Hacia un segundo rescate bancario

Lobisón 

Durante la crisis de los años setenta, que quizá no fue tan mala como la actual, pero sí bastante complicada, uno de los gobernadores de la Reserva Federal, preguntado por la vigencia de las políticas keynesianas, respondió: ‘Mire usted, Keynes decía que a largo plazo todos muertos, pero el que se murió fue él y a nosotros nos toca lidiar con el largo plazo’.

Bueno, pues en mayo pasado Trichet advirtió que la democracia no soportaría un segundo rescate bancario. Pero ahora él sale del BCE y a la democracia se le viene encima el segundo rescate bancario. Claro que Trichet hablaba de un segundo rescate a consecuencia de la falta de reformas en la banca, y el que puede producirse en breve va a ser consecuencia de decisiones políticas.

Joaquín Estefanía apuntaba el pasado domingo a una de las claves de la nueva situación: para inyectar fondos en la banca los gobiernos nacionales no tienen que ir a una penosa cadena de ratificaciones parlamentarias, y el gobierno alemán no está supeditado a las posibles objeciones de su Tribunal Constitucional. Así que, en vez de intentar que un uso más contundente del fondo de rescate, incluyendo una nueva ampliación, para comprar deuda griega, Alemania apuesta por una quita del 50% de esta deuda.

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Los pecados de la virtud

Lobisón

Tras el reconocimiento por parte del gobierno griego de que no podrá cumplir este año los objetivos de déficit y deuda acordados con la UE y el FMI, parece que los responsables comunitarios han dejado la puerta abierta al desembolso de un nuevo tramo de ayuda, admitiendo de forma implícita que la desviación es una consecuencia del efecto recesivo de las propias medidas de ajuste exigidas a Grecia.

Esto supone que tales medidas no eran realistas, en la medida en que su efecto sobre los ingresos era superior a la reducción del gasto que era el primer objetivo. Nada nuevo para quienes recuerden la agonía de Argentina en 2001. Lo que es nuevo es que la UE debería haber estado en condiciones de fijarse metas más realistas, que mantuvieran la economía en marcha a la vez que reducían el gasto público. La UE, además, está en condiciones de prestar ayuda financiera a Grecia para abordar esta dolorosa transición.

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La crisis y la polí­tica

Lobisón 

Desde el comienzo de la crisis en 2007 se ha extendido cada vez más la sensación de que la polí­tica es impotente frente a las exigencias de los mercados. En su forma más caricaturesca lo ha expresado Alessio Rastani, el famoso por un dí­a entrevistado por la BBC: el mundo lo gobierna Goldman Sachs. Lo que pretendo subrayar en esta nota, por el contrario, es que en buena medida es la polí­tica lo que explica el desarrollo de la crisis.

Sólo en parte, por descontado. En los primeros meses de 2008 se creí­a que era el momento del regreso de Keynes y de la intervención pública. Pero el rescate público de los bancos, al evitar una gran recesión como la 1930, dio paso a un nuevo problema: los bancos no daban crédito porque estaban fuertemente endeudados y temí­an adquirir nuevos compromisos en un contexto de desconfianza global.

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¿Por encima de nuestras posibilidades?

Lobisón

Una de las frases más recurrentes en las lamentaciones sobre la crisis económica es que en España y en Europa habíamos estado viviendo por encima de nuestras posibilidades. El último artículo de Mario Vargas Llosa (publicado en España el pasado domingo en El País) incidía nuevamente en este tópico.

Esta es una idea difícil de combatir, porque existen siempre ejemplos que la respaldan: personas o entidades que se habían endeudado más allá de lo razonable, gobiernos autonómicos endeudados para financiar obras faraónicas (y a menudo ruinosas) o televisiones autonómicas a mayor gloria de los gobernantes (véanse las notables diferencias entre Canal Nou o Telemadrid y TVE tras su nuevo estatuto).

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Entre dos males

Lobisón

En términos racionales, la regla de oro de poner límites al déficit no tiene ningún sentido, es pura economía vudú, como decía el excelente presidente Bush padre. Hay situaciones en las que es necesario un mayor déficit, como muy bien sabían Keynes y los predecesores de la canciller Merkel cuando debieron afrontar la incorporación y reconstrucción de la antigua RDA.

La actual vigencia de esta estúpida regla de oro es consecuencia de la crisis de la deuda soberana en euros y de algo que también recordaba Keynes: cada generación vive bajo la herencia del pensamiento económico heredado. Él hablaba de las ideas de los economistas muertos, pero para mayor tragedia ahora se trata en bastantes casos de economistas vivos y con mucho peso en el Bundesbank o en el Banco Central Europeo.

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¿Una nueva recesión global?

Lobisón

Si el día 2 de agosto no ha habido acuerdo en el Congreso de Estados Unidos para elevar el techo de endeudamiento del país, puede producirse por primera vez en la historia la suspensión de pagos de la principal potencia económica. Como no hay precedentes no podemos saber las consecuencias de este hecho, aunque su mera posibilidad ya ha desatado una renovada presión sobre la deuda de España e Italia, lo que parece una ratificación de aquella memorable ley de la dialéctica según la cual todo estaba interconectado, versión primera de lo que ahora llamamos efecto mariposa.

Un filósofo británico del lenguaje, cuando le preguntaron si creía en la otra vida, contestó que lo mejor era esperar y ver, o, más probablemente, esperar y no ver. En este caso no hay duda de que debemos esperar, y, con un poco de suerte, no ver. Pero existe un riesgo real de que se produzca la suspensión de pagos y de que ésta desate una nueva recesión global, con lo que se cumpliría la predicción de los agoreros de que ésta sería una crisis en W, con dos recesiones sucesivas. Pero esa negra profecía se basaba en argumentos económicos, y no preveía un detonante político como el que sería la falta de acuerdo en Washington.

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¿El milagro de Rajoy?

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Mientras el agujero negro de la deuda griega amenazaba con engullir también a España y a Italia, Aguirre y Cospedal, con esa admirable disciplina comunicativa que cultiva el PP, salieron a decir que lo que España necesitaba era un anticipo electoral y un nuevo gobierno que restableciera la confianza en la economía española. El propio Rajoy envió un mensaje en el que respaldaba la solidez de nuestro país y recordaba que existían personas preparadas que podían restaurar la confianza en él. Adivinen a quién se refería.

La idea suena cómica pero tiene una base real: la incertidumbre política puede hacer que los inversores nacionales pospongan sus decisiones o que los inversores internacionales duden de la capacidad de los gobiernos para sacar adelante sus programas económicos. Pero este razonamiento tiene sus limitaciones. Una vez que la derecha portuguesa formó nuevo gobierno, la embestida de Moody’s ahuyentó a la famosa confianza de los mercados (el hada de la confianza, en expresión de Paul Krugman).

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Melancolía

Lobisón

Durante décadas hemos leído historias del período de entreguerras y de la crisis del 29 que nos daban la ilusión de que aquellos desastres podían haberse evitado fácilmente. El héroe de la época era John Maynard Keynes, y el problema era explicar por qué sólo en un lugar tan improbable como Suecia se había adoptado un programa keynesiano. El New Deal de Roosevelt había sido también inicialmente una respuesta adecuada, pero el giro hacia el ajuste fiscal en 1937 había vuelto a hundir la economía.

Para explicar por qué no hubo más gobiernos keynesianos se ha recurrido a las instituciones de gobierno de la época, que habrían bloqueado la adopción e incluso la discusión de las políticas de expansión. Por ejemplo en Gran Bretaña, donde no se puede decir que tales ideas fueran desconocidas: el partido liberal —ya entonces minoritario—las había llevado en su programa electoral. Pero no se habla normalmente de la necesidad de convencer a los electores o de los efectos laterales sobre la moneda nacional.

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Zapatero y la socialdemocracia

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En torno al debate sobre el Estado de la Nación se ha hablado de si Zapatero será visto en el futuro como Adolfo Suárez, un buen gobernante muy maltratado en su momento. No sería raro, porque la derecha les ha aplicado la misma vara de medir: si los de Suárez eran ‘gobiernos de penenes’, los de Zapatero son de adolescentes, según Ana Botella. Ellos, la señora Botella y su marido, sí que son adultos, han hecho oposiciones y saben lo que vale un peine.

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Equívocos sobre el 15-M

Lobisón 

Tras los incidentes en la puerta del Parlament de Cataluña era inevitable que se desatara la polémica sobre el movimiento del 15-M y su futuro. Pero en esta polémica han surgido numerosos equívocos, el primero de los cuales es hablar del movimiento como si fuera una organización, que no es el caso. El movimiento, hoy por hoy, no tiene una dirección a la que se le pueda pedir que decida cómo va a encauzar sus acciones en el futuro, sino que las propuestas que lleguen al movimiento, mejor o peor intencionadas, deberán ser analizadas en asambleas descentralizadas y sin ninguna jerarquía.

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