Volver a pensar las Grandes Coaliciones

Lluís Camprubí

Nacho Álvarez escribía hace unas semanas un importante artículo titulado “El naufragio del capitalismo democrático”. En él plantea el riesgo que nuestras democracias se deslicen por la pendiente iliberal, hacia un capitalismo autoritario, y señala la necesidad de buscar nuevos consensos -especialmente en lo económico- entre las grandes familias de la izquierda, liberales y conservadores.

Concluye el artículo diciendo: “Evitar el deslizamiento de nuestras democracias por la pendiente iliberal, hacia un capitalismo autoritario, es posible. Pero no caerá del cielo sin reformas de gran calado. Ofrecer un horizonte de prosperidad compartida exige redistribuir mejor la renta, apostar por el crecimiento de la productividad —poniendo el desarrollo tecnológico al servicio de nuevos y mejores empleos― y reconciliar el mérito individual con aquellos derechos colectivos que realmente permiten construir una verdadera igualdad de oportunidades. Y exige además dar estos pasos en el marco de una transición energética que asegure la descarbonización y el futuro de la vida en el planeta. Una agenda con estas características retiraría mucha gasolina del fuego, pero esta agenda no se construye sola. Necesitamos salir de nuestras respectivas zonas de confort ideológico y asumir el reto de negociar la refundación del contrato social, para volver a ofrecer bienestar, seguridad y progreso, especialmente a esas clases trabajadoras que hoy se perciben abandonadas a su suerte. No se trata de reeditar la enésima gran coalición para volver a no hacer nada, sino de alumbrar un nuevo compromiso histórico que evite la implosión democrática. No es fácil, pero aún estamos a tiempo.”

Comparto lo que plantea el artículo. Nos enfrentamos a cuatro grandes retos de época (entrelazados ciertamente): a) la crisis climática; b) la oligarquización de la economía; c) el vaciado liberal-democrático y la expansión de la derecha reaccionaria; y d) unas relaciones internacionales basadas en la ley del más fuerte y el reparto de áreas entre potencias imperiales. Los cuatro requieren una urgencia en su abordaje que no entiende de las lógicas temporales y reversibles de los ciclos normales gobierno-oposición. La descarbonización, una economía social de mercado funcional, el constitucionalismo liberal-democrático, y el multilateralismo no pueden esperar a ser defendidos adecuadamente a la llegada de un ciclo electoral propicio para los progresistas hacia 2030. Sería demasiado tarde y/o irreversible para los cuatro. Así que quizás deberíamos repensar las lógicas institucionales que moldean nuestra acción política tradicional.  Se requieren unos nuevos consensos (o al menos un consenso de mínimos) en las cuatro dimensiones tanto a escala estatal como de la UE y a la vez que las izquierdas puedan ser el máximo de influyentes estando en los gobiernos para empujar estos consensos hacia sus límites de ambición, equidad y sostenibilidad. Sigue leyendo

Pues ya tenemos la guerra comercial

Carlos Hidalgo

Este fin de semana el Gobierno Trump ha proseguido con su ataque en varios frentes contra los enemigos internos y externos de su régimen: ha empezado la purga de funcionarios en el Departamento de Justicia, en el Pentágono, en el FBI y en el Estado Mayor, ha dado acceso a los técnicos de Elon Musk a los sistemas de pago del gobierno federal, sin que realmente tengan autorización para ello; ha anulado y revertido todos los programas de igualdad y no discriminación en las administraciones federales, está borrando masivamente datos sanitarios del centro nacional de control de enfermedades, ha culpado falsamente de un accidente de aviación a un piloto militar fallecido al llamarle discapacitado (sin serlo), ha mandado al servicio de inmigración, ICE, a hacer redadas y deportaciones masivas, ha acusado a todos los inmigrantes ilegales de ser narcotraficantes, violadores y asesinos, ha seguido con sus amenazas contra sus aliados y ha firmado una subida de aranceles del 25% a los productos que provienen de Canadá y México, además de otra del 10% a los productos que vienen de China.

En el tema de los aranceles es gracioso comprobar como algunos de los valedores económicos de las políticas de Trump, como los analistas de Goldman Sachs que, pese a que Trump llevaba tiempo anunciando dicha guerra arancelaria, no la incluían en sus análisis y si lo hacían, era con porcentajes sustancialmente menores a los que han sido firmados durante este fin de semana. La reacción de dichos analistas no ha sido la de reconocer que se habían equivocado, sino mantener que en la práctica los aranceles serán menores. Buena suerte con eso. Sigue leyendo

De la polarización en red

Juanjo Cáceres

A lo largo de los últimos meses se han sucedido los abandonos de la red social X por parte de todo tipo de personas -entre las que me cuento-, entidades, universidades y, lo que es más llamativo, medios de comunicación tanto tradicionales (La Vanguardia, The Guardian…), como de nuestro tiempo (hace unos días, El Mundo Today). El convencimiento de que esa red segrega sus flujos de tuits, favoreciendo determinados contenidos en detrimento de otros, ha generado un movimiento sistémico, que sin ser de gran calado, porque son muchos los que siguen ahí, sí que es bastante significativo.

Sin embargo, persisten las críticas hacia los que han elegido ese camino por parte de muchos de los que allí se mantienen. Sin ir más lejos, la semana pasada Antonio Maestre lanzaba una de sus diatribas contra Sumar, por haber renunciado a realizar más publicaciones en esa red. Es relevante señalar que, en su texto, entre otras cosas, hacía una defensa a ultranza de la resistencia desde cualquier trinchera, calificaba de derrota dicha decisión y argumentaba que esto solo se podía entender desde la incapacidad de aquella organización de ser influyente en dicha red. No cabe duda que parte del argumentario de Maestre conecta con la noción firmemente asentada durante esta última década y media de que tener presencia en redes es fundamental para el porvenir de uno mismo, pero también si se quiere influir sobre la sociedad. Lo que ocurre es que 15 años dan para mucho y si bien algunas profecías se han cumplido, no son pocas también las pesadillas que han generado. Sigue leyendo

¿Quién es un nazi?

Carlos Hidalgo

La escritora y periodista Dorothy Thompson fue una de las primeras periodistas y presentadoras de radio mujer de los Estados Unidos. También fue la primera periodista expulsada de la Alemania nazi en cuanto empezó a relatar las barbaridades del régimen de Hitler: el acoso a la oposición democrática, la noche de los cristales rotos, el censo y la persecución de gitanos, judíos y discapacitados, así como la rampante corrupción de un régimen diseñado para dar impunidad a los ricos y liberar el rencor de los demás hacia enemigos internos y externos. Todo ello a través del culto a la personalidad y el bombardeo de mentiras en los medios de comunicación de la época.

Thompson, de vuelta en los Estados Unidos y cinco meses antes de que los japoneses forzaran la entrada en guerra del país norteamericano, escribió un artículo en el que, basándose en su experiencia sobre el terreno, jugaba a determinar qué invitados de una fiesta en la que estaba serían nazis si estuvieran en la Alemania de la época y quiénes resistirían o se alzarían en armas contra ellos.

El ensayo, que es digno de leer y aún está disponible en la web de Harper’s Magazine, concluía con estos dos párrafos:

La gente feliz, amable, caballerosa, buena y segura de sí misma nunca se volverá nazi. Ya sean el amable filósofo o el chaval al que la democracia le dio la oportunidad de diseñar aviones. Nunca podrás convertirles en nazis. Pero el intelectual frustrado y humillado, el especulador rico y miedoso, el hijo malcriado, el explotador laboral, el tipo que ha logrado el éxito a base de oportunismo… todos ellos se volverán nazis en una crisis. Créanme, la gente buena no se vuelve nazi. Su raza, color, credo o clase social no son el criterio para ello; es algo dentro de ellos mismos. Sigue leyendo

Omnibus

Arthur Mulligan

Uno de los mitos más persistentes anclados en las sociedades occidentales es el que toma la ideología del progreso constante, una ecuación cuando menos lineal que permite a las sucesivas generaciones orientarse para conocer en qué punto de su vida personal sucederá el cumplimiento de la promesa (empleo, autonomía, etc) que incorpora. Cuando este no llega de manera generalizada se produce una reacción destructiva porque el Estado de Bienestar encuentra muy difícil sostenerse ya que sus propias condiciones de posibilidad se tambalean.

Entonces, tal y como ha ocurrido en nuestro país, los estafados se organizan bajo banderas tan endebles que su impulso organizativo perece en mitad de la batalla.

Con un lenguaje impostado (no pueden pensar y a su vez inventar nuevas estructuras de pensamiento) critican lo existente cayendo en los vicios más profundos que nos constituyen acumulando ideas simples como nuestra impagable Ministra de trabajo, prototipo de alma perdida en medio de la confusión ambiental que bucea en el pasado para dar solución a sus problemas. Con una estética rancia resurge el fascismo al que en esta ocasión vencerán sin explicar casi nada de lo que sucede. También otras luchas que privatizan para moldearlas sin ninguna seriedad. Sigue leyendo

La danza macabra de Trump y Musk

David Rodríguez Albert

Hace unos días se comentaban en Debate Callejero las sorprendentes declaraciones de Donald Trump sobre temas geoestratégicos como las anexiones de Canadá o Groenlandia. Estos delirios expansionistas ponen de manifiesto la desesperación del líder ultraderechista para mantener la hegemonía de los Estados Unidos en un tablero mundial que anda agitado últimamente. Pero, más allá de estos disparates, la investidura del segundo mandato del Presidente de los Estados Unidos nos ofrece numerosos elementos de preocupación que van más allá de lo hasta ahora señalado.

Dentro de la agenda de Trump figuran también importantes recortes de derechos y libertades básicos, como es el caso de las amenazas contra la diversidad afectivo sexual, y que llegan al extremo de salir nada menos que de la Organización Mundial de la Salud. Sumamos a esto elementos xenófobos como el anuncio de medidas represivas, incluso de corte militar, para contener la inmigración procedente de México. Como no podía ser de otra manera, se plantean también medidas de impunidad directa como el indulto a los asaltantes extremistas contra el Capitolio y la democracia misma de los Estados Unidos. Añadimos las típicas medidas proteccionistas en materia económica, que contrastan con la cacareada oda al liberalismo que suele proceder de algunos académicos que le apoyan. Y acabamos la enumeración con la desastrosa propuesta de ampliar la extracción de petróleo en un planeta que se ahoga por la emergencia climática, destacando la terrible paradoja de que la propia ciudad de Los Ángeles ha estado en llamas durante los últimos días debido a una oleada de incendios extremos. Sigue leyendo

¿De verdad lo entienden?

Verónica Ugarte

La hija de Gisèle Pelicot es una víctima más. No tiene pruebas de que su padre la haya violado, de que haya corrido la misma suerte que su madre. Solo existen fotos de ella, dormida, en su cama, en ropa interior. La sensación de indefensión, la duda, el dolor, la confianza y amor rotos. El dolor de su madre es enorme, pero no es menos el de su hija. Perdió a un padre y descubrió a un monstruo.

¿Cuántas mujeres han sido y son víctimas de este tipo de violencia? Ya se han descubierto grupos en las redes sociales, de seres innombrables que dan pistas de dónde y cómo obtener la medicación necesaria para sedar a una mujer y violar no solo su cuerpo, sino también su mente. Porque una violación deja secuelas psíquicas que requieren ayuda, trabajo, supervivencia.

En este mundo donde tanto de habla de respeto, igualdad, empatía, desde hace años me asalta la pregunta: ¿verdaderamente se entiende el infierno por el que pasan algunas mujeres? ¿Se entiende el día a día de muchas, demasiadas, que están en manos de uno o varios hombres, y por varias razones, no pueden alzar la voz y pedir ayuda? Sigue leyendo

“Pobre Josemari”

Carlos Hidalgo

José María Álvarez-Pallete ha sido destituido de manera fulminante este fin de semana como presidente de Telefónica, tras nueve años de presidencia de la veterana empresa española. Casi una década en la que su gestión no ha estado exenta de polémicas.

El antiguo monopolio estatal, convertido ahora en una operadora más, ha perdido dos tercios de su valor bursátil durante la presidencia de Pallete, que se empeñó en deshacer parte de lo que hizo su mentor y antecesor, César Alierta. En estos nueve años, Telefónica ha vendido sus centros de datos en lugar de alquilarlos a la enorme cantidad de empresas que los necesitan cada vez más, ha vendido parte de su red de antenas móviles, perdiendo valor y dándoselo a las empresas que las compraron, se ha deshecho de sus filiales internacionales, en lugar de hacerlas viables y ha pagado una desorbitada cantidad de dinero por los derechos del fútbol, haciendo que el coste de retransmitir partidos repercuta en los recibos de los que están abonados y de los que no, en la deuda de la empresa (que aunque se ha reducido casi a la mitad, suma más de 23.000 millones de euros) y en los contenidos de su división audiovisual, Movistar+, que han sufrido en calidad y en cantidad sin haber sumado más abonados. Tampoco está mal recordar que Pallete permitió la censura en los programas de humor de Movistar y que puso al frente del canal a un ex ejecutivo de una Big Four que no tiene ni idea de televisión y a la persona que se enorgullece de haber copiado el formato estadounidense de “vídeos de primera”.

Más de una vez me ha tocado asistir a las juntas de accionistas de la veterana operadora, donde los pequeños accionistas se quejaban de la pérdida de valor de la acción y de cosas como el mal servicio de atención al cliente. Pallete siempre esquivó lo primero y quitó importancia a lo segundo, hasta que una vez le tocó llamar al 1004 y se escandalizó tanto por el servicio que ofrecía que creó una línea de atención al cliente exclusiva para ejecutivos. Es un buen resumen de su gestión. Sigue leyendo

Descubre un territorio de régimen especial oculto en España

Marc Alloza

Como ponen en los títulos gancho de los artículos de las webs de contenidos, ven a descubrir este lugar oculto de España bien comunicado y próximo a una gran ciudad que te dejará con la boca abierta. En la Unión Europea hay una serie de territorios especiales que se clasifican en dos grandes grupos: Territorios que forman parte de la UE y los que no forman o en los que no se aplican los tratados.

Los que forman parte de la UE se subdividen en otros dos: las Regiones autónomas especiales (por ej. Melilla y Ceuta) y las Regiones ultra periféricas (por ej. Canarias). Los que no forman parte de la UE se  diferencian en 3 grupos: Países y territorios de ultramar (por ej. Nueva Caledonia), Casos especiales (Chipre del Norte) y Otros (por ej. Andorra). Pues bien, nuestro misterioso territorio en dónde no se recauda IVA en alguna de sus actividades económicas, no se encuentra en esta clasificación.

Nuestro territorio oculto cuenta con 0,7 Km2 y una población en 2024 de 10.714 habitantes. Lo que implica una nada despreciable densidad de población es de 14.727 habs/Km2, lo que vendría a ser casi como la de Manila, Filipinas (14.800 habs/Km2), más que la de Lagos, Nigeria (13.300), pero, atención, menos que la de Barcelona (16.637 habs/Km2).

La especialidad del territorio subyace principalmente en la posibilidad de abastecerse de droga de cualquier tipo libre de impuestos en múltiples puntos. En esta zona franca de estupefacientes se ubica una comisaría de policía que dentro de sus principales cometidos está el que las actividades declaradas ilícitas fuera del enclave (que no del todo en su interior) no traspasen sus límites. Sigue leyendo

Franco ha muerto

Alfons Salmerón

Este año se cumplen cincuenta años de la muerte de Franco y el Gobierno decidió iniciar el año con un acto institucional que trataba, a menos ese fue el discurso oficial, de conmemorar esa efemérides como momento fundacional de nuestra democracia. A pesar de considerarme abiertamente antifranquista, y por tanto, dentro del target a quien iba dirigido el evento, no sé por qué motivo no me sentí especialmente identificado con el mismo. Tratar de comprender las razones de mi indiferencia es el motivo que me lleva a escribir este artículo.

Para empezar, me cogió casi por sorpresa. ¿A qué viene esto?, pensé. Bueno, me argumentaba, son cincuenta años de la muerte del dictador y puede ser una buena ocasión para recuperar nuestra memoria. Todos los medios comentaban la ausencia del PP y Vox en el acto, que por previsible no llegó ni a cabrearme. Sin embargo, sí lo hizo que su majestad Felipe VI adujera problemas de agenda para justificar su no asistencia. Minutos más tarde, me descolocó bastante que Podemos y Junts también anunciaran su decisión de no participar en el acto del Gobierno.

¿Qué es lo que hizo que yo tampoco me identificara? El creciente olor a cuerno quemado me fue poco a poco contestando a esa pregunta, como si se me fueran revelando unas subyacentes razones espurias de la nueva ocurrencia de nuestro Presidente. Una idea fue ganando terreno en mi cabeza: su intención no ha sido rendir un homenaje a nuestra memoria democrática. Levantar un estandarte en el que nos pudiéramos identificar la mayoría de españoles no nos hubiera venido nada mal en estos tiempos descosidos, sin embargo, bajo ese relato oficial me pareció intuir una nueva maniobra presidencial para intentar recuperar el pulso político y algo en mí me dijo, pues esta vez va ser que no, y entonces sí, fue ganando terreno la indignación y la rebeldía. No, esta vez no, esta vez no quiero acompañar al Gobierno en esto, y me vinieron a la memoria otros golpes de efecto como su carta a la ciudadanía del pasado mes de abril o la Ley de Amnistía. Sigue leyendo