Julio Embid
En 1957, el director de cine francés Albert Lamorisse diseñó un juego de mesa para jugar en familia, vagamente inspirado en las campañas napoleónicas. En un tablero con el mapa del mundo, se movían tropas y se conquistaban territorios tirando dados. El juego permitía crear alianzas, abstraer campañas militares y aceptar que el éxito o el fracaso dependían tanto de la posición inicial como de las probabilidades matemáticas. Lo llamó La Conquête du Monde (La conquista del mundo) y vendió sus derechos a la juguetera estadounidense Parker Brothers, que cambiaría el título por el nombre con el que se conocería en todo el mundo: Risk.
El pasado 3 de enero, en una operación más propia del Call of Duty que del Risk (porque no hubo ejércitos implicados, sino 150 aviones y un puñado de helicópteros), Estados Unidos bombardeó instalaciones militares venezolanas en Caracas y La Guaira. Los Delta Force mataron a los escoltas y al personal de la vivienda donde se encontraban el entonces presidente Nicolás Maduro y su mujer, lo detuvieron y lo trasladaron en helicóptero a un portaaviones frente a la costa y, después, a territorio estadounidense para ser juzgado por narcotráfico. El Ministerio del Interior venezolano, dirigido por el oscuro Diosdado Cabello, ha declarado que murieron un centenar de personas —“mártires de la revolución”, los llama pretenciosamente el Gobierno de Cuba— entre militares venezolanos, militares cubanos y civiles.
Trump salió bailando y proclamando que ahora en Venezuela manda él. Que, cuando se haya reestablecido el flujo de especia en Dune, los Harkonnen organizarán elecciones democráticas o algo parecido. Que María Corina Machado, como buena señora bien de derechas, es una señora bien, pero que aquí no pinta nada. Y que ya han pactado con la otrora vicepresidenta Delcy Rodríguez que se quede al mando para que la transición —de empresas petroleras chinas a empresas petroleras norteamericanas— se haga de buen grado. Como nadie le tose a Trump, todo le ha salido perfecto.
Ahora ha recordado las partidas al Risk y se ha dado cuenta de que, si controla toda América del Norte, cobraría cinco ejércitos por turno, o algo así. De ahí que Estados Unidos deba “adquirir” Groenlandia. Entiendo que para cobrar esos cinco ejércitos (le faltarían Canadá y México, pero eso es poca cosa). Y amenazan al Gobierno de Dinamarca: o venden Groenlandia o simplemente la tomarán por la fuerza. Si nadie le tose a Trump, todo le habrá salido perfecto.
Está claro que lo de Groenlandia nos afectará a los españoles mucho más que lo de Venezuela por un motivo sencillo: una acción hostil de un miembro de la OTAN contra otro miembro de la OTAN dentro de territorio OTAN sería el final de la Alianza. Y quizá el final de la UE, dividida entre partidarios del apaciguamiento y partidarios del enfrentamiento con Trump. Habrá Chamberlains y Daladiers, pero también Churchills y De Gaulles. Y en ese enfrentamiento interno no sé si la UE podrá resistir. Y tal vez, después de Groenlandia, vengan las Islas Canarias, porque total: están en el Atlántico, tienen muchos hoteles y Trump también tiene hoteles. Mientras tanto, en Rusia y en China quedarían legitimados para invadir a los vecinos que consideren, porque, total, nadie les va a toser.
Solo espero que el próximo presidente del Gobierno español no haya tenido relaciones en el pasado con el narcotráfico ni existan pruebas gráficas suyas en el barco de un narco. Simplemente para evitar que la CIA o los Delta Force pasen a detenerlo tras asesinar a todo el personal de La Moncloa. Para mí, como asesor político, la vida de los asesores políticos importa.
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Más allá de Venezuela: petróleo, dólares y China
David Rodríguez Albert
Si alguien creía que la fase imperialista de la historia estaba superada, los Estados Unidos de América vuelven a demostrarnos que para ellos sigue bien vigente. Con toda la impunidad y prepotencia que le caracterizan, Donald Trump ha lanzado una agresión contra Caracas que ha causado decenas de muertos y ha secuestrado al presidente Maduro. Organismos internacionales como la ONU, gobiernos de países como España y grupos por la defensa de los derechos humanos han criticado la violación de la legislación internacional y del principio de no intervención, pero la Casa Blanca ha vuelto a demostrar que el derecho internacional no tiene efecto si no existe quien lo garantice y si se impone el primitivo pero efectivo principio de la ley del más fuerte.
El pretexto inicial del narcoterrorismo se ha demostrado completamente falso y sin fundamento desde el primer momento. Aparte de la ausencia total de pruebas y del esperpento organizado en Nueva York, cabe volver a recordar la doble moral estadounidense a este respecto. Hace solamente un mes, Trump concedió un indulto presidencial completo al expresidente de Honduras Juan Orlando Hernández, liberándolo de una condena federal en Estados Unidos por narcotráfico de 45 años de prisión. Este indulto fue anunciado en plena campaña electoral hondureña, con Washington respaldando públicamente al candidato conservador Nasry Asfura, aliado de Hernández.
Por si había alguna duda de que el narcoterrorismo ha sido una excusa, el autócrata Trump ha expresado de manera contundente que su objetivo es el control de un recurso estratégico como el petróleo. En el imperialismo gobernado por la extrema derecha ya no es necesario plantear justificaciones o engaños del tipo “extender la democracia”, “detener el terrorismo” o “poseer armas de destrucción masiva”. Estos subterfugios ya han sido superados, y en su lugar se instala un discurso claro, contundente y chulesco, más propio de organizaciones criminales y, por ende, más en concordancia con los rasgos distintivos del nuevo gobierno de los Estados Unidos.
Pero profundicemos un poco más en el objetivo real de la administración norteamericana. Recordemos que Venezuela posee las mayores reservas de petróleo del mundo y apuntemos también que el comercio internacional del mismo se realiza mayoritariamente en dólares, fruto del acuerdo de los Estados Unidos con Arabia Saudí en 1974. Así nacía el sistema basado en los petrodólares: la Casa Blanca ofrece protección militar y apoyo político a algunas dictaduras exportadoras del crudo, y los excedentes obtenidos por el comercio se invierten en bancos y deuda estadounidense. Este mecanismo permite reforzar la hegemonía financiera de Washington, financia sus enormes déficits públicos y permite el control político sobre naciones dependientes del dólar. En este contexto, los intentos de Maduro por diversificar mercados o usar otras monedas para el intercambio han representado una amenaza inadmisible para Donald Trump.
A todo esto hemos de añadir el agravante de que Venezuela ha pretendido la desdolarización del comercio del petróleo precisamente aumentando las exportaciones a China en yuanes. Obviamente, el ejecutivo estadounidense no puede permitir el crecimiento de la influencia del gigante asiático sobre su patio trasero, y más cuando Pekín está incrementando su presencia en América Latina mediante inversiones, acuerdos energéticos y financiación de infraestructuras. Así pues, la agresión a Venezuela ha trascendido cualquier consideración ideológica y se ha centrado en el frío terreno del cálculo económico, situando como elementos clave el control de los recursos energéticos, su comercialización en dólares y la disputa contra la creciente pujanza de China.
Durante estos días estamos comprobando que el imperialismo de la administración Trump no va a limitarse a Venezuela, apuntando a diversos frentes del tablero geopolítico mundial. El control del hemisferio americano comporta recurrentes amenazas a países como Cuba, Colombia, México o Canadá. Todo ello sin olvidar otros frentes, como Groenlandia (que centra el debate mediático actual) o Irán (que lo centraba hace unos meses). Los movimientos futuros de la Casa Blanca son impredecibles, pero la grave amenaza que representa el mandatario estadounidense para el mundo entero es más que evidente.
Marruecos: elecciones 2026
Sergio Patón
Curiosamente y no sé dónde ni cómo en un especial de temas importantes de cara al 2026 se hablaba de que habría elecciones este año en Marruecos. No sé cuándo fue pero fue antes de “lo de Venezuela”.
Curiosamente cuando llevo tiempo dándole vueltas sobre mi desconocimiento sobre el sistema político y especialmente electoral de ese país, y eso qué como lector asiduo de este blog se me supone cierto interés y más cuando compartimos tantas cosas empezando por la cercanía.
- Distancia Lisboa – Madrid: 502,50 km. Ruta de conducción: 627,84 km
- Distancia Rabat – Madrid: 763,82 km. Ruta de conducción: 964,41 km
- Distancia Paris – Madrid: 1.052,76 km. Ruta de conducción: 1.266,81 km
No sé sí debería medir desde Barcelona, pero curiosamente los datos le iban bien a mi tesis, esto debe ser nuestro petróleo, las distancias. No sé.
Más curiosamente debatiendo en Tiempo de Juego de la Cadena COPE, esa cadena, sobre una foto del presidente de la FIFA, Infantino I el Justo, durante la Copa de África los periodistas, aunque deportivos periodistas, y otros comentaristas no tenían claro si el jefe del estado de Marruecos era el rey Mohammed VI o Hassan II o vete a saber quién. Esta sí que me la sabía, Mohammed VI, pero no sé qué decir de que en mi programa de referencia deportivo (futbolístico vamos) no lo tuviesen claro y que puedo pensar cuando afrontan otros temas vinculados a la probabilidad meteorológica sobre los que también opinan con facilidad y gracia algunos de ellos.
Tenía claro que era Mohammed VI como aficionado a las noticias de sociedad (prensa rosa) pues a uno le llegan cosas sobre el rey de Marruecos y sus amistades, que por lo visto está más lejos de Rabat o Casablanca que de París. Y claro cosas del padre y alguna cosa de opositores y bidones en su momento, y “la captura” y eliminación de opositores como Ben Barka en Francia sabía. Creo que Ben Barka era de la Unión de Fuerzas Socialistas, diría que es un partido ahora mismo con implantación electoral, pero no sé qué significa esto que digo. Las cosas de la Marcha Verde y “lo del Sáhara” y lo de pasarse por el forro lo que diga la ONU cada vez con más gracia, salero y dirección clara y afortunada al respecto.
Esta curiosidad se me inició leyendo El Periódico de Catalunya en las últimas elecciones que hubo allí, ya que sólo le dedicaron una noticia con los resultados. Diría que no eran los definitivos, y que no hubo seguimiento previo de la campaña, programas y esas cosas como por ejemplo sí que pasa con Francia y con Portugal. Sobre todo con la primera. Me pareció muy curioso cuando leí la noticia no haber tenido un seguimiento similar a estos dos países o al de otros países. ¿Hubo verificadores internacionales? ¿Reconoció los resultados la Unión Europea? ¿Qué partido o coalición de ellos obtuvo el gobierno? ¿Con qué programa y hasta dónde pueden llegar? Busqué algún mapa de esos de organizaciones que dan nota a las democracias, peor color que nosotros, pero mejor que otros países. Desde entonces tenía pensado investigar el sistema electoral de Marruecos y cuatro conceptos del peso de su parlamento y homologación.
Estos días, a raíz de otros inmigrantes, tengo la nueva duda de cómo debemos considerar a los vecinos marroquíes que tenemos en nuestro país, si como emigrantes económicos o como exiliados, o eso dependerá de lo comprensivo que tengamos que ser con su sistema político atendiendo a “las necesidades” del “bloque occidental”. Y me acuerdo de la película “En construcción”.
Así que me pongo cómo deberes, ir dándome respuesta a algunas de estas preguntas y dudas que tengo sobre la política interna y la democracia marroquí. Aunque igual con suerte algunos de los comentaristas de este blog aportan luz y no sé si taquígrafos.
BSO: https://open.spotify.com/playlist/59DY66kmhaZgKJfODqPqUu?si=18f7616e471d4a95
Se vende régimen Maduro
Carlos Hidalgo
Desde el principio se nos había advertido por la gente que conoce más a fondo a la Administración de Trump que realmente no tiene un programa político, sino que en su segundo mandato iba a debilitar los controles y contrapesos democráticos y ejercer el poder como un mafioso de Queens, su barrio natal en Nueva York.
Trump no tiene doctrina de relaciones internacionales, sino que lo basa todo en transacciones: tú me das algo o me regalas algo y yo te protejo… de mí mismo. Por eso no tiene ningún problema en detener a Nicolás Maduro por traficante de drogas y a la vez indultar a otros traficantes de drogas o delincuentes que le han hecho llegar regalos o donaciones. Y, la verdad, su política doméstica se basa en los mismos principios.
En cualquier caso, mientras Trump trata de desviar la atención acerca de su relación con el pederasta Epstein, se ha embarcado en una guerra contra las drogas sin amparo por el derecho internacional, ni autorización por el Congreso de su país, como manda la Constitución estadounidense. La espectacular detención de Maduro, en la que Trump tenía una pantalla con redes sociales delante, en su improvisada sala de crisis en su club de golf en Florida, la detención, decíamos, iba a ser el momento Bin Laden de Trump, en el que acabaría con una amenaza contra su país, detendría a un villano y, según afirma, provocar un cambio de régimen.
Por lo que sabemos, según la narración de Trump y lo que han declarado a los medios, mientras casi centenar y medio de aeronaves se encargaban de bombardear las defensas antiaéreas de Caracas, dos helicópteros de asalto con miembros de la Delta Force aterrizaron en una base militar en la que Maduro pernoctaba, asaltaron la residencia en la que se encontraba, evitaron que huyera a un búnker o sala del pánico, les metieron a su esposa y a él en un helicóptero y se lo llevaron a un buque de la Armada y finalmente le trasladaron a una prisión neoyorquina, donde se encuentra ahora.
Aunque los bombardeos han causado unas 80 muertes, entre militares venezolanos y vecinos caraqueños, ni el ministro de defensa venezolano, ni los estadounidenses han dejado claro cuántas de esas bajas corresponden a la guardia presidencial de Maduro.
Tampoco ha habido un cambio de régimen. A Maduro le ha sucedido su vicepresidenta, Delcy Rodríguez, que ya ha jurado el cargo y que, según parece, al Gobierno de Estados Unidos les parece más aceptable que la oposición democrática, que además aportó pruebas de haber ganado las últimas elecciones. Según Trump, María Corina Machado, la líder de la oposición, no tiene “ni el respeto, ni el apoyo de su pueblo”. El sistema represivo del régimen bolivariano sigue intacto y algunos de los elementos más violentos y radicales de este, como Diosdado Cabello, siguen en sus puestos.
Como bien indicaba el New York Times al narrar lo ocurrido, el gobierno de Trump considera más aceptable a Delcy Rodríguez, que fue la artífice de pasar de un sistema económico “comunista y corrupto a otro de libre mercado igualmente corrupto”. Trump, que afirma que los Estados Unidos se harán cargo de la administración venezolana, no tiene a nadie en el terreno para poder hacerlo y cree firmemente en que puede controlar a distancia Venezuela mediante instrucciones y amenazas.
Por otro lado, sabemos que la operación fue planificada por la CIA, que tiene “fuentes de alto nivel” en el régimen chavista y la ausencia de imágenes y de pruebas de que los Delta hubieran hecho frente a ningún tipo de resistencia armada en tierra al capturar a Maduro es un poco sospechosa. Da igual que los cargos chavistas salgan ahora envolviéndose en la bandera y blandiendo el sable de Bolívar.
Uno podría preguntarse si esta operación tan “limpia” es una transacción más. El chavismo vende a Maduro a cambio de su permanencia y los Estados Unidos consiguen que China deje de comprar petróleo en Venezuela.
La oposición seguirá en el exilio y en la cárcel, nadie se acordará de las 80 personas fallecidas y la vida del pueblo venezolano que no ha podido huir de su país no va a mejorar sustancialmente.
Y sí, es muy preocupante que Trump se salga con la suya, porque lo que ha hecho para quedarse con Venezuela lo puede hacer igualmente para tomar Groenlandia, por efecto, o para subvertir el resultado electoral en países donde no le guste lo votado. Es un desastre que el orden internacional creado después de la Segunda Guerra Mundial y que fue inspirado por los propios EEUU, que trajeron al mundo la etapa más larga de expansión de la democracia y pusieron normas al ejercicio del poder de todos los países, salte ahora por los aires a manos del peor gobierno que han tenido desde que los británicos abandonaran su territorio.
Hanukkah
Verónica Ugarte
“La Hanukkah es una fiesta judía, que consta de ocho días, y cuyo fin es conmemorar la rededicación del Segundo Tempo de Jerusalén. También es conocida como La Fiesta de las Luces”.
Rafah Abu Jazar era su nombre. Sus padres sufren cada día y cada noche los misiles, las bombas provenientes de los soldados de Israel. Desde el 7 de octubre del 2024, Palestina arde en llamas.
Rafah Abu Jazar tuvo padres, vecinos, abuelos, ancianos, niños a su alrededor que corrían hacia los camiones que logran atravesar Gaza para lanzar comida, la cual llega, la mayor parte de las veces, destruida, o no es suficiente, nunca es suficiente, para paliar el hambre que padece una parte de la Humanidad, una vez más, lejos de los focos de atención.
Rafah Abu Jazar no pudo escuchar los gritos de sufrimiento, horror y desesperación. Los hospitales se quedan sin luz ni agua. Los medicamentos escasean, o se nos quieren hacer creer, ya que es muy posible que no quede ni uno solo. Es por ello que los médicos, dejando de lado el Juramento prestado, amputan sin anestesia.
Rafah Abu Jazar no era una terrorista. Nació en tiempos de guerra cruda. Nació en una tierra maldita. Nació en Palestina, donde los británicos, perfectos colonizadores y destructores, dejaron a todo un pueblo a su suerte cuando llegaron las víctimas de la Shoa. Cuando el mundo pensó que el mal se había acabado y los judíos al fin tenían una tierra para llamar suya.
Rafah Abu Jazar era palestina. Ese pueblo que un día es apoyado por Jordania y Siria, y al otro es abandonado a su suerte. Los palestinos siempre han sido considerados como árabes de quinta clase. El mismo Corán indica piedad y amor al prójimo. Otro libro sagrado que fue escrito mirando un cielo y tratando de entrever la sombra de algo tan magnifico y luminoso que los mortales no podemos ver.
Rafah Abu Jazar es una víctima más del Gobierno de Israel. Su Primer Ministro no será arrestado y es la muestra del cinismo, una vez más, y de la cobardía e intereses, una vez más, que se juegan y se discuten en despachos con tapices dorados, un buen whisky y un puro (y que sea cubano, al fin y al cabo Occidente hace lo que le apetece).
Rafah Abu Jazar no tendrá jamás una voz propia que se lance a luchar por sus derechos y los de su pueblo. Esa voz que sí tienen las víctimas del bárbaro atentado en las playas de Australia, cuando miles de jóvenes vivían una vida plena, y entre ellos, varios judíos, quienes comenzaban a iluminar las luces para el inicio de la Hanukkah.
Rafah Abu Jazar no tiene a los Jefes de Estado y de Gobierno más importantes del planeta exigiendo justicia. Las voces que siguen defendiendo a los palestinos son calladas, como en el Reino Unido, con cárcel, humilladas y censuradas como en Italia, abucheadas como en EEUU. Tengamos raciocinio. Europa no hace lo que debería. No lo hizo hace treinta años en Sarajevo. No lo hace hoy en Gaza.
Rafah Abu Jazar no sabrá nunca cuándo acabó el genocidio al que es sumido su pueblo. Murió a los ochos meses de edad debido al hambre y al frío.
Lecturas de interés sobre la National Security Strategy (USA, 2025) y un apunte sobre el qué hacer en defensa europea
Lluís Camprubí
Hace unos días la administración Trump ha publicado su Estrategia de Seguridad Nacional (NSS), un documento marco sobre su visión global y acción en su política exterior, de Seguridad y de Defensa. Es un documento con profundas implicaciones para la política global y para la lucha contra el cambio climático, y requiere especial atención lo que plantea sobre Europa y la UE (ruptura de hecho de la condición de aliados, empuje del debilitamiento de la UE y su vaciamiento liberal y sustitución de gobiernos estatales a través de la promoción de las extremas derechas domésticas). En definitiva, para la UE significa que EEUU deja explícitamente la condición de aliado firme en materia de seguridad y defensa (y pasa a ser asociado, facilitador o mediador); es competidor en todas las dimensiones comerciales y para la mayoría de cadenas de valor; y es rival sistémico para lo global (desmontaje del orden liberal y la transición energética) y lo doméstico (cambios de gobierno/régimen reaccionarios y antiilustrados).
A continuación, listo algunos de los análisis y comentarios que me han parecido de más interés al respecto y acabo con un apunte sobre el qué hacer en política de Seguridad y Defensa.
*Resumen The Guardian con opiniones distintos analistas: https://www.theguardian.com/world/2025/dec/08/europe-leaders-no-longer-deny-relationship-with-us-changed
*La civilización europea y sus descontentos (Jorge Tamames): https://de-siria-a-soria.ghost.io/la-civilizacion-europea-y-sus-descontentos/
*The White House’s rupture with the western alliance (The Financial Times Editorial Board): https://www.ft.com/content/e05535aa-4dbb-4cb5-998b-7495e96c59a9
*Allies and Rivals (Sven Biscop): https://www.egmontinstitute.be/allies-and-rivals/
*The NSS That Could Destroy the NATO Alliance (Max Bergmann) https://www.csis.org/analysis/nss-could-destroy-nato-alliance
*America has identified its greatest enemy: Western Europe (Henry Farrell):
*Europe Needs A New Strategy Too (Minna Ålander): https://minnalander.substack.com/p/europe-needs-a-new-strategy-too
*Does Europe Finally Realize It’s Alone? (Nathalie Tocci): https://foreignpolicy.com/2025/12/05/national-security-strategy-2025-trump-europe-russia-ukraine-war
Trump’s America and a clash of civilisations with Europe (Gideon Rachman): https://www.ft.com/content/953635f0-4b87-41a4-a087-e8b1d71470b6
*Hilo de BlueSky de Ulrike Franke: https://bsky.app/profile/rikefranke.bsky.social/post/3m7a7isvxvs2e
*The New US National Security Strategy (Phillips Obrien): https://phillipspobrien.substack.com/p/the-new-us-national-security-strategy
Con todo esto, parece obvio que la UE tiene que activar con la máxima urgencia y en todas las dimensiones lo que la haga avanzar hacia la autonomía/independencia estratégica. Resume bien Sven Biscop sobre el qué hacer: “Decide once and for all that we are an independent pole of the multipolar world – a great power. Translate that independent mindset into military independence by building a complete European pillar in NATO – now. Assertively defend our economic sovereignty against everyone, the US included. Stay the course on Ukraine, alone if necessary. Actively block any outside interference in our domestic politics, including from the US”.
Esto tiene importancia especialmente en las cuestiones de Seguridad y Defensa, donde Europa aún es dependiente de Estados Unidos en algunas capacidades (convencionales en inteligencia, “command and control”, logísticas, ataque en profundidad…) y en disuasión nuclear. Y por lo tanto es vulnerable al chantaje de la desconexión unilateral en un contexto de amenaza rusa.
En los próximos cinco años se dan tres circunstancias temporales que requieren que no quede ningún descubierto temporal en las capacidades de defensa y disuasión: a) Rusia dentro de este periodo puede recuperar y disponer las capacidades convencionales en caso que decida atacar localmente, exploratoriamente o incrementalmente un territorio europeo/Otan; b) al menos hasta 2029 hay mandato de Trump/MAGA; y c) aunque las primeras estimaciones sobre el tiempo para que Europa adquiriese las capacidades en defensa y disuasión que proporcionaba Estados Unidos eran alrededor de 10 años, visto el contexto algunas voces plantean que al menos se disponga de 5 años para disponer de unos mínimos con garantías.
De aquí la importancia de -en la medida de lo posible- negociar con la administración americana una transición/sustitución ordenada que garantice coberturas y compromisos, mientras se adquieren de forma acelerada las capacidades europeas propias, algunas de ellas a ser coordinadas a través del pilar europeo de la OTAN, otras a través de las instituciones comunitarias, y quizás algunas otras a través de coaliciones extendidas a terceros países.
Lo que lleva a plantear cuál debe ser la necesaria estrategia negociadora con esa pulsión de la administración Trump -quizás menguante- que opera en clave transaccional. Es fundamental como condición previa que aquellos actores europeos liberal-democráticos más acomodaticios con Trump debido a la dependencia extra en defensa y a la mayor percepción de amenaza existencial en caso de ataque ruso adquieran consciencia de la pérdida de facto de la condición de aliado y del poder confiar plenamente en que sea garante último de la seguridad europea.
Si bien la gestualidad conciliatoria y reverencial, las concesiones en campos como el comercial y el apaciguamiento han podido permitir ganar tiempo en el corto plazo (algo no menospreciable, en particular con las urgencias que se tienen en Ucrania) esto no es sostenible en el largo plazo, y menos al quedar tan claras las intenciones de fondo de la administración Trump. Es por esto que quizás la mejor manera de negociar la sustitución/superación de las dependencias en Seguridad y Defensa de los Estados Unidos es desde la fortaleza, la autonomía y la firmeza: a) convirtiendo en realidad las cuatro dimensiones que plantea Biscop; b) acelerando la desvinculación de las dependencias; c) asegurando las capacidades propias; y d) incluyendo en la nivelación todas las palancas negociadoras disponibles, también las regulatorias y comerciales. Europa tiene que dotarse de la agencia para que su autonomía estratégica pueda resistir los designios que la administración Trump le asigna en su NSS.
Europa, de este a oeste, cueste lo que cueste
Julio Embid
Esta semana he pasado unos días pateando Transilvania, en el corazón de Rumanía. Visité Cluj-Napoca y Sibiu, dos ciudades vibrantes y limpias, llenas de estudiantes, cultura y vida urbana. También pude descender a las impresionantes minas de sal de Turda, un prodigio de ingeniería de los tiempos del Imperio Austrohúngaro, hoy transformado en atracción turística.
La impresión que me llevé es nítida: Rumanía es un ejemplo perfecto de lo que la Unión Europea es capaz de transformar cuando funciona bien. Desde su entrada en la UE en 2007, el país ha avanzado a una velocidad sorprendente. El crecimiento económico sostenido, la modernización de infraestructuras, el desarrollo urbano y el dinamismo tecnológico -especialmente en ciudades como Cluj, hoy uno de los polos digitales del este de Europa – son visibles a simple vista. No hacen falta estadísticas: basta caminar por sus calles peatonales, observar la vida universitaria o comprobar la calidad del transporte y los nuevos espacios públicos.
Rumanía demuestra que, cuando se ofrece un marco sólido, la capacidad de transformación de un país se multiplica. Y por eso necesita una Unión fuerte, estable y ambiciosa. Igual que la necesitamos en Europa occidental, incluida España.
Porque la alternativa a una UE robusta no es una versión “más ligera”, sino un continente más fragmentado, más vulnerable y con menos peso en el mundo. Hoy, por primera vez en la historia, los gobiernos de Estados Unidos y Rusia actúan abiertamente desde las redes sociales para favorecer a los partidos europeos de extrema derecha y antieuropeístas. Su objetivo es claro: debilitar la Unión desde dentro.
Y está a la vista de cualquiera que a Cluj o a Sibiu no les habría ido mejor sin la UE. Pero tampoco a Burgos, Teruel, Móstoles o Alicante. La Unión Europea es una potencia que ya existe, que ya funciona y que debemos proteger.
La COP30 no detiene el desastre climático
David Rodríguez Albert
El planeta ya ha cruzado un umbral que durante años se presentó como un límite infranqueable. El famoso 1,5 °C, convertido en línea roja y mantra político, está prácticamente superado. No lo dicen activistas apocalípticos, sino el propio Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (UNEP). Con las políticas actuales, el mundo se encamina hacia un calentamiento que lo superará en la próxima década. Y, sin embargo, seguimos actuando como si bastaran pequeños ajustes, declaraciones solemnes o nuevas promesas para detener lo que ya es un proceso global de desestabilización.
Porque el problema ya no es solo la temperatura media, sino el equilibrio general del sistema climático. Y ese equilibrio está quebrándose. Islandia lo dijo sin rodeos hace apenas unas semanas: el posible colapso o fuerte debilitamiento de la AMOC (la gran cinta transportadora de calor que estabiliza el clima atlántico) es una amenaza existencial para su seguridad nacional. Si la AMOC se ralentiza, el norte de Europa podría sufrir inviernos más duros, alteraciones agrícolas, riesgos energéticos y colapsos en infraestructuras que nunca se diseñaron para cambios extremos. Mientras tanto, el sur de Europa, y en particular el Mediterráneo, seguirá sobrecalentándose. Lo que hoy vemos como veranos “excepcionales” (temperaturas que superan los 45 °C, sequías sostenidas, incendios que avanzan a una velocidad incontrolable) será la nueva normalidad. Un continente fracturado climáticamente, con frío extremo arriba y calor insoportable abajo.
En este contexto, la COP30 celebrada recientemente en Brasil tenía una nueva oportunidad de demostrar que la política global estaba a la altura de la emergencia. Pero volvió a dejar esa sensación amarga de tantas cumbres anteriores: avances parciales, cifras que no transforman, mucho lenguaje diplomático y poca realidad. Se habló de financiación climática, de adaptación y de protección de bosques. Pero lo esencial, la reducción real y rápida del uso de combustibles fósiles, quedó una vez más enterrado bajo compromisos futuros, hojas de ruta que nadie cumple y marcos “voluntarios” que dependen, en última instancia, de la buena voluntad de los mismos actores que llevan décadas retrasando decisiones.
Porque la política internacional del clima no está fracasando por falta de información, ni de tecnología, ni de alternativas. Está fracasando por una concepción de la política subordinada a intereses económicos que siguen operando con una lógica del siglo pasado: maximizar beneficios hoy, aunque eso implique destruir el mañana. Gobiernos que hablan de transición energética mientras aprueban nuevas licencias de explotación de petróleo y gas. Empresas que anuncian objetivos de cero emisiones mientras invierten miles de millones en seguir expandiendo infraestructuras fósiles. Y un sistema financiero que continúa premiando los sectores que aceleran la crisis en lugar de apoyar a los que podrían frenarla.
La crisis climática es también una crisis de desigualdad. Y hoy esa desigualdad es más visible y más cruel. Quienes menos emisiones han generado (comunidades rurales, países del sur global, barrios pobres de las grandes ciudades) son quienes pagan los impactos más duros: desplazamientos forzados, pérdida de cosechas, aumento del precio de alimentos, enfermedades vinculadas al calor extremo. Mientras tanto, los grandes emisores siguen negociando márgenes, tiempos y excepciones para no alterar su modelo económico.
Cada día que pasa sin una transformación real, la brecha entre los discursos internacionales y la experiencia trágica de millones de personas se amplía. La pregunta ya no es si tenemos la capacidad técnica para actuar. La verdadera pregunta es si estamos dispuestos a cambiar un sistema político y económico construido para proteger privilegios, no para garantizar la supervivencia común. La COP30 no ha detenido el desastre climático. Pero lo más preocupante es que tampoco ha creado las condiciones para que el mundo empiece a detenerlo. Seguimos atrapados en una política que prefiere gestionar la crisis en lugar de evitarla, que se mueve al ritmo que permiten los lobbies, no al ritmo que exige la ciencia.
Las advertencias de Islandia, los datos del UNEP y la experiencia directa de los fenómenos extremos no dejan espacio para dudas. La crisis climática no espera, sino que actúa, golpea y hace daño. La historia nos está ofreciendo las últimas oportunidades para decidir qué tipo de civilización queremos construir. O empezamos a cambiar ahora o el problema se intensificará con un clima fuera de control. No podemos posponer más la oportunidad de actuar mientras todavía queda algo para defender.
El futuro de Europa en juego
LBNL
A finales de la semana pasada se fue sabiendo del plan norteamericano de 28 puntos, pergeñado por el socio inmobiliario y enviado especial de Trump (en principio solo para Oriente Medio…) Steve Witkof con Rusia, para la rendición de Ucrania con fecha límite de ayer jueves, festividad de Thanksgiving en EE.UU. de forma que el futuro Nobel de la Paz pudiera festejar en paz. El sábado varios líderes europeos, incluido nuestro Presidente del Gobierno, publicaron una declaración escrita reafirmando los principios de Europa para la paz entre Ucrania y Rusia. El domingo varios asesores de seguridad europeos se desplazaron a Ginebra donde el Secretario de Estado norteamericano Rubio se reunía con el presidente Zelensky. Al concluir la jornada Rubio repitió varias veces que habían sido unas reuniones muy productivas, que finalmente cristalizaron en un plan de paz alternativo de 19 puntos, al que algunos líderes europeos han dado la bienvenida como un bastante mejor punto de partida. Entre medias, se filtró a principio de semana la transcripción de un par de conversaciones entre Witkoff y su contraparte rusa, en las que el primero aconsejaba sobre cómo debía Putin “vender” el acuerdo (de 28 puntos) a Trump, sugiriendo en que debía adularle alabándole por sus logros hasta la fecha. Muchos dieron a Witkoff por finiquitado ipso facto pero a Trump le pareció todo normal en el marco de unas negociaciones. En esas momento apareció en escena el Secretario del Ejército Driscoll – no confundir con el ex tertuliano de Fox y Secretario de Defensa Hegseth, que se mantiene al margen en Washington – viéndose y hablando con ucranios y rusos pero siempre incidiendo en que a Ucrania le conviene más una mala paz que la aniquilación a la que se vería sometida si la guerra continua. La particularidad de Driscoll es que es compañero de armas del Vicepresidente Vance No lo dice explícitamente pero apunta al negro futuro bélico de Ucrania si EE.UU. le corta todo suministro de armas (últimamente son países europeos los que las pagan) y la colaboración de inteligencia, sin la cual el ejército ucraniano no sabría a dónde disparar. Porque esa es la espada de Damocles que blande Trump sobre Zelensky. Y sobre la Unión Europea que posiblemente no sería capaz de sostener a Ucrania sin la colaboración del Tio Sam.
No son pocos los que en Europa – y todavía más en España – verían con buenos ojos un fin de la guerra rápido, en las condiciones que sean. Para empezar, dejarían de morir civiles ucranios bombardeados y lo que queda del país podría volver a la normalidad. Además, la mayor parte de los territorios ucranianos ocupados por Rusia – no se conforma con lo que ya ocupa sino que quiere todo el Dombás – son ruso-parlantes y lo del veto a su entrada a la OTAN no deja de tener sentido ya que supone una amenaza para Rusia, a la que, por otra parte, pertenecía Crimea hasta que el ucranio Kruschov se la regaló a su república soviética de origen. Y encima es que no pueden ganar porque Rusia es más grande, tiene más soldados y encima tiene armas nucleares. Visto así…
Dejando de lado otras consideraciones como que Ucrania debería tener el derecho a mantener su integridad territorial o a decidir libremente con quién quiere asociarse, tal rendición impuesta tendría gravísimas consecuencias para Europa. Desde la Segunda Guerra Mundial hemos mantenido el axioma de que no se pueden cambiar las fronteras por medio de invasiones. Si aceptamos que se cambien las ucranias, ¿quién nos garantiza que no se cambiarán otras por la fuerza en el futuro? Especialmente teniendo en cuenta que gran parte de los argumentos rusos para negar la legitimidad de Ucrania – siempre fue rusa, son nazis, tratan mal a los ruso parlantes – valen también para Polonia o las repúblicas bálticas. Si por lo menos lo de la invasión de Ucrania fuera una excepción… pero no lo es: en 2014 Rusia ya se hizo con una parte del Donbás y con Crimea, en 2008 Rusia invadió partes de Georgia, que mantiene ocupadas, en 2001 arrasó Chechenia a sangre y fuego, que si bien era una república autónoma dentro de Rusia, fue mucho más grave que la represión serbia sobre Kosovo, que no le salió gratis a Milosevic y sus socios genocidas. Por no hablar del golpe de Estado de Jaruzelski en Polonia cuando Solidarnosc, Praga 1968 o Hungría 1956. Es decir, Rusia viola la soberanía de sus vecinos cada vez que siente que su dominio sobre su área de influencia se ve amenazado. Al coste que sea. Y gran parte del antiguo Pacto de Varsovia y algunas repúblicas exsoviéticas – las tres bálticas pero también Moldavia – se han emancipado completamente. Por lo que no es en absoluto descabellado sospechar que una vez domeñada Ucrania, pase al siguiente objetivo.
No solo no es descabellado, por mucho que lo pueda parecer, sino probable. Basta recordar que antes de invadir Ucrania Putin dio un ultimátum: retirada de la OTAN de todos los países del Este que se han sumado a ella desde el fin de la Guerra Fría. ¡Claro! dirán los que sostienen que es precisamente la ampliación de la OTAN la causa de todos los males. Olvidan que la OTAN no invade: son los antiguos tutelados por Rusia los que ruegan que les dejen entrar precisamente para sentirse protegidos de una nueva tutela. ¿Y con qué derecho le decimos a los polacos, o a los rumanos, que no, que ellos son diferentes y tienen que aceptar que su destino está ligado a Rusia?
La OTAN y la UE nunca han invadido a nadie. EE.UU. invadió Irak, ilegalmente, con ayuda de algunos países europeos, sí, pero no la OTAN ni la UE. Y lo de Afganistán fue una intervención militar autorizada por el Consejo de Seguridad tras el 11-S. Rusia en cambio invade cuando lo considera oportuno, repetidamente, y todo indica que si lo de Ucrania le sale bien, sentirá que puede seguir haciéndolo impunemente. Especialmente ahora que ha transformado su economía en una de guerra y tendrá tanques, misiles y aviones a mansalva.
No sé que pasará en los próximos días y semanas pero sí sé que hemos salvado un match ball este Thanksgiving. El partido está difícil porque nuestro mayor aliado parece tener gran interés en poner punto final a la guerra al precio que sea, para ganar el Nobel, ahorrarse costes y hacer negocio en Ucrania y Rusia, que es una parte importante del infame acuerdo de 28 puntos. Pero no está perdido y Europa está poniendo toda la carne en el asador, por solidaridad con Ucrania pero, sobre todo, porque nos jugamos nuestro futuro. Ojalá todo el mundo fuera consciente de ello.
Nunca más
Verónica Ugarte
“… no juzgar y no condenar el crimen sería fomentar la impunidad y convertirse, de algún modo, en su cómplice.” Jorge Luis Borges
La tragedia y humillación que, en términos de popularidad y liderazgo representó la pérdida de la Guerra de las Malvinas, hizo caer el gobierno de facto de las Juntas Militares, las cuales gobernaban a la Argentina después que éstas, mediante golpe de Estado, hiciesen caer el Gobierno de María Estela Martínez, viuda de Perón.
A tal propósito, derrocar un Gobierno elegido en las urnas, se unieron Ejército, Armada y Fuerza Aérea. Si bien los derechos humanos durante el mandato de la segunda esposa de Perón fueron mermados y violentados, dando inicio a la llamada expulsión de rojos y comunistas de la Argentina, mediante la Ley de Aniquilamiento, las tres ramas de las fuerzas armadas argentinas vieron todo ello insuficiente, y al derrocar a María Estela, ocho años de desapariciones, secuestros, torturas y muerte empezaron.
Con el retorno de las elecciones, el nuevo Presidente, Raúl Alfonsín, dejó claro que uno de los propósitos para seguir adelante, y reconciliar a los argentinos era sentar bases sólidas de la democracia mediante la justicia. El nuevo Presidente sabía que la transición democrática hacia una paz duradera pasaba porque el país se estableciera sobre el Estado de Derecho, sobre el principio democrático básico: la igualdad de todos ante la Ley. Esto se traduce como justicia para todos, y llevar a juicios a quienes utilizaron la muerte como herramienta política.
Los argentinos reclamaron esa justicia, pero a través de un proceso judicial. Darle a los verdugos lo que ellos no dieron a sus víctimas: un juicio. Ese juicio no era contra las fuerzas armadas. Era contra quienes, dentro de ellas, habían sembrado el terror, las desapariciones de padres, hijos, hermanos… Quienes habían expulsado del país a intelectuales y a jóvenes. Quienes mediante los llamados vuelos de la muerte, los subterráneos de la Escuela Superior Mecánica de la Armada, asesinos nocturnos o diurnos, a ellos, se les dio un juicio civil, no militar, todo un hito en la Historia de la Humanidad.
El Juicio contra las Juntas era imperativo. No es posible que una democracia funcione adecuadamente si se pierde la confianza en la Justicia, ya que ésta es el garante de la Constitución y del Estado de Derecho. Sin ellos, no puede existir una democracia constitucional.
Raúl Alfonsín pensó en las próximas generaciones, no en las próximas elecciones, y por ello su valiente acto y decisión política fueron clave para la reconstrucción de un país herido.
Los cabecillas del terror escucharon los testimonios de pocas de los millones de víctimas que ocasionaron con su infierno, con la obsesión por retirar del suelo argentino todo lo que para ellos era subversivo. Buenos católicos se declaraban. Patriotas al mismo tiempo. ¿Qué clase de locura y sin razón yace en el cerebro de quien mata a jóvenes que acaban de dar a luz y roban a sus hijos? ¿Qué clase de cristiano ferviente tortura mediante una cadena de deconstrucción humana?
A pesar de los todas las amenazas, el fiscal Julio César Strassera logró que los Jueces condenasen a Videla y a Massera a cadena perpetua. Cierto es que no era suficiente. Cierto es que Alfonsín tuvo que realizar concesiones ya que los militares golpeaban las mesas y el miedo volvía.
Pero el acto de justicia se había logrado. El camino iniciaba de nuevo. Los indultos debían realizarse, pero en la medida de una inteligencia que, de no haberla en el pasado, ni tan solo los juicios se habrían realizado.
En los años 2000 el presidente Kirchner inició el cuestionamiento judicial de la constitucionalidad de los indultos. Gracias a ello, éstos fueron declarados nulos y los condenados en los juicios cumplieron las condenas impuestas.
Desde 1983, Argentina vive en Democracia. Nos gusten sus presidentes o no, los argentinos tuvieron el arrojo que otros países no tuvieron, con ello perdiendo una oportunidad que pasó de largo.
En el principio, Borges, ese padre del Boom, apostó por los militares al hacer caer el Peronismo, pero pronto se dio cuenta de su error, convirtiéndose en una figura incómoda para las Juntas al criticarlas abiertamente en el extranjero. Asistió a uno de los juicios, escuchó con horror las palabras de un torturado, quien explicaba los cuatro años de detención como si fuese una cosa normal. Había perdido el alma durante su lucha.
Afortunadamente, Argentina no pierde la suya.