El viaje suicida en busca de tierras verdes

Julio Embid

La primera vez que me llamó Javier Lambán al teléfono fue a comienzos de 2018. Era un sábado por la mañana y estaba en casa pasando la aspiradora. Recibí una llamada de un móvil desconocido y, al descolgar, me dijo: – ¿Eres Julio Embid? Soy Javier Lambán. Necesito que me expliques con detalle a qué vamos esta semana juntos a Bruselas.

La verdad es que aluciné bastante. Acababa de ser nombrado Director General de Relaciones Institucionales del Gobierno de Aragón, en una reconversión de puestos, y servidor era responsable, entre otras materias, del Servicio de Acción Exterior de Aragón y de la Oficina de Aragón en Bruselas. Estuvimos hablando de la agenda apretada que teníamos durante esos dos días, de los compromisos que queríamos lograr y de las reuniones previstas con un par de comisarios, directores y eurodiputados. Me mandó buscar más información y, al terminar, me dijo: – Julio, ¿tú hablas inglés, no? No te despegues de mí.

Esta semana, Javier Lambán fallecía en su localidad natal, Ejea de los Caballeros, tras una larga enfermedad pública y notoria. Hubo numerosas muestras de afecto: de quienes lo apoyamos siempre, de curiosos, de rivales externos, de sus rivales internos y de los chaqueteros habituales, especialmente si había prensa delante.

Lambán, que contó durante una década con el apoyo mayoritario de la militancia -al menos en dos de las tres provincias aragonesas-, pudo comprobar con pesar en los últimos dos años cómo aquellos que le juraron fidelidad eterna iban cambiando de bando. Él, como líder del principal partido de la oposición, delegaba la tarea de confrontar al gobierno de Jorge Azcón en su mano derecha, la portavoz Mayte Pérez, mientras dedicaba su tiempo a luchar contra una durísima enfermedad y a publicar su libro de memorias. En él ajustaba cuentas y defendía una valiente idea de España Federal basada en la igualdad entre comunidades autónomas y en el multilateralismo, no en los chantajes bilaterales.

Sobra decir que Javier Lambán cada vez tenía más amigos entre aquellos que no le votaron nunca, ni lo votarían jamás y que le jaleaban para que saliera contra La Moncloa de tanto en tanto. Sin embargo, fue un presidente de Aragón excelente y los datos lo avalan: pleno empleo, paz social, apuesta por las renovables, modernización agrícola y llegada de multinacionales tecnológicas. También supo garantizar estabilidad parlamentaria: primero con un pacto con Chunta, y después con Chunta, Podemos y el PAR. Así siempre hubo presupuestos y siempre hubo gobierno. Nada que ver con la relación tóxica, de alejamiento en público y amor en privado, que hoy mantiene el PP de Aragón con Vox.

En Madrid y en las redes sociales siempre pensaban que Lambán era el ala derecha del partido por discrepar de Pedro Sánchez. Sus decisiones políticas y sus acuerdos no dicen eso. Las manifestaciones más duras que sufrió Lambán durante su mandato fueron las de las escuelas concertadas. Y desde luego, está el cupo catalán que, por definición, no es muy progresista. Haciendo autocrítica, creo que los socialistas aragoneses (y aquí me incluyo) perdimos las elecciones de mayo de 2023 por tres motivos:

    1. Una corriente estatal contra La Moncloa que castigó a alcaldes y presidentes autonómicos socialistas fueran críticos o no con Sánchez.

    2. Una durísima campaña del PP sobre las ambulancias rurales, plagada de mentiras que calaron.

    3. La aparición de Teruel Existe, que sedujo a numerosos exvotantes socialistas, chunteros y podemitas, especialmente en la capital turolense, con un discurso adanista dispuesto a pactar indistintamente con las derechas.

Ese conjunto de circunstancias hizo que el PSOE de Lambán bajase de 24 a 23 escaños, pero que sus socios prácticamente desapareciesen, allanando el camino para que Jorge Azcón llegara al Pignatelli. No considero injusto que Lambán perdiese las elecciones: ante todo soy demócrata, y las derechas sumaban mayoría clara. Pero el tiempo pondrá a cada uno en su lugar y con los años habrá que reivindicar su papel al frente del Gobierno de Aragón frente al actual que vive de las rentas y de inaugurar lo que otros consiguieron.

En 2018 publiqué un libro de ensayo titulado «Con capa y antifaz». La ideología de los superhéroes (Ed. La Catarata) y le pedí a Javier Lambán que lo presentase en Zaragoza. Aceptó encantado. Lo hicimos en el Museo Pablo Gargallo y nos acompañaron ese día mi amigo y poeta Nacho Escuín y la periodista Eva Pérez-Sorribes. Vino muchísima gente y también la televisión autonómica. Empezamos hablando de Batman y Superman, pero terminamos conversando sobre el Capitán Trueno y la serie «Vikings» de Netflix. Aquel día Lambán estuvo espléndido. Declaró que, si Erik el Rojo no hubiese soñado con un mundo mejor para su gente, con tierras verdes, jamás se habría embarcado en su viaje suicida hacia el oeste.

Lambán quiso siempre lo mejor para Aragón y su gente, y por ello peleó hasta el final. Y por ello se enfrentó sin miedo a Moncloa y a Ferraz, a la Generalitat de Catalunya y a quien hiciera falta. A veces suicida, siempre con la convicción de luchar por Aragón y los aragoneses. Y nunca le faltaron feroces vikingos para acompañarlo en la batalla.

*Julio Embid es escritor. Fue Director General de Relaciones Institucionales del Gobierno de Aragón entre 2017 y 2019

Y un año más llegó agosto

Debateros de guardia

Señoras y señores, hasta aquí llegó Debate Callejero este curso. Y ya son casi 20 años, 19 si la memoria no me falla. Que no es moco de pavo para una iniciativa absolutamente desinteresada, tanto por quienes mantienen el blog como por quienes escriben en él. Como todos los años es imprescindible agradecer el compromiso y la entrega de todos los que escriben aquí, cada semana, cada dos semanas o cada mes, siempre planteando cuestiones interesantes, algunas veces incidiendo en los mismos temas y otros sorprendiendo con asuntos novedosos, pero siempre con libertad y respeto. Y también es necesario agradecer a los lectores, especialmente a los comentaristas habituales, pero también a los muchos que leen y no comentan, o al menos no lo hacen en público. Nunca se pretendió construir un líder de opinión o un medio de masas pero de vez en cuando tenemos algo de influencia en alguna cosa, lo cual tampoco es moco de pavo.

En fin, muchos agradecimientos a repartir pero también muchos deseos de que todas y todos disfruten de las vacaciones lo más que puedan y vuelvan deseosos de seguir manteniendo esta casa común no solo viva sino también coleando.

Y por supuesto, en el ínterin, pueden comentar aquello que les venga en gana, que sin duda no faltarán asuntos que vayan surgiendo que lo merezcan.

Agitado fin de curso

LBNL

Se acumulan las noticias y acontecimientos antes de salir de vacaciones. Por un lado, el denostado e incluso odiado por muchos Presidente del Gobierno hace balance del curso y desgrana una lista considerable de logros, algunos de récord como el número de ocupados o el bajo porcentaje de paro (el menor desde 2008 cuando todo se fue al garete). De otro, la Comisión Europea llega a un acuerdo comercial con Trump aceptando un 15% de arancel general a las exportaciones europeas y son legión los que denuncian la bajada de pantalones reclamando la imposición de medidas de retorsión equivalentes, optando por hacerle frente al matón yankee pese al peligro de una guerra comercial salvaje con nuestro principal socio comercial. Y finalmente la Comisión Europea propuso ayer la suspensión parcial de Acuerdo de Asociación con Israel y su expulsión del programa de I+D comunitario (Horizon), propuesta inédita y sin precedentes, lo cual no ha sido óbice para que fueran legión también los que denuncien que es una medida insuficiente y demasiado tardía en relación a la hambruna deliberada de la población gazatí.

Empezando por la última, hoy mismo los Estados Miembros deberán posicionarse y se verá si hay mayoría cualificada de los 27 para adoptar la propuesta. A lo peor, ni siquiera. Pero en todo caso, en Israel han acusado el golpe, como también la reciente declaración conjunta de Francia, Reino Unido y Alemania – ¡Alemania! – reclamando medidas tangibles y amenazando con represalias concretas en su ausencia. Israel está acostumbrado a la impunidad, bien por la protección de EE.UU., bien por el complejo de culpa alemán y de un buen número de países europeos, bien por su activa política de lobbying en los centros de poder. Y siempre prefiere un buen ataque como defensa así que que le lleguen a pitar penalty en contra ya es un shock, incluso si logra pararlo, que está por ver porque la indignación ha subido a niveles insospechados dado lo inimaginable de la situación de Gaza.

El otro día me preguntaba un ser querido que cómo era posible que Hamás no pusiera fin al sufrimiento del pueblo palestino entregando a todos los rehenes. Aparte de si eso garantizaría el fin de la ocupación, que lo dudo, contesté que el sufrimiento de la población no es un factor en la ecuación de Hamás. Hamás quería poner fin al proceso de normalización e integración de Israel en la región, que se superpondría a su integración plena en el mundo occidental. Y lo ha conseguido. Antes del fatídico 7 de octubre yo habría apostado todos mis bienes a la supervivencia del Estado de Israel dentro de digamos tres décadas. Y ahora no apostaría un solo euro. No veo cómo se va a poder recuperar de algo tan infame como lo que está protagonizando, con ministros antaño encarcelados por terroristas bramando por la muerte de toda la población palestina o como mínimo su expulsión forzada. Están ensimismados en su propia película y la propuesta de la Comisión Europea es un fastidioso recordatorio de que su realidad pretendida no es la correcta.

Por seguir con realidades inventadas, Trump tiene mucho poder y Von der Leyen ha optado por minimizar daños. Como dice González Laya, el momento de hacerle frente fue en abril, cuando se puso chulo con todo el mundo y luego tuvo que recular por la presión del mercado de bonos. Pero entonces Francia, Alemania, Polonia e Italia, que ahora se rasgan las vestiduras por la terrible bajada de pantalones y tal y tal, no quisieron plantarse.

Es obvio que el acuerdo es malo: tu principal socio comercial te impone aranceles del 15% y tú los aceptas y te comprometes a comprar más gas y otras inversiones. Pero la amenaza era de un 30 o un 50% o incluso más si respondíamos. Y es nuestro principal socio comercial. Nuestros exportadores van ahora a ver sus ventas en EE.UU. encarecidas y por tanto posiblemente reducidas. Pero si imponemos aranceles equivalentes iban a verlas todavía más encarecidas y, además, los consumidores europeos iban a tener que pagar más al comprar productos norteamericanos. Me decía anoche otro ser querido que esto era póker: nos ha hecho un all-in y nos hemos rendido. Cierto. Pero es que en el póker puedes tener mejores cartas que el otro o peores y te la juegas a ganarlo todo o perderlo todo. Pero en este caso, incluso con mejores cartas, la guerra comercial implicaba que nosotros perderíamos muchísimo, incluso si EE.UU. perdía más. Pero debíamos haber amenazado a las tecnológicas, ahí tienen un gran superávit, prosiguió. Cierto pero no tenemos alternativas. ¿Y si les prohíbe prestar servicios a Europa? ¿Y si grava a sus empresas tecnológicas los servicios que prestan a Europa? Es capaz y no tendríamos a quién acudir, a excepción de China para quien esté dispuesto a ello…

Enlazando con la comparecencia de Sánchez, dijo que respetaba el acuerdo pero sin ningún entusiasmo. Me parece una posición tan correcta como realista. Ahora bien, me gustaría saber la posición del PP al respecto. ¿Consideran que su co-religionaria política Von der Leyen se ha bajado los pantalones o aplauden el acuerdo? No lo dirán. Están al erre que erre: Cerdán, Ábalos, ETA/Bildu, Cataluña, ausencia de presupuestos – ¿por qué no proponen un borrador de presupuestos para pactar al PSOE? – Venezuela, necesidad imperiosa de elecciones inmediatas… Y mientras Montoro empurado, Noelia dimitida y el novio de Ayuso con petición de cárcel de cuatro años, y mira que solo se había equivocado en un par de facturas, como todo el mundo. Qué persecución tan ignominiosa…

Afortunadamente en unos días todo el mundo en la playa o en la montaña, o al menos todos los que podemos permitírnoslo, a descansar unos días, también de la hiper atrofiada actualidad política española. Pero me temo que la actualidad internacional no nos va a dar descanso y que Trump, Putin y Netanyahu van a seguir intensificando el esperpento criminal que vienen protagonizando en los últimos tiempos.

Fin de curso sin títulos

Carlos Hidalgo

Esta semana hemos visto como la vicesecretaria general del PP, Noelia Núñez, dimitía de todos sus cargos por haberse inventado que poseía varios títulos académicos (que no posee) y presumir de ser profesora de ciencias políticas en una de esas extrañas universidades que sólo tienen profesores del PP y cuyos títulos solo son válidos en Nicaragua. Lo cual nos lleva a este final de curso en mitad de un debate acerca de las titulaciones de las personas que están en política, si para ser político hace falta alguna cualificación especial y, como pasa últimamente, todo acompañado con gran cantidad de ruido, furia, tiras y aflojas.

Da igual que Noelia Núñez no tenga títulos. Desde los griegos hasta ahora, lo único necesario para participar en una democracia es tener la condición de ciudadano porque, como decía Sócrates, Zeus nos puso a todos por igual la capacidad de opinar y decidir sobre los asuntos de la Polis. Para estar en su puesto Núñez solo debía ser elegida por sus iguales en una elecciones libres y limpias y así fue. La falta que incapacita a Núñez para representar a sus votantes y a su partido es haber mentido sobre sus cualificaciones. Y haber presumido tanto de ellas, que las convirtió en una de sus señas de identidad. “Soy una friki de estudiar y de Harry Potter”, decía.

Mentir en el C.V. es una tentación a la que ceden muchas personas. Por un lado, se debe a esa veneración a los títulos habilitantes que heredamos del franquismo, que, al dejar a España casi desierta de intelectualidad, las mentes pensantes del régimen eran ingenieros, notarios, policías, abogados de derecho administrativo y secretarios de ayuntamiento. No hay más que repasar la literatura de la época para llevarse las manos a la cabeza.

Por otro lado, los defectos del mercado de trabajo español, con unos elevados niveles de paro, gran cantidad de titulados universitarios y unos departamentos de recursos humanos que, por lo general, son cejijuntos y perezosos, hacen que para que aspirar a cualquier trabajo en el sector privado de este país debas tener un Grado, aunque luego te paguen como a alguien sin cualificaciones.

Por eso la gente no puede contenerse y exagera su nivel de inglés (anda que no hay chistes sobre esto), infla sus títulos y en ocasiones se inventa diplomas y cursos para tratar de tener una mínima ventaja sobre sus competidores en el mercado de trabajo.

En el PP, que han heredado esta admiración por los ingenieros, notarios, abogados del Estado y, ejem, registradores de la propiedad, no es raro que Noelia inflase sus cualificaciones académicas, ni tampoco que las esgrimiera para pretender quedar por encima de los demás en un debate o en una simple conversación en redes. No es la única. Ha habido gran cachondeo con los títulos de Pablo Casado o con cómo regalaron las notas a Cristina Cifuentes. Lo mismo pasa con el cambiante currículum de Juan Manuel Moreno Bonilla, que en ocasiones parece experto en protocolo y en otras el relaciones públicas de un bar sevillano.

Nada de eso debería de importar sino su capacidad para desempeñar un cargo público, tomar buenas decisiones y poder mejorar la vida de sus semejantes. Casado no necesitaba presumir de un sospechoso máster de Harvard cursado en Aravaca porque su experiencia cuando presidía las Nuevas Generaciones del PP, su capacidad de reunir apoyos y de negociar le llevaron a presidir el Partido Popular. Por encima de una cualificadísima Soraya Sáenz de Santamaría y de una abogada del Estado como es María Dolores de Cospedal.

Lo malo es que Noelia, que no es la primera, ni será la última a la que han pillado con el carrito del helado, sigue mintiendo, tratando de escapar de la trampa que ella misma se ha tendido. Ahora lo achaca todo a un “error” a la hora de trasladar su C.V. a las webs del Congreso, de su partido, del ayuntamiento de Fuenlabrada y hasta de la universidad de mentirijillas donde se supone que daba clases. No, Noelia. El error fue mentir. Y el error es tratar de seguir mintiendo. Sobre todo, creyendo que podrás esquivar los charcos y estar tan protegida como tu mentora, Isabel Díaz Ayuso, que nunca ha mostrado papel alguno que respalde nada de lo que dice, en general.

Así que Núñez llega al fin de curso sin títulos y con suspenso.

Y a todas las personas que leéis Debate Callejero os deseo unas felices vacaciones veraniegas y que vuestras lecturas sean más entretenidas que la actualidad y más amables que las declaraciones que se leen en la prensa. Nos vemos el curso que viene.

Melancolía en Septiembre

Arthur Mulligan

Termina el curso político con un Gobierno agotado luchando por limpiar esas sombras de corruptos oficiales que no terminan por desaparecer con los disolventes habituales porque su líder viajando de aquí para allá lleva en su frente el estigma de su complicidad, de sus abrazos en numerosos actos oficiales, de su omertá. Intenta un enésimo renacimiento, ganar tiempo, y ojalá que pase algo que te borre de pronto (como en la canción): una luz cegadora, un disparo de nieve… Tiene mala cara, como su partido, y como un autómata convoca a sus últimas divisiones retóricas en cuanto ve un micrófono:

«Dijimos que crearíamos empleo y hoy tenemos el mayor número de afiliados y afiliadas a la Seguridad Social de la historia. Dijimos que generaríamos riqueza y hoy somos una de las economías que más crece en Europa y acabamos de superar en PIB per cápita, nada más y nada menos que a una gran economía como la japonesa».

Es cierto, y lo ha hecho junto a Eslovenia, Puerto Rico y Bahamas, aunque no cita los factores externos de ese logro: crecimiento demográfico, fortaleza del turismo y fondos europeos, sin olvidar la depreciación del yen. En los últimos años, el crecimiento de las cotizaciones en España ha sido significativo: en 2024, los ingresos por cotizaciones aumentaron un 7,2% interanual y han subido más de un 33% desde 2019. El gasto público equivale al 45% del PIB; en 2004 era el 38%. El tipo medio del IRPF ha subido un 15% desde 2009 mientras la renta disponible de las familias apenas se ha movido. Más impuestos, menos poder adquisitivo.

De los 163.000 MM prometidos, España solo ha recibido 71.000 MM de los fondos europeos por incumplimiento de los objetivos comprometidos, falta de reformas estructurales y porque se diluyen en campañas institucionales, propaganda y proyectos clientelares de escaso impacto porque la ejecución ha sido un desastre.

Desde que Sánchez es presidente, el déficit público acumulado de todas las administraciones públicas asciende a 400.000 millones de euros. El 94% de esa cifra, esto es, 373.000 millones, corresponde directamente a su gestión. El gasto público de la administración central se ha incrementado un 46% en este periodo. Ni siquiera el récord de recaudación (184.000 millones más al año respecto a 2019) ha servido para reducir el déficit, que sigue siendo 11.765 millones superior al que heredó. Es decir: se ingresa más que nunca, se gasta más que nunca, y se ahorra menos que nunca.

Desde que comenzó la era Sánchez, hay 84.000 empresas menos. La mayoría, PYMES, el verdadero tejido económico del país. El exceso regulatorio, el coste laboral y la incertidumbre política están expulsando a los emprendedores. El mensaje es claro: si quieres montar un negocio, que sea una asociación subvencionada o una consultora de resiliencia emocional. Montar una empresa se ha convertido en un deporte de riesgo.

España sigue liderando el paro en Europa con casi un 11%, el doble de la media comunitaria. Aporta uno de cada cuatro desempleados de toda la UE. Mientras se presume de «récord de afiliación», se oculta que gran parte de ese empleo es precario, público o artificialmente troceado en contratos discontinuos. El paro juvenil sigue por encima del 27%.

El absentismo laboral se ha disparado hasta niveles nunca vistos. Cada día, 1,5 millones de trabajadores no acuden a su puesto de trabajo. De ellos, más de 300.000 lo hacen sin baja médica. La cultura del esfuerzo se ha sustituido por la cultura del justificante. Especialmente entre los jóvenes, donde sorprende que dichas bajas laborales crezcan.

Todo el Gobierno colabora en los titulares del CIS y todos son corresponsables del fiasco que más pronto que tarde contemplaremos en las días finales de Septiembre.

En este cuadro un tanto duro es más o menos en el que va a transcurrir el nuevo impulso que ha anunciado el gobierno con el inevitable componedor resistente Patxi López, Ingeniero Industrial de vocación in pectore.

La coalición Sumar está muerta y el nuevo frente de Rufián no termina de arrancar, incluso el propio Rufián parece que va por libre y ha sido señalado para mal. Es pura álgebra -x+ = –.

El resto progresista a sus progresos mientras Vox está convencido de que va a heredar. Entre los progresistas destacan Junts y el PNV, el primero quiere también el Cupo del segundo; la realidad es que se necesitan 2,5 afiliados para pagar pensiones y el País Vasco tiene menos de 1,5 y el 40% de las pensiones vascas se financian con deuda pública que pagarán todos los hijos de todos los españoles, menos los del País Vasco. Es sumamente difícil que suceda algo así como un cupo catalán, pero a los socialistas españoles esto no les importa, les resulta extraño o lo disimulan muy bien.

Sin embargo, los casos de corrupción influyen más cuánto más cercanos aparecen en el tiempo, y menos durante el final del tiempo lánguido de formación del fenómeno, ese que la indolencia administrativa atempera, mientras que la memoria urgente de la vida cotidiana se activa cuando se sumerge en el deterioro de la vida económica, el caos activo que convive con las caras más reconocibles del gobierno al que pueden dirigir su rencor y cuyos socios y aliados no quieren recibir.

En conjunto se perderá una oportunidad de reconducir y estabilizar un país moderno, restaurar el respeto a las instituciones y el rigor de las cuentas públicas y sus controles.

Pero esta izquierda secuestrada por la inversión de sus promesas es incapaz de gobernar en esa dirección salvo que procure un golpe de mano que recomponga un Gobierno útil para llevar al país a unas elecciones sin crispación del que resulte un Gobierno útil abierto al diálogo y a los compromisos huyendo de extremismos fracasados.

¡Feliz verano a todos!

Volver a casa

Julio Embid

La semana pasada estuve de vacaciones con mi pareja en un país de Europa del Este que, hasta 1991, formó parte de la Unión Soviética. Creo que el lugar, junto a las pequeñas vivencias y anécdotas del viaje, me han hecho apreciar mucho más la Unión Europea, el Estado de Derecho, la Seguridad Social e incluso las cuatro libertades de las que hablaba Roosevelt. Porque, de largo, es el lugar más de derechas que he visitado. Ahora les explicaré por qué.

El nacionalismo, con sus millones de banderas —en cada rotonda, en cada vivienda, en cada negocio o en cada farola—, es una bendición para los fabricantes de telas y tintes. Sin embargo, para el ciudadano, no aporta nada a su día a día. No se cobra más, no se reduce la jornada laboral, no mejora los servicios públicos. En el país donde estuve, el nacionalismo está en todas partes, ocupa todos los espacios y resulta incuestionable. Creen que Rusia les puede atacar en cualquier momento. La invasión de Ucrania en 2022 demuestra que algo de razón hay en el miedo -y odio- al enemigo externo. Porque sin miedo no hay odio.

La religión es omnipresente. Ves a cientos de personas santiguarse varias veces al día: cada vez que pasan delante de una iglesia o de un sacerdote. Los padres de familia piden la bendición a un sacerdote barbudo, y este les responde con su gesto mágico. Los hombres no pueden entrar con gorra al templo; las mujeres no pueden entrar sin pañuelo. Todo son rituales, que se enlazan con el nacionalismo anterior para crear una sociedad donde no se puede ser nacional y ateo, o de otra religión. Porque los de aquí son cristianos ortodoxos. Las minorías no tienen cabida. Si eres homosexual, te lo callas o atente a las consecuencias. Si eres mujer y tu marido te maltrata, te lo callas o atente a las consecuencias. Si no te gusta tu país, te lo callas o atente a las consecuencias.

Los tuiteros de derechas se burlan de la Unión Europea por regular los tapones de plástico que no se pueden quitar. Pero la ausencia de regulación en determinadas materias no nos otorga más libertades. Pondré tres ejemplos:
Nadie lleva cinturón en el coche ni casco en la moto. Esa supuesta «libertad» incrementa exponencialmente las víctimas en carretera.
Nadie lleva casco ni botas de seguridad en una obra doméstica. Otra falsa libertad que no debería ser optativa, porque los accidentes laborales se multiplican.
Nadie lleva al perro atado ni recoge sus excrementos. Si te dan miedo los perros, te lo callas o atente a las consecuencias.

Los coches ocupan todo el espacio público. No hay pasos de cebra ni semáforos, sino aceras abarrotadas de gente y pasos subterráneos repletos de tiendas. Desde luego, no ves a nadie en bicicleta. Todos tenemos un mínimo instinto de supervivencia. Y desde luego los impuestos son de risa y las carreteras y las pensiones también. 

Viajar está bien. Sobre todo para valorar tu entorno, el tranvía que coges cada mañana y el valor de un semáforo en verde para cruzar un paso de cebra.
Viajar está bien. Volver a casa está mejor.

De lo que yo decía

Juanjo Cáceres

Como recitaba Dante, estaba yo “a mitad del camino de la vida, en una selva oscura me encontraba, porque mi ruta había extraviado”. Era este mismo mes de julio y en ese trance escribía que “la oposición está poniendo mucho esmero en que (lo de Cerdán) se convierta en la tumba de Pedro Sánchez, pero debe ir con cuidado, porque lo que implica Cerdán no pone las cosas fáciles al otro gran actor del bipartidismo. Y no solo porque los casos de corrupción, de cobros ilegales y de tráfico de influencias lo tengan también terriblemente pringado, sino porque Santos nos recuerda que este proceder es un rasgo inherente de los grandes partidos. Lo queno esperaba era una demostración tan inmediata, irrefutable e indiscutible como la aparición del caso Montoro. Aun así, es posible que no todo el mundo esté de acuerdo con la premisa.

Examinémoslo, pues, mientras el verano consume nuestro entendimiento y la edad se asegura de que haya cada vez más cosas cuyo nombre no podemos recordar. Todos hemos comprobado que ha reaparecido en un expediente judicial, como por arte de encantamiento, un ser fantasmagórico que yacía en el baúl de los recuerdos y que no resulta precisamente de grata memoria. Un individuo que, gracias al trabajo judicial, nos permite plasmar con periodos y fechas una secuencia ininterrumpida de abuso de poder desde la administración central, que empieza antes de su mandato y continua después hasta nuestros días, con el único fin del enriquecimiento y el ejercicio de un poder lo más absoluto y arbitrario posible.

En esa relación dolorosa entre poder y corrupción, en la que no siempre hay citas en lugares escondidos, nunca faltan, sin embargo, sus dos elementos indispensables: el político con un cargo relevante en el gobierno, que comete delitos a sabiendas, y la empresa que, también a sabiendas, consigue sus propósitos vulnerando todos los procedimientos legítimos imaginables. Es difícil no considerar, pues, viendo la secuencia que forman, por ejemplo, Montoro, Ábalos y Cerdán, y evocando todo lo que sabemos de otros gravísimos casos de corrupción, que esa puede ser la verdadera naturaleza de nuestros gobiernos hoy en día y que todo lo demás es atrezzo. Tampoco es necesario ser reduccionistas en lo geográfico: al otro lado del océano observamos a un tipejo de la misma calaña, pero con mucha menos afición a esconderse.

A lo largo de estas semanas y meses hemos oído ingeniosas composiciones de algunos oradores del Congreso, que básicamente pretenden asentar el siguiente marco cognitivo: que la corrupción, cuando gobierna la derecha, es estructural y cuando gobierna la izquierda, es ocasional. Hombre, ingenioso resulta, ¿pero esto es verdad? ¿Hay una diferencia sustancial entre el grado de corrupción que implementaron los miembros del PSOE por todos conocidos y el que implementa el PP? No lo parece si observamos lo que acontece últimamente. Mismos actores, mismas mordidas.

Tal vez sea que la diferencia hay que establecerla según la magnitud. Pero, ¿cómo saber con qué magnitudes tratamos, cuándo lo de Montoro se ha mantenido tremendamente tapado, hasta que una investigación muy en profundidad, que ha tenido que sortear los obstáculos judiciales iniciales generados en primera instancia, ha dado con la trama? ¿O cuándo lo de Ábalos & Cerdán solo ha sido desvelado gracias a un señor listísimo que grababa hasta sus conversaciones con el gato del vecino? ¿O incluso lo del gran Bárcenas, escriba de apuntes contables en misteriosas libretas, que no tenía mejor lugar donde asentar sus operaciones y que anotaba nombres que evocaban apellidos presidenciales?

El problema con la magnitud es que es imposible de determinar, porque los delitos detectados -presuntos y confirmados- son conocidos gracias al triste proceder de unos personajes cuya gestión de documentos y palabras era especialmente precaria para ejercer con éxito la delincuencia. Por lo tanto, seguir el rastro a la corrupción es tan difícil como examinar el pasado desde el registro arqueológico: son necesarias muchas excavaciones y muchas evidencias para consolidar análisis sobre lo acontecido con el paso del tiempo y para no caer en lecturas sesgadas en función de los hallazgos realizados.

Además, el otro gran sesgo para diagnosticar la corrupción procede de la proximidad, de la negación, del autoengaño de creer que cuando los míos roban son manzanas podridas y que, en cambio, cuando roban los otros, hay que prender fuego al árbol entero. Pero, además, creo que hay una característica mucho más importante que la precede, que es el consentimiento. En el ámbito de lo político, muchos son los hechos que sabemos que están mal. Son fenómenos distintos, pero que se unen a la corrupción en su parentesco con la mala praxis. Tienen nombres tan conocidos como clientelismo, enchufismo, pago de favores, apoltronamiento, opacidad, jerarquización, amiguismo… Las relaciones en el ámbito de las grandes y no tan grandes organizaciones políticas están regidas por estos parámetros y son los responsables de crear un caldo de cultivo muy determinado, donde lo que florece no es precisamente lo mejor que podría florecer.

De ahí que cuando Pedro Sánchez dice que él no sabía nada de las mordidas de sus correligionarios, alguien debería preguntarle: “Muy bien, ¿me podría indicar si en su partido, el PSOE, existen fenómenos, como el clientelismo, el enchufismo, el pago de favores, el apoltronamiento, la opacidad, la jerarquización, el amiguismo…?” y ver si responde: “Sí, abundantemente”. O bien responde: “Le puedo asegurar que en el PSOE las mejores personas ocupan siempre los puestos de mayor responsabilidad y que ningún cargo público y orgánico ocupa el lugar que ocupa sin disponer de muchos méritos para ello”. Porque si respondiera lo segundo, no estaría diciendo la verdad, ni tampoco la estaría diciendo cualquier líder político de otro partido que se expresase en términos semejantes.

Y así es como ciertos barros producen ciertos lodos. Todo depende de que existan suficientes cargos, suficiente poder político y suficientes personas haciendo las cosas chapuceramente para que un delito o una mala praxis se haga visible. De este modo, cuanto más grandes son los partidos, mayor es el drama y mayor la intensidad de lo que sucede.

Se ha hablado mucho estos días de las medidas a adoptar para atajar la corrupción, pero dejar esa respuesta en manos de los partidos se acerca bastante a pedir a un pirómano que prepare una estrategia de prevención de incendios forestales. En cualquier caso, lo más importante es partir de diagnósticos veraces y contundentes. Minimizar lo que ocurre es tapar lo que ocurre. Las palabras solo son importantes si explican lo importante, de modo que no solo resulta crucial tomar la palabra, sino también ser valiente. En estos días que las “voces en off” recuerdan que lo de Montoro estaba claro, es hora de hablar sobre qué más está claro.

Hay que derribar los obstáculos que impiden llegar al fondo de las cosas, tomar la palabra para explicar lo que no se explica y hay que tener menos miedo a la verdad o a lo que pueda pasar.

El negocio del genocidio

Verónica Ugarte

Ninguna guerra no es un negocio, y con la evolución de los tiempos, más estructuras, más empresas, más intereses están envueltos. Con cada guerra se pierden vidas; se retrasa el desarrollo; la democracia se viola. Pero las cantidades de dinero son cada vez mayores.

Durante la segunda guerra mundial, cientos de empresas alemanas acrecentaron su fortuna, utilizando mano de obra judía. Se dice que nadie sabía nada, pero también en círculos críticos se tiene a mano el libro de Jan Karski, “Historia de un Estado clandestino”, donde el autor polaco relata cómo le fue imposible que el bando bueno de la guerra creyese que se estaba llevando a cabo un genocidio por parte de la Alemania de Hitler. 

Cayó el Reich y vino Nuremberg. Luego la creación del Estado de Israel. Después, el proceso a Eichmann. La desaparición de Mengele. Y todos mirando hacia otro lado.

En estos mismos momentos, ni el Presidente de la República italiana ni el Presidente del Consiglio han realizado declaraciones oficiales acerca de las sanciones por parte del gobierno de Trump, que claramente violan la Carta de Derechos Humanos, contra la relatora de la ONU sobre Palestina, Francesca Albanese.

Se le acusa de haber contribuido de manera directa con la Corte Penal Internacional para el seguimiento, investigación y detención de ciudadanos de Israel y EEUU mediante un informe acerca de la actual situación en Gaza.

Una italiana está sola frente a Trump. El decir la verdad y contribuir a la justicia internacional elevando la voz para dejar más claro cada día, los grandes negocios que empresas estadounidenses están realizando desde hace años en una zona ocupada, y ahora desmembrada, estructural y moralmente.

Entre las sanciones: no poder entrar a EEUU ni ella ni su familia directa. No recibir ayuda financiera para poder reembolsar los gastos de sus actividades (actividades que ella realiza de manera gratuita para la ONU). No es la primera vez que Trump realiza una campaña de desprestigio contra Albanese, pero nunca había llegado tan lejos. Este hombre considera que tanto la ONU como la OTAN le deben obediencia. La falta de reacción por parte del bloque franco-germánico estremece. ¿Quién hará algo para detener a un enfermo que cruza tres líneas rojas cada día?

Ahora mismo, el gobierno italiano está dejando solos a sus ciudadanos. ¿Si un grupo de médicos italianos va a Gaza y es hecho prisionero por parte del ejército de Israel, cambiará su postura de cobardía y miedo? De Meloni no me extraña esto. Pero Sergio Mattarella es un hombre de Estado y de razón. Hijo de un constituyente, siempre ha tenido duros altercados con Meloni, haciendo lo posible para que Italia no vea su nombre más manchado de lo que ya está.

Lo más cobarde es que Albanese ve su figura utilizada como pieza de demagogia por parte de sectores como el movimiento Cinco Stelle, donde Conde lanza a grito patrio que se le debe dar el Nobel de la Paz.

Los peligros de las mentes que solo piden el poder y no la incómoda verdad. Que no pueden tolerar que alguien diga en voz alta que el genocidio es un acto de lesa humanidad que nadie se decide a detener por miedo a las consecuencias.

Este es el mundo de 2025, que tiene sus raíces en el mundo de hace de cientos de años, donde el negocio más viejo del mundo no tiene que ver con la carne, sino con la conciencia y la verdad. Porque todo tiene un precio. Y lo estamos pagando cruelmente.

Hoy podemos visitar decenas de museos llamando a la concordia en Alemania, que realizó un acto de limpieza y es conocedora de su pasado. ¿Hará lo mismo Israel?

¿Qué haces, Cristobítal?

Carlos Hidalgo

Cuando estaba en mis últimos y renqueantes últimos años de carrera, Cristóbal Montoro era ministro de Hacienda en la segunda legislatura de José María Aznar. Casualmente, mi profesor de Hacienda Pública y Sistema Fiscal Español (apellidado Barriocanal), que estaba más a la derecha que el grifo del agua fría, se preciaba de haber sido profesor suyo. Sin embargo, a cada semana del cuatrimestre que pasaba, este profesor se desesperaba porque, para él, la política tributaria de su antiguo discípulo era irracional de todo punto. Según mi profesor, “Cristobítal” (pues así le llamaba), abusaba tanto de los impuestos indirectos y descuidaba de tal manera el IRPF, que reducía la demanda interna, perjudicaba a la actividad económica y, a la larga, creaba un enorme déficit al Estado. Tanto, que Montoro lo disimulaba (con Aznar y con Rajoy) sacando dinero de la llamada “Hucha de las Pensiones”, el Fondo de Reserva de la Seguridad Social, que en sus mandatos se redujo unos 50.000 millones de euros; de 67.000 a 15.000 millones. “¿Qué haces, Cristobítal?”, se preguntaba mi profesor en voz alta en clase.

Ahora, gracias a una investigación policial de más de siete años, llevada en secreto por la Guardia Civil y los Mossos d’Esquadra, sabemos que Montoro usaba su despacho privado para hacer leyes a medida de quien le pagara, que usaba los datos fiscales confidenciales como arma política e instrumento de presión y que, no sólo amenazaba con la temida Agencia Tributaria (AEAT) a quien le llevara la contraria, sino que cumplió sus amenazas en más de una ocasión, llevando a un periodista al paro, a la ruina y casi al suicidio y a muchos medios a un temeroso silencio que no se ha roto hasta ahora. Merecen una mención especial los periodistas de ABC, especialmente Alberto Chicote, que junto a su familia, sufrió toda clase de inspecciones e investigaciones por publicar cosas que no gustaban a Montoro.

A Montoro siempre le gustó su fama de siniestro y le gustaba soltar amenazas veladas a quien no comulgara con sus políticas. También se relamía cuando, en comparecencias ante la prensa o en sede parlamentaria, anunciaba recortes, decía que había que “apretarse el cinturón” o llevaba a ayuntamientos a la bancarrota, al no permitirles financiarse. El desastre le encantaba y por eso no tuvo reparos en decir aquello de “que se arruine España, que ya la arreglaremos nosotros”, cuando el PP obstaculizaba en el parlamento las medidas anticrisis de los últimos y agónicos años del gobierno de Zapatero.

En los mejores momentos, con la economía española dopada de ladrillo antes del reventón, Montoro anunciaba con ladino regocijo que había que recortar para “crear empleo” y en los peores, decía sin mover una ceja que habíamos vivido por encima de nuestras posibilidades y que eran necesarios “sacrificios”. Sacrificios que ahora vemos que no eran aplicables, entre otras, a empresas como Codere, la multinacional del juego para la que Montoro diseñó una ley que permitía desgravarse pérdidas del juego y la que ahorró hasta el 80% de los impuestos que debía pagar. Todo ello para nada, puesto que Codere, que se había endeudado por sus inversiones en Argentina, se encontró con que el BBVA había vendido su deuda al fondo buitre Blackrock y la familia dueña de la empresa fue expulsada del negocio que habían fundado. Obviamente, invertir en Montoro tampoco les salió a cuenta. Ni tampoco la inversión en Rafael Catalá por la parte legal, ni la de Pío Cabanillas en la parte de comunicación.

Pero también sabemos que el despacho privado de Montoro controlaba (y posiblemente cobraba) los nombramientos de la AEAT, en el Ministerio de Hacienda (estaba “purgando de socialistas” su ministerio, decía) y las políticas económicas relacionadas con las empresas gasistas (de producción y distribución de gas), energéticas y muchas otras, que conocían los Presupuestos Generales del Estado antes de presentarse al Congreso de los Diputados.

Todo esto nos lleva a una imagen aterradora de los gobiernos del afable Mariano Rajoy, en los que se ha descubierto que financiaban ilegalmente a su partido de manera estructural e iban “dopados” a las elecciones (Gürtel), que usaban a la Policía Nacional contra sus adversarios políticos (Kitchen) y que, según vemos ahora, usaban también a la Hacienda Pública para perseguir a sus enemigos políticos, incluida Esperanza Aguirre, que estuvo en el punto de mira de la Hacienda de Montoro mucho tiempo y cuya Comunidad de Madrid pagó con dinero público 1,8 millones de euros a Equipo Económico, el despacho privado del exministro con el que sacaba tajada de hacer leyes. La investigación contra Aguirre está archivada y cerrada. Por no hablar de la cantidad de juicios contra el entorno del PP que se quedaban en nada, casualmente (pero seguramente sin relación) después de Federico Trillo comiera con los presidentes de los Tribunales Superiores de Justicia o con consejeros del Consejo General del Poder Judicial.

Va a resultar que cuando el PP actual acusa al Gobierno del PSOE de “colonizar” las instituciones del Estado, de erosionar la democracia con arbitrariedades, de saltarse la separación de poderes, tal vez no estén hablando de los socialistas, sino describiendo su foto de hace siete años.

Lecturas sobre Europa e Internacional de interés de los últimos 15 días

Lluís Camprubí

Permítanme compartir unas lecturas sobre los asuntos de política europea e internacional que más nos ocupan:

*Interview with Atte Harjanne: a Green member of the Finnish parliament and a reserve captain in the Finnish Defence Forces: Walking the talk on European security

*La cumbre de la OTAN y la crisis del atlantismo (J.A. Sanahuja)

*Entrevista a Dominique de Villepin: “Si Europa no reacciona ahora, será borrada de la historia”

*National Strategic Review 2025 – Republique Française (pdf)

*Contours of European Strategic Autonomy:Europe is moving on without the US, and the US does not seem to like it after all (Minna Ålander)

*Geopolitical Europe Summer Reading List (Gesine Weber) Revisión que incluye algunas de las lecturas más relevantes sobre la UE y su dimensión geopolítica

*Beware the Europe You Wish For (by Celeste A. Wallander) The Downsides and Dangers of Allied Independence. Sobre la autonomía estratégica europea y lo que puede suponer desde/para la perspectiva estadounidense

*Europe does not have to choose between guns and butter. There is another way (by Shahin Vallée and Joseph de Weck). Yes, defence spending has to rise – but slashing the welfare state to fund it would be a big mistake

*NATO’s New Defence Spending Pledge Is a Distraction…from what really matters: capability development. Minna Ålander argues in the Europe Dispatch that the new NATO defence spending pledge is unhelpful.

*El papel internacional del euro: eurobonos y el reto de las ‘stablecoins’ (Ángel Ubide)

*The frightening world without the dollar (Martin Sandbu) What will the global economy look like if it loses its monetary anchor?