O te espabilas o te espabilan

Marc Alloza

Estos últimos días me ha venido a la mente esta frase que tradicionalmente había escuchado cuando se pasa del colegio al instituto o cuando se empieza en un nuevo trabajo: “En el curro o espabilas o te espabilan, chaval”. O también referido a la vida en general sin más concreción, a veces enfatizado con un “esto es lo que hay”.
La UE y por extensión Europa se ha estancado durante el siglo XXI. La crisis financiera resuelta en falso y de la que todavía quedan secuelas. La postcrisis acentuó el declive en el liderazgo económico por falta de ambición y acomodamiento. En la pandemia se dependió de que China volviera a estar operativa para casi todo incluso para las mascarillas Medina-Luceño. Pasada la pandemia, un brote verde, los fondos de recuperación, pero ni chips ni nada; en cuanto a la producción, todo igual, sigue en China. En los últimos años ha explotado la inteligencia artificial como agente disruptivo, de la mano de los EE.UU. y China. Antes lo había hecho la nube, the cloud en donde Europa se rezagada más.

La globalización llevó buscar el máximo beneficio produciendo en China sin buscar el avance tecnológico en determinados sectores clave que hubieran servido para mejorar la producción quizás sin la necesidad del traslado de fábricas. La dependencia energética en hidrocarburos tenía que haber sido un incentivo suficiente como para desarrollar una más avanzada tecnología en obtención de energías renovables, o desarrollo eficiente de motores alternativos a los de combustión de hidrocarburos. Pero se fue a lo fácil y se continuó con el diésel y se construyeron gaseoductos. Y ni las solemnes condenas y sanciones a Rusia vetada en eurovisión y en competiciones deportivas, no han impedido que, según ha publicado the huffingtonpost, mientras que por un lado se donan 18.000 millones de euros a Ucrania, por otro se compren 21.000 millones en gas y petróleo a Rusia. Sigue leyendo

De la ineptitud

Juanjo Cáceres

El antiguo corresponsal de La Vanguardia, Rafael Poch, publicaba este lunes en CTXT un artículo denominado “Peligrosa ineptitud europea”, que iniciaba su redacción de forma muy contundente:

La élite política europea se caracteriza por su ineptitud. En casi su totalidad se trata de gente que durante décadas externalizó a Estados Unidos la función de pensar políticamente, adoptando el infantilismo político, el narcisismo y la arrogancia de unos principios y valores que, desde luego, la Unión Europea no encarna, practicando una política basada en la imagen…”

El texto es generoso en adjetivos y califica de despropósito el pretender aguantar el conflicto sin la contribución de Estados Unidos, sobre todo teniendo en cuenta cuál ha sido el resultado de este mientras el apoyo bélico estadounidense se ha mantenido vigente. Igualmente alude al mítico compromiso de los 800.000 millones dirigidos al rearme, un propósito que va a encontrar serios obstáculos en unas economías nacionales con unos PIB muy cargados de políticas y de deuda. Especialmente en el caso de España, puesto que las posibilidades de que Sumar “se sume” a esto son tan grandes como las de que Mercurio choque con la Tierra. Será interesante ver en qué queda todo y ver también que posición adoptan los otros partidos de apoyo no gubernamentales y el primer partido de la oposición. Sigue leyendo

Tres años de guerra

Verónica Ugarte

El llamado “encontronazo” entre Zelenski y la Junta Directiva que gobierna en la Casa Blanca, teniendo como CEO a Trump, dejó en claro varios puntos, los cuales desde hace tres años han sido evidentes, pero con la llegada de la hecatombe es de hipócritas negar.

El Orden Mundial que se creó al acabar la Segunda Guerra Mundial ha caído. ¿Cuándo? Esa pregunta tiene respuesta ambigua. La humillación que recibió Zelenski por parte de quienes se saben los amos del país, y si continúan cerrando tratos económicos en Europa, de gran parte de Occidente, lo ha dejado claro.

Que EE.UU. eran los grandes amigos de Europa era una gran mentira. Desde Clinton, pasando por Bush, Obama y Biden, demócratas y republicanos han hecho el esfuerzo de marketing político para eternizar una mentira. Trump es muchas cosas, pero es brutalmente honesto. No son amigos nuestros. Son los mismos marchantes de armas como lo han sido desde hace 80 años, así como lo son los grandes países europeos, China y Rusia. Sigue leyendo

¿Demasiado lejos?

Carlos Hidalgo

Poco antes del sábado, 8 de marzo, en el que celebramos el Día de la Mujer, salió publicada una encuesta en la que una mayoría de hombres españoles afirmaban que el feminismo había llegado demasiado lejos y que los hombres estaban siendo discriminados o tratados en inferioridad de condiciones.

Como doy por hecho que las personas que leen este blog son cultas, leídas e informadas, lo suficiente como para no perder el contacto con la realidad, no me molestaré en explicar por qué esa afirmación no es correcta.

Las mujeres siguen sufriendo violencia por el mero hecho de serlo, siguen sometidas a acoso, siguen siendo tratadas como menores de edad, siguen cobrando menos que los hombres y siguen padeciendo mayor discriminación en las condiciones laborales, ante los ascensos y en general para ser escogidas para un puesto de trabajo antes que a un hombre. Sigue leyendo

Viaje al Centro

Arthur Mulligan

A finales de los noventa se puso de moda entre los animadores de los cursos de formación profesional un mensaje letal: la competencia en los mercados exigía que cada trabajador, dentro de su área de responsabilidad, debía hacer todo lo posible para salir fuera de su zona de confort. Estar cómodo era una deslealtad hacia la empresa, hacia los compañeros de trabajo y, por supuesto, hacia los clientes. Los nuevos héroes eran los vendedores ambulantes, los viajantes de puerta fría y más tarde, los intrusivos teléfonos móviles. Por fin se llegó a la saturación esperable: todos gozábamos sin saberlo de la incomodidad ambiente y los mensajes se reducían a la vez que el tiempo disponible de emisión. Entonces estalló el populismo y las personas se convirtieron en “la gente” para la que se escribían unidades básicas de argumentarios inspirados en el Libro Rojo de Mao Tse Tung  que más tarde dio lugar al actual Tic Toc. Por el camino se redujo la enseñanza de la Historia, Filosofía y Literatura en favor del tweet. Hasta el PSOE de Machado y Cernuda pasó con armas y bagajes a los melodramas de escalera de Almudena Grandes y el universo todo devino en una amenaza del sintagma de la derecha y la ultraderecha mientras esperaba cínicamente la llegada de la derecha civilizada, una raza de gentes rubias que habitan una región entre fiordos y lagos inmensos, disfrutando de una paz y tranquilidad que paradójicamente hace sus vidas más cómodas.

A pesar de ese extraño movimiento político religioso, en el Centro de las ciudades se vive muy bien porque reúne en sus límites las principales plazas, parques y amplias avenidas, además de edificios con carácter, historia y modernidad. Por lo general las manifestaciones culturales se agrupan cerca y bajo la superficie circulan rápidos transportes que extienden las vías radiales del kilómetro cero uniendo universidades, academias, ministerios y hospitales, facilitando la administración del todo, la transmisión del conocimiento y el cuidado de almas y cuerpos. Sigue leyendo

Verde como los toldos. Gris como el hormigón

Julio Embid

Cada 8 de marzo se celebra el “Día Internacional de la Mujer”, otrora llamado “Día de la Mujer Trabajadora”, lo que se cambió para, literalmente, ser más inclusivo con las mentalidades menos progresistas. Durante la última década hemos visto que esto no es suficiente para consensuar unos mínimos de respeto que últimamente están saltando por los aires. Vemos en la juventud occidental, tanto europea como norteamericana, cada vez más diferencias entre los jóvenes y las jóvenes. Si desde las filas conservadoras se acusaba a las feministas de haber hecho negocio con su ideología, vemos sin pudor como el machismo cada vez es un negocio más rentable para los creadores de contenido que evitan cualquier responsabilidad a su audiencia. “Nada es culpa tuya. Si no encuentras trabajo es porque los extranjeros aceptan cualquier cosa. Si la cita para el médico tarda mucho es porque los extranjeros inundan los centros de salud. Si no ligas, es que las mujeres se han vuelto todas feministas y lesbianas. Nada es culpa tuya José Miguel”.

Las mujeres, especialmente las mujeres de la clase trabajadora, nacen con numerosas culpas por el hecho de ser quienes son. Cuando buscan trabajo, evitan decir que son de Móstoles o de Parla. Cuando van a la universidad, tienen más responsabilidades que sus compañeras. Cuando opinan de política o arte, se ríen de ellas. Cuando cantan o bailan se les llama chonis. Hace cinco años, mi amiga Aída Aurora dos Santos (1992) empezó a escribir un libro titulado “Hijas del Hormigón” sobre las mujeres de clase trabajadora, que esta semana sale a la venta publicado por Debate. Es numerosa la literatura y estudios académicos centrados en las diferencias entre hombres y mujeres, la brecha de género o por qué por el mismo trabajo, las mujeres suelen tener un menor salario. Sin embargo, hacía falta un libro sobre las diferencias de clase entre las mujeres que pagan un alquiler y aquellas que lo cobran, entre las mujeres que crían solas a sus hijos y aquellas que pagan para que alguien les críe y peine a sus hijos. Sigue leyendo

A vueltas con las coaliciones incómodas

Lluís Camprubí

En el último artículo, “Volver a pensar las grandes coaliciones” , planteaba que si estamos convencidos de lo real de la emergencia climática y del riesgo de la internacional reaccionaria para la democracia y el multilateralismo, y en particular de la pinza Putin/Trump como amenaza para la UE, entonces tenemos que actualizar la política de acuerdos y alianzas. Durante las últimas décadas la política de acuerdos y alianzas para la izquierda transformadora y el ecosocialismo político ha estado orientada a intentar romper el consenso neoliberal, lo cuál era el reto de época, intentando buscar acuerdos con la socialdemocracia para desligarla de liberales y conservadores. El neoliberalismo en estos momentos parece bastante tocado, especialmente en su declinación internacional, aunque no los monstruos que ha contribuido a generar. Ahora, pues, se requieren otras alianzas y acuerdos para frenar la emergencia climática y la involución reaccionaria. Y como se trata de una urgencia -no tenemos el lujo temporal de replegarnos unos años para ninguna de las dos tareas- no podemos esperar a que nos vuelva a ser propicio el ciclo electoral. Estar siempre que se pueda en la construcción de los nuevos consensos y en el Gobierno supondrá una mejor contribución a frenar estas dos amenazas existenciales que estar en la oposición construyendo alternativa a largo plazo.

Alguien -con muy buen criterio- me decía que avanzar hacia nuevos consensos y Grandes Coaliciones inclusivas (ecosocialismo más socialdemocracia más liberales más conservadores, excluyendo a la extrema derecha) que atiendan estos retos sería lo deseable aunque en lo doméstico políticamente esto parece imposible (polarización, subjetividad afectiva de todos los actores, alineación estratégica PP-VOX…). Siendo esto una obviedad, insistía yo en la necesidad de ir haciéndolo posible, empezando con la predisposición y si es necesario dar algún paso/señal unilateral hacia ello. También puede ser útil aprender alguna lección de los verdes alemanes (más allá de las obvias discrepancias) en cómo construir coaliciones sociales, económicas y políticas incómodas, algo que los sectores más avanzados del ecosocialismo vienen apuntando como necesidad para hacer posible la descarbonización. A ello hay que sumar el seísmo geopolítico que estamos viviendo en directo y un nuevo momento constituyente europeo que probablemente modificará prioridades y alianzas a todos los niveles. Sigue leyendo

La traición

Carlos Hidalgo

Ayer domingo se supo que el secretario de defensa estadounidense, Pete Hegseth, había dado órdenes al Pentágono de cesar las ciberacciones ofensivas contra Rusia. Esto quiere decir que Rusia, que es el país que más ataca los sistemas informáticos del resto del mundo (seguido muy de cerca por China), puede seguir tratando de asaltar nuestras infraestructuras críticas, extraer por la fuerza recursos mediante virus, ataques de denegación de servicio, desinformación, suplantaciones, malware, etcétera, y que mientras tanto los Estados Unidos se van a cruzar de brazos y, hasta es posible que se dejen robar algún secreto o regalen los nuestros al régimen de Vladimir Putin.

Lo hemos sabido un día después de que Donald Trump y su vicepresidente, el ultrarreligioso que se pinta la raya de los ojos para parecer más varonil, de nombre artístico J.D. Vance, hayan pretendido humillar al presidente de Ucrania, Volodimir Zelensky, delante de toda la prensa acreditada en la Casa Blanca y el mismo día en el que pretendían que firmase un tratado con los EE. UU. en el que les cedía la mitad de los recursos naturales de su país. Y sin garantías de ninguna clase de que los estadounidenses les protegerían de futuras agresiones rusas. Sigue leyendo

De lo trivial

Juanjo Cáceres

Desde hace varios años, existe una tensión palpable en los medios informativos, derivada del giro copernicano que están experimentando algunas cuestiones que ocurren en el mundo. A punto de cumplirse cinco años del inicio del confinamiento y del despegue de la pandemia, ya no resulta precipitado afirmar que el mundo que surgió después es peor que el que dejamos atrás. Las ruinas de Ucrania o Gaza así lo demuestran, pero también el crecimiento de las fuerzas políticas extremistas, el cuestionamiento de los consensos civilizatorios más básicos o de las maneras de hacer más arraigadamente democráticas, el derrumbe de los nuevos movimientos sociales como brújula de este siglo (desde la lucha climática que tuvo en Greta Thunberg su principal expresión, hasta la nueva ola de feminismo) y sobre todo, la indiferencia y ensimismamiento de una ciudadanía, que consciente o no de las amenazas emergentes, opta por asistir a todo ello como espectadora de un entretenido reality televisivo.

Entretanto, la velocidad que cobran los acontecimientos impulsa a los sacerdotes de nuestro tiempo a realizar nuevos diagnósticos de la realidad, pero sin reparar lo bastante en lo tremendamente descolocados que estamos ya todos para interpretar el presente con una cierta objetividad. El apresurado desenlace que empiezan a mostrar los grandes conflictos es quizás la mejor prueba del divorcio entre nuestras previsiones y la realidad. Releyendo, por ejemplo, las palabras expresadas por nuestro presidente del gobierno en el pasado, no nos puede quedar ninguna duda:

“Putin tiene que saber que las sanciones durarán hasta que se retire de Ucrania” (28/2/2022). ¿Lo recuerdan? Las sanciones más duras de la historia, que iban a enseñar al “dictador” ruso que no se puede saltar las reglas del juego internacional.

“En esta legislatura España reconocerá oficialmente el Estado palestino… la única manera de que el conflicto palestino-israelí pase a la senda de la paz y la seguridad” (9/3/2024) Sigue leyendo

Sic transit gloria mundi

Verónica Ugarte

El único país que solo permite pernoctar hombres en sus terrenos no puede permitirse de nuevo la dolorosa imagen de un Papa perdiendo la voz, la fuerza delante de miles de peregrinos en la Plaza de San Pedro.

Es por ello que todas las alarmas se han encendido hace meses, desde los primeros gestos de enfermedad de Francisco, jesuita, argentino y liberal. No solo las de marketing, sino también las de todas las posiciones dentro de la iglesia católica. La silla de Pedro no está en juego. Están en juego los diversos poderes grises, los cardenales y obispos que mueven hilos, secretos, desenfrenos. Los que son partidarios del retroceso hacia los planteamientos del Juan Pablo II, y quienes están a favor de que la Iglesia evolucione en sus posturas.

Agoniza Jorge Mario Bergoglio, quien en todos estos años llevando el anillo del pescador quiso ser una persona cercana, poniendo un poco de chispa, que posiblemente llevó al hospital a más de uno de su grupo de escoltas por nervios o úlceras: tomar un mate que le ofrecía la multitud en su natal Argentina. Detener el coche cuando vio una camilla con un chaval en ella, rodeado por su familia, para bajar y dar una bendición. O simplemente darse cuenta de que las gafas ya no le ayudaban, saliendo tranquilamente de su despacho y perderse en Roma a la búsqueda de una óptica donde le recetaran unas nuevas. Todo ello sin avisar a nadie y poniendo contra las cuerdas a los equipos de seguridad. Sigue leyendo