No existen los héroes

Verónica Ugarte

Desde la caída en desgracia, cárcel y suicidio de Jeffrey Epstein el mundo se percata que todo se trata de conexiones y dinero. El pedófilo tenía contactos con personas de todo el globo que pudieran serle útiles para ampliar su red, y con ello su poder.

Se han revelado diversos nombres en Política, Economía, la llamada Realeza (menos los holandeses), y hasta el Dalai Lama, quien tuvo que salir a defenderse mediante declaración escrita a los medios que nunca había conocido al newyorkino.

Revisando los documentos de su caso en la web del Departamento de Justicia de EEUU, vemos que un solo nombre tiene 3,794 resultados: Noam Chomsky, el lingüista y politólogo de izquierda, ídolo de los llamados Woke.

Nos podemos encontrar con fotocopias censuradas de emails entre los Chomsky y el núcleo duro de Epstein donde se da fe escrita de una amistad profunda, hecho que obliga a la pregunta, ¿Chomsky nunca indagó lo suficiente acerca de Epstein?  Como tiburón durante años un crítico del sistema político de los EEUU, llamó no solo a la reflexión y descubrimiento de la llamada fábrica del consentimiento.  Es decir, el interés público y la democracia amenazados por los intereses económicos, políticos y sociales de la Elite. 

Elite que Chomsky frecuentaba, lo que no es extraño ya que solo una persona demasiado ingenua no sabe que las conexiones lo son todo, incluso para el amigo Noam. Lo que es cuestionable es la visita a la isla privada de las perversiones, y su defensa abierta por medio de emails que inocentemente pensaría no verían la luz, a uno de los peores personajes del presente siglo.

Al mismo tiempo, a Chomsky se le dieron varios consejos financieros para sus fideicomisos. Hablemos de cifras de US$70.000,00 de media, por lo que el interés en esa relación era profundo.

Después de la publicación de las memorias de Virginia Giuffre, no solo cayó en desgracia Andrés de Inglaterra, sino que más de una llamada se realizó en todo el mundo para saber hasta dónde se verían implicados ex Presidentes de EEUU, hombres de negocios, líderes económicos. Y uno de los hombres más admirados por su entereza intelectual.

Su esposa ha pedido disculpas públicamente por dicha relación (ella también aparece en emails hablando en nombre de su marido), argumentando que no habían hecho una concienzuda investigación acerca del pasado de Epstein. Suena raro cuando la correspondencia es de 2014-2016 y la primera condena a ese personaje fue en 2008 por inducción a una menor a la prostitución en Florida. No me creo que en el hogar de los Chomsky no se leyeran los diarios o no llegase la noticia.

Hay que tener valor de escribir la verdad. Hay que tener la inteligencia necesaria para descubrir la verdad. Hay que conocer el arte de hacer la verdad manejable como arma. Hay que saber a quién confiar la verdad. Hay que proceder con astucia para difundir la verdad. Chomsky ha fallado en las cinco dificultades para decir la verdad, listadas en 1934 por Bertolt Brecht.

No todos pueden ser héroes. La entronización en las alturas es un mal que afecta a quien reverencia y a quien es reverenciado. La crítica debe ser una condición imperativa a piori.

Podemos seguir leyendo a y aprendiendo, desde una distancia intelectual mucho más sana a partir de ahora al Woke. Lo que no podemos es olvidar que “another one bites the dust”. 

En discrepancia con Felipe González

Carlos Hidalgo

Nuestro antiguo compañero de blog, Ignacio Urquizu, publicó hace poco en El País un artículo de opinión titulado “En defensa de Felipe [González]”. En él, el autor hace un merecido elogio repasando los logros políticos del expresidente del Gobierno y defiende su derecho a discrepar cuando se habla del actual rumbo del PSOE y del Gobierno de España.

No puedo sino estar de acuerdo con esas cosas: es verdad que con González España salió del segundo mundo para entrar en el primero. Y es verdad que, en el PSOE, como en cualquier otro partido democrático, ha de haber lugar a la discrepancia.

Pero es que hay una trampa y es que Felipe González no se ha limitado a discrepar, sino que ha anunciado públicamente que no va a votar al PSOE, el partido que él transformó y del que aún es parte, concretamente de la agrupación socialista de Moratalaz. Y eso no es discrepancia, eso es directa y consciente deslealtad. Y Felipe lo sabe, porque los propios estatutos del partido sancionan esa conducta desde antes de que él fuera secretario general hasta ahora. En general, todos los estatutos de los partidos políticos sancionan hacer declaraciones en las que no se pide el voto para ellos o se pide en blanco o para otras formaciones políticas. Todos, sin excepciones.

Y Felipe González conoce bien como en “su” PSOE Alfonso Guerra gobernaba con mano de hierro y, sí, había discrepancia, pero la deslealtad se castigaba con dureza. Se puede y se debe discrepar de la dirección de Pedro Sánchez, se puede y se debe abogar por cambios en el actual PSOE, pero lo que no se puede, siendo miembro de un partido, es negarle el voto al mismo en público. Porque al hacerlo no estás menospreciando a Pedro Sánchez, estás menospreciando a una organización y a una militancia que fueron leales al PSOE que hizo la dolorosa reconversión industrial, que legalizó los contratos temporales y a las empresas de trabajo temporal, que también asistió a los entendimientos de Felipe con las derechas vasca y catalanas, que vio cómo se abrazaba a Vera y a Barrionuevo al entrar en la cárcel por el caso GAL, que asistió a la ruptura con UGT y que apretó los dientes mientras el PSOE sufría los casos de corrupción de gentes como Mariano Rubio, tan de la “beautiful people” a la que González empezó a preferir entonces, por encima de las gentes trabajadoras que militaban en su organización.

Cuando Felipe González se acercaba a los 12 años de gobierno vio cómo medios, empresarios y el PP de Aznar estaban más que dispuestos a poner en riesgo la estabilidad del Estado y a saltarse todos los consensos, como el consenso antiterrorista, para echarle del poder a toda costa. Y en aquel momento González pedía responsabilidad y lealtad a las bases y cuadros del Partido Socialista. Entiendo que él no conciba que un expresidente o ex secretario general socialista le hubiera hecho lo mismo a él, porque los presidentes del gobierno estaban muertos, como Negrín y los ex secretarios generales estaban muertos, como Ramón Lamoneda, o expulsados, como Rodolfo Llopis.

Felipe González más que nadie debería de distinguir entre dañar a Pedro Sánchez o dañar al PSOE. Y él, más que nadie debería defender que no vale arrasar con todo para atacar a un solo hombre.

Puede que Felipe no lo vea o no lo quiera ver, pero Pedro Sánchez pasará, como él mismo pasó, pero el PSOE debería continuar. Por el bien de España. Y él en eso no ayuda.

Hace tiempo que González solo habla de sí mismo vaya a donde vaya. Y, sí, tiene méritos para hacerlo, pero no debería olvidarse nunca de la organización y de las personas que le ayudaron a ser quien fue y quien aún hoy es. Esa organización y esas personas no merecen ni la soberbia, ni la deslealtad, ni el ataque de alguien que debería recordar que les debe todo.

Como bolsas de cangrejos

Arthur Mulligan

Da lo mismo quienes se dirijan al gran público en nombre de la izquierda, las izquierdas, los progresistas, los cansinos antifascistas, el pueblo o la coalición de tierras regionales unificadas, porque los hechos son maleables como la arcilla de su moral de categoría superior a cualquier otra que se le oponga. Una moral de acero, sin subterfugios liberales que oculten fines espurios como la resistencia al advenimiento de aquella “aurora de la humanidad” defendida por Stalin mediante hambrunas genocidas en Ucrania, colectivizaciones forzosas y otras atrocidades esclavas de la consigna del momento.

Esta ceguera, esta niebla antropológica protectora de las más profundas convicciones es común a los delirios de haber alcanzado la plenitud de los tiempos, la creación del hombre nuevo, atronando la razón en marcha pero siempre mediante un baño de sangre. Da lo mismo la fortaleza de las fuentes, la teleología mecánica de la historia o la propensión a la irrealidad animista porque el núcleo coriáceo de la fe y su trasferencia de sacralidad militante congelan por largos periodos las facultades cognitivas que nos informan del mundo exterior.

Algo así ha debido de suceder después de las elecciones autonómicas en Aragón que han arrojado los resultados previstos por las casas de encuestas en medio de insistentes imágenes de colas de inmigrantes ante sus consulados para acudir al inminente proceso de regularización extraordinaria para integrar a personas extranjeras que ya se encuentren en España, lo que les permitirá incorporarse legalmente al empleo, dejando atrás la economía informal y accediendo a contratos con plenas garantías.

Tal vez, en esta ocasión, el gobierno ha podido calcular que una medida así debería producir una fragmentación dentro del bloque de derechas ganador según todas las encuestas en donde el partido más duro, Vox, capta voto emocional o identitario y el partido conservador tradicional pierde centralidad. A su vez podría aliviar la desmovilización de su propio campo reactivando a su base más ideologizada. El caso es que Vox ha duplicado su presencia y según la candidata del PSOE la culpa del ascenso de Vox es del PP, algo muy difícil de aceptar 

También sucede que coincide con que se invierte el éxito de Podemos por el de VOX y aunque no son el mismo electorado se puede homologar su pasión por la protesta en torno a cuestiones marginales y otras que no lo son tanto, comunes con otros colectivos como las dificultades en torno a la vivienda, el encadenamiento de trabajos inestables y la perspectiva de un futuro con pocas esperanzas.

En medio de las variadas tribulaciones que le afligen, Sánchez se queda sin los famosos caladeros de voto de reserva y se intensifica la tentación acuciante de intentar embarrar el campo de juego acentuando la polarización, comparando situaciones disímiles en contextos dispares y con distintos protagonistas, despreciando sus frenos anteriores para la coherencia de su política de alianzas y denunciando el impulso de la oposición para la alternancia.

 No es ocioso traer a colación el espléndido artículo de Eva Poptcheva «Retorno o regularización» aparecido el 2 de Febrero en el que sostiene que la regularización extraordinaria de medio millón de personas en España choca con el marco jurídico y político de la UE, donde la regla general para la migración irregular es el retorno y no la regularización masiva. La autora recuerda que, al ser las fronteras españolas también fronteras Schengen, España tiene responsabilidades no solo internas sino frente al resto de Estados miembros y su confianza mutua en materia migratoria. (…)

«A juicio de Poptcheva, decisiones unilaterales como una regularización masiva pueden minar la coherencia del sistema europeo, dañar la confianza entre Estados y alimentar la percepción de que se “premia” la entrada irregular, poniendo en riesgo el frágil equilibrio entre solidaridad y responsabilidad sobre el que descansa la política migratoria de la UE». 

De modo que la despreocupada y ensayada respuesta de la Ejecutiva socialista a los resultados de las elecciones en Aragón pertenece a la lógica interna de una situación que de derrota en derrota se cronifica y hace partícipe del desorden a la única oposición que importa.

Fracasado simbólicamente el año de “España en Libertad” con un presupuesto de unos 30 MM del 40 % del cual es propaganda, este gobierno de activistas aparece agotado y sin rumbo, cebando el rencor y refundando coaliciones y egos como cangrejos que se saludan en lo oscuro de un saco atentos a las pinzas y con Pedro repartiendo carnaza.

Citaba el otro día Arturo Pérez-Reverte una advertencia de Hannah Arendt al analizar los mecanismos del pensamiento totalitario: “el mayor peligro es la destrucción del espacio común donde las cosas pueden discutirse. En este ámbito, la paradoja resulta evidente: quienes se autoproclaman herederos y paladines de la verdadera democracia, reproducen mecanismos profundamente autoritarios: no consienten la discrepancia, desconfían de la libertad intelectual y consideran legítimo silenciar al adversario. También en el extremo opuesto del paisaje político, donde soplan aires dictatoriales de otro signo, aspiran a lo mismo: unos apelan al orden y la tradición, otros a una intocable superioridad moral. Y la censura que ambos ejercen -todavía ejercida más ruidosamente por la izquierda, pero den ustedes tiempo al tiempo- es eficaz porque no necesita justificarse. No argumenta, sino que señala; no persuade, sino que estigmatiza. Y una vez estigmatizado el interlocutor, su palabra queda automáticamente deslegitimada. El debate muere antes de empezar.”

Época amarga para nuestro país con un puñado de figurantes distanciados e incoherentes, sin presupuestos, orgullosos vendedores de contradicciones.

Lecturas de izquierdas que acompañan el Acuerdo UE-Mercosur

Lluís Camprubí

Sabrán de mi posición favorable al Acuerdo UE-Mercosur. Muy resumidamente creo que el imperativo geopolítico obliga (favorecer redes comerciales alternativas que generen vínculos y decantamientos políticos en el escenario global y poder reducir la vulnerabilidad/coercionabilidad respecto a Trump). Pero es cierto que no ha habido muchos posicionamientos públicos solventes que lleguen especialmente a la audiencia de izquierdas más alternativa (tengo la sensación de que la audiencia más vinculada a la socialdemocracia ya lo ha entendido). Me refiero a la de la parte europea, pues las izquierdas en su conjunto de los países Mercosur se han significado y mucho en la defensa del Acuerdo. Así pues, quisiera recomendar brevemente algunas lecturas:

Este texto de posición de Jorge Tamames: “Una defensa de las iniciativas comerciales europeas: Acuerdos económicos, contenido político, objetivos de seguridad”, que creo es de lo mejor que se ha escrito al respecto. Claro, breve y sitúa la necesidad de actualizar la mirada con la geopolítica para valorar a los tratados comerciales, en particular el UE-Mercosur.

José Antonio Sanahuja explica en su análisis las diferencias principales en cuestiones ambientales, sociales y comerciales que supone respecto a los tratados comerciales tradicionales a los que había oposición por su sesgo neoliberal y aquí Josep Borrell y Guillaume Duval explican la importancia geopolítica en el actual contexto.

El debate más público se ha activado a partir de la desastrosa votación (por obstruccionista) en el Parlamento Europeo sobre aplazar la aprobación definitiva para pedir valoración jurídica al Tribunal de Justicia de la UE. Esta columna de Xavier Vidal-Folch: “Autogol europeo” explica bien el daño reputacional de la votación, aunque la aplicación provisional del Acuerdo minimice el impacto práctico.

Es muy saludable que los partidos políticos -que tienen la función de hacer síntesis y agregación de intereses y visiones distintas- hagan análisis objetivos de pros y contras, y que después ponderen que pesa más en una decisión. Me ha gustado este análisis de Volt, en el que finalmente concluyen con una posición favorable al acuerdo por el contexto geopolítico.

Y, finalmente, aunque no sean voces de izquierdas, creo de interés también compartir dos publicaciones de think-tanks de prestigio sobre la cuestión: Ésta del ECFR y ésta del RI Elcano para quién quiera profundizar que incluye análisis sobre la dimensión política y global pero también comercial y económica.

Sobre la lógica ganadores-perdedores (que considero limitante), esta infografía también puede ser de utilidad para entender que -en lógica estrictamente de sectores económicos afectados- el foco no puede ponerse únicamente en algún sector de la agricultura y que es importante las oportunidades para el sector industrial y de servicios. Y si nos ponemos estrictamente a mirar el sector agrícola vale la pena esta nota del ministerio para añadir complejidad y rigor.

En tiempos de distanciamiento

Juanjo Cáceres

«Se podrían votar entre ellos», piensa un aragonés desde su terraza, a la media tarde del domingo. Mientras observa cómo la gente se dirige con ritmo y frecuencia desigual a ese colegio electoral, que durante la mayor parte del tiempo es una simple escuela, se dice una y otra vez: «Total para qué».

«Total para qué», grita sin darse cuenta, y de repente una voz le responde desde el piso de arriba: «¡Para que no nos gobierne la derecha, atontado!». «Atontado lo serás tú, payaso», responde enérgicamente, tras comprobar que se trata de su vecino Eleuterio, viejo militante que siempre se vio a sí mismo como la conciencia crítica de la sociedad. Y no es que el aragonés no sienta y sufra los desatinos de quienes gobiernan; lo que ocurre es que recuerda perfectamente que siempre ha sido así. De ahí que se haya acabado convenciendo de que votar no sirve de nada y que, como resultado, no solo haya dejado de acudir a las urnas, sino que también le moleste que la gente participe de la cita electoral.

Al cabo de un rato le asalta la sorpresa, tras escuchar en la radio que, a la espera del cierre de los colegios electorales, la participación parece subir levemente. «Aún hay quien cree que los ritos son importantes», murmura sin entender el porqué. Él nunca fue muy creyente; de hecho, se casó por la iglesia por la presión familiar, sobre todo de la que sería su futura suegra. «¿Por qué debería creer ahora en algo aún más difícil de demostrar que la existencia de Dios, como la utilidad del voto?», se dice a sí mismo.

En su fuero interno no se siente del todo bien, porque sabe que renunciar al voto es renunciar a empujar las cosas en una dirección en lugar de otra. Pero también sabe de su escaso valor, que se trata de una gota en medio del océano y que no cambia nada. «Si todos fueran como tú, apañados estaríamos», exclama la voz de antes, a la que no responde con la voz sino con el pensamiento: «No estaríamos, sino estamos».

No es menos revolucionario este aragonés que Eleuterio, o al menos eso cree, pero está convencido de que la auténtica rebelión no pasa ya por levantar la voz, sino por elevar el silencio. Desde el convencimiento de que gritando solo conseguía quedarse afónico, un día este aragonés se cansó de darse mus, decidió no seguir jugando y prefirió romper la baraja. A partir de ese momento dejó de pensar en él y empezó a pensar en el comportamiento de los demás, descubriendo que lo que hacen o dejan de hacer, es mucho más azaroso de lo que antes había imaginado. «¿Cómo entender, si no, que un día gobierne el uno y otro día, el otro, o que las papeletas se desplacen tan fácilmente de una opción a otra? Porque el tiempo que en general se dedica a elegir es poco y aquel que le dedica mucho, se da cuenta enseguida de qué va todo esto. O de que no va.»

Sin esperar el escrutinio, el aragonés se marcha a dormir y ya no se levanta hasta la mañana siguiente, cuando sin moverse de la cama, accede a la aplicación del Heraldo de Aragón para consultar los resultados: «Lo que todo el mundo imaginaba, pero ha hecho falta movilizar a todo el mundo para que un grupo de gente que se siente muy importante obtenga su foto electoral». Sale de casa y se cruza con Eleuterio, quien le lanza una mirada incriminatoria pero silenciosa, porque en las distancias cortas mengua la bravura. Se dirige después a la calle para comprobar que tras otro domingo extraño, todo vuelve a ser normal al día siguiente, como si nada hubiera pasado.

Y, en efecto, todo vuelve a ser igual. Los niños regresan al colegio y los padres se marchan a trabajar. En la entrada del Centro de Atención Primaria una larga cola augura que las visitas tardarán en atenderse y que tal vez alguna persona deba volver otro día. El ruido en las calles por momentos resulta ensordecedor y el ambiente nublado eleva la sensación de suciedad del aire. En el supermercado recibe el saludo del hombre sin techo, al que gentilmente entrega unas monedas. Algo más tarde regresa a casa, donde descubre, tras encender la televisión, que el aumento de su pensión sigue en el aire, aun cautivo del tacticismo parlamentario.

«Si se atreven a jugar con aquello de lo que comemos, ¿de qué más no serán capaces?», se pregunta mientras intenta recordar cuando fue la última vez que alguien le ofreció una esperanza creíble. La respuesta se hace esperar y cuando la noche cae de nuevo, concluye: «Da igual. ¿Qué prisa hay por recordar lo que ya no puede volver a suceder, no porque sea imposible, sino porque ya hemos dejado de creer?».

Just kids

Verónica Ugarte

Actualmente los chavales de veinte años están conociendo, cosas de la vida, a una de las voces más potentes, no solo dentro del campo artístico sino dentro del compromiso social.

Patti Smith no es solo cantante, compositora, poetisa, fotógrafa, prologuista… También abandera causas sociales y políticas como el genocidio en Gaza y los asesinatos de jóvenes en Irán. Es una clara voz importante contra el gobierno de Trump, el ICE y todo lo que este desatino conlleva. En suma, hace de todo menos aburrirse.

¿Cómo es que una mujer de 79 años tenga como fans a personas que no conocían nada de ella? Dua Lipa y Rosalía fueron las culpables. Pero después, descubrieron que el libro autobiográfico “Just kids” es un libro que relata los mismos miedos, inquietudes y frustraciones que ellos viven ahora.

Con una juventud que ve claramente que independizarse de sus padres es un plan a largo plazo, y que posiblemente abandonar España, con todo lo que conlleva, una dirección, una guía no está de más. Con esto no hablo de alineamiento, sino de ver que alguien vivió y vive las mismas dudas tangibles y no tangibles. Porque muchas veces se nos olvida que tuvimos veinte años, y en mi caso es un tiempo al que no quisiera volver.

Mientras a su alrededor ven un futuro negro negro y pesimista, una luz, una ayuda en medio del caos en forma de libros no es nuevo. Es una adicción, una esperanza que se alimenta a través de las palabras y acciones de otros, siempre vivos mientras sean leídos; mientras sean entendidos; mientras sus voces pasen por la reflexión y no la adulación ciega.

Siendo parte de la generación que fue testigo de antes y del después; del ayer y el hoy en un mismo día, ver cómo los Grandes nos van dejando solo en cuerpo, puesto que el alma popular los mantiene vivos, sentí una profunda alegría cuando David Uclés fue vetado para asistir a las jornadas acerca de la guerra civil. Si un casposo arrogante, amigo y amante del carril derecho se enfada contigo, es que estás haciendo lo correcto.

Lo correcto para Uclés fue declinar la invitación a dichas jornadas por estar invitadas figuras de la derecha que tanto daño han hecho a España. Un daño que seguimos pagando no solo por culpa de legislaciones hechas por y para los amigos. Por fondos buitre que tienen el poder de la vivienda en las grandes ciudades. Por individuos que aparezcan en los Papeles Epstein.

Después de hacerle el feo, así se lo habrá tomado señorito académico, porque más allá de su trono de escritor de bestsellers (lo cual no es sinónimo de calidad, sino de ventas), el berrinche se ha servido. Las jornadas se han reprogramado, y con viento fresco.

Mientras tanto, el amigo David pasa por los canales de radio y televisión afirmando que no se arrepiente de sus palabras. El compromiso social como partero de una nueva pluma cuya voz no debe ser callada, sino animada, elogiada, leída.

“La ciudad de las luces muertas”, homenaje del andaluz a Barcelona es un paso a la lectura llena de alegrías, luces, voces de todo tipo. A mí, que la estoy iniciando y spolier va, ver que en el listado de los personajes indica como “El mexicano” a mi amado Carlos Fuentes, simplemente me conquistó.

Para la izquierda es importante que surjan voces nuevas en todos los sectores que se enfrenten a las mentiras de la derecha. En 1939 ganaron unos, perdieron muchos. Tengo en mis archivos personales varios telegramas dirigidos mi abuela, a quien se le denegó una y otra vez una pensión porque puesto que “no se aceptan pensiones para los hijos de los muertos al servicio de los rojos”.

Hablar de tiempos pasados como enterrados, y además darle más voz por parte de los vasallos a sus amos de derecha, es alargar las mentiras que ya son cansinas, y por fortuna, a estas alturas menos creídas y más cuestionables.

Si he hablado de Patti Smith es porque ella está viviendo una vida y un compromiso que aún me pertoca. Porque tuvo el valor de asistir a lecturas en Reading en honor de Oscar Wilde. Porque es inquieta y no para de moverse, de escribir, de darme más lecturas para alimentar los tiempos muertos, vivos, el alma y el espíritu. Porque también marca el camino difícil, el suyo propio y le sienta muy bien.

En cuando a Uclés, queda el ánimo de leer una hermosa prosa, unas palabras que hacen mal a quien deben hacerle. Es un incómodo que hace falta, mucha, en este país donde todavía muchos siguen mirando a los señoritos con miedo e inefable respeto, perdiendo toda dignidad.

“Siempre se puede escoger. Uno escoge siempre. Aunque no quiera. Vivir es escoger”. Max Aub

Elecciones en Aragón ayer, pero no habrá gobierno hasta marzo (por lo menos)

Carlos Hidalgo

El Partido Popular ha ganado las elecciones en Aragón. Ha perdido dos escaños y su objetivo de ampliar mayoría para no depender de Vox no se ha podido lograr. Vox ha aumentado un tercio sus votos y ha duplicado sus escaños. Imagino que, como en Extremadura, querrán poner las cosas difíciles a los populares y que se tardará en formar un gobierno. Pese al triunfalismo de Miguel Tellado (que intervino antes que Jorge Azcón, lo cual es llamativo), que se alegraba más del descalabro del PSOE que de su victoria, en la sede del PP aragonés había caras largas y no se esperaba con ilusión la perspectiva de sentarse a hablar con Nolasco, el candidato de Vox. Como bien ha dicho Ignacio Urquizu, antiguo colaborador de este blog: si convocas elecciones esperando sacar 32 diputados y al final te quedas en 26, a lo mejor tienes que pensar que bien, bien, no has hecho las cosas.

Queda ver si Nolasco, que se quejaba de lo bruscos que eran algunos de los cargos de su partido, tendrá la autonomía suficiente de la sede Vox -en la madrileña calle de Bambú- para poder negociar a su manera. También está por ver cómo los malos modos de Vox con la prensa se traducen en las relaciones con el Grupo Henneo, propietario del Heraldo de Aragón y de la mayor parte de las productoras que elaboran contenidos para Aragón Televisión.

Malísimo resultado para el PSOE, que de nuevo comprueba que la fórmula de sacar a alguien de un ministerio para liderar una candidatura no funciona. La acción ministerial no te concede automáticamente, ni carisma, ni el respaldo unánime de tu electorado y casi ni el de tu militancia. La organización, que aún no se había repuesto de las contusiones y moratones producto del relevo en su secretaría general, no estaba en condiciones, ni de hacer una buena campaña, ni de poder trasladar mensajes que calaran en el electorado. Ni siquiera de poder reconciliar a ganadores y perdedores de su último proceso congresual. Podría haber sido peor. El PSOE tiene una fortísima implantación territorial y eso le ha salvado de un golpe aún más duro. Pero tiene mucho trabajo por delante y muchas renovaciones pendientes que van más allá de las meramente cosméticas.

Chunta Aragonesista no solo ha duplicado su número de escaños, sino que además también ha duplicado su número de votos. CHA, que suele ser el gran olvidado cuando se hacen análisis desde Madrid, es el único partido a la izquierda del PSOE que sube en votos y escaños. CHA es mucho más que “el partido de Labordeta” y gran parte del mérito de que haya logrado mejores resultados ha sido de su líder anterior, ya retirado, José Luis Soro, que se las apañó para mantener unida a su organización y a las coaliciones de gobierno con el PSOE. Y, además, supo gobernar siendo transparente, humilde y sin marcarse faroles ni bravatas imposibles, como en cambio hizo Podemos cuando tocó moqueta.

Podemos sale de las Cortes aragonesas. Su estrategia de considerarse tan puros que no eran dignos de colaborar con nadie ha sido recompensada con la pureza máxima: quedarse fuera de todo dándose la razón.

La derecha caciquista aragonesa, representada tradicionalmente por el PAR (Partido Aragonés), también sale de las Cortes. Y de ella solo queda Teruel Existe, que baja un escaño y más de 10.000 votos. Guitarte podrá darse menos importancia, aunque estoy bastante seguro de que tratará de destacar lo imprescindible que es para el PP, aunque a Azcón no le valga la suma con ellos.

Sumar e IU llegan por los pelos a tener representación parlamentaria, por lo que de nuevo tendremos eternos debates acerca de la unidad de la izquierda a la izquierda del PSOE, en el que ambos partidos minoritarios tratarán de mirar a CHA por encima del hombro y con Podemos tratando de sabotear todo. Y seguramente con campañas de imagen de ex Podemos, como el muy insistente Nacho Escartín, breve líder de Podemos Aragón que busca cualquier hueco, candidatura y lista rojiverde para volver de nuevo al candelero.

Mientras tanto, es bastante posible que Aragón no tenga gobierno hasta marzo o abril, pues tanto PP como Vox buscarán usar los resultados de otras regiones, como las inminentes elecciones en Castilla y León, para usarlas como posición de fuerza en sus negociaciones.

En la ficción de las cosas

Juanjo Cáceres

Un hombre cualquiera se dirige a coger un tren de cercanías. Son las 12 de la mañana de un sábado y al acercarse a comprobar el horario, unas personas que ejercen precariamente de orientadores le indican: «No se moleste en mirar las pantallas, porque hace más de una semana que no debe hacerse caso de ellas. Mi compañero está ahí abajo junto al maquinista para confirmar que este es el tren que sale ahora». Pasan algunos minutos y, en efecto, el compañero hace una señal con el brazo, tras la cual los pasajeros reciben la instrucción de bajar al andén y subir al tren. Aposentados ya en sus asientos y convencidos de estar a punto de partir, de repente, ven pasar por la vía de al lado otro tren con unos pocos viajeros que han recibido una indicación distinta. Su cara, tras ver al convoy correcto partir en la dirección que ellos querían seguir, oscila entre la incredulidad y el asombro.

El hombre cualquiera piensa: «Bueno, no es tan raro sufrir una incidencia, seamos pacientes: indignarse no sirve de nada». Y tiene razón, al menos en parte. La indignación no va a acelerar su viaje, sino que será solamente el resultado emocional de una circunstancia no deseada. Y mientras espera, el hombre cualquiera medita sobre otras cosas que tampoco están ocurriendo. La llegada de una rápida solución. Una explicación clara. Un servicio alternativo completo. Una ampliación de los servicios de transporte ofrecidos por otros medios (autobús) o por otras empresas (FGC).

Todo ello conduce a que se plantee por qué, pese a que esos fallos de funcionamiento llevan varios días dejando a las personas usuarias sin tren, nadie ha puesto sobre la mesa una solución de alcance que realmente sea reparadora y devuelva la apariencia de normalidad a las infraestructuras. Llegado a ese punto, se pregunta cuál es esa pieza que falta en el rompecabezas. Esa “no respuesta” de la que, además, nadie parece ser consciente, como si no fuera posible o como si ya no estuviera al alcance de nadie poner los medios para completar y compensar temporalmente lo que ya no se muestra operativo.

El hombre cualquiera se da cuenta de que las cosas no son como deberían ser, pero no comprende el motivo, por lo que sigue creyendo en la fatalidad, en la suma de circunstancias adversas, en la mala suerte y en la fragilidad del ser humano. Un ser humano poderoso tecnológicamente, pero incapaz todavía de solucionarlo todo. Consulta en las redes para hallar alguna buena explicación, pero solo le ofrecen griterío. Acude a la prensa, pero las reflexiones que allí lee tampoco le convencen. Piensa en la televisión y recuerda que los responsables gubernamentales tienden a divagar, aunque ahí sí que hay una cosa que tiene clara: lo hacen con solemnidad y, sin duda, con grandilocuencia.

Tras no hallar una mejor respuesta, se da por vencido y se ve abocado a atribuirlo todo a una mera avería. Pero la centralidad de las averías y de las incidencias que impiden la normal circulación de los trenes, es totalmente ficticia, y no lo es porque no existan, sino porque se perciben solamente como consecuencia y no también como síntoma. Porque los desperfectos y zonas de riesgo extendidas por todas las infraestructuras desvelan algo más inquietante: la posibilidad de que el Estado sufra una profunda crisis de capacidad de respuesta y que ello le impida seguir ofreciendo servicios de manera estable y garantizada a la ciudadanía. Una crisis ya no solamente puntual, sino de alcance sistémico.

¿Cómo interpretar, si no, todo ese colapso? Hoy las incidencias desnudan la realidad, pese a que los agentes con influencia se apresuren a vestirla de nuevo. Sin duda es mucho mejor quitarle importancia, tratarlo todo como un pequeño problema de falta de inversión o echarle la culpa al cambio climático, que mostrar la cruda realidad. Sobre todo porque asumir la realidad tiene consecuencias tales como que se exijan responsabilidades políticas o que se reduzca la confianza de la población en las instituciones y en el buen uso de sus impuestos. Es mucho más sencillo y cómodo atribuirlo todo a un pequeño fallo de cálculo en las inversiones o a un comodín recurrente como el clima, aunque precisamente el asunto climático represente la mejor prueba de la gravedad con que se habla de algo y la levedad con la que se actúa al respecto.

Nada resultaría tan chocante si al mismo tiempo que el maquinista es avisado por teléfono de cuándo tiene que salir y que el orientador hace señales con el brazo, España no presumiese de ser un país avanzado y, lo que es más gracioso, inmerso en un proceso de digitalización de empresas, ciudades y administraciones. Seguro que alguno de los pasajeros frustrados era, incluso, beneficiario de un kit digital, pero por algún motivo que desconocemos, la digitalización no ha alcanzado ni a las vías, ni a los vagones, ni a los túneles.

«Ya pasará», concluye el hombre cualquiera, mientras por megafonía anuncian que su tren partirá en breve. «En algún momento los problemas ferroviarios cesarán, los trenes volverán a ir a la hora y nos olvidaremos de todo esto». Recuerda en ese momento cada mensaje compasivo emitido estos días: «No restauraremos el tránsito hasta que las vías sean seguras», «Hemos invertido millones en Rodalies», «Venimos a dar a la población certezas», hasta que una ráfaga de viento penetra por la puerta todavía abierta de su vagón. Alza la vista y le parece ver como si todas esas palabras se elevasen y fueran arrastradas hacia algún lugar desconocido.

El imperio de los milmillonarios contra la democracia

David Rodríguez Albert

Como suele ser habitual a principios de cada año, Oxfam Intermón acaba de publicar un informe sobre las terribles desigualdades que existen en el mundo. En esta ocasión, se hace bajo el título Contra el imperio de los más ricos. Defendiendo la democracia frente al poder de los milmillonarios. Como he manifestado en más de una ocasión, estos estudios deberían aparecer en las portadas de todos los medios de comunicación y ser objeto de intenso debate social, pero desafortunadamente suelen pasar de puntillas en un mundo invadido intencionadamente por la frivolidad, la irrelevancia y el odio a las personas equivocadas.

El informe está repleto de datos que ponen de manifiesto las intolerables injusticias que se padecen a nivel internacional. Por ejemplo, desde 2020 la riqueza conjunta de los 3.000 milmillonarios que hay en el planeta ha crecido en un 81%, y en la actualidad equivale a lo que poseen los 4.100 millones de personas más pobres. Así, no es extraño que casi la mitad de la población mundial viva en situación de pobreza. Estas ingentes desigualdades no se deben a ningún principio de meritocracia ni se sustentan en la proclamada libertad de mercado, sino que obedecen al enorme control monopolístico de unas pocas fortunas y resultan totalmente incompatibles con cualquier mínimo concepto de democracia.

En España se repite un patrón similar. Mientras algunos voceros lanzan soflamas estigmatizadoras hacia los segmentos más vulnerables de la población, la riqueza conjunta de los 33 milmillonarios que parasitan nuestro país supera la que poseen 18,7 millones de españoles, y los salarios crecen por debajo de la inflación. En este contexto, resulta ridículo que algunos sujetos puedan señalar alegremente que estamos bajo un gobierno “socialcomunista”, a la vez que se dedican a desviar la atención de este enorme expolio y tratan de sumir en la ignorancia a amplias capas de la población, que culpan a los pobres y a los migrantes de todos sus problemas.

Este crecimiento en la concentración de la riqueza coincide con el mandato de Trump. Desde su llegada al poder, se han reducido los impuestos a los más ricos, se han bloqueado avances en la fiscalidad internacional para grandes corporaciones y se han recortado los presupuestos de ayuda al desarrollo. Según el informe de Intermón, esto podría provocar más de 14 millones de muertes adicionales de aquí a 2030. Esta tragedia humana se produce mientras los palanganeros al servicio de la versión más radical del capitalismo se lanzan a criticar la supuesta hegemonía de la izquierda woke en el mundo, discurso que debería provocar la hilaridad general ante semejante despropósito.

Pero quizás una de las principales novedades del estudio de Oxfam Intermón es la conexión que establece entre la acumulación capitalista y el poder político de las élites. Hay datos que resultan demoledores. A modo ilustrativo, “los milmillonarios tienen 4.000 veces más probabilidades de ocupar un cargo político que la gente corriente”. Además, según la Encuesta Mundial de Valores, realizada en 66 países, “casi la mitad de las personas encuestadas percibían que los individuos más ricos suelen comprar las elecciones de su país”. No es extraño entonces que las libertades civiles y los derechos políticos estén retrocediendo de forma alarmante, y que “en 2024 se registre un deterioro democrático por decimonoveno año consecutivo”.

Obviamente, todo esto está relacionado con el control por parte de los más ricos de los medios de comunicación y de las redes sociales, de modo que más de la mitad de las grandes empresas de medios del mundo y la totalidad de las principales plataformas de redes sociales están en manos de milmillonarios. Elon Musk, el primer hombre en superar la barrera patrimonial de los 500.000 millones de dólares, ha adquirido X; Jeff Bezos se ha hecho con el Washington Post; The Economist es propiedad de un consorcio de milmillonarios; el magnate francés de extrema derecha Vincent Bolloré controla el canal de televisión CNews; y en el Reino Unido, tres cuartas partes de los periódicos están en manos de solo cuatro familias extremadamente ricas. Con este panorama, tampoco debe sorprendernos que los discursos de odio en X hayan aumentado en torno a un 50%.

Para acabar, me gustaría destacar lo cortas que se quedan las palabras ante la realidad trágica que padecemos. Por más que rebusquemos en el diccionario, es imposible hacer justicia a los millones de personas que cada año fallecen de manera evitable en el mundo, e igualmente no encuentro ningún término adecuado para los milmillonarios que provocan este desastre y para los gobernantes y aquellos que les brindan apoyo. Quizás tenga razón Joaquín Sabina cuando escribe que simplemente se trata de “recuperar de nuevo los nombres de las cosas, llamarle pan al pan, vino llamarle al vino, al sobaco… sobaco, miserable al destino. Y al que mata llamarle de una vez asesino”.

Muros de realidad

Sergio Patón

Estamos en una época dónde se nos pide rapidez en la toma de posición. Además de tener que hacerlo con contundencia y vehemencia, o así por lo menos lo siento yo. En un contexto como éste parece que las explicaciones sobre unos accidentes como los de los trenes de Rodalies en Barcelona en vez de confrontar nuestras creencias, ideas, prejuicios u opiniones políticas y opciones de vida, las asienta. O más que asentarlas, no las hacen cambiar, diremos lo mismo antes o después. Al menos en el corto plazo, y en el largo ya dará lo mismo y no tendrán impacto político para las mayorías.

Ante el accidente de Gelida, y los posteriores accidentes e incidentes, producido por la caída de un muro, del que no sabemos si era de la Autopista o de ADIF, combine como quiera lo que viene según su criterio, seguro que o lo ha pensado o le ha llegado por algún lugar. Es lo que pensaba antes y lo que pensó después. El año que viene ya veremos, al final nos cambiamos nosotros mismos de opinión.

  1. La culpa es un gobierno corrupto y los tejemanejes de sus empresas vinculadas. El gobierno de ahora o el de otro momento [elija usted cual].
  2. La culpa es del neoliberalismo, y de las privatizaciones y desregulaciones vinculadas a este proceso. Eso de desgajar ADIF de RENFE no ha sido un buen negocio, ni dar cancha a otras empresas, tanto como trabajadores, como usuarios o como ciudadanos.
  3. La culpa es de las bajadas de inversión en lo público y en los servicios. Menos Estado es esto, y los que piden menos impuestos deberían hacérselo mirar, a no ser que quieran cero control y expoliación de lo de todos en beneficios privados de unos pocos.
  4. Es que cada vez tenemos menos España; y el puto procès. Los políticos catalanes y sus élites estaban en otras cosas, en vez de preocuparse de la parte que les tocaba en todo esto. De hecho los catalanes no han apoyado al gobierno que salió de las urnas. Un suma y sigue que nos hace perder muchos esfuerzos de todos en beneficio de lo común, de la España de todos, cómo son las Cercanías de Barcelona-Cataluña.
  5. Puta Espanya, la culpa es de un Estado que no es el de nosotros los catalanes. Que no invierte en Catalunya, que nos expolia para luego devolvernos menos de lo que aportamos y además insultarnos, invierten lo que se invierte en una colonia. El penúltimo embate del país, el procès, empezó así por los problemas de Rodalies, y así seguimos, que no olviden. Solidaridad con el resto de España pues aún, pero parece que todo vaya a las Cercanías de Madrid, dónde estos problemas son impensables, no será sólo porqué son Meseta.
  6. Demasiados impuestos, pero para los chiringuitos del PSOE y del catalán. Nacionalismo y socialismo nos llevan a esto. El primer tren de España fue el de La Habana con Santiago de Cuba, y en la España peninsular el de Mataró a Barcelona, el comunismo está acabando con las dos líneas. Felicidades.
  7. La Unión Europea que nos obliga desregular, privatizar y abrir a todas las empresas y no nos vigila los resultados. 
  8. Demasiada movilidad pero para ir a ninguna parte. Nos movemos demasiado para nada.
  9. Hemos abandonado nuestro catolicismo como Dios manda; y él ha abandonado a España.
  10. Me quejaría del Opus Dei pero ya no están, creo.
  11. En el fondo lo de los trenes es para que vayan los inmigrantes; autopistas de pago bien hechas y santas pascuas.
  12. El cambio climático está claramente impactando en nuestras infraestructuras y más que lo hará. Hace un par de año estuvimos de sequía y ahora hemos entrado en un periodo de lluvias. No sabemos si estamos de monzón o de clima tropical. Pero como vienen avisando los científicos, llueve sobre mojado, y muchas de nuestras infraestructuras no están pensadas para este nuevo clima y las situaciones que nos provocan. Ojo que la R1 va por el lado de la costa y cualquier día o se cae o se sumerge.

Lo que es seguro es que es lo que sosteníamos antes del accidente.