La fiesta y la humillación: The Paris Wife de Paula McLain

Frans van den Broek 

Ciertas actividades sociales, como la de los clubes de lectores, nos obligan a veces a visitar obras que de otra manera no tocaríamos. Este fue mi caso con la novela que comento, en la que la novelista Paula McLain ficcionaliza la relación de Ernest Hemingway con su primera esposa, Hadley Richardson. Decidirse a hacer algo así ya requiere de cierto nervio editorial y narrativo, pues sobre Hemingway se han escrito miles de páginas y la propia Hadley contó los hechos en sus memorias. Me imagino que con esta obra se ha buscado interesar al lector femenino, mayoritario hoy en día, en la vida de quien es considerado en general como un epítome del escritor masculino y corajudo.

Sigue leyendo

Teodicea audiovisual: ‘The Tree of Life’

Frans van den Broek

 El director Terrence Malick es considerado uno de los mejores cineastas en activo y quien haya visto cualquiera de sus películas estará obligado sino a refrendar, al menos a respetar dicho juicio. Quizá su obra más conocida para el público actual sea The Thin Red Line, la anterior a esta última que comentamos, que narra los destinos de unos cuantos participantes americanos en la batalla de Guadalcanal durante la segunda guerra mundial, pero es antes que una película de guerra una meditación poética sobre la condición humana, algo que consigue sin innecesarias afectaciones y con un lenguaje audiovisual extraordinario. La película oscila entre los hechos narrativos correspondientes con la historia conocida de la guerra (entresacados de la novela de James Jones en la que se inspira) y la subjetividad de sus personajes, construyendo un mosaico de impresiones que la convierten en una de las mejores películas de guerra hechas hasta el momento.

Sigue leyendo

¿Sálvese quien pueda?

Frans van den Broek

Al momento de escribir estas líneas el militar retirado Ollanta Humala habría ganado las elecciones peruanas del último domingo. Da igual, sin embargo, el título de esta nota hubiera sido el mismo de haber ganado el otro candidato a la segunda vuelta, Keiko Fujimori, pues el electorado peruano y su clase política consiguieron situar al país en la memorable situación de tener que escoger entre la sartén o el agua hirviendo. No es que las otras opciones fueran baño de rosas o miel sobre almendras, pues el panorama político de Perú se ha modificado tanto en las últimas décadas que los partidos tradicionales, esto es, aquellos equiparables con alternativas políticas más o menos reconocibles en el espectro político de la mayoría de las democracias mundiales, han debido dejar su lugar a movimientos o personalidades de carácter más improvisatorio y coyuntural. Con todas sus imperfecciones, había, empero, mejores opciones que las que llegaron a la segunda vuelta. Pero no, al electorado peruano le encanta de vez en cuando aupar a figuras insulares, carismáticas, caudillistas o aprovechadas. ¿Cómo es posible si no que debimos escoger entre un militarote de poco fiar y la hija de un presidente preso (presidente, no se olvide, escogido sin fraude o trampa por el mismo electorado peruano por sobre la personalidad de nadie menos que Vargas Llosa)?

Sigue leyendo

De tinieblas y tigres blancos

Frans van den Broek

En la excelente primera novela del autor Indio Aravind Adiga, una larga carta al premier chino antes de su visita a la India, el personaje principal le cuenta la historia de cómo llegó a hacerse empresario en el equivalente de Sillicon Valley de su país, Bangalore, a pesar de sus orígenes humildes en un pueblecito perdido del interior. India, le informa, está dividida en dos zonas, separadas por fronteras más agudas y minadas que la que le separa de Pakistán en el Kashmir (comparación que él no usa, pero que supongo no le disgustaría demasiado): la Luz y las Tinieblas (The Darkness, para ser exactos). La India de la Luz es la India que alaba el Occidente cuando se refiere a su crecimiento económico, a su enorme democracia, a sus empresas que compiten mundialmente, a Bollywood, a sus bombas atómicas. Es la India occidentalizada y rica, cuya principal motivación es enriquecerse e insertarse en la dinámica comercial y cultural que moviliza al mundo globalizado. La India que prefiere hablar inglés, conducir coches caros, beber alcohol y olvidarse que alguno de sus ancestros fue hindú o musulmán y tuvo que quebrarse el lomo en algún lugar olvidado del inmenso subcontinente. La India que dice admirar a Ghandi y a Nehru, pero que no tiene empacho en armarse hasta los dientes, tirar bombas si fuera necesario y utilizar a la policía de cualquier manera, con sobornos o prebendas, para conseguir sus objetivos. La India poderosa y reluciente, de ciudades modernas y exotismo administrado, y que mira con desprecio o lástima a la otra India que constituye la mayoría del país, la que se suele llamar Las Tinieblas.

Sigue leyendo

“The imperfectionists” de Tom Rachman

Frans van den Broek

Si bien no son tantas como las dedicadas al crimen o la guerra (por mencionar dos temas al azar con abundante representación literaria), el mundo del periodismo ha inspirado una buena cantidad de obras de arte, sobre todo, como es natural, en la narrativa y el cine. La primera dificultad para el escritor que escoge este tema es, por tanto, el encontrar un modo original de abordar el tema, no porque la originalidad sea un valor necesario en la literatura, sino porque la repetición le impone condiciones de elaboración más estrictas aún, si es que la novela pretende hacerse de un lugar en el competitivo mercado de hoy en día. Tom Rachman prefiere apostar por la primera opción, y lo hace de modo formal y temático.

The imperfectionists renuncia a la estructura narrativa convencional de una novela, esto es, a un argumento, o serie de argumentos que se entrelazan de modo continuo hasta el final, con personajes que evolucionan en el transcurso de la narrativa. Su novela, en cambio, le presta la estructura a aquellos libros de cuentos en los que aparece el mismo personaje principal en todos, pero lo hace dedicando cada capítulo, que se puede leer hasta cierto punto como un cuento independiente, a un personaje diferente. Lo que los une a todos es que trabajan para el mismo periódico, y las referencias que se hacen de uno u otro en los capítulos que no se ocupan de ellos. Rachman enmarca estas historias, además, en la historia del periódico mismo y su fundador, que se desarrolla en entradas breves antes de cada capítulo. Este marco, claro está, hace referencia también a elementos importantes de los otros capítulos. El resultado es eficiente y bien estructurado, y permite una lectura ágil y muy entretenida. Esto último depende también en buena medida del tema, que es el segundo aspecto en el que Rachman hace residir la originalidad de la novela.

Sigue leyendo

El impulso autoritario

Frans van den Broek

Las elecciones de anteayer en Finlandia no hacen sino coronar una tendencia que ha venido expresándose en la política europea desde hace ya algún tiempo: la del autoritarismo, aunada al que suele ser un fenómeno concomitante, el nacionalismo. En verdad, estos impulsos psicosociales jamás han dejado de estar presentes en la comunidad europea (o mundial, para tal caso), quizá porque pertenecen a la naturaleza humana, no con dichos nombres u organizados de esta manera, pero metamorfoseándose según lo demanden las circunstancias. No podríamos hablar de nacionalismo en sociedades organizadas tribalmente, ni de autoritarismo en grupos que no han conocido otras formas de distribución del poder, pero siempre es posible discernir tendencias hacia la imposición de la conformidad y la homogeneidad en las sociedades humanas. Europa, sin duda, no es excepción y baste la historia del siglo veinte para recordarlo, por lo que la emergencia de partidos de corte nacionalista y autoritario puede ser desconcertante o desagradable, pero no puede constituir del todo una sorpresa.

Sigue leyendo

Nuestro pobre masoquismo

Frans van den Broek

En uno de los pocos ensayos que dedicó a un tema político “Nuestro pobre individualismo”, J.L Borges hizo un breve diagnóstico del temperamento ideológico de su nación de entonces: inexistente. Esto es, los argentinos, postulaba, no se dejarían llevar por ideas o programas u opciones teóricas, sino por personas, por caudillos carismáticos que prometieran la solución de todos sus problemas. Pues en el fondo, creía Borges, el argentino desconfía de las instituciones y de las abstracciones y sólo se ampara en el hombre de carne y hueso, de preferencia si es amigo suyo, pariente, compinche o simplemente alguien que se le parezca y que le inspire confianza. Bien sea por sus grandilocuentes palabras (algo bastante argentino, permítaseme decirlo) o por sus méritos o por su personalidad, el caudillo había sido siempre quien llevara las riendas del quehacer político, un caudillo que muchas veces llevaba también las armas y que no tuvo reparo en usarlas, añadiría, hecho que prueba la más sumaria revisión de la historia de Latinoamérica. El argentino, en suma, sería un individualista, no un gestor de grandes programas ideológicos.

Sigue leyendo

El halo del pasado: “Purga” de Sofi Oksanen

Frans van den Broek

De vez en cuando -quizá debiera añadir, muy de vez en cuando- cae en nuestras manos alguna novela que ejerce sobre uno el efecto que supongo tendría un enamoramiento decimonónico: el de una absorción arrobada en otra intimidad que nos desvela. No todo es luces en esta inmersión empática, al contrario, mientras más uno se adentra en los espacios interiores del otro, más zonas de oscuridad y azoramiento se descubren, más rincones enmohecidos u olvidados, más signos de una humanidad lacerada por las aristas del mundo. Este es el caso de la excelente novela que quisiera comentar en estas líneas, «Purga», de la escritora finlandesa Sofi Oksanen, que ha tenido la acogida que se merece entre los lectores y la crítica internacional. Convertirse en un éxito de ventas no es una garantía de calidad, huelga decirlo, pero en este caso corresponde sin duda a la hechizante naturaleza del libro, que es más intensa cuanto más inesperada.

Sigue leyendo

Agua que no has de beber

Frans van den Broek

 Si todavía estuviera de moda el uso del lenguaje hegeliano-marxista, podríamos recurrir sin temor a conceptos como el de represión social de la conciencia negativa en el capitalismo tardío para describir el fenómeno al que me voy a referir. Como recordará con facilidad todo sesentayochista, Herbert Marcuse postuló la aparición de una sociedad y un hombre unidimensionales para dar cuenta de las condiciones de adocenamiento consumista del hombre moderno. Dado que dicho lenguaje ya no se usa -y era un poco traído de los pelos, de todas formas- quizá sería mejor referirse a dicho fenómeno como una de las estafas más escandalosas del siglo veinte y comienzos del veintiuno o, dicho de un modo más amable, como un golpe de marketing genial y sin precedentes. O tal vez como un síntoma más de la eterna estupidez del ser humano, al que al parecer se le puede hacer comportarse casi de cualquier forma, dadas las circunstancias y estrategias adecuadas. 

Sigue leyendo

En el bosque ruso

Frans van den Broek

De manera fortuita llegaron a mis manos algunas novelas cuya característica común es tener como tema a Rusia, pero estar escritas por escritores de habla inglesa. Hace poco un escritor que pertenece a este grupo, A.D. Snow, reflexionaba sobre este fenómeno y su conclusión era simple: la historia de Rusia es tan dramática y ha llevado a los seres humanos a tales límites existenciales que cualquier escritor no puede sino sentirse hipnotizado por la misma. Como diría Andre Gide alguna vez: es con los buenos sentimientos que se hace la mala literatura, y si algo no faltó el siglo pasado en Rusia fueron sentimientos de un tipo que desafía incluso la categorización de maldad, casi a par con las grandes catástrofes naturales, con los terremotos o las erupciones volcánicas, con las pestes o los tsunamis. Todo escritor plantea de algún modo un dilema ético, pero ha de hacerlo evitando el maniqueísmo y las polaridades fáciles, lo que requiere una voz adecuada y la pertinente pericia técnica. Al confrontar la historia rusa, sin embargo, el escritor –o cualquiera de nosotros, para tal caso- corre el peligro contrario, de siendo demasiado fiel a la verdad objetiva incurrir en lo fantasioso o lo increíble, pues la realidad supera con creces lo que la imaginación de cualquier ser humano decente pueda concebir. Quizá por ello han recurrido muchos escritores rusos a las memorias, pues aunque lo narrado sea inconcebible, tiene al menos el merito de la concordancia. Y los dilemas éticos que se encuentran vendrían a formar más parte de la historia natural que de la civilización. Dicho en pocas palabras: Rusia es una mina de oro para los escritores, pues casi nada en su historia reciente es maniqueo, débil, insustancial o irrelevante. Lo cual no exime al escritor de la obligación compositiva o estructural, pero casi lo releva de la dilucidación moral.

Sigue leyendo