Lluis Camprubí
A raíz del horror de los atentados terroristas de París, y aún en medio de un shock emocional colectivo, las izquierdas han explicitado y concretado sus propuestas para derrotar a DAESH. Ello –en los países europeos- en un contexto de preocupación por la tentación securitaria y post-democrática que pueden asumir algunos gobiernos, por el posible recorte de libertades civiles, por la extensión del odio al diferente y por la posible eliminación de garantías y protección especial que merecen los refugiados y los solicitantes de asilo.
Hay un cierto consenso en la necesidad de entender y abordar las causas de las causas de la extensión de DAESH en Oriente Medio: Desigualdad socioeconómica, exclusión social, falta de perspectivas, esperanzas y libertades, relaciones neocoloniales entre países, imperialismo e intervencionismo extranjero militar recurrente, inflamación interesada de las tensiones religiosas, incapacidad funcional de algunos estados en algunas de sus propias regiones, y manipulación instrumental por parte de actores regionales y globales. Parece también que en la vertiente logística hay multitud de propuestas que pueden ayudar a su ahogo operativo, tanto en su proto-estado como en los países dónde quiera atentar: incrementar el intercambio de información entre países, mejorar la inteligencia -militar allí y policial aquí-, bloquear y monitorear sus recursos financieros (incluidas sus diversas fuentes de financiación, como es el comercio de petróleo), entre otras.
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