Juanjo Cáceres
A lo largo de los últimos meses se han sucedido los abandonos de la red social X por parte de todo tipo de personas -entre las que me cuento-, entidades, universidades y, lo que es más llamativo, medios de comunicación tanto tradicionales (La Vanguardia, The Guardian…), como de nuestro tiempo (hace unos días, El Mundo Today). El convencimiento de que esa red segrega sus flujos de tuits, favoreciendo determinados contenidos en detrimento de otros, ha generado un movimiento sistémico, que sin ser de gran calado, porque son muchos los que siguen ahí, sí que es bastante significativo.
Sin embargo, persisten las críticas hacia los que han elegido ese camino por parte de muchos de los que allí se mantienen. Sin ir más lejos, la semana pasada Antonio Maestre lanzaba una de sus diatribas contra Sumar, por haber renunciado a realizar más publicaciones en esa red. Es relevante señalar que, en su texto, entre otras cosas, hacía una defensa a ultranza de la resistencia desde cualquier trinchera, calificaba de derrota dicha decisión y argumentaba que esto solo se podía entender desde la incapacidad de aquella organización de ser influyente en dicha red. No cabe duda que parte del argumentario de Maestre conecta con la noción firmemente asentada durante esta última década y media de que tener presencia en redes es fundamental para el porvenir de uno mismo, pero también si se quiere influir sobre la sociedad. Lo que ocurre es que 15 años dan para mucho y si bien algunas profecías se han cumplido, no son pocas también las pesadillas que han generado. Sigue leyendo