Feijóo no puede obligar a nada a Mazón

Carlos Hidalgo

Advertencia previa: todo lo que he escrito en este momento puede caducar cuando se lean estas líneas. Me hago cargo del riesgo y asumo mi falibilidad.

Porque mientras escribo esto, la reunión entre Alberto Núñez Feijóo, presidente del Partido Popular y Carlos Mazón, presidente de la Generalitat Valenciana y presidente del PP de la Comunidad Valenciana, ha terminado sin acuerdo. Después de que Feijóo y Mazón comprobasen en persona que un año después de la tragedia de la DANA los ánimos de una parte importante de la población valenciana no se han calmado, sino que se han enconado aún más. Una DANA que arrasó la provincia de Valencia y que acabó con más de dos centenares de vidas que podrían haber sido salvadas si el presidente de la Generalitat hubiera hecho caso de las advertencias de la AEMET y activado los avisos de alerta, como sí que hicieron otras instituciones de su comunidad. Y, sin embargo, Carlos Mazón pasó unas horas clave en una misteriosa comida con una periodista, una larguísima sobremesa y estando básicamente ilocalizable mientras los conciudadanos a los que se debe morían y perdían todo en la catástrofe.

Mazón ha pasado el último año pretextando que está “centrado en la reconstrucción” y ofreciendo versiones contradictorias y cambiantes sobre su agenda en el día de la catástrofe. Aparte de negar lo evidente, Mazón también ha acusado a las víctimas de “politizar la tragedia”, cuando lo cierto es que el presidente de la Generalitat está politizando su supervivencia política personal. Feijóo, que ha dicho mentiras tan evidentes como las de Mazón (con la leal intención de apoyar su correligionario, supongo), se encuentra igualmente atrapado por esa ola de rabia que no cesa. Con todo lo que sabemos hoy en día, volver a escuchar a Feijóo diciendo que estuvo en contacto permanente con Mazón mientras se desarrollaba la tragedia, es un poco patético. Sobre todo, porque ya conocemos el registro de llamadas de Mazón en ese día y ninguna de ellas estuvo dirigida al líder de su partido.

Ahora, si Mazón es presionado en exceso por su partido para dimitir, este amenaza con anticipar las elecciones en la Comunidad Valenciana, un movimiento que horroriza al Partido Popular, que teme perder el gobierno valenciano o renovarlo, pero más sujeto a Vox de lo que lo está en la actualidad. Feijóo lo que quiere es que Mazón dimita, que ponga a otra persona del partido en su lugar y aguantar lo que queda de legislatura, controlando además el desarrollo del congreso del PPCV, que está pospuesto indefinidamente.

Lo verdaderamente triste es que Feijóo no puede obligar a Mazón a hacer nada de nada. Lo he expresado aquí alguna vez: en España el líder de la oposición es una figura con poder moral y con la autoridad que le quieran reconocer sus compañeros y compañeras electos. Alcaldes, presidentes, cargos autonómicos, manejan nombramientos, presupuestos y, en general, tienen y ejercen poder. Un líder de la oposición es un diputado que, por lo general, lidera la estructura orgánica de su partido. Para ser líder de la oposición es necesario dialogar mucho, tener mucha mano izquierda y ganarse todos los días la lealtad de los “barones”. Pero el pecado original de Feijóo es haber llegado a la presidencia del Partido Popular aprovechando una rebelión de una baronesa contra su antecesor.

Feijóo es presidente porque Pablo Casado se vio forzado a dimitir tras haberse enfrentado directamente a Isabel Díaz Ayuso y haber perdido la pelea. El líder gallego llegó exigiendo ser elegido por aclamación (sin votos en primarias, ni siquiera “corregidas”, como las que auparon a Casado) y con la promesa de no interferir en los territorios, dando total autonomía a las organizaciones territoriales del PP. Pretender imponerse a Mazón cuando la clave de tu liderazgo se basa precisamente en hacerte vulnerable a los caprichos de personas en su posición es tremendamente difícil.

Sí, Rajoy pudo obligar a dimitir a Francisco Camps, en su día. Pero es que Rajoy tenía otro tipo de autoridad, su encargada de organización (secretaria general del Partido Popular) era María Dolores de Cospedal, que ejercía un control férreo sobre la organización y sobre Camps pesaba una imputación judicial. Nada de eso se da en el caso que nos ocupa. Aparte de que Rajoy no era nada reacio a recortar la autonomía de los presidentes regionales de su partido y se estaba jugando la presidencia en unas elecciones generales que se celebrarían seis meses después de la dimisión de Camps.

Obligar a Mazón a cualquier precio tampoco sería bien visto por otros líderes con problemas en sus territorios, como ocurre con Mañueco en Castilla y León, con Juanma Moreno en Andalucía, con María Guardiola en Extremadura y, por supuesto, como ocurre con Isabel Díaz Ayuso en Madrid. Una alianza de esos líderes regionales podría cobrarse la cabeza de Feijóo como se cobró en su momento de la Pablo Casado.

Además, el cargo de secretario general del PP está en este momento en manos de Miguel Tellado, que está más preocupado en buscar oportunidades de colgar barbaridades en los medios, que del correcto funcionamiento de la estructura de su partido. Una llamada de Tellado a un presidente “popular” tendría más o menos el mismo efecto que una llamada de Bertín Osborne: es de un aliado, se puede agradecer, seguro que desemboca en risas, pero no va a influir en el rumbo del PP en esa región.

Mañana lo más seguro es que Mazón haga únicamente lo que él crea conveniente para sí mismo y nada más. Y Feijóo tendrá que tragar, poner la misma buena cara que cuando se come los sapos que le sirve Ayuso y tratar de convencernos de que todo es idea suya.

Un soldado muerto frente a 46 niños

LBNL

Israel no aprende, más bien, no quiere aprender y no tiene ninguna intención de cambiar. Si algún palestino mata a un soldado israelí que sigue ocupando Gaza, lanza una serie de bombardeos que matan a 100 personas incluidos 46 niños y le parece lógico. En Derecho – al menos el derecho continental europeo – la legítima defensa debe ser proporcionada. Es decir, si alguien te amenaza con un cuchillo y lo matas de un tiro en la cabeza, vas a la cárcel, por asesinato u homicidio, pero vas a la cárcel porque la defensa no es proporcionada y por tanto no es legítima. Si le pegas un tiro en la pierna o le matas de una cuchillada, si sales bien librado.

No es así en todo el mundo. En EE.UU. hay Estados en los que si alguien entra en tu jardín, en tu linde, es legítimo que lo mates a tiros, aunque esté desarmado. Vienen del Far West y de los Sioux y no han llegado a nuestro estado civilizacional. La tradición jurídica israelí, en cambio, es europea. Británica para algunas cosas, algunas de aupa, como la detención administrativa (sin juicio ni causa) por seis meses prorrogable por semestres sin límite. Los más viejos del lugar recordarán a Bobby Sands, el terrorista del IRA que murió en huelga de hambre antes de que Reino Unido dejara de aplicar dicha pena a cada irlandés republicano que consideraba oportuno, sin tutela judicial alguna.

Pero el grueso de la doctrina política israelí viene de Europa continental, de los sionistas fundadores askenazíes, ilustrados y sobrevivientes al Holocausto. Y los Derechos Humanos tienen mucha protección. De ahí la democracia, la libertad de opinión, la libertad sexual o la protección social. Pero el nacionalismo pesa mucho también y el “Nunca más” acuñado tras no haberse defendido de la presión nazi, todavía más. De manera que frente a fuerzas que persiguen su desaparición como Estado, no tengan límite en su respuesta.

Me se todos sus argumentos: en 1947 los árabes rechazaron el Plan de Partición de la Palestina británica, previamente otomana, mientras que ellos aceptaron con gran dolor de su corazón porque los territorios “bíblicos” quedaban del lado árabe. En 1948 consiguieron mantenerse a duras penas cuando todos sus vecinos árabes les atacaron a una. En 1967 Israel atacó primero pero Egipto y Jordania se aprestaban a hacerles una pinza de difícil resistencia. Y en 1973 Egipto, Siria y algún otro les atacaron durante el Yom Kippur y estuvieron a punto, pero a punto, de palmar. Y encima la OLP no dejó de perseguir su desaparición hasta finales de los ochenta y Hamás lo más que les ofrece es una “hudna” o tregua indefinida pero no acepta su existencia de pleno. Por no hablar de Irán, un Estado de la región, que cada dos por tres repite que va a acabar con Israel, algo que no conozco de ningún otro Estado en el mundo respecto a un vecino cercano.

No solo me los se sino que los comparto. Los judíos han padecido toda clase de perrerías de parte de los cristianos cristalizando en el Holocausto, único caso de un Estado-nación desarrollado que pone su maquinaria administrativa al servicio del exterminio de un colectivo específico. Los nazis mataron a mucha gente – opositores, homosexuales, discapacitados, gitanos… – pero no intentaron exterminar a nadie más que a los judíos. Y consiguieron exterminar más o menos a la mitad de los que entonces habitaban el Planeta, que se dice pronto. Y los árabes, que no el Islam que tradicionalmente fue mucho más tolerante con ellos que el Cristianismo, llevan muy mal lo de su existencia como Estado propio en lo que consideran su territorio.

También me se los argumentos israelíes al respecto. Nunca hubo un Estado independiente palestino, de hecho, no hay ninguna referencia histórica a un Pueblo palestino que merezca el derecho de autodeterminación, como si la podría haber para el Pueblo kurdo, por ejemplo, distinto de las demás etnias vecinas. Pero tras la Segunda guerra mundial, los poderes coloniales – Reino Unido y Francia, Sykes-Picot – decidieron dividir el territorio que les había tocado en suerte tras la derrota de los otomanos en la Primera, y crear Estados árabes independientes, incluido uno palestino en la mitad del mandato británico. Es decir, el pueblo palestino es tan inexistente históricamente como el jordano, el iraquí o el sirio, por poner solo un par de ejemplos de “Pueblos” que tienen sus propios Estados. De lo que se deduce que hay Pueblos que históricamente podrían merecer un Estado propio por su idiosincrasia particular – étnica, religiosa, cultural – pero que no lo tienen y otros que aunque históricamente sea discutible que lo “merezcan”, lo tienen.

Pero luego está la Resolución del Consejo de Seguridad de la ONU 242, refrendada muchas veces después, que da legitimidad al derecho de auto-determinación del pueblo palestino. Quizás no en TODOS los territorios ocupados por Israel tras la guerra de 1967, como Israel arguye basándose en las diferencias entre su versión inglesa y francesa, lo que resulta irrelevante para deslegitimar el reconocimiento por el máximo órgano de gobierno internacional de la aspiración de los palestinos a un Estado propio.

Pero Israel, adalid de la democracia interna y de los Derechos Humanos para todas las minorías – también los judíos fuera de Israel, véase su labor de vanguardia en cuanto a los derechos civiles en EE.UU. o de los judíos sudafricanos contra el Apartheid – sucumbe al nacionalismo bíblico del supuesto Pueblo elegido por Yavé, que solo enviará al Mesias de vuelta a la Tierra cuando los judíos “vuelvan” (¿lo fueron alguna vez?) a gobernar sobre el territorio del Viejo Testamento, más bien la Toráh. Y ahí entra el ojo por ojo, diente por diente, que se superpone a la legítima defensa.

No conozco la Toráh en profundidad aunque sí conozco algunos pasajes que desde luego adolecen de humanidad. Pero me cuesta pensar que la Toráh justifique matar a 46 niños del grupo del que ha matado a uno propio, incluso dejando de lado que el propio ocupaba el territorio que la legalidad internacional considera debería ser del Pueblo de los 46 asesinados sin ningún reparo.

Y ahí pasamos a un territorio más afín al de la Mafia y a los crímenes de guerra. Mafia porque, al menos en las pelis, los mafiosos matan a los hijos de los enemigos para que no vengan a vengarse en el futuro. Y sí, con lo que Israel lleva perpetrando un par de años en Gaza, es lógico pensar que las generaciones futuras buscarán venganza. Y crímenes de guerra porque matar a los no combatientes sin escrúpulos solo porque están cerca de un objetivo militar es tan horrible como matar a los viandantes que están cerca de un terrorista que escapa a la carrera. Y también porque cada vez parece más claro que, de últimas, Israel persigue que los palestinos emigren, por las buenas y como no es así, por las malas. Y eso se llama limpieza étnica.

No nos dejan otra opción estos salvajes… Sería más creíble si hubieras de verdad intentado otras opciones pero a salvajismo ganas tú, Israel, que rivalizan con éxito con Hamás. Así que no me vengas con que eres el adalid de la civilización occidental. ¡No de la mía! Putin será más carca y autoritario ¡pero mata menos civiles!

Al final, como Israel no parece que vaya a cambiar – al contrario, va a peor – la crítica a Israel por su comportamiento intolerable, el anti-sionismo y el anti-semitismo, serán indistinguibles, y será una gran tragedia moral, muy injusta para la fantástica contribución del judaísmo a lo mejor de la civilización occidental y, sobre todo, para los millones de judíos que están horrorizados con la deriva del Estado que surgió para evitar que nunca más estuvieran en peligro.

Una sociedad rota y cobarde

Verónica Ugarte

Hace pocos días nos enteramos que una criatura de tan solo cinco años estaba siendo víctima de bullying por parte de compañeros de escuela seis años mayores que ella. Le han golpeado, arrastrado por el suelo, y el colegio no activó el protocolo anti bullying.

Con pocos días de diferencia de suicidaron dos adolescentes de 15 años cada uno. No pudieron con el acoso escolar que recibieron durante años. Sus colegios tampoco activaron el protocolo y las quejas de los padres de ambos cayeron en el vacío.

Al fondo de todo, el intrínseco temor a ser llamado “chivato”, si se es testigo de este acoso cobarde. La ley del silencio por miedo a represalias, de la clase que sean. Mejor mirar hacia otro lado; mejor pensar que todo pasará y que tienes una gran suerte por no ser tu la victima. 

Activar el protocolo le cuesta a los colegios, privados, concertados y públicos, puntuación y dinero, en unos casos. En todos, la imagen queda manchada.

¿Qué imagen me pregunto yo? La imagen idílica de que en el colegio no eres un número, sino parte importante de un amplio grupo que te lleva de la mano con risas y diversión hacia el desarrollo intelectual. Donde pasas algunos de los mejores años de tu vida. Donde estás seguro porque los profesores están preocupados por tu bienestar.

España se encuentra, dentro de Europa, a la cabeza en acoso escolar, llamado de gravedad grave. ¿Qué clase de profesores, directores, no son capaces de alertar, de dar parte, de frenar semejante enfermedad que existe desde hace años, pero no por ello no debe ser erradicada? Y la pregunta mayor, ¿qué clase de personas crían a matones y no castigan, no quieren ver, no dan la educación necesaria para no escalar, aún más, esta epidemia?

Se acosa a niños pequeños, autistas, al diferente. Les meten miedo, golpes, insultos. Y hay quien dice que un solo insulto no es acoso. Así se comienza, blanqueando algo no permisible, como un insulto, para que el niñato o niñata de marras se sienta libre, junto con sus amigos y amigas, de perseguir de manera impune a la víctima. De aislarlo. De que cada amanecer sea una tragedia porque no se quiere ir a la escuela. Se quiere evitar el calvario.

Como madre, no entiendo a quien dice que no se entera a tiempo de que su hijo lo pasa mal. Que su hijo tiene miedo. Soy la diana de las críticas de que “no es tan fácil”. Pero aquí viene la raíz de las respuestas: la educación familiar.

Hace muchos años cuatro hermanos adolescentes estaban esperando a los colegas para jugar beisbol. Calentaban con el bate cuando llegó un chaval de su edad llorando, y una ristra de cobardes persiguiéndolo para pegarle. El chaval mayor simplemente le dijo “ponte detrás de mis hermanos”. Esos tres se pusieron de escudo para proteger a ambos, a la víctima y a su hermano, quien cogió el bate e hizo que llovieran hostias hasta que los cobardes imploraron perdón.

Años después su hermana pequeña llegó llorando del colegio porque un compañero de clase la había insultado y tirado de la mochila. Al día siguiente uno de sus hermanos se personó en el colegio dejando claras las cosas a la profesora: esto no lo vamos a tolerar.

Dicen que la violencia no es respuesta. Y tienen razón. Pero tampoco lo es esperar que el colegio haga algo, porque tenemos un sistema podrido, y para ellos tenemos como ejemplo a la Asociación “Trencats” (rotos), nacida en 2021, cuando una joven de veinte y un años se quitó la vida al no soportar más el bullying. Su trabajo es crear conciencia entre profesorado, alumnos, padres, y los más importante: que el Gobierno Central promueva una Ley contra el Acoso Escolar.

¿Estamos a tiempo de reeducarnos o de obtener la educación para ser padres, profesores, alumnos? Porque a veces el maltratador es un profesor, una figura dentro del centro escolar. Porque para ser padres no nos piden un carné ni nos hacen un examen. Hay quienes afirman que ser padres es una carga compleja. Y es cuando reafirmo: dentro de la familia pueden estar todas las respuestas.

Esos cuatro chavales eran mis hermanos. Esa niña que llegó llorando a casa era yo. Y cuando mi pequeño tesoro me contó que la habían insultado en clase y la profesora no había hecho nada, al día siguiente me presenté en el colegio, como mi hermano hace años, y lo dejé muy claro: esto no va a volver a suceder. No volvió a suceder. Pero mi caso fue aislado, desafortunadamente. Años después me enteré por terceros de que varios niños del mismo colegio habían sufrido acoso y uno de ellos había intentado lanzarse a las vías del metro.

¿Qué clase de sociedad es esta, que no cuida de los más débiles?

La prueba de resistencia de Mazón

Carlos Hidalgo

Día tras día vamos conociendo nuevas pruebas de la incompetencia de Carlos Mazón, de su pasividad y dejadez en la gestión de la tragedia de la DANA, de sus mentiras para justificarse y de la incompetencia de su gobierno, que no supo, pero tampoco quiso reaccionar a tiempo.

Todo es tan evidente y tan burdo que la resistencia de Mazón contra la realidad, la decencia, la ética y la vergüenza solo se explica como una apuesta personal de hacer una huida hacia adelante con la esperanza de que la gente olvide o perdone su irresponsabilidad y su desfachatez con el paso del tiempo. De que la población de la Comunidad Valenciana se resigne a que él y solo él va a permanecer en el poder. Y de que no hay alternativas al PP en el gobierno de la Generalitat, pase lo que pase. Ellos tienen el poder y no van a renunciar a él, aunque su gestión les haga responsables de cientos de muertos y poblaciones devastadas que aún tardarán años en recuperarse.

Mazón no está solo en eso. Desde que Isabel Díaz Ayuso logró convertir un caso de nepotismo en el que su hermano se benefició de la pandemia y logró descabezar a su propio partido en la negación de los hechos y por pura resistencia a abandonar el poder, marcó el camino al resto de dirigentes del PP. También, gracias al juez Peinado, logró transformar los delitos fiscales cometidos por su pareja en un disparatado proceso de instrucción contra la esposa del presidente del gobierno.

Mazón, a su vez, al mantenerse en el poder y apostar a que los resultados electorales le respalden, ha abierto el camino también a que el Gobierno de Moreno Bonilla en Andalucía gestione la crisis provocada por el defectuoso cribado de resultados de cáncer en la sanidad andaluza apostando igualmente contra la realidad; manipulando los registros y los historiales sanitarios y, por supuesto, culpando a las víctimas de politizar las cosas. Si es que parece que la gente se muere para fastidiar.

El PP, al menos desde los tiempos de Aznar, mantiene las siguientes reglas para gestionar las crisis de su gestión que provocan muertes:

  1. Negar lo evidente y mentir todo lo que sea necesario. Nunca rectificar.
  2. Culpar a otros, aunque no tengan nada que ver. Declararse víctimas de una conspiración.
  3. Acusar a las víctimas que reivindican reparación de estar politizadas o manipuladas por otros.
  4. Usar las supuestas lecciones aprendidas para acentuar las políticas que provocaron la tragedia y repartir los fondos entre entidades y empresas amigas.

Las mentiras vertidas por Mazón están perfectamente documentadas, pese a que él no reconozca ninguna e, imagino que para su propia sorpresa, la población valenciana se sigue manifestando contra él, sin que haya de momento señales de desgaste en la población.

Es esencial que Mazón no triunfe en su pulso. Por justicia para la sociedad de la Comunidad Valenciana, por salud democrática y por el propio PP, que en el fondo sabe que estas posturas cerriles y de mentiras compulsivas no estimulan a que en su partido asciendan los mejores cuadros o militantes, sino gente con tendencias terriblemente peligrosas, más parecidas a intoxicados personajes de tertulias de corazón que a los sobrios gestores que en la derecha española siempre se han preciado de ser.

Icebergs

Arthur Mulligan

Esto, la cosa y su zumbido permanente, la inabarcable desfachatez política, el negro vómito que anega los fundamentos de Occidente no tiene vuelta atrás pero tampoco avanza y parece que se ha detenido por alcanzar el mínimo espesor permitido por la física, una suerte de barrera geológica natural que se erige durante los desbordamientos al guardar la memoria de los cauces profundos. Un impasse ante el brutal desgaste de los materiales que no cumplen con los criterios de resistencia prometidos.

Se observa una erosión interna del sistema político e institucional, donde la política se ha convertido en una cuestión de supervivencia para los actores más que en un arte de convivencia o gobernanza orientada al bien común; escándalos de corrupción, luchas internas en partidos grandes, y la imposibilidad de reformas profundas contribuyen a que la política española sufra un desgaste estructural que afecta tanto a viejas como a nuevas formaciones, dando lugar al final a tensiones entre generaciones, donde el poder político está dominado por los mayores que votan más, agravando la sensación de exclusión y frustración juvenil, especialmente en temas críticos como la vivienda y la integración social.

Cansancio y crisis que a fuerza de repetirse en fórmulas simplificadoras se traduce en polarización extrema y el agotamiento de las opciones políticas existentes reflejo de problemas arraigados en la sociedad que paralizan nuestras instituciones.

La transformación de parte de los barrios en las grandes ciudades que son los primeros en sentir las nuevas formas de precariedad económica se asocia a una combinación de influencias de medios digitales y la construcción de identidades políticas en conflicto, añaden tensión que orienta a los jóvenes hacia formaciones de derecha extrema; perfiles que combinan información política, entretenimiento, emociones fuertes, controversias y llamamientos a la acción.

Además, las redes permiten la circulación de teorías conspirativas, desinformación y discursos de odio, que condicionan la percepción política y social de los jóvenes, alimentando su giro hacia opciones extremas y adversas a la política institucional convencional.

No hay día que no se alimente la confusión incluso desde personalidades veteranas de la política. Hoy mismo, a modo de defensa del Ejecutivo, Diego Garrido respetado referente del constitucionalismo y la política europea dentro de la órbita del PSOE decía en Antena 3 que la obligatoriedad de presentar presupuestos no suponía ninguna obligación de dimisión en caso de que éstos no se hubiesen presentado y que en consecuencia se podía perfectamente gobernar sin presupuestos 

La obligatoriedad sería por tanto algo deseable, lo mismo que los cambios de significado y alcance de cualquier precepto constitucional sin modificación formal del texto, esto es, sin cambiar su literalidad (Javier Tajadura Tejada) lo que se llama una mutación:

(…) «Muchas de esas mutaciones merecen una valoración muy positiva, pero el problema que plantean es el de su legitimidad: ¿es legítimo cambiar el significado de preceptos constitucionales sin seguir el procedimiento de reforma? La respuesta nos obliga a distinguir entre dos tipos de mutaciones: las legítimas y las ilegítimas. Una mutación es legítima cuando caben diferentes interpretaciones de un precepto y el cambio consiste en reemplazar una por otra. La ampliación del derecho al matrimonio a personas del mismo sexo sería un ejemplo. Pero hay otras mutaciones que deben denunciarse como ilegítimas porque contradicen expresamente la literalidad y la finalidad de preceptos constitucionales e imponen una interpretación de aquellos que no es admisible. En esos casos no cabe hablar de mutación, sino de violación o falseamiento de la Constitución (sic).

La violación del artículo 134-3 CE se enmarca en un falseamiento generalizado de la forma de gobierno prevista en la Constitución: la forma parlamentaria de gobierno ya no está vigente y ha sido reemplazada por otra que podemos calificar de «parlamentarismo negativo» (José Tudela Aranda). El reemplazo ha sido posible merced a la modificación informal de dos pilares del sistema parlamentario: procedimiento de investidura (art.99 CE) y moción de censura (art. 113 CE).

La Constitución establece un sistema de gobierno en el que la legitimidad de este se basa en la confianza del Congreso. El Ejecutivo se legitima por la existencia de un programa de gobierno que cuenta con el respaldo de la mayoría de la Cámara (art. 99.2 CE). Esto ya no es así en España. Según el perverso modelo de parlamentarismo negativo, el Gobierno no cuenta con el respaldo del Congreso en torno a un programa, sino que su única razón de ser es impedir que gobierne una determinada formación política.

En 2018 se impuso una moción claramente «destructiva» cuyo unico propósito fue poner fin al Gobierno de Rajoy sin que existiera un programa alternativo de gobierno respaldado por la mayoría de la Cámara.” (JTT)

Hasta aquí la extensa cita que me parece relevante como muestra del maltrato del Gobierno hacia el valor doctrinal de la herencia recibida que continúa con los ataques sistemáticos al Poder Judicial con personas interpuestas llegando a escándalos que comprometen a la familia del Presidente, miembros de su gobierno y altos cargos de su partido.

De modo que la situación es de parálisis y de tensa espera. Las derrotas parlamentarias continúan y las encuestas registran una invariable mayoría conservadora si hubiera elecciones. Y así como en Francia el Gobierno del empresario y centrista Bayrou fue derrotado por los extremos apoyados por el PSF después de señalar el engaño en que vivían con un Estado del bienestar imposible de sostener sin reformas, aquí continúa la baladronada del soniquete familiar en forma de cohete y crecimiento, deuda pública inexpugnable, asalariado medio con pérdida de poder adquisitivo de un 4% anual y un tercio de alumnos de primaria llegando al colegio con hambre de pobre, según un estudio de ESADE.


España ha subido su presión fiscal varios puntos porcentuales en estos años; mientras que la media de la UE o la OCDE se ha movido poco o incluso ha bajado. Por tanto, la brecha con los países de referencia se está reduciendo: España se acerca más a la media europea en términos de porcentaje del PIB destinado a impuestos + cotizaciones. Debido al aumento en España y la estabilidad o ligera caída en el conjunto de la UE, la «velocidad de subida» en España es mayor.
 

Este aumento en España se explica por varios factores: recuperación tras la pandemia, aumento de recaudación, quizá efecto “recogida de fruta madura” en la base impositiva, inflación etc. Los datos son claros: la inmigración también influye — de forma indirecta pero significativa — en la evolución de la presión fiscal en España, ampliando la base contributiva, en especial en servicios, agricultura y construcción.

España tiene una población envejecida. La llegada de inmigrantes en edad laboral mitiga la presión del envejecimiento sobre el sistema de pensiones y las cuentas públicas. La inmigración también eleva el PIB total (por aumento de población activa).

Es difícil ver los méritos en estos datos de este gobierno que “trabaja para la gente.” Pero si sabemos, o mejor dicho, sentimos un paulatino malestar reflejado en encuestas y confirmado en la caja del supermercado.


Neutralizado ya el vano intento de un envejecido Pablo Iglesias y sus agresivos llamados contra los poderes constituidos del Estado, intuimos que en el último octavo del Iceberg que transporta este gobierno infame, se oculta el horror indefinido que nos impide mirar con confianza el horizonte azul de tiempos mejores.

Tanto conservadores como socialdemócratas, las dos grandes corrientes del pensamiento político europeo, discurren sus últimas filosofías en el práctico terreno del liberalismo, sin las adiposidades y adherencias de lo peor que la Historia les ha dejado porque, en realidad, ambos sistemas de pensamiento se alimentan mutuamente para buscar su utopía en lo ya conseguido, solo que quieren rellenar ese espacio con nuevas sensaciones, nuevos objetos de deseo y, sobre todo, con una extensión estabilizadora mediante la inclusión de los más. Ambos movimientos tienen por lo común una cierta aversión por la naturaleza viva de la oposición de los contrarios: libertad/autoridad, autonomía/dependencia, pluralismo/monotonía social, experimentalismo/inmovilismo, igualdad/desigualdad, pensamiento independiente/pensamiento vigilado por una jerarquía.

Con esta historia repleta de personalidades e historia de sacrificios y éxitos colectivos ¿quien diablos quiere una flotilla sin destino?

Lecturas y podcasts de interés de estos últimos quince días

Lluís Camprubí

Procedo pues a recomendar algunos de los textos y audio-vídeos que han llamado mi atención en las dos últimas semanas.

Sobre relaciones Internacionales en general, geopolítica y el rol de Europa.

En primer lugar, la excelente entrevista a Carlos Corrochano, que lleva el destacado: “Hoy lo internacional parece proyectar los sueños de los reaccionarios y las pesadillas de los progresistas”. También a destacar la tribuna de François Heisburg: Cómo puede ganar Europa: una estrategia para contrarrestar el declive. Y vale la pena el monográfico (y todos sus capítulos) del EUISS sobre las relaciones UE-EEUU Low trust: navigating transatlantic relations under Trump 2.0

Sobre Gaza y Palestina, el alto el fuego y la posibilidad de una paz justa.

Importante el texto del Crisis Group: Gaza’s Ceasefire is Vital, but Only a Start tanto por el análisis como por las propuestas concretas. De forma complementaria, Chatham House publica los textos de dos autores con un análisis profundo del “plan de paz”, sus oportunidades y sus limitaciones, en particular para los palestinos: Trump’s Gaza plan is still not a complete peace settlement (Marc Weller) y Hamas can’t rebuild Gaza. For Trump’s plan to work, Palestinians must be given hope (Stephen Farrell). Por último, muy interesante la entrevista en profundidad a un facilitador (honesto) de las negociaciones israelí, Gershon Baskin, con una mirada y claves importantes de pasado, presente y futuro, que se pueden compartir.

Sobre la transición ecológica, y la necesidad de un ecologismo y unas izquierdas a la altura del reto del cambio climático.

Empieza a florecer un conjunto teórico-práctico-aplicado sobre cómo políticamente debemos intentar intervenir sobre el cambio climático, con unas mínimas garantías de éxito.

En primer lugar, las ponencias (video) de Emilio Santiago y de César Rendueles. Imprescindibles para caracterizar la singularidad y urgencia civilizatoria del cambio climático y los necesarios cambios en el abordaje de la izquierda. De forma muy complementaria, en este podcast-entrevista a Xan López explica las tesis de su libro “El fin de la paciencia: un ensayo sobre política climática. Y finalmente, el texto de Héctor Tejero, con un título auto explicativo: El realismo climático como esperanza práctica

Otra forma de decirlo

Juanjo Cáceres

El pasado lunes, alrededor de las doce del mediodía, una publicación de Facebook me avisaba del fallecimiento de una persona cercana. Quizás no cercana en lo espacial o en lo temporal, pero sí cercana en otro momento de mi vida. Sin su ejemplo y sus enseñanzas, no me habría interesado por algunas cuestiones, ni tampoco hubiera finalizado jamás una tesis doctoral. El que sabe cómo son los vínculos académicos, también sabe que esas relaciones son importantes. Y si con ellas no se ha entremezclado jamás ningún enfado, ningún desencuentro, ni ninguna mala palabra, perdura un vínculo entre ambas partes que solo la muerte deshace.

En algún momento pensé si este espacio podría dar pie a alguna forma de obituario, como ha ocurrido con algunos decesos recientes, pues méritos académicos había de sobras para hacerlo y van a ser pocos o apenas ninguno los que se hagan, pero no tardé en descartar la idea. ¿A quién le iba importar, al fin y al cabo, leerlo aquí o en cualquier otro lugar? Y qué inmodestia, también, intentar reseñar esa figura, cuando ya han transcurrido varios años desde la última vez que nos encontramos, precisamente en un espacio de carácter académico.

Pero me queda, no obstante, una incómoda sensación, que tal vez sí que le incumba más a este espacio. ¿Por qué me tuve que enterar, justamente, por redes sociales personales? ¿Por qué no ha existido otra forma mejor de recibir la noticia? Más directa, de persona a persona, o incluso más institucional, a través de la universidad de la que él formó parte o de las otras instituciones en las que ostentó cargos académicos de responsabilidad. Pues no, tuvo que ser por esa clase de medio y eso no es lo peor, ya que precisamente a mí no se me ocurrió otra cosa mejor que hacer una doble publicación al respecto en dos de mis redes personales, con el escaso material gráfico al que podía recurrir sin vulnerar ninguna norma.

Ciertamente no es la única incómoda sensación que me queda. Como en otras ocasiones en el pasado, vuelvo a notar ese malestar de no haber hecho algo para interrumpir esos años de falta de comunicación, para saber cómo estaba y cómo transcurría en él el paso del tiempo. No en vano ha sido ese no saber lo que hizo que el deceso me cogiera por sorpresa. Y a pesar de todo, algo sabía: que los años pasan, que el periodo pandémico había tenido efectos sobre su salud… Pero ni eso fue suficiente para activarme y averiguar algo más: de persona a persona, sin mediadores ni redes mediadoras.

Quizás recurriendo a algunas de las palabras utilizadas en otras disciplinas sea oportuno hablar de relaciones duras y relaciones blandas. Las blandas podrían ser todas esas conexiones que establecemos con otras personas en nuestras numerosas y diversas redes, aquellas que en ocasiones permiten alargar las relaciones cuando la presencialidad no es posible o se vuelve menos probable. Luego, las duras, entendidas en un buen sentido, podrían ser aquellas más constantes, las que sabemos cuidar mejor a lo largo del tiempo y que se mantienen más allá del entorno familiar, donde la estrechez de los vínculos nos viene de fábrica, porque no solo sabemos de esas personas por cosas que leemos en redes propias o ajenas.

Pero en medio de toda esa blandura de interconexiones múltiples y diversas, que fácilmente contamos por cientos o por miles, sufrimos esos vacíos. Vacíos que deja lo digital. Vacíos en lo material, que de alguna manera golpean también en lo menos material que tenemos y que acabamos describiendo bajo el concepto de malestar psicológico o material.

Es un error pensar que las relaciones blandas son ilusorias, porque existen y porque sustituyen muchas veces los vínculos duros que ya hemos perdido o que ya no cultivamos. Pero son lo que son, para bien y para mal, y nuestro gen social necesita algo más que lo que nos ofrecen. De lo que perdemos o de lo que ya no tenemos me hace cada vez más consciente el inevitable paso del tiempo.

Carlos Torres quiso dejar marca

Carlos Hidalgo

Ha fracasado la OPA hostil de BBVA sobre el Banco de Sabadell. Y ha fracasado de manera tan notable que ni los propios interesados se la esperaban. El BBVA esperaba una aceptación mínima de su oferta del 30% de los accionistas del banco catalán antes de seguir adelante y esta se quedó en un escueto 25,47%. Si el rechazo a la OPA ha supuesto un triunfo personal para el presidente del Sabadell, Josep Oliu, es también un fracaso personal para el presidente de BBVA, Carlos Torres.

Carlos Torres Vila (Salamanca, 24 de febrero de 1966) fue nombrado presidente de BBVA el 29 de noviembre de 2018, tras pasar varios años tutelado y promocionado por Francisco González, el presidente que Aznar puso a dedo en Argentaria (la antigua banca pública) antes de privatizarla con el objetivo de convertir también la banca en un campo de batalla político y de torcer el brazo a Emilio Botín, entonces presidente del Banco de Santander y poco dado a seguir órdenes de ningún presidente del Gobierno.

González no dudó en recurrir a todo tipo de tretas para afianzarse en su puesto y para tratar de adelantar al Santander. Tras fusionarse con el antiguo Banco de Bilbao, apuñaló por la espalda a sus dueños, purgó inmisericordemente a sus directivos y redujo todo lo posible su poder en las juntas de accionistas. También, presuntamente, recurrió al infame comisario Villarejo para espiar y acosar a sus rivales. Y el propio Villarejo bromeaba diciendo que quemó el edificio Windsor, en el cual la consultora Deloitte tenía la única copia del informe sobre “FG Inversiones”, que supuestamente detallaba las malas prácticas en las que habría incurrido el chiringuito financiero en el que trabajaba González antes de ser cooptado para dirigir Argentaria.

La parte del escándalo Villarejo saltó antes de que González cediera el testigo a Torres y, una vez hecho el traspaso de poderes, Torres no tuvo ningún problema en que González tuviera el mejor despacho del edificio señorial que BBVA tiene en el Paseo de Recoletos, secretaria, coche, chófer y equipo de guardaespaldas pagados por el banco.

Torres también ha tenido que lidiar con la imprudente expansión internacional del banco llevada a cabo por su antecesor, Turquía, México, Venezuela y Argentina se van turnando para lastrar la cuenta de resultados y, además, tampoco termina de despegar en EE. UU., donde su eterno competidor, Santander, sigue siendo más grande y tiene mejores relaciones con la banca de inversión de Wall Street.

Así que Torres, que lleva seis años de presidente, no ha podido hacer mucho más que gestionar su herencia y tampoco ha podido dejar su propia huella en la gestión del banco. Para colmo, la absorción de Bankia por parte de Caixabank, descendió al BBVA a la tercera posición como banco con mayor número de activos en España. Queriendo imitar a los catalanes, Torres decidió que el candidato perfecto para imitar la jugada de Caixabank era el Banco de Sabadell. Otros candidatos, como Bankinter, son demasiado grandes, y otros demasiado pequeños, como la Banca March.

Pero el delicado equilibrio de las cuentas de BBVA, a las que un mal dato de inflación en Latinoamérica les puede dar una dentellada en los balances, no permitía hacer una oferta realmente atractiva y las primeras conversaciones para hacerse con el Sabadell quedaron en nada.

Aun así, como para Torres esto era una cuestión personal, si no podía hacerse con el Sabadell por las buenas, se haría con la entidad por las malas. Y tras otra ronda de conversaciones con Oliu, en las que este volvió a decir que Torres ofrecía muy poco por su banco, Torres decidió que podría embarcar a su entidad en una OPA hostil y hacerse con la entidad catalana tirando de talonario.

Esto no fue bien acogido. Primero, por el Gobierno, a quien la concentración bancaria ya le parece excesiva y que no quería que las “sinergias” de la adquisición privaran a una parte importante de la población del acceso a productos bancarios. “Sinergias”, cuyo significado literal es “la coordinación de actividades económicas cuyo rendimiento es superior que si se realizaran por separado”, en la triste realidad de la banca significa miles de despidos y cierre de oficinas, especialmente en zonas rurales. Además de que un menor número de bancos incrementa el riesgo de abusos y cartelización, reduce la competencia y crea otro sinfín de incentivos perversos a los banqueros, que ya tienen suficientes con el estado actual de las cosas.

En segundo lugar, los accionistas de Sabadell no vieron con buenos ojos la adquisición. Viendo cómo el “clan de Neguri” del Banco de Bilbao sigue marginado y castigado (también por Torres) en BBVA, el empresariado catalán tenía motivos de sobra para creer que su banco de confianza podría convertirse en parte de un gigante que no dudaría en negarles financiación o en vender su deuda a terceros sin escrúpulos.

Por último, los fondos y los grandes inversores estaban de acuerdo en que BBVA estaba ofreciendo muy poco dinero por acción del Sabadell y, lo que es peor, que al hacerlo estaba forzando las cuentas de su entidad innecesariamente. Torres estaba ofreciendo poco y lo poco que ofrecía era casi más de lo que se podía permitir. Además, ninguna OPA hostil bancaria ha triunfado en España, lo cual aguaba bastante el optimismo que BBVA quería proyectar.

El empecinamiento personal de Torres y la numantina resistencia del Sabadell se han traducido en una guerra mediática y publicitaria que ha rozado lo cómico, por no decir lo ridículo, incluidos los cruces de declaraciones y los anuncios en marquesinas de autobús que no podían ser más irrelevantes para las personas que esperan a las seis de la mañana para ir a sus trabajos.

En privado se comenta que Torres ha hecho el ridículo. Y la tan cacareada revalorización en bolsa de BBVA y consiguiente devaluación de Sabadell también han quedado por debajo de las expectativas de los equipos de los respectivos bancos. Tras el fracaso de la OPA, la acción de BBVA subió un 6%, cuando se esperaba el doble y la acción de Sabadell cayó un 6,78%, cuando los directivos de Sabadell se habían preparado para bajadas de entre un 10% y un 30%.

Nada de esto pasará factura a Torres a corto plazo y el presidente de BBVA se va a apresurar a calmar a los accionistas con generosos repartos de dividendos y se lanzará a fingir que aquí no ha pasado nada. Cuando se juega con tanto dinero ajeno y en un mercado del que es imposible sustraerse, las pifias suelen salir gratis. Aunque no siempre. No hay más que recordar la defenestración de José María Álvarez-Pallete de Telefónica. Y es posible que los de Neguri ya estén buscando vías para recuperar poder en el que fuera su banco. Si Torres quería dejar su firma en una gran operación, lo que ha conseguido es firmar un sonoro ridículo, aumentado por él mismo.

Pentágonos

Julio Embid

Reconozco que casi me abrasé con el café cortado cuando leí la noticia de El Periódico de Aragón del pasado viernes 19-09-2025, titulada “170 metros ‘mortales’ en Zaragoza: dos asesinatos en dos bares en 151 días». En un párrafo final, completamente alarmista, se dice de manera literal: “Y las cifras de metros y de minutos todavía son más impactantes si se recuerdan tres homicidios que se cometieron en este mismo entorno del barrio Delicias, en la calle Don Pedro de Luna, en la avenida Madrid y en la calle Lastanosa en junio de 2022, en febrero de 2023 y en marzo de 2024, respectivamente. Junto a las muertes de la calle Antonio Mompeón Motos y de la calle San Rafael conforman un pentágono de 2,5 kilómetros de perímetro cuyo recorrido se completa en 35 minutos, según las mediciones de Google Maps. Es el pentágono de la muerte. Es el pentágono del crimen”.

El alarmismo en sucesos no es un asunto baladí: tiene consecuencias reales. El miedo condiciona la forma de vida. Hace que cerremos con llave. Si escuchamos constantemente, en televisiones y radios, que hay robos y ocupaciones en la playa, iremos inmediatamente a poner una alarma en nuestra segunda residencia en Cambrils o Sagunto, aunque cueste 49,99 al mes. Los nostálgicos del pasado dicen que antes no se cerraba con llave. Falso. En los 80 y 90, en Zaragoza y en el resto de España, había que poner a los coches un cepo metálico de los pedales al volante si se quedaban en la calle. Hoy no veo ninguno. Y en los parques crecían como rebollones las jeringuillas usadas. Hoy tampoco se ven. Desde luego, ni en 1965 ni en 1985 se vivía mejor que en 2025.

Las tasas de homicidios de Aragón y de España están entre las más bajas del planeta, en el mejor momento de la historia. Por comparar: en 2024 hubo en España (con 49 millones de habitantes) 348 homicidios. ¿Son muchos? En California (con 39 millones) hubo 1.666 en 2024, y es uno de los lugares más ricos del mundo. Y no quiero compararlo con países de América del Sur o África donde, independientemente de lo duro y conservador que sea su gobierno, las cifras son sensiblemente mayores porque la vida no vale nada. Entiendo que esto no consuele a los familiares y amigos de las personas asesinadas en una pelea de bar. Todas mis condolencias para ellos. Pero evitemos hablar del pentágono de la muerte y del pentágono del crimen al referirnos al barrio de Las Delicias.

Hay determinadas formaciones políticas que ganan creando alarma social y miedo. Me refiero, obviamente, a la ultraderecha. Y, por supuesto, hay determinadas formaciones que pierden con este estado de opinión: principalmente el centro derecha y el centro izquierda. No estoy en contra de que se informe de la realidad de los sucesos y se dé la edad y la nacionalidad de verdugos y víctimas. Como politólogo, también me gustaría, si fuera posible, que se añadiera su recuerdo de voto en las pasadas elecciones, su nivel académico, su decil de renta y si son aficionados al Real Zaragoza o no. Puestos a informar, que sea en todos los sentidos. Y que el Pentágono siga siendo únicamente la sede del Departamento de Defensa de Estados Unidos que aparece en las películas.

Miedo y asco en Gaza

Alfons Salmerón

No sé qué opinan ustedes. No sé cómo se les quedó el cuerpo al ver la ceremonia del llamado acuerdo de paz para Gaza en Egipto. En lo que es a mí, les confieso que me produjo náuseas.

Le llaman acuerdo de paz pero es una farsa. Se supone que debemos sentir alegría por el fin de las bombas pero solo siento asco y angustia. Veo a al mamarracho de flequillo naranja en mitad del escenario, sacando pecho, sintiéndose el centro del mundo y la pleitesía que le rinden los líderes mundiales y siento asco, un asco profundo que nace de la boca del estómago. Le llaman paz a un desierto de escombros que sepultan a decenas de miles de cadáveres de civiles. Le llaman paz a la victoria de la muerte sobre la razón y la justicia. Le llaman paz a la ostentación de los únicos valores de este nuevo orden internacional, la violencia y el dinero. Le llaman paz a la destrucción de la franja de Gaza, a la violación de un pueblo, al final de las aspiraciones de soberania política de Palestina. Le llaman paz a lo que es la instauración unilateral de un protectorado americano-israelí en Gaza.

Le llaman paz pero yo veo cinismo. Del silencio de todos estos meses a esta nauseabunda foto de familia. Sonrientes todos. Todos señores, por cierto. ¿De qué mierda se ríen? Trump haciéndose el gracioso y el resto de lacayos riéndole las gracias. El nuevo viejo orden de feudalismo global. Les vendieron, les vendimos las armas, les dejamos hacer, no hubo sanciones ni condenas, a lo sumo alguna frase incómoda. Les dejamos hacer en silencio, vimos como asesinaban a civiles, mujeres y niños, como arrasaron hospitales, tiendas de campaña, impidieron la llegada humanitaria, bombardeaban los campos de refugiados, dejaron que la hambruna se extendiera, y las enfermedades. Sembraron el horror. Les dejamos hacer con nuestro silencio aterrorizado y cómplice. Despertamos demasiado tarde para presenciar cómo se sientan y nos cuentan que alcanzaron la paz y se intercambian rehenes y cadáveres y hablan de una paz duradera. No es un acuerdo de paz es la rendición sin condiciones. Es el triunfo del horror definitivo.

Le llaman paz pero hoy somos un poco peores. El mundo es un poco peor. Esa foto inaugura un nuevo orden, de impunidad y desfachatez. De miedo y acoso. Hemos sabido que la ley no sirve para nada cuando la única ley es la fuerza, hemos sabido que los tratados no sirven para nada cuando se imparte la violencia del que más puede. Hemos sabido que los derechos no valen nada cuando se impone la doctrina del miedo, la amenaza y el chantaje. Hoy somos más pobres moralmente. Les dejamos hacer en silencio. Impartir su violencia impunemente. Asistimos a un abuso global en vivo y en directo. Permitimos que arrestaran ilegalmente la flotilla de la dignidad y una semana más tarde les aplaudimos. Somos miserables. El miedo nos hace miserables. Cuando perdemos la dignidad no nos queda nada. Resuenan los versos de Martin Niemöller atribuidos a Brecht. Vinieron a por los palestinos pero yo no dije nada porque no era palestino

Siento asco al ver al mamarracho de flequillo naranja hablando de Paz. Quería el Nobel. Y casi se lo dan, o se lo han dado indirectamente en la figura de María Corina Machado. Las democracias han dimitido. El viejo orden ha dimitido. La esperanza ha dimitido. El imaginario de un orden mundial que pudiera ser justo se ha volatizado. Ese es el cadáver simbólico más grande de este genocidio. La ONU murió el día que el mamarracho de pelo naranja defecó su discurso nauseabundo, sin importarle nada la opinión de nadie. Ha sido el único que ha ganado, incluso más que su vasallo Netanyahu, ahora le pasará la factura de haberlo defendido frente a todo el mundo. El nuevo orden solo sabe de dos cosas. De violencia y de dinero. Todo vale. Miramos para otro lado, como sabiendo que mañana podemos seguir los siguientes. Luego vinieron por mi, para para entonces ya no quedaba nadie que dijera nada.