«Agentes especiales» del partido

Carlos Hidalgo

En política hay que tener un cuidado exquisito con lo que se dice. Porque muchas veces no sabes realmente quién te está oyendo y qué es lo que pasa por su cabeza cuando hablas, porque puede ser el comienzo de un estrambótico efecto dominó, en el cual, alguien con las entendederas justas puede lanzarse a hablar o actuar en tu nombre.

Hay dos ejemplos clásicos: Felipe González y el rey Juan Carlos. Parece ser que ambos recibían con amabilidad a quienes les visitaban, los escuchaban largo rato y luego el interlocutor salía convencido de que le habían dado la razón, aunque ni los entonces Presidente del Gobierno y Rey de España, hubieran dicho nada. Ello llevó a no pocas situaciones problemáticas en los años 80 y principios de los 90; desde crisis internas en el PSOE a, dicen, el propio golpe de Estado de febrero de 1981.

Además, es que los políticos tienen fans, como si fueran estrellas de rock. Hay gente que peregrina de acto en acto, de mitin en mitin, de conferencia en conferencia, buscando saludar al político, hacerse una foto con él, tratando de que su cara le suene, de intercambiar saludos, todo ello para en un momento dado decir: “yo conozco mucho a X”. Lo cual es peligroso, porque muchas de las personas que funcionan así tienen severas carencias; éticas, afectivas… del carácter que sea. Y también te pueden meter en un problema.

Por no hablar de que la política es afortunadamente tan amplia, que es posible que algunas de esas personas con carencias terminen en cargos públicos, en la estructura de los partidos políticos y hasta es posible que, en puestos de confianza, que están pensados para personas capaces de resolver problemas, no para gente que los causa.

Pienso en tres ejemplos puramente españoles y, como tales, mezcla de tragedia y de parodia: el concejal Bartolín, el Pequeño Nicolás y Ángel Carromero.

Bartolín se sentía injustamente tratado por la corporación municipal a la que pertenecía y por su Partido. Bartolín quería ser famoso y reconocido. Así que no tuvo mejor idea que fingir que había sido secuestrado por la banda terrorista ETA y para dar realismo al secuestro, se fue en tren al País Vasco. Cuando la Policía y la Guardia Civil hicieron su trabajo, el bochorno fue máximo. Por supuesto, Bartolín aún mantiene que hay lagunas en todo el asunto y que fue víctima de una inverosímil conspiración.

El Pequeño Nicolás fue criado a los pechos del entonces concejal-presidente del madrileño distrito de Moncloa-Aravaca, bien conectado con empresarios de la noche y del espectáculo. Nicolás decidió que había pasta en todo ello y que a él le gustaba todo lo del coche oficial y sentarse en reservados para negociaciones de altos vuelos; así que se inventó que actuaba en nombre de varios políticos con los que tenía muchas fotos, fingió ser agente secreto, personal de la Casa Real y actuar en nombre de la entonces vicepresidenta del Gobierno: Soraya Sáenz de Santamaría. En los años en los que mantuvo sus engaños se codeó con empresarios que le regalaban dinero sólo por decir que venía en nombre de alguien importante, vivió a todo trapo en un chalé carísimo y hasta corrompió a policías municipales que fingían ser sus escoltas. Hoy este chaval está a un paso de entrar en prisión y, por supuesto, sigue afirmando pertenecer a unos servicios secretos que, dice, le han traicionado y amenaza con hacer públicas grandes revelaciones que nunca se han materializado. Y todos lo que salen en una foto con él tratan de pasar del asunto avergonzados.

Ángel Carromero, por su parte, era el chico para todo de las Nuevas Generaciones del Partido Popular. Se encargaba de arreglar asambleas, pasar mensajes y hacer de persona de confianza de los altos cargos de su partido. Carromero, que también tenía pretensiones de agente especial, fue enviado a Cuba para dar apoyo a miembros de la oposición al régimen. Y Carromero, en un ejercicio de conducción imprudente en la isla caribeña, terminó matando a los miembros de la oposición en un accidente de automóvil. Su partido, pensando que el chaval merecía otra oportunidad, le rescató de Cuba, le dio un cargo de asesor en la Junta Municipal de Moratalaz y le mantuvo en sus cosas de agente especial hasta que le pillaron espiando a Isabel Díaz Ayuso, parece que por encargo del Concejal Borja Carabante, que también supuestamente habría recibido el encargo de tratar de desactivar a la presidenta madrileña antes de que hiciera daño al presidente del Partido Popular; en aquel momento Pablo Casado. Todos sabemos que la cosa salió mal. Carabante renegó de Carromero y este acabó fuera de la política. No por fingir ser agente especial de su partido, sino por ser uno particularmente incompetente. Por dos veces.

Así que cada vez que vemos a alguien haciendo el ridículo, supuestamente en nombre de un partido, uno se pregunta qué tenemos aquí: ¿Bartolín, Nicolás o Carromero? En los tres casos acabaron fuera de su partido y fuera de la política. El bochorno que causaron, sin embargo, permanece años y décadas después.

Un viejo baúl desvencijado

Arthur Mulligan

Así me imagino el vacío de cualquier sede del partido socialista ayuno de doctrina. Apenas reciben a nadie y solo un televisor de plasma sin sonido reproduce en bucle la última ocurrencia de Ferraz sobre el último bulo: «no hay nada, y esa persona de la que usted me habla no es asalariada del partido porque estamos hartos de persecuciones. No renunciamos a presentar una denuncia o, mejor dicho, denunciamos la renuncia del PP a presentar algo parecido a un programa que nos ayude a salir del impasse en el que nos encontramos; por mucho que lo intenten son incapaces de formar un gobierno alternativo al que ofrecemos y entendemos que eso duela. La coalición no corre peligro y mal que bien el programa se va cumpliendo.»

Resignado a la parálisis, el partido socialista mezcla datos macro sin comentar el aumento de la desigualdad social destinando el grueso de recursos a pensiones y a financiar una deuda que nunca se reduce; los servicios públicos pierden calidad y las infraestructuras se deterioran por falta de mantenimiento; impotente, alienta el enfrentamiento entre las CCAA, y desprecia el Parlamento y al Poder Judicial.

En esa enmarañada situación las cuentas, sin presupuestos, presentan una opacidad que todo lo mezcla, fomentando el uso arbitrario de la asignación de recursos y proyectando una imagen internacional llena de conflictos conducidos con mano torpe que no pueden resolverse mediante consignas mitineras y la jactancia pedante de un outsider.

Irrita profundamente el Presidente, su inconsistencia y la falta de preparación cuando afirmó en el Congreso de los Diputados, el miércoles 7 de mayo de 2025, que “en España no hay uranio y por tanto tendremos que importarlo” durante su comparecencia sobre la estrategia de defensa y el apagón del 28 de abril. Esta declaración se puede escuchar en el minuto 55:13 de su intervención, y fue reiterada en varias ocasiones, por ejemplo: “Mucho hablan de las centrales nucleares y poco hablan de que en España no hay uranio y por lo tanto tendremos que importarlo. ¿De dónde, señorías?”.

Más tarde, ante la polémica y las críticas, Sánchez matizó en una segunda intervención que los yacimientos de uranio existentes en España “dejaron de explotarse hace décadas porque eran absolutamente inviables desde el punto de vista económico y altamente contaminantes”.

Estas afirmaciones han sido ampliamente desmentidas por expertos y medios, ya que España cuenta con importantes reservas de uranio (más de 34.000 toneladas según el Libro Rojo del Uranio de la OCDE), aunque su extracción está prohibida desde 2021 por la Ley de Cambio Climático y Transición Energética. La última mina cerró en el año 2000, pero el recurso sigue existiendo en el subsuelo español, especialmente en Salamanca.

Por una suerte de justicia poética se da la circunstancia de que Leire Diez (la afiliada que ha querido comprometer a un teniente coronel de la UCO en estos días) fue jefa de Comunicación de ENUSA, empresa pública del sector nuclear.

Dice Zarzalejos: «Ha tenido que ser el compañero de fatigas del presidente, su fiel escudero, un presunto corrupto del peor estilo, el que haya desvelado, en parte o en todo a través de las publicaciones del diario El Mundo, la idiosincrasia del verdadero personaje que habita en la Moncloa. Es ese que, con el descaro propio de los que se creen impunes e inmunes, traslada sus mensajes a su lacayo con descalificaciones, insultos, órdenes intrusivas, sospechosas ocupaciones y preocupaciones y mandatos de dudosa eticidad democrática. Estos mensajes corroboran una trayectoria anterior democráticamente desquiciada del personaje, acosado por las conductas de sus familiares (su mujer y su hermano) y de los que fueron -y siguen siendo, quizá como Santos Cerdán- sus más próximos colaboradores. Y acreditan un presente de Sánchez verdaderamente desolador.»

(…) «La no lejana y fundada sospecha sobre las conductas de Santos Cerdán, sucesor de Ábalos en la secretaría de organización del PSOE, introductor de Koldo García, y la progresión pésima para él de los procesos penales (del fiscal general, de su mujer, de su hermano, de la trama de Ábalos, Koldo y Aldama) y la expectativa de que el rescate de Air Europa se complique procesalmente, atemorizan en la Moncloa y en Ferraz. Porque si Sánchez ha desvencijado el sistema político, su soberbia jupiterina propicia un ajuste de cuentas entre desalmados -él lo es, y lo son Ábalos y compañía- que incendiará lo poco que queda del PSOE. Sus socios, todos ellos, le dejarán que continúe por el camino de la autodestrucción y se asegurarán de que, durante la agonía, termine por reventar la caja del Estado. Así se pasa de la adhesión al miedo. De la gloria del poder a la miseria del fracaso. Del peor de todos: del fracaso moral.»

Como citábamos aquí mismo en Abril: «A los que acompañaban a Sánchez en ese Peugeot, españolísimo como la furgoneta del tapicero, españolísimo de hambre, mediocridad, ambición, pelotazos y venganzas, Aldama les ha acusado de haber cobrado casi un millón de euros en comisiones. Koldo y Ábalos están ya camino del banquillo o del puré de guisantes compartido con tíos tatuados de la oreja al badajo, y Cerdán ya no es que esté señalado o resulte sospechoso, sino que empieza a ser inexplicable, él que también sintió la chispa, que también vio en Koldo un esbirro o una estrella de cine mudo y pronto lo abrigó y colocó.»

Y así parece que terminará la cosa, con el próximo informe de la UCO, que si cumple las expectativas generadas situará a Cerdán en una posición insostenible y al Partido y a su Secretario General dolorosamente silenciados en el centro de una habitación mirando con melancolía ese baúl que terminó su viaje. Dos Secretarios de Organización imputados no hay manual de resistencia que lo aguante.

Solo existe la realidad

Verónica Ugarte

Hace algunos años leí que Cristo quería descansar luego de una larga jornada. Se acercó al negocio de un zapatero judío a quien le pidió sentarse un rato a la sombra. El zapatero se lo negó, por lo que su pueblo ha estado vagando miles de años como castigo. Son cientos las leyendas, mitos, historias que conforman el ideario de un antisemita. Se han ido alimentando de exageraciones, creencias religiosas, mentiras, y a veces hechos reales. Expulsiones, pogromos, guetos, a lo largo de los siglos medidas crueles buscando su desaparición.

El antisemitismo llegó a su punto álgido con el Holocausto. A partir de ahí, y con el sionismo como referente, nacido éste después del Asunto Dreyfus, se buscó, con la ayuda de un Occidente lleno de culpa, una tierra que los judíos pudiesen llamar país. Israel nació y millones lloraron. Unos de alegría y otros de dolor. De dolor al ser expulsados de sus propias tierras palestinas, Occidente abriendo una crisis sin medir las consecuencias.

Varias guerras hemos vivido. La de los Seis Días trajo como botín de guerra los Altos del Golán, Cisjordania, la franja de Gaza y la península del Sinaí. Mediante acuerdos poco a poco los territorios ocupados se han devuelto, menos la franja de Gaza y los Altos del Golán y Cisjordania solo parcialmente.

Desde aquel fatídico 7 de octubre de 2023 una parte del mundo ha sido testigo no solo de una brutal respuesta buscando venganza, sino también la deshumanización del pueblo palestino. Son demasiados los israelíes que se creen verdaderamente el llamado pueblo elegido, y con ello, las únicas víctimas del conflicto. Aquellas que tienen el derecho de evitar la entrada de ayuda humanitaria. Que legitiman con sus acciones y con su silencio el martirio, la hambruna, la tortura que miles de sus antepasados vivieron en campos de exterminio.

Este no es el primer genocidio que el mundo vive, pero si el único donde el asesino se autoproclama con el derecho divino de autodefensa y de víctima a la vez. Netanyahu es buscando por la justicia internacional, pero ha visitado EEUU y Hungría sin ser entregado a La Haya. ¿Razones? Los presidentes de ambos países no reconocen al Tribunal Internacional, o tal vez saben que económicamente no se pueden ver arrastrados a esta guerra, que comenzó en 1947.

El Primer Ministro de Israel continúa con una retórica absurda y se defiende diciendo que Israel se encuentra “en el lado correcto de la Historia”. Un discurso simplista e irresponsable que inunda de desprecio y hasta odio hacia los judíos en general y hacia Israel en particular. El marketing utilizado por diversos gobiernos en torno al Holocausto ya no es admisible bajo ningún punto. Alrededor del globo hay manifestaciones pro-Palestina. Miles de artistas consagran sus obras, palabras, letras y acciones contra uno de los actos más inmorales que hemos visto desde hacía décadas.

Judíos son insultados y asesinados en la calle. Señaladas sus empresas, mientras que Gaza muere lentamente. Cada día un médico se queda sin medicamento. Cada día una vida se pierde. Cada día se trata de entrar a la Franja pero Israel se niega a proteger lo que para la Torah es lo más sagrado, después del conocimiento: la vida. Las famosas palabras de Schindler que Hollywood dio teatralmente fama hace treinta y dos años, “quien salva una vida, salva al mundo entero” crean una pregunta que no tendrá respuesta a mediano plazo: ¿qué mundo queda cuando asesinamos miles de niños indefensos?

Mazón, la verdadera víctima

Carlos Hidalgo

Que el presidente de la Comunidad Valenciana, Carlos Mazón, tiene serios problemas con la realidad es algo que vemos observando de manera patética y trágica desde que las inundaciones de la DANA de Valencia dejaron tras de sí 235 muertos, un desaparecido y Mazón, desaparecido en un larga en inexplicable sobremesa en un restaurante, empezó a mentir sobre lo que hacía, lo que le correspondía hacer, los tiempos, las horas, los lugares, las personas y las competencias.

Mazón, que avergüenza hasta a su propio partido, ha gastado más tiempo y dinero público en intentar comprarse una buena imagen y en querer aparecer como la única y la más importante víctima de la catástrofe. Además, como los miembros de su partido se avergüenzan de él, trata de compensarlo regando con el dinero de la reconstrucción a todos los implicados en Gürtel que no están en la cárcel todavía o que están recién salidos de ella. De paso, para tratar de parasitar el prestigio ajeno, nombró vicepresidente a un General de Brigada experto en reconstrucciones que no parece estar restaurando Catarroja al mismo ritmo que se restauró Mostar.

Mazón, obviamente, sigue pensando más en su bienestar que en el de sus ciudadanos, lo que le hace objeto de abucheos cada vez que es visto en público. Así que solo comparece en el Parlamento de Valencia, donde es convenientemente arropado por su propio partido y por Vox, y en actos muy privados, donde los que dependen de él para cobrar a fin de mes o para hacer negocios, le aplauden sin demasiado entusiasmo.

Así que, dentro de esa lógica que solo tiene sentido para Mazón, este se ha negado a ver a las asociaciones de víctimas, insinuando de paso que el dolor de todas las personas que han perdido a sus seres queridos y a sus negocios mientras el Presidente valenciano estaba de sobremesa, es un dolor que tiene un origen “político” y “con ánimo manipulador”, haciendo lo que parece a todas luces un ejercicio de proyección.

Claro, luego resulta que su partido en Europa, la propia Comisión Europea y el Presidente del Gobierno, sí que han recibido a esas asociaciones y él queda en evidencia. Así que de nuevo pone en marcha su inventiva y suelta la infantil mentira de que él sí que ve a las víctimas, pero que es en secreto. Una vez recibida semejante idiotez con el desprecio de propios y ajenos que tal embuste merece, Mazón se ha apresurado a llamar a las asociaciones, mientras les reprocha ahora que se hayan reunido con todo el mundo, menos con él.

Y es que la víctima sigue siendo él. No puede ver más allá.

Basura orgánica

Julio Embid

No soy una persona rencorosa. Se me pasan pronto los enfados y, por lo general, suelo estar casi siempre de buen humor. Tengo un buen trabajo donde se me respeta, una bonita casa a las afueras, una pareja que pertenece a Los Vengadores y prácticamente los mismos amigos desde hace veinte y treinta años. Y de salud, aparte de estar un poco gordo, no me puedo quejar. Me va bien en la vida, y que dure.

Sin embargo, hay pocas figuras que me produzcan más rechazo que los obispos, sacerdotes, gurús y comerciantes de la fe. No sólo los católicos: no hago distinciones entre credos ni mitologías. En España abundan los primeros, pero, dado el declive constante del catolicismo en Europa Occidental, no descarto que pronto lleguen otros profetas con barba a dictarnos qué está bien, qué está mal y qué normas redactadas hace más de mil años debemos seguir al pie de la letra.

Uno de los que más logra sacarme de mi paz interior es el antiguo obispo de Alcalá de Henares, hoy retirado por el recientemente fallecido papa Francisco: el excelentísimo y reverendísimo señor Juan Antonio Reig Plá. De vez en cuando, los medios nos despiertan con alguna de sus homilías en las que vuelve a recordarnos lo de siempre: que la salvación pasa por seguir al pie de la letra unos evangelios escritos hace dos mil años. Suele señalar a divorciados, homosexuales, lesbianas y, esta vez, le ha tocado a las personas con discapacidad.

Dijo Reig Plá en misa que la discapacidad es “herencia del pecado” y “desorden de la naturaleza”. Entenderán ustedes que gritase de rabia. Nunca se le oyó al señor obispo alzar la voz contra los miles de casos —supuestamente aislados— de abusos sexuales en el seno de la Iglesia Católica. Ni contra el fraude fiscal de quienes comulgan todos los domingos y se saltan el séptimo mandamiento cada día. Pero esta vez ha ido demasiado lejos, y somos muchos los que estamos hartos. El ministro de Derechos Sociales y Consumo, Pablo Bustinduy, ha denunciado sus palabras ante la Fiscalía General del Estado, y ojalá la Justicia golpee al clero donde más le duele: en la cuenta corriente.

No le deseo nada malo a Reig Plá. Que viva muchos años, con salud y paz. Pero por su bien, espero que lo que predica no sea cierto. Porque si lo es, tal como dice el evangelio de San Juan (5, 28-29): “vendrá la hora cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz; y los que hicieron el bien saldrán a resurrección de vida, mas los que hicieron el mal, a resurrección de condenación”. Y ese día, San Pedro, en la balanza, pasará la tarjeta municipal, se abrirá el contenedor y lo echará al marrón, el de la basura orgánica y luego se limpiará las manos con un trapo.

Los bulos y exageraciones sobre la ocupación de viviendas

David Rodríguez Albert

La ocupación ilegal de viviendas es uno de los asuntos que nos está inundando de noticias en los últimos tiempos, generando una sensación de desasosiego general que lleva a mucha gente a demandar una mayor seguridad al respecto. Más allá de que el Gobierno acaba de aprobar la aceleración de los desalojos bajo determinadas circunstancias, es importante situar esta problemática en su auténtica medida, que está bastante lejos de la desmesura apocalíptica que algunos tratan de darnos a entender.

Según datos del Ministerio del Interior, en 2023 se registraron 15.289 denuncias por ocupación ilegal de viviendas, cifra que representa un 0,06% del conjunto de las existentes en España, y un descenso del 8,8% respecto al año anterior. Además, la mayoría de los casos hace referencia a la usurpación, que consiste en la ocupación de viviendas deshabitadas, la mayoría pertenecientes a bancos o grandes propietarios. En cuando al allanamiento de morada, es decir, la ocupación de viviendas habitadas, se registraron 3.646 casos.

Adicionalmente, hay que tener presente que, en el caso de allanamiento de la residencia habitual, la policía puede proceder al desalojo inmediato de los ocupantes sin necesidad de una orden judicial, que solamente es requerida si han pasado más de 48 horas desde la ocupación: en tal caso se tarda entre una semana y un mes. Si se trata de lo que hemos llamado usurpación, el plazo estimado es de entre 2 y 12 meses.

Por tanto, no se puede decir que se trate de una realidad inexistente, pero está claro que su importancia se ha visto sobredimensionada a través de exageraciones y de bulos acerca del problema. Esto puede comprobarse en diferentes webs que tratan del asunto, como por ejemplo (y entre otras) https://www.newtral.es/tag/okupas/, que como podemos observar tiene incluso un apartado específico sobre la materia.

La primera razón por la que algunos medios y redes sociales exageran hasta la saciedad esta cuestión es de carácter ideológico. Como ya hemos mencionado más arriba, la creación de un relato de inseguridad permanente es el mejor caldo de cultivo para qué la extrema derecha introduzca sus ideas reaccionarias, cuestionando las libertades básicas en favor de una ficción de supuesta seguridad pública. Esto explica que incluso en Vox se hayan difundido noticias abiertamente falsas como la ocupación de la vivienda de una anciana por parte de una cuidadora migrante y otras joyas por el estilo: https://www.elplural.com/sociedad/difundio-vox-bulo-cuidadora-marroqui-resultaba-inquilina-domicilio_273817102

Un segundo motivo para generar este ficticio estado de alarma es de índole económica y hace referencia al pujante negocio de la seguridad privada. Una de las empresas más beneficiadas es Securitas Direct, líder nacional en instalación de alarmas, y una de las que más invierte en publicidad en España. En 2022, ocupó el tercer lugar en el ranking de marcas por volumen de inversión publicitaria, destinando 29,14 millones de euros, lo que representó un incremento del 8,33% respecto al año anterior. Además, ha sido el mayor anunciante en radio en España durante varios años. La vinculación entre esta compañía y los medios difusores de noticias “exageradas” sobre la ocupación se explica perfectamente en el documental “El cuento de los medios”.

Finalmente, la señalización de la ocupación como fuente de todos los males sirve como perfecta maniobra de distracción para evitar el debate fundamental sobre la vivienda. Según la Encuesta sobre Integración y Necesidades Sociales realizada por la Fundación FOESSA (Fomento de Estudios Sociales y de Sociología Aplicada), vinculada a Cáritas Española, más de 4,6 millones de hogares en España sufren dificultades relacionadas con el acceso y el mantenimiento de la vivienda en 2024. Compárese este dato con el de los allanamientos (3.646 casos), la mayoría resueltos por la policía en las primeras 48 horas, y tendremos una idea mejor de cómo se desvía la atención de los abusos cometidos por los bancos, los mercados y los grandes propietarios (las personas con más de cinco viviendas en propiedad controlan el 40% del parque inmobiliario en Barcelona). Es el manual de estilo de la extrema derecha: dividir a la población, señalar al migrante y proteger los intereses de los más poderosos.

Monrovia y Jerusalén

Carlos Hidalgo

En 1822 la Sociedad Americana de Colonización (ACS, en sus siglas en inglés) compró terrenos a Sierra Leona y comenzó a trasladar a afroamericanos nacidos libres o a los que habían sido liberados a una zona a la que llamaron Liberia, por ser la tierra donde se esperaba que los afroamericanos y los afrocaribeños pudieran vivir y prosperar en libertad.

Pronto, los afrodescendientes estadounidenses se dieron cuenta de que no tenían nada que ver con los nativos de esas tierras y, tras varios desencuentros y escaramuzas, terminaron por imponerse a ellos.

Las primeras casas de la colonización de Liberia son iguales a las mansiones de las plantaciones del sur estadounidense. Y no solo reprodujeron eso, sino que los colonos estadounidenses terminaron usando a la población nativa como mano de obra esclava, igual que los blancos habían hecho con ellos en su país de origen.

Cuando Liberia se independizó, en 1847, se organizó como un Estado democrático, copiando también el sistema y las instituciones de los Estados Unidos, pero en la práctica, la minoría de origen estadounidense siguió marginando a los nativos, a los que consideraba ignorantes, incivilizados, violentos y difícilmente asimilables mediante la educación y la religión.

Ese estado de cosas solo llevó a un desorden creciente, a un mayor grado de corrupción de la élite gobernante, al hundimiento de la economía, a la erosión y posterior desaparición de la democracia y finalmente a dos guerras civiles, de las cuales, aun décadas después, el país se sigue recuperando.

Resulta tristemente humano que unas personas que se libraron de la opresión la hubieran asimilado tanto que terminaran reproduciéndola en cuanto ellas mismas fueron libres. Digan lo que digan los relatos religiosos, el martirologio, la pobreza, el sufrimiento y los abusos no santifican a las personas, sino que les dejan una huella tan profunda que en muchos casos siembran en ellos las semillas de esos mismos males.

Parece inevitable pensar también en Israel. El proyecto de Tierra Prometida, ese país que creció mediante colonos cooperativistas en kibbutzs, el país de Golda Meir, Shimón Peres o Issac Rabin, es ahora un país gobernado por un primer ministro corrupto, aupado por una constelación de partidos minoritarios ultraderechistas, que han hecho del abuso su programa político y que han respondido a un ataque bárbaro de una facción de los palestinos con una guerra de destrucción y terror en la que se mata a civiles por miles, se alienta la violencia civil contra los disidentes, se ataca la separación de poderes, se militariza la sociedad y se deshumaniza a la población civil palestina a la que se roba y se masacra sistemáticamente; o directamente se les mata de hambre.

Israel no es Liberia y sus ciudadanos no tienen la vocación misionera de los colonos liberianos. Pero el sendero hacia el abismo parece igual de claro en ambos casos.

Pensamiento simbólico en crisis: neoliberalismo, autoritarismo y la deriva cultural contemporánea

Alfons Salmerón

El pasado sábado, en el marco del encuentro mensual que mantenemos un grupo de profesionales de la salud mental, tuvimos el privilegio de contar con la presencia de Steven Forti, politólogo y profesor en la Universidad Autónoma de Barcelona, especializado en teoría política contemporánea y movimientos de extrema derecha. Su enfoque, deudor tanto de la tradición crítica marxista como de los estudios culturales británicos, nos ayudó a iluminar las formas en que la ideología autoritaria penetra en los tejidos más cotidianos de nuestra vida social y subjetiva.

Forti planteó que el auge de la extrema derecha no puede analizarse únicamente desde parámetros electorales o discursivos, sino que es también un fenómeno de subjetividad, una cristalización de afectos, resentimientos y vacíos simbólicos. Su intervención me llevó a una reflexión que resuena con fuerza en nuestra práctica clínica: la creciente dificultad que experimentamos como sociedad para sostener el pensamiento simbólico y construir espacios de una intersubjetividad creativa.

El proceso simbólico —esa capacidad para elaborar sentido, construir narrativas y tolerar la ambigüedad— parece estar hoy severamente erosionado. El sujeto contemporáneo, moldeado por décadas de hegemonía neoliberal, ha sido educado para la eficiencia, el consumo rápido de información y la respuesta emocional inmediata, en detrimento de la reflexión crítica. Como apunta Byung-Chul Han, vivimos en una “sociedad del cansancio”, donde el sujeto neoliberal se explota a sí mismo en nombre de una supuesta libertad, cayendo en una paradoja que lo lleva al agotamiento psíquico y a la pérdida de horizonte colectivo (Han, La sociedad del cansancio, 2010).

Este proceso de descomposición simbólica no es solo clínico, sino también político. Según Wendy Brown, el neoliberalismo ha transformado no solo las instituciones, sino también nuestras formas de subjetividad, promoviendo un tipo de racionalidad que debilita la ciudadanía democrática y refuerza la adhesión a soluciones autoritarias frente a la inseguridad existencial (Undoing the Demos, 2015). Es decir, el neoliberalismo no solo gobierna lo económico: gobierna el alma.

En esta línea, la psicoanalista Lola López Mondéjar ha explorado en profundidad esta transformación subjetiva en su ensayo Sin relato (2018), donde plantea que vivimos una época caracterizada por la desaparición de relatos articuladores, tanto individuales como colectivos. Esta falta de relato, de simbolización del malestar, deja a los sujetos desamparados frente a una realidad fragmentada y acelerada, y por tanto más vulnerable a formas identitarias autoritarias, que prometen orden y pertenencia sin pasar por el proceso de elaboración subjetiva. Como dice Mondéjar, “el relato se interrumpe cuando el sujeto no puede nombrar su sufrimiento; ahí es donde empieza a operar el síntoma”. Este “sin relato” no solo se expresa en la clínica, sino también en la política: la adhesión al autoritarismo es, muchas veces, una forma de suplencia imaginaria ante una falta radical de sentido.

En este contexto, una noticia reciente —la afirmación de que el coeficiente intelectual promedio ha descendido cinco puntos en las últimas décadas en algunas regiones del mundo desarrollado (Norwegian Ragnar Frisch Centre, 2018)— no puede leerse en clave biologicista, sino cultural. ¿Qué tipo de cultura estamos produciendo cuando la complejidad, la duda o el pensamiento abstracto se ven desplazados por respuestas binarias, inmediatas y emotivas?

Esto se conecta de manera directa con el resurgimiento de movimientos de extrema derecha en Europa y América. Como bien expone Enzo Traverso, el nuevo fascismo ya no necesita uniformes ni retórica militarista: le basta con apelar al miedo, al resentimiento y a la nostalgia de un orden perdido (Las nuevas caras del fascismo, 2019). Este “fascismo postmoderno” se alimenta de una ciudadanía desposeída de herramientas críticas, inmersa en una narrativa de competencia y exclusión.

Pero esta adhesión autoritaria no surge en el vacío. En los barrios obreros del siglo XXI, especialmente en las periferias urbanas castigadas por la desinversión y la precarización, el fracaso de las democracias liberales para responder a las demandas básicas ha abierto espacio para discursos anti-inmigración, no tanto por convicción ideológica, sino como forma reactiva de gestión del malestar. Pierre Rosanvallon ya advertía que sin una “igualdad relacional” —una experiencia compartida de dignidad, no solo de ingresos—, la democracia se vacía de sentido (La sociedad de los iguales, 2011).

En este clima de confusión simbólica y desplazamiento emocional, la cultura mediática opera como un teatro de proyecciones ideológicas. Esta semana, en España, se ha viralizado la teoría de que la mala posición de Melody en el festival de Eurovisión (antepenúltima) fue una represalia política por la postura del Gobierno español respecto al genocidio en Gaza. Más allá de la veracidad del argumento, su mera circulación como posibilidad revela el nivel de simplificación con el que se procesa lo político: una lógica de causa-efecto inmediata, sin mediaciones, sin análisis. El discurso se ha convertido en espectáculo.

Y bajando al terreno de nuestras condiciones materiales cotidianas, al día siguiente de la charla con Steven Forti, en una comida en casa con amigos de la infancia procedentes del barrio obrero de La Florida, en L’Hospitalet de Llobregat —el mismo barrio donde me crie—, la conversación giró en torno a la progresiva degradación que ha sufrido la zona a lo largo de las últimas tres décadas. Compartimos nuestra preocupación sobre la pérdida de poder adquisitivo del nuevo proletariado, el empobrecimiento del parque público de vivienda o la desaparición del tejido comercial, en un proceso de sustitución demográfica que ha convertido el barrio prácticamente, y por más que nos duela decirlo, en un gueto. El barrio sigue siendo el territorio en el que se incardinan y se expresan todas las consecuencias del neoliberalismo.

La Florida es uno de los barrios con mayor densidad de población de Europa, con más de 30.000 habitantes en apenas 0,38 km², y una renta per cápita de 8.641 euros, la más baja de L’Hospitalet. Esta alta densidad y baja renta han contribuido a una creciente vulnerabilidad social y económica, exacerbando las tensiones y facilitando la propagación de discursos excluyentes.

Frente a esta deriva, el trabajo psicoterapéutico cobra una dimensión ético-política. No se trata solo de sanar al individuo, sino de crear condiciones para que emerja un sujeto capaz de pensar, simbolizar y disentir. Como bien advierte Mondéjar, uno de los retos actuales de la clínica es precisamente reinstaurar la posibilidad del relato, de historia personal frente al caos del discurso social. En ese sentido, la función terapéutica es también una la labor de reconstrucción del lazo simbólico y político.

Hoy más que nunca, recuperar el pensamiento simbólico no es solo un objetivo terapéutico: es una urgencia civilizatoria.

De lo blaugrana y de lo blanco

Juanjo Cáceres

Hace mucho tiempo que la máxima categoría de fútbol español se ha convertido en un duelo entre dos equipos, el FC Barcelona y el Real Madrid. Y no porque sea imposible que lo consiga un tercero, sino porque hace mucho tiempo que no aparece ningún otro rival competitivo que sea capaz de mantener a largo plazo dicha capacidad.

En la última década, el Barça ha conseguido 5 títulos ligueros, el Madrid 4 y una única vez la ha ganado un tercer equipo, el Atlético de Madrid. La cosa no cambia sensiblemente si revisamos las cuarenta últimas ediciones: en tres ocasiones ha ganado el Atleti, en dos el Valencia y en una el Deportivo de la Coruña. Los otros 34 títulos han sido para los dos grandes. De hecho, el periodo 1981-1984 marcó un primer punto de inflexión, en la medida que la Liga dejó de ser un campeonato dominado casi siempre por el Madrid, para encadenarse cuatro títulos repartidos entre los equipos vascos (Real Sociedad y Athletic de Bilbao). Le seguiría después un lustro de dominio blanco a manos de la blanquísima Quinta del Buitre, cuatro títulos consecutivos del Barça de Cruyff y, ya desde entonces, un campeonato con dos claros dominadores que, por lo general, se han ido turnando al frente del mismo.

Este duelo permanente entre dos equipos no ha sido fruto solamente del poder económico que han ido adquiriendo, sino también de la excelencia deportiva alcanzada por ambos. Ello se ha manifestado muy claramente en las competiciones internacionales, donde el Barça consiguió por fin su ansiada primera Copa de Europa hace 32 años y donde el Madrid ha exhibido un gran dominio. En concreto, en los últimos 10 años el Real Madrid ha conseguido 5 títulos de Champions, que es ni más ni menos que la principal competición de clubes del mundo, y 4 más desde su actual ciclo victorioso iniciado en el año 1998. Por su parte el Barça, desde su estreno en el año olímpico (1992), ha logrado 4 títulos más, lo que supone que conjuntamente han sumado 14 títulos en las 34 últimas ediciones disputadas.

La excelencia futbolística ha alcanzado también al combinado nacional, al que el Barça ha aportado el modelo y los jugadores necesarios para conseguir dos Eurocopas y un Mundial en el periodo 2008-2012 y, más recientemente, la edición de la Eurocopa de 2024. Y también han logrado impregnar al resto de clubes españoles, que no solo han elevado la competitividad y conseguido resultados europeos meritorios, sino que también han disputado campeonatos de liga memorables -siendo el último mejor ejemplo el del Girona el año pasado- y han entregado talento y afán competitivo al combinado nacional. Es por todo ello que no me canso de repetir que la Liga española, sus jugadores y sus equipos son una de las expresiones más brillantes del país, uno de sus grandes atractivos y uno de los que lo hacen más reconocible e identificable en el exterior. Pero es, además, un escenario donde se cuecen grandes historias y grandes ejemplos.

En este último sentido, es inevitable referirse a lo acontecido este último año, que resume mejor que ninguno las paradojas y capacidad de sorprender que ofrece el fútbol. En ese campeonato casi siempre de dos, el Madrid venía de conquistar Liga y Champions en 2024 y el pasado verano se había hecho con el -muy discutiblemente- mejor jugador del mundo. Por su parte, el Barça venía de una debacle institucional y deportiva sin precedentes. Pero ni los logros del Madrid, ni la potencia del Barça pasaron desapercibidas y un entrenador alemán, de nombre Hans Flick, advirtió a los responsables del equipo que tenían una plantilla muy desaprovechada y con la que se podía llegar lejos. También que no todo era fichar y sufrir más de la cuenta por cumplir las reglas salariales de la Liga.

Se podría añadir que ahí empezó todo y que lo que vino después ya es historia. Flick firmó como entrenador del primer equipo del Barcelona, lo convirtió en una espectacular máquina de jugar al fútbol y se quedó a dos pasos de ganarlo todo. Asimismo, arrebató los tres títulos nacionales al Real Madrid -Liga, Copa y Supercopa- y lo derrotó en los cuatro encuentros que disputaron. El patito feo y desquiciado se convirtió, así, en un cisne armado hasta los dientes y poseído por un instinto asesino capaz de golear a cualquiera, con el mérito añadido de hacerlo con una plantilla compuesta por jugadores insultantemente jóvenes y formados en las categorías inferiores. Esto último, en términos blaugranas, es ni más ni menos que el cénit de su ideal futbolístico, frente a un Real Madrid más inclinado a irrumpir en el mercado y a fichar a las mayores estrellas mundiales, tanto emergentes como consolidadas.

Desde el punto de vista del deporte y de la gestión deportiva, esta es una historia mayúscula, pero ni mucho menos aislada, sino encadenada a una trayectoria de cuatro décadas con dos claros protagonistas, los cuales han transformado el fútbol español y que se deben mucho más el uno al otro de lo que nadie es capaz de reconocer. Este último es quizás uno de los aspectos más negativos de la vivencia del futbol en España, un forofismo absurdo y vergonzoso, que domina medios propios y ajenos, que incide negativamente en la conducta de los aficionados y que ofrece un buen número de situaciones lamentables.

En un país condenado a sufrir unas narrativas mediáticas en el ámbito deportivo que parecen escritas por francotiradores, cualquier logro o grandeza deportiva se intenta diluir señalando asuntos tales como el ventajismo arbitral e hipotéticos sobornos. Este es además un mundo habitado por personajes de oscura procedencia que pretenden gobernar las instituciones del fútbol español y las federaciones como si fueran una tiranía griega, tanto en el fondo como en las formas.

De todas estás miserias, conductas y miradas podridas debería liberarse el fútbol español. Aprender a reconocer el enorme merito que tienen las Champions conseguidas por el Madrid o la revolución futbolística aportada por el Barça en el último año es lo que todo aficionado, deportista y representante de los estamentos deportivos debería hacer. Cuidar este potencial, proteger a los jugadores que lo hacen posible -especialmente en las convocatorias nacionales- y poner en valor lo que suma el conjunto, en detrimento de la confrontación entre sus partes, es un trabajo pendiente para todo un país

Pero es un trabajo de país porque encaja igualmente en otros retos más amplios, en particular el de la integración de su diversidad territorial en un modelo de estado aceptable y aceptado. Hemos visto, además, como esa carencia se manifiesta igualmente en el futbol cuando en las finales de Copa se silba el himno de España o en el menosprecio a la contribución de jugadores de la periferia ibérica al combinado nacional, donde precisamente el protagonismo de los del Real Madrid suele brillar por su ausencia. Pero también en la negación de los méritos de los dos grandes, apelando a designios oscuros y desmereciendo sus estrategias y logros.

La forma como en un mismo espacio conviven la excelencia futbolística admirada por toda Europa y la zafiedad y bajeza que tanto describe Arturo Pérez Reverte en sus novelas como característica de este país, podría considerarse una paradoja, pero es una realidad incuestionable. Y para muestra el partido que proclamó campeón al Barcelona este jueves, que empezó con un atropello masivo en el exterior del estadio del Español y acabó con la activación de los aspersores sobre el equipo campeón, mientras este iniciaba una tentativa de celebración.

Pero por suerte hay o puede haber experiencias para construir una historia mucho mejor y mucho mayor, que además vaya bastante más allá del fútbol. Y ahí es donde las nuevas generaciones, lideradas por un singularísimo Lamine Yamal, pueden marcar un antes y un después para todos nosotros y para los que vendrán. Porque su trabajo en el campo de fútbol y su trayectoria vital van de la mano y nos recuerdan que abordándolo todo desde otra perspectiva no estamos condenados a no ser nada que no queramos ser.

Roma con Papa (y II)

Arthur Mulligan

Ha sido un cónclave acorde con la aceleración de la historia: muy rápido, elegante, pleno de dignidad, justo lo que el mundo esperaba pero sin llegar a la perfección de la Corona Británica. El humo blanco, las campanas, el desfile del minúsculo ejército imposible de camuflar, el camarlengo, las hermanas y un Espíritu Santo inspirado obraron el milagro. La aparatosa estufa con chimenea ha trabajado poco y atrás queda la sonoridad grave del latín.

León XIV parece un hombre amable y amante de los protocolos de la Iglesia milenaria, un tanto alejado de ese populismo latinoamericano de un catolicismo de la contrarreforma, según contaba a Maite Rico, Loris Zanatta, catedrático de historia de América Latina en la Universidad de Bolonia. Resumiendo la excelente entrevista, este intelectual sostiene que el catolicismo europeo terminó por híbridarse con las corrientes ilustradas, o sea, con la revolución científica, el racionalismo, el liberalismo. En cambio, el catolicismo argentino al que pertenece Bergoglio y que encontró en el peronismo su confluencia política, considera una traición el entendimiento con el liberalismo.

Es un catolicismo de cristiandad y por encima de las instituciones seculares de la democracia, de la separación de poderes, está la catolicidad del pueblo, y ese pueblo está representado en primer lugar por la Iglesia, que tiene un derecho implícito a tutelar el orden político y social. En los viajes por el sur global, que fueron la mayoría, Bergoglio se dedicó primero a oponer el sur religioso y sus pueblos pobres, puros y virtuosos al norte irrecuperable, descristianizado, secularizado, pecaminoso.

Y en segundo lugar, advertir a esos países del sur en contra del progreso, que implicaría sucumbir a la colonización ideológica, como decía él del norte desarrollado. La iglesia nunca ha sido devota de la economía de mercado, pero el discurso de Bergoglio era especialmente rudimentario con esa concepción de la economía como un juego de suma cero. Una de las grandes influencias de Bergoglio fue Hernán Benítez, un jesuita argentino que le escribía los discursos a Eva Perón.

Benítez decía que el peronismo era un comunismo de derechas por su rechazo visceral de la economía de mercado y claro, la Biblia está llena de citas que pueden servir para esto. La idea es que el mercado alimenta el egoísmo, la codicia y la pobreza es virtuosa y preserva de la corrupción. Este pobrismo radical era la visión de Bergoglio, aunque sus consejeros economistas en el Vaticano le suavizaron los últimos discursos, porque era demasiado primitivo y no es casual que Argentina a partir del peronismo haya sido un caso mundial de decadencia económica. Es curioso que tenga fama de progresista y es sintomático que haya sido adoptado como ídolo por la izquierda más reaccionaria, comunistas, bolivarianos, etc.

Muy duro en su crítica, considera que en términos de reforma de la Iglesia no ha habido ninguna revolución y sí, muchas palabras y mucha astucia porque siempre fue un hombre extraordinariamente astuto, pero la huella que él deja y que considera preocupante es haber acelerado la desvinculación del catolicismo de sus raíces culturales europeas: «Un catolicismo anti ilustrado que apunta para su futuro a la religiosidad popular, pongamos africana o latinoamericana, amenaza con ser un catolicismo empobrecido y mucho más permeable a formas políticas irracionalistas».

Con razón señalaba nuestro particular histrión populista, el tabernero Pablo Iglesias, que Bergoglio y él compartían trinchera, ambos eran autoritarios y verticalistas, apenas respetaban el pluralismo y al igual que con Podemos, cuando pasen estos días de idolatría, comenzarán a salir a flote las broncas que han quedado dentro de la Iglesia que está profundamente dividida tanto en términos doctrinarios como en estilo de gobierno.

La teología es incapaz de mover masas por sus dificultades filosóficas intrínsecas que le restan fuerza polémica pero es el muro inatacable que ofrece la Iglesia, la dimensión vertical del Evangelio: el culto y el amor a Dios, la defensa de la verdad y la fe. A los no creyentes, en distinto grado, nos parece una alteración de la conciencia que adquiere proporciones enormes de incredulidad con el paso del tiempo, aún admitiendo el potencial liberador y de esperanza que sus promesas de redención contienen. Ratzinger consideraba que la mayor amenaza para la Iglesia era la “dictadura del relativismo”, es decir, la tendencia contemporánea a considerar que no existen verdades absolutas y todo es negociable.

En su primera homilía como decano del colegio cardenalicio antes de ser elegido Papa, advirtió sobre este peligro y defendió la necesidad de una fe clara y definida, rechazando cualquier apertura que pusiera en cuestión los dogmas fundamentales del catolicismo. Esta postura se tradujo en una gestión que priorizó la pureza doctrinal y la claridad en la enseñanza de la fe. Naturalmente se opuso a innovaciones litúrgicas y a revisiones en temas como la sexualidad, el divorcio, el papel de la mujer en la iglesia y el matrimonio homosexual. Fue un crítico severo de la teología de la liberación, especialmente en su vertiente marxista, y defendió la superioridad doctrinal de la Iglesia Católica frente a otras confesiones cristianas, lo que dificultó el diálogo ecuménico en algunos momentos.

Consideró que la solución a los problemas de la Iglesia no estaba en modificar sus estructuras, sino en profundizar en la vivencia auténtica de la fe y la caridad. Para él, el cristianismo debía mantenerse alejado tanto del liberalismo como del marxismo, que veía como amenazas a la integridad de la fe y la moral católica. En su original regresión conservadora, reconoció la legitimidad y riqueza de la liturgia anterior al Concilio Vaticano II (misa en latín). Defendió la necesidad de solemnidad, belleza y continuidad con la tradición, oponiéndose a la improvisación y a la fragmentación de los ritos. Lamentó el abandono de la belleza artística y musical en la liturgia, considerando que la belleza humaniza y acerca a dios. Insistió en la importancia de la música sacra tradicional y la arquitectura digna de los templos. Sostuvo que la liturgia debe entenderse como algo, recibido de la tradición y no como una creación arbitraria de la comunidad. Defendió el desarrollo orgánico de la liturgia, es decir, cambios que surgen de la tradición viva y no de rupturas radicales.

La muerte de las catedrales es un ensayo breve escrito por Marcel Proust en 1904, en el contexto del debate sobre la separación de la Iglesia y el Estado en Francia y la consiguiente expropiación de bienes eclesiásticos, incluidas las catedrales. Proust lamentaba que con la secularización y la pérdida de influencia de la Iglesia, las catedrales quedarían desprovistas de su vitalidad y significado original; quedaría por tanto el riesgo de convertirse en simples monumentos vacíos, privados de la vida comunitaria y del sentido espiritual que les dio origen. Su muerte no es la ruina material, sino la pérdida de su función como centros de vida y fe. Sostenía que las catedrales no pertenecían únicamente a los creyentes sino a toda la nación y que su desaparición simbólica supondría una pérdida irreparable para la cultura y la sensibilidad colectiva francesa.

De una forma dogmática y otra artística, tanto Ratzinger como Proust nos hablan sobre la fragilidad del patrimonio espiritual y artístico ante los cambios sociales y políticos y una llamada a reconocer el valor universal de las grandes creaciones humanas capaces de trascender su contexto religioso para convertirse en símbolos de identidad y continuidad cultural.

Desde mi reconocida falta de fe me siento inclinado a oír una misa, cualquier misa de Bach, Mozart o Fauré, en latín y en una Catedral junto a creyentes y no creyentes de cualquier otra religión sabiendo de paso que defiendo una influencia genuina de nuestro común patrimonio cultural europeo sin perjuicio de nuestro conquistado laicismo pacificador.