar de ello a los videojuegos es un recurso comprensible, aunque simplón. Pero no haber vigilado lo que se está incubando desde hace más de una década y el verlo desde una perspectiva que se ha quedado obsoleta y no quiere reconocer el contexto mediante el cual muchos jóvenes se radicalizan, nos pone a todos en peligro.

Si son niños son nuestros

Alfons Salmerón

Si hay algo que me indigna profundamente es la mentira. Y vivimos en el reino de la mentira. La era de la posverdad. La posverdad ha pasado de ser un concepto académico a un lugar común en el discurso político. Cuando el relato se disocia de los hechos, la verdad es una quimera. He ahí la crisis de la credibilidad contemporánea. En el contexto de la modernidad tardía, la posverdad no solo describe una dinámica cultural; es un recurso de la hegemonía del sistema económico y político que se apoya en redes sociales, plataformas digitales y conglomerados mediáticos para moldear percepciones a escala global. Es gobierno de lo perverso.

Las palabras de Ayuso o de Feijóo tildando de violenta una protesta pacífica que trataba de denunciar la complicidad de la Vuelta en la operación propagandística del gobierno israelí para blanquear la muerte de casi 50.000 víctimas civiles, 18.000 de las cuáles son niños me producen verdadero asco. Tratar de convertir en un debate jurídico el asesinato sistemático por parte de un Estado de decenas de miles de personas civiles solo puede ser propio de personas perversas sin alma. Habíamos crecido en consensos que parecían incontestables más allá de las adscripciones ideológicas. El asesinato de civiles sistemático de civiles no es un hecho colateral, sino un crimen de guerra. Creíamos haber crecido con la lección aprendida del holocausto nazi. Algo que nunca más debería volver a ocurrir y sin embargo, algo parecido está volviendo a suceder frente a nuestras narices y resulta aterrador que no exista un consenso democrático capaz de nombrarlo.

Suele decir Jorge Luis Tizón, psiquiatra y psicoanalista que tuve el honor de tener como profesor de Máster de Psicopatología, que hay que estar muy atentos a las emociones que nos despierta el otro. Cuando una persona nos provoca una emoción de asco, sostiene, es muy probable que estemos delante de una persona perversa. El asco es una de las emociones más primitivas y elementales, presentes en nuestro cerebro reptiliano. Una emoción básica para nuestra supervivencia que nos protege de comer alimentos en mal estado por ejemplo. Es importante fiarse de las emociones, siempre y cuando uno tenga bien afinado su sistema límbico. Lo que ocurre es que este entramado de personalidades perversas y narcisistas que dirige el mundo se empeña en darle la vuelta a la realidad, pervirtiendo su significado, imponiéndonos su relato con todos los instrumentos de poder que tienen a su alcance.

“Solo le pide a Dios que el dolor no me sea indiferente” escribía León Gieco para que luego nos lo cantaran tantas voces maravillosas como Mercedes Sosa o en nuestro país Ana Belén. Qué sencillez, ¿no es cierto? Una sola frase que encierra el sentido de ser humanos, del hecho de ser humano, que no es otra que la capacidad que tenemos para sentirnos conmovidos por el dolor ajeno. ¿Han visto ustedes sufrir de dolor a un solo niño sin que no hayan sufrido ustedes también? ¿Verdad que no? Eso espero. El llanto sin consuelo de un solo niño es un hecho insoportable que puede corroborar cualquier persona que lo haya vivido. Pues bien, en Palestina han sido asesinados 17.921 niños según datos oficiales. Un ejército de hombres hechos y derechos han matado a casi 18.000 niños ¿Es posible pronunciar esta frase sin experimentar dolor, rabia o impotencia? No es posible, a menos que sea usted también una persona perversa y merezca también todo nuestro desprecio.

Vivimos el ascenso de un neofascismo global en la expresión cultural de este capitalismo tardío que se caracteriza por la financiarización extrema, el consumo hipersegmentado y la hegemonía de plataformas digitales, que requiere de narrativas que sostengan su legitimidad. La economía de la atención convierte las emociones en mercancía y recompensa los mensajes virales, aun cuando sean falsos. Este modelo favorece la polarización, simplifica los conflictos complejos y castiga los matices creando un terreno fértil para la desinformación. Mata cualquier posibilidad de debate serio al prescindir de los hechos, reinventando y renombrando la realidad. La máxima de Goebbels llevada a su máxima expresión. Una mentira repetida hasta la saciedad se convierte en verdad.

Por todo eso es tan importante lo que ocurrió el domingo en las calles de Madrid. Madrid otra vez, el Madrid popular que desmiente tantos relatos, el Madrid del no pasarán y el de las Asambleas de la Puerta del Sol. Es importante por lo que tiene de resistencia frente a la mentira. Una resistencia íntima que se convierte en un hecho político colectivo. Porque en tiempos de la posverdad no hay acto más revolucionario que el llamar a las cosas por su nombre. Como nos recuerda Jorge Drexler en su última canción:“Un refugiado es un refugiado/Un niño es un niño y el miedo es el miedo/Destierro es detierro/Y una hipocresia es una hipocresía (…) El dedo que aprieta el gatillo debería saber esto/No hay tuyos ni suyos ni míos, si son niños son nuestros”

Amarás a Dios sobre todas las cosas

Verónica Ugarte

Blanco, protestante, estadounidense, hijo de trumpistas, con contacto con las armas desde pequeño. Algunas de las características del asesino de Charlie Kirk

Uno de los predicadores acerca de la verdad absoluta de lo que ocurre en EEUU, fan de Trump, no era más que una marca, una de tantas. Racista, sin empatía (palabra que menospreciaba) hacia el sufrimiento de los inmigrantes indocumentados, niños entre ellos. No le importaba decir que si violaban a su hija, ella debería tener al bebé. Pro Vida, entendía que la vida empieza en la concepción y no en el parto (no era muy inteligente, dado que desconocía las etapas de la menstruación).

En otras palabras, otra voz amenazante que hacía de gran orador pero estudiantes de Cambridge o de un instituto lo podían hundir en un debate debido a su ignorancia, su desprecio por las voces diferentes a la suya y su peligroso populismo que apelaba a la Segunda Enmienda.

Que un aspirante a político no sepa debatir habla de la pobreza de su educación. De su exceso de ignorancia y de atrevimiento. De su falta de responsabilidad por nutrirse de lo que hay más allá de lo que sus ojos y oídos alcanzan. Kirk era un altavoz para los paletos y basura blanca que han dado paso a que llegase Trump la primera y segunda vez al Despacho Oval. También es responsabilidad de individuos así la compra masiva de armas en las calles, los tiroteos en las escuelas y decir “gracias, Dios, por la Segunda Enmienda”.

Tenemos al otrora mejor país del mundo, a la otrora potencia mundial, desnuda. No es solo Trump el Presidente. Vemos claramente quienes lo apoyan: personas que no tienen el menor interés por el bienestar de nadie que no sea el suyo propio.

Kirk era agresivo, violento. Tenía claro que su papel como hombre blanco era el de dirigir y oprimir los derechos de mujeres, minorías. Decir sin arrobo que los inmigrantes debían volver a su país porque eran criminales. Decir que el sistema se había convertido en laxo gracias a las tasas de racismo positivo y por ello tenía el derecho y deber de dudar si un hombre negro estaba capacitado para hacer su trabajo, algo que jamás cuestionaría si fuese blanco.

La extrema derecha de EEUU tiene ahora mismo lo que más necesitaba: un mártir a quien llorar. Un pseudo hombre a llevar a las alturas de panfletos, ceremonias, mítines… Un mártir para la causa ayuda a un Trump que ha llevado al país a su límite de exacerbación, dolor y rencor.

No se trata solo de una polarización política, sino también social. El inglés como idioma no de colonización, sino de supremacía. El color de la piel importa más que nunca. Y un Dios que algunos dicen que existe, lleva a su lado a un “buen cristiano, padre y esposo”.

Las RRSS, gracias a la infame IA, arden de mentiras que deben contrastarse si se es responsable. Si eres un paleto, te crees lo que digan los algoritmos de quienes poseen tu cerebro y tus $100 dólares semanales.

El video de la señora Kirk clamando a la venganza, al odio, es la realidad a la que nos enfrentamos en la profundidad de ese país. Peor fue verla besando al cadáver. Pero como he dicho antes, todo se trata de una marca. De un frente común a favor de lo peor que se puede sacar de una sociedad absurda, racista e ignara.

“Pon la otra mejilla”. “Ama a tu prójimo”. Palabras para ingenuos.

Clinton, Obama y Biden llamaron a la unidad. Trump a la guerra. En política llamar a la esperanza es una necedad. En política se llama a la responsabilidad y se exige que el Congreso esté a la altura para detener esta barbarie. Estamos muy lejos de una guerra civil. Tan solo el mencionarla da rubor. Pero la violencia diaria no debe intensificarse.

En un país donde Dios está en el dólar, debemos decir:

Si tu hermano peca, repréndelo; y, si se arrepiente, perdónalo. Aun si peca contra ti siete veces en un día, y siete veces regresa a decirte “Me arrepiento”, perdónalo. Lucas 17:3b-4.