Lluís Camprubí
Nos encontramos en un escenario geopolítico muy complejo. Estados Unidos ha dejado de ser un aliado y dependiendo de la cuestión en seguridad/defensa y el momento va alternando su carácter entre socio, competidor y adversario con una tendencia de fondo a la confrontación.
Nosotros, los europeos, debemos alcanzar la independencia europea en las cuestiones de seguridad y defensa lo más rápido posible pero tenemos aún dependencias de las garantías de seguridad y capacidades estadounidenses que nos hacen vulnerables en el mientras tanto.
Un alto cargo alemán resumía la posición de su gobierno en seguridad y defensa de la siguiente manera: “should stay transatlantic as long as possible, and become more European as quickly as possible”. Aunque mi posición político-emocional de partida para la primera parte sería diferente (yo diría “mantener el vínculo transatlántico el menor tiempo posible”) las derivadas operativas son parecidas y deberían ser consenso entre tradicionales europeístas y atlantistas: negociar una transición ordenada de capacidades y disuasión con la adminstración Trump mientras aceleramos la edificación de capacidades y disuasión europeas, combinando pilar europeo de la OTAN, institucionalidad UE y coaliciones/cooperaciones reforzadas.
Señalaba en el anterior artículo que debemos prestar una especial atención a todos los desarrollos hasta 2030 (comportamiento USA hacia Europa; crecimiento capacidades europeas; intenciones y capacidades rusas para ataque militar) y aprovechar la menguante vía transaccional con la administración Trump. También decía que aunque han tenido su utilidad las tácticas negociadoras de “appeasement” para ganar tiempo ahora deberíamos articular una estrategia negociadora dura e integral.
Una estrategia seria de negociación con la administración USA para garantizar tres aspectos en el que somos vulnerables: el acompañamiento a Ucrania y unas garantías de seguridad efectivas, la no injerencia en Groenlandia y la transición ordenada de capacidades defensa/disuasión a pilar europeo de la OTAN frente a la amenaza rusa. Esta estrategia debe incluir plantear -poniendo sobre la mesa de negociación- todos los elementos económico/financieros (incluídos los instrumentos anti-coerción) y señalar que los activos militares estadounidenses en suelo europeo tienen una función dual. No sólo refuerzan las capacidades de defensa europea sino que también son imprescindibles para las necesidades (logísticas entre otras) estadounidenses en Oriente próximo, Ásia y África.
Creo que hay que ponerlo todo en la mesa de negociación y si hace falta ponerlo en cuestión para obtener resultados aceptables en los tres aspectos, precisamente antes que tengan que ser reacciones inevitables a hechos hostiles consumados por parte de la administración Trump.
En lo relativo a lo militar hay tres dimensiones:
En primer lugar, en el caso de los activos militares estadounidenses (bases principalmente, incluyendo las españolas) Ulrike Franke no se ha cansado de señalar que tienen (además de reforzar la defensa europea) un importante rol en las operaciones e inteligencia estadounidenses para las regiones de Asia, Oriente próximo y Asia. A modo de ejemplo, voces verdes alemanas ya han señalado que debería ponerse en cuestión Ramstein, si las intenciones sobre Groenlandia van tomando cuerpo.
En segundo lugar, si siguen las amenazas sobre Groenlandia u otros territorios europeos, hay mecanismos para parar la cooperación con la logística militar con Estados Unidos y dificultar sus operaciones. Aunque es evidente que eso puede situarnos en una pendiente resbaladiza y confrontacional, hay que ponerlo sobre la mesa de negociación e ir aplicando en función de la evolución. Señala Marion Messmer para Chatham House: “If the US continues threatening NATO member-states, European countries could make things more difficult for the US. They could refuse to refuel US ships in European ports; refuse to accept injured military personnel for treatment in European military hospitals; and require high payments for the continued stationing of US troops. They could also propose closing certain military installations”. Obviamente la voluntad de cerrar bases si no es acordada es negativa y difícil de ejecutar sin la colaboración de ambas partes (de hecho es una potencial amenaza en ambos sentidos de la relación) y debería evitarse cualquier propuesta de cierre unilateral (o no renovación del acuerdo) ya que eso nos situaría en un escenario inédito de no saber si son activos amigos o potencialmente amenazantes) pero sí que debería estar en la mesa de negociación por parte de los europeos como represalia a actos hostiles.
Y finalmente debe contemplarse de forma disuasiva y como señal política la presencia de tropas militares europeas en Groenlandia. No hace falta decir que no para buscar la confrontacion, sinó precisamente para evitarla, y evitar también hechos consumados.
En el plano económico hay dependencias en ambos sentidos e instrumentos para resolver el uso hostil también en ambos. Valérie Hayer, eurodiputada francesa y presidenta del grupo liberal Renew en el Parlamento Europeo, señala: “No debemos tener miedo de Donald Trump. No debemos subestimar nuestras fortalezas. Tenemos un mercado de 450 millones de consumidores. ¿Quieren las empresas estadounidenses conservar el acceso a él? Tenemos fuerza negociadora a través de la deuda estadounidense en manos de los bancos centrales europeos. Y contamos con el instrumento anti coerción. No debemos tener miedo de utilizarlo”. Sabemos que no se exhibió el instrumento anti coerción en la negociación de los aranceles. Debería estar en la mesa también. Y hay maneras de aumentar la dureza selectiva en la negociación. Señala Max Bergmann que las posibles represalias económicas y de acceso deben ser más selectivas hacia lo que afecte personalmente a Trump y a la coalición de actores económicos que lo acompaña (en especial las tecnológicas que además pretenden alimentar las extremas derechas europeas).
No se trata de negociar para volver a un atlantismo que ya no existirá, ni de asumir negociaciones troceadas temáticamente por la parte europea en las que la parte estadounidense siempre recurre al órdago de la dependencia de seguridad. Un editorial reciente del Financial Times apuntaba: “EU and Nato allies need a transactional strategy that combines enticements with toughness”. Se trata de poner todas las fortalezas económicas y militares en una negociación sobre aspectos centrales de seguridad y defensa entre dos actores globales que se pueden hacer mucho daño, tanto en lo económico como en lo militar. Debe ser pues una negociación que permita transitar hacia la coexistencia geopolítica y unas relaciones comerciales normalizadas, sin tener que pasar por un período confrontativo y de aprovechamiento de vulnerabilidades muy lesivo para ambos.