Carlos Hidalgo
Hay varias cosas que me dan rabia de lo ocurrido con Paco Salazar y cómo el PSOE actual ha gestionado la crisis derivada. Una de ellas es que el partido tal vez se haya dejado llevar por ese espejismo tan de las organizaciones de proteger a los “hombres imprescindibles”. Mucho se ha hablado del talento de Salazar para la estrategia electoral y para la demoscopia, pero se ha hablado menos de que las mujeres que le tenían que sufrir en la Moncloa eran mujeres extraordinariamente preparadas, con varias carreras en muchos casos y trabajando con absoluta dedicación todos los días y casi a todas horas. Y, sin embargo, parece que para proteger a un activo como Salazar hubo gente que no quiso ver que las mujeres a las que él sometía a baboseos y humillaciones también eran activos muy valiosos y se las estaba quemando y dañando para proteger a un gañán. Si tal y como cuentan Esther Palomera y José Enrique Monrosi en El ElDiario.es, en lugar de investigar lo sucedido se trató de hacer una caza de brujas para identificar a las dos denunciantes anónimas y se hicieron reproches públicos acerca de “destrozar la vida a compañeros”, pues las cosas se entienden menos todavía.
Lo ocurrido con Salazar no es exclusivo del PSOE, claro. En el PP estas cosas llevan ocurriendo desde el “Caso Nevenka”, hasta la salida entre aplausos del exconsejero de la Xunta de Galicia Alfonso Villares, tras presuntamente drogar y violar a una mujer. Tampoco es que sea exclusivo de la derecha, pues con Íñigo Errejón también se encubrieron comportamientos asquerosamente machistas con la excusa de proteger a un presunto activo insustituible.
Pero me duele especialmente porque creo (tal vez ingenuamente) que desde el PSOE de Zapatero y el de Rubalcaba esta clase de comportamientos se gestionarían de manera más decidida, investigando con rapidez y actuando de manera fulminante contra quienes incurren en ellos. De hecho, pude comprobar con mis propios ojos como en uno de los casos sucedidos en aquella época se expedientaba y expulsaba a un acosador sin dilaciones y sin miramientos. Y eso que en aquella época no había protocolos de ninguna clase, tan solo los estatutos y reglamentos del PSOE de aquellos momentos.
Pero insisto: si algo nos han demostrado los 48 años de democracia es que no hay nadie que sea imprescindible y que el talento de las organizaciones vale más que el de los individuos providenciales. Por eso me da una rabia especial que se haya ninguneado a mujeres jóvenes y se haya minimizado hasta el último momento la gravedad de sus denuncias para proteger a alguien que era considerado insustituible… hasta que se le sustituya y se vea que no pasa absolutamente nada. Un Paco Salazar no vale más que dos denunciantes. O, dicho de otra manera: una mujer no vale menos que un hombre, tenga este la posición que tenga y sea cual sea la reputación de la que presuma.
Salazar presumía de ganar siempre “por lo civil o por lo criminal”. Que es el tipo de frase que uno no espera de un cargo progresista, que debería estar más ocupado en combatir las injusticias que en presumir de haber salido impune de cometerlas.
Lo que ocurra de ahora en adelante con este caso no va ni a solucionar, ni a perpetuar las injusticias que sufren a diario las mujeres, pero sí que puede ayudar a dar pasos para que, por lo menos, dejen de verse como algo normal.