Verónica Ugarte
Carolina Herrera contó en su día que ella no salía de su barrio. Claro, vive en la 7ª Avenida, uno de los más exclusivos barrios de Manhattan. Un jersey de su nueva colección cuesta casi mil euros. Chatarrilla para sus clientes habituales, o los de esos círculos.
La edición de San Valentín de la gorra MAGA cuesta en la tienda de la Trump Tower US$ 55,00. Un artículo de primera necesidad si eres su votante, fan, creyente. Y por ese precio sé perfectamente que no está hecho por manos blancas, sino por costureras explotadas en barrios lejanos, quienes, como los rednecks, nunca podrían entrar en el corazón del imperio de Donald. Una noche en su hotel son 2,000 euros. Si, cualquiera de sus votantes se lo puede permitir.
¿Y por qué reflexiono acerca de esto? Simple. Uno de las diatribas del nuevo Presidente es afirmar con contundencia que China no compra a EEUU. ¿Por qué habrían de hacerlo? ¿Es que no sabe que la mano de obra en China es mucho más barata? Que sus gorras en China me costarían 9 euros más el envío. Sigue leyendo