David Rodríguez Albert
Hace unos días se comentaban en Debate Callejero las sorprendentes declaraciones de Donald Trump sobre temas geoestratégicos como las anexiones de Canadá o Groenlandia. Estos delirios expansionistas ponen de manifiesto la desesperación del líder ultraderechista para mantener la hegemonía de los Estados Unidos en un tablero mundial que anda agitado últimamente. Pero, más allá de estos disparates, la investidura del segundo mandato del Presidente de los Estados Unidos nos ofrece numerosos elementos de preocupación que van más allá de lo hasta ahora señalado.
Dentro de la agenda de Trump figuran también importantes recortes de derechos y libertades básicos, como es el caso de las amenazas contra la diversidad afectivo sexual, y que llegan al extremo de salir nada menos que de la Organización Mundial de la Salud. Sumamos a esto elementos xenófobos como el anuncio de medidas represivas, incluso de corte militar, para contener la inmigración procedente de México. Como no podía ser de otra manera, se plantean también medidas de impunidad directa como el indulto a los asaltantes extremistas contra el Capitolio y la democracia misma de los Estados Unidos. Añadimos las típicas medidas proteccionistas en materia económica, que contrastan con la cacareada oda al liberalismo que suele proceder de algunos académicos que le apoyan. Y acabamos la enumeración con la desastrosa propuesta de ampliar la extracción de petróleo en un planeta que se ahoga por la emergencia climática, destacando la terrible paradoja de que la propia ciudad de Los Ángeles ha estado en llamas durante los últimos días debido a una oleada de incendios extremos. Sigue leyendo