Del dóberman

Juanjo Cáceres

Todos los veteranos del lugar recuerdan al dóberman. El dóberman no es un perro, sino un sujeto cuya función consiste en desviar la atención. Apareció con motivo de la campaña de las elecciones generales de 1996, cuando envuelto en una marisma pestilente de corrupción y terrorismo de estado, el PSOE veía inevitable la caída de Felipe González como presidente del gobierno. El comité electoral correspondiente, al frente del cual andaba Cipriá Ciscar, propuso la figura del dóberman como recurso principal de la campaña «España en positivo» y fue así como se fabricó un spot que sugería que el gobierno del PP representaba la “España en negativo” y poco menos que un retorno al Franquismo: “La derecha no cree en este país, mira hacia atrás y se opone al progreso”. ¿Lo recuerdan?

Pues bien, este 2025 el dóberman ha reaparecido y con él la campaña de «España en positivo»: gracias al PSOE, España es poco menos que un paraíso, por mucho que la oposición se empeñe en lo contrario. Y no surge por casualidad, sino, precisamente, con motivo de la pillada con las manos en la masa de los personajes que han llevado las riendas de ese mismo partido durante los últimos años. Pero la función del dóberman ya no es proteger a Felipe González, sino a una de las personas detestadas por este: Pedro Sánchez.

Felipe y Pedro, Pedro y Felipe, dos personajes que pese a sus desavenencias se parecen como dos gotas de agua. Ambos han ejercido un poder interno incomparable con el de cualquier otro secretario general. Ambos han visto a sus más cercanos colaboradores cometer gravísimos delitos en el ejercicio de sus responsabilidades en el gobierno de España. Y ambos han rehusado o rehúsan asumir ningún tipo de responsabilidad política por hechos delictivos sobradamente conocidos.

Los que sí que han cambiado, en cambio, son sus rivales. Si Felipe tuvo que enfrentarse a la metafórica pinza de Aznar y Anguita, hoy Pedro Sánchez disfruta del calor que le ofrecen casi todos sus socios de investidura. «Si la cosa se queda aquí, nosotros aguantamos, Pedro. Estamos seguros de que no es culpa tuya y no olvidamos todas tus obras». ¿Pero no lo es?

Durante todos estos días de crisis en Ferraz, el PSOE ha fiado su suerte a dos armas: el victimismo y la alerta antifascista. Pero ni una ni la otra son armas defensivas suficientes, salvo que se cumpla la condición de que los socios estén dispuestos a creerse lo que salga de la boca de Pedro. En un escenario menos polarizado, cualquier partido no gubernamental hubiera dicho y exigido de todo, pero en el mundo de los apoyos cruzados, de las promesas pendientes y los gobiernos de coalición, se da por buena cualquier explicación que permita salir del paso. La Sexta lo expresaba el pasado lunes de forma muy elocuente en el siguiente titular: «Los socios tragan. Mucho lerele y poco larala«.

Porque lo cierto es que Pedro Sánchez es un pilar que va mucho más allá de su partido. Sostiene sobre sus hombros la existencia de Sumar -partido cuya existencia práctica durará lo que duren sus responsabilidades de gobierno-, los equilibrios necesarios con los partidos catalanes para hacer posible el gobierno de Illa, la agenda política de diversos partidos de arraigo territorial (particularmente vascos y valencianos) y un largo etcétera. Así pues, si Pedro cae, todos caen con él, lo que convierte en una decisión viciada de forma y de fondo la incuestionabilidad de Pedro Sánchez como presidente.

Pero en este blog de debate, ajeno a los focos de los medios y los parlamentos, nos hemos de poder decir la verdad. Y la verdad es que, ante los hechos conocidos, la presidencia de Pedro Sánchez debería de haber llegado a su fin estos últimos días, en un ejercicio de responsabilidad política. Más aun cuando su partido no cuenta con mayoría absoluta para gobernar y cuando depende nada menos que de siete partidos que le dan apoyo. Pero el caso es que todos se agarran al “McGuffin” del dóberman: “¡Qué irresponsabilidad sería renunciar al gobierno para que se hagan con él las derechas extremas!”. Lo que pasa es que este argumento es profundamente falaz.

Del mismo modo que ha quedado claro que Pedro no es un escudo infranqueable ante la corrupción -lo cual, no lo olvidemos, fue su lema de legitimación para convertirse en presidente-, tampoco lo es ante la llegada de la derecha y la extrema derecha al gobierno central. Al contrario, hoy en día, gracias a Ábalos y a Cerdán, es su mejor baza: la que hace verídicas e incuestionables acusaciones que hasta hace poco carecían de asidero alguno.

El problema, como ya vimos también en Estados Unidos con el caso Biden, es que nadie tiene un plan. Los partidos de izquierda occidentales en general y los españoles en particular siguen instalados en el “qui any passa, any empeny” y en la esperanza de poder disputar las batallas decisivas en contextos mejores para ellos. Pero entretanto se desgastan, se desangran, decaen, sucumben ante la extensión de los valores ultraliberales y derechistas y ven como su electorado tradicional muere y no hay relevos generacionales. Su impasividad ante los hechos de la última semana refleja una profunda crisis de proyecto, un miedo absoluto a la extrema derecha y una falta absoluta de energía para hacerle frente socialmente.

Si el problema era el contexto electoral adverso o la necesidad de completar los objetivos de la legislatura, unos partidos menos cobardes y menos calculadores hubieran propiciado un relevo al frente de la presidencia del gobierno y habrían seguido hasta el tramo final de la misma. Puede que ello hubiera propiciado un gobierno débil -aunque en realidad la fortaleza o debilidad se demuestra andando- pero se asumirían las responsabilidades políticas con toda la dimensión necesaria, se acreditarían las voluntades regeneradoras y se demostraría que, por una vez, las cosas se hacen de forma diferente.

Pero no es eso lo que ha sucedido. Así las cosas, el final del pedrismo solo puede producirse de la misma manera que el del felipismo. Salvado el gobierno en 1993 con el apoyo de Pujol, la remontada en el 1996 era ya imposible hasta con el dóberman. Salvado el gobierno en 2023 con el apoyo de un surtido variado de socios, la remontada en 2026 -fecha de elecciones mucho más probable que 2027- será imposible.

En defensa de la reducción de la jornada laboral

David Rodríguez Albert

Algunas personas podrían pensar que este no es el momento ideal para hablar de propuestas políticas concretas. En plena crisis de gobierno por el caso Cerdán, la corrupción ocupa todo el espacio en el debate público. Entendiendo perfectamente esta situación, me gustaría nadar un poco contra corriente y recordar que existen iniciativas que también merecen un cierto espacio en la esfera de la discusión colectiva. Concretamente, me gustaría hacer referencia a la reducción de la jornada laboral en España.

Hace unas semanas, el Consejo de Ministros aprobaba el proyecto de ley de reducción de la jornada laboral máxima de 40 a 37,5 horas sin disminución salarial, en cumplimiento del programa de gobierno pactado entre PSOE y Sumar. Esta medida ya había sido planteada en otras legislaturas en el formato de 35 horas, pero nunca un gobierno había acordado convertirla en normativa. Cuenta con el apoyo de los principales sindicatos, pero con el rechazo de la patronal. Ahora esta propuesta debe superar el trámite parlamentario, y la posición inicialmente contraria de Junts per Catalunya podría echar por tierra esta mejora si suma sus votos a los de la derecha y la extrema derecha españolista.

Es interesante recordar cuál es el objetivo principal de la reducción de la jornada máxima, y no es otro que mejorar la conciliación entre la vida laboral y personal de la clase trabajadora. Mediante la disminución de media hora diaria en el puesto de trabajo, puede destinarse un poco más de tiempo a las relaciones familiares, a las sociales y al ocio personal, incrementando así la calidad de vida de buena parte de la ciudadanía. Las mujeres se verían especialmente beneficiadas por esta medida, debido a la mayor carga actual que soportan en las tareas de cuidados, y este hecho tendría la virtud adicional de contribuir a reducir la brecha salarial de género.

Del mismo modo, la reducción de la jornada laboral tendría efectos beneficiosos en cuanto a la protección de la salud física y mental de las personas trabajadoras. En una época en la que los problemas relacionados con desequilibrios emocionales van en aumento, resultaría de gran interés la reducción de las preocupantes cifras que existen actualmente en todo el Estado en cuanto a problemas como el estrés laboral crónico, el agotamiento físico y mental, el síndrome de burnout (desgaste profesional), la ansiedad laboral, la depresión derivada del mobbing o la monotonía extrema, y otros tipos de trastornos psicosomáticos o del sueño. Es evidente que la disminución de las horas de trabajo no supone por sí sola la eliminación de todos estos estigmas, que deben ser combatidos sobre todo desde el terreno de la prevención.

La reducción de la jornada representa igualmente una adaptación a las crecientes innovaciones tecnológicas, que incorporan la automatización y la digitalización de muchas tareas, lo que en el fondo implica un reparto más equitativo de los excedentes generados por el progreso científico. También se prioriza la calidad del trabajo por encima de la cantidad, alejándonos del modelo anacrónico de computar obsesivamente las horas presenciales en el lugar de trabajo. Si se trabaja mejor aumentará la productividad, superando la actual época de estancamiento derivada del creciente fracaso del modelo productivo español. Por último, pero no menos importante, el reparto del trabajo debe servir para combatir el desempleo estructural instalado en nuestra economía.

A pesar de todas estas ventajas, Puigdemont ha expresado abiertamente su rechazo a una propuesta avalada por los sindicatos (catalanes y españoles), y por el momento no muestra ningún complejo a la hora de sumar sus votos a los del PP y Vox, representantes de la patronal  (española y catalana). Si alguien había imaginado alguna vez que Junts per Catalunya podía llegar a representar a los intereses del conjunto de la ciudadanía catalana, en esta materia concreta no han tenido ningún tapujo en mostrar que nunca han abandonado su alma ultraliberal.

Para justificar la posición contraria a la reducción de la jornada, han expresado la confusa idea de que esto pueda perjudicar a los autónomos y a las pequeñas empresas, repitiendo argumentos que ya se usaban hace décadas para oponerse a los avances sociales, y que ya han sido ampliamente cuestionados empíricamente. De hecho, la mayoría de pymes cuenta con ventajas de adaptabilidad y rapidez que pueden facilitar el cambio, y además la mejora de las condiciones laborales les ayuda a retener talento y reducir el absentismo.

Según fuentes del gobierno, la intención es que el debate en el Congreso se pueda llevar a cabo durante este verano, aunque la tramitación concreta demoraría la entrada en vigor de la propuesta hasta el año que viene. Todo esto siempre y cuando, en primer lugar, el gobierno aguante hasta esa fecha. Y, en segundo lugar, que la presión social pueda convencer a la derecha catalana de no aliarse a la extrema derecha española en una convergencia de intereses de clase que supera todas sus diferencias nacionales. Casi veo más difícil lo segundo que lo primero.

El PSOE imaginario

Carlos Hidalgo

Con el escándalo de descubrir que Santos Cerdán no era el socialista fiel que denunció y entregó a los corruptos José Luis Ábalos y Koldo García, sino que en realidad era él el cerebro, se han lanzado muchos medios a intentar descubrir a ese otro PSOE, el PSOE de la resistencia, que vive clandestinamente en el sanchismo y que se prepara para enmendar años de entuertos. Un PSOE, dicen, que sí que era un partido que merecía la pena, el partido de los intelectuales y políticos-filósofos como Madina, el de los hombres de Estado, como Felipe González y Alfredo Pérez Rubalcaba, el de los sensatos, como Page y Lambán. Un PSOE, afirman, que estaría haciendo movimientos lentos pero seguros en estos momentos. Un PSOE, en definitiva, que no existe. O que sí que existe, pero que no es el que ellos describen.

El tan añorado (por la prensa y por los partidos de derechas) PSOE de Felipe fue perseguido implacablemente para derribar a un presidente del Gobierno que era reelegido elección tras elección. Se le acusó de corrupción, de terrorismo de Estado, se usó a ETA como arma política y, aun así, casi no consiguieron acabar con él. Hizo falta una alianza del PP, de medios de comunicación y de grandes bancos y empresas para derrotarle. Una alianza que, según uno de sus miembros, Luis María Anson, tensó en exceso las costuras del Estado y de la democracia.

El PSOE de Rubalcaba era atacado inmisericordemente, acusado de usar todo el aparato del Estado con fines políticos. Detrás de cada caso de corrupción que implicaba al PP se veían las manos de Rubalcaba, controlándolo todo. Hasta el eterno diputado del PP, Rafael Hernando, se lanzó a agredirle en los pasillos del Congreso, haciéndole responsable de los incendios que asolaban a Castilla-La Mancha en ese verano. Rubalcaba nunca le pareció bien a quienes le reivindican desde que murió.

Con Eduardo Madina se han hecho infinitas rechiflas y bromas crueles. Y, abreviando, se le llegó a acusar de ser cómplice de los mismos terroristas que le intentaron matar. A esos extremos se llegó. Y ahora se le añora. Excepto si, por lo que sea, vuelve a estar en activo, que se le volverá a arrastrar por el barro.

Page y Lambán han tenido que aguantar toda clase de vilezas y calumnias, no por parte de Pedro Sánchez, sino del PP que les hacía oposición. Lambán ya no gobierna, pero escuchar las cosas que salen de la boca de Paco Núñez, el líder del PP castellano-manchego da simplemente vergüenza.

El caso es que no existe “otro PSOE” porque esas personas siguen siendo militantes del PSOE, con voz y con voto. Y no existe un “PSOE bueno” y un “PSOE malo”, porque el que se defiende como bueno era pintado como el mismo diablo, sin que hoy se haya retractado nadie de sus palabras. Y el “PSOE malo” ha lidiado con una crisis tras otra haciendo que España saliera mejor de ellas e, incluso, mejorando nuestra posición dentro de la Unión Europea y del mundo.

Pero siguen apareciendo artículos que hablan en nombre de ese “PSOE bueno” y que tienen, para el ojo entrenado, bastante poca credibilidad. Artículos llenos de referencias a testimonios anónimos que, por lo general, son filtraciones interesadas de personas que han caído en la irrelevancia y que ahora tratan de volver a la primera línea. Y ninguna de esas personas son los mencionados por su nombre en esta entrada.

¿Habrá un PSOE post Pedro Sánchez? Pues seguramente. Pero cuando el partido de ese paso estoy seguro al 100% que no le parecerá bueno a quienes hoy lo piden con tanto drama.

Mejor harían en pedir una “derecha buena” que no buscara alianzas con la extrema derecha y que no se mirase en el programa de desmontaje de la democracia de Trump, Orban y Meloni.

¿Y qué?

Arthur Mulligan

Llegaremos en breves días a la consumación de un propósito político revestido de legalidad (incuestionable desde el punto de vista formal): la deliberación y aprobación en su caso de la validez de la Ley de Amnistía por la que se mantiene o desaparece el reproche penal de aquellos responsables políticos que decidieron usurpar poderes que no les pertenecían para llevar a cabo un proceso independentista en Cataluña y cometidos entre el 1 de noviembre de 2011 y el 13 de noviembre de 2023, siendo los principales:

Malversación de caudales públicos: Especialmente cuando los fondos se destinaron a la organización y promoción de las consultas y referéndum independentistas, como el 9 de noviembre de 2014 y el 1 de octubre de 2017.

Usurpación de funciones públicas: Por la organización y celebración de actos institucionales sin competencia legal, como la declaración unilateral de independencia.

Desobediencia: Por no acatar resoluciones judiciales que prohibían la celebración de los referéndums o la ejecución de actos relacionados con el procés.

Prevaricación: Dictar resoluciones arbitrarias en el ejercicio de cargos públicos en el contexto del procés.

Desórdenes públicos: Relacionados con las protestas y disturbios tras sentencias judiciales o durante movilizaciones independentistas.

Pertenencia a grupo criminal y tenencia de artefactos explosivos: En el caso de algunos activistas implicados en protestas o acciones organizadas.

Atentado contra la autoridad y lesiones: Por enfrentamientos con las fuerzas de seguridad durante las protestas.

Delitos contra la seguridad vial y contra la integridad moral: En el marco de movilizaciones relacionadas con el procés.

Terrorismo de baja intensidad: Solo en casos en los que no hubo intención directa de causar violaciones graves de derechos humanos, como muertes o torturas graves.

Entre los beneficiarios se encuentran políticos (como Oriol Junqueras y Carles Puigdemont), funcionarios, alcaldes, concejales, activistas y miembros de cuerpos policiales implicados en actuaciones durante el procés o en la represión de las protestas.

Los ciudadanos de todo el territorio en el que la Constitución de 1978 es la norma fundamental y suprema del Estado Español, aquella que organiza y distribuye el poder, reconoce y garantiza derechos y libertades, define los valores y principios básicos, legitima el poder y establece mecanismos de control y protección, pudieron ver y escuchar como la estabilidad de las reglas que fueron sancionadas por el cuerpo electoral el 6 de diciembre de 1978 por el 87,87% de los votos emitidos, fueron modificadas o anuladas sin respetar los procedimientos que la propia Constitución determina para garantizar su continuidad en paz y libertad.

El Tribunal Constitucional no es un órgano de orientación política directa, como el Gobierno o el Parlamento, pero la naturaleza del Derecho constitucional y la función de control de constitucionalidad hacen que sus decisiones tengan una dimensión política mayor que la de los tribunales ordinarios. Su legitimidad y autoridad dependen, en parte, de su capacidad para mantenerse independiente y no convertirse en un actor político más, aunque su función implique inevitablemente decisiones de gran trascendencia política.

Las garantías para que la Constitución no se degrade al nivel de una ley ordinaria residen en:

La rigidez de los procedimientos de reforma

El control del Tribunal Constitucional

La posibilidad de intervención popular mediante referéndum

La exigencia de consensos muy amplios

En teoría, ni un nuevo gobierno, ni una mayoría parlamentaria simple, ni siquiera una mayoría cualificada pueden, por sí solos, modificar la naturaleza de la Constitución o el sentido de sus reformas, sin respetar los procedimientos y controles previstos. El papel del TC es relevante, pero no omnipotente: está sometido a la ley y al control democrático, y sus decisiones pueden ser objeto de revisión en el marco de la legalidad nacional y europea.

Sin embargo, mediante la apariencia de la rigidez normativa indisponible,

el TC anuló sentencias del Tribunal Supremo y la Audiencia Provincial de Sevilla al considerar que habían vulnerado el principio de legalidad penal (art. 25.1 CE) y la presunción de inocencia (art. 24.2 CE). Argumentó que la aprobación de proyectos de ley por el Parlamento andaluz no podía equipararse a actos delictivos, reinterpretando así los límites de la responsabilidad penal de cargos públicos. El TC sostuvo que los actos legislativos (como proyectos de ley) están fuera del alcance del control penal directo, reservando su fiscalización al proceso de constitucionalidad.

Esto implicó un desplazamiento de la jurisdicción ordinaria hacia el TC en la evaluación de conductas políticas, alterando el equilibrio entre poderes. Las sentencias se aprobaron con 7 votos a favor y 4 en contra, reflejando una división ideológica en el tribunal. Los votos particulares criticaron que la mayoría progresista priorizó una visión expansiva del ámbito político sobre el judicial. Según el art. 5.1 de la LOTC, sus resoluciones obligan a todos los poderes públicos, incluidos los tribunales ordinarios. Esto permite al TC reorientar la interpretación de leyes sin modificarlas formalmente.

El TC no se limitó a anular condenas, sino que redefinió qué conductas son penalmente relevantes, excluyendo actos vinculados a procesos legislativos. La Audiencia Provincial de Sevilla planteó una cuestión prejudicial al TJUE, cuestionando si la interpretación del TC vulneraba directivas anticorrupción de la UE. Esto evidencia tensiones entre el ordenamiento español y el europeo. Magistrados del TC y del Supremo alertaron que estas sentencias sitúan a los gobernantes “por encima de la ley”, vaciando de contenido el control penal sobre la actividad política. La designación de sus miembros por mayorías parlamentarias permite que cambios en el equilibrio político alteren su composición y criterios interpretativos.

Al redefinir los límites de la responsabilidad penal sin reforma constitucional expresa, se crea un precedente para eludir garantías procesales en casos de corrupción. Este fenómeno, aunque legal, plantea desafíos democráticos al permitir que minorías cualificadas reinterpreten la Constitución al margen de procesos deliberativos amplios.

La Constitución no regula explícitamente la amnistía, pero el Tribunal Constitucional ha admitido su uso en casos excepcionales vinculados a “superación de conflictos políticos”, siempre que respete los principios constitucionales

1. Fundamento jurídico de la amnistía y límites constitucionales

Límites implícitos (art. 14 CE): No puede tratarse de una medida discriminatoria. El TC ha anulado amnistías que benefician a grupos específicos sin justificación objetiva.

Seguridad jurídica (art. 9.3 CE): La amnistía no puede crear inseguridad al vaciar de contenido el orden penal o permitir la repetición de conductas ilegales.

Separación de poderes: El legislativo no puede invadir competencias judiciales mediante amnistías que anulen sentencias firmes sin justificación constitucional.

2. Riesgo de “limbo penal” y desnaturalización del control judicial

Aplicación arbitraria: Si se admite la amnistía sin criterios objetivos (como el arrepentimiento), se abre la puerta a que cualquier mayoría parlamentaria la utilice para eximir delitos graves (corrupción, terrorismo, etc.), alegando “razones políticas” genéricas. Esto desdibuja la línea entre política y justicia, como ocurrió en el caso de los ERE andaluces, donde el TC reinterpretó delitos para excluir responsabilidades.

Efecto criminógeno: La falta de exigencia de arrepentimiento o compromiso con el orden constitucional incentiva la reincidencia. El Tribunal Supremo alertó de que la amnistía actual “introduce un factor criminógeno” al beneficiar a quienes “persisten en su conducta golpista”.

Precedente peligroso: Grupos políticos con agendas opuestas podrían reclamar amnistías simétricas (ej.: indultos a ultras por disturbios), argumentando discriminación si se les niega. El TC ya ha señalado que la igualdad exige tratar igual lo igual y diferente lo diferente, pero en este caso, la justificación política sería difusa.

3. ¿Por qué el “limbo penal” es un riesgo real?

Ejemplo práctico: Si una futura mayoría de signo opuesto aprobara una amnistía para delitos de odio o violencia de extrema derecha, alegando “reconciliación nacional”, el TC tendría dificultades para bloquearla si se basara en la misma lógica interpretativa (“la Constitución no lo prohíbe”). Esto fracturaría la coherencia del sistema penal.

Debilitamiento de la jurisdicción ordinaria: Las mutaciones constitucionales (reinterpretaciones no formalizadas) permiten al TC y al legislativo eludir reformas constitucionales, vaciando de contenido sentencias judiciales. Esto ya ocurrió cuando el TC anuló condenas por prevaricación en los ERE, reinterpretando el alcance del delito.

Politización del TC: La designación de sus magistrados por mayorías parlamentarias podría llevar a interpretaciones cambiantes según el color del gobierno, erosionando su papel de garante neutral

¿Hacia un sistema de “amnistías permanentes”?

La combinación de:

1. Amnistías sin arrepentimiento,

2. Interpretaciones expansivas del TC, y

3. Mayorías parlamentarias dispuestas a instrumentalizar el derecho,

podría generar un ciclo de impunidad estratégica, donde cada grupo en el poder use la amnistía para blindar a sus aliados. Esto no solo desnaturalizaría el control de la mayoría, sino que convertiría la Constitución en un texto flexible al servicio de intereses coyunturales, socavando el Estado de derecho.

La solución pasa por exigir que toda amnistía:

Esté vinculada a un arrepentimiento verificable,

Cuente con un consenso social amplio, y

Respete los límites materiales de la Constitución(derechos fundamentales, unidad nacional).

De lo contrario, el sistema penal quedaría subordinado a la voluntad del legislativo, no a la justicia.

Los puntos clave del borrador filtrado:

Aval general a la amnistía: El borrador sostiene que la amnistía no vulnera la Constitución, ya que esta no la prohíbe ni explícita ni implícitamente. Defiende que el legislador puede hacer todo aquello que la Constitución no prohíba de forma expresa.

Separación de poderes: Se rechaza que la ley vulnere el principio de separación de poderes o el de igualdad ante la ley. El texto enfatiza que la función del TC no es valorar los objetivos políticos de la norma, sino su encaje constitucional.

No pronunciamiento sobre malversación: El borrador guarda silencio sobre el delito de malversación, ya que el recurso del PP no lo abordó expresamente. Este asunto podría ser tratado en futuros recursos de amparo presentados por los propios líderes independentistas.

Acotación temporal: La ponencia limita la aplicación de la amnistía a hechos cometidos hasta el 13 de noviembre de 2023, es decir, solo se pueden amnistiar hechos pasados, no futuros. Esta precisión responde a una de las cuestiones planteadas por el PP, aunque no afecta de manera práctica a los líderes del procés.

Inclusión de delitos de ambos lados: El borrador señala que la ley debe tener en cuenta que también son amnistiables presuntos delitos atribuidos a quienes se manifestaron en contra de la independencia, no solo a los independentistas.

Derecho europeo: El texto defiende que la ley no es contraria al derecho europeo y desestima que el debate sobre el derecho de la Unión sea relevante para el recurso de inconstitucionalidad presentado.

Escribe Ignacio Varela en El Confidencial :

«En el Tribunal Constitucional de Cándido Conde-Pumpido no deciden el derecho ni la razón, sino el color de la camiseta. La polarización ha llegado a su sede y se ha implantado allí el voto militante. Nada ni nadie impedirá que el resultado de ese simulacro de debate jurídico sea algo distinto a un 6-4. ¡Somos más!, podrá proclamar el presidente del tribunal y, con él, sus conmilitones en la Moncloa. Tratándose de asuntos que interesan al poder político, en nuestro Tribunal de garantías la única garantía es la obediencia a la consigna en ambos lados de la trinchera.»

«El problema de esta aberración institucional no es el método de elección de los magistrados. En Estados Unidos todos los miembros del Tribunal Supremo son designados por la Casa Blanca y confirmados por el Senado, hoy de mayoría republicana. No obstante, ante cualquier resolución existe mucha más incertidumbre que en nuestro actual Tribunal Constitucional. Allí también hay progresistas y conservadores, pero el derecho y la dignidad del cargo siguen importando. Lo de aquí es una derivación del sectarismo irrestricto que ha invadido fatalmente todos los espacios de nuestra vida pública. Sus primeras víctimas son la verdad y la razón; también la razón jurídica.»

«A la certeza sobre la sentencia puede añadirse una presunción fundada. Si el 22 de julio de 2023 se hubiera sometido el texto de esta ley a la consideración jurídica de la ponente Montalbán y el presidente Conde-Pumpido (y probablemente también del resto del grupo ¡Somos más! en el TC), con toda probabilidad habrían afirmado su radical inconstitucionalidad. Hay un extenso reguero de pistas en sus trayectorias anteriores que avalan esta suposición. También ellos cayeron del caballo por el rayo que afectó a todo el espacio sanchista en aquella noche electoral en que se les apareció Puigdemont y los «cambios de opinión» pasaron de lluvia a tempestad.»

«Se dice que la explicación más relevante de la decisión será que todo aquello que la Constitución no prohíbe expresamente debe considerarse campo abierto para el legislador. Me consta que Conde-Pumpido y Montalbán son capaces de ofrecer algo más consistente que esa nadería que a un estudiante de primero de derecho le daría vergüenza poner por escrito. Que yo sepa, la Constitución no prohíbe expresamente el canibalismo, la pornografía infantil, el tráfico de seres humanos, la venta libre de cianuro en las farmacias o tantos hechos inciviles que Conde-Pumpido anularía de forma fulminante… con la Constitución en la mano.»

«La ley de amnistía puede ser o no ser constitucional. Aunque lo fuera, ello no la convertiría en una ley justa, razonable y saludable. En medio siglo de democracia se han aprobado cientos de normas y se han tomado decisiones plenamente constitucionales y, a la vez, detestables por sus propósitos, por sus efectos o por su catadura moral. Hemos caído tan bajo en nuestros estándares de calidad política que se considera admisible, incluso óptima cualquier norma que no sea anticonstitucional o cualquier conducta que no sea delictiva.»

«Pueden decir misa los del Somos más: la ley de amnistía, dictada por sus beneficiarios, negociada fuera de España y objeto de un trueque de poder por impunidad, es corrupta por su origen y corruptora por sus consecuencias. Es un desastre legislativo y político por el que pagaremos un alto precio. Además, es irreversible: lo sería aunque el TC la declarara inconstitucional. Los beneficios penales no pueden revocarse, algo que debería conocer también la oposición.»

La Ley de Amnistía de 1936 tras la Revolución de Asturias fue aprobada por unanimidad en la Diputación Permanente, incluyendo los votos de la derecha (CEDA).

La Ley de Amnistía de 1977 se aprobó por 296 votos a favor, 2 en contra y, 18 abstenciones y un voto nulo.

¿Y qué?

Sobre el chascarrillo

Juanjo Cáceres

Desde que Jaimito abandonó su carrera como protagonista de todo tipo de chistes y
dejo en manos de las personas de Lepe la gestión de su legado, no se había visto
nada tan sorprendente como el conflicto alrededor del uso de las lenguas cooficiales
en la Conferencia de Presidentes y del pintoresco abandono de la misma por parte de
alguna destacada presidenta. Se trata de Isabel Díaz Ayuso, que es nada menos que
la presidenta de la Comunidad de Madrid, es decir, el principal núcleo económico del
país y centro de la vida política española.

Que ello ocurriese la misma semana en que en Madrid se estrenaba la última obra de
Ramon María del Valle-Inclán, denominada Farsa y licencia de la dama Leire y del
caballero Aldama, al estreno de la cual la plana mayor socialista ha asistido
poniéndose de perfil, o durante los mismos días que el hombre que aparecía retratado
con un narcotraficante nos intente convencer a todos que nos gobierna la mafia, nos
podría conducir a una tremenda conclusión: que toda esta gente que deambula por los
hemiciclos, por brumosos cargos institucionales y por los entornos del poder político,
nos ha perdido el respeto. Pero espero que esta conclusión no sea cierta, porque si lo
fuera, imagínense el problemón de tener que abordar la regeneración del país. Cierto
es que hay personas abnegadas, como Alvise, dispuestas a regenerarnos a todos y de
todo, pero no somos pocos los que nos tememos que eso sería salir del fuego para
caer en las brasas.

En cualquier caso, nos tienen que extrañar los puntos de partida que todo este
conflicto parece tener. En concreto, el empeño de usar las lenguas cooficiales en una
reunión a puerta cerrada, en lugar del castellano, que es lengua común de todos los
presentes, y teniendo en cuenta que entre las primeras se cuenta el euskera, del que
nadie que no esté debidamente formado va a entender nada. Esto no tiene explicación
racional posible, aunque irracionales sí, desde luego. Ahí tenemos a Salvador Illa, que
aseguraba antes de la Conferencia lo siguiente: “Las lenguas cooficiales son una
riqueza de todos, y yo me expresaré naturalmente con la lengua catalana”. El uso del
concepto “naturalmente” me llamó la atención, ya que si bien sobre el significado de lo
“natural” hay toneladas de bibliografía que subrayan su profunda ambigüedad, de lo
que si estoy seguro es de que si yo me reúno con un grupo de personas procedentes
de diversos puntos del país, ni me voy a dirigir a ellos en catalán, ni voy a exigir el
servicio de traducción simultánea. Y que allí no se procediera del mismo modo, de
hecho, nos ilustra sobre dos fenómenos paranormales de sumo interés.

El primero tiene que ver con lo institucional. Parece que el hecho institucional puede
hacer normal lo absurdo, sea lo que sea, y que desaparezcan todo tipo de matices.
Porque un matiz interesante podría ser, por ejemplo, que cuando se trata de un
hemiciclo donde el debate es en abierto y puede ser observado por el conjunto de la
ciudadanía, el uso de cualquier lengua oficial pueda resultar una buena manera de
representar a las personas que la hablan y de expresarla ante el conjunto de
españolas y españoles. Ahora bien, cuando nadie va a oír nada, salvo los allí
presentes, empeñarse en el uso del pinganillo parece excesivo y ajeno a lo cotidiano.
Ello no justifica los aspavientos interesados de alguna presidenta, ni le da la razón en
ciertos menosprecios. Pero los árboles tampoco deberían impedir ver el bosque:
todo esto sería una situación absurda en un contexto “ciudadano” y lo que es absurdo
para un ciudadano, no debería ser normal para un político.

Luego hay un segundo fenómeno, de tipo fantasmagórico. ¿Se acuerdan cuando Marx
y Engels escribieron aquello de “un fantasma recorre el mundo”? Pues ese fantasma
les aseguro que no es, sino otro un poco distinto: el fantasma del “pujolismo”, que
según algunos médiums, posee a todos aquellos que acaban ostentando el cargo de
presidente de la Generalitat -en el caso de los lehendakaris, en cambio, el ejercicio
ritual de sus formas concretas de nacionalismo viene ya de fábrica, sin ser necesarias
las posesiones.

El pujolismo ha sido un estilo político implantado por “Parenostre” en los años 1980, al
cual se han adscrito clarísimamente dos presidentes de la Generalitat: Artur Mas y
Salvador Illa. Del resto de sucesores solo puedo decir que Maragall fue un personaje
en sí mismo, que Montilla hizo lo que pudo con su elevado perfil y que Torra y
Puigdemont jugaban claramente a otra cosa, mientras que Aragonés básicamente
preparó la transición para retroceder desde el independentismo al catalanismo
autonómico. Esta alusión que he realizado a “Parenostre” no es casual, sino que me
viene inspirada por un muy recomendable artículo de Guillem Martínez “sobre la
amnistía”, en el cual denuncia varias cosas, entre las que destaco dos: el carácter
exculpatorio de la película “Parenostre” respecto a la figura de Jordi Pujol y la
normalidad con que hoy en día Parenostre asiste a todas partes, en concreto también
a la presentación del libro del diputado dels Comuns, Jaume Asens, sobre la amnistía.
Martínez señala, con toda la razón, lo fascinante que es que se siente junto al resto
de políticos sin que nadie se indigne o se marche, pese a todo lo que sabemos
fehacientemente que hizo y pese a que durante su mandato “nada en Cat se podía
mover sin que él así lo quisiera”.

La verdad y la cruda realidad de lo descrito por Martínez y su enlace con las formas y
estilos de Salvador Illa tiene testimonios fehacientes también en las decisiones de este
último como presidente y ahí tenemos el encuentro que realizaron ambos el pasado
mes de septiembre en el Palau de la Generalitat, dentro de un ciclo de reuniones con
los expresidentes. El viejo presidente que tuvo que afrontar una comisión de
investigación en el Parlament y que se refirió -activen el pinganillo- a una “branca”, que
si la vas “segant, al final cau tota la branca i tots els nius que hi han”, volvía así por la
puerta grande a Palau de la mano de un mandatario socialista. Todo ello enmarcado
en esas maneras de hacer, que a veces Illa caracteriza con eso de devolver la
dignidad a la institución, lo que no es otra cosa que volver a presentarla como más de
lo que es -una administración territorial con competencias cedidas por el gobierno
central y fuertemente dependiente del mismo- y que seguramente facilitan el ser
poseído por el fantasma del pujolismo. Sin menospreciar, por ello, el nada secreto
anhelo de ocupar la centralidad y el sueño de obtener mayorías absolutas.

En todo caso somos demócratas y debemos respetar el derecho de cualquiera a
expresarse en la lengua que cada cual considere y de vestirse con el traje que más le
guste. Más aun si ese traje sienta bien para relacionarse con los poderes económicos
y conciliar miradas. Y de esas conciliaciones, esos resultados: ahora políticas de
vivienda bastante a su medida, ahora una reforma aeroportuaria… y a largo plazo, el
retorno a la forma de hacer política que disfrutábamos hace décadas. I els nius tots als
seu lloc.

No PADRE, no.

Senyor G

Este mes tengo pendiente todavía hacerme la declaración de hacienda y estoy tentado de intentar hacer alguna triquiñuela para pagar menos impuestos. Realmente poco puedo hacer, al ser asalariado mis impuestos ya están pagados. A los que os sale a pagar, felicidades habéis tenido un dinero en vuestras cuentas bancarias que no han tenido a los que les sale a devolver durante el último año. No haré bromas con todo lo que podríais ganar con ese dinero bien invertido durante un año, porque es posible que llegué un lector despistado y flipado a DC y se lo tome en serio.

No pagar la Chocolatera Suiza.

El Fútbol Club Barcelona hace tiempo que no tiene televisión propia con su nombre, ni falta que le hace. Para quejarse de la Central Lechera ya disponen de TV3, Catalunya Ràdio y el resto de canales y sus espacios deportivos, de humor o informativos. Quién dice deportivos, es casi decir Barça, “és la seva”, punto y pelota. El punto de vista es puramente culé, tal cual. Es una cosa ofensiva y vomitiva desde el punto de vista de medio público de comunicación.

Este mismo lunes, fiesta local en Barcelona por cierto, al poner Catalunya Ràdio justo había un comunicador y humorista echándonos la bronca al mundo perico por lo mal que lo estábamos haciendo con la marcha del portero Joan García. Todo el rato es siempre el mismo punto de mira culé, hasta el conductor del programa deportivo va con camisetas de adscripción claramente culé. Apago o cambio, solo el momento suficiente para ver que es siempre lo mismo

Que sí, que la central lechera, pero toda la Corpo es la base de la Chocolatera Suiza que reparte su material y para adentro. Tertulia (no deportiva) de fin de semana y jijiji y jajaja ante el acoso al que siguen manteniendo a Figo. Nada de las palabras de Joan Gaspart diciendo «Me llevaré a la tumba lo que pasó con el no descenso del Athletic hace 30 años», por cierto que a punto estuvo de ser candidato de Alianza Popular, ojo Alianza, ya de paso por los otros jijjijis jajajas sobre el izquierdismo per sé del Barça. Y dándonos consejos de deportividad los que tenían a sueldo a quién tenían a sueldo y que han inscrito a dos jugadores saltándose las normas de la Liga y la tomadura de pelo. U olvidando lo de Sasha Djordjevic en el Palau o la cabeza de puerco.

Sí, sí que todo es opinable y la libertad de expresión, pero aquí el sesgo se toma como parte del medio ambiente. Y sólo hay un tipo de opinión y de objetivo en el humor. Y hablo de medios públicos, que si hablamos de privados la Chocolatera Suiza tienen amplias franquicias, pues yo también pediré la venía un día para hacer humor negro si los del chocolate nos dejan a los otros.

Yo no tengo por qué pagar todo esto, ya pago como 4 o 5 misas en medios públicos, para pagarles a estos también la suyas.

Como padre de un hijo de instituto público de Barcelona.

Y como padre de un chaval que va a el instituto público de la ciudad de Barcelona, pues uno se indigna de que por fin en tercero les dieran portátil, pero empezado el curso, y ya hace un par de semanas que los

tuvieron que devolver. Sin contar caídas de la electricidad, goteras, el calor que vendrá esta semana junto a las obras próximas de la estación de Sants. Los colegios (de primaria) de la zona sí que los van a climatizar, paga el ayuntamiento, pero en los institutos debería pagar la Generalitat, aunque aparentemente lo lleve el

Consorci d’Educació de Barcelona que dice que hace muchas acciones, porque hay problemas generalizados en las infraestructuras educativas de la ciudad de Barcelona, como si fuese lo mismo cambiar un fluorescente que poner al día los mínimos de funcionamiento de un edificio de educación obligatoria. Y cosas se han hecho en los últimos años en los colegios pero la Generalitat no se ha puesto al día, aunque luego hagan proclamas que no se pueden creer como el conseller d’Agricultura cuando afirma “Todos los comedores escolares en Catalunya deberían tener cocina propia”; que lo hable con la consellera d’Educació, si no a mí me suena a extraterrestre.

Me da la impresión de que mis impuestos van para desgravar Copas Américas y campeonatos de Fórmula 1, y no para la educación y todo lo que representa. Lo tengo claro.

El valor de la patria

Verónica Ugarte

“¡Oh, libertad, cuántos crímenes se cometen en tu nombre!”, sabias palabras de Madame Roland formuladas mientras era llevada a la guillotina durante el Terror. Sabemos que al ser una mujer que criticaba duramente la política de Robespierre, su destino fue el mismo que el de todos los que se oponen al más fuerte. El encierro, el destierro o el entierro. Pero donde dijo libertad, yo quiero poner la palabra patria.

El domingo se jugó una final de fútbol a cuyo resultado yo era más que indiferente. Fuera Francia, me dediqué leer un rato, pero mirando tabletas, vi la escena que es inmutable: forofos, alegría, banderas, camisetas. Y recordé que para cierto porcentaje de españoles, la bandera no la sienten suya, puesto que en algún momento les fue “robada” por la derecha. Que la palabra “España” o Patria” tienen valor cero y que, durante la Historia de este país, a pesar de los esfuerzos de unión de discursos, la realidad es que cada vez que ciertos políticos, no solo del PP, hablan de Patria, más de una persona no se siente identificada.

Desde mis 4 años hasta los 14, cada lunes nos formábamos en patio (incluido el sol mexicano más el jersey reglamentario) para rendir homenaje a la Bandera (en mayúsculas puesto que constitucionalmente se trata de un símbolo patrio). Allá no se trata de ver quién es menos mexicano, sino de quién lo es más. Por algo disfruté tanto al ver los francos franceses y después los euros, porque había escritores, poetas en los primeros. En los segundos, parte de la historia de Europa.

En cambio en México, todo está lleno con los rostros de figuras claves en su historia. Eso es básicamente alineamiento y se cura, si se es consciente, a fuerza de autocrítica, de lecturas incómodas y de viajar. En mi caso, fue en el segundo viaje y eché raíces en la hermosa Barcelona. Una nueva tierra llena de cientos de experiencias, vivencias que han ayudado a un aprendizaje emocional e intelectual, y al mismo tiempo a dejar atrás sin mirar, a la Patria.

Dicen que somos de donde nacimos. No estoy de acuerdo. Siempre me han llamado mexicana personas abiertamente de derechas o que se dicen de izquierdas. En esos momentos recuerdo cuando al hijo de la Duquesa le preguntaron si alguna vez había votado a la izquierda y él respondió que al PSOE, a lo que Rufián y Dani Guzmán contestaron, “nos referimos a la verdadera izquierda”.

En todo caso, ¿qué es la Patria? Los más acérrimos defensores de un concepto vació al que solo el estadio en que se use le da contenido, salen en defensa de ella con banderas, cruces, defendiendo al Jefe del Estado, olvidando que su padre está lavando dinero y la mayor parte del pueblo no llega a fin de mes. Para otros, más centrados en la realidad porque pisan la calle y se sumergen en ella, es defender a la Sanidad Pública. Es dejar de votar porque ya no podemos seguir votando tanta mediocridad sinsentido. Es llegar al mercado y ver que las primeras cerezas cuestan 25 euros el kilo y ellos cobran una pensión de 700. En todos estos ejemplos nadie habla de patria, sin embargo. Se habla de vivir y morir con dignidad.

Hasta hace muy poco tiempo yo vivía feliz en mi burbuja, puesto que nunca he hecho migas con mexicanos (si salí con la maleta y me metí en el primer avión, mis razones tuve), pero de un tiempo a la fecha me vienen con la pregunta, personas del otro lado del enorme charco y del enorme continente a realizar el tercer grado del por qué he perdido el acento mexicano, por qué hablo catalán.  Y la mejor y de la cual yo siempre pensé que era una leyenda urbana: la animadversión al mexicano por ser norteamericano. Después de una tanda de preguntas, acusaciones, bajé la cortina de la amabilidad para poner en medio al Muro de Berlín junto a Mordor como barreras, para evitar tales faltas no de tacto, pero sí de educación. Al fin y al cabo, la patria, la bandera y demás sentimientos viscerales los puede perpetuar cada quien en su imaginación.

Tras años, decidí que la patria no tiene sentido para mí. He encontrado la felicidad en una ciudad diametralmente opuesta a aquella donde nací. No niego que a veces miro videos y me queda un poco de nostalgia. Pero pesa más revisar el mapa y decidir el próximo destino. Viajar es altamente curativo, refrescante y lleno de riquezas intangibles.

Con todo, sabemos bien que los de Bilbao nacemos donde nos apetece. Y por favor no tomar como hipocresía que salte durante los partidos de soccer que juega México, empiece a dirigir a la Selección y dé a la palabra energúmeno un pleno significado. Es lo único que quiero permitirme de las cenizas de mi patria imaginaria.

Extranjero en tu propio país

Carlos Hidalgo

Mientras España y Portugal se juegan algo en los penaltis, estoy reflexionando acerca de la manifestación convocada hoy por el PP y por el numerito de Ayuso en la Conferencia de presidentes celebrada la semana pasada.

Mientras que la manifestación es un nuevo intento de Feijóo de tratar de afianzar su liderazgo en su propio partido y una declaración de que no van a colaborar en ninguna política estatal, ya sea con sus votos en Congreso y Senado o bloqueando la aplicación de legislación estatal en las comunidades autónomas en las que gobiernan, es posible que al presidente del PP las cosas no le hayan ido tal y como esperaba. Por un lado, la manifestación, autobuses incluidos, ha sido floja. No creo que haya sido tanto por la capacidad de convocatoria del expresidente gallego, sino por el calor infernal que ha reinado en Madrid, unido a una Plaza de España pelada y desprovista de sombra, merced a la política arboricida del alcalde estrella del PP en la capital, José Luis Martínez-Almeida. Para colmo, el tener que compartir estrado con Carlos Mazón, que en su infinita caradura hace apelaciones a la honradez y a la dignidad en la política, puede que haya deslucido el discurso del líder de su partido.

Pero nada lo ha deslucido más que una Isabel Díaz Ayuso completamente desquiciada, que en un discurso errático se ha reafirmado en contra del carácter plurinacional de España y en el que ha afirmado que el uso de otras lenguas españolas hace que los ciudadanos de bien (sus votantes, imagino) se sientan “extranjeros en su propio país”.

La verdad es que esto es lo que más me ha molestado de todo. A lo largo de mi vida he podido recorrer las 17 comunidades autónomas de España, más las ciudades de Ceuta y Melilla. Suelo bromear diciendo que solo me queda visitar las islas Chafarinas y el Peñón de Vélez de la Gomera. Si algo me ha enseñado todo eso es la increíble variedad de personas y paisajes que nos incluimos dentro de eso llamado España. Y sentir un enorme orgullo de que la españolidad se manifieste, no solo a través de las cosas que tenemos en común, sino a través de las sutiles (o no tan sutiles) diferencias que existen entre nosotros.

Que nuestro país, pese a su turbulenta historia y etapas de espantoso cainismo y desprecio al pasado, conserve sus otras lenguas, les haya dado carácter oficial (más la lengua de signos) y puedan ser usadas para relacionarse con la Administración, me parece un auténtico milagro del que sentirnos orgullosos.

Que esas lenguas se usen en un foro como el de la Conferencia de presidentes autonómicos, me parece un símbolo de institucional y de unidad casi a la altura del de nuestra bandera y nuestro escudo. Y el que una presidenta empeñada más en buscar broncas y en montar numeritos más que en gobernar y en gestionar su comunidad, lo denuncie como un intento de hacerla “extranjera en su propio país”, me parece un violento provincianismo y un desprecio a españoles a los que su partido luego se llena la boca de defender, o de pretender que pretenden que tengan “auténtica igualdad de derechos”.

Lo que hace extranjeros a otros españoles es precisamente despreciarlos por no ser igual que uno mismo. Y de eso, desgraciadamente, tenemos sobrados ejemplos: los liberales españoles del siglo XIX a los que Fernando VII quiso privar de españolidad, los republicanos de la Guerra Civil, a los que Franco no quiso reconocer como compatriotas y que entregó a los nazis para ser masacrados en los campos y, por supuesto, los habitantes de regiones en las que se habla más de un idioma, que es tan español como el castellano que Ayuso masacra con su forzado acento cheli.

Las diferencias entre nosotros, de tradición, de identidad o de ideología no nos hacen extranjeros. Lo que nos hace extranjeros en nuestra propia tierra es la cerrazón de mente, el desprecio a la cultura y el anti-intelectualismo y el rechazo de personas que deberían representarnos a todos, pero que optan por representarse histéricamente a sí mismas, como los lamentables youtubers residentes en Andorra.

Incoherencia Habitacional Parte I: la Conferencia

Marc Alloza

El próximo viernes tendrá lugar la vigésima octava Conferencia de Presidentes autonómicos cuyo orden del día, como se indica en la publicación de la Moncloa, recogerá los puntos propuestos por 13 comunidades autónomas. El titular conduce a engaño si se quieren conocer estos puntos puesto que no los recoge el artículo, pero si se puede leer que es la vigésimo-segunda conferencia que convoca Pedro Sánchez, de las que 19 fueron durante la pandemia incluidas 17 por videollamada y todo. Que lo de Conferencia fue idea de Zapatero que entre 2004 y 2009 las convocó 4 veces y que Durante los siete años de gobiernos de Mariano Rajoy este órgano se convocó dos veces. Se percibe que hay un sólo, de solamente, tácito en la frase. Interesantísima información de la que he podido extrae lo de vigésimo-octava del principio porque he sumado (4 + 2 + 22).

En realidad buscaba los puntos de los que discutir, que se entiende dan motivo a la convocatoria o al menos es lo normal cuando se convoca una reunión. Bueno, al menos es lo que hace el presidente de mi escalera cuando convoca una conferencia de propietarios, que hizo también el anterior y que yo también hice a imitación de mis predecesores. Incluso en algunos trabajos se hace también, no digo en todos porque en general la gente, cuando va a trabajar y tiene una reunión es para pasar el rato y echar unas risas con el jefe por lo que ni se pone orden del día ni nada y el asunto es ambiguo tipo reunión y nada, cada uno cuenta lo suyo y no se da uno cuenta que se tiene que ir a casa y las decisiones se toman solas y el trabajo sale sólo también, una maravilla.

Volviendo al tema he buscado a ver si encontraba los puntos en El Gobierno garantiza al PP tratar sus temas en la Conferencia de Presidentes tras el amago de plantón de sus barones de RTVE1, esta vez me he quedado a medias. Me ha quedado claro el toma y daca entre Gobierno y Partido Popular pero los puntos exactamente no del todo. En el otro enlace bien posicionado de Google para la búsqueda “orden del día conferencia presidentes autonómicos”, https://mpt.gob.es/politica-territorial/autonomica/coop_autonomica/Confer_Presidentes.html tampoco he encontrado nada, pero buen sitio para ver el histórico.

En otro enlace de una página de cuyo nombre no puedo acordarme porque tiene “baneado el delivery y el meneo de sus temas sin la bula de sus mercedes” (no me atrevo ni a poner el mensaje original) me quedaba casi claro, pero no lo puedo citar.

En otro he aceptado las cookies “vendiendo” mis datos a no sé cuántos cientos de organizaciones para que luego el artículo sólo fuera para suscriptores y claro para una noticia…

Al final le he preguntado al ChatGpt que me ha dado 4 puntos y cuando le he pinchado a ver si había más, el pobrecillo creo que me ha sacado cosas de otras veces o vete a saber igual sí que son de esta.

Al final creo que los puntos serán:

  • Vivienda
  • Educación – Universidades públicas
  • Financiación autonómica
  • Ocupación
  • Plan energético
  • Inmigración y control de fronteras
  • Inversiones infraestructuras de red ferroviaria
  • Sanidad-Déficit de profesionales sanitarios
  • Primer ciclo de educación infantil
  • Reforma del poder Judicial y de la Fiscalía

Ambicioso, pero como los Presidentes son personas parcas en palabras que van al grano con un estilo directo y sintético a la vez que preciso y didáctico. Personas dialogantes, empáticas y con una enorme capacidad de llegar a consensos en aras del bien del país. No me cabe duda de que los temas los llevaran bien trabajados con algún principio de acuerdo previo. Estoy convencido de que va a ser un éxito, porqué a pesar de lo amplio y complejo de los temas, cuando hay buena voluntad, que la hay, y predisposición a resolverlos que también, nada puede fallar.

Bueno el tema de que quería escribir era acerca de la vivienda, pero el tema de la conferencia se me ha ido de las manos y tendré que hacer dos partes.

El primero de los puntos de la Conference League de Presidentes es la Vivienda. No se descubre nada si se dice que en España hay un problema con la vivienda que viene de antiguo, pero para resumir muy resumidamente nos quedaremos en el siglo XXI. En la primera década de este siglo ya había una conciencia social a todos los niveles de la población de que la vivienda era un enorme problema para toda la población pero en especial para los jóvenes. En las zonas del país la tensión habitacional era, y es, tan insoportable que lleva su caso más extremo: el sinhogarismo. La expansión constructora al extrarradio de las grandes ciudades y la compra de apartamentos y chalets de vacaciones, etc. daba fuelle a la economía de la “España va bien”. Con el cambio de gobierno nadie paró la música hasta que en el 2008 se hizo un stop a nivel mundial y aquí nos estalló la burbuja en la cara.

En el siguiente gráfico se muestra la evolución de las personas sin hogar atendidas en centros asistenciales que tiene publicado el INE con datos de octubre de 2022.

Gráfico INE Encuesta sobre personas sin hogar(últimos datos 10/2022)

Aunque de acuerdo a HOGARSI  serían unas 37.117.

Otro indicador de referencia es la edad de emancipación, que en España sigue creciendo. Si en 2021 era de 29,8, 3 años por encima de la media europea, en 2023 sube hasta los 30,3. A la vista está que las medidas que se han tomado no funcionan. Se ha escrito largo y tendido acerca de posibles soluciones desde muchos colectivos, asociaciones, ONGs, etc. En este mismo blog hay muchos y buenos artículos al respecto pero poco caso o ninguno. Incluso si se le pregunta al chatGpt, la respuesta  bien trabajada y más clara que en los puntos del reunión del viernes. Pese a lo cual espero que este viernes en la conferencia se llegue a consenso y se tomen medidas eficaces.

Un elemento con el que se puede jugar por ejemplo es la vivienda de protección oficial. La descalificación de una vivienda protegida es competencia de las Comunidades Autónomas, como se indica en la web del Ministerio de Vivienda y Agenda Urbana con sus 17 enlaces a las 17 normativas y procedimientos. En la provincia de Barcelona por ejemplo, en 2023 había 72.501 viviendas de protección oficial de las que en 2030 sólo quedaran 36.031 y en 2040 solo 18.830. Las viviendas descalificadas pasaran de haber sido adjudicadas a un precio pretasado dando una oportunidad a una persona o familia, a poderse vender en el mercado a precio libre ayudando a mantener/encarecer el parque de viviendas en general.  La protección de las viviendas VPO, por lo general, en muchas comunidades se levanta a los 15 años y no suele ir más allá de los 30. El típico “pan para hoy, hambre para mañana”. Una buena medida sería que esta protección no prescribiera. En Catalunya, aunque tarde, llegó mediante el (Decreto Ley 17/2019) la práctica totalidad de las viviendas protegidas que se están construyendo y se construirán no podrán ser descalificadas en lo sucesivo, Algo parecido sucede en el País Vasco pero hasta dónde yo tengo entendido en ninguna más.

Pero a pesar de este decreto no todo es coherencia así que en el próximo artículo explicaré la historia de la fábrica de cartón de mi municipio, propuesta de la Generalitat para un solar de mi municipio.

Lo último de la Conferencia es la polémica del pinganillo… Veremos el viernes si sirve de algo o sólo ha sido un gasto para nada.

De Mahoma y Carlomagno

Juanjo Cáceres

El pasado mes de mayo se cumplían 90 años de la finalización, por parte del historiador belga Henri Pirenne, de la obra Mahoma y Carlomagno, cuya publicación tendría lugar algunos años después, de forma póstuma, tras dos revisiones realizadas por su propio hijo, Jacques Pirenne, y por el historiador Fernand Vercauteren.

Se trata de una breve monografía de algo más de 200 páginas, muy leída por diferentes generaciones de historiadores y estudiosos del pasado, que todavía se encuentra en las librerías de nuestro país, ya que forma parte de la extensa colección de obras especializadas, publicadas bajo el sello de Alianza Editorial. Pero como todo en la vida, es un trabajo que el paso del tiempo va dejando atrás, sepultado, primero, por una oleada de trabajos que abordan la misma problemática -el surgimiento de la Edad Media- discutiendo las conclusiones del autor y, después, por la proliferación incesante de libros de cualquier temática, que castigan con la marginalidad a todas aquellas obras que no gozan de una especial protección o prestigio.

Sin embargo, este trabajo marcó un profundo cambio de paradigma y dejó una extensa huella en la forma de analizar la continuidad y el cambio histórico. Para cuando este historiador se incorpora a la Universidad de Gante, en 1892, las visiones sobre el fin de la Antigüedad siguen ancladas en una percepción apocalíptica de las invasiones bárbaras y en la fijación del inicio del Medievo en la fecha de sustitución del último emperador del lado occidental del Imperio considerado propiamente romano, en el año 476. Tras Mahoma y Carlomagno, aunque no solamente por esa obra y no de forma inmediata, empezará a cobrar forma el concepto de “Antigüedad Tardía”, para referirse a los siglos posteriores al siglo IV. Y es precisamente Pirenne quién sitúa algunas de las principales claves interpretativas para referirse a ese extenso periodo en que la edad antigua no acaba de terminar y la edad media tampoco despega del todo.

Son varios los elementos que Pirenne describe para asentar sus puntos de vista y nos da con ello una importante lección sobre la interpretación de los hechos históricos y sobre la ambigüedad de aquello que consideramos continuidad y de aquello que consideramos cambio.

Revisando el siglo V, destaca que la formación progresiva de las monarquías de origen germánico -visigoda, ostrogoda, franca, burgundia, etc.- se asienta sobre las estructuras administrativas, jurídicas y fiscales del Imperio Romano y sobre la preservación del origen romano -no germánico- entre los funcionarios de alto rango. También el relevante papel del Imperio Romano de Oriente, con capital en Constantinopla y con un Emperador al frente que no deja de ejercer de forma simbólica la toga imperial sobre todo el antiguo territorio romano. Un territorio que sigue siendo la principal potencia mediterránea y que va a ampliar su dominio cuando, bajo el gobierno de Justiniano, vuelva a poner bajo su control todo el norte de África -tras conquistar el reino vándalo-, se apropie de una parte del Levante ibérico y recupere una importante franja de la península itálica.

La preminencia de Constantinopla, la centralidad del Mediterráneo, la permanencia del latín, lo reducido del contingente germánico, la continuidad de un ordenamiento jurídico de inspiración claramente romana o el carácter laico de la designación de los reyes de esas nuevas dinastías, llevan a Pirenne a subrayar la continuidad de la unidad mediterránea y de lo esencial de la cultura romana hasta la irrupción en Europa del Islam en el siglo VII, lo que implicaría, a su vez, continuidad en el orden económico y en el orden social.

Esa irrupción es, en cambio, la que marcaría el punto de fractura con lo anterior. En parte, porque supondría el fin de la unidad mediterránea, tras quedar el Mare Nostrum dividido, por un lado, en los territorios dominados por los árabes (todo el sur, desde la parte más oriental hasta la Península Ibérica), que reorientan sus coordenadas comerciales hacia Bagdad, y, por el otro, por una zona central y nororiental cristiana sometida a intensos conflictos. Y en parte, porque ese ascenso del poder árabe, no solo instaura un nuevo orden sino que impulsa la transformación del único reino superviviente de los formados en el siglo V, el reino franco, en un espacio de naturaleza distinta mientras se produce el ascenso de la dinastía carolingia, que culmina con la proclamación de Carlomagno como emperador en la Navidad del año 800.

De acuerdo con estos análisis que Pirenne expone detalladamente mediante una enumeración de diferentes hechos históricos, ha sido posible establecer -y así se ha ido estableciendo académicamente- ese primer periodo de entre 250 y 300 años tras la caída de Roma, que luego se ha denominado Antigüedad Tardía. Con el paso del tiempo se ha discutido mucho sobre buena parte de la exposición que el historiador hizo en su libro y a este hecho trascendental que fue la expansión islámica sobre Oriente Medio, el norte de África y Europa, se han añadido otros igualmente cruciales para la transformación de Europa durante este periodo y que darán forma a la edad media que después conoceremos: la evolución del papado, la irrupción de nuevos estados del este europeo en la historia de Europa, etc.

Pero Mahoma y Carlomagno aporta además el valor añadido de reflexionar sobre la naturaleza del poder político y los diferentes grados de profundidad con los que puede impactar a la sociedad, según cual sean sus características y circunstancias. También sobre la forma de ejercer el poder, la diplomacia y sobre la naturaleza de la autoridad, que es mucho más que los títulos sobre los que se ostentan. Igualmente enriquecedora es su visión del Estado como una estructura duradera, pese a que al frente del mismo se produzcan cambios de la magnitud de los vividos en Europa en el siglo V.

Porque, al fin y al cabo, el factor clave para el cambio no es ni ha sido nunca la identidad de quien ostenta la titularidad del poder, sino la voluntad de elevar un nuevo orden social, institucional o religioso, tal y como hizo el Islam en su periodo de expansión o tal y como intentó hacer Carlomagno, sin lograrlo de forma duradera, quién sin embargo acabaría alimentando las condiciones para el desarrollo de un nuevo orden, el orden feudal. Esos matices, que delimitan las posibilidades y capacidad de penetración del poder político, son importantes tanto en nuestra época, como en aquella.