China

LBNL

Está la cosa calentita con China. En varios frentes. En Taiwan, por supuesto, como también en Washington y en Beijing, pero en estos últimos días también en París y ayer en Bruselas donde Pep Borrell se despachó a gusto en el Parlamento Europeo, criticando implícitamente a la Comisión Europea, de la que forma parte, a cuenta del firme discurso sobre China pronunciado por Von der Leyen antes de su reciente visita a China, acompañando al Presidente Macron que, a la vuelta, abogó por la autonomía antes que seguidismo europeo de la competencia norteamericana contra la emergencia del “Imperio del Centro”.

Hablando en calidad de representante del Consejo de Ministros de la UE, que preside, Borrell les recordó ayer a los euro-diputados, con su sempiterno deje de profesor universitario, que la política exterior de la Unión no es única sino común y cuando los Estados Miembros y las instituciones tienen posiciones parcialmente divergentes, el efecto es cacofónico, por más que las diferencias sean de matiz antes que de fondo. Diferencias que volvieron a quedar patentes cuando, justo a continuación, la Presidenta de la Comisión Von der Leyen volvió a desgranar su posición. Y lejos de arredrarse, Borrell volvió a la carga en su intervención final. Sigue leyendo

La primavera para la que contenemos la respiración

Carlos Hidalgo

Aunque en estos días estamos sufriendo un calor adelantado, más propio del verano que de la primavera, en Ucrania aún hace frío y los ejércitos ruso y ucraniano se baten mientras esperan a la primavera para lanzarse en grandes ofensivas. Los rusos para intentar ganar terreno que necesitan no sólo como victoria militar, sino también moral. Y los ucranianos para hacer un esfuerzo que les permita rechazar al invasor y devolverles a las fronteras existentes antes de febrero de 2022 o, incluso, a las de antes de 2014.

Estos días se han filtrado en las redes sociales documentos del Pentágono que nos han permitido conocer un poco más a fondo en qué situación se encuentran los contendientes, aparte de dejar muy en entredicho la fiabilidad de los Estados Unidos como guardianes de los secretos propios y ajenos. Sigue leyendo

El wokismo, un delirio legal

Arthur Mulligan

 

Con la aprobación de las últimas leyes del Ministerio de Igualdad el desembarco del movimiento woke se ha hecho más visible si cabe, emitiendo luz propia desde el BOE para despertarnos con su sueño dogmático, sueño ligero habría que decir, porque ya ha comenzado a causar problemas prácticos y amenazas en ciernes de predecibles consecuencias. Pero ¿qué es el movimiento woke? En su formulación más breve, es un movimiento con bases americanas que parece estar afectando a sistemas inicialmente libres como la educación universitaria, o el ámbito personal tanto de anónimos como de personalidades públicas por medio de la censura de opiniones y contenidos, limitando tanto la libertad de expresión como el flujo de ideas dentro de las democracias.

Sentó sus bases al otro lado del Atlántico y luego llegó a Europa; no importamos un debate específico de los Estados Unidos sino una moda ideológica que primero establece un paradigma cultural a partir del cual se tiende a silenciar las opiniones que consideramos inoportunas o inmorales. La novedad respecto a la cultura de cancelación tal y como la conocemos ahora es que se hace en nombre de una supuesta idea del bien, de alejar las voces discrepantes, silenciarlas y pasar una factura por errores que a lo mejor se cometieron en el pasado y que sobre todo tienen poco que ver con la intención de la persona cancelada. Evidentemente no es lo mismo cancelar a una persona por una agresión sexual, cosa que está ampliamente justificada y ante la que la ley actuaría, que cancelar por un comentario erróneo, mal interpretado o sacado de contexto. Sigue leyendo

El año ucraniano

Juanjo Cáceres

Cualquiera que ha estado en combate sabe de los nervios previos a la batalla. Esa interminable espera, que desemboca en un choque a vida o muerte, pone siempre a prueba la templanza de los guerreros, sea cual sea el enemigo que se encuentre enfrente. En Ucrania lo saben perfectamente, un año después de un conflicto que, presuntamente, casi nadie esperaba. Una guerra que además se está alargando mucho más allá de lo previsto por los agoreros que acompañan cualquier guerra, según los cuales “la guerra no puede durar”. Más teniendo en cuenta que en este caso se habían producido “las sanciones más duras de la historia” contra Rusia y se daba por hecha la derrota efectiva de Putin desde las primeras semanas del conflicto, gracias a la resistencia del país ucraniano. Todo esto sucedió, no obstante, después de otra serie de pronósticos fallidos, según los cuales Rusia no atacaría y en caso de hacerlo, sería un paseo militar.

Un año completo ha pasado y lo único que ha quedado demostrado es también lo habitual en cualquier tipo de conflicto: que estamos instalados de lleno en la propaganda bélica y que no está nada claro cómo vamos a salir de la guerra. Según algunos no tenemos de qué preocuparnos, porque el final de la guerra es una cuestión prácticamente administrativa, dado el agotamiento económico y militar de Rusia, y los rusos ya están que no pueden más. Pero otros alertaron hace algunas semanas de que vienen meses difíciles, con una gran ofensiva en ciernes, que está haciendo reclamar a los ucranianos tanta ayuda militar y tan rápidamente como sea posible. Seguramente, también, porque la moral y las fuerzas de los ucranianos están como están. Y también hay voces que apuntan que Putin está dispuesto a todo con tal de alzarse con una victoria o una paz ventajosa. Sigue leyendo

Un año de la invasión rusa

LBNL

Los combates continúan en el Este ucraniano pero, contra lo que suele pasar, los medios de comunicación siguen informando tanto de las novedades en el frente – últimamente pocas – como de las intensas maniobras diplomáticas, que no cesan pero que, de momento, no apuntan hacia la paz sino todo lo contrario. Me fascina escuchar los llamamientos a una solución diplomática de algunos de nuestros destacados convecinos, en España y otros lares. Dejando de lado su adscripción ideológica – generalmente tanto de izquierda profunda como de derecha extrema – no parecen reparar en que Putin y sus adláteres niegan completamente cualquier “solución diplomática” que no incluya la anexión rusa de al menos cuatro regiones ucranianas. ¿A santo de qué? Porque son suyas, lo han sido siempre y deben seguir siéndolo, con independencia de que más de la mitad de sus pobladores – ruso-parlantes la inmensa mayoría – no quiera pasar a formar parte de Rusia y esté dispuesta a combatir para impedirlo. Ucrania se mantiene también en una posición maximalista: nada que negociar hasta que no recupere todo su territorio. Pero es obviamente injusto, además de falaz, equiparar al que quiere arrebatar territorio por la fuerza con el que se resiste a que se lo quiten. La equidistancia se explica en gran medida, a mi entender, por prejuicios de partida. Para los izquierdistas “profundos” Rusia viene a ser la heredera de la Unión Soviética, que ayudó a la República, y sus los países vecinos siempre han sido parte de su imperio o zona de influencia por lo que la invasión no es en realidad tal. La derecha extrema es mucho más aguda y tiene claro que Putin es la encarnación de los valores morales más rancios – homofobia, religiosidad mezclada con el poder, autoritarismo, represión de todo lo que molesta a las “personas de bien” – y encima ayuda activamente a sus compañeros ideológicos allende sus fronteras. Lamento que sea así, pero en esto me parece mucho más coherente Abascal que Iglesias, por ejemplo. Sigue leyendo

¿Cómo va la guerra y qué va a pasar?

LBNL

No va mal. Maticemos. Por supuesto va fatal para todos los que mueren en el frente, ucranianos y rusos (la mayoría no quería ir), y también para los civiles ucranianos que día tras día son bombardeados por misiles rusos en sus casas, en sus ciudades y en sus pueblos, para los que mueren o son heridos, por supuesto, pero también para los que salen ilesos pero tienen que soportar el frío sin calefacción, electricidad o incluso agua corriente dada la concentración de los misiles rusos sobre las infraestructuras civiles. Dicho lo cual, en términos bélicos o militares, Rusia no está consiguiendo avanzar apenas, ni siquiera para recuperar el territorio conquistado inicialmente y luego perdido (Jersón y los alrededores de Jarkiv). Y Ucrania, con la ingente ayuda militar que está recibiendo del Occidente democrático, consigue derribar muchos drones y misiles rusos y ha alejado la artillería rusa a posiciones desde las que no puede castigar a las tropas ucranianas.

Ambos bandos están preparando sendas ofensivas para dentro de pocas semanas. De ahí el intenso debate sobre los tanques que necesita Ucrania para tomar territorio – con baterías antiaéreas y artillería no se conquista terreno. Rusia intenta reponer la gran cantidad de armamento que ha perdido ya pero tiene grandes dificultades para hacerlo, entre otras cosas por las sanciones occidentales sobre componentes tecnológicos indispensables. De ahí que siga tratando de comprar todo lo que puede a Irán y Corea del Norte (dime con quién andas…). Pero una cosa son drones baratos que, aunque muy dañinos (y costosos de derribar: el misil antiaéreo es mucho más caro que el dron), no sirven para avanzar, y otra bien distinta, tanques que puedan hacer frente a los occidentales que están en camino (NB: Rusia tiene un tanque moderno -nunca probado en combate- casi a punto, pero el casi está resultando mucho más largo de lo esperado). Sigue leyendo

Lecturas recientes sobre la pandemia, Ucrania, Europa y la crisis del neoliberalismo

Lluís Camprubí

Sobre estas cuatro cuestiones (y algunas de sus intersecciones) he ido apuntando cosas en las últimas columnas. En esta ocasión, para actualizar, me gustaría recomendar algunas lecturas recientes sobre ellas.

Sobre la pandemia, saludar la aparición de un consenso científico internacional sobre cómo acabar con la covid-19 como amenaza para la salud pública.  En este sentido, conviene no olvidar los riesgos de la minimización/normalización/conllevancia de la pandemia, nos recuerda Jessica Wildfire. Así mismo, saludar la aparición en prensa generalista de cada vez más tribunas alertando del riesgo del long covid/covid persistente para la salud pública, como esta de Gorka Orive. En clave actualización científica, importante este estudio que nos alerta del riesgo acumulativo de las reinfecciones para el long covid y la exacerbación de distintas patologías crónicas, así como la evidencia creciente del impacto del long covid en niños y adolescentes, población muchas veces ignorada al respecto. Finalmente, de interés la recopilación de fuentes que hace Adam Tooze para ilustrar la complejidad del reto (sanitario) que tiene por delante China. Sigue leyendo

Una vida cualquiera

Juanjo Cáceres

Naces irrumpiendo en los años 80. Tus padres contemplan cómo las llamas encienden un pebetero en Moscú y das tus primeros pasos en un país que se dispone a celebrar un Mundial de Futbol. ¡Qué gran acontecimiento y qué pequeño eres como para recordar después algo de todo aquello!

El atentado de Hipercor y la nominación a los Óscar de Almodóvar te alcanzan en la escuela. A punto de salir de ella disfrutas del mayor espectáculo del mundo en tu ciudad: unos Juegos Olímpicos. Es un año mágico, de orgullo y satisfacción, en el que tus padres no dudan en viajar hasta Sevilla para visitar la Exposición Universal, donde descubres una forma de imaginar el mundo que pone un broche de oro a esa infancia que ya termina. Sigue leyendo

Tranquilícese, caballero

Carlos Hidalgo

Estos días se ha comentado bastante en las redes un artículo de “The Economist” titulado: “Los españoles son demasiado gruñones con su política”. Y de subtítulo: “La verdad es que las cosas están marchando bastante bien”.

Y es que, a los españoles, como buenos latinos, nos gusta el drama y echar pestes de nuestro país. Pero tenemos más motivos para estar orgullosos de nosotros mismos además de la selección de fútbol o de los tenistas que coloquemos en la clasificación ATP.

España era un país del llamado “Segundo Mundo” a finales de los años 70. La esclerosis institucional y la mediocre economía eran más propias de la Polonia de Jaruselzsky que de un país desarrollado. Durante la transición, los españoles, conscientes de cómo éramos, nos pusimos las pilas e hicimos un esfuerzo de país por poder sentarnos en la mesa de los mayores en Europa. Sigue leyendo

División con banderas

Julio Embid

Contaba una canción del grupo “Lehendakaris Muertos” que: Si me viese mi amatxo, si me viesen los colegas, me colgaban en la plaza por traidor y por idiota. Yo que soy más vasco que el Árbol de Gernika cuando juega la selección no sé lo qué me pasa. ¡Gora España!

Y siempre me hizo mucha risa. Tanta como la comedia de Borja Cobeaga “Fe de Etarras” sobre un comando de terroristas de ETA que pretende hacer un atentado en Madrid durante el Mundial de Sudáfrica de 2010 pero que al final siempre les viene mal. Habrá quien diga que no se puede hacer bromas sobre según qué cosas. Pero lo cierto es que bien está lo que bien acaba. Sigue leyendo