Marc Alloza
El mundo de las oposiciones es uno de los muchos multiversos que cohabitan entrelazados en nuestra sociedad como el del running, los cuerpos de seguridad o los amantes de la air fryer. Los miembros de este colectivo principalmente son aspirantes a funcionarios de carrera pero también hay de éstos que opositan para promocionar internamente. Eternamente estudiando, sacrificando vacaciones, festivos y fines de semana, muchos estudian más para las oposiciones que para la selectividad o cualquier otro examen/asignatura de sus vidas.
Los opositores por vocación al servicio público o no, valoran que el premio en España cada vez vale más la pena. A parte de la estabilidad, que es mucho mayor que en el sector privado, a nivel salarial hay sensibles diferencias también. La proporción de trabajadores con salarios bajos (<16.000 €/anuales) en la administración pública es de un 10% mientras que en el sector privado asciende al 29,3%. El rango salarial en el sector público es menor pero también lo es la desigualdad. La brecha salarial entre hombres y mujeres es de un 8,1% en el sector público mientras que en el privado es de un 25,8%. Desde 2008 el salario medio público es entre 740,7€ (2012) y 1066,1€ (2020) superior al salario medio del sector privado.
El universo de las oposiciones lleva unos años convulso a raíz de una serie de cambios legislativos. Después de décadas sin sacar, en general (siempre hay excepciones), concursos, se llegó a unos porcentajes de temporalidad bochornosos que sumado a la oleada de jubilaciones generó el marco perfecto para sacar nuevas plazas y convocatorias en abundancia. Personas que llevaban más de una década trabajando para la administración como funcionarias interinas o personal eventual no habían consolidado una plaza o la suya propia porque nunca salió a concurso. El problema, en cierta medida, se nutría principalmente de la desidia de la Administración de turno que, aparte de la flexibilidad que le aporta poder poner y quitar empleados a su conveniencia según la necesidad, también ahorra, puesto que interinos o eventuales no pueden ascender dentro de la Administración y por lo tanto no ascendían en la escala salarial. Por otro lado, el interino de largo recorrido en cierta medida se beneficiaba puesto que no se jugaba su puesto en un examen a muerte como ahora sí pasa. Sigue leyendo