LBNL
No me refiero a los fuegos forestales tan típicos de estas fechas sino a la proliferación de malas noticias de las últimas horas. Trescientas personas murieron en la tarde de ayer cuando un misil tumbó el avión comercial malasio que sobrevolaba el este de Ucrania, doblando de una tacada el saldo de víctimas que viene acumulándose desde hace meses y propiciando un salto cualitativo en términos de internacionalización de la crisis. A las pocas horas, las tropas israelíes entraban en Gaza tras varios días de bombardeos que han regado la franja con la sangre de más de un par de centenares de muertos, la mayoría civiles desarmados no combatientes, dejando en nada las frágiles esperanzas alimentadas por el alto el fuego humanitario de cinco horas decretado por la mañana. Por no hablar de las varias decenas de millones de personas que se encuentran en una situación cada vez más desesperada en Siria, Irak, Darfur, Sudan del Sur o la República Centroafricana, sometidos al fragor salvaje de la guerra sectaria y étnica.