Maldito día de San Ignacio

 Alberto Penadés

Según el barómetro de junio del CIS el 40% de los españoles «nunca» (21%) o “casi nunca” lee un libro. La mayoría de estos dicen que simplemente no les interesa.  Quienes sí leen, más de la mitad lo hace por gusto (menos mal), un diez por cierto a la fuerza (estudio o trabajo) y el resto por motivos que se asocian con mejorar su mobiliario interior (información, cultura, etc.). Un decente ritmo de lectura (nueve o más libros por año) lo mantiene el 1,5% de la población. 

Por si tienen curiosidad, los que más leen son los de IU (casi la mitad dice leer a diario) seguidos de los votantes nacionalistas. En general, más a la izquierda, más se lee (hay unos cuatro lectores de izquierdas por cada tres de derechas), aunque el efecto es notable sobre todo en los extremos. Y los que más leen son, con diferencia, la gente que afirma tener menos tiempo libre en la vida. Dos tópicos confirmados.  Sigue leyendo

Preguntas sobre los impuestos de los ricos

Alberto Penadés 

He intentado saber cuántos impuestos pagan los ricos. No digo que la pregunta tenga una respuesta fácil, pero cuando algo se vuelve mecha del debate público debería haber modo de que el ciudadano medio se formara una idea de lo que estamos hablando. No he conseguido saberlo, y admito cierta molestia, pero tengo algunas preguntas sobre lo que me ha parecido entender.

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Plaza de Bilbao, Madrid

Alberto Penadés 

Hoy vuelvo a mi afición por el callejero, pues me parece un buen día para pedir que una plaza de Madrid recupere por fin su nombre, olvidado por unos y otros. Los hunos y los otros, decía Unamuno, que se inspiró para su primera novela (Paz en la guerra) precisamente en el sitio carlista, y defensa “liberal”, al que la plaza rendía homenaje. (No confundir con la “glorieta” del mismo nombre, que suena a señora con moño).

 

Como muchas plazas cuadradas de la ciudad, abiertas la mayoría por José I (rey “plazuelas” antes que “botella”), fue solar de un convento, los Capuchinos de la Paciencia, que es un nombre dulce. Estuvo ocupada desde 1837 por unos jardines, rodeados de verja, de mucha fama en el siglo antepasado. Está cercada por otras calles de nombre “guiri” (según el DRAE, de guiristino, deformación vascoparlante de cristino), la propia Calle de la Reina, para empezar y, por supuesto, la Calle de la Libertad. A pocos metros vivió Victor Hugo, que también tiene calle.

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Os recibimos con alegría

 Alberto Penadés

Si en algo podían ponerse de acuerdo, en España, un voluntario de la división azul y un estalinista era para escribir un guión (maravilloso) que pusiera en solfa a los “americanos”  y a su manco plan Marshall para España. En toda Europa, y con bastante menos gracia, se diría que el antiamericanismo es el lenguaje en el que todos los intelectuales se entienden. Y mucha gente normal y corriente,  no sé si como reflejo, oscila entre el desprecio y la hostilidad. En todos los planos, desde lo cultural a lo político.

 

 En un interesante ensayo aparecido en Public Interest, James Ceaser hace una “Genealogía del antiamericanismo” reseñando algunos de los hitos fundamentales de este producto intelectual europeo. Resulta especialmente iluminador su muestrario de citas de autores alemanes, incluyendo poetas, filósofos y, naturalmente, teóricos del III Reich. Es interesante observar cómo, mucho antes de la explosión de la cultura popular americana, Nietzsche ya podía desdeñarla con el tono con el que hoy hablamos del rap o las hamburguesas. Heidegger fue uno de los más furiosos y, a su modo, políticamente consecuentes. El filósofo nazi dejó dicho que “el americanismo es una variante del bolchevismo”, y  advirtió que se proponía “la destrucción de Europa”. Americanismo es culto a la mediocridad, a la tecnología, es ausencia de alma, es cristianismo de clase media, es insensibilidad a la historia (al menos, el marxismo tenía eso), le hace a uno avergonzarse de pertenecer a una nación de poetas, es consumismo (“hoy, ser es ser reemplazable”) es…

 

 

Por si creen que esto ya mueve a risa o es patrimonio de la derecha, lean la “Defensa del antiamericanismo” del progresista filósofo Augusto Klappenbach (Público 9/2/09), con sus paridas sobre la supuesta concepción protestante del progreso material, su alegato contra el individualismo, y hasta sus resabios heideggerianos (un nuevo presidente, dice, no cambia el modo de “estar en el mundo” de un país).

 

No soy capaz de discutir aquí la conexión entre el antiamericanismo y la izquierda. Sí diré que, si bien ser anti-imperialista (supongo que yo también lo soy) puede haber sido un fundamento adecuado para oponerse a cierta política exterior de EEUU, el persistente antiamericanismo de la izquierda me parece herencia indirecta de ese gran e inexplicable logro educativo del estalinismo que fue enseñarnos a mirar sólo a un lado. Lubricado por nuestro engreimiento acerca de la superioridad de las sociedades europeas en varias dimensiones positivas, como la solidaridad, la protección social y, con todo, el refinamiento. (No es que no sea así, es que eso no tiene por qué conducirle a uno a ser antiamericano)

 

Entre los países europeos, lo dicen las encuestas, España es uno de los más “antiamericanos” (sólo Turquía lo es mucho más). Francia también lo es, lo ha sido siempre, y de nada parecen haber servido los cientos de miles de jóvenes estadounidenses que dieron su vida para liberar el país. Se diría que España tiene sus razones, especialmente por el apoyo a la dictadura de Franco. Pero hasta eso habría que repensarlo un poco, ¿habría sido el franquismo un régimen mejor, o más breve? Quién lo sabe, fíjense en Cuba. A mi me produce bascas la foto (algunos dicen que fotomontaje) de Franco en brazos de “Ike”, pero también por entonces comenzó el programa Fulbright (1958) que es el tercero en importancia en el mundo (tras Alemania y Japón). Echando un vistazo a las universidades españolas, se diría que nos cunde poco. Pero me pregunto cómo habría sido sin ello. En algunas disciplinas (no por casualidad, la economía), una saludable conexión intelectual con las universidades americanas comenzó entonces. En otro orden de cosas, por ejemplo, alguien debería estudiar el papel de la presencia miliar americana en España en los primeros pasos hacia la aparición de altos mandos del ejército verdaderamente profesionales.  Y, en general, ese consumismo que tanto molestaba a Heidegger, solo podía tener un efecto liberador en la España de los catecismos. Los EEUU tal vez alargaron la vida del franquismo, como lo hicieron otros contra los que no nos revolvemos, pero posiblemente también acortaron la vida de su versión más fascista. El mal era Franco, no América. (Como el mal es Gadaffi, y no España, y así cientos de ejemplos).

 

Europa va a enviar 5000 soldados a Afganistán. La prensa americana lamenta lo exiguo de la cifra y el hecho de que la mayoría de las tropas (como los 450 españoles) no van a combatir sino a cumplir una misión limitada: proteger las elecciones y vuelta a casa. A mí me parece que tienen razón para lamentarse, pues si concordamos en que la guerra de Afganistán es importante para el mundo, tenemos que hacer nuestra parte. Y si no es así, entonces qué hacemos allí. El gobierno afrontó las pasadas elecciones europeas retirando las tropas de Irak (demos gracias) y en cierta clave que podría ser “anti-Bush” pero también antiamericana. Le valió el voto de la izquierda y revalidar su victoria en las generales. A mí me gustaría que afrontara las siguientes elecciones con un refuerzo importante de la colaboración militar con EEUU y los demás aliados en Afganistán. Así me convencería, entre otras cosas, de que el problema sólo era Bush.

 

Se es anti-Bush como se es anti-Aznar y otras muchas cosas pero no se es antiamericano. Personalmente, creo que la Revolución Americana, la menos revolucionaria de todas, es la única que sigue realmente en pie y avanzando. Al menos eso sentí en noviembre.

Algunos bailes de escaños

Alberto Penadés

 

Se dice que las urnas han hablado, antropomorfizando un poco a esas cajas (por cierto que designamos así a los buzones transparentes porque urnas eran hace poco más de cien años: opacas vasijas con asas). Lo que todavía es a veces más inquietante, se dice que los electores han pronunciado un “claro” mensaje (de cambio, de continuidad… eso lo dice normalmente el que se siente ganador). Sólo les distraeré un minuto para mirar algunas claves interesantes del mensaje.

 

De cuál habría sido la caída del voto violento si hubiera tenido lista legal a la que dirigirse no sabemos mucho, así que mejor no hacerse ilusiones; y lo demás cambia poco, precisamente, en la clave de lectura que ahora se resalta. En el País Vasco la suma del voto “constitucionalista” es casi la misma que hace cuatro años (ha pasado del 27,2 al 27% del electorado), aunque con una distribución interna mucho más favorable al PSE que antes. El voto “nacionalista no violento” (incluyendo las cenizas de EB) ha caído del 31,2 al 30% de los electores vascos, lo que tampoco es mucho (de nuevo, con mucha mejor distribución para el PNV). El voto “nacionalista violento” ha caído algo más notablemente: del 8,4 al 5,5% de los censados, contando, aproximadamente, al 96% de los nulos como batasunos (una estimación basada en las elecciones pasadas). Unos y otros parecen haberse ido a la abstención.

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La suerte moral y el juicio histórico, o más sobre la guerra civil y la responsabilidad

 Alberto Penadés  

 

La moral es una cuestión difícil, bien lo saben los filósofos. Que me perdonen éstos si saco de la memoria de mis años de estudiante un problema que me interesa para complicar un poco la cuestión de los juicios históricos, morales y jurídicos.

 

Se trata de la fortuna o suerte moral. La manera en la que la suerte interviene en el juicio moral  puede pensarse de dos modos. De una parte, existen acontecimientos más o menos fortuitos o arbitrarios que pueden determinar el valor moral del carácter de una persona, u orientar sus decisiones de manera que nos haga juzgarlas de uno u otro modo. A veces pensamos cosas como “qué habría hecho yo en caso de haberme encontrado en cierta situación terrible que ahora juzgo moralmente, cuando mi ausencia puede que haya sido arbitraria”. A los filósofos les gusta figurarse ejemplos como el de un nazi destinado a hacer carrera pero que decide emigrar a Sudamérica por motivos personales en 1933 (el ejemplo, creo recordar, es de Thomas Nagel). De otra parte, en un sentido más profundo, los juicios morales sobre actos individuales parece que dependen un poco de juicios, como si dijésemos, morales, sobre la vida de un individuo, su integridad, su lugar en el mundo… Y la conexión entre unos y otros puede ser fortuita, al menos en el sentido de imprevisible. Me explicaré. Según recuerdo, Bernard Williams plantea  lo que podemos llamar el problema de Gauguin: éste abandona su casa, dejando mujer e hijos en la pobreza, y se embarca hacia Tahití; allí se convierte en un maestro de la pintura. ¿Y si hubiera fracasado? Nótese que aquí el problema no es que podría haberse roto un brazo o ahogado en el mar, sino que el proyecto de convertirse en un pintor, de hacer prevalecer el genio, triunfar sobre las limitaciones propias e impuestas, mantener la inspiración, darse a conocer y ser reconocido, es algo cuyo fin estaba indeterminado, sin que por ello deje de ser responsable el autor. Si hubiera fracasado sería un borracho que abandonó a sus hijos, al llegar a ser Gauguin entendemos que había un motivo para hacerlo; nunca habría sido Gauguin sin el viaje a Tahití.

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La guerra civil, las responsabilidades individuales y una calle para Melchor Rodríguez

Alberto Penadés

 

Los fascistas no hicieron demasiados esfuerzos por ocultar sus crímenes, salvo tal vez en el caso de Gernika. Cuando al general Yagüe, que tiene calle en Madrid, le preguntó un periodista si era cierto que había fusilado a dos mil personas en Badajoz espetó un “no habrán sido tantos”. Incluso hay fotografías de las hileras de cadáveres. Y es al menos verosímil que Franco subrayara en público que no se detendría ante nada al ser preguntado si no habría que fusilar a media España para poder cumplir sus planes: “he dicho ante nada”.

 

Otros no han sido tan francos. Muchos de quienes se adhirieron al movimiento comunista internacional, supongo que la inmensa mayoría, necesitaban poder negar sus crímenes, en España como en la URSS. Así, lo más frecuente es que los asesinatos cometidos en la retaguardia republicana, además de combinarse con acusaciones pseudo-justificatorias que no se detienen ante el ridículo,  se atribuyan sobre todo a los anarquistas o a turbas incontroladas.  De todo eso hubo, naturalmente, pero también escuadrones de la muerte tan bien organizados como cabe esperarse, y con vínculos de obediencia con organizaciones políticas tan disciplinadas como el partido comunista. El ejemplo más extremo son las matanzas de Paracuellos.

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La lengua propia, la lengua común, el Libro del Génesis y el Milagro de Pentecostés

Alberto Penadés

Me gustaría compartir con ustedes algo de la Historia Sagrada que he estado leyendo. Los capítulos 10 y 11 del Génesis contienen versiones contradictorias, y narrativamente incoherentes, sobre el origen de la diversidad de lenguas: un fenómeno natural (las lenguas propias) o una maldición (la ruptura de la lengua común). De otro lado, en los Hechos de los Apóstoles, se remedia en parte la diversidad permitiendo milagrosamente que los elegidos puedan hacerse entender por cualquiera.

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