Carlos Hidalgo
Escribo esto poco después de que Trump, en una de sus cada vez más desquiciadas pataletas, haya escrito a los iraníes diciendo “¡Abrid el estrecho, locos cabrones!” y luego, en otro de sus cambios de humor, afirmase que el régimen de los ayatolás estaba dispuesto a negociar alguna clase de acuerdo que sabríamos hoy mismo. Lo cual, me atrevo a predecir, será otro de los delirantes embustes a los que nos tiene acostumbrados el promotor inmobiliario de Queens.
Lo que se veía como una operación puntual para desestabilizar a Irán, más a conveniencia de Netanyahu que de Trump, se está convirtiendo en un conflicto bélico, cada vez más embarrado. Israel está aprovechando para hacerse con el Líbano mientras los Estados Unidos bombardean fútilmente a Irán que, mientras tanto, mantiene cerrado el Estrecho de Ormuz, por donde debería estar pasando alrededor de un tercio de las reservas mundiales de petróleo. Los barcos que partieron antes de la guerra ya están llegando a sus destinos y si este bloqueo no se resuelve, los precios de la energía, la escasez de combustible, de fertilizantes y de derivados del petróleo van a empezar a permear a toda la economía mundial.
Pero es que, además, en la economía que el propio Trump ha promovido de manera agresiva, volviendo a los combustibles fósiles y creando una burbuja de sobrecapitalización de la inteligencia artificial, es enormemente frágil en este momento. La parte de los combustibles fósiles ya se ve que empieza a venirse abajo cada día que el estrecho está cerrado. Y la parte de la sobrecapitalización de la IA depende en gran medida de que los mercados mundiales se mantengan al alza, algo que también parece cada vez más improbable si el conflicto continúa. Ahora mismo las bolsas se mantienen en la irracional creencia de que las cosas no están tan mal como parecen y que habrá una solución más pronto que tarde.
Lo peor es que la volatilidad de Trump, la imprudencia de Netanyahu y la posición de Irán, que sabe que tiene al mundo entero en un puño, hacen que la salida de este conflicto no parezca posible a corto plazo. Primero, porque diplomáticamente se han volado todos los puentes, entre otras cosas porque las bombas estadounidenses e israelíes han matado a todos los posibles interlocutores, al menos a los conocidos.
Luego, Trump no tiene voluntad real de negociar. Ya traicionó a los iraníes haciéndoles creer que negociaba cuando en realidad se estaba preparando para bombardearles. Y ve cualquier salida del conflicto que no pase por una humillación pública de los iraníes como una derrota. Y para seguir manteniendo su actitud y su orgullo de macho no va a tener reparos en agotar los recursos militares y económicos de su país, en cometer crímenes de guerra y en condenar al mundo entero a otra crisis, si eso sirve para contentar a su ego.
Israel no va a detenerse porque mientras los estadounidenses están prendiendo en llamas al mundo, los ultranacionalistas pueden seguir llevando a cabo su programa máximo de “expansión defensiva” y Netanyahu aleja de sí los múltiples juicios por corrupción que tiene pendientes.
E Irán seguirá bajo un régimen tiránico que no tiene problemas en masacrar a su población, como tampoco en chantajear al resto del mundo.