Detrás del horizonte

Sicilia 

Es perfectamente lógico que el debate económico de los dos últimos años haya estado centrado en torno a las causas de la crisis que vivimos y en cuándo ésta iba a finalizar, al menos nominalmente. Una vez llegado a un frágil consenso en torno a unas expectativas anodinas, esto es, nadie es demasiado optimista en torno a nada en el corto plazo, parece que estaría bien mirar un poco más lejos, aunque sea como ejercicio de imaginación, aunque sea como evasión de lo cotidiano, aunque sea por tener estrategias de largo plazo, aunque se sepa que el futuro es esquivo y nebuloso. ¿Y después qué? ¿Cómo será el mundo que viviremos?

Porque hay ciertos procesos ya en marcha y conocidos, cuya resultante es sumamente distinta del escenario mundial donde hemos crecido y que solemos dar por descontado, como base, cuando pensamos en futuros hipotéticos. Estos procesos no tomarán forma ni hoy ni mañana, ni antes de las siguientes elecciones ni de las que vengan después. Nos movemos en otros calendarios, que no obstante, no son los geológicos, sino que están más o menos en el entorno de 10-20 años, es decir, un plazo incómodamente largo para que pertenezca al campo de la gestión, e incómodamente corto para dejarlo en manos de los autores de ciencia-ficción.

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Cuestiones de energía

Conjunto Abeliano

El galimatías energético que monto el PP en los primeros años del 2000 con Aznar a la cabeza y la falta de liderazgo y claridad en el PSOE, con ministros de industria  a cual más pintoresco, nos han llevado al llamativo  y  sorprendente anuncio  de un pacto energético entre el PP y el PSOE el pasado 24 de Junio.

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La ideología y los mercados

Lobisón

El pasado 18 de julio (de todas las fechas) se me ocurrió decir que, ‘pese a los loables esfuerzos del periodismo económico y algunas consultoras por hacernos creer lo contrario, los mercados funcionan con información muy incompleta y bajo esquemas de análisis muy poco realistas, por no decir simplemente ideológicos’.

Por esta frase, o quizá por su contexto, Magallanes escribió un párrafo crítico cuya conclusión era que, después de que se haya criticado tanto a Zapatero por ignorar la realidad de la crisis, ahora parecía que íbamos a pedirle ‘que siga defendiendo el déficit creciente ignorando la fuerza de los mercados’.

http://www.debatecallejero.com/?p=2545#comment-46975

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La (in)seguridad juridica y el impacto de las políticas económicas sobre los resultados de las empresas.

Miguel Sebastián

El debate sobre la presunta retroactividad del tratamiento de la sobrerremuneracion de las energías renovables se ha asociado con el argumento de la «seguridad jurídica» y la «imagen internacional de España» ante los inversores extranjeros. Puede ser discutible si una reducción no pactada de la tarifa fotovoltaica tiene ese carácter. Pero no tiene discusión que la limitación del número de horas no es un cambio de las reglas del juego y, por tanto, no puede entrar en esa categoría de «(in) seguridad jurídica».

El RD 661 no regulaba el numero de horas fotovoltaicas que podían ser remuneradas. De hecho, se refería al PER (Plan de Energías Renovables) 2005-2010, que estimaba un numero de horas objeto de remuneracion, aunque no las explicitaba. Desde entonces la producción se ha disparado entre un 20% y un 25% con respecto a ese nivel previsto, dependiendo de si la tecnología tiene el mecanismo de «seguidores» (el efecto girasol) o es fija. Y ese exceso de producción, junto a otros abusos, se ha convertido en un aumento de las ya generosas primas fotovoltaicas de casi 1.000M€ al año. Para entendernos, el equivalente a una subida permanente de la luz del 10% a los consumidores domésticos.

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Maneras de vivir II. Hacia dentro

Sicilia

En el post que iniciaba este serie, trataba de esbozarse cómo diferentes países tenían una mayor o menor relación comercial con el exterior y en qué especializaban sus intercambios. Se adivinaban distintas maneras de tener éxito, y de explotar las diferentes ventajas, al mismo tiempo que aparecían ciertos ejemplos objetivos como más razonables que otros.

En el post de hoy se cambia el objetivo del examen. Siguiendo la línea de las odiosas comparaciones, esta vez se trata de dilucidar cómo estamos en cuánto a nuestra estructura impositiva, o dicho de otra manera, cuánto, cómo y de dónde el Estado obtiene los recursos necesarios para desempeñar las funciones que los ciudadanos le hemos atribuido. Los datos que se presentan se han obtenido de Eurostat y no se ha realizado elaboración alguna con ellos, sólo ordenarlos.

Muy poco se ha debatido en la última expansión económica sobre el nivel necesario de impuestos y de dónde debían venir. A escala mundial –también nacional- la interpretación dominante ha sido que los impuestos siempre son demasiado altos, por tanto, siempre es positivo que bajen, porque existían enormes beneficios para la actividad económica, no por un innecesario estímulo a la demanda, ya que globalmente vivíamos una época de expansión, sino por factores de “competitividad”, palabra que mal manejada puede convertirse en una obsesión peligrosa. Sigue leyendo

Mal rollo

Lobisón

Hasta hace unos meses la política económica de los países occidentales seguía un curso racional. Frente a la crisis económica, y especialmente la crisis bancaria y de crédito que se produjo tras la quiebra de Lehman Brothers, los gobiernos habían rescatado a los bancos afectados, inyectado liquidez y ampliado las medidas anticíclicas con estímulos a la inversión y al consumo. El resultado era un crecimiento del déficit, a veces —como en España o el Reino Unido— por encima de dos dígitos. La idea era recuperar primero la senda del crecimiento y luego reducir esos déficits, cuando la mayor actividad económica aumentara los ingresos fiscales y redujera el gasto provocado por el desempleo.

Para los economistas ortodoxos —antikeynesianos— que han dominado el pensamiento durante las dos últimas décadas, sin embargo, ésta era una estrategia equivocada, que debía provocar un repunte de la inflación —pese a que durante muchos meses el mayor riesgo ha sido una deflación como la que apuntilló a Japón en los años noventa— o que abocaría a una crisis de deuda. Por tanto había que parar y reducir el déficit cuanto antes, se hubiera regresado o no al crecimiento. La experiencia histórica del intento de reducir el déficit antes de tiempo, durante la gran recesión de los años treinta, mostraba sin embargo que, por muy cara y desagradable que fuera la medicación, retirarla precipitadamente podía matar al enfermo.

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Maneras de vivir I. Hacia fuera

Sicilia

Dentro de lo malo, lo positivo de las crisis es que enriquecen los análisis que busquen mejoras para salir de ella. Dentro de lo bueno de analizar, lo malo de las crisis es que la sobreabundancia de diván corre el riesgo de llevar a la conclusión de que lo anómalo no es la situación, sino uno mismo. Momento en el cual se saca el flagelo, el cilicio y las disciplinas y se acaba en una muy poco saludable dosis de autocastigo y anulación.

Uno de los análisis más frecuentes es buscar en los demás aquello que creemos que nos falta a nosotros, sin darnos cuenta a veces que, en el afán por plantear soluciones, se olvidan condiciones muy relevantes, planteando al final modelos inalcanzables, irreplicables o poco sensatos.

En las líneas que siguen se trata sobre uno de los lugares comunes más abundantes que se tocan cuando se habla de la economía española en comparación con otras, su sector exterior. Comúnmente se oye que no somos un país muy bueno porque no exportamos mucho, porque los exportadores son los buenos, que para una cosa que vendemos fuera es turismo, y eso es chicha y nabo, de país cutre, y que encima de ser un país cutre, no somos ni lo bastante cutres para instalar fábricas, habiendo otros que, por cutrérrimos, paradójicamente, acaban siendo al final mejores, porque al menos es atractivo abrir plantas ahí. En resumen, no tenemos un problema, es que somos un enigma irresoluble. No parece una línea de pensamiento muy constructiva.

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Cambio climático 2. Tras el “ajustazo”

 Sicilia

En el artículo anterior se presentaba la tesis de si se estaba llegando al fin de un ciclo político corto, marcado por los datos reiteradamente malos en lo económico, y por tanto favorable a una estrategia “de desgaste” por parte de la oposición, para pasar a uno donde la coyuntura económica mejora a corto y medio plazo, favoreciendo así otro tipo de climas políticos distintos.

Justo ese día, Zapatero fue a las Cortes a presentar un plan de ajuste que pretende ahorrar 14.000 millones de euros en dos años, y que bloquea la subida de las pensiones, baja salarios a los funcionarios, elimina el cheque-bebé y reduce importantes partidas de inversión. No se tocaban los ingresos. ¿Qué opciones se abren ahora?

La reacción social aparentemente ha sido fortísima en sentido contrario al Gobierno por la toma de estas medidas. Por mucho que la situación lo exigiese, e independientemente de lo acertadas a largo plazo que puedan ser (no se entra en ello), la contestación entre el electorado más próximo al Gobierno es de decepción cuando menos, que se transforma en estupefacción cuando se percibe que en el resto de países europeos, planes similares siempre aparejan un toque fiscal sobre las rentas altas. Error muy grave que conduce de nuevo a una rectificación apresurada y sin concretar. La medida económica no carece de sentido (sobre todo, no había otro camino a seguir ya que “todos” hemos decidido que el crecimiento económico no importa nada, y que lo clave son los déficit) pero no encaja en absoluto con el discurso hasta la fecha ni se ha articulado de manera digerible para el “propio público”. Duro revés que Zapatero en persona va a tener que encajar.

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¿Escenario Mad Max?

H2S3

¿Recuerdan a Mel Gibson tirando millas sin parar entre infinidad de bandoleros enloquecidos que pugnaban a tiros por hacerse con la poca gasolina restante tras un cataclismo universal? Pues oigan, no descarto un escenario parecido si nuestros dirigentes, nacionales e internacionales, no se ponen manos a la obra con urgencia. Francamente, creo que hay pocos motivos para la esperanza…

Para empezar, no es en absoluto cierto que la crisis haya sido más grave de lo que podían prever. O no quisieron o no supieron verlo pero otros, mucho menos versados en la materia, sí lo vieron y lo advirtieron, incluso desde este foro, con un tono apocalíptico que lamentablemente se está demostrando acertado.

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El paro ¿un problema de oferta o de demanda?

Chuchango

La semana pasada se celebró en Madrid un seminario sobre reforma laboral, organizado por el Banco de España. Muchos datos, muchos análisis. Pero en casi todos una misma idea: el problema del paro es por culpa de los trabajadores, pues en última instancia, el que no trabaja es porque no quiere, no es más que un señorito que pide un salario alto que arruina a las empresas. Bueno, así, así… no lo contaron, es que me gusta caricaturizar un poco. En términos más técnicos se vino a decir que el problema está en la «oferta de trabajo». Si diseñamos un sistema de prestación por desempleo que obligue a los parados a buscar trabajo, una formación ocupacional que los cualifique, unas agencias de mediación que enseguida casen la oferta y la demanda adeudadas, un mercado de vivienda que facilite que los parados vayan de las regiones de alto paro a las de bajo, una negociación colectiva que negocie salarios a la baja… Vamos, si cambiamos muchos elementos de nuestro mercado de trabajo, entonces estaremos salvados. Lo que no me cuadra es cómo unas institución tan pésima creó casi 8 millones de empleos entre 1994 y 2007 (más que en toda la Historia de España, incorporando al conjunto de la población en los últimos 10 años a casi 5 millones de extranjeros, creo recodar que el mayor volumen de recepción después de EEUU). Estos brillantes economistas me dejaron con las siguientes dudas:

– Cómo fue posible que este sistema tan malo generase tanto empleo
– Por qué, los países en los que más ha crecido la tasa de paro de 2007 a 2009, con datos armonizados de la OCDE, son España (del 8,3 a 18%), Irlanda (del 3,6 al 11,9%) y EEUU (del 4,6 al 9,3%). Si Irlanda y EEUU tienen mercados de trabajo mucho más flexibles que el nuestro, ¿cómo es que son a los que más nos parecemos?, ¿por qué nuestra tasa de paro no ha seguido una evolución más parecida a Francia (8,4 a 9,5%) o Italia (6,2 a 7,2%), con mercados de trabajo más rígidos?, ¿tendrá algo que ver la burbuja inmobiliaria de EEUU, Irlanda y España, y no tanto las instituciones laborales?
– Quien va a contratar a una oferta de trabajo tan linda como la que a ellos les gustaría si no hay demanda. Pero es que además, la oferta no es tan linda. O sí, si le gustan albañiles musculosos y apuestos. De los 2,8 millones de personas en las que ha aumentado el paro desde el segundo trimestre de 2007, casi un millón se deben a puestos de trabajo perdidos en la construcción. ¿Una reforma del mercado de trabajo hará que florezca el contratador impulsivo que vuelva a montar Seseñas?

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