Lluís Camprubí
La reciente decisión de la administración Biden de considerar negociar en el marco de la OMC/WTO un “waiver” (exención) de la protección intelectual de las vacunas para la COVID-19 ha supuesto un nuevo marco para la discusión sobre la mejor manera de fabricar y distribuir vacunas a toda la población mundial. La noticia es -sin duda- de relevancia histórica porque fija un nuevo marco de relaciones entre la administración americana y la industria farmacéutica -tradicionalmente una relación de perfecto alineamiento- y porque señala la necesidad de no dejar asunto sin discutir en la consecución de una pronta vacunación global. Desde algunos ámbitos periodísticos apuntan con una mirada más cínica que la propuesta -tomada a sabiendas de los calendarios y las dificultades de la medida- responde más a un intento de éxito diplomático que a una apuesta por la medida como solución. Pero sea como sea lo cierto es que es un hecho relevante y que, aunque pueda ser simbólico, ello no quita que lo simbólico también tenga importancia y que genere y desencadene cambios y active esfuerzos.
Sin embargo, en esta cuestión no confundir el corto y el largo plazo y entender los tiempos es fundamental para el éxito. El propio comunicado ya señala: “We will actively participate in text-based negotiations at the World Trade Organization (WTO) needed to make that happen. Those negotiations will take time given the consensus-based nature of the institution and the complexity of the issues involved”. Es decir que se comprometen a negociar un texto que se sabe que por la propia naturaleza de la complejidad del tema y la necesidad de consenso se tardará tiempo en conseguir. De hecho, distintas voces conocedoras de las dinámicas internas en estos asuntos señalan que podría ser alcanzable un acuerdo (en un escenario ágil y de predisposición de todos los actores) no antes de noviembre-diciembre. Sigue leyendo