Israel, déjate de milongas: el PP no aprende

LBNL

Ayer la Vuelta ciclista a España tuvo que suspender su etapa final en Madrid tras varios incidentes en varias etapas anteriores por el boicoteo popular a la participación (obligada al habérsela ganado por puntos) de un equipo propiedad de un judío canadiense amigo de Natanyahu con el nombre de Israel. Servidora, que es aficionado al ciclismo, oyente habitual de la radio deportiva (especialmente la COPE) y admirador desde que destacó en el tour con el Reynolds de Pedro Delgado, está encantado. Y mis amigos israelíes, y judíos de otros lares, también. Uno me ha comentado “As a South African Jewish struggle Comrade wrote to me today: The Spain cycling stuff is the equivalent of the New Zealand protests against Springboks in ’81…”

Es escandaloso que tras la suspensión internacional de Rusia de todas las competiciones internacionales a raíz de su invasión de Ucrania, ninguna instancia deportiva internacional haya tomado la misma medida con Israel. Recordemos: Desde febrero de 2022 se estima que Rusia ha matado a unos 90 mil ucranianos, de los cuales 13 mil civiles. En cambio, se estima que desde octubre de 2023 cuando Hamás la atacó, Israel ha matado a unos 65 mil palestinos en Gaza, de los cuales unos 43 mil civiles. Es decir, el triple de civiles en dos años frente a tres y medio. Cuando la cosa alcanza la condición de barbarie es estéril hacer distingos pero el Israel gobernado por Netanyahu hace bueno a Putin. Pese a lo cual, Israel sigue participando en las competiciones internacionales de futbol, baloncesto, etc, aparte de Eurovisión y lo que sea. Y como se te ocurra argumentar que no debería ser así, más vale que tengas coartada de no antisemitismo, porque te cae seguro, aunque seas judío (“self-hating Jew” les dicen).

Cuando el asedio a Sarajevo salieron 80 mil españoles en Barcelona a denunciarlo (muchos de los cuales no tendrían claro dónde estaba, me atrevo a sospechar). Cuando Bush jr. decidió invadir Iraq para imponer la libertad y la democracia, España volvió a salir a la calle indignada. Ahora el pueblo español no hace sino mantener su quijotismo (entendido como dignidad con independencia del coste) secular contra la barbarie en vista del doble rasero internacional frente a Rusia e Israel. Y a diferencia de otros lares (Francia, Países Bajos…), no son “moros”, islámicos, “marrones” los que se manifiestan sino blancos, oriundos, solidarios y dignos los que lideran las protestas. Y no, los ex etarras, indepes y extremistas no son capaces de movilizar a una gran mayoría del pueblo español que, mal que les pese a la COPE y a Pedro Delgado, sienten que vale la pena arruinar la Vuelta ahora que teníamos la posibilidad de actuar para poner coto a la indignidad internacional.

Israel era un proyecto ilusionante, nunca perfecto pero extraordinario, desde muchos puntos de vista. Su filo-socialismo originario contrastaba con su pecado colonialista pero heredó lo mejor de la democracia británica y verdificó el desierto, se orientó hacia el I+D+i y generó un espacio de libertad de género antes que muchos otros. Los ashkenazíes europeizados laícos decayeron frente a los sefardíes medio-orientales más religiosos y de aquellos polvos estos lodos. Hoy es una democracia muy debilitada que ha perdido toda credibilidad internacional como miembro del club de las “naciones civilizadas”. Porque por muy malo que sea, no se puede matar a un terrorista al precio (en víctimas civiles “colaterales”) que sea. Y menos si son decenas de miles, incluidos niños, mujeres y mayores. O matarles de hambre.

En el gobierno liderado por Netanyahu hay ministros que pertenecen a partidos otrora condenados por terrorismo y odio y el propio Netanyahu lleva décadas (se dice pronto) dejando claro que no quiere paz, que quiere derrotar a la legítima aspiración palestina a un Estado propio, cuando menos a no seguir bajo ocupación militar israelí.

Es mucho más difícil describir todo esto en un artículo como este que percibirlo. Y al pueblo español no le hace faltan artículos para sentirlo. Afortunadamente. No estamos solos. En Irlanda, muy sensibles a la ocupación extranjera, lo sienten igual. Pero Irlanda no es tan grande como España. Ni Eslovenia, ni Luxemburgo, ni Bélgica, ni siquiera los Países Bajos, tradicionalmente filo israelíes (Anna Frank, ocupación alemana) pero hoy a la cabeza también de los que reclaman medidas contundentes de la UE.

La Presidenta de la Comisión Europea, la alemana von der Leyen, anunció la semana pasada medidas contundentes, que se sustanciarán esta semana. Lo habrá hecho por convicción o, más seguramente, por concitar el apoyo de los social-demócratas en el Parlamento Europeo. Lo mismo cabe dudar de Pedro Sánchez. Acosado por todos los lados, el frente israelí sin duda le viene muy bien para desviar la atención. Pero ¿qué hay de mal en hacer lo correcto por mucho que te beneficie?

Algo que no parece ser capaz de entender el PP. Las críticas de Ayuso, Almeida y Feijóo tras la suspensión de la Vuelta han mimetizado las llegadas desde el gobierno ultra de Israel. ¿No son capaces de aprender a no enfrentarse a la mayoría del pueblo español?

Al final del verano

Arthur Mulligan

La situación política en España a septiembre de 2025 está marcada con una especie de bloqueo institucional, debilidad parlamentaria, crisis superpuestas y casos de corrupción que afectan esencialmente al gobierno central y al PSOE. Resistir en estas condiciones, sin convocar nuevas elecciones, es cada vez más difícil y se están generando presiones desde múltiples frentes para que se acuda de nuevo a la urnas.

El gobierno de coalición depende de alianzas frágiles y, por el momento solo ha conseguido renovar el apoyo necesario para aguantar, el rechazo o bloqueo de los presupuestos generales del Estado parece inminente, y la tercera prórroga consecutiva sería un síntoma inequívoco de disfunción institucional.

Los empresarios y analistas institucionales señalan que las prórrogas presupuestarias sistemáticas son un peligro para la economía, la credibilidad institucional y el funcionamiento ordinario de la democracia. Se subraya que aprobar unos presupuestos es una prueba esencial de la capacidad de gobernar, y que bloquearlos debería traducirse en la convocatoria de elecciones para clarificar la situación.

Los casos recientes de corrupción han sacudido al PSOE y sus socios, quien pese al transcurrir del verano y a las divisiones y promesas de regeneración han decidido no adelantar elecciones hasta este momento, en que queda derrotada una vez más la propuesta cansina de la vicepresidenta Yolanda que con su afán de protagonismo no ha querido esperar mejores condiciones para traer su propuesta al Congreso.

Formalmente el gobierno ha declarado su intención a finalizar la legislatura y presentar unos presupuestos para 2026, aunque sea consciente de que muy probablemente no saldrán adelante, ya que el desbloqueo presupuestario depende de pactos políticos, concesiones estratégicas y, en última instancia, posibles salidas institucionales si el bloqueo persiste.

Ni reconstruir la mayoría de investidura, ni abrir el diálogo a mayorías alternativas, ni concesiones a demandas territoriales (tensiones con otros socios y dentro del propio partido de gobierno) parecen opciones realistas aproximándonos al final del ciclo. Tampoco una negociación exprés y presentación de nuevos presupuestos para 2026.

Algunos juristas contemplan la posibilidad de una salida institucional por bloqueo, porque si la situación se prolonga, cabría la impugnación constitucional de la prórroga presupuestaria sistemática, abriendo un debate sobre la legalidad y la legitimidad del gobierno para gobernar sin proyecto de cuentas propio.

En este contexto de alta inestabilidad los analistas ven difícil un acuerdo a corto plazo, lo que aumenta la presión para medidas excepcionales si no hay desbloqueo político. La negociación presupuestaria es el termómetro de la viabilidad de la mayoría gubernamental y, en España, tumbar unos presupuestos suele precipitar crisis de gobierno o adelantos electorales.

O sea, estamos peor que al inicio de vacaciones, y después de unos incendios pavorosos (recuerden ¿qué más tiene que ocurrir en España después del volcán, de una epidemia, de una Dana? y ahora esto), el salario más frecuente en España continúa siendo el salario mínimo y no es más bajo porque el gobierno se ha visto obligado a prohibirlo por ley.

La mitad de los afiliados a la Seguridad Social cobran menos de 25.000 € brutos anuales. Los salarios en España, descontando la inflación, no van bien y todo apunta que no irán bien tampoco en el futuro hasta que concentremos la inversión de capital y empleo en sectores que permitan pagar mejores salarios.

Las promesas de construir más vivienda social dada la indolencia del gobierno y de la administración en general corre la misma suerte que los actos conmemorativos del 50º aniversario de la muerte de Franco, un deslucido y cansino recorrido municipal y espeso de lugares comunes. El ciclo de construcción es muy lento, la burocracia es asfixiante en este sector y se tardará muchos años en construir el medio millón de viviendas necesarias, según el Banco de España.

Pero ahora mismo lo sustancial para Pedro Sánchez es el enorme peso que tiene el PSC en todos los ámbitos; nunca ha tenido tanta gente en tantos sitios y, en la medida que le vaya bien al PSC le va ir mal al PSOE. Tal parece que desea recomponerse sustituyendo el papel que anteriormente protagonizaba Pujol y el pujolismo.

Para ello, como pidiendo disculpas con toda su humildad, deberá diluir sus señas de identidad socialdemócratas en un nacionalismo de buen tono, educado en la tradición y orientar su representación a la cultura política de las élites extractivas catalanas que anteriormente representó CiU para dejar de representar la convivencia entre españoles y predicar el victimismo con Madrid y otras regiones. No sería arriesgado suponer un comportamiento desleal respecto a Sánchez en caso de una aceleración de su caída por una acumulación de frentes sin una salida digna.

En cualquier caso, las encuestas arrojan resultados en cierta manera paradójicos cuando se pregunta sobre medidas más duras en relación con los inmigrantes autores de delitos en los que comienzan a aparecer respuestas similares a las de los partidos de derecha en el electorado de izquierdas que son significativas por su transversalidad y alto porcentaje (56%) a favor.

Es difícil no concluir que el electorado en España se ha derechizado, algo bastante común en Europa, con una expectativa de 34,4 % a PP y 15,1 % a Vox, unos 197-206 diputados.

Ayer mismo ha vuelto a perder una votación esa inquieta Vicepresidenta después de que sus socios reclamaron más tiempo para presentar el proyecto de Ley ante el anuncio de Junts de que no lo aprobaría. Pero ella es así. Es un proyecto que exige otra negociación porque en opinión generalizada hay margen.

España no va bien, y el gobierno está consiguiendo cabrear a todos: a los usuarios de tren, a las CCAA con sus obscenas “quitas”, al Poder Judicial, a la OTAN, a los destinatarios de su política exterior, a las empresas del IBEX, a la comunidad Educativa, a la UCO, a los EE.UU., a Israel…

¡Todo un fenómeno!

El incremento de las bajas laborales en España

David Rodriguez Albert

En fechas recientes, eldiario.es ha publicado unos datos de gran interés sobre el incremento de las bajas laborales en España entre 2016 y 2024. La información procede del Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, y pone de manifiesto que la cifra total prácticamente se ha duplicado en este período. Concretamente, de los 4,9 millones de procesos de incapacidad temporal iniciados en 2016, se ha pasado a los 9,2 millones de bajas laborales en 2024.

Es evidente que ha habido un incremento en el número total de personas empleadas, pero ello no explica la totalidad del problema. De hecho, si se analiza la evolución de las bajas por cada 1.000 afiliados (eliminando el efecto del aumento de la ocupación), se ha pasado de las 23 bajas mensuales en 2016 a las 36 en el año 2024. Además, los procesos de más de un año se han duplicado en el período de referencia, y aunque solamente suponen el 2,4% de los casos totales, llegan a representar más de un tercio de los días totales de baja médica.

El análisis sectorial nos proporciona información muy relevante. El mayor aumento se produce en las actividades sanitarias y de servicios sociales, que además es el sector con más bajas en términos absolutos. Es evidente que la pandemia de covid ha contribuido sustancialmente a este progresivo empeoramiento. El siguiente rubro es el del trabajo del hogar, con un incremento de más de un 72%, hecho que pone de manifiesto la creciente precariedad en un segmento en el que se viene utilizando cada vez más mano de obra migrante. 

Antes de continuar con un análisis más detallado de las causas de este fenómeno, es importante subrayar que no tiene nada que ver con el presunto absentismo que se denuncia desde los sectores más conservadores de la patronal. De hecho, todas las bajas laborales están avaladas por la firma de un profesional médico, y además el problema no es exclusivo de España. Según datos de Eurostat, el incremento es generalizado en toda la Unión Europea, aunque España sigue ocupando una de las posiciones más destacadas, solamente por detrás de Francia y de Portugal.

Según la Seguridad Social, uno de los factores que más incidencia tiene sobre el incremento de las bajas laborales es el de las consecuencias de la pandemia. Además del evidente efecto directo del covid, nos encontramos con efectos indirectos en el deterioro del estado de salud en ciertas patologías, tanto físicas como mentales.  De hecho, ha habido un salto significativo en las incapacidades derivadas de “enfermedades respiratorias” y “enfermedades infecciosas y parasitarias”, que tienen una relación bastante clara con el coronavirus. También se han triplicado los “síntomas, signos y resultados anormales de pruebas sin clasificar”, en la que los pacientes están a la espera de un diagnóstico claro en procesos que se van alargando por el colapso del sistema sanitario.

Otro de los aspectos más destacados es el empeoramiento progresivo de la salud mental, hecho que en parte se encuentra interrelacionado con el efecto de la pandemia que acabamos de enunciar. Tanto patronal como sindicatos destacan la insuficiencia de recursos en el sistema sanitario público. Estas bajas, además, suelen tener duraciones más prolongadas que otras patologías y, por tanto, suponen una ausencia más larga de la persona trabajadora. Aquí también es bueno destacar que, aparte del necesario incremento de recursos en sanidad, hay que mejorar sustancialmente la prevención de riesgos psicosociales en las empresas, tema en el que muchas compañías se hallan todavía muy alejadas de la realidad social que estamos padeciendo.

Finalmente, otro de los factores estructurales de fondo es el envejecimiento progresivo de la población trabajadora. Aunque en las personas jóvenes hay un inquietante repunte en los problemas de salud mental, es bastante obvio que la pirámide poblacional tiene cierta incidencia en el repunte de las bajas. En este sentido, sería bueno dejarse de experimentos como el retraso en la edad de jubilación. Ya hemos mostrado en otros artículos que se trata de un elemento ideológico, no técnico, y ahora vemos que tiene derivadas negativas en cuanto al estado de salud de la población ocupada.

A modo de conclusión, hay que señalar que estamos ante una problemática que debe ser abordada desde distintos ángulos. Ante las peligrosas afirmaciones de la derecha reaccionaria sobre los “excesivos” impuestos, cada vez es más urgente emprender una reforma fiscal progresiva que, entre otros elementos, mejore el sistema de salud pública y lo adapte a las exigencias del momento. Igualmente, debe cambiar significativamente la prevención de riesgos laborales, en especial en el terreno psicosocial, y la atención médica en el origen del problema. No se trata únicamente de encarar el deterioro de salud, sino de prevenirlo.

Segundo

Juanjo Cáceres

Dicen que las cosas pueden cambiar en un segundo. Yo mismo me di cuenta de ello unas semanas atrás, cuando yendo algo despistado a cruzar la calle, repentinamente, caí en la cuenta de que un grupo de coches se acercaba a mí a toda velocidad. Felizmente, supe recular y la cosa quedó en una vivencia que podía cobrar forma en un texto adecuado para insertarla.

Pero no siempre somos conscientes de lo rápido que puede cambiar todo por una decisión. Ni tampoco, de que algunos cambios que parecen producirse en un instante, en realidad se vienen forjando desde mucho antes.

Puede que convenga traer esto a colación para hacer algunas reflexiones. Hace ya casi 20 años, los estados europeos que hoy componen la Unión Europea, con la firma del Tratado de Lisboa, consolidaban la cesión de buena parte de sus competencias exclusivas e intransferibles a varios órganos supranacionales y en particular a la Comisión Europea. Aunque nos insistieron mucho en que con ello la UE avanzaba en la unión política, inicialmente todos interpretamos que eso no era más que una vía para alinear los Estados con un escenario de liberalización económica un poco más profundo, especialmente siendo este tratado el sucesor del fallido proyecto de Constitución Europea de 2004. Y, en efecto, en esa época de crisis inminente, que podemos resumir como la del «neoliberalismo por un tubo», no fueron pocos los fines relacionados que fructificaron (muchos de ellos en el marco de la OMC), ni tampoco las tentativas que al final sucumbieron (como el ya olvidado AMI – Acuerdo Multilateral de Inversiones-).

A base de reglamentos y directivas, la UE ha ido cambiando el marco jurídico de nuestros Estados y las disposiciones en un sinfín de materias. Todo ello, ciertamente, de forma algo despótica, dada la infinita distancia existente entre comisarios y ciudadanía y la enorme incidencia de los lobbys de Bruselas en cada nueva disposición. Pero con sus titubeos, al menos hasta 2004, lo dimos por bueno, ya que en muchas materias las cosas mejoraron sensiblemente, gracias a esa visión modernizadora venida de fuera que aportaba Europa, pero también por la necesidad de armonizar normas y territorios en momentos críticos – recordemos, por ejemplo, la crisis de las vacas locas y el cambio radical que se implementó después en la gestión europea de la seguridad alimentaria.

También unas décadas atrás, los Estados seguían cortando el bacalao y hoy en día, la labor del Consejo Europeo y del Consejo de la Unión Europea sigue siendo fundamental, pero igualmente la Comisión ha sabido ganar peso político con motivo de ciertos eventos y situaciones. Ello lo hemos notado especialmente en los últimos meses, cuando el mundo se ha inclinado por el amor hacia los altos liderazgos, mientras asistimos desde hace más tiempo a una sensible perdida de materia gris en toda la UE y a una labor legislativa mucho más discutible. Ello ha culminado en las últimas elecciones europeas en un Parlamento que empezaba a ser para darle de comer aparte, una primera espada al frente de la Comisión que produce no pocas inquietudes, la alemana Ursula von der Leyen, y una Alta Representante de la Unión para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, la estonia Kaja Kallas, que déjala correr.

Pues bien, llegados a 2025, en plena efervescencia armamentística y bélica, hay algunas preguntas sencillas que cabe plantearse.

¿Seguimos estando de acuerdo con el modelo de gobernanza europeo plasmado en el Tratado de Lisboa, teniendo en cuenta que ya no se trata de armonizar las democracias o los espacios económicos, sino que además ahora nos enfrentamos a un cambio drástico en cuanto a la política de seguridad, de guerra y el abordaje del belicismo?

¿Sigue siendo igual de oportuno poner las cuestiones de seguridad en representantes de países que viven obsesionados por supuestas amenazas militares sobre sus fronteras y que como contrapartida solo ofrecen la carta de más inversión en seguridad y más disposición a movilizar tropas fuera del territorio de la Unión Europea con fines defensivos y, si es necesario, ofensivos?

Es obvio que sin la debida autocensura y autocancelación, los fuertes cambios de rasante que se están dando en materia de defensa habrían suscitado un debate mucho más amplio y profundo en el seno de la UE del que están suscitando (no confundir debatir con patalear o con darse golpes en el pecho). Algunos dirán que los tiempos no están para tanta fiesta, ante la amenaza de la extrema derecha, pero como señalaba el antropólogo Manel Delgado en sus redes sociales estos días: “El espantajo de la extrema derecha le va bien a todo el mundo. En la extrema derecha porque se le hace propaganda. A la derecha porque al final quedan como centro. Y a la izquierda porque se entretiene y nos entretiene estando en contra de algo y a favor de nada”. Y en ese “todo el mundo”, podemos incluir el gigante de Bruselas.

Tampoco está de más señalar que ese coloso llamado Unión Europea, en sus funciones más importantes hasta la fecha, que sería el mejorar el desarrollo social y económico de sus Estados y su posicionamiento en el mundo, está haciendo aguas por varios lados. Por un lado, la economía de países claves como Alemania y Francia -especialmente esta última- está hecha unos zorros. Por el otro, no hay que olvidar ni la extrema debilidad exhibida ante la administración Trump, ni su voluntad de inhibirse en lo de profundizar relaciones con otros socios del planeta. De modo que aquí también tenemos una buena incógnita.

¿Para qué sirve este espantajo hoy en día? No está claro, pero la pregunta más importante es: ¿A quién sirve? Y cómo pregunta-resumen, en una única palabra: ¿Sirve?

Departamento de Guerra… ¿civil?

Carlos Hidalgo

La Administración Trump hace tantas barbaridades al día que es muy difícil seguirle el ritmo. E incluso pararse a escoger cuál de las barbaridades que comete es la que merece la pena resaltarse a la hora de comentar la situación en los Estados Unidos.

Tal vez, como me gusta mirar las noticias de economía, sí que me gustaría resaltar que los EE. UU., que siempre rozan el pleno empleo, han dejado de crear trabajo en los últimos meses. Algo que es un poco extraño, teniendo en cuenta que ahora mismo no hay ninguna crisis económica en marcha, aunque las medidas del constructor metido a presidente tal vez la terminen desencadenando. Lo más obvio es decir que este frenazo en la creación de empleo se debe a la cambiante y absurda política arancelaria que, en lugar de crear puestos de trabajo en los Estados Unidos, los resta, porque muchas de las materias primas y productos semi-manufacturados que necesitan las industrias estadounidenses han dejado de llegar. O cuestan mucho más caros. Por poner un ejemplo que tal vez pueda sonar absurdo: en Estados Unidos no hay fábricas capaces de producir dados y fichas de juegos a gran escala. Por tanto, las grandes industrias jugueteras estadounidenses como Hasbro o Mattel, sufren un bruco parón, esperando encontrar proveedores que no sean de China o de México. Lo mismo ocurre, por ejemplo, con la industria del juego en Las Vegas o Atlantic City, que no solo ha visto su negocio desprovisto de algunas de sus materias primas, sino que además ha experimentado un descenso en el número de extranjeros que vienen a gastarse dinero en sus salones, temerosos de encontrarse metidos en una redada del ICE y deportados a Uganda sin juicio previo.

Otro ejemplo, más alejado de los juegos de mesa y de los de azar, es la redada que se ha hecho en Georgia, donde el ICE ha detenido a dos centenares de trabajadores surcoreanos (y a 300 de otras posibles nacionalidades) en una fábrica de las surcoreanas Samsung y LG. Muchos se encontraban en situación legal dado que contaban con un visado que les permite trabajar durante 90 días y habían ido a reuniones puntuales. Otros tenían un permiso temporal, dado que la administración estadounidense, en cuadro también gracias a la política de despidos masivos de Trump y Musk, se retrasa más de lo habitual en conceder los visados. Lo más gracioso es que ese golpe a las operaciones de la fábrica es un golpe autoinfligido de los propios estadounidenses, que imposibilita a los surcoreanos cumplir los objetivos de inversión y negocio dentro de EE.UU. de un tratado firmado hace poco por el mismo Trump.

El presidente, que despacha todas estas cosas como asuntos sin importancia, también ha cambiado el nombre del Departamento de Defensa (que tiene su sede en el famoso Pentágono y está presidido por el presentador de televisión y alcohólico Mike Hegseth) por el de Departamento de Guerra, un nombre que recuerda a tiempos decimonónicos pero que a Trump, que no ha hecho la mili, ni servido en las FFAA un solo día de su vida, le parece más viril.

De momento parece que Trump le interesa más usar a sus militares para ocupar las ciudades de su propio país. Ya lo está haciendo en Washington, lo hizo a medias en Los Ángeles y apunta ahora hacia Chicago. De hecho, ha anunciado lo de Chicago añadiendo “ahora sabrán por qué le he cambiado el nombre a Departamento de Guerra”.  Aunque también es cierto que Hegseth está acumulando barcos de la Armada Estadounidense cerca de las costas de Venezuela. En principio, para ponerlos a combatir el tráfico de drogas, aunque en la práctica esto se ha traducido solo en la destrucción de una lancha en la que había 11 civiles, que han sido volatilizados en aguas internacionales sin juicio o agresión previa a los navíos estadounidenses, lo que viene a ser considerado ilegal por el derecho internacional.

Está por ver qué clase de “guerra” quiere Trump, pero en un país cada vez más polarizado, al que se somete ilegalmente a la ley marcial, en el que se persigue a los opositores políticos del presidente y que está gestando a la vez crisis de empleo, económica y sanitaria, hace temer que la guerra a la que Trump quiera dedicarse sea una guerra civil.

La política exterior Europea en coma

LBNL

En los últimos tiempos la UE es prácticamente incapaz de acordar medida alguna sobre las dos crisis que dominan el escenario internacional, a saber, Gaza-Israel y Ucrania-Rusia. Hasta el borrador más estéril de declaración conjunta es inmediatamente vetado por Hungría pero también, sobre todo en el caso de Gaza-Israel, por Chequia, Rumanía, Bulgaria e incluso Alemania. De forma que, con la excepción de las sanciones a Rusia, cuyos sucesivos paquetes – se está tramitando el 19º – consiguen superar las barreras a trancas y barrancas a base de concesiones indecorosas y presiones soterradas, la UE no puede actuar.

La buena noticia – no se contenta quien no quiere… – es que, en ambos casos, un grupo de Estados miembros ha decidido actuar por su cuenta, tanto conjunta como individualmente. Sobre Gaza-Israel son una veintena los Estados europeos que han tomado o están preparando medidas individuales para reaccionar a lo que si no es genocidio se le parece tanto. Genocidio o no, la salvajada es evidente. En las guerras de Yugoslavia murieron grosso modo unas 125.000 personas durante una década. Por todos los bandos. En Gaza, Israel ha matado a unas 65.000 personas – dos tercios civiles no combatientes – en menos de dos años.

No es que vayan a cambiar el mundo ni parar la guerra pero al menos esos países europeos, con España en el pelotón de cabeza, están reconociendo al Estado palestino – medida más diplomática-simbólica que efectiva, haciendo declaraciones críticas, apoyando a la Corte Penal Internacional en su procesamiento de Netanyahu (y de varios jefes de Hamás ya asesinados) y proponiendo sanciones económicas a Israel. Estas últimas no prosperarán porque hasta la fecha Alemania sigue votando en contra, incluso contra las misérrimas propuestas de la Comisión Europa para excluir a algunas compañías israelíes del programa de I+D de la UE.

Israel está invadiendo el norte de Gaza y el sufrimiento de los gazatíes no cesa. Parecería que fuera ganando por goleada. Sin embargo, la realidad es que pese a la destrucción de Hamás, Hezbolá y el daño infligido a Irán, la viabilidad a medio y largo plazo de Israel tiene peor pinta que nunca. Internamente el Israel ilustrado, laico, democrático, paladín del I+D+i y defensor de la libertad sexual homosexuales incluidos, ha prácticamente sido reemplazado por una sociedad en la que priman los ultra religiosos mesiánicos y los nacionalistas fascistoides violentos sin escrúpulos para desmontar las garantías democráticas. Y el mundo toma nota, países y sociedades, incluida una parte de la diáspora judía. Con excepción de la española, alineada de siempre con el ala más extrema del PP y Netanyahu… Para alguien que ha disfrutado del Manhatan mediterráeneo en el paraíso de Jaffa, es muy triste sentir que dentro de una, dos o, todo lo más, tres décadas, Israel habrá desaparecido o, en el mejor? de los casos, será otro Estado fallido de Medio Oriente.

Pasando a Ucrania-Rusia, el sátrapa húngaro opera como quinta columnista dentro de la UE, a partes iguales por coincidencia ideológica con su socio “iliberal” Putin como para tratar de asegurarse no ser pasto futuro de sus pulsiones imperialistas. Como la UE no tiene un procedimiento para echar a sus miembros por comportamiento desleal, no cabe sino contemporizar .Y actuar al margen de la UE. De ahí que los integrantes europeos del G-7 (Francia, Alemania, Italia) más Polonia y Finlandia como países fronterizos y la Comisión Europea, además del Reino Unido laborista de Starmer, se ha constituido como la voz europea sobre Ucrania-Rusia. Lideran la “Coalición de los Dispuestos” que trabaja sobre las futuras garantías de seguridad para Ucrania si se alcanza un alto el fuego, le comen la oreja a Trump para que no deje caer a Ucrania y trabajan para desarrollar una defensa europea que nos permita defendernos de la amenaza rusa sin depender de EE.UU.

Mucho se ha criticado el acuerdo comercial con Trump por el que la Comisión Europea aceptó una asimetría en principio totalmente inaceptable. Pero cabe hacer un par de matizaciones importantes. La primera, que el acuerdo es el mejor de todos los alcanzados por otros socios comerciales de EE.UU., lo que puede ser no mucho decir. La segunda es que no parece muy sensato replicar la estulticia de Trump con medidas que van a perjudicar a los consumidores europeos. Al contrario, parece más útil ayudar a encontrar mercados alternativos para nuestros exportadores, como por ejemplo con los acuerdos con Mercosur y México lanzados este miércoles.

Pero la tercera y a mi juicio la más importante, es que cuando estás desnudo enfrente de un violador reincidente como es Rusia y el guardia de seguridad que ha velado por ti durante las últimas cinco décadas amenaza con largarse, no puedes entablar un regateo con él en igualdad de condiciones. Es decir, si eres vasallo más vale interiorizar tu condición y actuar como tal o puedes acabar todavía peor.

De ahí los esfuerzos para desarrollar las capacidades de defensa europeas. Salvo si tienes los vecinos de Costa Rica, si no quieres depender de otro para tu seguridad, tendrás que trabajártela tú mismo. Por eso me irritan tanto las críticas de mis correligionarios de izquierda que braman contra Estados Unidos y, a la vez, contra el incremento del gasto en defensa que nos permitiría ser independientes de EE.UU. Si no gastamos en defensa seguiremos siendo vasallos, más vale tenerlo claro. Y seguiremos teniendo que aceptar que Trump decida los términos que Ucrania tendrá que aceptar para alcanzar la paz. Y no poder oponernos de ninguna manera efectiva al apoyo continuado norteamericano a Netanyahu.

Epílogo: No creo que vaya a haber paz ni en Ucrania ni en Gaza a corto plazo. Me encantaría equivocarme pero mi sombrío diagnóstico se basa en que tanto Netanyahu como Putin están mucho mejor si la guerra no se detiene. La paz sería letal para Netanyahu y una amenaza considerable para Putin, que ya no podrían contar con la polarización provocada por el enemigo exterior satanizado como principal aliada.

Primero

Juanjo Cáceres

Tras un verano repleto de incendios, de realidades bélicas, de pugnas partidistas, de salseo futbolístico, de fallecimientos de artistas, ¿qué es lo primero? ¿Por dónde debemos empezar? Es difícil de decir.

Consideramos la última semana de agosto y a la primera de septiembre como las de inicio del curso político, pero en realidad el curso que estamos evocando no es el político, sino el educativo. Buen ejemplo este, por cierto, de apropiación desde lo político y lo mediático de nociones que no son suyas, pero es algo que sucede muy a menudo. El caso es que, además, el curso educativo no comenzará hasta unos días más tarde, y preveo, por cierto, que se dejarán sentir en él alguno de los titulares notables que también ha dejado este verano: por un lado, el escándalo de las asignaciones de plazas a funcionarios e interinos en Catalunya, para las que el Departament d’Educació se saltó a la torera las disposiciones más elementales de nuestro derecho administrativo y hubo que echar al ruedo deprisa y corriendo a un cabeza de turco; por otro, el fracaso de las oposiciones docentes en varias comunidades autónomas, donde numerosas plazas convocadas se quedan vacantes por los abundantes suspensos y por la falta efectiva de gente que participe en un buen número de materias.

¿Puede ser que estas escenas de la administración y el profesorado guarden alguna relación con los decrecientes rendimientos académicos del alumnado en todos los niveles educativos? ¿O nos limitaremos a echarle la culpa a las pantallas, que como el cabeza de turco catalán mencionado acaban siendo siempre la excusa socorrida? En todo caso, cuando oigan a alguien decir que si los jóvenes de ahora esto, que si los jóvenes aquello, interpélenle sobre cómo son sus padres y sus profes y sobre cómo ejercen sus funciones.

Esto es lo primero que ha salido, pero no sé si es lo primero en importancia. Por momentos se diría que lo único importante en el mundo está protagonizado por Trump. El hombre que todo lo puede, pero que nada consigue, no deja de ocupar páginas y más páginas de nuestros diarios digitales, pero eso de acabar con la guerra en Europa parece que se está complicando. De hecho, si algo nos indica el bueno de Trump es que no tiene demasiados problemas para facilitar que un estado agresor maltrate sin piedad un territorio, como demuestra ampliamente su relación con el genocidio de Gaza. No en vano es Netanyahu quién lo ha propuesto para el Premio Nóbel de la Paz, en una de esas bromas macabras que nuestra civilización nos gasta de vez en cuando.

Pero hay que ser francos y aprovechando que no me lee nadie, comentaré que Trump y Netanyahu pueden ser malos, pero la Unión Europea, en su conjunto y en un sentido distinto, es mucho peor. Respecto a Israel nuestros líderes europeos actúan con una prudencia diplomática tan extrema, que cualquier cosa que digan o hagan se produce con la boca pequeña y de forma muy pasajera. La semana pasada Almodóvar y compañía requerían la ruptura de relaciones diplomáticas, comerciales y de todo tipo con Israel, pero hemos visto y seguimos viendo que los líderes europeos prefieren una posición “chamberleinesca” en la materia.

Menos “chamberleinescos” son cuando hablan de Rusia y Ucrania, pero aparte de estorbar, no hacen mucho más. La premisa esa de que, si cae Ucrania, después invadirán Lituania y después Andorra, tan manoseada ella, no es que les impulse tampoco a aportar gran cosa verdaderamente útil para frenar el desastre ucraniano, pero es ideal para alargar la agonía de una población que vive bajo la amenaza permanente de unos drones que cada vez más a menudo se usan de forma inclemente por parte del agresor. Al estilo de Gaza, donde los europeos saben perfectamente cómo va a acabar el asunto y allí sí que está claro que no mueven un dedo para evitarlo.

Pero donde realmente se aprecia su verdadera talla de estadistas es mediante las visitas a la Casablanca. La última de todas, la de la foto sentados alrededor del sheriff, se ha traducido en algunos logros -ninguno más allá de mantener ese statu quo bélico ucraniano en su forma actual- y mucha sensación de vasallaje. Esto último es lo que más les ha recriminado la prensa internacional a los europeísimos líderes, especialmente porque todo esto tuvo lugar tras una Cumbre con Putin en la que el tipo se hizo las mejores fotos de los últimos años y recibió un reconocimiento diplomático que Europa solo ofrece a Zelenski. Yo, francamente, he de decir que no veo el problema a que vayan de aduladores y a tragarse después el sapo de los centinelas de los medios que condenen la escenita, si eso es lo mejor para el mundo. El problema es que no está claro que nada de lo que hace la Unión Europea, inmersa en una gigantesca crisis de proyecto, sea lo mejor para nadie.

Entretanto en España no han hecho falta drones para que la gente se quede sin casa. Lo de los incendios del noroeste es un drama en el que no se ha insistido lo bastante, sobre todo en comparación con la DANA, porque todo el mundo estaba de vacaciones y porque allí vive mucha menos gente que en la costa. En efecto, porque no decirlo, los incendios han remarcado que las dos Españas de hoy son la España radial-litoral y la España vaciada, y lo que ocurra en la España vaciada, siempre va a tener un impacto menor que lo que ocurre en Madrid, Barcelona, Valencia, Sevilla, Málaga o Bilbao. Hay menos altavoces, menos masa crítica y, no nos engañemos, menos capacidad de sus comunidades autónomas para ejercer con eficacia las mismas competencias que las comunidades de mayor población y poder económico. Y sí, le podemos echar la culpa a los políticos fachas de por ahí. Y sí, podemos preguntarle a Feijóo qué tiene que ver su labor gubernamental con el estado en que ha quedado la zona de Ourense. Pero no menos cierto es que nuestras administraciones, autonómicas o estatales, hacen aguas porque los problemas les sobrepasan y porque en ellas, las ganas de trabajar y de arremangarse tampoco son muy grandes.

Es un momento un poco desestructurante. Las estructuras de que disponemos no funcionan con la eficacia que sería necesario. Las estructuras que necesitamos no se desarrollan. Y, además, aquellas cosas nuevas que consiguen ver la luz, sufren de precariedad sistémica. Nos hacemos viejos. No nos preocupamos de nosotros, aun menos de las generaciones que vienen detrás y damos por bueno nuestro decadente ciclo demográfico, condenando a los más jóvenes a la imposibilidad de tener un techo en edad de procrear y de cobijarse en él. Entretanto les ofrecemos un dispositivo electrónico, varios streamings y un Tik Tok para que no se den cuenta de los que les pasa, ni de lo que pasa en el mundo, facilitando así que cualquier iluminado de las redes les explique la vida a su manera. Pero esa vida es lo que les hemos dejado nosotros, por incomparecencia.

Bien mirado, tal vez los jóvenes deberían de ser lo primero así que, por favor, hagamos al menos una cosa: ya que además les toca pagarnos las pensiones, ¡dejemos de confiscarles todos sus ingresos mediante las rentas inmobiliarias!

Que la Historia no se repita

Verónica Ugarte

La vida es una estúpida broma, o una serie de repugnantes repeticiones. 

Dentro de pocos meses se estrenará una nueva película acerca de los Juicios de Núremberg. Está claro que muchos “conocen” la Historia a partir de películas, series o citas llenas de inexactitud traídas de alguna red social. Ese es nuestro mundo. El real, el descomunalmente absurdo y al cual a veces ya no siento el mínimo respeto por sus instituciones y quienes las defienden.

Israel no nació en 1948. Debido a un libro “sagrado” muchos expatriados llegaron a lo que en aquel entonces era Palestina. Como fuese se compraron tierras y fueron llegando los pocos afortunados que habían podido huir del horror nazi. Ese es el espíritu de ese Estado: hecho a partir de lágrimas y sangre de ambas partes. De quienes veían las tierras de sus ancestros llenándose de quienes decían que un Dios extraño les había otorgado dichos territorios.

Al final de la Segunda Guerra los vencedores se auto glorificaron y llenos de alegría movieron las fichas del tablero. Nacían las Naciones Unidas, con sede en N.Y. y Ginebra. El castigo para los alemanes fue dividir Berlín en cuatro; al país en dos. Y la eterna pregunta llena de burla arrogante “¿tampoco sabías lo que sucedía?”. 

A casi un siglo de distancia y con estudios serios, es una pregunta que se le debería hacer a esa Europa que parece ser que no funciona. Y a los EE.UU. Todos han negado los informes que llegaban acerca de la creciente furia de Hitler y de la construcción ya no solo de campos de trabajo, sino también de exterminio.

Cierto es que Heydrich, por orden directa de Himmler, dio paso a la famosa conferencia de Wannsee, en 1942, donde se dio el inicio a la llamada “Solución Final del problema judío” (Endlösung der Judenfrage). Sistemáticamente el holocausto funcionó bajo el horror nazi, con la cooperación de una Alemania que ya no existe, con las miradas del mundo “ciegas” porque nadie sospechaba el horror. No solo seis millones de judíos murieron en cincuenta y nueve campos. También comunistas, homosexuales, gitanos. Fueron exterminadas personas que no eran perfectamente arias, que tenían secuelas físicas o enfermedades mentales. Un sufrimiento que ha sido contado durante años por los sobrevivientes de un horror inimaginables. “Si esto es un hombre” (“Se questo è un uomo”) de Primo Levi no es fácil de leer. Tampoco lo es “La escritura o la vida”, de Jorge Semprún.  Ellos se han ido, como poco a poco se van yendo los ahora ancianos que viven en distintas partes del Mundo.

En Israel han sido la parte central del discurso que avala el derecho a una tierra propia; al ojo por ojo. A no negociar jamás. A tomar tierras. A tratar a los palestinos como personas de segunda clase. Gracias todo a un apoyo implacable de EE.UU. y de unas NN.UU. que poco han hecho. A disparar a quemarropa a palestinos sin armas. A escupir a la cara a mujeres indefensas.

Tenemos a un Primer Ministro de Israel que es perseguido por crímenes de guerra. Pero ha viajado a Washington, y no ha sido entregado a las autoridades internacionales. Porque el Derecho Internacional solo es coercitivo cuando el ofendido lleva el poder para que alguien se siente en el banquillo de los acusados.

El sufrimiento no es medible. Pero tampoco importa lo que debería importar. Niños corriendo para protegerse de las bombas que caen sobre ruinas, hospitales. Niños que mueren al poco de nacer. Niños que no saben qué ocurre. Niños que no saben lo que es la infancia y que reciben golpes cuando un poco de sopa se reparte.

Luego vienen los ancianos. Aquellos que no pueden dejar un legado escrito. Aquellos cuyos ojos solo han visto sufrimiento y hambre. Aquellos que rezan a su Dios pidiendo ayuda y clemencia. Las mujeres enterrando a sus hijos, quienes buscan defender a madres, abuelas, hijas, hermanas. Hombres que no conocen otro idioma que no sea el del odio basado en años de abusos.

Otro genocidio se está cometiendo delante de los ojos del mundo. Trump niega la entrada a su amado territorio a los representantes palestinos. No es la primera vez. Ya Arafat fue recibido en Ginebra al negársele la entrada al paraíso de la libertad. Europa corre de un sitio a otro, buscando algo que no conoce: decencia, integridad. Medio Oriente no es un polvorín desde 2023. Lo ha sido desde la desocupación realizada de manera irresponsable por parte de los británicos.

Lo que sabe Europa es callarse y mirarse los pies buscando alguna solución que no quiere encontrar.

La sociedad civil, una vez más buscando soluciones, la foto alguna ex-alcaldesa catalana, marcha por mar queriendo abrir un canal para llevar comida y agua a Gaza. Israel ha respondido que serán juzgados como terroristas.

Las calles de Tel Aviv, llenas de ciudadanos exigiendo el alto al fuego algunos, otros, la negociación para traer a los rehenes de vuelta, son ignoradas por un mal alumno de un momento histórico que no se repite en cuanto a su fin pero si a sus medios, aunque no llegará jamás al climax nazi.

Ahora mismo es difícil ser judío en el mundo. Más que nunca son odiados. Pero las historias de los pogromos, rabino Judá Loew, su Golem y la palabra “muerte”, de las persecuciones en la Rusia zarista ya no sirven para dar fuerza a un discurso que ya no tiene razón de ser.

En una visita de Estado a Polonia, Willy Brandt pidió visitar el guetto de Varsovia. El gesto de arrodillarse ante la flama de los caídos nadie ha podido repetirlo. Brandt era uno de pocos.

Cuando todo esto acabe, ¿habrá alguien digno para pedir perdón de rodillas al pueblo palestino?

«Quizás la más grande y mejor lección de la historia es que nadie aprendió las lecciones de la historia”. A.H.

Pereza máxima

Carlos Hidalgo

Siempre es complicado volver a empezar. Aunque las vacaciones también pueden convertirse en una fuente de estrés, tener que enfrentarse a las miserias que nos atormentan el resto de los meses no es una perspectiva que nos haga asomar una sonrisa. Sobre todo, porque en muchos casos nos siguen llegando alertas al correo electrónico, los grupos y las aplicaciones de mensajería siguen dando alertas y uno intuye, aunque no lo quiera ver, que los problemas se van acumulando lentamente, esperándonos para cuando llegue el primer lunes, como este, y puedan exhibirse en todo su esplendor justo después de que fichemos.

Algo así pasa con la actualidad. Mientras ha transcurrido el periodo vacacional de Debate Callejero he tratado de mantenerme lo más impermeable posible al habitual cruce de declaraciones, al periodismo hecho a base de convertir publicaciones en redes sociales en titulares y a esa tendencia tan nociva a adelantar las opiniones a los hechos.

Este verano España ha ardido, con unos incendios que seguramente nos supongan costes cercanos al 2% o al 4% del PIB, delatando que el cambio climático no nos va a perdonar y que, además de confinarnos en espacios cerrados durante las insoportables olas de calor, va a maltratar a nuestros bosques si no estamos preparados, va a vaciar aún más a la llamada “España vaciada” y, además, será cada vez más violento.

Por supuesto la gestión política de los incendios por parte de las comunidades gobernadas por el Partido Popular han seguido la plantilla habitual de su formación y que tan bien ejemplificó Carlos Mazón en la tragedia de la DANA: les ha pillado con los servicios públicos desmantelados, han tratado de colgar a otras administraciones las competencias que les son propias y se han asegurado de que, pase lo que pase, puedan controlar los dineros correspondientes a la reconstrucción.

Hace unos años, en las grabaciones telefónicas que se realizaron para la “Operación Enredadera”, el actual consejero de Medio Ambiente de Castilla y Léon, el juez Juan Carlos Suárez-Quiñones, justificó una concesión pública a dedo a uno de los investigados diciéndole: “la Administración soy yo”. Bueno, casi una década después la Administración sigue siendo él y lo tiene tan naturalizado que no ha dudado en hacer mofa de los reproches por estar de comilonas en León mientras su Comunidad ardía, ni tampoco en despreciar públicamente a los bomberos forestales, que él mismo se encarga de mantener en subcontratas que, por decirlo de manera suave, no parecen estar invirtiendo lo suficiente.

Bien es verdad que, aunque España es uno de los países del mundo con más experiencia y habilidad extinguiendo incendios, también es necesario prevenirlos. Y aunque la ley anima (al contrario de lo que se ha oído estos días en las tertulias habituales) a limpiar y a proteger los montes, deja todo en manos de la buena voluntad de los dueños de los terrenos y las inspecciones son escasas y no llegan a todas partes. Algo que, por otro lado, es muy típico de nuestro país, con maravillosas leyes aprobadas, pero con mediocre implementación en la práctica. Tampoco ayuda que haya Comunidades, como la Extremadura gobernada también por el PP, en la que se dedique más dinero a la promoción de la tauromaquia que a la prevención de incendios forestales. Aún así espero en breve las declaraciones de algún ganadero en Antena 3, diciendo que manadas de toros bravos despejan los bosques de malezas.

Mientras tanto los Estados Unidos, que durante 80 años han servido de faro de la democracia en el mundo (con mayor o menor acierto), naufragan inexorablemente en el autoritarismo. Es una tremenda decepción ver a una pandilla de incompetentes, supersticiosos y corruptos ultraderechistas hacerse con los mandos del país que una vez ayudó a Europa y al mundo a deshacerse de la amenaza nazi. Todo ello bajo el paraguas de un narcisista, ignorante y senil que ha pasado de estrella de la telerrealidad a presidente.

Efectivamente, da mucha pereza escribir acerca de todo esto. Pero ahí está, sin posibilidad de que podamos escapar de ello. Igual que no hemos podido escapar de este lunes.

Pese a todo, deseo que este curso nos vaya mejor a todos y a todas. Ánimo.