La tarea del héroe (I)

 Teoura

Los comportamientos que las sociedades consideran admirables y ejemplares varían mucho. Lo heroico es, además, un valor de apreciación subjetiva. Está, por tanto, sometido a más altibajos que el IBEX-35.

Dado que los mitos fundacionales de las naciones suelen fabricarse con una argamasa hecha a base de tierra y sangre, no era infrecuente atribuir la condición de héroe sobre todo a los guerreros que aportaron a la artesa del alfarero nacional una buena cantidad de líquido elemento, fuera propio o ajeno.

El héroe es, por definición, espejo de virtudes. Necesita un relato o, como se dice últimamente, una “narrativa”: alguien que construya una imagen coherente e impoluta; no necesariamente fiel a la realidad, pero que permita establecer el arquetipo de lo que se postula como ilustrativo para el conjunto de la sociedad. En esa narrativa imperan los rasgos culturales del momento, por lo que el paso del tiempo suele ser inclemente con los héroes. Por las fechorías que cometieron, que fueron en su edad timbres de gloria, a muchos héroes históricos habría que meterlos hoy en la cárcel o en un manicomio.

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