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Ayer la Vuelta ciclista a España tuvo que suspender su etapa final en Madrid tras varios incidentes en varias etapas anteriores por el boicoteo popular a la participación (obligada al habérsela ganado por puntos) de un equipo propiedad de un judío canadiense amigo de Natanyahu con el nombre de Israel. Servidora, que es aficionado al ciclismo, oyente habitual de la radio deportiva (especialmente la COPE) y admirador desde que destacó en el tour con el Reynolds de Pedro Delgado, está encantado. Y mis amigos israelíes, y judíos de otros lares, también. Uno me ha comentado “As a South African Jewish struggle Comrade wrote to me today: The Spain cycling stuff is the equivalent of the New Zealand protests against Springboks in ’81…”
Es escandaloso que tras la suspensión internacional de Rusia de todas las competiciones internacionales a raíz de su invasión de Ucrania, ninguna instancia deportiva internacional haya tomado la misma medida con Israel. Recordemos: Desde febrero de 2022 se estima que Rusia ha matado a unos 90 mil ucranianos, de los cuales 13 mil civiles. En cambio, se estima que desde octubre de 2023 cuando Hamás la atacó, Israel ha matado a unos 65 mil palestinos en Gaza, de los cuales unos 43 mil civiles. Es decir, el triple de civiles en dos años frente a tres y medio. Cuando la cosa alcanza la condición de barbarie es estéril hacer distingos pero el Israel gobernado por Netanyahu hace bueno a Putin. Pese a lo cual, Israel sigue participando en las competiciones internacionales de futbol, baloncesto, etc, aparte de Eurovisión y lo que sea. Y como se te ocurra argumentar que no debería ser así, más vale que tengas coartada de no antisemitismo, porque te cae seguro, aunque seas judío (“self-hating Jew” les dicen).
Cuando el asedio a Sarajevo salieron 80 mil españoles en Barcelona a denunciarlo (muchos de los cuales no tendrían claro dónde estaba, me atrevo a sospechar). Cuando Bush jr. decidió invadir Iraq para imponer la libertad y la democracia, España volvió a salir a la calle indignada. Ahora el pueblo español no hace sino mantener su quijotismo (entendido como dignidad con independencia del coste) secular contra la barbarie en vista del doble rasero internacional frente a Rusia e Israel. Y a diferencia de otros lares (Francia, Países Bajos…), no son “moros”, islámicos, “marrones” los que se manifiestan sino blancos, oriundos, solidarios y dignos los que lideran las protestas. Y no, los ex etarras, indepes y extremistas no son capaces de movilizar a una gran mayoría del pueblo español que, mal que les pese a la COPE y a Pedro Delgado, sienten que vale la pena arruinar la Vuelta ahora que teníamos la posibilidad de actuar para poner coto a la indignidad internacional.
Israel era un proyecto ilusionante, nunca perfecto pero extraordinario, desde muchos puntos de vista. Su filo-socialismo originario contrastaba con su pecado colonialista pero heredó lo mejor de la democracia británica y verdificó el desierto, se orientó hacia el I+D+i y generó un espacio de libertad de género antes que muchos otros. Los ashkenazíes europeizados laícos decayeron frente a los sefardíes medio-orientales más religiosos y de aquellos polvos estos lodos. Hoy es una democracia muy debilitada que ha perdido toda credibilidad internacional como miembro del club de las “naciones civilizadas”. Porque por muy malo que sea, no se puede matar a un terrorista al precio (en víctimas civiles “colaterales”) que sea. Y menos si son decenas de miles, incluidos niños, mujeres y mayores. O matarles de hambre.
En el gobierno liderado por Netanyahu hay ministros que pertenecen a partidos otrora condenados por terrorismo y odio y el propio Netanyahu lleva décadas (se dice pronto) dejando claro que no quiere paz, que quiere derrotar a la legítima aspiración palestina a un Estado propio, cuando menos a no seguir bajo ocupación militar israelí.
Es mucho más difícil describir todo esto en un artículo como este que percibirlo. Y al pueblo español no le hace faltan artículos para sentirlo. Afortunadamente. No estamos solos. En Irlanda, muy sensibles a la ocupación extranjera, lo sienten igual. Pero Irlanda no es tan grande como España. Ni Eslovenia, ni Luxemburgo, ni Bélgica, ni siquiera los Países Bajos, tradicionalmente filo israelíes (Anna Frank, ocupación alemana) pero hoy a la cabeza también de los que reclaman medidas contundentes de la UE.
La Presidenta de la Comisión Europea, la alemana von der Leyen, anunció la semana pasada medidas contundentes, que se sustanciarán esta semana. Lo habrá hecho por convicción o, más seguramente, por concitar el apoyo de los social-demócratas en el Parlamento Europeo. Lo mismo cabe dudar de Pedro Sánchez. Acosado por todos los lados, el frente israelí sin duda le viene muy bien para desviar la atención. Pero ¿qué hay de mal en hacer lo correcto por mucho que te beneficie?
Algo que no parece ser capaz de entender el PP. Las críticas de Ayuso, Almeida y Feijóo tras la suspensión de la Vuelta han mimetizado las llegadas desde el gobierno ultra de Israel. ¿No son capaces de aprender a no enfrentarse a la mayoría del pueblo español?