Ramón y sus pistolas

Carlos Hidalgo

Esta semana pasada hemos tenido drama a cargo de una compra de municiones por parte de la Guardia Civil. El instituto armado iba a comprar a la empresa Guardian Defense & Homeland Security unos cuantos millones de balas de 9 milímetros, lo cual ha sido motivo de conflicto entre los socios de la coalición de gobierno, debido a que la empresa fabricante es israelí y desde Sumar creen que han de boicotearse las compras de armas y munición a Israel.

Todo el mundo se ha apresurado a señalar al ministro del interior, Fernando Grande-Marlaska, como si la compra de esas balas se hubiera realizado de mala fe y como regalo al gobierno de Binyamin Netanyahu, lo cual no es cierto, aunque la historia real, sin ser tan malintencionada, no desentonaría demasiado en un libro de Mortadelo y Filemón.

Hace tiempo que la Guardia Civil estaba buscando una pistola que fuera sustituyendo progresivamente a las Beretta que la Benemérita había estado usando hasta ahora. Como ahora la moda en los cuerpos policiales es la pistola austriaca Glock, la idea era buscar algo parecido a esa arma; de munición estándar de 9 milímetros, compacta y fabricada con polímeros en su mayor parte, de tal manera que fuera más ligera que las armas cortas que la Guardia Civil había estado portando hasta el momento.

Y fue Glock quien se presentó al concurso que se convocó para la renovación de armamento, pero perdió frente a una empresa israelí, Guardian Defense & Homeland Security, que presentó al concurso a su propia versión de una pistola de 9 milímetros de polímeros, la EMTAN Ramón. Sí, Ramón. La razón por la que los israelíes ganaron el concurso frente a los austriacos fue que, a características técnicas más o menos parecidas, la pistola Ramón costaba 269€ la unidad, frente a los 305,87€ de cada Glock.

Lo malo es que las Ramón tendían a encasquillarse, al no expulsar bien los cartuchos después de cada disparo. Lo cual no se detectó en las pruebas técnicas de la licitación, pero sí en los ejercicios de tiro de los guardias y en algunas de las ocasiones en las que los agentes de la Guardia Civil han tenido que hacer uso de éstas. Hay quien dice que esto es normal, al ser la Ramón una “copia barata” de las Glock o, incluso al ser definidas como “pistolas low cost”, lo cual enfada sobremanera a sus fabricantes, que han colgado en internet varios comunicados desmintiendo esas acusaciones y poniéndose también en contacto con varios medios españoles.

Como esto se detectó con las pistolas recién compradas, sus fabricantes se comprometieron a resolver el problema sin incurrir en más costes, no sin asegurar antes que la culpa era de las municiones empleadas por la Guardia Civil y, de paso, ofrecerles un cargamento de munición de 9 milímetros a un precio por debajo del mercado. Y aquí volvemos al principio; estas son las municiones de la discordia. Todo esto se resolvió en febrero de 2023. Las pistolas Ramón fueron modificadas de tal manera que no hubiera problemas con la expulsión de municiones, así como el acuerdo israelí para proveer de municiones baratas a la Guardia Civil. Ocho meses antes del comienzo de lo que hoy se llama “guerra de Gaza”.

Y aunque todo esto ha estado cerca de provocar una importante crisis de Gobierno, no dejo de pensar en el tebeo que Francisco Ibáñez nos hubiera escrito de seguir vivo. “Mortadelo y Filemón: Las pistolas Ramón y su loca munición”

El aumento del gasto en defensa o la cuadratura del círculo

David Rodríguez Albert

En los cursos más básicos de economía suele explicarse el concepto de la Frontera de Posibilidades de Producción (FPP). Se define como el conjunto de las principales combinaciones de bienes que puede producir una economía de manera eficiente, y curiosamente suele explicarse con el ejemplo de los cañones y de la mantequilla. Así, dados unos recursos concretos, se traza una curva con las distintas cantidades que pueden ofrecerse de ambos productos, y se dice que una economía es eficiente si estamos sobre la línea, con composiciones que pueden oscilar entre ‘0’ cañones y ‘x’ mantequillas o justo todo lo contrario, pasando por todas las situaciones intermedias. Obviamente, la realidad económica es mucho más compleja, pero la FPP sirve para ilustrar estos conceptos básicos.

La descripción de este modelo viene a propósito del anunciado incremento del gasto militar en Europa, que de manera inevitable nos recuerda a los cañones de turno y, sobre todo, al hecho de que si nos movemos sobre la FPP, la fabricación de más armas debe hacerse necesariamente a costa de menos mantequilla. Llegados a este punto, hay que recordar que, afortunadamente, la economía es algo dinámico, y así llegamos a la explicación del desplazamiento hacia fuera de la FPP o, dicho de otra manera, que si crecemos podemos producir más de todo y así quedarnos más tranquilos. Y esto es lo que nos recuerdan algunos economistas que se han pasado al lado optimista del dinamismo, después de muchos años argumentando que si la población envejece no se podrán pagar las pensiones, manteniendo el nivel de producción en posición más inmóvil que el primer motor aristotélico.

Sin embargo, en el momento actual tenemos un pequeño problema, y es que el gasto en defensa pretende aumentarse de manera significativa e inmediata (no como las pobres pensiones / mantequilla), mientras que el crecimiento parece estar entrando en una coyuntura de previsiones más bien algo pesimistas. Aun así, la economía real (esa que va más allá de los manuales) vuelve a obsequiarnos con varias alternativas para producir más cañones sin tocar la cantidad de mantequilla. Lamentablemente, dos de estas posibilidades no están sobre la mesa de la Unión Europea: aumentar los impuestos para financiar más armas (tema tabú para los escolásticos de Bruselas), o hacer más atractiva la emisión de deuda (asunto complejo dado el peso actual de la misma y la disminución de los tipos de interés).

Una vez descartadas estas opciones, desde la lógica gubernamental nos quedan dos grandes vías para permitirnos la espiral militarista europea. La primera de ellas es incrementar sin más el déficit público, proponiendo una suerte de “keynesianismo de derechas”, que algunas grandes potencias ya aplicaron hace unas décadas (con el desarrollo del complejo militar e industrial en los Estados Unidos). Esta parece ser la vía española, que no pretende tocar el Estado del Bienestar y desarrolla un proyecto con una denominación que adquiere reminiscencias orwellianas: “Plan industrial y tecnológico para la seguridad y la defensa de España y Europa” (solamente les falta hablar de paz). Obviamente, desde el gobierno preferirá hablarse de “keynesianismo” (a secas), sustentando el nuevo gasto en una obtención altamente creativa de los recursos disponibles y con el apoyo de las fuerzas ahora sí “de derechas” (las mismas que reniegan de cualquier atisbo de planificación en sus manuales de referencia).

Llegados a este punto, alguien podría pensar que es altamente contradictorio plantear el aumento del déficit público tras varias décadas en las que la ortodoxia neoliberal lo ha llegado a limitar por imperativo legal. De todos modos, hay que pensar que estamos en un momento histórico en el que la fase que hemos llamado de “globalización neoliberal”, que ya había sido puesta en entredicho tras la crisis financiera que estalló en 2008, ahora parece recibir la puntilla por parte de Trump. El gobierno de los Estados Unidos, viéndose perdedor en una dinámica de libre comercio en la que China y los BRICS ganan enteros, se repliega en un proteccionismo sin tapujos, y pone en duda cada vez más si el nuevo capitalismo ha de ser tan liberal como el de hace unos años.

La segunda vía que contempla Europa para aumentar el gasto en defensa es la que expresa sin tantas contemplaciones Mario Draghi en su informe de 2024, encargado por la misma UE: “No podremos financiar nuestro modelo social. Tendremos que reducir algunas de nuestras ambiciones, si no todas”. Obviamente, esta afirmación puede resultar algo impopular, y para llevarla a cabo habría que crear en primer lugar un estado de miedo permanente entre la ciudadanía, que podría comenzar con algo así como “prepare un kit de supervivencia en casa por si vienen los rusos”. De seguir las recomendaciones del banquero italiano, el modelo básico de la FPP sería de gran utilidad, ya que podríamos fabricar más cañones lanzando las tostadas de mantequilla al suelo (de qué lado caen ya depende más de la Ley de Murphy que de las escuelas de pensamiento económicas).

He dejado para el final la alternativa que a mi juicio parece más razonable, y que consiste en avanzar por la FPP en sentido contrario, esto es, con más Estado del Bienestar y menos devaneos belicistas. Pero parece que para ello la ciudadanía europea tendría antes que hacer algo muy sencillo y a la vez bastante complicado: cambiar a la mayoría de los gobernantes de turno, sustituyéndolos por otros con una visión estratégica más en consonancia con la democracia, la cooperación, la solidaridad y los derechos humanos.

El mito que no muere: culpar a la OTAN por la guerra de Rusia 

LBNL

Oigo tantas veces este argumentario de que la OTAN es culpable de la guerra de Ucrania que me permite pegar este artículo de hoy mismo de EUvsDisinfo que me parece tan certero como bien argumentado:

«En el turbio panorama de la desinformación, pocas narrativas han demostrado ser tan persistentes como la afirmación de que la expansión de la OTAN provocó a Rusia a invadir Ucrania.

Este mito, reciclado y rebautizado por los apologistas del Kremlin, culpa a Occidente de la agresión rusa, ignorando la historia y los hechos. Es hora de llamar a esta narrativa por su nombre: una distorsión conveniente diseñada para justificar una guerra injustificable.

Mito 1: «Rusia fue provocada. La OTAN rompió una promesa».

Uno de los mitos más comunes en la retórica pro-Kremlin es que la OTAN prometió no expandirse «ni un centímetro hacia el este» después de la Guerra Fría. Pero no hay evidencia de ningún acuerdo formal al respecto. Múltiples líderes occidentales y documentos desclasificados confirman que, si bien hubo discusiones sobre la posición de la OTAN en Alemania durante la reunificación, no se asumió ningún compromiso vinculante ni global para congelar las fronteras de la alianza indefinidamente.

Y aquí hay un punto crucial: si Rusia realmente quería tal garantía, sabe perfectamente cómo funciona la diplomacia internacional. Habría impulsado un tratado, un acuerdo formal o, como mínimo, un compromiso públicamente documentado. Pero eso nunca ocurrió, porque tal promesa nunca se hizo ni se buscó oficialmente. Incluso Mijaíl Gorbachov , el líder soviético en ese momento, confirmó que no había acuerdo ni promesa de no ampliar la OTAN. En diplomacia, si no hay tratado, acuerdo firmado ni declaración pública, no hay promesa vinculante. Rusia lo entiende. No es ignorancia, es revisionismo deliberado por parte de Putin.

Más importante aún, las naciones soberanas de Europa del Este querían unirse a la OTAN, no porque la OTAN buscara cercar a Rusia , sino porque estos países habían soportado décadas de ocupación e invasiones soviéticas y estaban decididos a no volver jamás a esa subyugación. Estonia, Letonia, Lituania, Polonia, Rumanía: estos no eran peones manipulados por Washington. Eran democracias que tomaban decisiones estratégicas para su seguridad. Sugerir lo contrario es negarles capacidad de acción e ignorar su historia y soberanía.

Mito 2: «Ucrania estaba a punto de unirse a la OTAN. Rusia no tenía otra opción».


A pesar de las reiteradas afirmaciones, Ucrania no estaba a punto de unirse a la OTAN a principios de 2022. Si bien Ucrania llevaba tiempo expresando su interés en la membresía, no hubo una invitación formal ni un proceso acelerado. La idea de que la adhesión de Ucrania a la OTAN fuera inminente es más ficción que realidad. Era una posibilidad remota, no una política vigente. El ultimátum

de Rusia en diciembre de 2021.Una garantía de que Ucrania nunca se uniría a la OTAN nunca fue una oferta diplomática genuina, sino un pretexto. Exigir que la OTAN no solo excluyera a Ucrania para siempre, sino que también redujera su presencia en todos los países que se unieron después de 1997, borrando décadas de decisiones soberanas de los estados de Europa del Este, no fue una negociación, fue una exigencia imposible. Putin sabía que la OTAN nunca podría aceptarla sin abandonar sus principios fundamentales y la seguridad de sus miembros. El ultimátum estaba destinado a ser rechazado. Fue una trampa, no un esfuerzo diplomático (como hemos descrito aquí ).

¿Y quizás la prueba más clara de que la OTAN no fue la verdadera razón de la invasión? Las propias palabras de Putin. En su discurso de febrero de 2022 , justo antes de la invasión, apenas se centró en la OTAN. En cambio, cuestionó el derecho mismo de Ucrania a existir como estado independiente, afirmando que fue «creada por Lenin» y debería ser parte de Rusia. Esa retórica no apunta a preocupaciones defensivas, sino a ambición imperial .

Si Rusia realmente temía la incorporación de Ucrania a la OTAN, lanzar una invasión a gran escala es quizás la forma más eficaz de garantizar un mayor alineamiento y apoyo occidental. La guerra no impidió que la OTAN se acercara a Ucrania, sino que aceleró ese proceso. Eso no es miedo, es una apuesta arriesgada basada en ambiciones diferentes.

Mito 3: «Rusia temía a la OTAN en su frontera».

La idea de que Rusia invadió Ucrania por miedo a la OTAN se contradice con sus propias acciones. Si Moscú realmente viera a la OTAN como una amenaza inmediata, creyendo que planeaba usar Ucrania como plataforma de lanzamiento para una guerra contra Rusia, probablemente habría calculado un enfoque más cauteloso, sobre todo dado el poder militar de la OTAN.

De hecho, la invasión rusa de Ucrania en febrero de 2022 demuestra lo contrario: una confianza calculada en que la OTAN no intervendría directamente y que no buscaba una guerra con Rusia. Y ese cálculo fue correcto. La OTAN, a pesar de su poderío militar, enfatizó repetidamente que no enviaría tropas a Ucrania ni se enfrentaría directamente a las fuerzas rusas. Putin lo sabía, y apostó en consecuencia.

Si el Kremlin realmente temiera a la OTAN, no habría provocado un escenario que pudiera atraer aún más la atención y el armamento de la OTAN. Pero lo hizo, porque la verdadera motivación no era el miedo a la OTAN. Era el deseo de reafirmar el control sobre Ucrania e impedir sus ambiciones generales hacia Occidente.

Mito 4: «Hubo un golpe de Estado en Ucrania en 2014, liderado por Occidente».

Este cliché trillado intenta borrar la voluntad del pueblo ucraniano, que salió a las calles en 2013-2014 exigiendo rendición de cuentas, reformas y el fin del liderazgo corrupto respaldado por Rusia. La Revolución de la Dignidad.No fue orquestada por la CIA ni la OTAN, sino provocada por el abrupto rechazo del presidente Yanukovych a un popular acuerdo de libre comercio y asociación  con la UE y su violenta represión contra los manifestantes.

El Kremlin presenta este levantamiento democrático como un golpe de Estado liderado por Occidente porque no puede reconocer que sus vecinos podrían elegir un camino diferente, uno que no gire en torno a Moscú. Para los regímenes autoritarios, el poder de las personas libres siempre es el enemigo.

Lo que el mito ignora.

Para comprender verdaderamente esta guerra, no mire las decisiones de la OTAN, sino las propias palabras de Vladimir Putin. En su infame ensayo de julio de 2021 y su discurso de febrero de 2022 , Putin desestimó la soberanía ucraniana y enmarcó al país como una parte histórica de Rusia. Sus motivaciones no son defensivas, sino imperiales. La invasión buscaba reafirmar el control sobre una antigua república soviética, aplastar una democracia próspera en la frontera rusa y señalar a otros estados postsoviéticos que girar hacia Occidente tiene consecuencias.

Putin no teme a la OTAN. Teme a la democracia. Teme que los vecinos democráticos de Rusia, anteriormente ocupados por Moscú, demuestren que los rusos pueden vivir libremente sin oligarcas ni autoritarismo. Esa es la verdadera amenaza al poder del Kremlin.

La OTAN es la excusa, no la causa.

Culpar a la OTAN por la guerra de Rusia es una narrativa de conveniencia, no de credibilidad. Absuelve al agresor, ignora la agencia de naciones más pequeñas y cambia el guion de décadas de historia posterior a la Guerra Fría. Es un mito que solo sirve a un amo: el Kremlin.

No se dejen engañar. Ucrania no «provocó» a Rusia más de lo que un ladrón es provocado por una casa que instala una cerradura. Esta guerra no se trata de promesas rotas o líneas rojas malinterpretadas. Se trata de poder, control y la negativa a dejar que otros vivan libremente fuera del alcance de Moscú.

Cuanto antes enterremos este mito, antes podremos centrarnos en responsabilizar a la parte correcta y defender la verdad.»

De la recomendación del día del libro

Juanjo Cáceres

En estos días de sugerencias literarias, que culminan este miércoles con la celebración de la Diada de Sant Jordi, me parece oportuno sumarme a las recomendaciones de libros para leer y lo hago animando a la lectura de este trabajo, recientemente publicado, del activista e investigador Jaime Palomera:

Palomera, J. El segrest de l’habitatge. Per què és tan difícil tenir casa i com això pot trencar la societat. Barcelona: Pòrtic,2025.

Se trata de un texto orientado claramente al público en general, de lectura rápida y fácil comprensión tanto de conceptos como de argumentos, que describe perfectamente en su título cuál es su propósito: dinamizar el debate sobre el estado actual del problema de acceso a la vivienda y poner sobre la mesa un conjunto de argumentos, que no solo ponen en cuestión las políticas de vivienda todavía vigentes y las realizadas a lo largo de las últimas décadas, sino que alerta del riesgo de vulnerabilidad que el encarecimiento del coste de la vivienda impone a sectores cada vez más amplios de la sociedad.

La estructura del libro consiste principalmente en un diagnóstico del pasado y del presente, que supone aproximadamente el 85% del texto y un capítulo final de propuestas, más condensado, que se alinean con política ensayadas en otros puntos de Europa o del planeta, algunas de las cuales ya van siendo señaladas en los capítulos anteriores. Todo ello en menos de 200 páginas, muy bien aprovechadas, elaboradas con una narrativa seductora y con una estrategia argumental bastante eficaz. Sigue leyendo

De mortuis, nil nisi bonum

Verónica Ugarte

“El hecho de ser un gran escritor no significa cumplir con un compromiso: el compromiso es doble. Por un lado, dar el máximo como escritor y en segundo lugar, hay que responder también con la conducta personal, con la conducta ideológica, con la conducta política. El paralelismo, la coincidencia de esas dos cosas en el trabajo de un escritor; ese es el verdadero compromiso.” Julio Cortázar

El llamado Boom Latinoamericano no solo fue una colosal cosecha de grandes títulos y plumas que pusieron en el mapa literario mundial a todo un subcontinente que antes no tenía voz. Fue también un acto político, una toma de conciencia, de posturas ante una serie de dolorosas dictaduras en la mayor parte de aquellos países.

Fueron años aciagos donde generaciones se vieron, se ven y se verán retratadas. Porque la literatura es un testamento, un ejercicio de memoria, de historia, a través de la prosa y de la poesía. Sigue leyendo

La autoridad creciente sobre el partido menguante

Carlos Hidalgo

Hace pocos días en los que Podemos anunció varias cosas: primero, que Ione Belarra continúa siendo la líder sobre el papel de la formación morada. Segundo, que Irene Montero ha sido designada como candidata a las próximas elecciones generales. Tercero, que aunque se llenan la boca con la unidad de la izquierda, no tienen pensado formar ninguna clase de coalición, a menos que los partidos que la integren se subordinen completamente a Podemos.

Nada de esto ha parecido sacudir el panorama político de España, donde parece que la gente está más ocupada viendo cómo se posiciona nuestro país en el mundo sin reglas que quieren Donald Trump y sus amos rusos, o bien en el que la derecha trata de desgastar a un gobierno que cada vez tiene que hacer más malabarismos parlamentarios para sacar adelante su agenda legislativa. Nada malo, por otro lado, el Gobierno ha sacado adelante entre el 89% y el 90% de sus proyectos de ley, lo que motivó un titular en la prensa de derechas, que denunciaba que el Gobierno había perdido el 10% restante. Todo depende del punto de vista, por supuesto.

Pero nada de esto parece interesar a la formación que fuera dirigida por Pablo Manuel Iglesias Turrión, que además de usar su minoritario medio de comunicación para desinformar a la rusa, cobrarse deudas personales y dar lecciones de periodismo a los que saben más que él, ahora también está pidiendo dinero para ampliar su taberna en Lavapiés. Lo que otros ven como una manera cuestionable de solicitar crédito para una empresa, Iglesias lo defiende como un acto de resistencia contra el fascismo. Y es que parece que el profesor de Políticas ha llegado al punto al que llegan muchas celebridades de internet; que es creer que su mera existencia es beneficiosa para el mundo y merece ser regada de dinero por el mero hecho de ser, ni siquiera por el de estar. Sigue leyendo

Vía crucis

Arthur Mulligan

Durante el periodo 2016-2017 Jose Luis Ábalos, Cerdán, Koldo Eizaguirre y otros colaboradores junto a Pedro Sánchez recorrieron España en un Peugeot 407; estos trayectos, de miles de kilómetros (45.000, más de una vuelta a la Tierra) y muchas horas compartidas en carretera, generaron una relación de confianza y permitieron que los acompañantes se conocieran en profundidad, tanto en lo político como en lo personal.

Ábalos, conocido por su carácter independiente y directo, fue uno de los principales apoyos de Sánchez en su regreso a la secretaría general del PSOE y su relación se forjó en ese contexto de convivencia y lucha política compartida. Las fuentes coinciden en que en ese Peugeot se compartieron confidencias, planes y momentos de tensión, lo que refuerza la idea de que Sánchez tuvo oportunidad de conocer de cerca la personalidad y hábitos de Ábalos.

El partido estaba profundamente dividido tras la dimisión de Sánchez y la lucha por el liderazgo frente a Susana Díaz. Reconstruir apoyos y cohesionar el partido fue uno de los principales retos. Ambos tuvieron que afrontar críticas internas y externas, así como la presión mediática y de la oposición, que aprovechaba cualquier debilidad para atacar su proyecto político. Sigue leyendo

Parenostre

Alfons Salmerón

Ayer se estrenó la película Parenostre que versa sobre la vida de Jordi Pujol, el que fuera presidente de la Generalitat de Catalunya entre 1980 y 2003. Una vez vistos ya algunos cortes de las entrevistas de promoción que ha realizado estos días su guionista, el periodista Toni Soler, director de Minoria absoluta, productora entre otras del programa de sátira política Polònia que emite con éxito la televisión autonómica catalana desde 2006. Para ser sinceros, lo cierto es que no me apetecía demasiado pagar una entrada por ver una película, cuya intención en palabras de su propio guionista, pretende abrir un debate sobre la rehabilitación de la figura política de Jordi Pujol, que como saben, fue apartado de la vida pública desde que en 2014 reconociera en un comunicado público que él y su familia poseían cuentas en Andorra con dinero que había ocultado a la Hacienda Pública española desde hacía más de 30 años. El caso Pujol fue una bomba que sacudió la política catalana, acabó con el pujolisme y dejó tocada y hundida a Convergència Democràtica, el partido que el mismo fundó y que gobernó Catalunya desde 1980 combinando el nacionalismo identitario con un pragmatismo eficaz que consiguió representar los intereses de la burguesía y las clases medias catalanas durante casi tres décadas, exhibiendo además, una notable influencia en los gobiernos de Madrid y en la corte misma.

Sin embargo, el pasado viernes cuando me acerqué al Círcol catolíc de Vilanova i la Geltrú para consultar la programación de cine para el fin de semana y vi que esa misma tarde tenían prevista la proyección de la película y un coloquio posterior que contaría con la presencia de Toni Soler, no  me pude resistir a la tentación de sacar una entrada para verla. El preestreno en Vilanova una semana antes de su puesta de largo en las salas comerciales pudo hacerse realidad gracias a que el productor de la película, el también periodista y escritor Paco Escribano, responsable entre otros de títulos como Salvador o más recientemente El maestro que prometió el mar, es vecino de la ciudad. Entre el público estaban presentes algunos ilustres políticos vilanovins como los diputados Franscesc Marc Álvaro o Carles Campuzano, otrora en la órbita convergente y ahora ambos en las filas de ERC. Sigue leyendo

El Periódico antes y ahora: Celsa

Senyor G

Pasado el verano hará dos años del cambio de propiedad del grupo industrial metalúrgico Celsa, con juez por en medio. Si pasan por la autopista al lado de Castellbisbal podrán ver sus abundantes infraestructuras y plantas, y más si entrasen en el polígono con algún cicerone informado. Es decir, una empresa de esas que son vitales en cualquier proyecto industrial de país por dedicarse a una cosa como el acero, por el número de empleados y por su volumen y proyección internacional.

En mi recuerdo, que siempre nos puede traicionar, siempre tuve la impresión de que El Periódico, en la disputa, tomaba partido claramente por la familia Rubiralta por la propiedad del grupo. Diría que con argumentos sobre el interés nacional, de sector necesario para nuestra economía, por los puestos de trabajo y algún apunte de sostenibilidad medioambiental y del grupo como tal, enfrente de unos acreedores de fuera del negocio y de todos estos bonitos y legítimos intereses.

En las últimas semanas, ha vuelto Celsa especialmente a las noticias del diario, con un punto de vista optimista y afín a la nueva dirección, la de los acreedores de entonces. Suavemente si quieren. Y ahí con mis recuerdos me ha llamado la atención la columna al respecto de Gemma Martínez, directora adjunta de El Periódico. Empezando por el título “Los fondos no tan buitres de Celsa (03/04/2025)” y continuando en la primera frase: “Los grandes fondos no siempre son tan buitres como los pintan, por mucho que se empecinen los iletrados que, sin distinción, disparan a cualquier integrante del sistema capitalista.”, recordando que “los Rubiralta acumularon después unas deudas astronómicas impagadas”.  Los acreedores “Al instante se convirtieron en unos apestados para parte de la opinión pública, empresarial y social. No fueron pocos los que dieron por hecho que iban a trocear y desmembrar al gigante de la chatarra, con sus fábricas y sus empleos”, se refiere a estos como “agoreros. Y acaba la columna con la nueva orientación de la empresa gracias entre otras cosas a la entrada de Criteria (La Caixa). Sigue leyendo

Los que esperan a Trump

Carlos Hidalgo

Cuando el actual presidente de los Estados Unidos ganó las elecciones, ya había un montón de personas que estaban esperando cobrarse sus favores. Por un lado estaba Elon Musk, que pretendía convertirse en una especie de Primer Ministro no oficial, dispuesto a que Trump le sirviera en bandeja todo el aparato del Estado Federal estadounidense para ponerse a moldearlo a su imagen y semejanza y, bajo el pretexto de optimizar la estructura de la administración y ahorrar gastos, cobrarse venganzas contra los reguladores y administraciones contra las que el magnate sudafricano guardara algún tipo de rencor; además de favorecer, mediante una ética cuestionable, todos los contratos públicos que la administración tuviera con sus empresas, desde su empresa de coches, Tesla, a la de telecomunicaciones, Starlink, sin olvidar Space X, que cobra auténticas millonadas en contratos con la NASA, pese a perder cohetes a un ritmo alarmante y dañar las instalaciones de lanzamiento de la administración aeroespacial.

Musk parece que va a poner fin a sus andanzas en la administración tan rápidamente como sus cohetes, al haberse vuelto impopular hasta para sus mismos compañeros del gobierno y sufrir terriblemente en los dos sitios que más le duelen: su ego y su cartera.

Aparte de Musk hay otros millonarios que esperaban indultos presidenciales por delitos financieros o estafas, que se levantaran regulaciones medioambientales o de protección a los consumidores y, en general, que Trump, como el autoproclamado monarca que es, les concediera favores de manera arbitraria y muy poco compatible con los mercados libres que todos afirman defender. Y lo cierto es que muchos de ellos lo han conseguido. Sigue leyendo