¿Para qué sirve un Museo? ¿Cuáles son sus funciones? Dos preguntas simples que pueden llenar páginas de ensayos e intercambio de ideas. En el caso del MNAH, para un mexicano, la respuesta es sencilla: recordar nuestras raíces.
Visité el MNAH desde los 3 años hasta los 25, por lo menos 4 veces cada año. Excursión con la escuela, deberes para hacer resúmenes y trabajos; llevar a extranjeros que se morían por visitarlo. Y en este último caso, mi pecho se llenaba de orgullo. Mostraba mi país, mis raíces, o parte de ellas, más bien. Porque hay que recordar que el México actual es el resultado de un choque brutal de dos civilizaciones, que parieron otra, sacando lo mejor y lo peor de ambas. Decir México es decir mestizaje puro y duro.
México Tenochtitlán se encontraba sobre un lago. Ahí, después de su caída, mis antepasados españoles y mis antepasados indígenas, diseñaron y construyeron una nueva ciudad. Los restos de los templos y edificios aztecas quedaron destruidos o tragados por el agua.
Con el paso de los siglos, parte de esas piezas fueron saliendo a la superficie. Se fueron formando colecciones que los distintos Gobiernos Virreinales preservaron. No fue hasta 1964 que el actual MNAH fue inaugurado.
Diseñado por el arquitecto Pedro Ramírez Vázquez, alberga en 70,000 m2 la más grande colección del legado indígena. A nivel mundial es respetado por su diseño, sus luces, la magnificencia del edificio. Para un mexicano, es el lugar donde se va a conocer, recordar y tener presente parte de su pasado.
Decía que desde los 3 años lo visité. Mucha gente puede llamar a esto alienación. Yo agradezco, después de haber visitado y explorado otros museos, que desde pequeña haya yo pisado ese Museo. Cada rincón, cada pieza es una emoción, un recuerdo, un saber.
¿Saber qué? Saber quién soy, saber de dónde vengo. Hacia dónde voy, eso solo yo puedo decirlo. Pero mirar atrás, recordar esas visitas, recordar las explicaciones de los guías y profesores, hace que no olvide mis orígenes.
En mi autoexilio recuerdo las palabras que Alfonso Reyes, un intelectual mexicano, decía: “Para ser genuinamente nacionales, hay que ser tremendamente internacionales”.
Como decían los Mayas: “la tierra no es de uno; uno es de la tierra”.
Este texto lo escribí hace años. Huele a polvo, alienación y nacionalismo de la peor especie. No hay peor que una bandera, un himno y una gesta para hacer borrar de la mente del vulgo los verdaderos problemas que los Gobiernos no acatan.
Por un lado del charco, desigualdades, corrupción, violencia, narcotráfico. Del otro, una Seguridad Social rebasada; el problema de la vivienda y la falta de claras oportunidades laborales expulsan cada día a los jóvenes hacia Holanda, Alemania, incluso al cono sur.
En todos lados se cuecen habas. Allá pasó el 15 de septiembre. En Madrid, besamanos al hijo del exiliado con millones.
Que cada uno saque conclusiones. No puedo estar orgullosa de ser mexicana porque me vino dado. Si acaso estoy orgullosa de hacerme quitado el nacionalismo casposo y de poder leer escritores que me han acompañado en diversos viajes. Esos que no van con porro pero si con baños de realidades. Esas que hacer pensar y reflexionar. Un logro inmenso.
Siempre que llega la fiesta nacional me sorprende que la derecha quiera restregarme la bandera por la cara, como si para mí, que soy de izquierdas, me fuera a provocar el mismo efecto que los ajos a un vampiro. Y lo cierto es que yo me considero, no solo muy español, sino que estoy bastante orgulloso de lo que España ha logrado ser en las últimas cinco décadas. Y, al haberme pateado las 17 comunidades autónomas, así como Ceuta y Melilla (me faltan las Chafarinas y el Peñón de Vélez de la Gomera), entiendo ese hilo nebuloso que nos une y que es tan difícil de ver en ocasiones.
La bandera no me da repelús en absoluto. Si bien es cierto que me da más orgullo al verla en los hombros de nuestros astronautas que plantada en cualquier glorieta porque sí, o en los balcones cuando juega la selección, pero no en los mítines de Vox. Soy más español que la tortilla de patatas e, igual que no lo soy contra nadie, no entiendo que nadie lo sea contra mí.
España, me dice una querida amiga mexicana, es el padre despistado de una familia disfuncional, que ha sido verdaderamente consciente de que tiene hijos cuando estos ya se han ido de casa. Para mí, la hispanidad es algo bastante diferente a las nostalgias imperiales. Es que la actitud de una madre portorriqueña nos sea tan familiar como la de nuestra propia madre. Que el humor negro que recorre el continente americano tenga mucho que ver con el colmillo retorcido de nuestra cultura. Que casi todos los 600 millones de hispanohablantes prefieran la parodia a la épica, como nos lleva pasando desde El Quijote. Los padres que nos hemos criado viendo películas de Cantinflas y a los Picapiedra con acento mexicano, tenemos hijos que siguen a “streamers” de toda Latinoamérica. Y en Colombia, Ecuador, Perú o en Argentina se cuelan expresiones españolas porque las plataformas de streaming les han hecho adictos a algunas de nuestras series. Y al revés; todos hemos visto “El Eternauta” reconociéndonos en esa cuadrilla de amigos a la que la invasión extratrerrestre les pilla jugando a algo muy parecido al mus.
Nuestra historia común no es perfecta, ni mucho menos. No sé si el Rey debería escribir hoy en día a la República de los Estados Unidos de México para pedir perdón por los hechos acaecidos hace más de 500 años, pero sí que tengo claro que a nosotros nos avergüenzan las rancheras de Bertín Osborne del mismo modo que a ellos les avergüenzan las andanzas de Paulina Rubio en nuestro país.
Nuestra historia presente también es mejorable en bastantes aspectos. Pero nuestros lazos comunes, gusten más o gusten menos, se revelan hoy en día como más necesarios que nunca. Con unos EE.UU.lanzándose a unas políticas racistas y xenófobas, que califican de criminales a todos los inmigrantes, especialmente a los que proceden del sur de los Estados Unidos, hay más ojos de los que parecen que se vuelven hacia España. No tenemos la potencia económica o la ambición de China, pero nuestro PIB, dependiendo el día y el tipo de cambio, llega a ser superior al de Rusia. Queramos o no, España tiene un papel en el mundo más importante del que parece, así como los países con los que compartimos herencia. Y tal vez, esta vez, podamos hacerlo sin hacerlo contra nadie.
Finalizada la agónica puesta en escena de la diminutiva flotilla errante para divertir a la galería y molestar a nuestras Fuerzas Armadas quemando combustible en su disparatada “no misión”, los farsantes se retiran y tratan de comprender por qué el Ministro de Asuntos Exteriores no les había explicado nada, que todo era una maniobra para retener algo de su lejano esplendor, que de la misma manera que negoció un cambio radical de la posición de nuestro país sobre el Sahara o entregó de manera desconcertante principios de soberanía tradicionales sobre Gibraltar, toda su acción política pende del mantenimiento de un poder que se tambalea, abandonando cualquier continuidad estratégica nacional.
En Gaza, el ejército israelí ha ganado la guerra militarmente desde hace bastante tiempo y en estos momentos parece más que probable un cese de las hostilidades y el cumplimiento de dos de los tres objetivos que se había fijado Israel: destruir militarmente a Hamás y prohibir cualquier posibilidad de remontar su potencia. El tercero, la liberación de los secuestrados, se negocia con buenas perspectivas.
En un año, hacia el otoño de 2024, 22 de los 24 batallones con que contaba Hamás fueron neutralizados y según estimaciones americanas el movimiento habría reconstituido en parte sus efectivos reclutando 17.000 nuevos combatientes aunque se trataría de jóvenes politraumatizados y poco experimentados.
Después del ataque terrorista que ha costado la vida a 1.200 israelíes y que condujo al secuestro de 251 personas, las ciudades están en ruina, los hospitales y las escuelas han sido destruidos, la operación “espadas de hierro” ha empleado los principios de la guerra contra-insurreccional con un empleo de la fuerza desproporcional y desinhibida.
El resultado han sido 47 millones de toneladas de escombros, 1.200 km de carreteras destruidas y la renuncia del ejército a la idea de una guerra de precisión, aceptando un número de pérdidas civiles incompatibles con los principios del derecho que regulan los actos de guerra.
Cerca de 1.000 soldados israelíes han muerto en estos combates.
Estando pendientes de calificación los hechos, todos los hechos de los intervinientes por los tribunales futuros, las narrativas mediáticas difieren en su repercusión emocional en Occidente de las muertes en la guerra de Ucrania en comparación con las muertes en Palestina, y así, mientras en Ucrania la mayoría de las bajas son soldados, se reacciona con menos empatía emocional ante muertes militares que civiles. En el conflicto palestino, la alta mortalidad civil y las imágenes de destrucción en Gaza sucede lo contrario.
La cobertura mediática occidental suele ser asimétrica y politizada.
La presencia de comunidades árabes y musulmanas importantes en occidente moviliza un mayor activismo y sensibilidad hacia Palestina.
La izquierda europea se ha comprometido históricamente más con Palestina que con Israel por varias razones profundas y contextualizadas, pese a que los primeros ataques del conflicto provinieron de árabes y movimientos insurreccionales; Israel es visto en la izquierda como un estado con fuerte militarización, apoyo occidental, y síntomas de políticas represivas, lo que genera rechazo ideológico. A esto se suma la complejidad y divisiones internas en la izquierda israelí y su marginación frente a fuerzas políticas más conservadoras o nacionalistas.
Este escenario termina para Sánchez y su cañonera de la señorita Pepys y como los personajes de Pirandello buscará energía en otras causas románticas y movilizadoras antes de que termine el cincuentenario de la muerte de “ese hombre”, siempre mirando hacia atrás con ira.
Hoy, con un grosero tuteo (ni señoría, ni señor diputado) – ¡ánimo Alberto! – acompañado por una risotada extemporánea de su arrabalera ministra de hacienda, cerraba la segunda intervención un Pedro Sánchez desatado que nos recordaba una siniestra carcajada inolvidable traída de su reciente pasado y también que la legislatura está muerta, sin presupuestos y sin ninguna posibilidad de diálogo a la vez que las casas de encuestas independientes mantienen inalterable la cifra de más de 200 diputados para una oposición en permanente lucha interna, certificando la imposibilidad de armar una nueva coalición en mayoría, y ello a pesar de los gigantescos errores del líder conservador.
El Partido Socialista se asemeja cada vez más a ese ejército de Guerreros de terracota, frágil, mudo y disecado, que deserta huyendo en el tiempo como el bolero, sin rumbo y en el lodo, para asombro de los europeos.
Los servicios públicos esenciales llevan años dando serias señales de fatiga que ya se podría decir que es crónica. En un tiempo de relativa “bonanza”, no crisis o menos crisis (según a quien se le pregunte), servicios públicos como educación, sanidad, justicia, servicios sociales e incluso cuerpos y fuerzas de seguridad del estado dan la sensación de estar desbordados y no cubrir el servicio de la manera deseada por todos.
El pasado viernes 3 de octubre tuvo lugar la segunda jornada de huelga de médicos y facultativos dentro de un conflicto que arrancó en enero ante el rechazo del sector al borrador de proyecto de renovación del Estatuto Marco presentado por el Ministerio de Sanidad.
Sinceramente hasta el mismo viernes 3 no me enteré de pasada por la radio de que había huelga convocada. Pregunté a personas de mi alrededor del trabajo, amistades, etc… Y nadie estaba al tanto salvo quien tenía familia en el sector. A las 10:00h y pico se conectó un compañero que se había tomado el día de permiso para acompañar a su hermana a una intervención quirúrgica. Su hermana, él y sus familiares se presentaron puntuales antes de las 8:00h en el hospital. Allí aguardaron pacientemente a que se realizara un recuento del personal médico que había acudido a trabajar al hospital para finalmente cancelar la intervención al no haber, según le informaron, ningún anestesista disponible.
De acuerdo con fuentes sindicales, el nuevo texto propuesto por el Ministerio ha provocado un mayor seguimiento en esta convocatoria que en la anterior celebrada o mejor dicho acontecida el 13 de junio. Los representantes de médicos y facultativos reclaman un Estatuto Marco y un ámbito de negociación propios, que recoja sus singularidades “sin que su voz se diluya entre la del resto de organizaciones”.
Las principales reivindicaciones son:
Una clasificación profesional diferenciada acompañada de retribuciones justas.
Una regulación de la jubilación que permita el retiro voluntario anticipado y parcial sin merma económica.
Una regulación de la jornada con un máximo de 35 horas y reconocimiento de cualquier exceso como voluntario, pactado y retribuido de forma específica.
Garantías efectivas de descanso y conciliación que no vayan ligados a las ‘necesidades del servicio’ para cubrir la falta de profesionales que sufre el Sistema Nacional de Salud.
Pero también puede haber distintas reivindicaciones por Comunidad Autónoma puesto que las competencias sanitarias están ampliamente descentralizadas por lo que las huelgas no sólo se hacen en contra del Ministerio si no también contra las Consejerías o Departamentos de salud autonómicos. Al Departamento de Salud de la Generalitat de Catalunya y sus organismos, Instituto Catalán de Salud (ICS) y Servicio Catalán de Salud (CATSALUD), se les achaca por ejemplo que el deterioro de la sanidad pública «no se ha revertido» y que “la sobrecarga asistencial y la falta de recursos sigue situando a los profesionales al límite«.
En este punto doy fe. Por ejemplo, visita presencial al médico de familia a 23 días y sólo quedan dos huecos. Consulta domingo 10/05 16:15h tiempo de espera en mi hospital de referencia a unos 10 Km (46 minutos en transporte público, gente ha ido infartada desde del centro de atención primaria en autobús por no disponer de ambulancias, 15 minutos en coche):
Área médica: 4h
Cirugía: 2h 18
Traumatología: 1h 15
Oftalmología: 35 minutos
Pediatría: 1h 10 minutos
En pediatría hemos pasado más de 6 meses con una pediatra a jornada completa de baja que no se ha cubierto, quedando sólo una pediatra a media jornada para una población de unos 20.000 habitantes. Otro caso, tengo un familiar a la espera de una intervención cardiaca. Para que se hagan a la idea del retraso vs prioridad, hace un poco más de 6 meses el mismo cardiólogo se programó “con holgura” la visita para la revisión de cómo había ido la operación y avaluar sensaciones para el 20/10.
Otro más, fractura de brazo de un menor por caída en bicicleta en día festivo de principios de junio del 25. Se acude por proximidad, al centro de atención primaria bicicletas a cuestas. Con el brazo del menor sujeto con su otro brazo y magulladuras en piernas y cara, toque de atención al padre al presentar la tarjeta sanitaria con la app: “siempre os digo que cuando salgáis llevéis la tarjeta física”. El no llevar la tarjeta física obligó a la persona de servicio de atención a teclear el número de la misma en lugar de que el lector realizara la lectura del código de barras por qué “no lee el código de barras de la aplicación”. Sala de espera llena, sólo un asiento vacío que lo ocupó el menor lesionado. Tras casi dos horas de espera y sin visos de que se priorizara el caso abandonan el centro previo doble intento de un paciente de al lado (hombre mayor no acompañado con signos de deterioro cognitivo, de ahí el sitio libre) de tocar el brazo fracturado al chaval.
El sindicato médico de Catalunya añade adicionalmente a los motivos de convocatoria una serie de puntos “alcanzables en el marco de las competencias autonómicas que mejoren y dignifiquen indefectiblemente el ejercicio profesional de la medicina en el sistema sanitario catalán«. Ver artículo del 10/09/2025 en su web
El tema parece que puede ir para largo. Bajo mi punto de vista la sobrecarga del personal médico es evidente y los horarios de guardias a veces son salvajes por lo que confío en que se pueda llegar a un buen marco regulatorio para el bien de todos.
Por otro lado, hay varios puntos a los que doy vueltas y que no veo del todo claro. El primero de estos es que médicos y facultativos no vayan de la mano con el personal de enfermería. Lo puedo llegar a entender, aunque no me parece la mejor opción.
Otro punto que no acabo de ver claro es el desconocimiento generalizado de este conflicto. No sé si es exceso de información, desinterés o que los medios pasan de puntillas y escasamente ponen el foco más allá del día de la huelga.
Finalmente, no me queda claro que haya un plan ministerial o de los departamentos de sanidad autonómicos para mejorar la prestación de los servicios sanitarios, reducir listas y tiempos de espera en la sanidad pública. Algo hay pues el gasto público en sanidad no deja de crecer pero como veremos en la última gráfica no es homogéneo.
Y dentro de este gasto público en 2023 el 10,3% (10.023M€) se destinó a la colaboración público-privada, los conciertos. A pesar de ello 1 de cada 5 ciudadanos tiene seguro privado, 1 de cada 4 si se incluyen mutualidades de funcionarios.
Como se observa en el gráfico gráfica el número de asegurados no deja de crecer a pesar de que el número de mutualistas de funcionarios se va reduciendo. Como es lógico su protagonismo se acentúa. En los últimos 15 años ha pasado del 31,7% de intervenciones quirúrgicas al 41,6% y del 20,6% de urgencias al 33,6%.
Para finalizar un último gráfico que ilustra la estimación de gasto per cápita desagregado en público y privado.
Sería necesario analizarlo con mayor profundidad y tal cual se presenta puede llevar a múltiples interpretaciones entre la superpoblación, la despoblación, número de funcionarios mutualistas … Pero lo que es evidente es que hay distintos grupos de comunidades y que el rango de valores para cada dato es muy amplio, por lo que algo de estrategia autonómica es innegable.
Los episodios de incendios forestales sufridos en España durante el verano de 2025 han dejado alrededor de medio millón de hectáreas quemadas, según las estimaciones del sistema Copernicus / EFFIS (Programa vinculado la Unión Europea). Las Comunidades Autónomas más afectadas han sido Galicia y Castilla y León. Hay que remontarse hasta 1994 para encontrar cifras similares, hecho que debería suponer una enorme preocupación.
En el noroeste de la Península Ibérica, las primaveras lluviosas favorecen un crecimiento abundante de la vegetación, mientras que los veranos cada vez más cálidos, impulsados por el cambio climático, crean condiciones propicias para que esta masa vegetal acumulada se convierta en un combustible ideal. Además, la agricultura ha estado en declive durante décadas y el aprovechamiento forestal es limitado, lo que contribuye a la acumulación de material vegetal que aumenta el riesgo y la intensidad de los incendios forestales en estas regiones.
Los especialistas recomiendan implementar una política forestal que incluya diversas medidas preventivas enfocadas en la protección de la población, junto con la realización constante de quemas controladas durante el invierno. Estas acciones permitirían disminuir, de manera selectiva, la cantidad de material combustible disponible para cuando ocurra un incendio. No obstante, hasta ahora los avances en materia de prevención han sido limitados y se han centrado solo en algunas iniciativas aisladas. Las quemas controladas siguen siendo muy escasas y las áreas forestales bien cuidadas, mediante pastizales o desbroces, representan una porción muy reducida.
Un aspecto destacable es la absoluta incoherencia en el discurso de la derecha y de la extrema derecha sobre este asunto. Queda suficientemente claro que no se pueden minimizar (y menos negar) los efectos del cambio climático. También es paradójico que nos hablen de constantes bajadas de impuestos y ahora aparezcan pidiendo muchos más medios para la extinción. Por último, resulta chocante que durante la DANA de Valencia lanzaran el fake de los pantanos franquistas, y ahora olviden interesadamente que las políticas franquistas en Galicia impulsaron los monocultivos de especies altamente combustibles.
Respecto al impacto de los incendios forestales, el humo generado por los mismos contiene partículas finas (PM2.5) que representan un riesgo significativo para la salud, aumentando la mortalidad de la población. Un estudio reciente del Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal) demuestra que estas partículas derivadas de incendios tienen un efecto más nocivo que otras partículas, sugiriendo que la mortalidad atribuida al humo de incendios está subestimada en un 93%.
El análisis se basó en datos de mortalidad de 654 regiones en 32 países europeos entre 2004 y 2022, combinados con mediciones diarias de PM2.5 vinculadas o no a incendios forestales. Los resultados indicaron que, tras la exposición a mayores niveles de estas partículas, el riesgo de muerte aumentaba en la semana siguiente, con incrementos del 0,7% en mortalidad general, 1% en mortalidad respiratoria y 0,9% en mortalidad cardiovascular por cada microgramo adicional de PM2.5.
Durante el período estudiado, se estimó que la exposición a corto plazo a estas partículas causó un promedio anual de 535 muertes en Europa, una cifra mucho mayor que las estimaciones anteriores basadas en suposiciones genéricas. Este hallazgo subraya la importancia de considerar el origen específico de las partículas para evaluar correctamente su impacto en la salud pública.
En definitiva, los incendios forestales no son solo una emergencia ambiental, sino también una amenaza directa a la salud de millones de personas y el reflejo de una gestión forestal claramente insuficiente. Mientras se acumulan los datos científicos sobre su impacto y aumentan las hectáreas quemadas, seguimos sin una estrategia sólida y coordinada de prevención. Ignorar el cambio climático o seguir haciendo política con discursos contradictorios no hará desaparecer el problema. Hace falta voluntad, inversión sostenida y una visión a largo plazo que priorice la gestión activa del territorio y la protección de las personas.
La última semana ha estado repleta de noticias referidas a Palestina, aunque esta vez, por suerte, no tanto por las consecuencias de nuevos ataques israelíes -aunque los ha habido-, como por los efectos del viaje de la flotilla, la detención de los viajantes y por las numerosísimas manifestaciones habidas en diversas localidades españolas y extranjeras. Ha sido la semana en la que más claramente se ha notado el cambio de actitud de los sectores europeos menos derechizados y en la que mayor ha sido el grito de protesta sobre lo que sucede en Gaza.
Y no solamente. También se han ido desgranando diferentes cuestiones relacionadas con el plan de paz estadounidense que, cada vez más, se está convirtiendo en ese clavo ardiendo al que quiere agarrarse todo el mundo. Especialmente los que llegan tarde a denunciar el genocidio, pero sobre todo los que se han acomodado estos días en frases tan míticas como «no se debe mezclar política y deporte», «lo de la flotilla es una performance de activistas pijos» o, por supuesto, «en el momento que se producen actos violentos, los que protestan pierden la razón». Ahora que se dice que se pone en marcha el plan, les falta tiempo a estos últimos para decir al resto que se dejen estar de bobadas -se ve que los que dicen bobadas son los otros y no ellos- y lo de que vamos todos (y yo el primero) por la senda del plan de Trump.
Pues bueno, después de que hayan hecho falta varias decenas de miles de muertos y muchísimos edificios arrasados para que se hayan generado protestas de un nivel de indignación medianamente aceptable; después de que la defensa de los palestinos se haya aprovechado sin demasiado disimulo para obtener réditos políticos; y después de que los Estados Unidos de Trump se hayan puesto de perfil durante toda esta masacre, como también han estado haciendo por ejemplo en Ucrania, ahora nos llega un plan que va a ser la salvación de la Franja, la puerta de entrada al Estado palestino y una solución efectiva para arreglar todo lo desarreglado. ¡Qué bonita es la esperanza, pero cómo queman los clavos ardientes!
Lo primero que me viene a la mente cuando escucho estas cosas son los viejos hits, no tanto de The Beatles o Pink Floyd, sino más bien tipo la reconstrucción de Irak y la salvación de Afganistán. ¡Qué duda podría haber de la capacidad de Estados Unidos de reconstruir un territorio destruido y una sociedad arrasada por décadas de conflicto y una reciente masacre masiva televisada!
Alguien podría pensar que un multimillonario como Trump, con una amplia experiencia en rascacielos y pelotazos, podría montar allí algo como la costa valenciana, pero alguien que tuviera más memoria podría pensar que quizás sea más probable que algún sector y alguna fortuna o gran fortuna sean quienes verdaderamente se beneficien: que si el ladrillo, que si ciertas empresas de armas o de mercenarios, quién sabe…
En todo caso, lo que me parece a mí es, que en un momento en que Europa se encuentra fuera de juego del tablero global y en el que el gran presidente es un comediante que anuncia una cosa (por ejemplo, la paz en Ucrania) y sucede la contraria (por ejemplo, lluvia de drones), lo más lógico es que esto se convierta en una vía para que Israel acabe de alcanzar sus objetivos, en medio de alguna ficción televisada. Quizás ya no con tanta destrucción, sino con formas de ocupación más sutiles. O tal vez con la misma destrucción e igualmente en directo.
Respecto a Hamás, a quien se le requiere una rendición incondicional, no se pierdan el plan secreto: intentar untarlos con una parte significativa del negocio, para convertirlos en parte del poder económico de ese nuevo Dubái que alguno se imagina. Sin duda es previsible que esa gente tan centrada, pegada a la realidad y sin ningún tipo de ambición política, transija con todo y se dedique a vivir la vida loca a partir de ahora.
De todo esto a mí me sale una correlación de mitos, impotencias varias y tomaduras de pelo por doquier. Pero igual me equivoco y una nueva era de paz y prosperidad se abre para el conjunto de los palestinos. Tal y como está el mundo, ¿por qué no creerlo? ¿Qué puede salir mal?
Ríos de tinta siguen corriendo acerca del genocidio en Gaza. Nos seguimos llevando las manos a la cabeza, sin poder entender, que se permita que Israel, un Estado que nació para albergar a los sobrevivientes de la Shoa, sea capaz de matar a sangre fría al pueblo palestino.
¿Dónde está escrito que el hombre no repite las desgracias y errores? ¿Que mantener los antiguos campos de concentración harían que el ser humano aprendiese algo?
Hace unos meses, Michal Waldiger, representante ante la Knesset por el Partido de extrema derecha sionista, Mafdal, declaró vehementemente que esperaba que su hijo, soldado enviado a Gaza, matase a toda persona que se cruzase en su camino, incluidos niños. Si, esa mujer, madre de cinco hijos, abuela de otros tantos, deseó la muerte de niños, aduciendo, como si fueran basura, deshumanizandolos, que si no eran asesinados ahora, crecerían y buscarían venganza contra Israel.
Llamó “Nazi” a Hamas. Escucharlo provoca asco profundo contra un Partido y contra una sociedad que esté de acuerdo con semejante línea de pensamiento, o de ideas que salen del odio más cruel.
Siempre que pudieron, los más atroces actos de guerra se cometieron en nombre del sufrimiento pasado en manos de la Alemania Nazi. ¿Cómo es posible que el genocidio que comete el gobierno de Benjamín Netanyahu, sea permitido por sectores de su país?
En la misma línea se encuentra Eyal Mizrahi, Presidente del la Asociación de Amigos de Israel en Milán. Durante una emisión televisiva, este veterinario, también de extrema derecha, dijo que todos los gazaties debían ser eliminados, ya que su existencia era un peligro para Israel. Cuando fue cuestionado acerca de los asesinatos de niños, sin dudar un segundo, dijo, “defina niños”.
Ambos personajes niegan que se esté cometiendo un genocidio. Ambos insisten que se trata de una guerra defensiva. No importa que los gazaties mueran de hambre. Que los médicos tengan que amputar sin anestesia. Que padres y madres lloren con sus hijos muertos en brazos.
Terezin fue un campo de internamiento cerca de Praga donde fueron encerrados miles de niños. Parte de la exposición-recuerdo son los dibujos que criaturas indefensas realizaron como parte del testimonio de un oscuro pasado que ya se va diluyendo.
¿Habrá una súplica de perdón por parte de un líder de Israel hacía Palestina? ¿Habrá una condena total y un embargo general hacia Israel? En todo caso, el ser humano sigue sin aprender nada.
La flotilla que hace un mes salió desde Barcelona hacía Gaza fue interceptada en aguas internacionales. Israel y el Derecho Internacional no son amigos cuando el último va en contra de los intereses del primero. Ver las imágenes de soldados amenazantes ha sido, para quien tenga un ápice de vergüenza, la confirmación de que el llamado único Estado democrático en Medio Oriente es un Estado criminal.
A estas alturas corren miles de historias. Pero si es verdad que los soldados israelíes humillaron a Greta Thunberg, la golpearon y obligaron a besar la bandera de Israel, y Europa no hace nada, el mundo que dejamos es más aberrante que el de 1945.
El sábado, cuando me dijeron que Guillermo Fernández Vara había empeorado gravemente, no quise pensar en lo que podía pasar después. No conocí al expresidente de Extremadura personalmente, más allá de haber conversado brevemente con él en un par de ocasiones, pero sí conozco bien a personas que estaban muy en contacto con él. Y a nadie le escuché una mala palabra. Todos coinciden en que era tal y como parecía: modesto, agradecido, buena gente, conciliador, honrado hasta la exasperación y con vocación de servir a los demás.
Normalmente nadie se cree que alguien con esas cualidades personales pueda llegar a nada en política y menos a presidente de una comunidad autónoma.
Lamentablemente se ha puesto de moda hablar de la política como un gran juego de intrigas, donde se está por el poder por el poder. Sin embargo, muchos militantes socialistas describen su vida en el partido como participar de una segunda e inmensa familia. Y Fernández Vara, sin duda, vivió su vida de esa manera.
En el PSOE de Extremadura son pioneros en muchas cosas. Con Rodríguez Ibarra decidieron sacudirse los complejos existentes sobre su tierra y convertir la educación pública, la sanidad y los servicios en algo universal y al alcance de toda la ciudadanía. Y hoy en día en Las Hurdes disponen de mejor conexión de fibra óptica que en muchos barrios de Madrid.
Con Fernández Vara pasaron a tener fábricas de chips y empresas de ingeniería donde mucha gente solo imagina dehesas o pueblos con una sola calle.
Cuando el PSOE perdió la presidencia de la Junta de Extremadura por primera vez, Guillermo, como le llamaba casi todo el mundo, se lo tomó como una cura de humildad. No buscó las culpas en terceros, aunque era muy fácil contar los diputados regionales y ver que José Antonio Monago fue presidente gracias al ansia de protagonismo del representante extremeño de Izquierda Unida. En aquel momento Fernández Vara valoró volver a su plaza de médico forense en el Instituto de Medicina Legal de Badajoz, pero le tuvieron que convencer para que se quedara y ayudase a mantener a su federación unida y ayudar a transitar el periodo en la oposición. Durante todo ese tiempo, siguiendo la dirección marcada por su predecesor, Fernández Vara, se encargó de seguir modernizando al partido también.
El PSOE extremeño es de las primeras federaciones del PSOE en usar Internet para funcionar y para comunicarse. Y lo ha sabido hacer evitando las payasadas en TikTok o la inundación de publicaciones clónicas, que rayaban en la vergüenza ajena, como pasaba con el equipo de redes de Susana Díaz. En Extremadura se planteó y se usa para ser una extensión de la política que se quería ejercer: directa, sincera, honrada y sin golpes de efecto baratos o “zascas”.
A Guillermo le ha alcanzado prematuramente el fin que nos espera a todos, pero tengo fe en que en su manera de ser perdure y en que la política que practicó tampoco desaparezca.
Lleva mi amigo una mala temporada, aunque si le preguntas qué tal, te dirá que bien. Y no te miente, en ese momento lo está, incluso pueda dar muestras de buen humor. Pero a ratos debería reconocer que no. Demasiado estrés en el trabajo y por asuntos domésticos o familiares, o quizás por el carácter, o quizás demasiadas cosas a la vez.
Le debería quedar claro que lo del día de vacaciones de semana santa no fue normal. Fue el pete. El cuerpo avisa a su manera. Justo de vacaciones, en un momento de relax, un pinchazo en el lado derecho, malestar, sudor y pérdida del conocimiento. Estando en una masía entre Sant Sadurní d’Anoia y Vilafranca, las ambulancias no tardaron nada. Un pasote por lo visto, revisión in situ, no clara la situación del todo, nervios familiares y se lo llevaron al hospital de Vilafranca. Se descartó algo del corazón, dejada pautada una aspirina marca blanca, como un señor mayor, hasta que lo viese su doctora de cabecera.
Costó algunos días ver a la doctora, le pilló el apagón allí, por cierto. Todo parecía indicar que fue un ataque de ansiedad. Tenía un orzuelo que pensó podía ser también de lo mismo, pero no, para eso una pomada que sí le funcionó. La doctora sí que tuvo claro lo de las costras en el pelo, claramente por los nervios, como la costra del lactante. Al no querer medicación, yo también creo que con buen criterio, el apoyo psicológico disponible fueron unas sesiones de apoyo para la gestión de la ansiedad. Previo a ello, le soltó una chapa importante a la psicóloga que llevaría el grupo, se ganó el jornal. Hablar es una primera medicina.
Por lo que me explicó sobre el grupo, no mucho por los límites de la intimidad y confidencialidad comprometidas, hay ciertamente gente con problemas, muchas veces vinculados al trabajo y a otras situaciones complicadas. No todo es mental, otros problemas más que psicológicos son laborales o sociales. Otras veces sí que le pareció intrínseco. A él le ayudó, por lo menos la hora y media semana era un momento de hablar y estar allí, y algunos aprendizajes ha sacado. Atender a las señales, tácticas para distraerse de los malos pensamientos, que se puede pasar de hiperactividad a la apatía, problemas de sueño…
Luego ha ido sobrellevando situaciones, laborales, alguna situación quirúrgica familiar, pero que le hacen estar bastante pendiente de los asuntos domésticos. Y en el trabajo demasiadas cosas o dispersas. Dormir mal.
La última semana antes de vacaciones por lo visto fue bastante loca, cuando empieza a faltar gente, se quiere responder a los clientes y no se puede llegar a todo y además está el proyecto en el que está. EL PROYECTO complicado se mire como se mire. Así que se plantó otra vez con otra crisis en medio de la montaña asturiana los primeros días de vacaciones, esta vez sí con esfuerzo real, pero con matices la misma situación. Por lo menos comunicó a la familia que le acompañaba que era crisis como la otra vez, que calma, un cansancio raro, malestar, sudores… Aplicó alguna cosa del grupo de gestión y no perdió el conocimiento. Recuperado, alguna broma y vacaciones bien.
Ahora intenta ponerse STOPs pero no le es siempre fácil, la semana pasada gritaba en conversaciones, on-line, alguno pensaría que estaría hablando con algún jefe de TEMU y no tenía su tablet. Pero de alguna forma tiene que mantener la calma y relativizar. Y ligar cabos para notar cuando el cuerpo le pide parar.
Le sorprende de las crisis, los momentos puntuales de bloqueo, el no dormir, perder los nervios, despertarse con sensación de problemas o falsos problemas; que no es algo inmediato a lo que le causa el malestar. Es como que se quede larvado y luego deba deducir qué fue. Que se le hagan muy cuesta arriba cosas que le gustaban, que se conviertan en una especie de obligación. Cómo escribir de política que no es que fuese fácil, pero que ahora le pueden bloquear. O ir a comprar. No quiere consejos ni pastillas, solo relativizar y dejar rémoras de responsabilidad. Y va ligando cabos, no de ahora, si no de siempre.
El presidente de la CEOE, Antonio Garamendi, se quejaba la pasada semana de que la fuerza laboral española está perdiendo el concepto de la “cultura del esfuerzo” y criticaba los intentos de reducción de la jornada laboral poniendo como ejemplo al tenista Carlos Alcaraz. «¿Tú crees que Alcaraz trabaja 37 horas y media a la semana?», se preguntaba el exempresario vasco. Digo exempresario porque Garamendi es el primer presidente en la historia de la CEOE que tiene nómina, esto es: que trabaja por cuenta ajena, cobrando una nómina de 400.000 euros anuales.
Hay que reconocer a Garamendi su apuesta por la cultura del esfuerzo. Fue seguramente su esfuerzo el que le llevó a trabajar en las empresas fundadas por su abuelo y en las participadas por su padre. Su esfuerzo es el que también le sentó en los mismos puestos en los consejos de administración de Tubos Reunidos o de Aldecoa en los que antes se sentaba su padre.
Su esfuerzo le llevó a perder contra Juan Rosell por la presidencia de la CEOE y su esfuerzo le hizo aguantar todos los mandatos de Rosell, hasta que este dejó de ser presidente y Garamendi pudo presentarse como candidato único.
Seguramente su compromiso con la cultura del esfuerzo le llevó a alejarse de la actividad empresarial desde joven para dedicarse casi en exclusiva a las organizaciones empresariales.
No me atrevería a especular acerca de las horas semanales que Garamendi ha dedicado a su trabajo. Aunque imagino que en la CEOE no trabajará más de las 40 horas semanales, porque lo contrario sería contrario a la ley. Y no digo esto a la ligera: cuando me ha tocado escribir acerca de las horas extras no pagadas (que oscilan entre 7 y 8 millones semanales en España), desde la CEOE siempre se me ha negado su existencia, dado que estas son ilegales.
Es por todo ello por lo que entiendo que Garamendi pusiera de ejemplo a Carlos Alcaraz y no a sí mismo, dado que, como una gran mayoría de españoles, tampoco parece alcanzar los ideales de sufrimiento y esfuerzo asociados al deporte de élite.
Lo malo (y supongo que Garamendi desconocía esto), es que Carlos Alcaraz entrena unas 30 horas semanales, excepto cuando hay torneos; en los que su régimen de entrenamientos puede alcanzar las 40 horas semanales. Lo mismo ocurre con Paula Badosa, que sigue un programa parecido. Y Rafael Nadal entrenaba 4 horas diarias durante 210 días al año. Mientras que un trabajador o trabajadora de España trabaja 8 horas al día durante 261 días al año si no hace horas extra, pagadas o impagadas.
Es posible que, como afirma Garamendi, se esté perdiendo la cultura del esfuerzo. Sobre todo la del esfuerzo de echar cuentas acerca del trabajo ajeno antes de ponerse a criticarlo.