Economía real

Julio Embid

El domingo fui a un centro comercial a mirar y comprar cosas. Soy de esos afortunados de clase media-alta que libran los sábados y domingos, que el fin de semana se dedica a gastar en bienes y servicios lo que le ingresan a primeros de mes en la nómina por el trabajo que realiza de lunes a viernes. Y no me quejo en absoluto. Otras personas por el contrario trabajan los fines de semana o a turnos para que una parte de la sociedad disfrute durante dos días. Soy de esas personas que está a favor de los horarios amplios (muchos días hacemos la compra de la cena en un hipermercado pasadas las 21:30 de la noche) y de la apertura de establecimientos los fines de semana. La izquierda verdadera te dice que no, que los fines de semana nada, que si los centros comerciales están matando al pequeño comercio y que si es mejor todo cerrado y a pasear por el bosque. La verdad es que yo creo que es casi como ponerle puertas al bosque (o al Amazon), ya que a través de internet uno puede comprar cualquier cosa a cualquier hora del día en cualquier lugar del mundo. Y que, desde luego, el pequeño comercio tampoco vota a la izquierda verdadera. Sigue leyendo

La mentirijilla como arma en la batalla del motor de Barcelona

Senyor G

Hace unos años, me sorprendió que el cura del funeral de mi tío dijese que mis abuelos habían decidido incorporarlo al nacer a la santa madre iglesia mediante el sacramento del bautismo y esas cosas. Me pareció que al cura le iba bien para hilvanar su discurso y alguna cosa más, y aunque podría decir que no era verdad me tenía que callar. ¿En los años 40 podrían mis abuelos haber decidido otra cosa? Mi abuelo el que estuvo en un batallón de trabajadores después de haber perdido la guerra.

Y he vuelto a pensar últimamente con los artículos de los temas de moda en los medios y debates: ocupaciones de viviendas, la defensa de la monarquía y los cambios en el urbanismo y la movilidad en ciudades como Barcelona. Muchas veces entroncando con las “fake news” y desde medios serios y publicados en papel.

No sé si les están llegando y de qué manera los “debates” en torno a los cambios en la movilidad en la ciudad de Barcelona. Lo que parece una necesidad de salud y de sostenibilidad: volver a darle al peatón más espacio en nuestras ciudades y por consiguiente ir quitando el espacio a motor, está desatando todo tipo de noticias, artículos y opiniones contra el gobierno de la ciudad de Barcelona. Sigue leyendo

Daguerrotipos durante la Gran Crisis

Arthur Mulligan

  1. La izquierda

Largo Caballero como fondo Velazqueño.

El gran historiador francés Élie Faure, para advertirnos de los rasgos decadentes e intolerantes de la España del siglo XVII, escribía: “El mundo en el que vivió Velázquez era triste. Un rey degenerado, infantes enfermizos, imbéciles, enanos, tullidos, bufones monstruosos disfrazados de príncipes, todos ellos mantenidos unidos por la etiqueta, el complot, la mentira, por la confesión y por el remordimiento”.

En aquella época era muy habitual que caballeros privados o enviados del rey se presentaran en los dantescos manicomios de la época para comprar algunos de los desdichados que habían acabado allí dentro y de este modo los escogidos se descubrían subidos a un ascensor social que, de los infiernos, les catapultaría a un hermoso mundo, bajo las luces de la vida cortesana. Sigue leyendo

Rey emérito, república y país (y III)

Juanjo Cáceres

El pasado 28 de julio presentábamos la segunda entrega de esta trilogía de reflexiones monárquicas. Casi dos meses después, con todo lo transcurrido desde entonces, puede resultar cansino volver sobre el tema: en julio no se había producido todavía la marcha de Juan Carlos de Borbón, ni habíamos asistido a ese alud de respuestas políticas a la misma, ni tampoco a la resurrección del mensaje republicano que la huida ha suscitado. Pero sí que resulta útil relacionar ese terremoto político con la robustez de la monarquía constitucional: ¿ha supuesto ese escándalo algún cambio en la agenda política del país o ha hecho vislumbrar algún nuevo horizonte? La respuesta es negativa y las causas son más que evidentes.

El fuerte blindaje de la Constitución del 78, difícilmente abordable mediante la fórmula reivindicada las últimas semanas de convocar un referéndum para decidir entre monarquía y república, no se ha visto ni mínimamente alterado. Mientras los partidos de un signo cerraban filas con la Familia Real, los de otro signo decían aquello de que “España, mañana, será republicana”, subrayando después: “Pero no hoy”. Los tiempos de Covid-19 no han propiciado manifestaciones masivas impugnatorias de la monarquía y tampoco es evidente que, en caso de darse un contexto sanitario más propicio, estas hubieran superado los compartimentos ideológicos habituales en este tipo de pronunciamientos. Sigue leyendo