La pedagogía de Inside Job

Ricardo Parellada

 El documental Inside Job narra con maestría las prácticas de ingeniería financiera que condujeron a la crisis de 2008. En el documental se repasan cronológicamente las distintas fases que culminaron en la crisis financiera (antecedentes, burbuja, crisis, rescates…), se hace un gran esfuerzo por explicar los elementos técnicos necesarios para entenderlas y se realizan muchas entrevistas a protagonistas y personalidades relevantes, aunque los políticos y financieros de primera fila declinaron su participación. El documental desgrana con toda crudeza los beneficios, bonos y honorarios que han cobrado ejecutivos, políticos y académicos mientras se hundían las empresas o eran sostenidas mediante transferencias millonarias de dinero público. 

 Ciertamente, a este magistral documental de Charles Ferguson no le han faltado difusión y premios, entre ellos el óscar al mejor documental. Sin embargo, yo creo que su importancia es tan grande que su divulgación y utilización como material para que la gente pueda entender realmente los mecanismos de la crisis debería ser muchísimo mayor. En estas líneas no pretendo analizar las aportaciones del documental, sino señalar y recomendar los materiales disponibles para su aprovechamiento pedagógico.

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Prescribiendo sangrías

José D. Roselló

Asistimos estos días a un triste episodio más de la impotencia Europea para actuar coordinadamente ante esta ya larga crisis. En este caso el embate procede de ese ente denominado “mercados financieros”, que están sometiendo a un severo castigo, uno por uno, a todos los sospechosos habituales. Primero empezó Grecia, luego Irlanda, luego Portugal y ahora, soportando unas temperaturas mucho más elevadas de las que aún esta época del año hacía prever, España e Italia se asan a fuego lento.

Desde que el hundimiento del mercado subprime americano avisase, y de que las intervenciones masivas en los sistemas financieros mundiales confirmasen que el modelo de desregulación a machamartillo había explotado, vienen cometiéndose a escala mundial un error de política económica tras otro sin que nadie parezca dispuesto a asumir la evidencia de que el enfoque, a la luz de cada dato que surge, se demuestra más y más inadecuado.

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Melancolía

Lobisón

Durante décadas hemos leído historias del período de entreguerras y de la crisis del 29 que nos daban la ilusión de que aquellos desastres podían haberse evitado fácilmente. El héroe de la época era John Maynard Keynes, y el problema era explicar por qué sólo en un lugar tan improbable como Suecia se había adoptado un programa keynesiano. El New Deal de Roosevelt había sido también inicialmente una respuesta adecuada, pero el giro hacia el ajuste fiscal en 1937 había vuelto a hundir la economía.

Para explicar por qué no hubo más gobiernos keynesianos se ha recurrido a las instituciones de gobierno de la época, que habrían bloqueado la adopción e incluso la discusión de las políticas de expansión. Por ejemplo en Gran Bretaña, donde no se puede decir que tales ideas fueran desconocidas: el partido liberal —ya entonces minoritario—las había llevado en su programa electoral. Pero no se habla normalmente de la necesidad de convencer a los electores o de los efectos laterales sobre la moneda nacional.

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¿Dos Europas o más?

José D. Roselló

¿Cuán distintos y por qué son los países que componen la Zona Euro? ¿Cuánto hay de prejuicio y cuánto de fundamento? Hay estudios profundos sobre la materia, aproximando el asunto desde muy diferentes ángulos. Lo que viene a continuación no pretende parangonarse con todo lo más serio que sobre el tema se ha escrito, pero sirve como una revisión del panorama que puede o confirmar algunas ideas o contradecir algunos argumentos.

Hay muchas fuentes de dónde obtener datos comparables de las realidades económicas Europeas: PIB, datos de exportaciones o de importaciones, datos fiscales etc. Hay una de ellas que se usa relativamente poco y que en cambio tiene la gracia de reflejar algo tan cotidiano y comprensible como en qué se gastan el presupuesto familiar los hogares de cada país. Estas encuestas de presupuestos familiares son las que se usan como base para calcular los IPC respectivos, y miden qué porcentaje de la renta familiar se destina a una serie establecida de grupos de gasto caracterizados por su finalidad. (Grupos COICOP).

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¿Y que se hizo de la vivienda?

José D. Roselló

El que fuera uno de los debates estrella cuando la economía crecía  desaforada ha pasado a un modesto tercer o cuarto plano en estos años que llevamos de crisis.

Con cierta nostalgia se echan de menos aquellas elaboradas discusiones de bar sobre si la vivienda no bajaba nunca, sobre si la culpa la tenía la escasez de suelo, de si los bancos o de si las deducciones. Sobre si era el dinero negro, blanco o gris. Sobre como de sostenible era esa senda de precios y de si había o no un exceso artificial del precio.

¡Qué tiempos aquellos en los que los “amigos que sabían de economía” hacían horas extra de consulta y confesión sobre las entretelas del asunto!

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Crímenes económicos

Lobisón

 El 29 de marzo Lourdes Benería y Carmen Sarasúa publicaron una tribuna en El País (Crímenes económicos contra la humanidad) cuyo título habla por sí mismo, y en la que se lamentaban de que ‘en general, quienes han provocado la crisis no solo han recogido unas ganancias fabulosas, sino que no temen castigo alguno. Nadie investiga sus responsabilidades ni sus decisiones. Los Gobiernos los protegen y el aparato judicial no los persigue’.

Ese mismo día Paul Farrell, colaborador habitual del Wall Street Journal, publicó en la sección Market Watch de ese diario un artículo (Tax the super rich now or face a revolution) en el que denunciaba el escándalo de la concentración de la renta en Estados Unidos y reclamaba que los ricos volvieran a pagar impuestos. Los recortes de Bush les pusieron a salvo de tales obligaciones, y Obama no ha podido eliminarlos por el chantaje republicano que impedía acabar con esos recortes sin eliminar a la vez las deducciones para la clase media y la extensión de los subsidios de desempleo.

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Desastre

NEAP

Vaya por delante un mensaje de solidaridad con el pueblo de Japón, que afronta una emergencia nacional que ni el más catastrofista guionista de Holywood habría sido capaz de hacer parecer realista pocos días atrás. Los escapes radiactivos de la central de Fukushima y la impredecible evolución de la crisis nuclear empequeñecen la tragedia provocada por el fortísimo terremoto y consiguiente tsunami del viernes pasado, que por sí solos segaron miles de vidas y causaron pérdidas cuantiosísimas y destrucción masiva.

Lamentablemente esta vez no se cumplió la máxima de que los países desarrollados son inmunes a las tragedias naturales, como tampoco en el no tan lejano terremoto chileno. Da pavor imaginar lo que habría pasado si una tragedia así hubiera acontecido en un sitio menos preparado para afrontarla. Afortunadamente, el envidiable civismo del pueblo japonés está permitiendo sobrellevar la emergencia de forma ejemplar y en un espíritu de encomiable solidaridad del resto de la población hacia los afectados.

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Europa ¿disparándose en el pie?

José D. Roselló

En las dos pasadas semanas las instituciones europeas han dado muestras de estar sometidas a tensión, y desafortunadamente, de iniciar caminos puede que no del todo adecuados para ayudar a salir de la situación complicada en que la economía se encuentra inmersa. Las crisis se llaman así por algo, porque los escenarios se complican y porque fuerzan a salirse de los esquemas habituales de funcionamiento, dado que nada parece servir para calmar las aguas.

Hace unos diez días, con el estilo velado y lateral que caracteriza a los reguladores de la política monetaria, el presidente del BCE, Sr Trichet, anunció pero sin anunciarla, una próxima subida de tipos de interés. La justificación parece ser la siguiente: como el BCE tiene la responsabilidad de mantener la inflación controlada y esta se está elevando, hay que echar el freno de mano. Claro. No obstante, da un poco de reparo el contemplar que, aparentemente, no hayan entrado en consideración todas las variables que describen en la actualidad el escenario de económico europeo.

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FMI: rigor, pero del mortis

José D. Roselló

Hace un par de semanas el Fondo Monetario Internacional sorprendió a propios y extraños con un informe en el que se planteaba una reflexión sobre sus fallos a la hora de advertir sobre la crisis que a día de hoy sacude el mundo. En la presa nacional que, no se sabe si por “prensa” o por “nacional”, siempre parece dispuesta a convertir cualquier cosa en prensa deportiva, la cosa se planteó más bien sobre si esto había sido culpa o no del rutilante crack Rodrigo Rato. Hubo artículos, un poco sonrojantes, acusatorios y otros, directamente ignominiosos, intentando vender que su gestión había sido,  por contra, estupenda.

Con lo fácil que es decir lo más aproximado a toda la verdad, que Rato pasó por el FMI como la luz por el cristal, sin romperlo, ni mancharlo y sin que aquello realmente pareciera interesarle lo más mínimo. A Rato lo que le va es la política nacional…por eso ahora preside Cajamadrid.

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Los mil millones de abajo, de Paul Collier

Alberto Penadés

 He aprovechado el domingo para terminar un libro de gran interés, aunque ya tiene un par de años, que me ha regalado un amigo y que quiero recomendarles. Trata del desarrollo económico (y político) de los países pobres y de lo que pueden hacer los países ricos: El club de la miseria, de Paul Collier (The Bottom Billion, en inglés). Su autor ha sido el director de investigación en el desarrollo del Banco Mundial y ahora dirige el Centro de Estudios de las Economías Africanas de la Universidad de Oxford. Por lo que se colige de la introducción, llegó a interesarse por la economía de África como joven marxista, algo que parece haber abandonado hace mucho. El libro presenta, en muchos sentidos, una moderada posición centrista entre los puntos de vista de la derecha que creen que la ayuda al desarrollo es sencillamente inútil y posiblemente nociva y el izquierdismo que encuentra en ello una especie de deber moral postcolonial, o una forma de sentirse mejor.  Sigue leyendo