Carlos Hidalgo
Dice el Nuevo Testamento que una vez reprochaban a Jesús y a sus discípulos que recogieran grano en sábado, algo prohibido por las normas talmúdicas. Jesús respondió a esos reproches diciendo que “el sábado se hizo para el hombre, no el hombre para el sábado”. De esta manera, hace 2000 u pico años, Jesús ya hablaba de que vivimos en un entorno hecho de construcciones sociales y que éstas no eran leyes de la naturaleza, sino convenciones que, en principio, debían servir a un colectivo humano.
Lo mismo pasa con las ideologías. Las ideologías son un conjunto de objetivos y visiones éticas más o menos estructuradas y más o menos consensuadas que pretenden lograr el bien común. Y las ideologías, como el sábado, están (o deberían estar) hechas para servir a las personas, no para que las personas las sirvan a ellas. Pero en religión y en ideología, ay, sabemos que no siempre es visto así. En demasiadas ocasiones hemos visto como hay personas que se sirven de un dios, una patria o un objetivo político silentes para esclavizar a otros. Y que las ideas que debían servir a un bien colectivo terminan al servicio de unos pocos, e incluso de uno solo. Sigue leyendo