Los personajes y las personas

Juanjo Cáceres

Una persona puede ser muchas cosas a la vez, cosas que incluso resulten contradictorias en apariencia. Puede ser, por ejemplo, un genio, y a la vez un embaucador. Puede ser humilde, pero a la vez generar a su alrededor un personaje de ficción chulesco y provocador. Puede incluso ser tímido, pero vivir permanentemente en la arena de la disputa dialéctica, sin hacer ascos a las embestidas, ni rehuir el cuerpo a cuerpo. Ejemplos de seres capaces de aunar características tan dispares hay muchos, siendo dos de ellos especialmente famosos: el político mutado en periodista, Pablo Iglesias y el jugador mutado en entrenador, Luis Enrique.

Cuando nos encontramos ante personajes así, se producen inevitablemente algunos efectos: que se generen legiones de seguidores y detractores a su alrededor, que la forma como se les juzga tenga más que ver con el grado de filia o fobia que cada individuo siente hacia ellos y también que a las personas que les toca interpretar el personaje les cueste saber cuándo han de volver a ser ellos mismos. Ese volver a ser ellos mismos no tiene que ver solo con el cargo que ocupan en un momento determinado, pues el personaje puede seguir existiendo más allá del mismo, debidamente reconvertido. El caso de Pablo Iglesias, que ha transitado desde tertuliano hasta impulsor de un canal televisivo, pasando por secretario general, presentador, vicepresidente del gobierno y titular de un podcast, es un caso paradigmático de cuan variopinta puede ser la reinvención de un personaje en un corto espacio de tiempo. Sigue leyendo