LBNL
Cuando lean esto seguramente no esté del todo claro todavía quién ha ganado la Presidencia de los Estados Unidos. Especialmente si fuera Kamala Harris la que va en cabeza – improbable cuando escribo – porque en tal caso Trump y su legión de abogados y activistas MAGA se desgañitarán y dejarán la vida planteando quejas y recursos para anular resultados locales que permitan revertir los resultados de aquellos Estados en los que hayan perdido, y así revertir el resultado global. Pero posiblemente no les haga falta porque a altas horas de la madrugada, Trump lleva ventaja en los Estados clave y, aunque quedan muchos votos por contar, Harris necesita una remontada considerable para ganar. Y la tendencia es que se queda ligeramente corta respecto a los resultados que cosechó Biden en Pennsylvania, Georgia y desde luego Carolina del Norte en 2020. Y si pierde estos tres Estados, el resto no importa.
Sea el que sea el resultado final, es brutalmente deprimente que pese a todo lo que ha hecho – estafas, abusos sexuales, alentar a la insurrección, amenazar con represalias si retoma el poder, disculpar actos racistas de sus seguidores, propagar la xenofobia más descarnada – Trump consiguiera ganar las primarias republicanas y sobreviviera a una campaña en la que perpetró las mayores barrabasadas posibles. Y encima (casi) la mitad del país le apoye. No hay que ser de izquierdas para sentirlo así: muchísimos republicanos de pro se han manifestado absolutamente en contra de semejante botarate narcisista. Pero en fin… Sigue leyendo