Arthur Mulligan
Da lo mismo quienes se dirijan al gran público en nombre de la izquierda, las izquierdas, los progresistas, los cansinos antifascistas, el pueblo o la coalición de tierras regionales unificadas, porque los hechos son maleables como la arcilla de su moral de categoría superior a cualquier otra que se le oponga. Una moral de acero, sin subterfugios liberales que oculten fines espurios como la resistencia al advenimiento de aquella “aurora de la humanidad” defendida por Stalin mediante hambrunas genocidas en Ucrania, colectivizaciones forzosas y otras atrocidades esclavas de la consigna del momento.
Esta ceguera, esta niebla antropológica protectora de las más profundas convicciones es común a los delirios de haber alcanzado la plenitud de los tiempos, la creación del hombre nuevo, atronando la razón en marcha pero siempre mediante un baño de sangre. Da lo mismo la fortaleza de las fuentes, la teleología mecánica de la historia o la propensión a la irrealidad animista porque el núcleo coriáceo de la fe y su trasferencia de sacralidad militante congelan por largos periodos las facultades cognitivas que nos informan del mundo exterior.
Algo así ha debido de suceder después de las elecciones autonómicas en Aragón que han arrojado los resultados previstos por las casas de encuestas en medio de insistentes imágenes de colas de inmigrantes ante sus consulados para acudir al inminente proceso de regularización extraordinaria para integrar a personas extranjeras que ya se encuentren en España, lo que les permitirá incorporarse legalmente al empleo, dejando atrás la economía informal y accediendo a contratos con plenas garantías.
Tal vez, en esta ocasión, el gobierno ha podido calcular que una medida así debería producir una fragmentación dentro del bloque de derechas ganador según todas las encuestas en donde el partido más duro, Vox, capta voto emocional o identitario y el partido conservador tradicional pierde centralidad. A su vez podría aliviar la desmovilización de su propio campo reactivando a su base más ideologizada. El caso es que Vox ha duplicado su presencia y según la candidata del PSOE la culpa del ascenso de Vox es del PP, algo muy difícil de aceptar
También sucede que coincide con que se invierte el éxito de Podemos por el de VOX y aunque no son el mismo electorado se puede homologar su pasión por la protesta en torno a cuestiones marginales y otras que no lo son tanto, comunes con otros colectivos como las dificultades en torno a la vivienda, el encadenamiento de trabajos inestables y la perspectiva de un futuro con pocas esperanzas.
En medio de las variadas tribulaciones que le afligen, Sánchez se queda sin los famosos caladeros de voto de reserva y se intensifica la tentación acuciante de intentar embarrar el campo de juego acentuando la polarización, comparando situaciones disímiles en contextos dispares y con distintos protagonistas, despreciando sus frenos anteriores para la coherencia de su política de alianzas y denunciando el impulso de la oposición para la alternancia.
No es ocioso traer a colación el espléndido artículo de Eva Poptcheva «Retorno o regularización» aparecido el 2 de Febrero en el que sostiene que la regularización extraordinaria de medio millón de personas en España choca con el marco jurídico y político de la UE, donde la regla general para la migración irregular es el retorno y no la regularización masiva. La autora recuerda que, al ser las fronteras españolas también fronteras Schengen, España tiene responsabilidades no solo internas sino frente al resto de Estados miembros y su confianza mutua en materia migratoria. (…)
«A juicio de Poptcheva, decisiones unilaterales como una regularización masiva pueden minar la coherencia del sistema europeo, dañar la confianza entre Estados y alimentar la percepción de que se “premia” la entrada irregular, poniendo en riesgo el frágil equilibrio entre solidaridad y responsabilidad sobre el que descansa la política migratoria de la UE».
De modo que la despreocupada y ensayada respuesta de la Ejecutiva socialista a los resultados de las elecciones en Aragón pertenece a la lógica interna de una situación que de derrota en derrota se cronifica y hace partícipe del desorden a la única oposición que importa.
Fracasado simbólicamente el año de “España en Libertad” con un presupuesto de unos 30 MM del 40 % del cual es propaganda, este gobierno de activistas aparece agotado y sin rumbo, cebando el rencor y refundando coaliciones y egos como cangrejos que se saludan en lo oscuro de un saco atentos a las pinzas y con Pedro repartiendo carnaza.
Citaba el otro día Arturo Pérez-Reverte una advertencia de Hannah Arendt al analizar los mecanismos del pensamiento totalitario: “el mayor peligro es la destrucción del espacio común donde las cosas pueden discutirse. En este ámbito, la paradoja resulta evidente: quienes se autoproclaman herederos y paladines de la verdadera democracia, reproducen mecanismos profundamente autoritarios: no consienten la discrepancia, desconfían de la libertad intelectual y consideran legítimo silenciar al adversario. También en el extremo opuesto del paisaje político, donde soplan aires dictatoriales de otro signo, aspiran a lo mismo: unos apelan al orden y la tradición, otros a una intocable superioridad moral. Y la censura que ambos ejercen -todavía ejercida más ruidosamente por la izquierda, pero den ustedes tiempo al tiempo- es eficaz porque no necesita justificarse. No argumenta, sino que señala; no persuade, sino que estigmatiza. Y una vez estigmatizado el interlocutor, su palabra queda automáticamente deslegitimada. El debate muere antes de empezar.”
Época amarga para nuestro país con un puñado de figurantes distanciados e incoherentes, sin presupuestos, orgullosos vendedores de contradicciones.