Irán se planta y Trump vuelve a ceder

LBNL

El alto el fuego de Trump expiraba hoy y ayer mismo repitió hasta la saciedad que no lo iba a prolongar. Pero lo hizo después de que Irán anunciara que no acudiría a la proyectada reunión en Islamabad hasta que EE.UU. no levante el bloqueo del Estrecho de Ormuz. Hace mes y medio el Estrecho estaba abierto. Tras la agresión militar de EE.UU. Irán lo cerró y Trump exigió su reapertura. Pero cuando Irán lo reabrió tras la entrada en vigor de la tregua de quince días decretada por Trump, lo hizo con condiciones y entonces Trump sorprendió a propios y extraños estableciendo su propio bloqueo: si no pueden pasar todos libremente, no pasa ninguno. Otro tiro en el pie del mayor idiota del planeta, título que se está ganando a pulso día sí y día también. Porque a él más que nadie le interesa que baje el precio de la gasolina en EE.UU. y cuantos más petroleros pasen, mejor, aunque sean solo de países no afines a EE.UU. y pagando tarifa de paso a Irán. Pero no, sin ningún empacho decretó el cierre, tan ilegal según la Convención del Mar (UNCLOS) como el forzado por Irán, aceptando implícitamente la legitimidad del cierre iraní. Y ahora Irán dice que en tales condiciones no negocia. Y Trump volvió a ceder.

Volvió a ceder porque se está quedando sin opciones. El tiempo corre en su contra: desde el primer día insiste en que Irán está derrotado y desesperado pero la realidad es la contraria. Irán tiene misiles, lanzaderas y sobre todo, miles de drones con los que seguir destrozando las infraestructuras de sus vecinos, las monarquías árabes sunitas aliadas de EE.UU. si se le sigue bombardeando. Y seguir atacando a Israel que, como EE.UU. y las monarquías árabes, se están quedando sin interceptores, con el agravante de que la tasa de reposición es bajísima. En los primeros quince días de guerra, EE.UU. y sus aliados gastaron casi mil interceptores, más que Ucrania en cuatro años de defensa frente a los misiles rusos. Dispararon a tutiplén contra todo lo que enviaba Irán, que inicialmente optó por drones, tremendamente baratos frente a interceptadores que valen cada uno entre uno y diez millones de dólares. Se calcula que haría falta un año y medio de producción para reponer los interceptadores utilizados solo en esa primera quincena. De ahí que en las semanas posteriores hasta la tregua, los misiles – ahora sí, una vez destruidos los radares avanzados americanos y mermada la reserva de interceptadores – penetraran sin apenas oposición hasta llegar a sus blancos, también en Israel que llevaba un par de décadas convencido de la impenetrabilidad de su escudo anti aéreo.

El ataque israelo-americano fue claramente ilegal. Irán es un miembro no respetable de la comunidad internacional, sometido a sanciones – apoyadas por China y Rusia – por lo amenazador y peligroso de su programa nuclear y su apoyo a milicias que desestabilizan a sus vecinos, léase Líbano o Iraq. Y por supuesto es todo menos una democracia respetuosa de los Derechos Humanos, con varios miles de sentenciados a la pena de muerte cada año y sus mujeres sometidas a vejaciones de sus Derechos Humanos más básicos como si tal cosa. Pero nada de eso hace que el ataque fuera conforme al artículo 51 de la Carta de Naciones Unidas, que los autoriza solo en defensa propia.

Pero es que, a diferencia del secuestro de Maduro, a todas luces igualmente ilegal pero que ha mejorado la situación general en Venezuela con un coste muy bajo de violencia, muerte y destrucción, el ataque a Irán no ha tenido ningún rédito. El Estrecho estaba abierto y ahora cerrado. El programa nuclear iraní sigue exactamente como estaba: en ruinas tras los bombardeos de junio pero al margen de cualquier supervisión internacional. Por no hablar de los Derechos Humanos de los varios miles de iraníes muertos y heridos por las bombas, mujeres incluidas, sin que las demás hayan visto ninguna mejora en su situación tampoco. Así que ilegal y contraproducente.

Y claro, el señor naranja no sabe qué hacer. Los iraníes, persas de tradición milenaria, chiitas prestos al sufrimiento, están acostumbrados a los sacrificios y por supuesto, la agresión exterior no ha hecho sino reforzar la cohesión interna y por tanto fortalecer al régimen. Pensó que matando a Jamenei caería como un castillo de naipes, demostrando un desconocimiento brutal de su enemigo. Y que el bombardeo posterior acabaría de quebrar la voluntad de los guardianes de la revolución privándoles de lanzaderas y demás medios para devolver los golpes. Nuevo error que ilustra una vez más lo peligroso que resulta creerse la propagando propia.

Y las mid-term elections siguen acercándose y los republicanos se van inquietando cada vez más con el galón de gasolina en 4 o incluso 6 dólares en algunos Estados.

Para que se hagan una idea de cómo están los ánimos en Irán, los más radicales respondieron ayer abogando por tomar la iniciativa, interpretando que el bloqueo americano es una agresión y que la extensión de la tregua es una trampa para asestar un golpe sorpresa. Confiemos en que no consigan imponerse a la milenaria sabiduría persa en la que prime el interés propio en conseguir un acuerdo por el que EE.UU. se comprometa – por medio de un Tratado ratificado por el Congreso – a no volver a atacarles y levantar todas las sanciones a cambio de limitaciones verificables de su programa nuclear. Sería un triunfo en toda regla para un régimen execrable pero qué quieren, es la única salida viable que nos ha dejado la torpeza criminal del paleto narcisista que dirige la mayor potencia mundial.

Y sería también, probablemente, el principio del fin de la hegemonía internacional norte americana, cuyo mantenimiento era hasta hace solo unos meses su objetivo principal. Mientras tanto, China, que había acumulado reservas petrolíferas en cantidades ingentes durante el año anterior, contempla con serenidad como EE.UU. se suicida…