Carlos Hidalgo
Así titulaba uno de sus boletines el premio Nobel de economía Paul Krugman. Muchas personas, empeñadas en racionalizar las políticas de Donald Trump, de su gabinete y de su primer ministro no oficial, Elon Musk tratan de desviar la atención de esa pregunta, tratando de encontrar una lógica superior.
Hay personas que cobran enormes cantidades de dinero en las grandes consultoras, en los gabinetes de estudios de los bancos y en los medios de comunicación que han dedicado enormes cantidades de tiempo y energía a intentar convencernos de que había lógica, racionalidad y un plan oculto en las decisiones de Trump. O peor: que realmente no pensaba hacer lo que no hacía más repetir una y otra vez que haría. Yo me replantearía seguir confiando en esas personas, pero claro, si les perdonaron lo de Enron y los falsos análisis de la crisis de las “subprime” también les perdonarán esto.
Lo que Krugman explica y creo que no le falta razón, es que tanto Trump como Musk son personas aquejadas de dos males:
El primero es el llamado “cerebro de millonario”, que es un mal que aqueja a las personas exitosas, que creen que ya saben todo lo necesario, que se equivocan menos que los mortales y que no necesitan saber o aprender nada más, porque podría alterar a sus inexistentes dones naturales.
El segundo es que tienen un ego tan frágil que creen que si reconocen un error estarían sometidos a una humillación insoportable. Por lo que siguen adelante con sus meteduras de pata, tratando de que la realidad se acomode a sus opiniones a base de golpearla y de maltratarla. Sigue leyendo