Contra los escraches

Barañain

Con significativo retraso editorializa hoy El País sobre los “escraches” horrible término con el que se designa el acoso callejero a los parlamentarios u otras personas significadas políticamente por uno u otro motivo (¡la palabreja tenía que proceder del no menos horrible populismo argentino!). Es significativo el retraso, digo,  porque llevamos ya varias semanas en las que, pillada por sorpresa, la izquierda (política, mediática o intelectual) apenas ha sido capaz de argumentar a la defensiva, contemporizando con el acoso callejero y limitándose a criticar el reproche de esa estrategia  por parte del gobierno y el PP por lo que tendría de “criminalización” de lo que esa izquierda ha considerado una justa movilización ciudadana.

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Francia actúa: ¡Bien por Hollande!

Barañain

 Este lunes – cuando en Argelia se hacía aún balance de víctimas en la planta de gas elegida por el terrorismo de Al Qaeda para su demostración de fuerza o, al menos, de audacia-,  podíamos leer un sencillo, claro y contundente artículo del periodista francés Jean Marie Colombani, ex-director de Le Monde, a propósito de la decisión de Hollande de enviar al ejército francés a frenar a los yihadistas que se han adueñado del norte de Malí (“Condenados a estar en primera línea” – El País 21/01/13). 

http://internacional.elpais.com/internacional/2013/01/20/actualidad/1358691284_172146.html

 Colombani apunta lo paradójico de la situación: “Nos encontramos ante un escenario diplomático casi inédito, pues Francia ha recibido la aprobación de casi todos los Estados miembros de la ONU —incluidos Rusia y China— y, sin embargo, solo sus soldados están sobre el terreno”. El espectáculo dado por los gobiernos europeos –y el español, del que cabría haber esperado una solidaridad más efectiva con Francia-, ha sido tan bochornoso como poco sorprendente a estas alturas de la película. De momento, parece que Europa se limitará al consabido apoyo financiero (en lo que es experta) y, en algún caso, logístico. En el caso de España, nuestro gobierno ha precisado que, además, Francia tiene su “apoyo moral”, lo que sin duda habrá sido  recibido con alivio tanto en París como  en Bamako. Pero por más que los Cameron, Merkel, Rajoy, Ashton y compañía  se pongan de perfil, lo cierto es que Francia no sólo actúa por cuenta de los países africanos afectados,  sino que “también lo hace en defensa de una Unión Europea directamente concernida por la amenaza yihadista”.

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Un espléndido arranque

Barañain

Si no fuera porque a veces se le ve por la tele (aunque no estemos ya seguros de si se trata realmente de él o de una caricatura suya) o porque se ve obligado a dedicar unas horas al breve repaso semanal del día a día de su partido con Dolores de Cospedal (aaag) o incluso alguna mañana entera a menesteres tan apasionantes como compartir un viaje en AVE  con Artur Mas, bien podría decirse de Rajoy que su reino no es de este mundo. 

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La muy dolorosa mudanza de Urkullu a Ajuria Enea

Barañaín

«En esta casa se ha llorado mucho», así se pronunciaba la mujer de Urkullu, en campaña electoral, ante el previsible triunfo de su marido y así lo recordaba el titular de prensa, con gran despliegue tipográfico, en vísperas de su toma de posesión como lehendakari. De entrada, si uno no conociera la apacible trayectoria de este político en medio de la tempestuosa vida social vasca de las últimas décadas, podría pensar que su mujer se estaba refiriendo a lo mucho que habían sufrido por su lucha denodada contra la dictadura o contra imposiciones e injusticias sin cuento, o por los duros golpes que tal vez la vida (ya se sabe: el infortunio, la pérdida precoz de seres queridos, el desempleo, la miseria, etc.) había infligido en el seno de su familia  o por haber tenido que asumir las consecuencias del  compromiso político de Urkullu  – ligado al aparato del PNV desde su más tierna adolescencia-, entre amenazas terroristas, asistencia a funerales de compañeros asesinados, acoso callejero y detalles de ese tipo, desgraciadamente tan “familiares” a los políticos demócratas vascos.

Nada de eso. Los subtítulos periodísticos enseguida aclaraban que era el obligado desembarco de Iñigo Urkullu  en el palacio de Ajuria Enea de Vitoria -sede de la presidencia del gobierno vasco y residencia oficial del lehendakari de turno-, lo que explicaba la terrible desazón en la que al parecer estaban sumidos su familia  y él mismo. Y es que, queriendo mostrar la cercanía y sencillez del nuevo mandatario, se nos contaba cómo “el deseo del lehendakari de mantener a su familia unida le ha supuesto un auténtico quebradero de cabeza” (El Correo, 7.12.12).  Un sinvivir.

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Resistencia extraordinaria

Barañain

La decisión del gobierno en funciones de Patxi López de abonar la paga extraordinaria (“la de navidad”) a sus casi 70.000 funcionarios y empleados públicos después de que un Real Decreto del gobierno central de medidas de contención del gasto público estableciera su supresión, y la reacción de los de Rajoy – y del PNV -,  monopoliza   estos días el debate político en Euskadi y seguirá amenizándonos en los venideros, mientras se agotan los plazos para la toma de posesión del nuevo gobierno, el del peneuvista Urkullu, cuyo desembarco coincidirá con la llegada del invierno.

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Joseph Anton

Barañain

La vida de Salman Rushdie cambió radicalmente el día de San Valentín de 1989, cuando el déspota Jomeini leyó su edicto religioso (fatwa) instando a la ejecución del escritor por considerar blasfemo contra el islam su libro “Los versos satánicos” y al autor un apóstata al haber abandonado la fe islámica.  Jomeini ofrecía al asesino tres millones de dólares, cantidad que unos años más tarde sería doblada, y hacía extensiva la condena a quienes fueran responsables de la distribución del libro blasfemo.

La historia es conocida aunque no tanto la vida clandestina y de paria que -¡durante once años!-,  se vio obligado a llevar Rushdie, y de eso trata su autobiográfica “Joseph Anton”, ahora en las librerías. La característica e irónica mirada del escritor anglo-indio tras sus párpados caídos –  como la de “un halcón que observa tras una persiana veneciana”, según la describió Martin Amis-, fue haciéndose cada vez más lánguida y melancólica.  A ello contribuyeron las decepcionantes reacciones del mundillo literario e intelectual en el que se movía el infortunado escritor. De eso se habló menos y conviene recordarlo.

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Las buenas intenciones

 Barañain

Los momentos preelectorales son  propicios para los manifiestos, esos documentos dirigidos a la opinión pública en los que una legión de “abajofirmantes” -habitualmente presentados como intelectuales, profesionales, artistas, etc…-,  nos cuentan sus opiniones políticas o, mayormente, contra qué o quién se posicionan. En realidad, ya se trate de escuetas declaraciones o de mamotretos con largos razonamientos y consideraciones, su destino es el de ser consumidos sobre todo por los propios firmantes y su máxima aspiración que, como mucho, se conozca  ligeramente su existencia  por el sector más ilustrado -lectores de prensa-, de la ciudadanía. Que  consigan condicionar esa opinión de manera mínimamente significativa,  alterar de algún modo la agenda de los poderes públicos a los que está dirigido su mensaje o, al menos, provocar un debate sobre su contenido en círculos más amplios que los de los propios firmantes, ya es un éxito que sólo está al alcance de pocas iniciativas de este tipo. Y en coyunturas particularmente trascendentales.

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Visitando cementerios

Barañain

No sé si muchos de los que se asoman a este blog tendrán la costumbre de incluir la visita a determinados  cementerios singulares en sus desplazamientos turísticos o si lo considerarán una costumbre morbosa, un signo de mal gusto o, en el mejor de los casos, una pérdida de tiempo, habiendo tantas cosas magníficas que contemplar por esos mundos de Dios. Confieso que en más de una ocasión yo he caído en esa tentación y no sólo con los cementerios más célebres, esos que se mencionan en cualquier guía turística (el Highgate de Londres, el cementerio judío de Praga, el de Génova, el Pere Lachaise parisino, etc…). Es más, en muchas ocasiones si no he podido cumplir esa costumbre ha sido más por falta de tiempo (y porque me pillaba muy a desmano) que por falta de ganas.

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Claridad, no marrullería

Barañain

Todavía coleaba la tramposa ocurrencia de Artur Mas sobre la pregunta a  formular a los ciudadanos catalanes (“¿Quiere Vd. que Cataluña sea un nuevo estado de la UE?”) cuando leemos los términos del acuerdo -el texto de un escueto folio-, al que han llegado el primer ministro británico Cameron y el presidente escocés Salmond para que el parlamento regional de Escocia organice un referéndum vinculante sobre la independencia de esa nación que junto con Gales, Inglaterra e Irlanda del Norte componen el Reino Unido.  La única pregunta en el plebiscito escocés será, según el acuerdo alcanzado, inequívoca: si se está o no a favor de que Escocia abandone el Reino Unido.

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