Julio Embid
Quienes me conocen saben que, entre otras aficiones, cuando llego a casa, después de cenar, me gusta ponerme a pintar miniaturas. Saco los espráis, agito, imprimo, dejo que se seque. Saco los pinceles y empiezo a embadurnar de colores y tintas la miniatura ya sea un enano de fantasía, un soldado del futuro, una tribu de celtíberos o un carro blindado de la Legión. Cuando acabo, la coloco en una vitrina y a por la siguiente. Y durante ese rato pintando me olvido de mi trabajo, de mi familia, de mis amigos, de la política, de las candidaturas del PSOE y hasta del día que es. Sigue leyendo