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Si están leyendo estas líneas será porque se he restablecido el suministro eléctrico, como ya parece ser el caso para la mayoría de hogares españoles a medianoche del lunes al martes. En las próximas horas y días se esclarecerá la causa del mayor apagón eléctrico sufrido por la península ibérica que, a salvo de prueba en contrario, parece ser técnico/natural antes que provocado por un agente externo.
Lo más importante es que la red eléctrica española haya sido capaz de superar la crisis en unas pocas horas. Unas pocas horas críticas para millones de españoles, no tanto los ingresados en hospitales que inmediatamente suplieron el corte de suministro con generadores como los millones de varados en calles, carreteras, trenes, metros o aeropuertos, o en sus domicilios necesitando electricidad para sobrevivir. No somos buenos en previsión y protocolos de crisis pero sí en responder a las emergencias con calma, resignación e incluso sabiduría, en plan qué se le va a hacer, toca esperar que ya volverá la luz. Que no es fe infundada sino confianza en que la administración, los frecuentemente denostados funcionarios, serán capaces de restablecer la normalidad, como así ha sido.
Cosas de la vida, estaba yo fuera de España reunido con una veintena de funcionarios de una organización militar internacional a la que pertenece España cuando llegaron las noticias del apagón. No fueron pocos los que, como tantos otros en las redes, inmediatamente apuntaron a “los rusos” como causantes. Podría ser porque de “los rusos” que invaden a los vecinos, mandan paquetes incendiarios en aviones de carga, envenenan a ex espías en Occidente y cooperan con el crimen organizado para propagar el mal cibernético, cabe todo esperar. Es lo que tiene ejercer activamente de malo que, cuando algo malo pasa, es fácil que se sospeche de ti.
Pero una cosa es una cosa y otra bien distinta es tener certezas que permitan actuar contra el supuesto actor que te ha atacado, ya sea ruso o, como también he oído, marroquí, lo cual no es sorprendente dado el solido poso anti moro que albergamos, desdeñando que los gaseamos con armas químicas en los años 20 del siglo pasado: los malos son ellos, es asín.
En paralelo a los conspiranoicos – por la falta de indicios – han surgido inmediatamente también los expertos en energía, electricistas premium, para explicar las causas técnicas por las que se cayó el sistema: la introducción de las renovables desestabiliza el sistema y zas, de repente se cae. Lo que no explica por qué no se ha caído antes, aquí o en otros lados, dado que las renovables no se introdujeron en el sistema ayer. Pero quién sabe.
Ya veremos. Me quedo con un par de cosas. Primera y más importante: España sabe responder a las emergencias con calma y sentido común, con un trasfondo de profesionalidad para la vuelta a la normalidad. No es baladí. En muchos sitios un apagón provoca saqueos a los comercios presa del pánico, disparos de la policía para impedirlos y caos en la administración encargada de restablecer la normalidad.
Segundo, la normalidad a la que estamos acostumbrados es mucho más vulnerable de lo que somos normalmente conscientes. Hace solo unas pocas semanas todo el mundo se tomó a chifla el aviso de la Comisión Europea de que había que estar preparados para una crisis de 72 horas en la que nada funcionara: electricidad, cajeros, supermercados, etc.
Tercero, para combatir la vulnerabilidad, tanto ante causas técnicas como ante posibles ataques externos, es necesario aumentar nuestra resiliencia, es decir, nuestra capacidad de resistir crisis semejantes, duplicando sistemas de emergencia y respuestas de crisis a fallos en el sistema. No es lo mismo tener una subestación eléctrica que dos, o cuatro, u ocho. No soy ducho en el tema eléctrico pero los aviones siempre vuelan con dos generadores, uno en funcionamiento y otro en reserva, por si se cae el primero. Cuesta pasta pero salva vidas, lo digo con conocimiento de causa porque una vez se cayó el primero y aterrizamos rápidamente con el segundo: porque con uno solo está prohibido volar, precisamente porque puede romperse.
De nuevo, la Comisión Europea lleva un par de años empujando a los Estados Miembros de la UE a mejorar sustancialmente la seguridad de las infraestructuras críticas, eléctricas incluidas. Los Estados Miembros cooperan, porque saben que es necesario. Pero cuesta pasta. De ahí la necesidad de los impuestos, siempre denostados. Queremos seguridad, queremos que todo funcione, que todo funcione bien. La administración responde pero la prevención cuesta dinero. Nada es gratis.
Hacienda somos todos.