Y vuelta a empezar

Aitor Riveiro

Cuatro años menos tres meses. Se dice pronto, pero ese es el tiempo que ha tenido que pasar para que, al menos de manera formal, todos los partidos políticos con representación parlamentaria se muestren unidos frente al terrorismo. Cada uno en su sito, pero juntos. Quizá algunos por miedo a no salir en la foto, pero juntos. Otros con la boca pequeña, pero juntos.

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Perdiendo el tiempo

Barañain

“Cuando perdimos el tiempo” era el título de un cuadro de la exposición de un artista vasco, que visitaba ayer a mediodía, cuando una llamada telefónica me ha puesto al corriente de lo ocurrido en el sur de Francia. En el lienzo, un personaje  vagaba, como desesperanzado, en medio de un paisaje laberíntico y desolado, sin salida aparente.

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Ernest Lluch, pasión por el diálogo

Millán Gómez El pasado miércoles se cumplieron siete años del cobarde asesinato de Ernest Lluch a cargo de la organización terrorista eta. Este atentado fue uno de los crímenes más mediáticos de la negra historia de eta. De hecho, es fácil recordar aquella multitudinaria manifestación por las calles de Barcelona en memoria de Ernest y que finalizó con aquellas palabras de Gemma Nierga, presentadora de “La Ventana” de la Cadena SER donde Lluch colaboraba, demandando diálogo por parte de las administraciones públicas con la banda terrorista.

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Las víctimas de la Iglesia

Aitor Riveiro

José María Setién: “Los miembros de ETA son revolucionarios”. Así se despacha el obispo emérito de San Sebastián en una entrevista que publicó un remozado El País ayer, domingo (inciso: ¿dónde anda Máximo? ¿Libra los domingos?) Definitivamente, lo de la iglesia vasca es de órdago; y lo de la Iglesia, así en general, de hacérselo mirar.

Para Setién, ETA nace del mismo manantial que el ‘Mayo del 68’ de París, Praga o México, de ahí que “[L]a autodeterminación y la territorialidad son objetivos únicamente estratégicos porque, en el fondo, son revolucionarios [refiriéndose a ETA]. Para ellos, lo fundamental es avanzar educando a la sociedad en el conflicto”. Previamente, Setién resume en una veintena de palabras el Materialismo Histórico: “Utilizan permanentemente el conflicto para ahondar las crisis con vistas a un conflicto superior que, a su vez, les prepara para nuevos escenarios”.

La respuesta del cura a la pregunta del periodista llama tanto la atención que pasan inadvertidas otras aseveraciones mucho más graves de Setién. Tanto El País como los muchos lectores que han hecho algún comentario en la edición digital del periódico yerran el tiro al centrarse precisamente en esa afirmación. Según Setién los etarras son revolucionarios. ¿Y?

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Vuelta a las andadas

Mimo Titos

Afortunadamente parece que la vida de Gabriel Ginés no corre peligro pese a lo aparatoso del incendio del coche que conducía tras estallar la bomba que ETA había colocado. Evidentemente sería una excelente noticia que este «currela» de la seguridad, cuyo trabajo consiste en tratar de evitar que otros sean asesinados, pueda sanar rápidamente y con las menores secuelas posibles, tanto físicas como psicológicas. Pero el atentado es una pésima noticia, no menos pésima por anticipada. ETA segó dos vidas en la T4, pero tanto por las características del atentado como por sus comunicados posteriores, esas muertes no fueron tanto buscadas como provocadas por la irresponsabilidad de los terroristas, que trasladan a las fuerzas de seguridad el deber de proteger a la ciudadanía de una explosión monumental con un mero telefonazo minutos antes del momento proyectado para la explosión.

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La disyuntiva jetzale

Millán Gómez

La decisión de Imaz de abandonar la política activa y echarse a un lado para no interferir en la lucha interna por la presidencia del PNV supone un duro revés para la política antiterrorista y la derrota de las tesis más moderadas del nacionalismo vasco conservador. La renuncia de Josu Jon Imaz  simboliza la victoria de los coroneles de la viaje guardia jetzale más próximos a las teorías soberanistas. El sector más fundamentalista encarnado en los Arzalluz, Egibar e Ibarretxe ha impuesto sus planteamientos y con su actitud han apartado paulatinamente de la presidencia del PNV a un dirigente pragmático, transversal, buen orador y sensato donde los haya. El PNV ha perdido, sin ningún género de dudas, a su mejor activo político. La patria de Imaz era Euskadi pero, por encima de todo, el paisaje humano que la conforma y en esto se diferenciaba sustancialmente del vigente nacionalismo vasco. Porque las personas deben estar por encima de los territorios por mucho que defendamos el bienestar y la cultura de nuestros respectivos países. No sólo pierde el PNV sino que de esta renuncia salen perjudicadas la sociedad vasca y la española en su conjunto.

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Lo que importa es lo que haga «Madrid»

Mimo Titos

Conviene recordar algunas cosas mientras se va calmando el tsunami político provocado por el sorpresivo anuncio de que Imaz no se va a presentar a la reelección como Presidente del PNV. Josu Jon, hoy ensalzado como líder de la faz más pragmática del nacionalismo vasco, político amable y moderno, hombre de principios, bien preparado y de inmaculada trayectoria política, fue hace no tanto tiempo activo portavoz del Gobierno vasco que gestó, propuso y defendió el Plan Ibarretxe. Asimismo, Imaz defendió a capa y espada a su partido y a todos sus dirigentes cuando fueron objeto de repetidos ataques políticos, judiciales y morales durante la Legislatura anterior por ser cómplices activos o pasivos de ETA. Así que ni santo ni demonio. De la misma manera que el recoger nueces hasta la saciedad no impidió a Arzalluz investir a Aznar Presidente del Gobierno, el antaño admirado Atutxa mostró tanto coraje frente a ETA como firmeza frente a los jueces a la hora de negarse a disolver el grupo parlamentario de Batasuna, y el hoy añorado Ardanza dio nombre a un Plan unánimemente repudiado entonces por soberanista.

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Diez años después

Millán Gómez

Esta semana se cumplió el décimo aniversario del secuestro y posterior asesinato del concejal del PP en Ermua (Bizkaia), Miguel �ngel Blanco Garrido. Aquel mes de julio de 1997 está guardado en las retinas de millones de españoles que sintieron cómo la organización terrorista que amenaza y coarta diariamente la libertad de Euskadi y del conjunto de España escribía una de sus páginas más violentas, impopulares y cobardes. Eta, a pesar de autodefinirse como un organización revolucionaria obrera, asesinó aquel 12 de julio de 1997 a un joven trabajador, hijo de emigrantes gallegos. Euskadi ha sido uno de los destinos preferidos de miles y miles de gallegos que abandonaron su tierra con todo el dolor de su corazón en busca de un futuro mejor y un mejor nivel de vida. La emigración gallega ha sido también desgraciada protagonista indirecta del terrorismo en Euskadi llegando hasta el punto de que emigrantes gallegos han sido asesinos y víctimas en los 47 años de violencia etarra. Cabe recordar que hay etarras con apellidos como Troitiño y víctimas que se apellidaban Couso.

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Saldo provisional

Ignacio Sánchez-Cuenca

Con este artículo cierro la serie que inicié hace algunas semanas sobre el proceso de paz. Hasta el momento he tratado tres cuestiones: en qué consiste un proceso de paz, el falso dilema entre negociación y derrota, y las razones de que haya fracasado por el momento el proceso de paz. En esta última entrega quisiera comentar si, a pesar del fracaso, valía la pena o no embarcarse en esta aventura. La base sobre la que se construye la expectativa de que es posible llegar a un acuerdo dialogado sobre el fin de la violencia es de sobra conocida: ETA deja de asesinar a partir de junio de 2003, aunque sigue colocando bombas de potencia baja o media con aviso previo, sobre todo en los meses inmediatamente anteriores a la declaración de alto el fuego permanente. Quienes desde el principio se opusieron al proceso, han insistido en que el resultado estaba cantado, puesto que ETA siempre aprovecha las treguas para re-armarse y engañar al enemigo. Dicho con esta contundencia, parece que tiene que ser verdad. Sin embargo, sólo ha habido dos casos comparables en el pasado, la tregua de tres meses de 1989 para posibilitar las conversaciones de Argel y la tregua de Lizarra, que duró desde septiembre de 1998 hasta noviembre de 1999. Dos casos no son tantos para hacer generalizaciones lapidarias. De esos dos casos, es dudoso que la tregua de 1989 fuera una pausa para rearmarse. En aquellos años ETA estaba muy fuerte y no tenía necesidad de parar. Por lo tanto, el único precedente real es el de la tregua de Lizarra. Concluir que porque aquella tregua fracasó, ésta también estaba condenada al fracaso no tiene demasiada lógica.  

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¿Por qué ha salido mal el proceso de paz?

Ignacio Sánchez-Cuenca En dos artículos anteriores sobre el fallido proceso de paz, procuré situar las cosas en sus justos términos. Por un lado, insistí en que un proceso de paz no consiste en sentarse en una mesa y preguntar a los terroristas: “¿están ustedes dispuestos a renunciar a la violencia?��? Más bien, se trata de que el Estado abra una puerta, que refuerce al sector más moderado de la organización, para que los terroristas reciclen las armas en votos y se integren en el sistema. Por otro lado, traté de mostrar que el dilema que presenta el PP (y una legión de periodistas e intelectuales de derechas) entre negociación y derrota es absurdo. El fin consiste en conseguir, mediante negociación o represión o una combinación de ambas, que los terroristas entiendan que están mejor dejando de matar que continuando con las muertes. Hechas estas aclaraciones, quiero abordar ahora algunas de las razones por las que puede que haya fallado el proceso de paz. Es evidente que toda la responsabilidad de la ruptura del alto el fuego recae sobre ETA. No hace falta insistir en esto. Pero aun así, vale la pena preguntarse si las cosas podrían haber salido de otro modo. Es preciso extraer lecciones pensando en una futura reedición del proceso. Sigue leyendo