Arthur Mulligan
Así se titula en español el importante y valiente manifiesto del historiador Tony Judt en defensa de la socialdemocracia europea y su contribución a la creación de esa extraordinaria forma de vida colectiva cuya sostenibilidad según algunos de sus partidarios solo puede ser cuestionada por sus críticos mediante una dosis de mala fe.
El valor que tuvo al escribir este texto político, expresión concentrada de las preocupaciones de toda una vida en medio de las condiciones dramáticas que le imponía su enfermedad, merece nuestro respeto y admiración por su coraje cívico sin que ningún tipo de condescendencia por los estragos que la esclerosis lateral amiotrófica, «una suerte de condena sin redención posible» en sus propias palabras, afectara a la alta calidad de una narrativa alrededor del Estado de bienestar.
No obstante, como en toda obra humana, por mucho que se admire ésta, las ideas tienen que pasar por el tamiz de la crítica una vez que la biografía de su autor y nuestras simpatías tomen acomodo en la sombra. No hay contradicción en ello.
Y lo primero que destacaría en este libro singular es un poderoso sentimiento de nostalgia que refrenda, en mi opinión, alguno de los títulos de los seis capítulos en que se divide la obra: El mundo que hemos perdido; La insoportable levedad de la política; ¿Adiós a todo esto?; ¿Qué nos reserva el porvenir?
Existe una disonancia primigenia entre los valores predicados en su momento dulce, aquel en que se hace realidad por primera vez el Estado de bienestar surgido en Europa después de la II Guerra Mundial basado en un ideal de vida austera, honestidad, pedagogía del esfuerzo, meritocracia o el trabajo bien hecho, y la evolución real del Estado de bienestar. Sigue leyendo