David Rodríguez
Durante estos primeros días de noviembre está teniendo lugar en Glasgow la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático, denominada COP26 porque es la vigésimosexta celebrada sobre esta materia, y retrasada un año debido a los efectos de la pandemia. No cabe duda de que el reto que está situado sobre la mesa es de una importancia trascendental, ya que afecta nada menos que a las condiciones del futuro de nuestra civilización en el Planeta.
Recientemente la Organización Meteorológica Mundial publicaba un estudio sobre la frecuencia, la mortalidad y las pérdidas económicas causadas por los fenómenos meteorológicos extremos entre 1970 y 2019. En conjunto, se han registrado más de 11.000 desastres, con más de dos millones de muertos. De los mismos, el 91% ha tenido lugar en los países en vías de desarrollo. Las sequías y las tormentas se han cobrado más de la mitad de los fallecidos. Por consiguiente, no se trata solamente de alertar sobre hipotéticas catástrofes futuras sino de reconocer que los efectos del cambio climático ya se están produciendo desde hace décadas. Sigue leyendo